miércoles, 16 de marzo de 2011

Gabriel Celaya y Félix Maraña: reivindicación del poeta total en su centenario

Gabriel Celaya: Señales de travesía, libro de Félix Maraña, y un artículo, publicado en El Diario Vasco (2/3/2011), demandando un reconocimiento del poeta y de su poesía total, en su tierra, en el centenario de su nacimiento (1911-2011) han sido el detonante de este texto donde me sumo a la demanda de Maraña y rindo mi Homenaje a Gabriel Celaya.



Hace unos meses me telefoneó Félix Maraña y tras unos minutos de conversación sobre Amparo Gastón y su fallecimiento, me dijo que me enviaba unos artículos escritos por él sobre Amparitxu y Gabriel. Los recibí vía e-mail y naturalmente los leí con atención porque Félix Maraña (buen amigo de Celaya y de Amparo), ha publicado varios libros sobre el poeta vasco,


Gaviota entre ellos, la estupenda antología bilingüe Gaviota (Repsol exploración, Bilbao 1988) con varias ediciones, yo tengo la tercera edición, revisada y ampliada de 1991, en la que Maraña muestra al poeta total que es Gabriel Celaya. (Como experto conocedor de su obra, Felix Maraña es un escritor y periodista al que hay que leer siempre con interés.) Hacia finales de febrero, me envió un libro (publicado en 1996 por Berminghan Edit.), titulado Gabriel Celaya: señales de travesía, libro que me llevó de pronto a aquellos años noventa porque, precisamente, Amparitxu me había pasado este mismo libro, al tiempo que me hablaba del autor, para que lo leyese.



El día 3 de este mes de marzo recibí, vía e-mail, de nuevo, un artículo de Félix Maraña publicado en EL DIARIO VASCO.COM, titulado: Gabriel Celaya, conciencia centenaria, que el escritor iniciaba así: En breves fechas -18 de marzo- se cumple el centenario del nacimiento en Hernani de Gabriel Celaya (1911-1991), una de las voces líricas más singulares del siglo XX, y que más influencia proyectara sobre la idea misma de la poesía y su promoción social.



El artículo, escrito con el propósito de reivindicar la figura y la obra de Gabriel Celaya, destaca del poeta el amor a su tierra y continúa diciendo: Pero Celaya es mucho más. Basta con asomarse a sus estudios sobre poesía para advertir que en su obra resalta, sobre todo, un hombre de pensamiento. El volumen Ensayos literarios (Visor, 2009) da fe de ese discurso intelectual, que no se resume en los versos popularizados por la canción. Celaya, que invitó a todos a la libertad -«A la calle, que ya es hora, de pasearnos a cuerpo»-, es autor de un pensamiento poético muy consistente.



Placa de Gabriel Celaya en la fachada de su casa de Madrid

Recuerdo cuando falleció Gabriel Celaya (18 de abril de 1991), recuerdo las veces que comentamos, Amparitxu y yo, la llegada de José Hierro al tanatorio acompañado de una botella de orujo, invitando a brindar por un poeta que nos había dejado, sí, pero que continuaba aquí dentro de su intensa y extensa obra poética.


Fotografia de José Hierro

¡Que nadie este triste! –decía Pepe Hierro con ese aspecto externo de rudeza que solía mostrar y que sólo era la máscara de la que se servía para no dejar al descubierto, en público, la sentimental ternura que, a veces, se le escapaba en privado– ¡Vamos a brindar por Celaya!
Han pasado veinte años desde entonces y aunque Gabriel Celaya continúa vivo en su obra, también es cierto que a lo largo de estos veinte años ha sido objeto de muchos olvidos, olvidos que, incluso, se han producido en su propia tierra. Ya sabemos lo que el acervo popular suele decir: Nadie es profeta en su tierra.


En Gabriel Celaya: Señales de travesía, nos hablaba entonces Félix Maraña de la necesidad de reivindicar al poeta total en su tierra. En este libro, página a página, nos muestra no sólo, que también lo hace, al poeta de compromiso social o testimonial o de poesía histórica, como se quiera, esa etapa que comprendió los años 50, 60 y algo de los 70 no se puede ni se debe olvidar pues como dice Maraña en las palabras previas: su palabra, su poesía y su sentido civil marcaron un periodo de la poesía castellana y puede decirse con razón que su poesía influyó en una manera nueva de decir y estar en su tiempo.

Pero sí que tras los años 70, tras la enorme popularidad que alcanzó el poeta con la difusión de sus poemas por los cantautores entre otras muchas razones, Celaya se fue quedando en el olvido, no su poesía social, sino el Celaya surrealista, el romántico, el simbolista, el de realismo mágico, el Celaya innovador, el de cosmovisión órfica, el oceánico y universal Celaya de pensamiento filosófico, el existencial, el poeta erudito que tradujo a poetas como Blake, Rimbaud, Rilke… El difusor de la poesía de otros a través de su editorial, llamada Norte, donde publicó a poetas como Leopoldo de Luis, Ricardo Molina, Camilo José Cela, Miguel Labordeta




Los espejos transparentes, libro donde Celaya nos mostró una poesía de realismo mágico como muestra de su diversidad poética.

El propio Celaya en 1962 escribió en la nota previa de una antología Poesía (1934-1961) publicada por la Editorial Giner lo siguiente: La desgracia de un autor es que se le suele encasillar muy pronto, y diga lo que diga o escriba lo que escriba, a partir de ese momento, sólo se le ve según una leyenda o según un esquema simplista.

El caso es que Gabriel Celaya se marchó en abril de 1991 con la sensación, sentida durante los últimos años, de no estar reconocido ni en su tierra ni en toda España como el poeta total que Félix Maraña viene reivindicando desde ya tanto tiempo.


Díptico de Helicon con motivo del homenaje a Celaya en abril de 1995

Desde los años 70, sin embargo, a Celaya le llovieron los homenajes como una especie de paradoja frente al silencio de la crítica (aunque hay que decir que entre 1977 y 1980 se publicaron sus Obras Completas en cinco volúmenes y que en 1986 fue galardonado con el Premio Nacional de las Letras Españolas por el Ministerio de Cultura) que pareció olvidar al poeta desde entonces.


Amparitxu y Manuel López Azorín durante el Homenaje

El 18 de abril de 1995, cuatro años después de su fallecimiento, yo le propuse a Amparitxu realizar un gran homenaje a Celaya, lo haríamos a través de Colectivo Helicón de Poesía y Relato que años atrás había fundado en una localidad cercana a Madrid, San Sebastián de los Reyes, y tras dos o tres meses de preparación, de conversaciones con Amparo, de contactar con músicos, cantautores, poetas, de realizar filmaciones a poetas como Caballero Bonald, Leopoldo de Luis, Claudio Rodríguez y cantautores como Pedro Guerra (porque algunos en esa fecha, aunque querían participar, no podían por compromisos adquiridos ), tras el tiempo de conseguir la colaboración del Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes para la cesión del Teatro Auditorio (por cierto que aprovechando este homenaje el Ayuntamiento dio el nombre de Gabriel Celaya a un parque que se inauguró entonces en la Avenida de Euzkadi, recuerdo que el alcalde de San Sebastián (Donostia) envió un tamarindo para plantar en el parque. Entre los muchos que asistimos a la inauguración estuvimos acompañando a Amparo Gastón, Caballero Bonald, José Hierro y yo) El homenaje, en el teatro, fue intenso y extenso,Amparo y yo estuvimos durante tres horas en el escenario, y el deseo de participar fue tan enorme que no pude incluir a todos los que querían intervenir.

Díptico (interior) Helicon, Homenaje a Celaya.Reseña y listado de participantes.

Recuerdo que el primer homenaje que se rindió al poeta, fue a la semana siguiente de fallecer y lo organizó y llevó a cabo en su programa Los miércoles de la poesía, Fina de Calderón, en la Sala II del entonces Centro Cultural de la Villa hoy Teatro Fernán Gómez, en la Plaza de Colón de Madrid.


Foto: Fina de Calderón

Esta gran mujer, compositora, dramaturga, poeta, que fomentó y difundió la poesía y a los poetas durante tantos años, tanto en los Miércoles de la poesía como en su finca El Cigarral del Ángel de Toledo, tuvo siempre claro que Gabriel Celaya era un Poeta con mayúscula y no sólo escribía poesía social, esa poesía de la berza como en un tiempo, para subestimarla, alguien dio en calificar. Porque Celaya –decía Fina de Calderón– es mucho Celaya y algunos todavía o no se han dado cuenta o no quieren darse cuenta.

Félix Maraña, en el artículo publicado este mes en El Diario Vasco, ratifica las palabras de esta mujer que fue mecenas de la Poesía y que jamás hizo distinciones entre los poetas, fueran del signo que fueran, porque su gran pasión era únicamente rendir culto a la Poesía y a los buenos poetas y Gabriel Celaya era buen poeta y mucho más. Así lo refleja Maraña en su artículo: Y es mucho más, porque Celaya, que vive en directo los ecos de la poesía pura de Juan Ramón -a quien conoce en la Residencia de Estudiantes, en la preguerra-, advirtió también la necesidad de armar de impureza la poesía, para que rozara la realidad, como invitaba Neruda -a quien trató-, sin desoír por ello la carga de misterio, duende o comunión cósmica que practicara Lorca -a quien también trató como amigo-. Aunque Celaya, como Machado o León Felipe, creía a su vez que la poesía tenía que mancharse de barro, estar en su tiempo, pero proyectándose también hacia el pasado y al futuro expansivo, y ahí están sus estudios sobre Herrera, Juan de la Cruz o Bécquer, hondos tratados de entendimiento poético.




Fotografía: Alberti, Celaya y Amparo.

Félix Maraña demanda, en este artículo, que la celebración de este Centenario de Gabriel Celaya sirva para que la memoria del poeta quede asociada, definitivamente, con el amor que mostró a su tierra. Recordemos que el poeta nace el 18 de marzo de 1911 en Hernani (Guipúzcoa). Pasa su infancia y adolescencia en San Sebastián (Gupuzcoa), Pau (Francia) y El Escorial (Madrid). Estudia Ingeniería Industrial. En la Residencia de Estudiantes donde pasa sus años de estudio. Es en la Residencia donde la lectura de los clásicos franceses, los románticos alemanes y los surrealistas son decisivos para su formación literaria, además de la influencia de la generación del 27.



Rafael Gabriel Juan Múgica Leceta Celaya Cendoya, así se llamaba, y todos estos nombres le sirven luego para firmar sus libros en las diferentes etapas, primero como Rafael Múgica con los libros Marea de silencio en 1935 y La soledad cerrada que obtuvo el premio del Centenario de Bécquer en 1936, aunque no se publica hasta 1947, más tarde como Juan de Leceta y finalmente y, definitivamente, como Gabriel Celaya.


Cuando Gabriel Celaya y Amparo Gastón se conocieron, en 1946, Amparitxu, que provenía de una familia comunista, se convirtió en la compañera y musa del poeta porque a través de ella –decía él –he encontrado razones para vivir. En su libro Itinerario poético (1975) Celaya nos dejó escrito cómo se conocieron. Fue un 8 de octubre en una librería de San Sebastián. Él iba a entregar ejemplares de su libro Tentativas, ella estaba junto al escaparate, se miraron e iniciaron una conversación que duró 45 años, hasta 1991. Aunque aquí, de vivir Amparitxu, fallecida en noviembre del 2009, me diría que no es del todo cierto lo que digo ya que, tras la muerte de “El Celaya”, como ella llamaba al poeta, continuaba conversando y consultando con él todo lo que sucedía tras su marcha.


Foto:Celaya y Amparo en la barandilla de la playa de la Concha

Cierto, así lo hizo hasta el día en que se fue con él, todo se lo consultaba, todo se lo contaba, esa fue su manera de tenerlo a su lado siempre. Porque esta pareja tan singular, siempre fue junta a todas partes, desde que se conocieron, además de firmar conjuntamente tres libros, no se separaban nunca. De todos es conocida la fotografía que año tras año , durante los veranos, se hacían juntos en la barandilla de La Concha en San Sebastián y, aunque no contrajeron matrimonio hasta 1982, formaron tal vínculo que juntos –relata Maraña en los artículos que me envió – participaron en el homenaje a Machado en Baeza (1966), en las conversaciones poéticas de Formentor(1959) , viajaron a Cuba, a Brasil (1968), para el homenaje a Lorca, donde Amparo conoció a Neruda –Celaya ya lo había tratado antes de la guerra– y en cientos de actos y tertulias convivieron con poetas como Otero, Caballero Bonald, Hierro, Ángel González, entre tantos otros, músicos, periodistas, intelectuales de aquel despertar de los años setenta, en que los versos de Celaya llenaron las calles.

Recordemos que, cuando se conocieron, Gabriel Celaya venía de pasar una crisis matrimonial y, luego, una enfermedad que le obligó a guardar reposo. Félix Maraña lo ha contado así: Amparo Gastón la compañera, esposa y musa del poeta Gabriel Celaya, que falleció ayer 24 de noviembre de 2009, fue el baluarte donde se apoyó el escritor vasco en la crisis intelectual y personal que padeció en 1945. “Salía – afirma el poeta – con su ayuda y su apoyo, del mundo elucubrante de Tentativas a la difícil y sabrosa realidad”.

En Gabriel Celaya: Señales de travesía, y volviendo al deseo de reconocimiento del poeta vasco por parte de Félix Maraña (y otros muchos que también lo demandamos), pero principalmente Félix y particularmente en su tierra vasca.


Foto: libro Orígenes con portada de Chillida editado en 1990 por la Universidad del Pais Vasco en la Colección dirigida por Félix Maraña y Felipe Juaristi.

Por eso nos dice: Entre aquella visión de la realidad palpable, que invitaba a disolver el yo individual en el colectivo, así como deshacer la conciencia colectiva en una conciencia universal y cósmica, Celaya planteó una conciencia mágica, subrayada en 'Penúltimos poemas' (1982), aunque con ideas anteriores, incluso de 'Marea del silencio' (1935). Esa conciencia mágica está indisolublemente unida a los poemas que dedicó a cantar a su País Vasco. El certificado de ese amor -por San Sebastián, en particular-, se encuentra en dos antologías de sentimiento oceánico, que superan la tesis simplista que le reduce a poeta social, desoyendo su poesía surrealista, existencialista y órfica: Se trata de 'Gaviota' (Bilbao, 1988) y 'San Sebastián, ciudad abierta' (1989), con fotografías de Sigfrido Koch, publicados a su vez en euskera, tarea promovida respectivamente por Repsol (Kaio) y el Ayuntamiento donostiarra (Donostia, hirizabala, 1992).




Foto: Gabriel Celaya, antología con introducción de Angel Glez

El poeta Ángel González sobre Celaya, en su introducción de la antología Gabriel Celaya: Poesía que publicó en 1977 Alianza Editorial y también el Círculo de Lectores luego, en 1990, nos dijo: Rafael Múgica con sus primeros libros Marea de silencio y La soledad cerrada, nos proporciona un dato imprescindible para conocer la prehistoria de Gabriel Celaya, e incluso los primeros capítulos de su historia; explica en gran medida lo que, andando el tiempo, el poeta será y dejará de ser. Igualmente nos dice que: Una simple mirada, aun superficial, a sus obras completas, e incluso a esta antología, basta para comprobar que la poesía de Celaya supera generosamente los límites de lo que fue de hecho y entre nosotros, la poesía social. La acumulación, en un solo volumen, de personajes tan distintos como Múgica, Leceta y Celaya, determina en sí misma una rica variedad de temas y de estilos, que se reproducen y multiplican en el tortuoso camino de ida y vuelta, hacia y desde la rigurosa posición comprometida.


Foto: Portada del libro Trilogía vasca publicado por la Diputación Foral de Guipuzcoa.Está compuesta por los libros Rapsodia Euskara, Baladas y decires vascos e Ixil

Nos cuenta Maraña que a Celaya, en 1989, le entregaron en su tierra el Tambor de Oro : «El máximo galardón al que podía aspirar como donostiarra y como hombre», dijo el poeta, pero se disipó en el tiempo y tras el alboroto creado por su enfermedad de febrero de 1990, Celaya recibió en 1990 el reconocimiento de la Universidad del País Vasco, en sus Cursos de Verano de San Sebastián, última visita del poeta a su ciudad. 'Un libro. Encuentro con Gabriel Celaya. Noción y memoria de poeta' (UPV/EHU, 1995), recoge las ponencias del curso, que dirigió Ángel González. Con motivo de dicho curso, la Universidad del País Vasco editó su último poemario, 'Orígenes/Hastapenak', con portada de Chillida, que asistió a las emotivas jornadas del Palacio de Miramar. En sus paredes penden los poemas manuscritos, con el último pulso, por Celaya. “




Igualmente Antonio Chicharro Chamorro, profesor titular de Teoría de la Literatura en la Universidad de Granada, especialista de la obra del poeta vasco, en el discurso pronunciado en esta Universidad en 1994 con motivo de la investidura de doctor “Honoris causa” de Gabriel Celaya (que le fue concedido en el año 90 y que el poeta aceptó) nos dice: Hace mucho tiempo que Gabriel Celaya me envió un prólogo crítico con el que abrir una edición de El buen humor de las musas, del poeta murciano Jacinto Polo de Medina. (…) Pues bien, ante la necesidad de cumplir con el ritual académico de incluir un discurso del nuevo doctor honorífico, dada la triste y obvia imposibilidad de que Gabriel Celaya pueda hacerlo (recordemos que este acto se produce en 1994 y el poeta había fallecido en 1991) hemos decidido dar a la luz dicho texto original e inédito por varias razones más. Una de ellas, porque al ser un trabajo crítico entra de lleno entre los intereses cognoscitivos del área del conocimiento, Teoría de la Literatura, por la que se propuso el nombramiento de doctor Honoris causa. Otra razón más reside en que dicho trabajo crítico habla tanto de la inteligente y divertida poesía barroca como del propio comportamiento crítico de quien le ha dado forma, así como de sus gustos literarios.




Como referencia para lo que escribo están los artículos de Félix
Maraña
, uno sobre la muerte de Amparitxu y este último de marzo en El Diario Vasco, el libro que me envió Señales de travesía, mis recuerdos de Celaya, lo que Ángel González, Leopoldo de Luis, José Hierro y Claudio Rodríguez me han contado acerca del poeta vasco, la antología de Celaya en edición de Antonio Chicharro de 1990 editada por Alhambra, magnifica, una antología de Ascunce y, andan también, mis conversaciones con Amparo Gastón hasta unos pocos meses antes de su fallecimiento.



Todos y cada uno de ellos coincidían en lo mismo: Gabriel Celaya tuvo el mayor éxito y la máxima difusión con su poesía de compromiso; pero pocos, muy pocos, quisieron, una vez acabada aquella etapa, ahondar en eso que Maraña llama su Poesía total, por tanto el olvido que sintió Celaya y el que sentía Amparo del no reconocimiento total del poeta, era común a todos ellos y creo que también a muchos de los que han escrito sobre este proteico poeta, grandes conocedores de su obra, nombres como José Ángel Ascunce, profesor de la Universidad de Deusto ( de quien yo tengo dos obras sobre Celaya de enorme interés que son la antología Trayectoria poética, edición del profesor en 1993, publicada en Clásicos Castalia y el estupendo ensayo titulado Gabriel Celaya, contesto, ética y estética, también en edición de Ascunce publicada por la Universidad de Deusto con motivo de las V Jornadas Internacionales de Literatura , libro en el que colaboraron, los citados ya como Chicharro y Maraña y Eugenio García de Nora, Leopoldo de Luis, Sabina de la Cruz, Jesús Mª Lasagabaster, María Asenjo, Cristina Fernández, José Manuel López de Abiada, Luisa Castro y Ricardo Senabre.





Quede pues claro que lo que trata de decir este texto con relación a Gabriel Celayay su “olvido”, entre comillas, es ese no reconocimiento como poeta total que creemos merece. Y no lo digo yo que al fin tan sólo me baso, en gran parte, sobre lo que han dicho otros grandes conocedores de su obra como los citados aquí y también otros como el poeta José María Valverde que dijo de Celaya: es un escándalo de invención, de riqueza, de originalidad, de variedad y – legitimándolo todo líricamente – de gracia personal en el acento. O el poeta Leopoldo de Luis que dijo: Celaya es poeta de lo permanente y de lo evolutivo. O Pepe Hierro que siempre me decía: Celaya trajo una voz distinta a finales de los años cuarenta. O Ángel González y Claudio Rodríguez que me hablaban de la diversidad y grandeza poética de Celaya y también, cómo no, de su afición a la música y especialmente al jazz. O el profesor de la Universidad de Georgia de U.S.A. Manuel Mantero, también poeta, que escribió en su libro Poetas españoles de postguerra (Espasa Calpe, 1986): Celaya constituye un fenómeno sin parecido, no ya en la poesía española de postguerra, sino en la de siempre.




Ese olvido al que me refiero, al que se refieren tantos, lo expresa magníficamente Félix Maraña en el artículo de marzo en El Diario Vasco.Com, cuando demanda que su tierra madre lo reconozca y para ello nos dice: La Diputación Foral de Gipuzkoa, que inició el reconocimiento del poeta en 1984, y que es la institución tutora de sus fondos documentales -ha promovido la edición de 'Poesías Completas' (Visor, 2001)-, está llamada a ser la instancia desde la que se resuelvan las ideas que ayuden a situar en el tiempo la memoria de Celaya. Y seguidamente añade: Una ciudad como Bilbao convoca desde su Ayuntamiento, todos los años, cuatro jornadas: el Unamuno eguna, Ángela Figuera eguna, Blas de Otero eguna, Gabriel Aresti eguna, para alentar la memoria de escritores que dan nombre a la ciudad.


Y más adelante continúa diciendo: En San Sebastián, en cambio, no ha habido forma hasta aquí de que los nombres de Baroja, Celaya o Luis Martín-Santos tengan algún tipo de plataforma que les proyecte en la memoria colectiva. En Baroja, ya es asunto perdido, pues no habría que razonar que es más propio dar su nombre a un centro cultural que no a un polideportivo, lo que no parece asunto trascendente ni a la Municipalidad ni a la casta intelectual. La desmemoria, desidia y el desamor han impedido que aquí se reciten poemas de Celaya en diez años, cuando se han declamado los de otros poetas, y se han avalado incluso recitales de la antipoesía, rubor de cualquier ciudad del mundo. Entretanto, Euskaltzaindia ha publicado, como frontispicio de este centenario, una Antología de Poesía Vasca (2010), en donde resulta extraño e injustificable que no esté Celaya.


Creo que se puede ver con claridad que el deseo de Félix Maraña está perfectamente expresado tanto en este libro Gabriel Celaya, Señales de travesía, publicado como dije en 1996, como en el artículo del día 2de Marzo de este año de su centenario y ese deseo, esa demanda constante para que el poeta tenga un merecido y definitivo reconocimiento en su tierra, le acompaña desde hace ya muchos años.



Decía antes que Amparo murió pensando que “El Celaya” no estaba reconocido conforme a su valía. Ella puso todo su empeño en mantener la memoria del poeta. A veces recuerdo que me decía: Sin mí "El Celaya" no hubiera sido el Gabriel Celaya comprometido y él asentía cuando se lo comentaba. Yo creo que fue así; pero el Celaya era, además del amor de mi vida, mucho más que un poeta social, era un hombre muy culto y creativo siempre. A veces se entristecía profundamente, incluso con rabia, cuando de una forma u otra no estaba el poeta en el lugar que ella pensaba le correspondía, como cuando el diario El País publicó una colección de poetas españoles del siglo XX que estuvo dirigida por el amigo de ambos, el poeta José Manuel Caballero Bonald y en la que no fue incluido Gabriel Celaya y sí – me decía Amparitxuha incluido a otros poetas que no son de su gusto, al menos uno que tu y yo conocemos bien, ¿Verdad Azorín?. Yo Asentí con la cabeza y aunque guardé silencio pensé: –Tienes razón Amparo, a veces suceden cosas inexplicables.




Iré concluyendo con unas palabras de Félix Maraña que al fin y al cabo es el que ha provocado, con el artículos y el libro que me envió, que yo elaborase este texto: En 1992 se pudo crear en San Sebastián un Centro Europeo de la Poesía, asociado a Celaya. No era una cuestión donostiarra, sino vasca, e iban a implicarse diversas Universidades europeas. Por eso cabe esperar que este centenario de Celaya procure y anude sólidamente criterios para que su memoria vaya asociada a su País Vasco, con la adherencia inquebrantable de quien cantó sus valores con amor. Siquiera para que la ciudad se parezca a la que retrata en su poema 'San Sebastián, ciudad abierta', y porque no se cumpla el presagio del propio Celaya, en su poema 'Epitafio': «Viajero que en mi tumba por azar te has detenido / anota mi nombre y mi apellido, / anota mi ciudad; di a mis amigos / que aquí estoy enterrado, pues me extraña / que si lo saben, ninguno haya venido».

Esperemos que este deseo sobre el reconocimiento de la poesía total de Gabriel Celaya, que muchos tenemos, se vea cumplido en la tierra que le vio nacer primero y, luego, en toda la tierra hispanohablante y después, mucho, mucho más y dejadme acabar con este poema del libro Baladas y decires vascos, titulado A Amparitxu que se abre con una cita popular que dice:

Zure begiak ain dire eztiak, / zeren beit-dira eniak zuriak, zuriak-eniak.

(Tan dulces son tus ojos, que los míos son tuyos, y los tuyos, míos)


Foto: Gabriel y Amparitxu con los ojos puestos en el poeta que llenó la vida de esta brava mujer.

A Amparitxu

Ser poeta no es vivir
a toda sombra, intimista.

Ser poeta es encontrar
en otros la propia vida.
No encerrarse; darse a todos;
ser sin ser melancolía,
y ser también mar y viento,
memoria de las desdichas
y eso que fui y he olvidado,
aunque sin duda sabía.



Cuando menos pienso en mí,
más se me ensancha la vida:

Soy un pájaro en el bosque
y Amparitxu si me mira.

He asesinado mi yo,
¡porque tanto me dolía!,
y al hablar como si fuera
lo que escapa a la medida,
mis ecos en el vacío
retumban sabidurías.



Con todo me identifico
y respiro por la herida,
y digo que mis poemas
son un vivir otras vidas
y un recrecerme en lo vasco
de Amparitxu y su delicia.


Cuanto más me meto en mí,
más me duelen las esquinas.
Cuanto más abro las alas,
bien de dolor, bien de dicha,
más descubro unas distancias
que, voladas, pacifican.

Cuando lean estos versos
no piensen en quien los firma,
sino en mi Euzkadi y mi Amparo,
y en un pasado que aún vibra,
y en cómo tiemblas las ramas
cuando las mueve la brisa.

Gabriel Celaya


10 de Marzo de 2011
Manuel López Azorín

2 comentarios:

indio chivato dijo...

Es la primera vez que me intereso por este escritor. y me interesare cada día mas. es mas jamas mientras viva estoy seguro que jamas olvidare su nombre y apellido.
he entrado casualmente en las paginas de este magnifico blog por el comentario que oí en la radio a consecuencia de lo que se le hizo en su propia tierra a la hora de homenajearlo y recordarlo.
y la terrible humillación que sufrió su señora.
Créanme que lo siento mucho y los responsables de este desgraciado incidente lo único que han conseguido es que me gane la admiración y fascinación de la persona, vida y obra de este escritor para para siempre.
quizás si no hubiere sucedido lo que sucedió no me hubiese interesado por escribir estas letras.
gracias por el este gran blog.

blog del poeta Manuel López Azorín dijo...

Para indio chivato: en nonbre de Gabriel Celaya (y de Amparitxu) gracias por acercarte a conocer a este gran poeta. En mi nombre, gracias por entrar en este blog.
Saludos