jueves, 14 de enero de 2010

FINA DE CALDERÓN: Adios no, hasta siempre

(Foto: Mercado)

No quiero decir adios a Fina de Calderón. Ya sé que ha muerto el día 11 a las seis de la tarde, sé también que ha sido despedida en el crematorio del tanatorio-cementerio de la Paz en Alcobendas el día 13, sé que no volveré a visitarla más en su casa, ni comeré con ella allí mientras hablamos de mil cosas en torno a la poesía, o en el Cigarral del Santo Angel Custodio, durante los homenajes que nos ha ofrecido a tantos poetas, o en Los miércoles de la poesía como lector o colaborador o como simple oyente, lo sé; pero es que desde que a principios de los años 90 me la presento José Hierro, entre Fina y yo surgió una mutua simpatía que generó, ademas de amistad, de muchas confidencias, de generosidad para conmigo por su parte, de admiración por su tesón y su apasionamiento en todo aquello que llevaba a cabo por la mía,de gran afecto mutuo, esta mujer, esta dama que me sorprendió porque tras su aparente fragilidad, descubrí que tenía una enorme fortaleza,sentí por ella no sólo un gran afecto, por eso no quiero decirle adios.


Fina de Calderón en su Cigarral, en 2004, cuando me ofreció un inolvidable homenaje que compartí con muchos poetas y amigos.


Esta dama (y no lo digo porque tuviera un título nobiliario del que ella apenas hablaba) supo desde bien pequeña cual era su gran vocación, estoy convencido, porque en casa de su padre era frecuente ver y conocer al mundo cultural de los años 20 y 30 y por esta razón tuvo Fina la fortuna de conocer a los hermanos Manuel y Antonio Machado, a Juan Ramón Jimenez, a Federico García Lorca (que cariñosamente la llamaba la niña de las muletas)


Todo aquel poso de la infancia entre poetas, músicos, artistas... tal vez subsconcientemente la llevaron a emprender la carrera de violín, a ser compositora, a escribir teatro, a la creación poética y lo hizo siempre no desde el afán de protagonismo como algunos, me consta, pensaban de ella, sino desde el sueño de vivir entre ellos, los músicos, los poetas, los artistas. Fina, lo sé porque de ello hemos hablado muchas veces, sabía lo que pensaban algunos pero no le molestaba, simplemente le entristecía, y sabía de sus limitaciones y no era la vanidad lo que le movía a dedicarse a las cosas que mas le gustaban. Esta dama supo aprender desde niña a ser tolerante,a practicar la ortodoxia y la heterodoxia, a vivir y convivir con ideas antagónicas y con personas de diferentes clases sociales (si no, ¿cómo me ofreció a mí su afecto, su ayuda y su amistad cuando provengo del más humilde de los estratos sociales?) con la mayor naturalidad porque para ella, así me lo confesó, no existía más que la buena persona,y la creatividad en el campo que fuera. Supongo que de todo esto también sabrá bastante otro buen amigo de Fina, Javier Lostalé, ya que al igual que yo, sé que ha tenido una gran relación con ella y también muchas confidencias. En definitiva, a Fina le gustaba, le apasionaba el mundo del arte en general y nunca le importó, si veía que el artista merecía la pena, fuera quien fuera, tuviera las ideas que tuviera, agasajalo, homenajearlo, llevarlo a sus tertulias, rendirle homenaje y sentirse feliz junto a ellos/as ya fueran músicos, actores,bailarines o poetas. Para ella era suficiente sentirse alrededor de todos. No le movía nada más que el gran deseo de estar entre ellos. Pudo, porque podía, haberse dedicado exclusivamente a su carrera musical (conocida y recorredora de muchos paises), a su labor de traducción o a la dramaturgia, a su creación poética ( que es muy digna, notable dentro de ese formalismo tradicional o clásico en el que se movía su obra) Pudo haberlo hecho y, sim embargo, aunque a muchos les pudira parecer que no fue así,sé que lo fue y para ella, consciente de sus limitaciones, que no todos somos capaces de asumir, dejó todo esto en segundo plano para dedicarse , en cuerpo y alma, a su gran pasión: fomentar, difundir, ayudar, ofrecer, colaborar y estar en el mundo que más le gustaba porque, repito, gracias a su padre, lo había vivido y conocido desde temprana edad y podríamos decir que era su gran sueño. Por esa razón buscó siempre la creación de una Casa de la poesía. No lo consiguió, tocó todos los palillos, por los grandes Estamentos, las grandes personalidades, el mundo de la Cultura, los grandes, los poderosos, los conocidos, los reconocidos, los de título noble... pero Fina de Calderón, esta dama que tanto ofreció a todos, que tanto dio a todos, no recibió más que buenas palabras y poco más.





Antonio Hernández
,Manuel López Azorín Fina de Calderón, Conchita Morales Barba (sustiuyendo a su padre el poeta Rafael Morales) y Enrique Gracia, en el Centro Cultural de la Villa (Hoy Fernán Gómez) de Madrid, en la presentación de mi libro: Libro del desconcierto




Cuando Fernando Calderón, su marido, compró y le regaló El Cigarral a la orilla del Tajo en Toledo (un hermoso paraje con historia literaria desde siempre) no sabía (era a finales de los cuarenta, creo) que por él, Fina haría pasar a lo más granado del mundo de la cultura y así lo hizo hasta este mes de junio pasado que fue la última vez que nos abrió las puertas, a la poesía en esa ocasión, y a los poetas.
Tampoco sabía Fina que tras el homenaje que rindió a Claudio Rodríguez el 20 de mayo de 2009 sería la última vez que se realizaran Los miércoles de la poesía Allí estuvimos, en esta ocasión colaborando en el homenaje Jesus Hilario Tundidor, Luis Alberto de Cuenca, Joaquín Benito de Lucas,Antonio Hernández, Javier lostalé Jose Javier Lázaro, Salomé Ortega y quien escribe esta entrada.

Desde que el viejo profesor D. Enrique Tierno Galván le ofreció este espacio para la poesía en 1983 en el entonces Centro Cultural de la Villa, Fina de Calderón se volcó en sus Miércoles de la poesía y aunque algunos, lo sé, han criticado su (otra vez) para ellos exceso de "Vanidad", lo cierto es que Fina ha hecho participar en esas tertulias, incluso, a los que no las veían con buenos ojos por ser -decian algunos- una cita con señoras encopetadas y no una autentica tertulia poética. (Hombre esto era decir demasiado, allí es presentaban personas de toda condición y conocedoras de la poesía y no; pero en cualquier caso las 275 butacas del aforo,se ocupaban en muchas ocasiones y eso, me parece a mi, era importante para los poetas y para la poesia.) Fina les invitó a ofrecer una lectura de su obra o a colaboran en el recuerdo de tal o cual poeta y fueron. Y yo me pregunto: ¿No existia la "Vanidad" más en ellos que en esta romántica soñadora que fue Fina de Calderón?



Fotografía de las terrazas ajardinadas que dan al Tajo en El Cigarral durante los años anteriores a ser remozado.(1995)



Fina fue siempre generosa con todos, quiso ser amiga de todos y creo que lo consiguió con muchos y no con algunos, pocos; pero, sinceramente pienso que a pesar de la tristeza que ésto le pudo causar, por no entenderlo, perdieron más los que no le ofrecieron su amistad, o los que fingieron ofrecérsela. Ella tenía motivos para sentirse orgullosa de sus Ballets, que se representaron en Rusia y América, de sus canciones que cantaron, entre otros Maurice Chevalier y la gra Edith Piaf,así como Alberto Cortez entre otros, estaba contenta de su producción teatral y de su poesía y era para que lo estuviera porque todo lo que creó fue lo suficientemente digno como para sentirse bien.


Fina de Calderón y Manuel López Azorín en las Tertulias de Autor de Helicón tras hacer una lectura de su obra(1998)




Por todo esto que cuento (Y lo mucho que callo) no quiero decir adios a Fina.Mientra yo la recuerde no habra muerto, ( pienso que la eternidad es un poco la memoria que guardamos de aquellos que se van)seguiré leyendo algunos poemas suyos de vez en vez, como aquel Érase una vez (que solo Fina y yo sabemos la verdadera y doble génesis del poema) que decía: Hubo un rápido incendio y se salvó una llama / menuda, débil, malva y de vuelo alocado, / una llama increcida, / a punto de apagarse, / sin piernas y sin brazos, sin ojos y sin rostro. / Fue a parar sin embargo, al centro de mi centro. ¿Y quién hubiera dicho que esa llama tan frágil / quemaría mi vida?






Esta es la ermita,remozada a partir de año 2000, donde Fina de Calderón recibía a sus amigos en cualquiera de los eventos que organizaba cada año y la fotografia siguiente está tomada en 1993-94 en la parte posterior de la ermita, una sala ya desaparecida en la que tras la comida, al aire libre si el tiempo lo permitía (y lo hacia casi siempre) se pasaba a ella para que Fina ordenara iniciar la lectura de poemas de todo aquel que quisiera hacerlo ( una especie de Jam sesion de ahora, que no es nuevo) Recuerdo que la primera vez que asistí no me atreví a leer y no lo hice. Muchas veces me lo recordó Fina.



José Hierro leyendo en la Jam sesion de El Cigarral de Fina de Calderón. Entre otros Fina, a la derecha de Pepe(sólo se ve un poco la cabeza), Rafael Morales, Leonor, la sobrina de Machado, y Ana María Navales y de espaldas, la cabeza de Luis lopez Anglada.



Esta fotografía pertenece a un homenaje que, a través del Centro Cultural Blas de Otero, le ofrecímos a Fina de Calderón en noviembre del año 2003. Me encargué del guión y la presentación del acto y tengo que decir que fue fantástica la respuesta de los participantes (que hubo que limitar por razones de tiempo) así como la respuesta del público asistente. El teatro Auditorio Adolfo Marsillach de San Sebastián de los Reyes, estaba "casi lleno" ´(tiene un aforo de 720 plazas) y mas de seicientas personas siguieron el Homenaje en el que mientras Fina y yo repasábamos su vida, su trayectoria, intervinieron poetas como Leopoldo de Luis, Jose Javier Aleixandre,Joaquín Benito de Lucas, Javier Lostalé, Carmina Casala y la hija de Gerardo Diego, Elena Diego. Entre los músicos, los cantautores Moncho Otero y Rafa Mora, un joven, Jose Luis Zafra, que interpretó al piano una composicion de su autoría, la pianista rusa Eugenia Gabrieluk que ejecutó al piano composiciones de Fina de Calderón y, cómo no, el grupo de teatro Blas de Otero que abrió el homenaje con una escenificación metaforizada de la trayectoria de Fina sobre un guión en el que introduje fragmentos de sus poemas junto a fragmentos de un romance que tiempo antes yo había escrito sobre su vida. Fue un éxito poder contar todos para rendir tributo a una mujer, una dama, que, por otra parte, tantas veces nos lo había rendido a todos nosotros.


En esta foto dos de las poetas que en los últimos años se ocupaban de saber quienes iban a leer en el Cigarral y, posteriormente, se encargaban de presentarlos: Pilar Aroca a la izquierda y Carmina Casala a la derecha, en el centro Isabelita, la persona indispensable en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles desde ya tanto tiempo.



En la foto siguiente, sentados a la mesa, el equipo personal de Fina de Calderón durante la comida de junio en el Cigarral. Entre ellos la mujer que ha permanecido a su lado tantos años, ocupándose de la casa y de Fina con absoluta dedicación. Polo es la segunda por la izquierda.




En esta foto podemos ver a Fina sentada junto a Carlos Marzal, (que no se ve apenas) en el último homenajeado en este Cigarral bañado por el Tajo y desde el que podemos contemplar desde sus terrazas un hermosisima vista de Toledo con sus murallas y San Juan de los Reyes, y a Javier Lostalé durante su intervención.





Estas fotografías de abajo están tomadas en la puerta de la capilla de El cigarral del Angel, en Toledo, y son las últimas que le hice a Fina de Calderón en junio de 2009. Poco tiempo después supimos, tras la súbita enfermedad, que con ella terminaban tanto Los miércoles de la poesía como los homenajes en El cigarral. Esta gran dama y generosa mujer no sólo amiga de las artes en general sino apasionada por ellas y dedicada en cuerpo y alma a fomentarlas, ya no podría continuar con su altruista y filantrópica gran labor difusora de la música, el teatro, la poesía, (Cuánto dinero le costó llevar a cabo todas sus actividades, pero lo daba por bien empleado, me decía)
ni continuaría ya con su personal labor creativa también en estos tres campos.
Se nos ha marchado una apasionada mujer,una buena compositora, dramaturga, poeta...
Se nos ha ido una mecenas de la Cultura; pero yo me resisto a decirle adios,no me resisto porque siempre estará entre mis recuerdos. Por esta razón le digo Fina, "Bella", adios no, gracias por todo y hasta siempre.



Llevo , por motivos de falta de tiempo, unos días preparando esta entrada, recordando a Fina y mañana, 18 de enero, seguiremos recordándola en el funeral que se le ofrece en la iglesia de la Milagrosa (García de Paredes esquina a Fernandez de la hoz) a las ocho de la tarde. Espero ver allí a todos sus amigos: poetas, actores y actrices, músicos... etcétera y etcétera, porque será allí, supongo, donde se reunan los que la apreciaron de verdad aunque me temo que como, lamentablemente, el género humano tiende a ser demasiado olvidadizo y en el momento que ya no hay nada que ofrecerle, se olvida y suele tener mala memoria, a lo peor me llevo una desagradable sorpresa. Me gustaría que mañana no fuese así. Veremos.




Manuel López Azorín, Carlos Marzal y Fina de Calderón a la puerta de la ermita de su Cigarral del Santo Ángel Custodio en Toledo y mi mujer con Fina sentada en el interior, a la entrada, de la ermita.

Os "cuelgo aquí este soneto que le escribí (no recuerdo la fecha exacta, debió de ser hacia 1996-97) y con él, repito: hasta siempre Josefina Attard, hasta siempre querida Fina de Calderón.


DAMA DE DULCE FORTALEZA

Para Fina de Calderón

En este Cigarral, donde la vida
nos muestra su mejor naturaleza,
una dama, de dulce fortaleza,
no da, de corazón, la bienvenida.

Aquí la poesía es recibida
con el mayor amor, con la firmeza
de quien sólo se rinde a la belleza
que ofrece, musical y contenida,

la vida puesta en versos (y latidos).
Recibe aquí el poeta el Homenaje
de una mujer que pone el corazón,

y pone el alma, y pone los sentidos
mientras marcha "ligera de equipaje"
dedicada a las Artes (su pasión).

Del libro: Azul de los afectos

1 comentario:

Jesús Arroyo dijo...

Manuel:
Queda su obra.
Leyendo tu entrada y escuchando-leyendo también a Enrique Gracia hablar de Fina de Calderón... no sé, tengo una sensación, me hubiera gustado conocerla. Dicen que leyendo la obra al completo se conoce a su autor y... ¡eso espero!
Un abrazo.