viernes, 16 de noviembre de 2018

Manuel López Azorín: POEMAS




Apócrifo de Quevedo- Poemas de Manuel López Azorín






Quevedo y el Humor



En la Torre de Juan Abad (Ciudad Real), lugar donde Francisco de Quevedo pasó la última etapa de su vida se celebró  un homenaje   en torno al poeta que supo cultivar todos los géneros literarios,Don Francisco de Quevedo y Villegas, con una exposición y un estupendo catálogo, en el que han colaborado  ilustradores y escritores. 




 Participaron más de 90 ilustradores, desde Antonio Fraguas (Forges), que ilustra la portada, hasta la contraportada realizada por Joaquín Aubert (Kim) encontramos, entre otros,  a Gallego y Rey, Alfredo, Fernando Corella, Marisa Babiano, José Antonio Fernández (Fer), Jorge Arranz,   Fernando Villar, Paco Roca,  Joan Mundet,  Jaume Capdevila (Kap),   Mamuel Sanchez Nerja,  José Luis Castro Lombilla, José López Rivera (Farruqo), Cels Piñol, Diego Doblas (Diego),  Rubén Jiménez (El Rubencio), Paul Coulbois, Máximo Vento,  Miguel Repiso (Rep)Y un largo etcétera de buenos ilustradores junto a escritores y poetas como, entre otros,  Andrés Neuman, Juan Goytisolo, Fernando Savater, Pablo Jauralde, Juana Vázquez Marín, Luis Alberto de Cuenca, Roger Moore, Luis Martinez de Mingo, Luis Landero, Raúl Guerra Garrido, Rogelio Blanco Martinez, María Dueñas, Carlos Álvarez, Rosa Regás, José María Merino,   José María Balcells, Antonio A. Gómez Yebraque nos ofrecen a un Quevedo de de ayer y de hoy como, tal y como señala el escritor Antonio Gómez Rufo: "Excusa magnífica para rendir homenaje a don Francisco de Quevedo, que supo convertir el humor en un espejo fiel de la verdad. Como tantos humoristas aquí presentes. (…) Unos textos de escritores y poetas de buen hacer e ingenio adornan los dibujos, completándolo todo."

Mi colaboración en este Homenaje a Quevedo fue la de escribir expresamente para este catálogo cinco sonetos que incluyo aquí con este título tan largo. Fue la publicación y el Homenaje en 2012.

Apócrifo de Don Francisco de Quevedo y Villegas, Caballero de la Orden de Santiago y Señor de la Torre de Juan Abad que hacia el final de su vida reflexiona, sobre parte de lo vivido y de lo escrito, retirado en esta villa manchega, en la casa que perteneció a su madre.


                                               
                                    Aquí me sobra los días 
                                    y los años fugitivos
                                    parece que en estas tierras
                                    entretienen mi camino.
                                  -Francisco de Quevedo-
                                      
                                                                                                                                                                                          
                                                                            
                       I

He  vivido una vida turbulenta,
ha sido belicosa y agitada;
pero, también, de amor ensimismada,
la viví con humor y no fue cruenta.

La vida, aunque fugaz, nos alimenta
y aunque estuvo la mía encarcelada
no se dejó vencer malhumorada
y en los sueños que tengo se sustenta.

Porque la muerte acecha y no se quiere
hacer frente a su oscura certidumbre
trocamos el dolor por la sonrisa.

Aunque la vida duela se prefiere
el fuego de la vida y, en su lumbre,
entre el gozo y la chanza, arder sin prisa.

                    II

En verso o prosa, siempre, mi escritura,
ya emplease mi pluma enamorada
o fuese con humor o emponzoñada…
se ha de saber que anduvo a gran altura.

Si mi vida en Madrid, gozo y tortura,
fue del celo a la envidia encadenada
por vates, botarates, gran camada
que. blasón o ignorancia, la hizo dura,

ahora mi descanso aquí, en la Torre
de Juan Abad, de todo mal me cura
y escribo sin rencor ni envenenado.

Aquí vuela mi pluma, salta, corre
para atrapar la vida y la dulzura
de este tiempo final al que he llegado.

                    III
Lo mismo que llegué a La Perinola,
sátira Para todos, divertida,
tan breve como breve es esta vida,
eficaz y sincera. Y ella sola,

la eficaz, divertida  Perinola,
me trajo el mal libelo de unos cuantos,
no el licenciado Lebruno, sí otros tantos,
me llamaron bufón (creció la bola),

doctor en desvergüenzas, suciedades,
de vicios catedrático… Fue tanto
lo que de mí se dijo…. No hice caso,

yo escribo lo que siento, mis verdades.
Me dicta el corazón, y lo que canto
fruto es siempre de amor o de fracaso.
                   IV

Enamorado de la vida y de sus cuentos,
del concepto, palabra que lo expresa,
de la sorna sagaz, crítica gruesa,
de los significados que son cientos,

de los verbos que ofrecen mil ungüentos
para sanar de males que hacen presa
en un cuerpo, y un alma que no cesa
de expresar, entre sornas, sus lamentos,

de pensar que la vida es un suspiro,
una broma de gusto muy dudoso,
una estancia tan dulce como amarga.

Y así, aquí, en esta Torre, pienso, miro 
y escribo de la vida, aún animoso,
lo que me da la vida: amor y carga.

                          V
   
Carga que aquí en “la aldea” ,ahora, espero
endulzar la memoria, el universo
–con el sabor del tiempo joven, terso –
de aquello que fue  ayer y ya es postrero.

Tal vez como yo quise no fui; pero
llevé la vida que llevé y mi verso
tocó el cielo, la luz, y quedó inmerso
en un fulgor eterno y verdadero.

 Isabel, Amarilis, Tirsis, Flora…
¡Floris, Lisis, que mal el de Esperanza!
 Sí, no fui en amor afortunado

Desde esta villa en que descanso ahora,
con el recuerdo abrazo la esperanza,
al menos… seré "polvo enamorado."

                                              29 de octubre  de 2011

  
                       Manuel López Azorín

   


 

domingo, 11 de noviembre de 2018

J.M.Barbot:"Ulises desconcertado"





J.M. Barbot: Ulises desconcertado

 
Ulises desconcertado (Ediciones en Huida, 2014) es un libro de poemas, el primer poemario de J. M. Barbot (Burgos, 1976), El 21 de octubre Barbot fue invitado como poeta al programa "Versos sobre el pentagrama"  que mis cantautores favoritos
Rafa Mora y Moncho Otero tienen en el Café Libertad8 de Madrid, ya por su noveno año, y allí le conocí y supe de este libro.
Supe también que J.M. Barbot es arqueólogo además de poeta y que escribe artículos sobre arqueología en el diario El País.

En su faceta literaria, en el año 2000 ganó el I Certamen Provincial Poético Juvenil Ateneo de Valladolid con el poema “Insomnio del navegante”, incluido en Ulises desconcertado. Tras varios años apartado de la poesía, retomó su actividad en 2013 dando recitales poéticos en diversos locales de Madrid y Valladolid, acompañado en ocasiones por el guitarrista Jesús Mayo. Desde 2013 forma parte del grupo poético PoeKas, del madrileño barrio de Vallecas. En 2014 fue seleccionado para participar en la antología Anónimos 2.2, editada por El Dispensario dentro del festival Cosmopoética, Poetas del Mundo en Córdoba.

 
Ulises desconcertado es una especie de cuaderno de viaje con veintitantos poemas escritos, según el autor, en “años de estudios, de planes y proyectos, de amistades que se quedan a vivir en nuestras venas, o de amores posibles e imposibles”.
El libro está  dividido en tres secciones. La primera titulada “Insomnio y desconcierto” contiene un solo poema  que sirve de introducción titulado “Insomnio del navegante” al poema le precede una cita de mi querida Francisca Aguirre que comienza diciendo: “Veo el mar que te cerca / el vago azul por el que te has perdido” y el poema Barbot-Ulises se pregunta mientras navega: “Uno a veces se pregunta,/ en medio del mar/ o en una playa remota,/ si merece la pena/ tantas islas, tantos naufragios,/ tantas incógnitas”
 Y el sujeto poético se pregunta durante ese viaje en el que para conocer nuevos mundos, nuevas experiencias, nuevos lugares ha dejado a su Penélope particular, no se sabe si tejiendo y destejiendo esperando su vuelta o buscando ella también, en su ausencia, nuevas experiencias. El caso es que tras mucho navegar  nos dice Barbot-Ulises: “Hoy busco a Penélope / en mitad de mi viaje a ninguna parte” y se da cuenta de que “Ulises no es nadie / sin el mar, sin las islas,/ sin los viajes” pero al igual que Ulises  también comprende que como él “Tampoco es nadie sin Penélope”
 
En la segunda sección titulada “Itinerarios” se abre con dos citas muy aclaratorias. La primera es de Lorenzo Plana: “que los años sin ella,/ a pesar del placer/ con los cuerpos de otras,/ van a ser como corcho”. La segunda cita es de Julio Cortazar: "Siempre andaré buscándote en el hoy / de esta ciudad, de esta hora”

En “Itinerarios” nos relata Barbot su periplo marítimo con poemas a Coimbra, a Penélope, a las tardes de petaca, al tiempo, los minutos, ciudades y, en sus viajes, establece un monólogo consigo y nos dice: “Hay quien espera fortuna / y quien se embarca en juegos de azar/ o quien sin cartas de navegación, /aguarda un cambio de rumbo” para al poco decirnos: “Hay quien espera segundas / o terceras oportunidades, / tachar sin más cada día del calendario / o la voz del televisor al volver a casa.” Entre estas contradicciones navega  Barbot-Ulises mientras pasa el tiempo con la aventura del viaje y el deseo de regresar a su Ítaca particular, de reencontrarse con su Penélope.
El tiempo, los viajes, las aventuras y la distancia transforman a las personas y cuando regresan de nuevo ya no son las mismas ni las que regresan ni las que se quedan: “Y ahora tú y yo/ nos buscamos los ojos/ en la soledad del cuarto de baño./ Y te digo que ya no eres el de antes”



La tercera sección titulada “Geografías” se inicia con una cita de Josefa Parra: “Has cambiado otra vez el curso de los ríos” Josefa Parra es al tiempo la autora del prólogo que acompaña a este Ulises desconcertado que muy acertadamente nos dice en él: “todos sabemos  (no en vano hemos sido Ulises) que quien se enfrenta  y convive  con los dioses, ya no vuelve a ser el mismo. Tras las aventuras del viaje, somos un amasijo  de otros seres; de otras pieles y salivas diferentes; compendio de múltiples lugares y ciudades.” 


“Geografías” es la narració de sus viajes y  el regreso y el deseo de encontrar la Penélope de aquel inicio del viaje. Barbot-Ulises aquí reflexiona y se pregunta: “Quizá tú muerdas  manzanas de otros árboles/  mientras yo busco espacios que habitar / o el escondite de alguna sonrisa / que me haga olvidar la tuya. / Pero cómo olvidar la sangre que corre por las venas.”

Ulises contradictorio, siendo un primer libro, no es un libro primerizo y balbuceante sino un poemario, meditado y escrito con libertad de metro y también polimétricos versos blancos, pleno de sentido, de ritmo y emociones que nos recuerdan, a veces, a poetas de la generación del 50 como Gil de Biedma o la misma Francisca Aguirre y tal vez es porque la poesía de J. M. Barbot es reflexiva pero llena de claridad y por otra parte a los poetas de la otra sentimentalidad que también parecen andar entre sus referencias y que se miraron en Biedma y antes en Becquer y al citar a este neorromántico también me parece que leemos ecos del Neruda amoroso (claro que este libro en definitiva es un libro de amor) Un libro que nos dejan a veces un sabor a sal y a veces agridulce en la lectura, no es este un libro de final feliz, tampoco de tristeza, es un libro de experiencia, de crecimiento, un libro en fin de un joven que madura en el viaje y que comprende que, como Cavafis en su poema “Ítaca,” al final lo importante no es la llegada sino todo lo que se queda en nosotros durante la travesía y esa travesía, precisamente, es la que nos va formando y conformando con mayor o menor fortuna nuestra educación, ya vital, ya sentimental. En definitiva un buen libro que merece leerse.
 
J. M. Barbot nació en Burgos aunque desde pequeño ser trasladó a Valladolid, ciudad de sus padres, y allí realizó sus estudios primarios y el bachillerato. En 1998 se licenció en Historia, especialidad de Arqueología, en la Universidad de Valladolid, y después realizó los cursos de doctorado en esa misma universidad y en la Universidad de Coimbra (Portugal). Entre 1998 y 2000 formó parte del equipo arqueológico español que excavaba en el yacimiento de St. Peter in Gallicantu (Jerusalén, Israel). Desde el año 2000 trabaja como arqueólogo en diversas empresas de arqueología, con proyectos repartidos por gran parte de la geografía nacional. En 2003 fijó su residencia en Madrid. Tras este poemario ha publicado un libro de cuentos: Cristales rotos (Lastura ediciones, 2015)

                                Manuel López Azorín

jueves, 8 de noviembre de 2018

Manuel Lopez Azorin: POEMAS


Manuel López Azorín: POEMAS




Saciado de ti vengo, dulce campo,
hermosa sierra pobre
repleta de humildad y de belleza.
No de tu voz que llega cuando quiere
a escribirme la vida que contemplo,
la que pienso y que sueño,
la que ansío estos días de verano
cuando te siento cerca
y me dictas palabras que son tuyas;
pero que yo hago mías en este campo-sierra
donde respiro paz y me permite,
con toda la humildad de lo sencillo,
disfrutar del instante:
los árboles, los pájaros, las flores,
este azul de Madrid serrano y limpio
que detiene los miedos y las dudas
con toda la armonía de gentes que se afanan
para obtener su fruto, alto jornal de su trabajo,
teniendo en cuenta, al fin, lo más sencillo.
Saciado de ti sueño
que me abraza tu voz, que me libera.
Te he sentido conmigo y es tu voz el amor
de pronombres, de verbo enfebrecido
como el de los amantes que disfrutan
con adverbios de besos y adjetivos
que califican todo
con el ardor, la llama del deseo,
la luz que los alumbra.
Saciado me dispongo
a librar la batalla de los días.

26 agosto 2018
Manuel López Azorín

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Hoy contemplo el ocaso
y la naturaleza me recuerda
su juventud perenne.
Yo, que tengo ya una edad
semejante a la tarde que se marcha,
puedo observar dolores y tristezas
y algunas alegrías, aunque pocas,
y no solo las mías, de los otros,
sí, vosotros que no me sois ajenos.

Mías también siento las estaciones
este verano que es de fuego y hielo
y recuerdo a Cernuda cuando dijo:
“Los árboles al poniente
dan sombra a mi corazón”
Porque el dolor humano es siempre el mismo
y también la alegría.
Cómo vemos por dentro.
Si no se espera nada y la nada se teme,
todo será vacío,
ni ahora ni mañana saludarán la vida.
He vuelto al campo-sierra
huyendo del desorden y del ruido,
del temor y la duda
para mirar al cielo y regresar
con ganas a la vida.

24 de agosto
Manuel López Azorín

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Como los manantiales
fluyen los sentimientos,
surgen a borbotones,
nacen desde muy dentro
y como el agua clara,
sinceros, claros, frescos,
se muestran transparentes
mientras discurren lentos
o rápidos y alegres,
con un rumor sereno
o impacientes prisas
mostrando a cielo abierto
lo más hermoso y hondo,
lo más grande y más bello,
toda la incertidumbre
y todo el desconcierto

No pueden evitarse.
Corren los sentimientos
igual que corre el agua,
son emociones, viento.
Del corazón nos nacen
y el corazón, latiendo,
confiesa sus razones
que la razón, al tiempo,
no entiende por qué pasa
(igual que yo no entiendo).
No es cosa de entender,
no es del entendimiento
que nace la emoción
sea risa o desconsuelo.
Esto es “un no sé qué
que queda balbuciendo”
sea mirando a tierra
o mirando hacia el cielo.
Juan de Yepes lo dijo
Sin entender, sabiendo,
que la razón más alta
de su emoción, su celo,
era el amor más puro,
más dulce, más eterno.
El amor cuando nace,
ya manantial, ya fuego,
se muestra para darse
sin condición y luego,
si ese amor sufre, llora,
o acaso siente miedo…
el que ama sufre y siente
el mismo desconsuelo
y el temor se apodera
y los mantiene presos.
Tú eres mi manantial
y me nutre tu aliento
y mis ojos son agua
si me pides silencio.
No te sientas culpable,
me respondes. Me siento,
pero acato tu voz
de temor, aunque pienso:
Como los manantiales
fluyen los sentimientos.
Silenciar emociones
es morirse por dentro.
Pero si tú lo pides
yo, por ti, las silencio.

Manuel López Azorín
10 de agosto de 2018

 Poemas del libro: La voz que me protege (2018)


lunes, 5 de noviembre de 2018

Ana Montojo: "Un solo de Saxo"



Ana Montojo: Un solo de saxo



Ana Montojo ( Madrid, 1949), nos llegó con un nuevo libro de poemas Un solo de saxo,(Ayuntamiento de Piedrabuena, 2018) ganador del Premio de poesía “Nicolás del Hierro”.Premio que el cinco de octubre (y presentada entonces por Valentín Martín que, entre otras cosas, dijo:  “Un solo de saxo' "es un estallido de soledad, probablemente turbulenta, de una poeta, de una gran poeta, que atrapa la soledad de los gestos de antes y de afuera para pasar la inquietud de su vida entre nosotros”,), recogió de manos del alcalde de este pueblo manchego de Ciudad Real.
  
Premio que Ana Montojo recibió en Piedrabuena, pueblo natal del poeta Nicolás del Hierro. Después lo ha presentado en Madrid el 19 de octubre en la Sala de conciertos Alevosía acompañada esta vez del autor del prólogo, el poeta Rodolfo Serrano que nos dijo:” Es la poesía de Ana Montojo. Esa poesía, tan difícil, tan compleja en su aparente sencillez”. Acompañada también por los poetas-cantautores  Rafa Mora y Moncho Otero, que musicalizaron e hicieron cantar (ellos siempre son capaces de hacernos cantar), el hermoso poema “Gris”  donde Ana reivindica la duda, el derecho a discrepar, a equivocarse, etc. 
Y acompañada por la guitarra mágica de Chus Laforet, además de un público que llenó a rebosar la sala para escuchar a  Ana Montojo y acompañantes.
 
Moncho Otero, Rodolfo Serrano, Chus Laforet, Ana Montojo y Rafa Mora.

Un solo de saxo es la continuación de esa íntima, clara, directa, sincera conversación consigo misma y para con los otros que nos viene ofreciendo en su obra poética.  Una conversación necesaria que, si no salva, al menos libera.Una poesía confesional que de modo cotidiano trata, con ritmo y emoción, lo que siente, lo que vive, lo que observa en el día a día.

Sobre el primer libro que yo leí de Ana Montojo dije: Una expresión intimista, introspectiva, descarnada, rítmica y emocional que, a modo de catarsis, la liberaba parcialmente de su atormentado mundo interior  que es, como el de muchos, contradictorio. Una poesía con una arquitectura verbal dentro de la norma, con sencillez, con esa difícil sencillez que hace que todos los posibles lectores, los que lean mucho y los que lean poco, comprendan, sientan y se reconozcan en su descarnamiento  y sus contradicciones y un interior en el que la tristeza y el desánimo van unidos a la fuerza de la resistencia. 



Suele decir Ana que ha escrito desde niña como desahogo aunque sin afán de que otros la leyeran; pero inconscientemente, seguro que lo soñaba y ahora, leída ya por muchos, se ha cumplido  uno de sus sueños. Un sueño al que Ana Montojo se acercó, dice ella, tarde. A la poesía, Ana, uno no se acerca, en todo caso intentamos que venga ella a nosotros; pero ella, la poesía, “nos llega cuando quiere y a quien quiere” y a ti te llegó cuando fue necesaria.


Ana Montojo necesitaba la poesía, necesitaba volver a creer que no está sola, que alguien, muchos, la pueden querer por ella misma, necesitaba un camino de regreso para librase de la soledad, de la tristeza, de los silencios y con la fuerza del que resiste a pesar de, llegó la poesía y la quiso con su verbo que ejecuta acciones sencillas, cotidianas, elementales al tiempo que se queda en nosotros porque es un verbo claro, transparente, verdadero y de la mayoría. Llegó la poesía, digo,  y se disipó con ella “La niebla del tiempo” y ya con algo más de luz, sus “plantas de interior” florecieron en su casa  como florecen las emociones cuando son verdaderas emociones y decidió, con valentía “vivir con lo puesto”  resistir con entereza aquello que la memoria nunca olvida y se enfrentó al ayer, que le rompió los sueños, evocando a “Jaime”, su hijo, desde el dolor, sí, pero con el amor y la ternura de lo que siempre permanece en eso que yo llamo la materia de los sueños, es decir, la memoria, y tras aquel ejercicio de amor sin fin, llegó un  “atronador silencio de los pájaros” que acabaron cantando porque ya tenían “las horas contadas” y aunque ahora nos diga : “Y es que solo me queda / una cruel soledad intransitiva” con un “solo de saxo” y su tristeza sea llama siempre ardiendo, contempla ese desorden de la vida y no es que se resigne no, se enfrenta con valor, libra batallas porque ella es luchadora y resistente a la guerra continua de vivir y la vive soñando con poemas de amor sin concluir y algún final feliz en verso y vida.

 
Y si acaso encontráis en la pantalla / un poema de amor al que le falten/ las últimas estrofas,/ terminadlo vosotros. Es posible/
que haya un final feliz en vuestros versos.


Si la poesía, como suelo decir siempre, es la necesidad de atrapar  instantes del tiempo, “La Montojo los atrapa y, al tiempo, nos atrapa a nosotros  con su ritmo y la emoción que nos trae con su palabra de nostalgia, de tristeza, de soledad, palabra que se crece frente a la derrota, la pérdida, el dolor, palabra que reivindica la duda, el derecho a equivocarse, palabra  que se convierten en humo, como el perenne cigarrillo que sostienen sus dedos  porque “La Montojo” lleva con ella la necesidad ineludible de sobrevivir, de seguir adelante, y de que la quieran.

 

GRIS
Reivindico la duda 
y el color gris con todos los matices /
la verdad absoluta me da miedo./
Miro a los ojos a esa incertidumbre/
que casi siempre esconde la certeza.//

Reivindico el derecho a discrepar 
incluso de los míos
y a poner en cuestión todos los dogmas.

Reivindico el derecho a equivocarme, 
a tropezar mil veces con la piedra
en la que construí toda una vida
y a caerme de bruces nuevamente.

Reivindico el error 
y mis contradicciones sucesivas.

Y mi debilidad. Y mi nostalgia 
por algunos hermosos disparates.

Y el grito de la carne.
Y esa necesidad, ineludible
para sobrevivir, de que me quieran.

Tiene razón Ana Montojo: No, no, "no hay valor absoluto"(...)  "Todo empieza y acaba con la duda" y por esa necesidad de que nos quieran,


Por la poesía de Ana Montojo (además de los mágicos sonidos que Chus Laforet le regala cuando acaricia su guitara)resuena Gil de Biedma y hasta podríamos decir que se da un cierto paralelismo entre el poeta  señorito administrador de compañía de tabacos filipinos, que se vuelve insurgente y de manera confesional se rebela contra aquello que la vida le ofrece y no le gusta y esta poeta que resiste los embates de la vida y lucha con ahínco, aunque sea de palabra como Biedma, porque la vida sea mejor, más justa y solidaria. Tal vez por ello esta poeta escribió la “memoria secreta de una niña bien”. Pero en su poesía hay muchos y estupendo ecos, resonancias, frutos de muchas lecturas y muchos aprendizajes que le han dejado poetas que no sé si conocería, como Ángel Gonzalez, ( aunque creo recordar que sí) y poetas que sí ha conocido como Elvira Daudet, esto por citar solo los ecos de aquellos que ya se nos han ido, pero hay muchos más ecos de poetas que todavía caminan y los vemos y los escuchamos en sus lecturas o en sus libros, que Ana Montojo, con su manera personal de cantar, especialmente en endecasílabos y heptasílabos blancos, ha hecho suyos y ha conformado un coro de ecos tan personal que, para mí, merece ya ser conocida por el apelativo con el que se nombra a alguien que destaca, sobresale, “La Montojo” Una poeta que en estos días se encuentra en  Tanger (Marruecos), en dando, creo, una lectura en el Instituto Cervantes.



Así pues Un solo de saxo es un paso más en la poesía que nos ofrece esta mujer desamparada y triste, motivos tiene, pero que se crece, no solo en cada poema sino frente a la vida y brinda con un gin-tonic junto a los amigos porque, a pesar de todo, vivir, escribir, es como el aire, como el agua, como la sal, algo necesario para seguir haciendo camino.

( Las fotos son de Carmen Jiménez excepto la primera que es del Diario Economía y la última que la he robado prestada de su perfil de Facebook)

                        Manuel López Azorín