lunes, 18 de junio de 2018

Cuadernos del Matemático: Una revista de culto





Cuadernos del Matemático: Una revista de culto


Cuadernos del Matemático acaba de enviarme un número triple (56,57 y 58), un magnifico y enorme tomo de más de 300 páginas además de los habituales suplementos “Les cressons Bleus” dedicado a “Las nuevas voces de la poesía Kazaja  y “Lavarquela” dedicado a Leonard Cohen., suplementos que sumados a la revista  conforman unas 400 páginas, y , como siempre, pero esta vez muy especial, su editorial que a mi juicio no tiene desperdicio y lo suscribo todo, todo excepto la nota final porque me apena, es una malísima noticia que nos comunica que esta revista, considerada por muchos como una revista de culto, por múltiples razones, echa el cierre en su cumpleaños número 30.


Ya en su cumpleaños número 25 que conformó dos números juntos (51 y 52),  y dentro de su suplemento “Lavarquela” escribimos muchos defendiendo su continuación y defendiendo su valor literario, independiente y honesto siempre.
 Yo decía entonces: Celebrar una revista como Cuadernos del Matemático, conocida y reconocida en este mundo cultural nuestro, es ya un hito que merece destacarse, en este veinticinco aniversario, por las personas que la pusieron en marcha y la han conducido hasta estas fechas, por sus colaboradores y por sus lectores. Hoy, precisamente, hay que olvidarse de frases como estas: “Hay que recortar”, “No hay más remedio”, “la necesidad obliga” porque me parece a mí que camuflan una verdad de fondo: el desinterés, el desamor por la Cultura. Pero, como tantos otros, los poetas, sus defensores desde que hace ya siglos comenzó la poesía oral (origen de todo género), a pesar de, seguiremos soñando, defendiendo como podamos, la supervivencia de esta revista y de la Cultura. 
                           Manuel López Azorín (2013 nº 51 y 52))

Los 2 número que celebraron los 25 años de Cuadernos del Matmático con una portada de Antonio López
                            
Los que hemos colaborado con esta gran revista publicando en ella, ayudando a sostenerla, leyéndola con avidez siempre, disfrutándola por lo bien realizada, admirando la obra bien hecha y bien dirigida por su fundador Ezequías Blanco, por sus adjuntos Matías Muñoz y Cristóbal López de la Manzanara que han trabajado siempre con ilusión, con firmeza, dejándose la piel, el tiempo, casi la vida, al menos sino la vida, los años para sostenerla y buscar que la ciencia y el arte o el arte y la ciencia se complementase, fueran juntos, de la mano ya que la música y las matemáticas nacen del mismo tronco, el árbol de la ciencia y el de la  poesía forman parte de ese árbol y se hermanan con la música y las matemáticas. En fin, años de lucha, de ilusión y de cansancio, sin renovación de material humano, crisis, y mil cosas más provocan el cierre definitivo de esta maravilla de revista que nos ha hecho felices, al menos un poco, durante este larguísimo tiempo de caminar erguida, porque 30 años para una revista de creación literaria no solo es una grata sorpresa sino un grandísimo triunfo. De modo que hoy , supongo que como muchos, siento una gran alegría al  recibirla y al mismo tiempo una profunda tristeza, pero la vida es así , se nace para morir y no queda otra cosa que asumirlo.
mi última colaboración publicada en Cuadernos  del Matemático fue en el número 54.Fue un poema("La vida es un vestido que no quieres ponerte"), contra las ansiedades, las tensiones, la depresión, cada vez mas frecuentes en nuestra sociedad debido al trepidante ritmo que se nos impone. El colegio de psicólogos de Madrid, tuvo a bien , citando a la revista Cuaderno del Matemático y al autor, de incluirlo en su página web

 
Hablaba al principio de su editorial último, decía que no tiene desperdicio y que suscribo palabra por palabra. Y que cualquier poeta que se precie tendrá que admitir que como suele decir el acervo popular "Tiene más razón que un santo". Quiero aquí dejar este editorial que es inicio de este volumen de tres números y punto final de una trayectoria admirable en la que han participado grandísimos artistas talla XXXL, artistas también de talla XXL, XL, y XX ( un mínimo de calidad les era exigido y la revista no admitía colaboraciones de tallas menores), escritores, poetas, pintores, ilustradores, etc. etc. pero siempre con un mínimo de calidad en sus creaciones).
  

Os dejo aquí el Editorial que según Ezequía Blanco nos confiesaque no es de su autoría, nos ha dicho: " Este editorial no lo he escrito yo. Yo sólo le he dado forma a algo que le oí en una conferencia a Enrique Gracia Trinidad." pues citemos también a Enrique Gracia Trinidad por su siempre acertado punto de vista sobre la poesía y sus alrededores y a Ezequías por darle forma y traerlo a Cuadernos del Matemático.
Editorial  (Último de Cuadernos del Matemático)

La poesía – cualquiera que sea esa cosa que llamamos poesía – es  ahora la misma de siempre, lo que ha cambiado es la Cantidad y calidad de los poetas. Algunos nos van a odiar por lo que vaños a decir, pero no es nuestro deseo practicar erudición ni ser políticamente correctos.
Hoy, comprar libros de poesía es una práctica rara y leerlos aún más raro. Casi todos los que acuden a la miríada de actos poéticos que se celebran también son poetas. Encontrar a alguien que no escriba, a alguien “normal” es rarísimo. Habitamos el reino del  “si me lees, te leo”, el de “si vienes a lo mío, iré a lo tuyo”. Hoy prolifera la variedad, conviven todas las corrientes, se utiliza cualquier estilo y cualquier falta de estilo: Poesía de la esencia, de la experiencia, de la obsolescencia, de la ocurrencia, de la apariencia, de la incontinencia… La pretensión es moneda de cambio, la falta de rigor y de sustancia algo tristemente frecuente. Y en medio de tal barullo, poetas extraordinarios a los que hay que buscar como sea. Claro que de todo hay en la viña del Señor. 
 
Ezequías Blanco

Veamos: algunas vacas sagradas a las que les dan hasta premios Cervantes  o lo que toque, pero que están en pedestales absurdos y oficial o privadamente flatulentos, y que poca gente sigue  porque la gente está en otras cosas más importantes como Champion o el Gran Hermano. También algún ternero adjunto y semi-sagrado que, escribiendo mejor o peor, ha conseguido subirse al carro de la mini-fama – en estos tiempos, en poesía, casi todo es mini – a veces por hacerlo francamente bien y otras por hacerlo como sea pero en el entorno adecuado  de editoriales marrulleras, sectores influyentes, matrimonios “ad hoc” y mercadillos de influencia. Hay algún tipo por libre – suelen ser los más interesantes y están en todas las edades – , que va de cráneopor no bailarle el agua a las vacas sagradas o a los ternerillos adjuntos. Por supuesto, hay una multitud de jóvenes y nuevos no tan jóvenes que navega a su aire y se curte como puede en autoediciones, lecturas para amigos,  tertulias de autobombo y antologías cuarteleras. Alguno son, sin duda, magníficos, y una mayoría meros junta-renglones que presumen de libertad creadora sin reconocer que en su caso la libertad suele ser ignorancia y vanidad barriobajera.
Nos tememos que eso que llaman democracia y no lo es le ha sentado fatal a la poesía. La igualdad de oportunidades, que es más bien apariencia, nos ha cegado.
Que ya no haya prácticamente analfabetismo, lo que es muy saludable,ha provocado que cualquiera que no se atreve a pergeñar un mínimo ensayo, un artículo coherente o una novela por casera que sea, escriba ristras de renglones a los que llama versos.
Incluso se da el caso  de que cualquiera que escribe alguna cosa interesante en prosa crea que la poesía es algo parecido  solo que en renglones cortados donde le de la real gana; que cualquiera que no leyó más poesía de la que le obligaron a leer en el Bachillerato  o en el BUP, que es más fino, se permita llamar poemario a un empacho de ideas ,il veces repetidas y sin maldita la gracia.  Cualquier amigo, igual de zoquete,  le dice que qué bonito y él o ella se hinchan como un pavo. Aquí el más tonto escribe versos y somos – insisto – somos muchos tontos a escribir  porque pensamos que poner una palabra debajo de otra ya es hacer poesía cuando en realidad es como hacer la lista de la compra pero con pretensiones.
 
Cristóbal López de la Manzanara
 Cualquiera que cante en la ducha o en el coro de la parroquia no va de Plácido Domingo por la vida;  cualquiera que pinte en un taller de un centro cultural no se piensa Velázquez o Antonio López¸ cualquiera que camine por el campo y suba una colina no se las da de Hedmund Hillary; cualquiera que baile en una escuela de la tercera edad no se cree Fred Astaire ni Anna Pavlova ni Rudolph Nureyev. Para todo arte hay que tener una condición física y mental específica, un cierto don, el “ángel “ o el “duende” que decía Lorca. Y, además,  hay que estudiar y practicar muchísimo, conocer la tradición,  leer, mirar,  comparar, conocer las herramientas, las limitaciones, las posibilidades.   Así lo hacen en otras disciplinas los músicos, los pintores… Ensayan, estudian, practican sin descanso… ¿Por qué los poetas lo hacen tan escasamente? ¿ Por qué diablos se considera poeta hecho y derecho cualquiera que escribe unos versos soo porque se le han ocurrido o porque dice que expresa sus sentimientos? ¿ Por qué se puede escribir mucho yno haber leído gran cosa ni asimilado lo leído? ¿Por qué los sentimientos – tantas veces simples, cursis o manidos – alguna frase chispeante, el uso de palabras rebuscadas o rimbombantes y muchos puntos suspensivos le hacen creer a cualquiera  que se le deben los honores de poeta – que no sabemos que chorrada de honores son esos – y que a todo el mundo le deberían enloquecer sus simplezas?

No es cierto que hoy haya más poesía que nunca. Lo que hay es mucha más gente que se dice poeta. Recordaríamos a Bécquer, pero al revés , y en vez de afirmar “podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía” diríamos que “podrá no haber poesía , pero siempre habrá poetas”. Lo que hay es mucho verso suelto por ahí, muchos renglones en fila,como también van el fila las procesionarias del pino y no po eso nos arrimamos a ellas. Ya lo dijo el gran Quevedo en la premática de 1600: “ En los poetas hay mucho que reformar, y lo mejor fuera quitarlos del todo; mas porque no quede de quien hacer burla, se dispensa con ellos; de suerte que , gastados los que hay, no haya más poetillas”.


Matías Muñoz
Y es inútil que digamos que entre tanto árbol que no deja ver el bosque los hay extraordinarios, de cualquier estilo, que aportan frutos sabrosos.  Para eso bastaría con leer atentamente a jóvenes de 80 y a maduros de 25. Para eso bastaría con no dejarse llevar  por el famoseo editorial  y crítico (casi siempre puro negocio y amiguismo) y buscar lo bueno con criterio propio o decentemente aconsejado; y sacarlo a la calle y que la mayoría de la gente, que ha desconectado totalmente de la poesía, volviera a disfrutarla como ese arte mayor que es, como ese elemento deseable para la vida que sabemos que es. Pero claro, para eso sería necesario que los poetas leyeran más – que leemos  muy poco – y que nos esforzáramos más, y no parece que la mayoría esté por la labor. Andamos encerrados en nuestras chavolas de cristal – las torres son para las vacas sagradas y algún ternerillo adjunto -  y no salimos más que para leernos entre nosotros, aplaudirnos entre nosotros y jactarnos de nuestro propio ombligo, que no es más que redondo como todos,  como dijera en su día Álvaro de la Iglesia.
Sin  ánimo de reñir a nadie  ni de reñirnos a nosotros mismos, recordamos dos breves poemas. Uno de José Luis García Martín titulado “Poética para desanimar a los lectores” y que dice:

Nada digo que no haya sido dicho.
No busques novedades en mi verso.
Amé sin ser amado, como tantos. 
Fui joven, como todos, sin saberlo. 
Le pedí al arte cosas que he olvidado. 
Sólo sé que de nada me sirvieron. 
Tuve un tesoro entre las manos, tuve  
oro y arena, luz y desconsuelo. 
No busques novedades. Lo que digo 
tú lo has pensado y otros lo dijeron
con palabras más bellas que las mías.
Escribo sólo por matar el tiempo.


El otro es un epigrama, que Enrique Gracia Trinidad dedicó a unos pretenciosos poetas bisoños, recordando la anécdota que se atribuye  al poeta chino Li Po que escribía en pequeños papeles , los arrojaba al agua y reía viendo que sus discípulos se echaban al agua nadando para recogerlos. Se titula  “ Consejo malvado”

Imitar a Li Po es sin duda elegante: 
escribir unos versos y hacer con ellos barcos de papel 
que la corriente del río se lleve poco a poco. 
Exquisito, sin duda, 
pero procura tú ser cuidadoso 
y guardar lo que escribes, 
que bastantes basuras se arrojan a las aguas.



NOTA: por estas y otras razones, con este número especial (56,57, 58) de celebración de los 30 años de la publicación, la revista Cuadernos del Matemático cierra sus puertas y, como los buenos toreros, se corta la coleta con la alegría de haber vivido mucho y de haber hecho camino al andar junto a vosotros y junto a otros que ya se nos marcharon definitivamente. Sea este número triple un homenaje a todos esos colaboradores que se  han ido quedando por el camino entre los que se encuentran nombres de hacedores muy grandes de nuestra literatura última tanto por sus obras como por su talante. Valga.

D.E.P.
Y que la memoria, individual y colectiva, te mantengan viva.
                                                 Manuel López Azorín

lunes, 11 de junio de 2018

Manuel Rico: "La densidad de los espejos" reedición



Manuel Rico (Madrid 1952) es  poeta, narrador y crítico literario. Fue Premio Hispanoamericano de Poesía "Juan Ramón Jiménez en 1997 por su libro La densidad de los espejos (Colección JRJ. Huelva, 1997) Ese año yo escribí esta reseña sobre el libro y se publicó en la Revista Turia. Como La densidad de los espejos se ha reeditado , tras veinte años de su primera edición, ampliada y definitiva, por la editorial El sastre de Apollinaire (Madrid , 2017) Manuel Rico a incluido en su blog de reseñas críticas "La mirada ajena" esta reseña y yo quiero traerla a mi blog y tenerla aquí ya que gracias a él he podido recuperarla pues no la encontraba. Aquí os la dejo junto a una reseña biobibliográfica de Manuel Rico al final.

 




Apariencia de vida

 Por Manuel López Azorín


La densidad de los espejos, sexta entrega poética de Manuel Rico, que ha sido galardonada con el Premio Hispanoamericano de poesía Juan Ramón Jiménez, es una reflexión existencial, personal y colectiva, sobre un tiempo histórico. Y la memoria ofrece, de un tiempo de sueños y derrotas, una «aparien­cia de vida» de lo vivido y lo soñado.

Los espejos son, en su densidad, el reflejo de lo que fue, de lo que pudo haber sido, de lo que nunca fue, de lo que podría ser. En ellos se refleja el tiempo, ejercen un magne­tismo de misterio y asombro, de re­beldía y de tristeza, de nostalgia y de rechazo y la memoria trastoca las imágenes acomodándolas -en un proceso de datos y hechos selectiva­mente entremezclados- a una «reali­dad» soñada, vivida, con mezcla de sueño y de verdad, de verdad no cumplida o, al menos, no cumplida del todo. Se funden, se confunden y forman esa «otra realidad», esa «apariencia de vida» (que es la vida misma; ahora, por la magia de la pa­labra -el tiempo en la palabra o "la palabra en el tiempo» que diría Machado- del lenguaje, de lo que precisa la vida para "ser poesía como dijera Salinas: «sonido y sentido») que en aquel tiempo no existía: «Era entonces/ el tiempo de la niebla y tú. eras otro,/ y tal vez los espejos no existían» .

Ejercicio de reflexión ante una verdad inasumible que destierra al espejo, la imagen y todo lo que esa imagen del tiempo le acerca a través de él, de ellos. Cuando la vida mira hacia atrás, cuando se detiene -José Hierro lo dice muy bien-: «Se escribe lo pasa­do y lo imposible/ para que los demás vivan aquello/ que ya vivió (o que no vivió) el poeta». 


A través de los espejos se mues­tra un tiempo gris, con un gobierno gris, donde la única posibilidad de escapar está en el sueño y en la re­beldía silenciosa y activa. Nos mues­tra un tiempo de huelga, de muerte en blanco y negro, de mirada que cuide la oscuridad, un tiempo de lecturas ocultas, de huidas, de mu­danzas, de músicas y látigos, de som­bra. Un tiempo de instantáneas, fla­shes que, sin cronología, van y vienen para mostrarnos estados de ánimo, destellos de amargura, restos de in­suficiencia y aspirinas, cicatrices... y la figura del padre en toda la densi­dad de los espejos absolutamente significativa... Siempre presente-au­sente (con la presencia ausencia de la fotografía del recuerdo y la vida). Muestra este libro una manera de vivir, entremezclando la historia, los sentimientos, las emociones, el tiempo histórico real y, como vía de escape siempre, la imaginación, el sueño frente a lo imposible, para tratar de lograr «lo imposible».

Libro testimonial que hace posi­ble esta «nueva apariencia de vida» para convertirla en esa -otra reali­dad» (que le sirve al poeta como vía de salvación, para seguir habitando, soñando, esta vida, buscando eso que llamamos felicidad o estado de perfección, es decir: tratando de lo­grar «lo imposible») que pueda ser­vir a los lectores para identificarse con un tiempo común, tiempo gris, tiempo de «látigo y rezo obligato­rio», un tiempo y unas emociones que le sirven al poeta para sacar los demonios fuera, para salir de los es­pejos y seguir, continuar la búsque­da -ya sin destellos del pasado amar­go, sombrío- porque esa otra rea­lidad» -la magia del lenguaje poéti­co- se ha convertido en misterio de sonido y sentido y palabra en el tiem­po.

Antigua foto (mediados los noventa) con Manuel Rico, Diego Jesús Jiménez y yo en Tertulias de Autor de Helicón

La cita de Edgar Lee Master en la última parte del libro, titulada «Estados de Conciencia», es definitoria: «Hacia dónde me llevas...» «...hacia las praderas donde vive el sueño». El tiempo que anduvo per­dido entre la lluvia, que rompió con las alondras, cuando en 1980 inició su andadura poética Manuel Rico, continúa -con una voz más personal que en aquellos miméticos inicios propios del aprendizaje -por el mis­mo camino- con la idea primigenia de primar el contenido sin obviar el continente hacia donde vive el sue­ño y lo hace sin negarnos nada, dán­dolo todo en él: tiempo, memoria, sentimientos... “Fue en el hombro del joven/ donde buscó la mano de aquel viejo/ la caricia negada tantas veces». Desterrar los espejos no es posible; pero la vida muestra, puede mostrar, las cicatrices bien cosidas, curadas, archivadas para siempre en el papel y la memoria «quizá la salva­ción viva en el sueño», en la espe­ranza, en otra imagen de niño pro­longada, en una flor con nombre de mujer, quizá la salvación viva con no­sotros o esté en saber «que la exis­tencia es propiedad del aire,/ y que escuece y que mana» o tal vez pueda ser enfrentarse, sin bajar la mirada, a ese espejo de misterio y asombro, de realidad y deseo, en una presen­cia-ausencia de la memoria-tiempo» ...que a veces se hace nube dando «apa­riencia de vida» a lo que «... vivió (o que no vivió) el poeta» ... para que los otros, los lectores, puedan vivirla.

"Apariencia de vida" se publicó en la revista Turia, en el número 42. Teruel, 1997



El último poemarios hasta la fecha de Manuel Rico es Los días extraños (también reseñado en este blog)


Manuel Rico:Madrileño. Periodista, escritor y crítico literario. Ha publicado más de veinte libros: entre otros, las novelas "El lento adiós de los tranvías" (1992), "Una mirada oblicua" (1995), "La mujer muerta" (2000), "Los días de Eisenhower" (2002) y "Trenes en la niebla" (2005); de los libros de poemas "El vuelo liberado" (1986), "El muro transparente" (1992), "La densidad de los espejos" (1997), "Donde nunca hubo ángeles" (2003) y "De viejas estaciones invernales" (2006). En "Monólogo del entreacto. Cien poemas. 1982-2005" (Hiperion, 2007)recoge una amplia selección de su obra poética. Es autor del único ensayo sobre la totalidad de la poesía de Manuel Vázquez Montalbán ("Memoria, deseo y compasión", 2001) y de varias ediciones críticas. Ha escrito el libro de viajes "Por la sierra del agua" (GADIR, 2006) y "Verano´" (Alianza, 2008)es su última novela. Con posterioridad ha publicado "Espejo y tinta" (Bruguera, 2008), compuesto por dos novelas cortas. Dirige la colección de poesía de Bartleby Editores. Colabora en el diario El País y en diversas revistas culturales con artículos sobre política y cultura. Ejerce la crítico de poesía en Babelia desde 1996.
                       Manuel López Azorín

viernes, 8 de junio de 2018

Marisa Peña: "Mapa de interiores"




Marisa Peña: Mapa de interiores


Marisa Peña (Marisa de la Peña) nace en Madrid en 1969.  Es Licenciada en Filología Hispánica por la especialidad de literatura en la Universidad Complutense de Madrid y  ejerce como profesora de lengua española en el IES María Zambrano.
Es miembro de diferentes asociaciones que luchan por la recuperación de la dignidad y la memoria histórica de los perseguidos y silenciados durante la dictadura.

 
 Colabora en la revista digital “Tiempos modernos”, ha escrito varios libros de poesía en uno de ellos titulado “Poemario a dos voces” además de sus textos ha reunido los poemas de su abuelo Manuel de la Peña. Un hombre, como tantos otros  y otras que  al terminar la guerra civil, fueron cruelmente castigados y represaliados en las cárceles del régimen franquista.
Así, a través de aquellos poemas que les sirvieron como terapia, aquellos poetas encarcelados  pudieron soportar su terrible situación (algunos no, recuerden por ejemplo a Miguel Hernández que murió en la cárcel de alicante), recuerden también a Marcos Ana que tras muchos años de presidio pudo conocer “cómo es un árbol.”  Y también, estos presos  pudieron comunicarse con las familias, y como dice Marisa  agrandar su humanismo en su terrible condición de presos, como su abuelo que escribió estos versos: no descanses, no duermas, / purifica
lo creado de este lodazal inmundo,/ y surja del solar desinfectado,/ con otra humanidad, un nuevo mundo
.


 
Versos nacidos desde el sufrimiento para soñar un mundo más humano y mejor. Pero volvamos, tras estas palabras sobre la historia de los suyos, a Marisa Peña.

Marisa (ya lo he dicho en otras ocasiones), crea su poesía desde la necesidad, desde el humano afán de ser fiel a la memoria de la fuente que le dio su primera agua, su primer sueño, su primera lección para saber vivir con ética y escribir con ella y con estética.
En este Mapa de interiores (Editorial 21punto9. Madrid) en el que la autora se nos muestra reflexiva y  sincera y enarbolando la bandera humanísima del amor, nos dice su canción interior que no es otra que esta:
“Dar amor, recibirlo./ Besar el pan, cortarlo, repartirlo./ Saberme parte de una larga historia/
y seguir contándola a los que vienen./
Tejer memoria, cuidar el tapiz heredado,/ 
pasarlo a los siguientes con orgullo de piedra bien labrada.”

Marisa Peña es una mujer noble, sincera, y se nos ofrece con firmeza y al tiempo con ternura  y nos habla de sí misma y traza los contornos de este mapa suyo por eso nos dice: “Estar sola, / saberme sola/ No pertenecer a ningún clan, / a ninguna tribu, a ninguna manada. (…)
No pedir favores, /no tener padrinos, / no mendigar,/ no tener ambición, (…) Ser invisible,/ no llamar a engaños,/ no vender humo, / no venderme, / implicarme ideológicamente,/ mancharme de versos,(…) Para sentir, / para existir, / así, sin más, / para seguir latiendo.
Esta mujer, esta poeta, frente a la nostalgia, la tristeza, el desánimo, el cansancio, el desamor… ofrece la  reflexión y la búsqueda de la luz de la alegría, la esperanza, la fuerza, la valentía, en definitiva el amor. Amor por la vida, por el tiempo vivido, por los seres queridos, todo ello reflejado en el acto de vivir, de sentir, de pensar, de crear, de escribir poesía, porque a Marisa Peña la poesía le nace de todas las fuentes y bebe de ella con la necesidad de saciar su sed de palabras, su búsqueda de certezas, y de dudas, como bálsamo y como bandera y todo con amor y desde el amor, porque, como dijo el poeta: “solo quien ama vuela” y Marisa nos dice:
Porque sin amor / nada somos. /Apenas una sombra, / apenas un silencio./ si nos aman, nos nombran / y si nos nombran / somos.

En “Tiempos de ceguera”, segundo apartado de este libro la autora se pregunta: “¿Ganaremos la luz en estos tiempos de ceguera?” Y se plantea, como mantra, “No sucumbir, no sucumbir, no sucumbir.”
Y recuerda el rastro dejado por la historia de un tiempo de barbarie y de sombras: “Has dejado todo atado y bien atado (…) Pero no hay cuidado/  La conciencia es una voz muerta./ Tú de conciencias y de dignidades sabes mucho ,/ sabes silenciarlas, comprarlas, cercenarlas, enterrarlas muy hondo.”
Y se preocupa porque  en la actualidad  “los bosques arden” y “las mujeres caen acuchilladas” y “El mundo se llena de ceniza y sangre” y el asombro y el estupor y el llanto nos invade porque  “Los jinetes de la muerte / cabalgan sus caballos desbocados, / llora un niño en Alepo,  /llora una niña en Niza, / llora un padre en Bagdad, “ y es que todo esto parece no querer evitarse: “Los niños sirios  mueren / y nada hacen los que / realmente podrían evitarlo.”
Esta poeta quiere, sueña, escribir la palabra futuro, un futuro donde no exista violencia, donde se pueda ser feliz, donde sea el amor el eje de la vida porque sabe que este territorio futuro  es todo pesimismo ya que el ser humano parece ser “oscura bestia ciega de barbarie” y la palabra Europa es “ un erial desolado y sin memoria /donde mueren de frío, de hambre, / de abandono,/ miles de refugiados sin refugio.”
Y en su mapa de certezas, otro apartado del libro, Marisa Peña nos muestra, con pesimismo, la impotencia frente al mañana: “Y de nuevo mañana , otra vez, / nos pondremos la piel que nos cobija,/ y el traje de impotencia programada, / que nos va consumiendo cada día”
desde la izquierda: Armando Silles, Moncho Otero, Marisa Peña y M. López Azorín

Y frente a tanto dolor, tanta memoria, tanto llanto, tanta impotencia frente a la mitad de un mundo que parece ignorar a la otra mitad piensa esta poeta: “Hoy quisiera que alguien me salvara (…) para poder, de nuevo caminar”
Caminar, Marisa, y… “tener un poema entre las manos / un buen poema, / de esos que se leen una y otra vez… Caminar mientras  “Afuera queda el ruido (…) Adentro la palabra, el amor que me dieron,/ el que me empeño en dar,(…)  Pero… “Es difícil caminar entre escombros, buscando casi a ciegas la belleza (…) Es difícil dejar que todo pase / aun sabiendo también que todo queda. (ay don Antonio, el poeta de la palabra en el tiempo, el sucedido y el por llegar.)

Y entre ambos tiempos  concluye Marisa Peña su Mapa de interiores diciéndonos: “Somos solo una llama/ que oscila / entre el recuerdo / o el olvido / entre saber / o ignorar / entre el sueño / o la vigilia. / Entre apagarse / o permanecer.
Y como sabemos que mientras nos pienses seguiremos vivos, es decir permaneceremos,  los poetas escribimos para eso, para que nos piensen, para que nos recuerden, para seguir vivos en el pensamiento de todos aquellos que nos quieran. De aquellos  que nos lean. Porque así Marisa Peña y tantos otros permanecerán o permaneceremos. 

Lean su Mapa de interiores, lean su poesía. Leanla.


                               Manuel López Azorín
                                     Mayo 2018