lunes, 25 de junio de 2012

Javier Díaz Gil: Vivo extramuros y El ángel prometido, al aire de su voz



Javier Díaz Gil: Vivo extramuros y El ángel prometido







Javier Díaz Gil me envió su nuevo libro Vivo extramuros y El ángel prometido (Poeta de cabra, 2012), dos poemarios en un esmerado volumen de bolsillo.


Javier Díaz Gil (Madrid, 1964) es Licenciado en Geografía e Historia, es profesor y ejerce de coordinador de la Tertulia-Taller literario Rascamán que se reúne todos los miércoles por la tarde en el Café Ruiz de Madrid. Ha publicado los libros de poemas Humo. (Premio Humberto Tenedor,2000) Hallazgo de la visión (Premio Nicolás del Hierro, 2000) y Vivo extramuros y El ángel prometido (Poeta de Cabra, 2012). También en distintas antologías y revistas literarias y sus poemas han sido traducidos al inglés, portugués y catalán.




La palabra intimista de Javier Díaz Gil es palabra desnuda, enmarcada en una poesía de introspección, de meditación, de desolación, de silencios, una poesía de esencia que tanto en Vivo extramuros, con la referencia de la tribu, como en El ángel prometido tiene, me parece a mí, ecos de Valente pero con matices.


En El ángel prometido trata la figura poética del ángel, pero lo hace contraponiéndolo a la del fantasma y nos presenta la perfección de un ángel en la altura, etéreo e invisible, inalcanzable y a un fantasma terrenal, cercano, familiar imperfecto y compañero de viaje. Otros autores prestaron atención a la figura del ángel aunque no de este modo. Para Valente, por ejemplo, el ángel aparece inserto en un proceso poético de autoconocimiento y al tiempo de destrucción. Rilke, en las Elegías de Duino, lo presenta como ideal del ángel.


Vivo extramuros es un poemario donde la escritura nos ofrece el extrañamiento como idea de destierro, de privación y también de deseo, de anhelo por alcanzar lo deseado, lo soñado: A veces / regreso a la muralla / poso mi mano / sobre la piedra / para sentir vibrar la vida / allá dentro.




Es la épica del fracaso sentido por un sujeto poético abandonado a su soledad, una soledad que siente vivir extramuros de la tribu, ese muro de mármol, pedestal, atalaya desde donde se intuye lo que trasciende : la soledad se mece/ junto al muro de mármol.  Vive y siente la experiencia de lo deseado, de lo no alcanzado: poso mi mano/ sobre la piedra/ para sentir vibrar la vida/ allá adentro. Y vive con el sentimiento desalentado porque piensa que las puertas se cierran sin posibilidad de poder sentirse intramuros: Las puertas / están cerradas./ Apenas la luz entra. Soy la sombra. / El rostro ausente de la escena. / Los prolongados silencios, / la palabra perdida.


Sentir el olor del aceite / hirviendo en las almenas. Contemplar a los jóvenes guerreros vigilar la muralla es descubrir la mentira, saber que: Ya sólo reinan / las cadenas de oro / de los mercaderes. El sujeto poético carga su espalda de soledad y silencio, sopesa lo que siente como derrota y piensa: Soy polvo en las botas./ Renglones de intemperie,/ plumas de ave extraviadas, / tinta inmaterial, aire.



Poesía profunda, intensa en el  lenguaje. Poesía casi nihilista, de desesperanza y, sin embargo, con el sueño, con el deseo, con  el anhelo de la trascendencia; pero, para ello, sabe que debe atravesar esas puertas al igual que lo han hecho lo que él denomina “los jóvenes guerreros”: Intramuros, / los jóvenes guerreros / han escuchado mi canto./ Han aprendido el arte de la guerra. / Han escuchado las palabras de la tribu. /// Ellos atravesaron las puertas / de la ciudad.





Vivo extramuros me parece un hermosísimo poemario, al tiempo que lleno de desasosiego, distribuido en breves y esenciales poemas que se leen y releen, sin encontrar respuesta posible (Ya se sabe, generalmente son todos los que están; pero, lo sabemos todos, no están todos los que son.) Javier Díaz Gil es. Y es, no sólo porque yo lo diga aquí, porque ya lo han dicho otros, como el poeta Francisco Caro: Javier Días Gil, poeta de la esencia, de la exacta mirada. Nos es pródiga su voluntad editora, apenas dos libros, excelentes, eso sí, en estos diez últimos años. Poeta siempre. Siempre extramuros de la ciudad caliente de lo señalado. (…) Me asombra de él como cuida la unidad del poema por encima de versos, ritmos o palabras.


En poesía, a veces, es necesario callar, no decirlo todo, sugerir, hablar con el silencio, con los espacios en blanco. Todo poeta tiende, en ocasiones, al silencio o al enmascaramiento aun con la claridad; pero la poesía suele decir más de lo que dice el poeta. Y la poesía de Javier Díaz Gil que es poeta, ya viva intramuros o extramuros, nos dice tanto en este volumen que será necesario, de vez en vez, volver de nuevo a su lectura ya que: Sólo la noche, / la luz. Que refleja el embuste de la luna, /– árboles muertos, ramas quietas– , / saben lo que en mi (en él) habita. Y con cada nueva lectura haremos lo que nos sugiere en estos versos: Rezad por los que nunca / atravesarán la puerta. Pero ¿quién puede saber o afirmar que no atravesarán la puerta? ¿Y si se convierten en fantasmas y atraviesan puertas, paredes… y ya, atemporales, se quedan en la tierra, entre las páginas o impresos en el aire?

Este libro ha dado  al aire su voz, la de Javier Díaz Gil. No nos empeñemos en cruzar lineas invisibles, hay que vivir, fuera o dentro, pero en uno mismo y esperar que, algún día esa voz, como decía mi siempre recordado Claudio Rodríguez...y que en el aire / sea de todos y la sepan todos / igual que una mañana y una tarde. Lo dicho un hermoso y recomendable libro.

3 comentarios:

Javier Díaz Gil dijo...

Querido Manuel, ¡GRACIAS!.
 
Gracias por tus palabras que me han emocionado, por tu lectura atenta del libro y tu generosidad. Este libro en el que dialogan los dos poemarios, -ángel y fantasma de la mano del juglar que intenta atravesar esa muralla-, quedan retratados perfectamente en tu comentario. Me has comparado con Valente o con Claudio Rodríguez, dos poetas a los que admiro. Estos poemas son sin duda tributarios de ellos también. La esencia de la poesía, bien lo has indicado, está más en lo que no se dice que en lo que se dice. Esa era mi intención al escribir este libro.
 
Gracias amigo Manuel, un abrazo grande querido poeta. Espero verte pronto y que sigamos compartiendo poesía y amistad.
 
Javier Díaz.

Anónimo dijo...

¡Qué bien lo has dicho, querido Manuel!Vivo Extramuros es un libro para volver a él y leer despacio. Una muralla con puertas invisibles, pero existentes por las que hay que entrar para conocer el alma y sus secretos. La poesía siempre está extramuros del poeta y no siempre se le gana la batalla. Un abrazo a Javier y otros mil para ti. Carmina.

Javier Díaz Gil dijo...

Gracias Carmina! Eres una gran poeta y una gran amiga. Un beso, gracias por tu comentario!
Javier