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viernes, 6 de abril de 2018

SONETOS DE AMOR DE UN POETA ADOLESCENTE de Joaquín Benito de Lucas





JOAQUÍN BENITO DE LUCAS:
SONETOS DE AMOR DE UN POETA ADOLESCENTE


Joaquín Benito de Lucas (Talavera de la Reina, 1934), doctor en Filología Románica, poeta y catedrático de Literatura que, como buen octogenario viene desarrollando desde hace muchos, muchos años ya, la doble labor  de creador y estudioso de la literatura española, resulta que tras haber publicado una veintena de libros de poesía y unas seis antologías poéticas propias desde el año 1964 en que obtuvo el Premio Adonais con su libro Las tentaciones, además de unos cuantos ensayos, ahora ordenando una serie de carpetas y manuscritos de su autoría, ha encontrado un antiguo cuaderno en el que figuran escritos a mano y en páginas separadas unos cincuenta y cinco sonetos, todo ellos con indicación de la fecha en la que los escribió y, según estos datos – como él mismo nos dice en la introducción del libro Sonetos de amor de un poeta adolescente, que acaba de publicar el Ayuntamiento de Talavera, Toledo, 2017 – las  fechas de composición de estos sonetos  van desde el 4 de julio de 1953 al 10 de febrero de 1955. Es decir, fechas en las que Joaquín contaba 18 y 19 años de edad. Tiempo  aquel en el que Benito de Lucas se encontraba en Tarragona estudiando uno de los últimos cursos de Bachillerato en el Instituto de Enseñanza Media de esta ciudad.
 
Llevo tres días aprendiendo a amarte 
y otros tres intentando poseerte
teniendo en mi cabeza un duelo a muerte
sobre si el corazón ha de esperarte.

La adolescencia es la edad ideal, tanto para hablar/escribir del y sobre el amor como para sentir/ expresar  sentimientos que  desde la alegría, la pasión  o el dolor agónico nos pueden mostrar las inquietudes amorosas del joven que , tras sus lecturas de otros poetas como Miguel Hernández y su libro El rayo que no cesa y José García Nieto con Poesía 1943, entre otros, le sirvieron de referencia para abordar, a través del soneto, sus inquietudes amorosas sentidas y vividas en su etapa de adolescente y también otras temáticas  como la del paisaje castellano, la religiosa y, como no, los homenajes a algún poeta conocido. Aunque principalmente el contenido de este cuaderno que Joaquín escribió en esa etapa de su vida está formado por sonetos de amor y, como nos dice en la introducción,  tratado el tema en sus mútiples manifestaciones, desde el descubrimiento de la persona amada hasta el olvido final, pasando por la alegría del encuentro, la soledad, el dolor de la ausencia y la esperanza perdida a través del tiempo y la distancia.

Benito de Lucas en 1950
Bruna como la angustia que me llena 
y me destierra al mundo de la nada
se desborda tu trenza destrenzada
entre las soledades de mi pena.

Según Benito de Lucas los catorce versos del soneto eran un molde perfecto para exponer sus deseos y sus esperanzas al tiempo que sus inquietudes y decepciones en el mundo del amor y el soneto, que en opinión de muchos encadena  porque obliga al poeta a ceñirse a su rigor de estrofa con medida y rima concreta a Joaquín adolescente no le encasillaba todo eso y como el poeta Vicente Gaos escribió, gran autor de sonetos  admirado por Benito de Lucas, este jovencito estudiante de bachillerato hacia suyas las palabras del poeta valenciano:  “Mas no, soneto, tú no me encadenas.”
Así pues Joaquín Benito de Lucas tras el hallazgo de este cuaderno de sonetos adolescentes los leyó y pensó en su publicación para que el posible lector y/o lectora pudiera leerlos  siempre pensando en hacerlo , tal y como sugiere el autor, como un arrebato de su adolescencia.
Sonetos de amor de un poeta adolescente nos ofrece una serie de sentimientos , encerrados en sus catorce versos, tal y como magistralmente supo mostrarnos Lope de Vega
 
Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.
Lope de Vega

 Y Joaquín Benito de Lucas, como tantos, sintió el amor, lo vivió y lo escribió dejándolo en un cuaderno rayado escrito  a mano  y guardándolo después durante casi sesenta y cinco años y ahora, como dije al principio, ya octogenario, lo da a la luz , con una sola salvedad, el soneto que abre el libro a manera de prólogo está escrito ahora (abajo lo incluyo), el resto son sonetos de amor de un poeta adolescente. Sonetos todos para deleite de lectores de cualquier edad   
                       
 PRÓLOGO                                            
Recóndita, recóndita armonía  
escucho en el silencio de mi casa
ritmo dulce y fugaz que llega y pasa
igual que llega y pasa la alegría

Dulce voz que se aleja y extravía,
acento blando y dulce que acompasa,
delirio de una música que abrasa
en notas hechas fuego y melodía.

Quién pudiera seguirla en sus compases,  
perderse en su delirio y nuevamente
encontrarse ayudado en su tristeza.

¡Oh, Poesía!¡Oh amor! Si te quedases
no tendrían que estar eternamente
luchando el corazón y lacabeza.

La poesía de Joaquín Benito de Lucas está  enraizada  en las experiencias de su propia vida y posee un tono confesional cargado de emoción, hondura y belleza. La infancia, la familia, su ciudad y el tajo, el río que la atraviesa, son el núcleo fundamental de su obra según ha reconocido la crítica. Con  estos Sonetos de amor de un poeta adolescente completa Joaquín Benito de Lucas lo que José Hierro dio en llamar, en la primera antología de Joaquín (1984), refiriéndose a su  obra, “la historia de sus años” o lo que es lo mismo “la historia de su vida” que vengo diciendo yo.
                           
                        Manuel López Azorín


viernes, 8 de diciembre de 2017

Joaquín Benito de Lucas: "La luz que me faltaba", con introducción de Pedro A. González Moreno


Nota:tras seis meses de inactividad en este blog vuelvo a retomarlo para continuar fomentando y difundiendo la Poesía a traves de las diferentes entradas que vaya haciendo. Gracias a todos los que os interesais por este blog.

Joaquín Benito de Lucas: La luz que me faltaba,

 con introducción de Pedro A. González Moreno.




                 La historia de sus años, de su vida

Decía José Hierro, en la primera antología que se publicó de Joaquín Benito de Lucas (en 1984) que: “este hombre quiere hacer de la poesía la historia de sus años” que es como decir la historia de su vida. Y así ha sido en la mayor parte de su obra poética.



 Esta selección antológica titulada La luz que me faltaba (con una excelente introducción de filólogo y poeta Pedro A. González Moreno),  recoge la poesía esencial, cargada de verdad, de belleza y de luz, de los diez últimos libros publicados por Benito de Lucas.


           Joaquín Benito de Lucas. Fue el sexto de los siete hijos que tuvieron sus padres Manuel y María. Con dos años salió junto a su familia de Talavera huyendo de las tropas nacionales porque su padre era un republicano y en su negocio, una taberna de nombre “La lancha”, que regentaba a orillas del río Tajo, se reunían los de izquierdas a comer y tomar algún que otro vino.

Presentación en Talavera de la Reina (octubre 2016)
    Su infancia fue triste y difícil y está ligada al río que atraviesa su ciudad y a los recuerdos de la guerra civil : (“Vinieron del oeste,/ contrarios a la marcha del sol y al discurrir / manso del agua, y en muy poco tiempo / tomaron la ciudad a sangre y fuego./ (Más a sangre que a fuego por los muertos / que alfombraban las calles) / Yo tenía / dos años, cinco hermanos y unos padres / que nos libraron de ese infierno.”)

          Y ligada a la posguerra: “…Aún recuerdo / un día de Reyes en que al despertarnos / encontramos debajo de la almohada / un puñado de nueces y unos higos / secos para que hiciéramos / turrón de pobre.”

Centro Cultural "Rafael Morales" en Talavera de la Reina presentación de "La luz que me faltaba"

          Debido a una enfermedad que le mantiene en cama largo tiempo inicia sus primeros pasos en la poesía: “Sentía un escozor / por todo el tronco de mi cuerpo niño / y en la garganta un ruido / de pájaros inquietos/ que van de rama en rama si hallar acomodo.”
          Uno de sus primeros poemas data de 1948 cuando el poeta contaba catorce años. Y aunque su primer libro publicado fue “Las tentaciones” (1964), antes, en 1957,  ya había escrito un libro que ha permanecido inédito hasta 2007 que se publicó. Su título: “Los senderos abiertos” :“Mirad cómo van pidiendo / la luz mis ojos, mis manos / todos los seres, mi boca /a voces todos los cánticos.”

Librería Lé Madrid. Presentación de "La luz que me faltaba. De izda a dcha: Pedro A. González Moreno, Joaquín Bento de Lucas, Manuel López Azorín y el violonchelista Francisco García

          Decía José Hierro, que: “este hombre quiere hacer de la poesía la historia de sus años” y en este La luz que me faltaba
parte de esos últimos años con una poesía clara, llena de vida y esperanza.
La antología comienza con un viaje que es una especie de peregrinación, casi mística, por un río. Es como “una aventura interior”  a la búsqueda de “una conciencia clara de la existencia del hombre en la tierra”
  

 Este viaje lleva al poeta, a través de la percepción y la memoria,  por el río de la misericordia, del amor, del dolor, de la alegría, de la solidaridad (como Irene Editorial que, dentro del compromiso social que lleva a cabo, ha acordado con el autor donar un euro de cada libro que se venda a la ONG Akshy, una asociación que trabaja en la India para alimentar y educar a la infancia más necesitada).



           Otro río, parte de su vida, es el Tajo, símbolo de esa poesía luminosa, de claridad, de difícil sencillez.
 en este libro de Benito de Lucas camina una selección de sus diez últimos libros publicados. Y camina sin tristeza y con la esperanza,  aun con sus años, que ya son 82, de  una primavera que avanza trayéndole la luz que le faltaba en el rumos de su infancia, su ciudad, su río…


         Y es que, este hombre, este poeta, que tuvo un padre que fue pescador en el Tajo, lleva siempre a su ciudad, y a las aguas de su río, junto a su infancia, su familia, sus amigos… Lo dijo Rafael Morales: ciudad, río e infancia del poeta “fundiéndose en un todo inseparable”. Y Pedro A. Glez Moreno  nos dice en la introducción: “No es el poeta quien canta al río; es el río el que suena dentro de sus versos.”
 
         Comenzó a estudiar Bachillerato a los 16 años (1950) y luego sacó el título de Practicante (ATS)  y trabajo para costearse la carrera.  En 1960 se licenció en Filología Románica en la U. C.M.    En 1964 obtuvo el título de doctor con una tesis sobre poesía medieval dirigida por Dámaso Alonso.      Desde 1960 a 1967 residió en Damasco (Siria) y más tarde vivió en Alemania como profesor de español en la Universidad Libre de Berlín.  En 1969 ganó una cátedra de Lengua y Literatura de I. E.S.  A partir de esta fecha ejerce la docencia, primero en ellos, más tarde en la UNED y, finalmente hasta su jubilación, en la Escuela de Formación del Profesorado de la Universidad Autónoma de Madrid (U.A.M.)
          
            Joaquín Benito de Lucas es también autor de numerosos estudios y ediciones críticas sobre poetas españoles tanto medievales como contemporáneos. 

En “Oda a mi ciudad”, libro que cuenta parte de la historia de Talavera, de sus diferentes nombres a lo largo de ella, de su río… y de Joaquín.  Nos dice el poeta: “¿Qué nombré elegiré para cantarte…?”(…) “Me quedo con el nombre que mis labios / pronunciaron de niño y aprendí de mis padres / cuando mi voz era un suspiro apenas” .



Y en este río y este verso de Joaquín Benito de Lucas camina la esperanza,  aun con sus años, de  una primavera que avanza (así titula Joaquín uno de los inéditos que se incluyen en este libro), trayéndole la luz que le faltaba en el rumos de su infancia, de su ciudad, de su río, de sus aguas.
Y es que, este hombre, este poeta, que tuvo por abuelo a un jefe de camineros en la casa que había en el puente viejo y que tuvo un padre que fue pescador en el Tajo, lleva siempre a La ciudad de las redes azules (otra de sus antologías, publicada aquí, en la Colección Melibea en 1998), junto a su infancia, su familia, sus amigos… Como bien dijo Rafael Morales: ciudad, río e infancia del poeta “fundiéndose en un todo inseparable”


Canto al río Tajo, un poema-río como definió en su día Abraham Madroñal, que fluye como fluye la vida a través del transcurrir del tiempo y que en esta Luz que me faltaba se incluye, completo.
Oda a mi ciudad, cuenta parte de la historia de Talavera, de sus diferentes nombres a lo largo de ella, de su río… y de Joaquín.
Se incluyen aquí cuatro importantes poemas. Nos dice el poeta: “¿Qué nombré elegiré para cantarte…?”(…) “Me quedo con el nombre que mis labios / pronunciaron de niño y aprendí de mis padres / cuando mi voz era un suspiro apenas”
El poeta, al tiempo que su más personal e intimo sentir,  canta  y cuenta, poéticamente, la esencia de Talavera y su raíz de amor en ella y con ella.
“Yo tampoco te he sido fiel ciudad que ahora canto” (…) “Después del tiempo niño / en que viví escuchando / el son del Tajo…”(…)  “…Adiós, te dije,/ y otros países fueron mi destino”


Finalmente y tras un largo periplo de viajes, a través de la materia de los sueños que es la memoria, con la que nos ha contado la historia de su vida… regresa a su ciudad y nos dice: “Ahora que estoy / al final de mis años / vuelvo a pedir perdón, y me arrepiento / de haberte abandonado. Ciudad, nunca me olvides.”

El poeta encuentra la luz que le faltaba, la luz que es la esperanza en la vida. Entonces “La primavera avanza” porque “Vuelve a salir bañando con su luz / la mirada y los árboles más niños.” De manera que Joaquín Benito de Lucas (como en su “Canción del ánfora”  el alfarero crea su obra), ha creado una vida de realidad hecha poesía, sin perder la esperanza. 
Moncho Otero

El poeta, ahora, encuentra la luz que le faltaba, la luz que es la esperanza en la vida, esa que está siempre pendiente del deseo,  pendiente de las formas que vivimos, que tenemos, y que pueden – como bien dice Joaquín –convertirse después en una nueva poesía.
De modo que a sus 82 años “La primavera avanza” porque “Vuelve a salir bañando con su luz / la mirada y los árboles más niños.”

 El poeta Francisco Caro nos decía en su blog  “Mientras la luz” sobre Benito de Lucas:
“La poesía elige donde residir. Y si el poeta es verdadero jamás se opone a su designio. La de Benito de Lucas ha ido ocupando las posadas de la infancia, los regatos en donde la corriente del río se demora y canta, las esperanzas y las misericordias, los afanes y los miedos de una posguerra larga. Sin ignorar, cada vez menos, que el sol busca el oeste, los oestes finales. El recuerdo como emoción y la claridad expresiva son las coordenadas de su hacer poético. 


Un poeta de la promoción semiescondida de los 60. De con Diego Jesús Jiménez, Antonio Hernández, Félix Grande..., que estrena antología.”

Y ahora digo yo: todos han recibido reconocimiento oficial (y todos merecido, quede claro, porque esta promoción poética de los sesenta, tuvo que luchar mucho para salir a la luz. Todos… menos Benito de Lucas. Y lo merece tanto como los demás.

De izda a dcha: Manuel López Azorín, Narciso Romero. (Alcalde de S.S. de los Reyes), Joaquín Benito de Lucas, Moncho Otero, Pedro A. González Moreno y Miriam Pérez Melia, (Concejala de Cultura)


Joaquín Benito de Lucas, igual que en Canción del ánfora  el alfarero crea su obra, ha creado una vida de realidad hecha poesía, una vida en la que lo local y lo personal se universaliza y, sin perder la esperanza y sin abandonar a ese niño que escribió sus primeros poemas entre los doce y catorce años sigue adelante con su vida y su obra.

Desde la tierra inicial de su propia historia, la de sus años, la de su vida, Joaquín ha creado una poesía cargada de emoción y luminosa que es como la jacilla que deja su huella en la tierra, indeleble ya, como luz incandescente en el papel escrito.    Don Antonio Machado dijo que la poesía era “palabra en el tiempo” y tenía razón, es palabra que se fija en el tiempo y ya intemporal permanece. Como la poesía de Joaquín Benito de Lucas.                                                             
                                  Manuel López Azorín




lunes, 3 de agosto de 2015

Memoria Poética I. Joaquín Benito de Lucas:La historia de sus años



Dejo aquí esta Memoria poética, dividida en cuatro partes, sobre Joaquín Benito de Lucas, para este mes de agosto en el que cumple 81 años. Este poeta, licenciado en filología románica, que publicó su primer libro Las tentaciones  en 1964 y que tiene en su haber los premios de poesía Miguel Hernández (1976), Castilla la Mancha (1987), Esquío (1990), R. Tagore (1995), Tiflos (1998) y Ricardo Molina (2003), es un poeta  de los  años sesenta, injustamente relegado de los grandes premios y /o reconocimientos , en mi opinión, y que ha escrito una poesía intimista y de  difícil sencillez como forma de conocimiento y de preocupación por el ser humano, tan merecedora de ellos como aquellos que los han recibido. Vaya pues, para él,  felicitación por sus 81 años  y por su labor poética.

 Memoria poética I
 Joaquín Benito de Lucas: La historia de sus años



I.- Años de creación poética.

Gran parte de la obra poética de Joaquín Benito de Lucas está recogida en La experiencia de la memoria (Poesía 1957 –2009), dos volúmenes publicados por Calambur en 2010. En ella recoge su producción poética que va desde 1957 hasta 2009. Un total de dieciocho libros, nueve en cada volumen, y unos últimos poemas inéditos, en cuanto a creación poética se refiere, sin contar la diferentes antologías que se le han publicado ni las reflexiones personales sobre su poesía ni los estudios y ediciones que ha realizado sobre poesía de otros poetas o sobre el tema mariano que como Doctor en Filología Románica y catedrático de Literatura viene desarrollando desde 1960.


Cincuenta y dos años de poesía contenidos en las mil trescientas y pico páginas de estos dos volúmenes es mucho e importante; pero yo sé que Joaquín Benito de Lucas escribió sus primeros poemas con catorce años, así pues habría que datar su poesía desde 1948 (él lo ha dicho en más de una ocasión: mi primer poema lo escribí con unos 14 años. Creo que es el único poema que puedo recordar casi del todo: «La tarde ya muere/ y la noche tiende su pálido manto./ Los pájaros vuelan/ y ya no se oyen sus alegres cantos./ Ya todo queda en silencio/, la sierra, el campo, el mar/ y el ladrido de un mastín se oye, ¡qué lejos está!»),  y desde esa fecha hasta ahora mismo, porque él no ha dejado de escribir, supone un tiempo de sesenta y siete años de creación poética. Y digo 67 años porque posterior a estos dos tomos Joaquín Benito de Lucas ha publicado, hasta la fecha, dos libros más: la antología Donde la luna canta. (Ediciones CantArabía, 2014) y Oda a mi ciudad (Cuadernos de Calisto Talavera de la Reina, 2014 )


Con Joaquín y Francoise en Talavera 
Joaquín Benito de Lucas nació en 1934 en Talavera de la Reina (Toledo), allí, junto a su río Tajo sufrió la guerra civil y después la postguerra y su terrible pobreza. Con dos años salió junto a su familia de Talavera huyendo de las tropas nacionales porque su padre era un republicano y en su negocio, una taberna de nombre “La lancha”, se reunían los de izquierdas a comer y tomar algún que otro vino. Su infancia fue triste y difícil.
De manera que uno de los siete hijos de Manolo, el pescador que regentaba la taberna “La lancha”, un día de 1998 publicó una antología con el

 título de La ciudad de las redes azules. 


En 1998 fue nombrado hijo predilecto de su ciudad natal, donde, con tal motivo, se publicó esta antología en homenaje a Talavera de la Reina, a su río y a su padre y abuelo, ambos pescadores en el Tajo, a toda su familia y a sí mismo: Y yo soy el testigo / que el agua arrastra / pero que deja restos de sus pruebas / al tribunal de la sedienta orilla. Sobre el río al que canta Joaquín Benito de Lucas  el poeta y filólogo Pedro A. González Moreno ha dicho: "El río de Benito de Lucas no es un elemento paisajístico, no es parte de ninguna escenografía lírica, el poeta no canta al río, es el río el que suena dentro de sus versos". 



La primera antología suya que se publicó fue la titulada Antología poética (INDEC, Iniciativas de Cultura. Madrid 1984), con prólogo de José Hierro



En ella  Pepe nos decía que Joaquín quería hacer de su poesía “la historia de sus años” que era como decir la historia de su vida. 









Al fuego de la vida (Ediciones La Palma, 1995. 
En esta ocasión parte de un verso suyo perteneciente a un poema titulado “Lo irremediable”, de  libro Materia de Olvido, para darle título: Se precisan / muchas horas / y más verdades, / puestas al fuego de la vida / para creer unas palabras / dichas sinceramente. La voz del agua (1964-2004), Valdepeñas, 2004

  y Al son de mi río (2007, Talagrafic, Talavera), que tuvo una segunda edición traducida al árabe por Fatma Khalil en 2007, Madrid, Instituto Egipcio de Estudios Islámicos en Madrid. 
Su última antología, hasta la fecha, Donde la luna canta, recoge poemas de varios de sus libros en los que reflexiona sobre el mundo árabe y reinterpreta su experiencia del tiempo, de los años en que vivió en Líbano y Damasco y también recoge poemas referentes al mundo árabe escritos después.

Joaquín Benito de Lucas estudió Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid  y obtuvo el título de doctor por la misma universidad en 1964. Es también autor de numerosos estudios sobre poetas españoles tanto medievales como actuales. Entre ellos Gonzalo de Berceo, Fernando de Rojas,  Gustavo Adolfo Bécquer, Jovellanos, Antonio Machado, José García Nieto, José Hierro, Rafael Morales, etc.

Además de los  20 libros de poemas publicados (incluyo los dos posteriores a la obra completa publicada en 2010), tiene otros 18 libros de crítica. Cuando opina de la poesía, opina con cierto rigor no dejándose llevar por los impulsos. Le gustan los poetas clásicos, como es Garcilaso, pero también Bécquer, Machado, Juan Ramón. Rafael Morales, más moderno, poeta, talaverano como él, con quien mantuvo una larga amistad, al igual que con Claudio Rodríguez, a quien conoció durante el servicio militar, y José Hierro, entre otros.


Joaquín y Rafael Morales

Conozco a Joaquín desde… no recuerdo ya cuántos años y tampoco sé muy bien si me lo presentó Claudio o fue Pepe, lo que sí recuerdo es que hablando con Pepe sobre las tertulias que yo hacía los viernes con el grupo Helicón y queriendo darles más proyección le comenté que, de entre los poetas que tenía en mi lista para invitar, sería él quien inaugurase y Joaquín quien cerraría el ciclo de este nuevo formato de Tertulias que pasaría a llamarse “Tertulias de Autor de Helicón” 
Pepe sin dudarlo me dijo que el más indicado para inaugurar era Joaquín y él cerraría, si me parecía bien, el ciclo. No tuve inconveniente, me pareció bien y en junio de 1992 Joaquín Benito de Lucas  inauguró un nuevo formato, más ambicioso y con la intención de invitar a poetas de reconocido prestigio dentro del panorama poético español.
Así fue y por aquellas "Tertulias de Autor de Helicón"  que inauguró Joaquín,   pasaron, entre otro muchos,  poetas como José Hierro, Concha Zardoya,  Pablo García Baena, Claudio Rodríguez,  Rafael Morales,Francisca Aguirre, Carlos Bousoño,Gloria Fuertes, Claudio Rodríguez, Antonio Gamoneda, Ángel González...





 Benito de Lucas contrajo matrimonio  en Damasco  con Françoise Ducos. Ella es francesa y se conocieron en Madrid, en la Universidad. Cuenta el profesor y poeta que cuando llegó el momento de marcharse a Damasco le pidió que se fuese con él. Sus padres la llevaron a Marsella desde San Juan de Luz, donde ella vivía, y en Marsella tomó un barco. Joaquín la esperaba en Beirut. Ya en Damasco se casaron. Francoise siempre fue su musa. El poeta canta a muchas cosas. Decía el portugués  Pessoa que el poeta es un fingidor. Sobre Francoise el poeta recuerda este poema de 1959 que escribió al lado de la vía del tren, junto a la casa de sus suegros en San Juan de Luz:
Joaquín y Francosise

“Buenos días amor, y te despiertas / al borde mismo de la aurora, al borde /del mar, de la ciudad, de los jardines /que desprenden sus flores / como las letras de un abecedario/ para escribir tu nombre / cada mañana. /Buenos días alba, agur amor, /qué voces tiemblan si te saludo,/ si te beso, si me fumo un cigarro,/ si te pones sentada en mis rodillas / y me miras mientras cruzan veloces / trenes hacia París, mientras me miras, / y el mar respira con su pecho enorme”.




Joaquín Benito de Lucas obtuvo el X Premio Esquío de Poesía por su libro Dolor a solas (en este libro Joaquín ensayo una teoría del sufrimiento y no era un sufrimiento abstracto sino íntimo, personal, sufrimiento que trascendía la anécdota y, con la palabra creadora, quedaba convertido en sufrimiento colectivo), y vino Joaquín, con él de la mano, a regalarme un ejemplar. Corría el año 1991 y,  tras leerlo, le escribí un poema que después se publicó en Diario del Tajo. Al poema, un conjunto de siete liras, que  titulé “Tras el dolor” le puse una cita de Joaquín que decía: contemplando la blanca pared de la memoria. Aquel poema decía: 
1) “Dolor es travesía / 
de otoño navegando rumbo al puerto. / 
Soñando lejanía / 
entre oleaje abierto / 
y luces de deseo en mar incierto./// 


2)  Dolor mientras el viento / 
desde lo oscuro acerca la esperanza / 
y se lleva el lamento / 
y la culpa, y se alcanza / 
el puerto de los sueños: la confianza./// 

3) Hay en Dolor a solas
un gran campo de espumas que, vencido, / 
naufraga entre las olas / 
del tiempo, del olvido, / 
sintiéndose culpable y confundido.///

4) Con el naufragio ¿duerme? / 
¿Muere …o es tan sólo un triste sueño? 
Tras la tormenta vuelve, / 
asido en el madero, / 
aferrado a esperanzas y recuerdos.///

5) Y tras las esperanzas / 
ruidos de vida nuevamente emergen, / 
y las olas se calman, / 
y los campos florecen, / 
y los miedos se esfuman, y se vencen.///

6) La travesía cesa / 
y cesa la memoria, cesa el llanto / 
y de lo oscuro llegan / 
todo lo cierto y falso / 
renovados de luz, entremezclados.///

7) Y ya vencido el miedo / 
–ese dolor a solas que estremece / 
abrazado al silencio– /
tras el dolor se advierte / 
la puerta del amor que se abre, envuelve.”  

(De mi libro Azul de los afectos )

En estas liras trataba yo de reinterpretar, de un poeta intimista y personal, parte de su experiencia vital, vertida en ese poemario.
                                                  
Manuel López Azorín

(Si te apetece puedes seguir leyendo la II parte de esta Memoria poética en la siguiente entrada)