miércoles, 1 de febrero de 2017

Salomé Ortega: "El silencio de la luz"




Salomé Ortega: El silencio de la luz





Salomé Ortega nació en Campo de Cámara, Granada aunque se trasladó a Madrid siendo muy niña.
Obtuvo el prestigioso Certamen internacional Encarna León de la ciudad de Melilla por su libro  La alfombra de la palmera y la media luna  (2008), que,según palabras de José Antonio Marina es  “una protesta bella y terrible”.

Ha publicado poesía y narrativa y tanto en una como en otra Salomé posee un lenguaje lírico y transparente, un lenguaje que se mueve entre lo onírico y lo real, es sugerente, de gran claridad y sencillez emocional y capta las sensaciones de tal modo que su escritura se convierte en un lenguaje rico en el concepto y en la forma.

Hace un tiempo Salomé me envió, El silencio de la luz, su último libro hasta la fecha, publicado por Pigmalión ,con Basilio Rodríguez Cañada al cuidado de la edición.

“Comienza el día / vestido de poesía, / muestra el amanecer / como principio de un verso.”
 
Cuando escribí la introducción que acompaña su libro El frío que me vela (2010), ya dije de ella, de su quehacer literario lo siguiente: Leer a Salomé es llenarse de una luz distinta porque su voz es singularmente plural.
Nombrar con amor el mundo, los pensamientos, los sentimientos, darles vida a través de las palabras, como atesorando saberes de filosofía oriental al tiempo que, también, con esa filosofía senequista que simboliza al pueblo.

“Un poema/ simplemente brota, / vibra en la cuerda / de colgar la ropa, / en un verso / de agua mojado, / en la memoria de un sonido / o el resplandor de un olvido, / en la presencia de un abandono / o en el vértigo de un pensamiento, / en la herida azul de un manantial / o en la sigilosa nieve ,/ pisada por el paso de una sombra.”

Y es que en la escritura de Salomé Ortega, ya sea prosa ya sea, lírica. se percibe, se siente el sonido de un agua poética que es como un rumor de suave manantial, y esta agua es la poesía que calma la sed, que no sé si salva pero alivia, en su rumor. En ella se escucha el latido de la vida (“Caminar seguro, / con la lámpara / de la conciencia”), el susurro del tiempo (“No me fío de la vida / cualquier día, / me entregará a la muerte”), el murmullo de la soledad y de la duda (“Incertidumbre divina, / certeza de la duda”),  el sonido del amor (“ Al vestido azul, /hecho de cielo,/ un rayo de luna / le cruza el escote. /Lo luzco de sol, solo para ti.”),la tristeza de la denuncia (“Ni tan siquiera la luz / alumbra un destello de cordura  / en los abismos humanos”), la confesión (“Desenredando el yo / libero el soy”), el testimonio y la búsqueda, siempre, de la luz (“La sombra se ruboriza / ante la presencia de la luz”), y el silencio porque “ el enigma de un verso / lo escribe el silencio”.

Salomé Ortega  con su enorme lirismo al tiempo que su sencillez y su claridad expresiva nos ofrece un camino en el que la incertidumbre , la duda, la derrota toman conciencia de la fugacidad de la vida y al tiempo que reflexiona nos dice:“Errante por los libros, / pulula el polvo, / dormido en la memoria olvidada / de quien los escribió”


Mientras tanto, por la página escrita, la vida ya, literatura impresa, alarga la memoria, alarga el tiempo y el "frío del olvido" (el frío que vela a Salomé, como decía yo en la introducción de aquel libro) se desvanece y se transforma en otra vida, en otro tiempo ya sin tiempo, con la palabra escrita.

El silencio de la luz, ahora, es la búsqueda del conocimiento y de las emociones. Y son una reflexión sobre el tiempo y el espacio que, como dice Luis Eduardo Aute en el prólogo, son “la sucesión de claroscuros y ruidosos silencios, que trazan el itinerario a ninguna parte de la aventura de la vida.”
 
Un libro El silencio de la luz con poemas breves pero esenciales y claros, y poemas en prosa de un hermosísimo lirismo. Todos de una pasmosa luminosidad. Algunos poemas son como aforismos, otros se asemejan al bordón de la seguidilla pero en verso blanco (que es, en su medida, como el haiku), y algunos otros son emocionales y precisos como sentencias senequistas.

Sus temática, tan reflexiva a veces, es amorosa, existencial, de testimonio, de denuncia, de conciencia para desenredar  e l otro que se es  y liberarse así: “Desenredando el yo libero el soy” -decía más arriba- de todas las derrotas que suponen la búsqueda de una luz, tanto vital como poética, que solo tal vez llegue a encontrar a través de los sueños y quizá la halle a través de espacio y el tiempo de la poeta en esta aventura de realidad y deseo que supone la vida.           

De ella, de su obra  se ha dicho:
Sobre La sabia insinuación de las cosas (1999) Luis Landero dijo que “es una verdadera fiesta para los sentidos” y Miguel Delibes declaró que “ es una obra llena de expresividad”



Sobre Perdí las estrellas (2008), según Antonio Colinas: “ es uno de los libros más bellos que se han escrito”

Sobre El frío que me vela  (2010) Luis García Montero, que presentó junto a mí y Pepe Viyuela este libro en Ámbito Cultural,Dijo: “es un hermosísimo libro”






De  El silencio de la luz les digo yo que Salomé Ortega nos ofrece la reflexión y la emoción  a través de un mundo de sensaciones pleno de belleza poética.


                           Manuel López Azorín