lunes, 14 de octubre de 2019

Ana Montojo: "Daños colaterales"



Ana Montojo: Daños colaterales



Nota: El 18 de Octubre de 2019 se presenta en Madrid este nuevo libro de Ana Montojo en Madrid.
(Al final os dejo la invitacion con toda la información)

Ana Montojo ha publicado un nuevo libro Daños colaterales (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2019). El libro, tras su lectura, me parece un autentico y verdadero viaje por la vida, un viaje sin retorno  en el que ha ido dejando jirones de sí misma, heridas, dolor, soledad, mucho llanto y mucho amor. Amor, que es el analgésico de todo lo anterior mientras desnuda su alma y con pensamiento reflexivo nos cuenta la vida de manera clara, directa, sin poesía de artificio ni juegos pirotécnicos, con la verdad por delante, como dice el acervo popular.  


Maria Antonia Velasco, autora del prólogo, nos dice sobre la autora y Daños colaterales :Ana Montojo se introduce en lo poético con valentía. No hay otra forma de llegar a lo poético si no es llevando en el puño una verdad sobre el poeta, y este arrojo le concede gran autoridad, pero también le ofrece un imperio no compartido, un viaje a su corazón en compañía de nadie.”(…)  “Todo está dentro de la poesía y lo que escribe Ana Montojo es poesía reflejada en ella misma"

Si su anterior libro Un solo de saxo era la continuación de esa íntima, clara, directa, sincera conversación consigo misma y para con los otros que nos viene ofreciendo en su obra poética. Ahora en Daños colaterales da un paso más, es más confesional, si cabe, y camina por la vida, por la poesía, a la búsqueda de la terapia que mitigue, que consuele, que salve. 

Sobre el primer libro que yo leí de Ana Montojo: Vivir con lo puesto dije: Una expresión intimista, introspectiva, descarnada, rítmica y emocional, a modo de catarsis. 
En él nos mostraba que frente al sufrimiento que la vida nos ofrece, vamos hacia ese carpe diem de vivir el instante para liberarnos y aferrarnos a la vida y al agua de la poesía, para seguir con la vida.



Daños Colaterales es poesía de pérdida,  poesía de pensamiento reflexivo, poesía de soledad y llanto, poesía de amor con luces y con sombras, poesía en fin como la misma vida.
Un libro de amor con imágenes de luz  y de sombra y soledad, mucha soledad al desnudo, con la valentía de una mujer sin máscaras, capaz de mostrarnos su condición humana sin tapujos y con un cierto deseo de voluptuosa ensoñación  para mitigar la vida, una vida que, a veces, muestra  relámpagos de dicha, de luz  y en otras ocasiones, quizá demasiadas, oscuras sombras que duelen y desamparan.

(Y esta mujer, "La Montojo", que me parece a mí que tiene tanto desamparo como fortaleza, nos deja escrito  este íntimo y hermoso poema, tan de verdad como que nos fumaremos un cigarrillo juntos, en cuanto nos veamos el 18.)



LA VIDA

Es la vida, la vida toda entera 
la que me duele dentro,
la que me oprime dentro
como un puño cerrado
a la altura imprecisa del diafragma.

Es la infancia perdida, ya tan lejos,
de aquella niña un poco marimacho
con las rodillas rotas casi siempre
y cara de enfadada
porque los niños nunca le dejaban
jugar al fútbol siquiera de portero
ni tampoco a las chapas o la pídola.
Tenía que jugar a las casitas 
o a saltar a la comba, como mucho,
hasta que les brotaron los pelos en las piernas
y entonces si querían jugar con ella a médicos.

Es una adolescente enamorada 
de aquel chico imposible que cantaba tan bien
y siempre le gustaba alguna rubia
pero ella era morena, muy morena
– ya ven que mala suerte –
Y lloraba mirando las estrellas.
Mas dejó de llorar cuando otro labios 
inundaron su boca
de una dulce humedad desconocida
que ya no olvidó nunca, aunque la muerte,
muchos años más tarde,
se llevara esos labios por delante.

Y me duele una novia virgen a pesar suyo, 
pecando sin pecar como dios manda
que sean los pecados.
Y una madre muy niña, como sus hijos casi, 
que le vino muy grande todo lo que le vino,
todo lo que la vida le había reservado
en un alarde de imaginación.

Por encima de todos los dolores 
me duele el hijo muerto, como una porcelana
bellísima e inerte, una sonrisa eterna
sin voz y sin abrazo, que me hizo comprender
lo que significaba para siempre.

Me duelen los amores que me quisieron suya 
como una propiedad indivisible,
que me quisieron tanto que mataron
lo mejor de mi misma
y que nunca entendieron
que hay miles de maneras de querer,
que no pueden borrarse los años y la historia,
que no se recuperan
los jirones de piel que se dejaron
prendidos en los muros de la culpa
cuando sonó el portazo del adiós.
Que es imposible comenzar de cero 
y olvidar las maletas en consigna.
Y me duelen los años que ahora tengo 
y este cuerpo cansado que se obstina en vivir,
que se obstina en amar tan a deshora.



Ana Montojo parece que  entiende la poesía como el baluarte que defiende, protege y libera. Aquí nos muestra  los daños colaterales y toda su obra, toda su vida resumida en el poema, un poema confesional, íntimo que nos ofrece la desnudez de las pérdidas, el desconsuelo de la infancia, la impotencia del amor adolescente, la llegada del amor en plenitud, la maternidad, el dolor del hijo muerto, de “sonrisa inerte sin voz y sin abrazo”, el asombro y el dolor del portazo, del adiós del amor, le duele tanto la historia de su vida, que nos la muestra en un alarde de desesperación y valentía, desnudándose el alma entre  versos que  pretenden cauterizar heridas, abandonar soledades, ser terapia salvadora sin ave marías ni psicoanalistas que valgan, sentirse querida a pesar de las pérdidas, abrazarse a la necesidad de amor en la vida que enmascara, con una sonrisa, un gin-tonic o un cigarrillo o los tres al tiempo aunque  tan solo se queda con el amor. Amor al que canta con alegría y con llanto. Amor que le consuela la vida, esa vida, nos dice,  “que se obstina en amar tan a deshora”




Ana Montojo nació en Madrid. Suele decir que llegó tarde a la poesía, mediada la cuarentena, como terapia y desahogo tras la muerte de su hijo de ocho años. Su primer libro La niebla del tiempo fue premiado con el Blas de Otero del Ayuntamiento de Majadahonda en 2010. Tras él siguieron Plantas de interior, 2012, Vivir con lo puesto, 2015. En 2016 publicó Jaime, un homenaje a su hijo y Este atronador silencio de los pájaros. En 2017 apareció Las horas contadas, un poemario monográfico escrito en tiempo real durante los meses pasados -hasta el final- al lado de su marido enfermo. En 2018 su poemario Un solo de saxo obtuvo el premio “Nicolás del Hierro” del Ayuntamiento de Piedrabuena (Ciudad Real). En diciembre de 2014 vio la luz su primera novela Memoria secreta de una niña bien. En Daños colaterales, su octavo poemario, se centra básicamente, según la nota editorial,  en lo inaprensible del amor, su fugacidad y sus contradicciones.

                                   Manuel López Azorín



miércoles, 9 de octubre de 2019

Jesús Riosalido: "La noche de Indianápolis"







Jesús Riosalido: La noche de Indianápolis

 El escritor y embajador Jesús Riosalido presentó  un nuevo libro en el Jardín de las Letras del Hogar de Ávila de Madrid este junio pasado. Su título: La noche de Indianápolis, libro   publicados por la Fundación Al-Aissiya (2019). El autor fue presentado por la poeta Carmina Casala y el acto cultural, lo dirigió María Anunciación Guil, presidenta del Hogar de Ávila.

 Hay que resaltar       la personalidad de Jesús Riosalido Gambotti (Madrid, 1937) como poeta, dramaturgo, narrador, arabista, orientalista y diplomático. Su currículo es largo e intenso. Así como sus premios que son muchos, entre ellos destacamos el Premio Fray Luis de León 1985.

            La gestación del libro de poemas La noche de Indianápolis, surgió debido a le mala experiencia que sufrió el autor cuando en septiembre de 2009  se embarcó en Nueva York en un avión hacia Los Ángeles a visitar  a su amigo Albert Rebhun, un americano de origen polaco que, años antes, había estado en España y Jesús hizo de guía mostrándole las sinagogas de Toledo, el Escorial, etc. Prometió devolverle la visita y así lo hizo.
 
Jesús Riosalido, Maria Anunciación  Guil y Carmina Casala


Decía que la gestación surgió tras tomar inadecuadamente por parte del autor, pastillas para la tensión al mismo tiempo que  las pastillas de dormir  y, este ingenuo chute, producto de un despiste, provocó una reacción increíble. Jesús perdió el sentido, no podía despertarse y el avión tuvo que aterrizar de emergencia en Indianápolis, allí estuvo, al borde de la muerte, hasta las cinco de la mañana  en el Hospital Masónico Local.


En la foto Cartmina Casala, Jesús Riosalido, Milagros Salvador y... pido disculpas pero no le conozco.

Os dejo aquí un poema del libro titulado “Ambulancia”

Ha llegado enseguida 
con su enfermera gorda, sus archivos
puestos sobre los muslos,
oscila, se marea,
pechos de un lado a otro,
carnes de gelatina, temblorosas,
me pregunta, y el párpado
se escapa rebuscando la niebla.
Hay espectros colgados, 
pendientes de los tubos, de las máscaras,
los motoristas abren el camino,
van probando sus claxon,
las sirenas, los gritos, solitarias
son las calles de Indiana
atravesamos raudos fittipaldi,
Fangio, Schuhmacher, tantos hombres
pendientes del volante,
ejecutados en garrotes rondos.

Entreveo los árboles 
que atraviesan la bruma, la destrozan,
hacen que me revuelva
¿Podré volver acaso de mi muerte?
Masonic Hospital, ¿Por qué Masonic?

Alguien firmó mi entrada,
yo ya ni lo recuerdo
un ángel melenudo me consuela,
tendrás que regresarte,
descender de las copas de los monos,
tu cuerpo no ha acabado,
tu espíritu aterriza, nos olvida,
los ladrones de motos
entran en el jardín y se las llevan,
¿A dónde se las llevan?
¿Dónde me llevas tú, el incomprensible,
el absoluto, eterno, defendido
por caras ignorantes e idolillos?

Acostado, y el sueño  
me invade y me reocupa,
tengo hambre de sopas, y los genios
me preguntan, incólumes,
incontables memeces, la descarga
que emanaba tu mano me electriza,
se va Hwange a lo lejos,
todos los animales han formado
en líneas increíbles, hileras contenidas,
los ángeles planean sin sus tripas
que adquirieron en tiempo,
se sonríen, se burlan
de quien espera jueces o profetas,
apenas tocan agua y se levantan,
los muertos son tan jóvenes
como los tiernos tallos
de los nuevos rosales, tan sensibles
que me dejan entrar
y tener tanta hambre de beberme,
de consumir la sopa
líquido miserable que, enlatado,
espera mi conciencia, es necesario,
y es mejor que en el taxi
dejemos Indianápolis,
la ciudad de los indios, los indianos,
y atravesamos blancas las tinieblas,
regresamos al puerto
donde aparcan aviones y nos raptan.


Jesús Riosalido, cuando me entregó este libro, me dijo que sería el último poemario que escribiera. Tiene tantos libros escritos y publicados que no sé si tomar en serio sus palabras, pero eso sí, le noté cansado.
El autor que, aunque está especializado en la lengua y cultura árabe, también ha escrito sobre la cultura escandinava y hebrea. De hecho toda su obra se fue gestando a medida de los lugares de su destino diplomático en los que estuvo destinado por el ministerio de Asuntos Exteriores.
Algunos de sus muchos libros publicados son:
Guía de Al Andalus / Las damas de Santiago / Melania y el Unicornio / La viña de tinieblas y otros cantos a Cipris
El ramo y la ceniza /Snipers /Afrodita Jean /El Búfalo y el agua/ Zéjeles y Muwashajas /

Jesús Riosalido en un hombre culto, gran conocedor de tantas cosas que escucharle siempre resulta grato y siempre se aprende junto a él. Su vida diplomática ha transcurrido primero por Europa central, mas tarde ya, como embajador, por Oriente Medio, fue embajador en Siria durante años, luego en Zimbabwue (Afríca) y finalmente se jubiló como embajador en Kuwai. Desde siempre , además de por la cultura árabe, se ha interesado por la literatura, novela, cuento, teatro y poesía. 



                                               Manuel López Azorín


viernes, 4 de octubre de 2019

ENRIQUE VILLAGRASA:"La poesía sabe esperar"







ENRIQUE VILLAGRASA: La poesía sabe esperar





Enrique Villagrasa (Burbáguena 1957, Teruel), es periodista, poeta y lector de poesía (reconocido crítico en diversos periódicos y  revistas literarias, Turia, Librújula, etc en donde colabora como crítico), reside en Tarragona y ha escrito unos cuantos libros de poemas,. Ha sido incluido en varias antologías y traducidos algunos de sus poemas a otros idiomas.
Enrique Villagrasa tiene como una de las  fuentes de inspiración esa infancia en Burbáguena, el pueblo turolense a donde cada verano vuelve porque, dice, de ahí salió. Por eso escribe sobre su infancia, sobre el río Jiloca en Burbáguena y sobre su ahora en Tarragona.
Sus dos últimos poemarios, publicados este año precisamente, Queda tu sombra (Huerga & Fierro, 2019), donde  nos muestra la vida,  desde la infancia al ahora, y su quehacer.  Queda tu sombra (Huerga y fierro Editores, Madrid, 2019), es un libro de “temor y temblor”, de “presencia en la ausencia”. Como diciéndonos: escribo y algo quedará; pero sin nostalgia ya que las pérdidas por mucho que las cante, son notas sucedidas, palabras que en la luz ofrecen, con su huella, esa sombra que queda.
La poesía sabe esperar (Igitur ediciones, 2019 es su homenaje a su tierra, su infancia y a Rosalía de Castro que abre el introito con esta cita:” Aquellas risas sin fin,/ aquel brincar sin dolor,/ aquella loca alegría / ¿por qué acabó?" 
Ambos libros son un homenaje a la poeta gallega, a las raíces de Enrique y a la Poesía, que es fe de vida para Villagrasa, poeta de verdad (aunque él suele decir que anda buscando el verso que le haga poeta, pero eso es el deseo de transcender  porque él es poeta transcienda o no que eso es como entrar en el Canon , nunca se sabe, pero poeta es y buen poeta) y grandísimo lector y, como posiblemente haya una continuación de estos dos libros, podremos ver también más adelante qué de sombra queda, cómo sabe esperar la poesía y, finalmente, saber si Enrique Villagrasa, encuentra, según él, "ese verso que le haga poeta".
Esto de ser lector de poesía en este mundillo, tan cainita que dice mi hermano  el periodista, narrador y poeta Valentín Martín, es algo muy raro.  Enrique lo pasa bien leyendo, le gusta, porque es bueno leer a los poetas. Y  luego hace crítica de poesía. En definitiva: lee, difunde  y escribe. El no busca otra cosa que descubrir la belleza del verso en las y los poetas de ayer y hoy, le divierte. No tanto  ya  escribiendo poesía, porque  para escribir hay que sentir dolor, para escribir poesía además de leer y leer mucho hay que sufrir.

Si le preguntamos a Enrique Villagrasa cómo canta su poesía, nos dirá que canta y cuenta como vive, como mejor sabe. Habiendo leído y mucho. Habiendo observado y habiendo sufrido.  Como lee mucho  tiene como referentes a muchos poetas y uno de ellos, en cuanto a escribir sobre la infancia es Rilke. Cuando Enrique habla de la infancia, habla de Burbáguena  porque es parte de su vida, porque, dice, la necesita como el aire, como el Jiloca, donde, cuenta que, se bañaba de crío y no tan crío:”Con prados silenciosos, en la orilla/ de mi siempre Jiloca avanzo libre,/ por lenta senda del ribazo oscuro / a beber en la fuente del regreso”  Y como ese otro, siendo el mismo, Jiloca que desemboca en Tarragona. Al Jiloca le debe todas las escenas de su primera juventud, miles de metáforas, miles de imágenes. Y todo eso lo traslada a los poemas. Es una confesión sincera en el papel y por escrito, de las pérdidas y de los encuentros, del ayer y del hoy.  “Desde Burbáguena a Tarragona / te ilumina la inmensidad del mar.”

La infancia es todo, nos dice Villagrasa. En ella y con ella viajas por la vida. ¡Ay de aquel que olvide sus raíces, de dónde viene!.  Rilke lo sabía, como cuando dejó escrito en sus cartas al joven Kappus: “Intente como el primer hombre decir lo que ve y lo que experimenta y ama y pierde”.
Enrique se mira desde fuera hacia dentro y trata de averiguar qué le impulsa a escribir y le pregunta a su yo ¿Debo escribir? Luego se dice que la respuesta debe ser muy profunda y sincera y como la respuesta es afirmativa, escribe y procura construir su vida en relación con esa necesidad
La poesía sabe esperar, la ha prologado el director general de Cultura Nacho Escuín, que nos dice: “Villagrasa puede ser formalmente muchos poetas a la vez, porque ha leído  mucho  y sabe muy bien el oficio, pero no es eso lo que debe hacernos pensar en él como un poeta mayor ( por su dimensión, evidentemente). Es la constancia, la seguridad de que su voz, como los grandes músicos, sigue siendo la misma ejecute una pieza clásica, un ritmo libre  o un medido poema mediático”
Enrique reflexiona sobre la poesía porque para escribir necesita entender y entenderla. Y nos dice “Todo poema es un diálogo con la muerte”, y “La poesía es más que la vida: es la resurrección, toda sabiduría”.  
Se nota, y los que conocemos a Enrique lo sabemos bien, que ama la poesía, que ha bebido en sus fuentes, por eso escribe, indaga, maneja las palabras con precisión y nos dice: “Las fuentes de tu amor son tan intensas / como el aleteo de un colibrí.” Por eso su vida es la poesía y la poesía salva porque es vida y estos versos finales de La poesía sabe esperar, al menos para este poeta lo corroboran: “Estaba de pie en la terraza, un noveno, / y de no coger tu mano abierta, Poesía/ habría caído sin que nadie me empujase.” Íntimos y confesionales versos que son vida, Versos como el agua del Jiloca y del Mediterráneo, aguas que son vida. Ser agua, vida, poesía:

Para poder ser ha de ser verso
en y con su tierra amada:
Burbáguena y su Jiloca.
Piedra al fondo de agua atada.
Todo es silencio: lenguaje
junto al mar, en la playa
de mayo.En la noche lluviosa
donde florecen los cerezos
en días de olvido y dibujos
en la arena del desierto de su playa.


                           
                                Manuel López Azorín

domingo, 29 de septiembre de 2019

José Infante:"Solo queda una sombra"


Este verano ha sido, más que de escribir, de muchas lecturas. Lecturas pendientes que que no puedo leer si no es en verano. Algunas estoy reseñando en este blog, las que me sorprenden, las que, al leer, me producen más impresión cercana a mis gustos sobre la poesía que en muchas ocasiones son, como la poesía, diversos.  Yo confieso no ser un crítico al uso sino "un crítico impresionista" y la lectura de Solo queda una sombra de José Infante me impresionó.



José Infante: Solo queda una sombra



José Infante (Málaga,1946) es poeta, escritor y periodista. Estudió Derecho, Filosofía y Letras, y Ciencias de la Información en las universidades de Granada y Madrid y se diplomó en la Real Escuela Superior de Arte Dramático y Danza de Madrid. Ha colaborado en diversos medios de comunicación y desde 1974, hasta 2007, trabajó  en Televisión Española como redactor, guionista, ayudante de dirección y subdirector en diversos espacios, y director de varios programas especiales.

José Infante ha recibido multitud de galardones. En 1971, el Premio Adonais de Poesía y en 1972 el Premio "Málaga, Costa del Sol" de Periodismo. En 1980 le fue concedida la Beca Juan March a la Creación Literaria.  Y entre otros premios importantes, tiene en su haber el Premio aljabibe, el Andalucía de la Crítica o el Ciudad de Zaragoza  y el Premio Ciudad de Cáceres.
Cuenta con una extensa obra poética, de narrativa y ensayo, figura en muchas antologías y ha sido traducido a numerosos idiomas.
 
Solo queda una sombra (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2019), es el último libro publicado de José Infante, libro que presentó en Málaga en marzo de la mano del poeta  y profesor Francisco Ruiz Noguera y en Madrid con los poetas  Javier Lostalé y Luis Martinez de Merlo en la sede de Huerga y Fierro en Junio.  José Infante que es un gran conocedor de la poesía tiene muchas referencias, entre ellas de nuestro querido Pablo García Baena, pero igualmente las tiene de otros muchos y buenos poetas: Pérez Estrada, Cavafis, Gil de Biedma por hablar solo de algunos poetas contemporáneos
Solo queda una sombra es una impresionante confesión poética, por verdadera, de dolor al tiempo que de esperanza. Además del título, el libro, en su interior lleva entre paréntesis un subtitulo  “Nuevos poemas de La casa vacía”.  La casa vacía (Tabla Rasa en 2004) que  obtuvo el V Premio de Poesía Aljabibe y en el que José Infante dio un paso importante en su trayectoria poética. 

Con relación a La casa vacía,  Pablo García Baena dijo: “Libro raro en la poesía de hoy, de un ascetismo devastador, su verso impecable no desdeña ni la expresión existencial ni huye de la dicción agónica, mientras busca la salvación instantánea en el vigor súbito de la belleza.”
Y traigo a colación estas palabras  porque Solo queda una sombra es también una confesión verdadera y en sus poemas encontramos la sombra, el dolor, la tristeza, el sentimiento de pérdida como si de un estado místico purgativo se tratara  y, al tiempo, el deseo horaciano del Carpe Diem, la esperanza no ya del tiempo sucedido sino del que quede por venir hasta que llegue el último día de la vida. Por tanto al tiempo que es un libro íntimo, confesional en el que el poeta realiza un ajuste de cuentas con su vida cantando lo perdido, hay  en él también el canto vital respecto a lo que queda por vivir.

Buscando en las redes alguna referencia a este libro último, por ahora, de José Infante he encontrado en La Opinión de Málaga (20/3/2019) lo siguiente: “Los textos que componen "Solo queda una sombra" fueron escritos entre 2008 y 2011 y fue al escribir el poema Regreso, agosto 2011 cuando el autor encontró el sentido que daría unidad a todo el conjunto. El regreso a su ciudad natal, Málaga, después de más de cuarenta años, hace que el poeta se encuentre con la sombra que siente que le ha acompañado a lo largo de su vida y que a la hora del regreso se le presenta como el testigo de cargo de todas sus vivencias, frustraciones, pérdidas y momentos de gloria o de desdicha.”

José Infante nos habla  en este libro del pasado, su tristeza, sus dudas sus esperanzas y sus intenciones. Y así como en el poema “Cada día prometo” intenta hallar la luz  del instante para seguir alumbrándose (“Cada día prometo cambiar, salir más a la calle,/ acudir al gimnasio, sonreír al menos tres veces / por la mañana, tres veces por la tarde.” En el poema  “La falsa primavera” nos dice: “Se renuevan naturaleza y vida, pero/ nada hará que vuelvan los días del pasado”

Con su regreso a su ciudad natal, tras muchos años lejos de ella, comienza este Solo queda una sombra y nos dice: “Con los pasos cansados, lentos,/ dubitativo y solo, paseas la ciudad / que algunos llamaría de una forma ridícula / la madre patria, para ti acaso / una madrastra lejana y olvidadiza. / Apenas recorres los lugares, las calles, / las plazas y jardines por donde caminó / aquel adolescente enfermizo y delicado / que algún día fuiste tú, y aunque ya no recuerdes./ Solo queda una sombra de lo que fue la vida / cuando la inaugurabas y esta ciudad fue un paraíso.”
Hablaba yo antes de referencias y aquí, en este poema  que comienza con un eneasílabo continua con dos alejandrinos y sigue con un endecasílabo, perfectos en su ejecución, José Infante nos trae en el recuerdo tanto a Antonio Machado como al poeta sevillano que se sintió malagueño, Vicente Aleixandre.
El poeta ha cantado y llorado su pasado, tiempo perdido, a veces, y ganado en ocasiones y lo ha hecho descarnadamente, desconsoladamente y aunque nada es igual en lo sucedido que en el presente, un presente que se acerca al invierno, en el fondo mantiene la esperanza del ahora y se abraza al instante ” Todas  las cosas que alguna vez de verdad / importaron, las cosas verdaderas / que nos hicieron menos infelices” (…)   Son / las cosas que sostienen esa luz / que no se extingue nunca” a pesar de “esa sombra oscura que conduce / a la niebla”
Un tremendo y hermoso libro de poesía verdadera (al menos para mi gusto).
Guardo un volumen que Infante me envió hace muchos años y voy de vez en cuando  a releer alguno de sus poemas, como este que entonces apareció como poema inédito  y que comienza así: “Empezaré a soñar / cuando tú te hayas ido”  y soñar también es vivir.
Aquel volumen, Poesía. 1969 -1989  Col. Ciudad del Paraíso, (Málaga, 1990), recogía su obra poética hasta ese momento, con un estudio preliminar de Francisco Ruiz Noguera.

Como poeta José Infante, ha publicado, entre otros títulos:  Uranio 2000.Poemas del Caos  (Málaga, 1971),  Elegía y No Col. Adonais  (Madrid, 1972),  La nieve de su mano  (Ediciones Caballo Griego para la Poesía, Madrid, 1978),  El artificio de la eternidad  (Málaga, 1984),  El don de lo invisible  (Ediciones Libertarias, Madrid, 1992) y  Lo que queda del aire  (Madrid, 1993). Días sin música fue ganador del Premio José Hierro de poesía en 2005 y fue publicado en la Colección Literaria Universidad Popular "José Hierro" del Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes.
En 2013 ganó el XXVIII Premio de Poesía Ciudad de Zaragoza, por lo que se le publicó a través de la editorial Olifante el libro La libertad del desengaño.
                                          Manuel López Azorín