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lunes, 5 de diciembre de 2016

Memoria poética. Leopoldo de Luis III:respirando por la herida





 Memoria Poética.
Leopoldo de Luis III: respirando por la herida


Terminada la guerra Leopoldo de Luis pasó cautividad en la posguerra (plaza de toros de Ciudad Real y penal de Ocaña), así como en los batallones del  franquismo en el Campo de Gibraltar. En 1942 fue liberado.
 Recuperó su trabajo en una compañía de seguros (de la que llegó a ser director hacia el final de su vida laboral), comenzó a publicar poemas en revistas como  como las citadas anteriormente en Memoria poética II. La mayoría de las revistas poéticas de la época y otras más amplias como Papeles de son Armadans o Revista de Occidente acogieron sus colaboraciones asiduas.  Por entonces consolidó su larga amistad de cuarenta años con el poeta Vicente Aleixandre.

Leopoldo de Luis fue el autor de  la antología Poesía social de su época en 1965, cuando ya este tipo de poesía  comenzaba a ser vista como cosa del pasado cuando los poetas que comenzaban a publicar en los sesenta parecían desentenderse de ella para ir a la búsqueda de una nueva estética del lenguaje. Su Poesía social, reeditada numerosas veces, sufrió las arremetidas de quienes condenaban esa literatura por – decían- su mediocridad estética y su dudosa eficacia revolucionaria. Fue muy importante su antología y  está considerado como uno de los principales representantes de la poesía de la postguerra española.
Así pues Leopoldo de Luis, este pesimista de raíz temporal, este hombre generoso siempre con sus amigos, fue antólogo, ensayista, editor literario, poeta social... Pero no por ello debemos olvidar  otras temáticas  como el existencialismo, la preocupación por la temporalidad y la muerte ni su absoluta maestría formal ni su gran dominio del ritmo. Libros suyos como Los imposibles pájaros (1949), Teatro real (1957) o Juego limpio (1961) son libros de pesimismo con raíz temporalista.
Su poesía, siempre estuvo influida por el existencialismo, y cada vez más, fue deviniendo en poesía de pensamiento o filosófica como en  su último libro, Cuaderno de San Bernardo. Libro al que el poeta dio este título porque en esta calle de San Bernardo de Madrid, se encontraba el sanatorio donde estuvo ingresada y falleció Maruja, su mujer. Es este un libro conmovedor, verdadero donde nos habla, en sonetos, de su percepción de la soledad y sobre la muerte, todo ello envuelto en un formalismo magistral con un gran dominio del ritmo.

En 2003, año de publicación de su Obra poética (1946 2003), Leopoldo de Luis fue galardonado con el Premio Nacional de las Letras Españolas.
Al menos, este poeta, tan importante en la poesía española de la segunda mitad del siglo xx, no se nos fue con el sentimiento de olvido institucional que tantos otros grandes poetas sintieron. En el caso de Leopoldo de Luis, su desaparición no pilló a la cultura española, como suele ser habitual, en otras cosas.
En 2004 fue nombrado Hijo Predilecto de Andalucía y le concedieron la Medalla de Oro de Córdoba (su ciudad natal) Su obra es estudiada por autores españoles y extranjeros. Leopoldo de Luis escribió mas de treinta libros de poemas y destacan entre ellos especialmente Teatro real (1957) y el libro por el que le concedieron el Premio Nacional de Literatura en 1979: Igual que guantes grises.
Francisco Díaz de Castro escribió sobre la Obra poética (1946-2003) del poeta y nos dijo: “En su última etapa  Leopoldo de Luis escribió poemas de un emocionante y misterioso simbolismo que nos conmueven con la triste desolación de quien amó tanto la vida, como son los impresionantes de Cuaderno de San Bernardo. Quedan fuera de esta recopilación algunos textos, como los de “El mar y tú”, emocionado homenaje y recuerdo de Maruja, la compañera de toda esta andadura. Sirvan de colofón estos versos: “Y yo te sentiré cercana y mía/ y en el celeste amor de cada día/ llegarás otra vez, hecha de nada”.
Además del Premio Nacional de las Letras  concedido por el Ministerio de Cultura en 2003 por el conjunto de su obra, y el Nacional de Poesía en 1979, también obtuvo el Nacional de las Letras Teresa de Ávila - Ayuntamiento de Ávila en 2002.  El Premio Paul Beckett de poesía en 2002 por Cuaderno de San Bernardo. El Miguel Hernández de poesía - Consellería de Educación de la Comunidad Valenciana en 1999 por Al conjunto de su obra. El León Felipe de Poesía - Fundación León Felipe en 1999. El  Atlántida de poesía - Festival Internacional de Poesía de Las Palmas de Gran Canaria en 1999 por Al conjunto de su obra. El Pablo Menassa de Lucía - Asociación Pablo Menassa de Lucía en 1999 por Generación del 98. El  Villa de Rota de poesía - Fundación Alcalde-Zoilo Ruiz Mateos en 1983 por Una muchacha mueve la cortina. El  Villa de Madrid : Francisco de Quevedo de Poesía - Ayuntamiento de Madrid en 1979 por Entre cañones me miro. El Álamo de poesía (Delegación Nacional de Cultura) en 1976 por Otra vez con el ala en los cristales. El  Ausiàs March de poesía - Ayuntamiento de Gandia en 1968 por De aquí no se va nadie .Otras distinciones  obtenidas fueron: el Premio León Felipe a los valores humanos.  Medalla de Plata de la Asociación de Escritores y Artistas y de la Universidad de Torino y el  Premio Ciencias de la Información por el artículo publicado en el diario 'Ya' con el título 'Patéticas cartas de Miguel Hernández a José María Cossío”.

Toda su obra se extiende a lo largo de los movimientos, tendencias, corrientes  que  formado las poéticas  se han ido sucediendo al tiempo que ella, una obra serena y fiel a sí misma y que nos demuestra que esto de ponerle  etiqueta y barreras generacionales a la poesía resulta cuando menos bastante difícil. Hablar de la poesía de Leopoldo de Luis es hablar de la poesía española del siglo XX.
Hablar de Alba del hijo es hablar del hijo como símbolo de la esperanza en otro mundo mejor, de un nuevo amanecer o alba. “Un libro de un optimismo mesurado, pues en él deja constancia también de la insignificancia de la existencia, engullida por el paso del tiempo y por la crueldad humana”.
Hablar de Huésped de un tiempo sombrío (1948) es contemplar al sujeto poético existencialmente. La reflexión en torno a la palabra poética es decisiva en la  profundización de la lectura de sus primeros libros. Leopoldo de Luis toma conciencia del paso del tiempo, de que “todo fue”, pero la palabra permanece, así nos dice en el poema “Año nuevo”: “solo esta muda / voz o espina, inmóvil, queda”. Con estos versos nos muestra la pervivencia de la palabra más allá de la muerte.
Desde sus primeros poemas Leopoldo de Luis nos dice que, en la poesía, el amor y el silencio, son dos conceptos místicos que se remontan a Bécquer y a San Juan de la Cruz.


La poesía es una suma compuesta de pensamiento, sentimiento y de emociones que nos llevan al conocimiento. El poeta sabe, con la experiencia de la escritura, de la palabra elaborada, de los sueños, de las ideas, las sensaciones, sabe de Respirar por la herida (el último libro de Leopoldo de Luis, publicado tras su muerte por la Fundación Jorge Guillén en 2012.
En este libro póstumo, nos dice en el prólogo su hijo Jorge Urrutia: “Salvo su último libro publicado Cuaderno de San Bernardo (por la calle en la que estaba la clínica en la que murió Maruja, su mujer de tantos años), casi todo lo que escribió en el periodo final de su vida nació de las lecturas.”
Un grandísimo poeta que hay que leer y releer.
Una bellísima persona con quien tuve el honor de tener una buena amistad.


                                                              
                                                             Manuel López Azorín


sábado, 4 de junio de 2016

Leopoldo de Luis II: Rigor formal de sereno sentimiento.Memoria poética.





Memoria poética.
Leopoldo de Luis II: Rigor formal de sereno sentimiento.

Al año de nacer en Córdoba Leopoldo, su familia se trasladó a  Valladolid, ciudad en la que vivió hasta los diecisiete años. Cuando Leopoldo de Luis dejó Valladolid trasladándose a Madrid para estudiar Magisterio, durante un tiempo vivió en  la sección de menores de la Residencia de Estudiantes; pero  la ruina familiar le obligó a trabajar en un puesto burocrático de la empresa privada. Entretanto empezó unos estudios de Letras que nunca acabó.
Cuando yo conocí a Leopoldo de Luis acababa de publicar su libro Del temor y de la miseria, Orígenes, 1985. Sobre este libro se escribió en julio de 1985: “Cuando Leopoldo de Luis abre las dramáticas puertas que dan entrada a Del temor y la miseria no nos ofrece un patético deslumbramiento, sino algo que se cruza por un entramado de sombras,”

Y es que a Leopoldo de Luis, no se le puede dejar solo en “poeta social” como suelen conocerle o reducirle. Digamos que la diversidad poética  de Leopoldo que efectivamente trató y escribió la poesía comprometida, la malllamada “poesía social”, él va más allá  y cualquiera que lea su obra podrá observar  que  es una obra humanista, existencialista, con cierta estética simbolista, con un predominante yo lírico y reflexivo que nos hace pensar en el sentido de la  muerte, el tiempo, la vida,  que la memoria es temática importante en su poesía y también la metapoesía. Lo que sucede, en mi opinión, es que Leopoldo de Luis, como tantos, condicionado por las circunstancias vitales que le tocó vivir, forzosamente le generaron interés en esa “poesía social”.   Conviene recordar   su paso por los campos de concentración, su contacto con el pueblo vencido y preso, su amistad con Miguel Hernández… estas vivencias marcaron su vida y su poesía.

En los años sesenta publica, también, La luz a nuestro lado y Con los cinco sentidos y en los 70  De aquí no se va nadie y un poemario con el que le conceden el Premio Nacional de Poesía: Igual que guantes grises. Más libros y más premios se suceden a lo largo de estos años en los que este poeta de rigor formal, de sereno sentimiento, con rigurosa concepción del mundo, atenido siempre a la belleza de la forma y con un contenido humanista, ha ido dejándonos, fiel a su ética y a su estética, lo mejor del hombre que se busca en sí mismo y se reconoce al margen de modos y de modas y maneras
Su hermano, Francisco Umbral dijo de Leopoldo: “Es un importantísimo poeta, pero por su estética, a la que sigue siendo fiel desde siempre, además de ir a contracorriente de las modas desde hace tres décadas, no parece tener sitio en este final de siglo. Personalmente lo lamento porque pienso que hace gran poesía”



Cuando Leopoldo vino como poeta invitado a Tertulias de Autor, nos leyó poemas de Teatro real, un libro publicado en 1975 en la Colección Austral de Espasa Calpe (aunque al llegar lo primero que hizo fue saludarme y regalarme una antología suya publicada en Plaza y Jané  en 1989 titulada Los caminos cortados)


Poesía, en fin, a veces amarga pero siempre tonificante la de este poeta que nos habla “del temor y de la miseria”, que nos dice que no sabe “proclamar la esperanza en el mundo” (aunque lo intenta) y que nos ofrece con sus poemas esa luz... cualquier día “del mundo en que nos toca ser testigos”, del teatro del mundo en que nos toca actuar. Yo, como tú, quiero ser el que diga estos versos: “Éste es siempre el epílogo seguro. / Teatro hoy, ceniza en el futuro. / ¿Vale la pena de estrenar la obra? /  Vale la pena de estrenar la obra / aunque ya el argumento es muy sabido. / Representarla en paz y pena pido. / En paz y pena con mí mismo. Y sobra.”

Para Leopoldo de Luis, poesía social “es aquella que sublima sentimientos colectivos latentes en un marco histórico caracterizado por la opresión política y la explotación económica.” Todo lo demás, como lo fue para Pepe Hierro, es  poesía de vida que da testimonio de lo que acontece.

El hecho de que muchos autores no consiguieran hacer realidad su deseos de obtener calidad artística (otros muchos si lo consiguieron como Leopoldo, Hierro, Celaya, Otero, Sahagún, Cabañero, etc), sino que más bien trataron de imitar, de hacer epigonismo poético o lo que hicieron, en algunos casos, fue poesía de panfleto llevando a la decadencia esta corriente.



Cuando estalló la guerra incivil española, Leopoldo de Luis, alistado en el ejército republicano, hizo más intensa  su amistad con el poeta de Orihuela Miguel Hernández, a quien había conocido ya en 1935.A Leopoldo se debe, en muy buena medida, la recuperación editorial de Miguel Hernández, muerto en la cárcel en 1942. Igualmente mediados los años treinta Leopoldo trabó amistad con Germán Bleiberg, Rafael Múgica, más tarde conocido como Gabriel Celaya (tras sucederse un tiempo de adaptación a su nueva vida con Amparo Gastón en la que adopto otro de sus nombres: Juan de Leceta), y  también trató al poeta León Felipe.
Gloria Fuertes me contaba una anécdota en relación con Leopoldo y Celaya: Sucedió en 1936. Se celebraba el Premio del Centenario de Bécquer organizado por el Lyceum Club Femenino (una asociación de mujeres fundada en 1926 y que funcionó en Madrid hasta 1939) Gabriel Celaya (entonces Rafael Múgica fue el ganador de aquel premio con su libro La soledad cerrada. A este premio se habían presentado también Leopoldo de Luis (Como Leopoldo Urrutia) y Gloria Fuertes (allí se conocieron los tres) Como el premio lo ganó Rafael Múgica y no ellos y concretamente Gloria Fuertes, esta se enfadó al principio; pero, me contaba, cuando conoció a Celaya, que “era alto y rubio como la cerveza” se le pasó el enfado y ya siempre fueron grandes amigos. Un día, hablando con Leipoldo se lo contaba yo y vi que sonreía mientras asentía, confirmando así que la anécdota de Gloria había sucedido tal como ella me la contó.
En 1937 colaboró en Nuestra Bandera de Alicante y en La Hoja del Lunes  de Madrid, y publicó un pequeño libro que antologaba poemas suyos de guerra junto a algunos de Miguel Hernández y de otro poeta combatiente, Gabriel Baldrich.
En 1938 apareció el libro Romance  con el nombre de Leopoldo Urrutia. (para este libro empleó el apellido de su padre; pero más adelante ya en 1946 publicó el que Leopoldo consideraba realmente su primer libro Alba del hijo y lo firmó con el apellido materno, Leopoldo de Luis, apellido que adoptó para evitar represalias de los vencedores. por este nombre sería conocido como poeta a lo largo de su vida.

Como poeta, ensayista y crítico literario fue colaborador de las revistas más importantes de su tiempo (Ínsula, Cántico, Espadaña, Papeles de Son Armadans, Revista de Occidente...), 
Leopoldo de Luis comenzó escribiendo una poesía  que nos hablaba de la condición humana, poesía de gran  contenido existencial. Luego, a lo largo de su obra, se fue afirmando una aguda conciencia del tiempo y la muerte dentro de una posición esencialmente humanista como dije en Memoria poética I.

Recuerdo una Comida Homenaje a Leopoldo en el restaurante medieval La rioja C/ Las negras, 8 Esquna a Princesa Madrid el 21 de octubre de 2002. Aquel día Julián Creis, Emilio Ruiz Parra, entre los que recuerdo en la mesa, escribimos unos versos para el poeta homenajeado y, como siempre Leopoldo, con sencillez y humildad, correspondió con su agradecimiento   a todos los que allí nos encontrábamos. Y al mencionar a Julián Creis me vino a la memoria otro Homenaje (esta vez en Valdepeñas, en 1995) organizado por las Bodegas A-7 en la Tertulia llamada Desde el Empotro en la que además de la publicación de un cuadernillo con poemas de Leopoldo de Luis, se quedó impreso en una de las enormes tinajas de la bodega un poema de este poeta que nos dio una lectura y con quien pasamos, junto con Paco Creis , organizador del Homenaje, una grata jornada poética.



De su poesía han escrito muchos y con profusión. De ella nos dijo Concha Zardoya: “La poesía de Leopoldo de Luis, humana, verdadera, conmovida y conmovedora, nos deja una huella imborrable en el espíritu y en el corazón”.... “No ha tocado con su dolor, vertido en versos de clásica sobriedad y nos ha enseñado su lección de ética profunda”. Concha Zardoya, y lo digo con rotundidad porque ella, personalmente, me lo confesó, sentía una enorme admiración por la poesía de Leopoldo y por su digna y humana trayectoria.

Tan humana fue su trayectoria que nunca dejó de contestar una carta, o de responder a un poema como en una ocasión que le escribí un soneto, fue un año antes de fallecer y no recuerdo ahora, porque no encuentro el poema, aunque si la nota que Leopoldo me envió:


Mientras escribo esta II entrega de Memoria poética sobre Leopoldo de Luis, recibo un mensaje de Jorge Urrutia en el que me dice:

Blogger Jorge Urrutia dijo...


Querido Manuel López Azorín: te envío una abrazo y la expresión de mi agradecimiento por esta entrada tuya en el blog. A mí, esto años de ausencia me han parecido una fosa difícil de superar. El cariño que le demuestras, la admiración que expresas por su obra me emocionan. Cuenta con mi amistad.
Jorge Urrutia
Jorge quizá no lo recuerde; pero hace unos años, en un homenaje que le dio Fina de Calderón  en el Cigarral del Santo Ángel de Toledo, tras la comida y lectura poética que acostumbraba a darse
en honor del homenajeado (en esta ocasión Jorge Urrutia) ya le recordé que sentía una enorme admiración por su padre (a quien Fina rindió Homenaje también en ese Cigarral en los años 90 y yo estuve  igualmente acompañándole) al tiempo que un gran afecto. 
Y aquí dejo esta II parte de Memoria poética. Preparo una nueva y III parte que, en cuanto esté acabada “colgaré en este blog” Leopoldo de Luis que, de vivir, ahora tendría 99 años, merece no solo este recordatorio sino que le leamos y releamos a menudo.

                                                  Manuel López Azorín

miércoles, 11 de mayo de 2016

Memoria poética. Leopoldo de Luis I: Poeta de preocupación existencial



Memoria poética.
Leopoldo de Luis I: Poeta de preocupación existencial


Hoy 11 de mayo de 2016, al ver una nota del poeta Luis Llorente en las redes sociales sobre Leopoldo de Luis  me ha recordado que yo estaba preparando una memoria poética para publicar en este blog. Como la parte I ya estaba terminada, he  decidido "colgarla" , gracias a Llorente, el el día de hoy fecha de su nacimiento(nació un once de mayo) .

Diez años ya, va para once, que el poeta Leopoldo de Luis (Córdoba, 1918– Madrid, 2005) nos dejó. En noviembre de 2005, falleció este gran poeta cordobés del que guardo un inestimable recuerdo y al que acudo de vez en vez a su Obra poética (1946-2003), o a alguno de los otros libros que tuve la fortuna de  que me regalase, para releer algunos de sus poemas.

Siempre que lo hago me llegan recuerdos de este hombre, tan humano, tan poeta, tan buena persona. Recuerdos como aquel en  que estuve en su casa de la Calle Rodón para grabarle unas palabras para un homenaje que yo preparaba a través de Helicón en torno al poeta Gabriel Celaya. Corría el año 1995, era febrero y hacía frío, me recibió Maruja, su esposa, una dulce y amable mujer que enseguida me pasó a la biblioteca donde Leopoldo y yo, charlamos mientras tomaba un café que me trajo Maruja. Hablamos de Gabriel Celaya y de Miguel Hernández que andaba junto a nosotros enmarcado (era el dibujo que Antonio Buero Vallejo le hizo en la cárcel), Leopoldo tenía presente siempre al poeta- cabrero de Orihuela no en vano fueron amigos en los años treinta.

Leopoldo con Vicente Aleixandre
Yo veía en Leopoldo, siempre que hablaba con él, a un hombre con sentido del humor, aunque serio al tiempo que amable, educado y gran conocedor de la poesía en general y en particular de la de los años cuarenta, la del desarraigo, y cincuenta, la llamada poesía social en la que Leopoldo era un experto y nos dejó un libro importante: Poesía social española contemporánea, antología (1939-1968)  Pero no sólo escribió sobre poesía social, (La suya es una obra de preocupación existencial importante.) Su obra crítica ha versado también sobre poesía española religiosa contemporánea y también sobre Antonio Machado, Vicente Aleixandre, Miguel Hernández, Carmen Conde, león Felipe y el modernista olvidado Gonzalo Morenas de Tejada.


En el obituario que Ángel L. Prieto de Paula,  profesor de literatura en la Universidad de Alicante y crítico literario, dedicó el 22 de noviembre de 2005 en el diario El Pais a Leopoldo de Luis tras su fallecimiento nos decía: “El tópico del erial, referido a la pobreza cultural española de los años cuarenta y cincuenta, es uno de los más consolidados de nuestra historiografía, a pesar de que no faltan trabajos que lo han revisado y cuestionado. Pero cualquier reivindicación de la literatura y el arte en esos años de hierro choca con los esplendores de los tiempos de la dictadura de Primo de Rivera y de la República. Comparada con ellos, la cultura de la postguerra había, por fuerza, de parecer cosa baladí a los que hicieron recaer las miserias del franquismo en quienes, con él o contra él, trataron inútilmente de suturar la brecha abierta por la guerra de 1936. Leopoldo de Luis, muerto el 20 de noviembre de 2005, fue uno de los que contribuyeron más intensamente a que esta sima no fuera aún más honda.”

Su nombre completo era Leopoldo Urrutia de Luis aunque usaba el apellido de la madre para firmar como escritor.  Hijo de un abogado e intelectual del grupo modernista cordobés, amigo entre otros de Julio Romero de Torres y hermano (por parte de  su padre cuyo nombre era Alejandro Urrutia) del escritor Francisco Umbral.
Jorge Urrutia, hijo de Leopoldo
Jorge Urrutia, hijo de Leopoldo de Luis, ha dicho: “Todo empieza cuando Umbral y el poeta Leopoldo de Luis se conocieron en Madrid, a mediados de siglo, en medio del bullicio de la época.” Los hermanos parece ser que, aunque no públicamente, mantuvieron una relación de amistad que también tuvo Umbral con el hijo de Leopoldo, Jorge Urrutia. Yo, personalmente  escuché  a Francisco Umbral en una ocasión mientras conversaba con José Hierro, hablar  con elogios, y muy cariñosamente me pareció a mí, de Jorge Urrutia que por aquel entonces, era a finales del año dos mil, estaba de director del Instituto Cervantes en Lisboa. Leopoldo de Luis  utilizó el apellido de su madre: de Luis para burlar la dictadura, su primer apellido era Urrutia. El hijo de Leopoldo es licenciado y doctorado en Filología Románica, catedrático de universidad, crítico literario, traductor  y, como su padre, poeta. Tiene su obra traducida a varios idiomas. 
En  su libro La noche que llegué al Café Gijón Francisco Umbral nos dejó escrito: “Leopoldo de Luis —el mínimo y dulce Leopoldo de Luis, se llegó a decir en la tertulia—, era de ojos pequeños y maliciosos, nariz grande, boca inexistente, rostro un poco rojizo, fácilmente alegrado y subido de color de la risa, y venía de sus oficinas de seguros lleno de versos, de cultura, de conversación, de chistes malos y poemas buenos. Escribía una poesía en la música de Miguel Hernández, hecha de humanidad y socialismo, con gran sentido del verso, gran ductilidad lírica y una melodía grata y honda, monótona y cierta, que daba gran calidad a todo lo suyo”.

Recuerdo que en una ocasión, con motivo de las fiestas de Navidad y fin de año, le envié un poemilla en el que hablaba de “abrir la ventana a la poesía”  y él me respondió con estos versos:
“La ventana todavía / abierta a la poesía / porque López Azorín / sabe que la vida sin /ella, poca luz tendría.”
Poco tiempo después escribí un soneto dedicado a Leopoldo y años más tarde lo incluí en mi libro Azul  de los afectos (2001)  Cuando el libro salió publicado le envié un ejemplar. Tardo muy poco en responderme y, como siempre, con mucho afecto. El poema de la página 76 era éste:

Humanísimo Traje
                                        A Leopoldo de Luis y Maruja

De humanísima tela viste el traje
que envuelve su figura cordobesa
y el telón de sus actos se sopesa
por los versos que lleva su equipaje.

Muchos versos, Maruja, y mucho viaje
alrededor del mundo y de la mesa
que protege al poeta que no cesa
de vestir humanísimo ropaje.
En Rodón, permanente, y aledaños,
recorriendo despacio cada día
las madrileñas calles de los años.

Muchos años de vida y poesía,
muchos años de amor ya, muchos años
y muchas ilusiones todavía.
Manuel López Azorin
Del libro: Azul de los afectos (2001)
 

Entre sus grandes valores como poeta, cabe destacar su existencialismo, su conciencia del tiempo, su honda forma expresiva, su preocupación social y, tras volver a releerle, decir que su poesía sigue viva, esta  y es actual.
Su primera obra poética Alba del Hijo fue publicada en 1946, 
a la que siguieron Huésped de un tiempo sombrío en 1948, Juego limpio en 1957, La luz a nuestro lado en 1964, Igual que guantes grises en 1979, Una muchacha mueve la cortina en 1983 y Del temor y la miseria en 1985, entre otros muchos.

En febrero de 1988 recibió un homenaje de sus amigos, por sus 40 años de labor literaria. Y en Octubre del 2002 fue nombrado socio de honor de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles.

En octubre de 1995 le pedí que viniera como poeta invitado a Tertulias de Autor de Helicón. 
´Así lo hizo, vino y nos ofreció una lectura digna de lo que era, un grandísimo poeta (Os dejo el video por si os apetece comprobarlo escuchándole)


Lo dejo aquí. En breve incluiré una segunda parte que estoy preparando.

                                                            Manuel López Azorín