jueves, 20 de febrero de 2020

Rafael Soler "Necesito una isla grande"



Rafael Soler: Necesito una isla grande



 
Recibí ayer vía editorial la última novela de Rafael Soler (Valencia, 1947) Necesito una isla grande (Ediciones Contrabando, Valencia,  diciembre, 2019) y tengo que confesar  que, aunque no suelo reseñar prosa en este blog, con Rafael Soler hago siempre una excepción porque si bien en sus poemarios, al menos en mi opinión, podemos encontrar  muchos argumentos para de uno o varios poemas hacer un guión cinematográfico, con su prosa me sucede lo mismo  y de algunos de sus capítulos  que , al menos en sus dos últimas novelas El último gin tonic (2018) y Necesito una isla grande (2019), ambas publicadas por la misma editorial, siendo como son de prosa ágil, diálogos aparentemente disparatados pero plenos de originalidad e ironía y con un enorme trasfondo existencial con la virtud de no llevarnos hasta la tragedia de los protagonistas con su fracaso de vida o su ilusionante  valor para emprender una aventura  que camina por el alambre de los límites entre la vida y la muerte. 
Durante la trama discurren ambas fronteras con vitalismo, humor, diálogos que sorprenden y una prosa absolutamente persona y “soleriana Pues bien, con todo ello, en muchos de sus párrafos podemos adivinar el germen de un poema o de varios poemas. Esto solo me pasa con este poeta y narrador y por esta razón anoche comencé a leer su Necesito una isla grande y me dieron las tantas hasta acabarla.



Rafael Soler , lo tomo de la solapa de esta novela,  es uno de los exponentes de la explosión cultural y literaria de los años 80, autor de libros de marcada personalidad y estilo inconfundible que abarcan poesía, novela y relatos. Su obra ha recibido muy notables premios y ha tenido una destacada recepción crítica.

A su novela El grito (1979, reeditada en Paraguay en 2014) le sucedieron libros de relatos, el poemario Los sitios interiores (1980) y las novelas El corazón del lobo (1980, reeditada en su treinta aniversario), El sueño de Torba (1983) y Barranco (1985). Tras un periodo de silencio de más de veinte años regresó con los poemarios Maneras de volver (2009, traducido y publicado en inglés, húngaro, rumano y japonés), Las cartas que debía (2011), Ácido almíbar (2014, Premio de la Crítica Valenciana), No eres nadie hasta que te disparan (2016) y la antología Leer después de quemar (2019). La publicación de El último gin-tonic (2018), supuso la vuelta de Rafael Soler a la novela tras más de 20 años de no publicar narrativa.
Soler vuelve de nuevo con una novela que tiene el mismo espíritu que el Último gin tonic , la misma ironía y el mismo humor  capaz de hacer hablar a los muertos, capaz de convertir lo trágico en sonrisa, ternura, disparatada ternura en unos personajes inolvidables y capaz de hacernos olvidar el sentido trágico de la vida.

Necesito una isla grande  es, me dice Rafael  "un canto a la resistencia, se trata de reivindicar el amor a la vida, la capacidad de resistir y las relaciones fraternales" 
Sucede que desde el segundo capítulo el poeta narrador Rafael Soler sabe atraparnos en una historia con guión cinematográfico (propio de un gran guionista como Rafael Azcona, por ejemplo) y conducirnos página tras página hasta el desenlace final.
Y tras leer “esta historia de (como dice Luis Landero en la contraportada) tipos de piel dura y corazón tierno, imprevisibles, sentimentales y maravillosos,  comprobamos que Landero tiene razón y que  “brilla como nunca  el vigoroso arte narrativo de Rafael Soler, uno de los escritores más libres y soberanos que hay en nuestra lengua.”
La acción de esta novela comienza en una Residencia de Ancianos, donde unos personajes protagonizan disparatada huida hacia la mar (huida que por un lado nos conduce a la manriqueña  huida final y por otro lado a  la no aceptación  de normas absolutistas  de la residencia oprimiendo la libertad, y ese sueño de libertad mantiene la dignidad de los que inevitablemente viajan ya por ese río que, inevitablemente, da a la mar que es el morir.


Necesito una isla grande es el relato de un escritor exquisito que nos cuenta una trágica historia  con cariño, con mimo, con la elegancia del amigo que quiere arrancarte una sonrisa, que no quiere ver lágrimas en tus ojos mientras lees la historia y porque él Rafael Soler, a quien conozco bien,  lo que ha querido es poner el acento en que “la vida es un asunto personal” y construir una historia colectiva en la que todos los personajes son secundarios y, aunque algunos tengan un papel más principal que otros, todos son protagonistas.  Coronel Tomás, su hijo Julián, Carmina, Rocky Pulga, o Panocha, personajes curiosos, algo extraños a veces pero absolutamente entrañables; personajes valientes siempre a la búsqueda de una ilusión que ponga luz en sus apagadas vidas.

De Izqda a dcha: Los poetas Antonio Hernández, Pedro A. Gonzálz Moreno, Joaquín Benito de lucas (solo la cabeza), Manuel López Azorin, Francisco Caro y Rafael Soler en  El Caserón de  San Sebastián de los Reyes.

La lectura de esta novela ha hecho que me sintiera dentro de ella, dentro de las aventuras de estos personajes que, tras un suceso inesperado, deciden vivir de nuevo sueños y esperanzas de vida.  Y he sonreído con misericordia y voy a escribir de ella con la ternura del perdedor que sabe del fracaso final, por mucho mar que le abrace, de la vida que sabemos.
Y,  aun siendo un asunto personal la vida, de la vida de esta novela han opinado escritores bien conocidos como Jose María Merino y este nos dice en la contaportada de la novela que  es una: “Magnifica novela cuyo nudo dramático es un viaje al “no tiempo” de un grupo de gente entrada en años” y también Eduardo Mendicutti que nos dice: “Una estructura exigente,  una prosa radiante de regusto clásico, unos diálogos espléndidos de vivacidad actualísima y unos personajes memorables” y para concluir nos dice Inma Chacón: “Con un lenguaje brillante y una estructura cercana al guión cinematográfico, Rafael Soler nos invita a realizar un viaje al centro del corazón humano”

De izqda a dcha: Rafael Soler, Valentín Martín, Manuel López Azorín, Francisco Caro y Miguel Ángel Yusta. en el Café Comercial.

Tiene esta novela una estructura narrativa tan  cinematográfica que esto me recuerda una noche en la que tomábamos unas cervezas o vinos en un bar de la calle Libertad de Madrid cuando apareció Julio Medem y tras saludarse Rafael y Julio hablaron durante un rato y digo yo, si julio Meden que es director, guionista y productor y que según se dice de él, “destaca por el punto de vista que adoptan los personajes  ante un suceso inesperado” ¿ qué haces, querido Rafa, que no le has pasado ya la novela? 
                                Manuel López Azorín



martes, 18 de febrero de 2020

Angel Velasco: "Enhebrar la luz"




Biblioteca “Marcos Ana” presentación del libro:
de Ángel Velasco:  Enhebrar la luz (Oportet Editores,2019)







       Tú, luz, nunca serena
       ¿me vas a dar serenidad ahora?
                                                     

Con esta cita del poeta Claudio Rodríguez se inicia Enhebrar la luz, el libro de Ángel Velasco que presentamos hoy. El hombre de ahora recorre su niñez y su vida, vida que a través de recuerdos, experiencias vividas, sentidas y escritas ( y esto me recuerda a R. M. Rilke, el poeta que nos decía que la verdadera patria  del hombre es la infancia), recorre, digo, junto a la presencia, siempre en la memoria, de la madre que trata de enhebrar la luz mientras cose o zurce la ropa (y la vida), y  le advierte e intenta protegerle de ella con el amor y con la luz que enhebra las esperanzas y los sueños.
Y esa imagen que será circular en sentimientos y emociones  en este poemario, le lleva al autor  a decirnos:
Un niño está escondido / detrás de sus ojos. Mira todo / desde una melancolía –por  tan infantil – sospechosa “ (…)
Y para entender este Enhebrar la luz que es un luminoso libro de vida sentida y vivida, yo voy a tratar de remontarme al origen del poeta Ángel Velasco como escritor, como joven ávido de expresar a través de la poesía  sus sentimientos, sus emociones, su mirada del mundo que, entonces le tocaba vivir y experimentar. Un mundo, personal y al tiempo colectivo, que durante los diez años en que fue emigrante sintió la necesidad de iniciarse como poeta (porque ser poeta es siempre una necesidad y nos surge desde dentro aunque luego nos vayamos formando en aprender, conocer y saber de la poesía.


Ángel Velasco  entre 1965 y 1975 vivió en Múnich, fue uno más de los muchos emigrantes de aquel tiempo. Allí, con 19 años, descubrió la biblioteca, los libros y sus posibilidades de lectura y leyó a los poetas y quiso escribir poesía, sin más conocimientos  que aquellas emociones que sentía viviendo, y leyendo.
Y este, entonces obrero fieramente humano, comenzó a escribir,  de la vida, del amor, del dolor, de la experiencia viva que nos va formando como personas…
En Alemania tuvo la suerte de conocer a un hombre machadianamente bueno llamado Lorenzo Béjar que le ayudó a transitar por la poesía con los elementales conocimientos de la preceptiva y sin quitarle para nada la necesidad de escribir, de sacar, lo que le salía desde dentro.
Y así, fue escribiendo: “Yo quisiera ser escritor, señores escritores.” Y escribió y allí, más tarde, gracias al Centro Español de Múnich, publicó en 1975 su primer libro  que tituló: Escrito en la emigración. Y de aquella situación de emigración forzosa que vivió España en los años 60 continúa, lamentablemente vigente, aunque ahora en sentido contrario, Ángel Velasco dejó escritos estos versos: “Y has llegado – viejo aún joven –,/ sin espada y de rodillas, / a regar con mil sudores / unas tierras que te humillan
Regresó a España, al comienzo de la transición, donde fue acogido en el mundo editorial, con una maleta de libros de poetas de referencia como Antonio Machado, Blas de Otero, Miguel Hernández, Vicente Aleixandre…  y en 1978 obtuvo el «Premio Malasaña de Poesía» por Criba de tiempo y palabras. Libro en el que Ángel Velasco nos dice:

Yo podía haber nacido nunca,/ podía haber nacido con azules ojos / o rubios cabellos / en algún país frio de clima / y democrático. (…) Yo podía haber nacido nunca: / nací español, moreno y emigrante.

Ya en España, vivió la transición, conoció personalmente a Blas de Otero,  soñó  la luz, como tantos españoles, para el presente y para el futuro y sí, llegó una luz algo más clara y más abierta.

Entretanto escribió un nuevo libro  Geometrías de la no-memoria, era 1986, Su palabra ya es otra, pero sin renunciar a la claridad de su primer libro,  y sobre este tiempo nos dice:
Sobra sombra total /ceñida y desceñida. /// Quien te acaricia y teme / te convoca. /// Quien vive en ti y muere y necesita / ser una luz que de forma a la / nada.
Y mientras tanto la materia de los sueños, que yo llamo a la memoria, va y viene del ayer al hoy y reflexiona: “Ayer fue libertad quien me propuso sedes //// igual que amar / me equivocó sentidos.”
Y al mismo tiempo, esa memoria se abraza  al amor materno y a la melancolía: “(Ayer. Madre. / Frío y pupitre y algodón en la memoria toda / acolchada / para no chirriar…y sin embargo…siempre…algún   “pero…/ y no: por qué.”



Pero todo esto fue ayer.  Ayer fue un amplio recorrido de aprendizajes, de asombros, de dolor, de descubrimientos, de todo y de nada: “Luz de nada / de la no memoria mágica- / mente  acompañada por otras soledades/ re-creando / en el espejo opaco del papel  / lo no existente.”

Pasó el tiempo, “Durmieron poemas en espacios de olvido” (…) “Y mientras, volaba el calendario,/ volaba la vida, / y nos engañaba  a todos –/ el Tiempo.”

Derribar muros, esperar más luz, fundirse y confundirse en un entretanto, digo, enamorado porque siempre toca vivir lo que acontece, y mientras los espejos reflejan el todo y la nada de la vida, mientras   todo esto sucede… el niño permanece en lo más profundo, junto a la madre, junto al sueño de enhebrar la luz para coser con claridad los pasos de la vida. Para: “Liberar al niño” (…), para “no adulterar al niño” que adulto ya vive ahora el entretanto del amor.
El amor, un paréntesis necesario que sobrevive y salva  en tanto permanece.
Y nos dice: “No querer todo lo demás / que no hace hora / ni minuto importante: // que me importe

Y materia de los sueños para recordar que: ” Refugiados, hubo un yo / entre los espejos,/ vencido escribió / y en ese Entretanto, / que fue espacio y tiempo/ de enamorado



Antes de publicar Dos espejos y un entretanto, en 1999, Ángel escribió, entre 1997 y 1998,  un nuevo libro: Cuadenos incompletos, que dedico a sus tres hijos y se inicia este libro con una cita del poeta sevillano  Vicente Aleisandre, la cita es la siguiente: “Vosotros conocisteis / la generosa luz de la inocencia”

Cuadernos incompletos nos muestra poemas que aluden al tiempo sucedido, a lo que pudo haber sido y no fue, con cierto tono de melancolía  con matices de ternura y muchos sueños que se fueron como las golondrinas de Bécquer  tras el paso del tiempo de escribir, no por escribir sino  por y para, vivir.

 Y también era  un cóctel repleto  de intimismo aderezado, con ironía, cierta sensación de derrota, unas gotas de burla, de escepticismo, sentimiento de culpa, de soledad, de duda…y una gran rodaja de mirada interior  humana e inteligente: “Termina este  Algo que decir: / letras libres y ordenadas como versos , / como poemas cotidianos: / quién sabe para qué…,/ quién sabe para quién…, / quizá / si necesarios.” 
En este libro muestra también  la chanza, es decir la agudeza y la gracia, la burla sin mala intención, más bien como tabla de salvación para librarse del naufragio, nos dejan sentencias senequistas, junto  con cierta melancolía, para: “sumar, no restar, /Ilusión a Esperanza, a ver qué ocurre.” Para esperar la luz, a ver si llega
…Y, cesa la melancolía y parece que la luz le da un poco de serenidad ahora

Un ahora que en Enebrar la luz vuelve a las raíces de la infancia, la juventud, del obrero y la fábrica, del emigrante, mientras rememora  la imagen de sus padres y unos versos primeros: “Entre terrones y nubes, / entre soles, siega y trillas, / has dejado mil recuerdos / en tu amarilla Castilla.” Y recuerda también que hubo un tiempo, en el recuerdo de sus años jóvenes, que parecía no estar lleno, “como si estuviese incompleto
Pero aquel joven amaba la poesía porque expresaba emociones, sentimientos: “a pesar de que a veces, / de tan ocultos, / queden  inexpresados y decidió “hablar del niño, y del pobre, del obrero, del enfermo…” dar testimonio de vida, de compromiso y amar la luz, aunque piense que no consigue  enhebrarla con la esperanza.  Aún no (le)  habían regalado el verso / de la luz y la aguja / pero veía en la oscuridad / y pespunteaba con amor, trabajo, sudor”.  No encontró “silabas de amor /para hacer palabras o versos de esperanza” (…) Y dejó de creer en los libros, y quiso enhebrar la luz en plena oscuridad. Ahora se reconoce más en lo que ha deseado que en lo que ha sido Nos dice que no le importan las estulticias geográficas, “sin embargo / cómo (teme) a las del alma /y a las de la inteligencia/ y a las de los miedos…
Y así, desde la memoria, sueña y nos dice: “Enhebrar no solo la luz,/  sino el sentimiento buscado, / no es decir lo ya sabido, / es, casi, hacerse luz / finísima / y buscar desde el alma de la herramienta /– ¡ah esa aguja zurcidora! – , / lo intuido a fuerza de ignorado.
Y de nuevo recurre a Claudio Rodríguez  que en el poema “Cantata del miedo” nos dice: “ Es el tiempo, es el miedo / los que más nos enseñan / nuestras miserias y nuestras riquezas”
Y tras esta cita escribe un poema : “ Dices que alumbró el aire / y no sabes si juegas, / permaneces o dudas (…) Dices qué de las nubes / que fueron a tu infancia / como ahora son sueños (…)Sabes que aún ignoras / lo único que importa,/ la sensación de miedo (…) ¿Te salvará la aurora / del pensamiento?
Los recuerdo se agolpan en el hombre, en el poeta  con mirada de niño, y se pregunta “¿cuál el color del mundo?”(…) “¡Si no había más luz /que la quimera en hebras!” Y escribe en homenaje a su padre y a su abuelo: “Nunca luz más pura que la que nos acompañó, por el camino de trochas y abrojos desde la meseta donde está plantado Muñoveros.
Y nombra La Salceda y el tiempo  en que llegó a Muñoveros , nacido ya y renaciendo entre la gente llana: “ El campo castellano : (…) “Isla de aire y de alas,/ bandada de aves, / pájaros,/ sencillos de aire y de vida,/ llenáis el páramo
Y la sonora nitidez de las campanas de aquel pueblo, de aquel campo, y el río Cega que abraza y besa los juncos y las niñas “con enaguas blancas“…éramos niños, (recuerda), /y jugando oíamos voces / los niños / enamorados.
Y tratando, como la madre hacía, de enhebrar la luz en las palabras, rinde homenaje al abuelo, a la abuela, a las tías, a todos aquellos que arroparon la infancia del niño que inició este Enhebrar la luz, porque, ese niño, está aún en el hombre, en el poeta que sueña y vive y escribe: “Escondido detrás de sus ojos  Un niño que “observó alguna indicación / de la mujer (la madre), que le advirtió sobre la vida” mientras trataba de coserla y “zurcía rotos “.

 
Ya no está (la madre) con el niño, ya no está con el hombre. Pero le queda ese sueño de la luz enhebrada para vivir la vida, para alumbrar la vida. Y así lo ha hecho Angel Velasco, en su obra y, especialmente, ha crecido con el tiempo en lenguaje poético, en experiencia, con ese humano sentir, junto a ese niño que nunca le abandona en este Enhebrar la luz que (volviendo a Claudio Rodríguez, lo diré con palabras de su poema "Hacia la luz"), "Luz que toma cuerpo en mí/ tiempo en mi, /luz que es mi vida para mi amor y mi sosiego"), ahora le da serenidad.
             San Sebastián de los Reyes 5 de febrero de 2019
                                  Manuel López Azorín

miércoles, 29 de enero de 2020

Margarita Otero: "Aullada (o la metamorfosis del canto)"







Margarita Otero: Aullada (o la metamorfosis del canto)



Margarita Otero Álvarez (Montreuil, Paris, 1972) Su familia pronto se trasladó a San Sebastián de los Reyes (Madrid) donde vive en la actualidad. Está  licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid y desarrolla su carrera profesional en el sector de la informática.

Tras años de trabajo de escritura y corrección,  Su poemario Aullada (o la metamorfosis del canto) publicado en la Colección Fenice de Huerga y Fierro Editores, Madrid, 2019, fue Premio Nacional de Poesía Ciega de Manzanares en su XVII edición (2018).

Este Premio  Ciega de Manzanares tiene por costumbre  presentar el libro ganador una vez publicado y, siempre al año siguiente, al tiempo que se falla el nuevo premio (fue en noviembre de 2019), Contradecir distancias  de Juan Carlos González, ha sido el premio  de poesía en su XVIII edición(2019),  y sucede en el palmarés al libro Aullada (o metamorfosis del canto)  de Margarita Otero que ese mismo día presentó su libro en la Casa de Malpica de Manzanares (Ciudad Real)



Aullada (o la metamorfosis del canto). (Huerga y Fierro Editores, 2019), es el primer libro de poemas  publicado de Margarita Otero, un libro audaz ya que en los tiempos que corren de poetas de redes, muchos, no digo todos, pero si muchos son de una simpleza y, a veces, un mimetismo asombroso, de manera que cuando leemos un libro como Aullada (o metamorfosis del canto), nos congratulamos por ello, porque  este Aullada no es otra cosa que el aullido, el grito agudo, liberador, la entrega, un camino a seguir, la alabanza, el salmo de lo bienaventurado, el canto de una mujer, con muchas mujeres,   y tras aullar los augurios() ellas, ese coro de ilusionistas pide sus explicaciones / es momento de callar / porque en ellas está / la metamorfosis del canto.

Y ese canto es, ya lo he dicho: entrega, canto de liberación,  de rebeldía, de desobediencia al tiempo que de bienaventuranza, con una poesía de libertad, polimétrica, pero plena de ritmo y de emoción, poesía a veces de claridad a veces de surrealismo meditado, onírica y aparentemente irracionalista  dividida en un entroito titulado  Libramentocon un poema inicio   y tres apartados: Advanto, Salmai y el apartado final que da título al libro Aullada.

El libro está dedicado a Madhubala, su hija y en este Libramento o entrega nos dice: 

Si un día me encuentro ¿qué me diría? / Mujer que espera la fuerza para reventar el cristal de la urna / blanca, negra, herida, loba, madre a pesar del ahogo de las cascadas, / corredora de bosques, reina de las mariposas mudas./ Llorona en barbecho conjurando la tormenta. Diría /, tienes todo el día para inventar los caminos que los pasos difuminan por la noche. /Acuérdate de la danza que guardas en los zapatos y devuélvesela al espejo una mañana de estas. / Amante sin pecho ni arrepentimiento, yerma y loba, diría./  En busca de la cría que, jugando entre las piedras de aquel sueño, se perdió./  Saco de paisajes de fondo azul, / añorando la tempestad y el encuentro salvaje al otro lado de la duna./  Diría, Mujer, construye con todo aquello que te invade una puerta, y sal.

Y en este poema  a manera de introducción , encontramos toda una declaración de intenciones con una poesía existencial  engalanada de símbolos, de modernismo, de crítica social  que da testimonio de la realidad en que se vive  y un onírico sueño pleno de voluntad y de amor que es el horizonte y camino de todo el interior de este libro.

En el primer apartado Advanto, sabiendo que Queda  todo al otro lado del mundo” se dice: ¡adelante!  Y Sueña con siete luna desnudas en aquel balcón / con tulipanes entre barrotes / después de tejerse. ()  Va a dejar un mensaje en aquel papel de yeso,/ una canción de cuna()  Todos los milagros son./ Abren agujeros en las puertas acorazadas ()  Ya es hora / con las manos llenas de lunas / apretadas en los bolsillos / de salir a morder
A esta mujer Le pesa el vientre lleno de nenúfares / de tanto soñar cada noche / con un arrullo distinto.

"Y por la mañana / todo huele a gasolina / a etiqueta pret à porter / a piel de guante / a papel pintado de Hilton/ a coctel venenoso / con rouge en la copa /a cloaca en definitiva.() Todo huele a madre trabajadora / huérfana de hijos / a carcajadas que deshacen el hemiciclo / mientras las manos del niño /escriben en el ladrillo, // a cloaca en definitiva.Y mientras avanza, mientras sigue adelante, recuerda  y sueña  con descubrir un día , al desplegar las alas / las dimensiones de la jaula

Y se adentra en el segundo apartado con salmos de celebración y alabanza gritando, aullando, ya en silencio, porque La que grita sin abrir la boca / bajo una lluvia de piedras / cubierta con el telón negro / se ha rebelado.
Y midiendo los pasos, se aleja y se agarra al invierno y construye túneles y deja las ventanas abiertas y llena las maletas y otea el horizonte  con el claro objetivo de dirigirse al lugar preciso. 

Abandona para comenzar, se rebela para conseguir,  renuncia a estereotipos para "subirse a los árboles"
bienaventurada, bienaventurada sea / la que sabe que solo en el abandono /está el principio

Y aunque siempre con la cabeza llena de determinación y de dudas, elije su horizonte y camina renunciando, con una aullada silenciosa y femenina, dejando atrás las rémoras de los hábitos, las costumbres, los recuerdos, la infancia, las rutinas cotidianas, los grilletes de las normas, todo lo que, banal, se hace costumbre: Todo quedará atrás

Porque ahora  quiere: Adornar la boca con la sangre de las bayas / y ensayar una y otra vez un aullido / de amor 

Y esta mujer que se mira a sí misma pero al tiempo refleja a otras mujeres que buscan liberación y van hacia adelante y entonan salmos de bienaventuranza y celebran su aullada como mujeres, son ella y el espejo que las refleja (ya lo dije al principio): ellas, ese coro de ilusionistas pide sus explicaciones/ es momento de callar / porque en ellas está / la metamorfosis del canto.

Y como me dice mi buen amigo el poeta Antonio Hernández, que es el presidente del jurado que falló a favor de esta Aullada, este libro que yo recomiendo  no solo a todas sino a todos (ellas y ellos) su lectura, es: una poesía, veloz, fluida y rebelde y yo añado y con una voluntad  y un canto extraordinarios para  dar y recibir amor.

La  vinculación de Margarita Otero Álvarez a la escritura se inició en la adolescencia. Fue finalista en el certamen de relato breve de San Sebastián de los Reyes publicándose el cuento Como una rosa Con posterioridad participó en publicaciones colectivas de cuento como Relatados de la editorial Fuentetaja.
Su recorrido como poeta está estrechamente vinculado al Centro de Estudios de Poesía (C.E.P) de San Sebastián de los Reyes donde ha colaborado en eventos y lecturas poéticas. Ha formado parte del colectivo  Cabra Violeta, dedicado a la edición de libro objeto y ha publicado varios poemas en sus ediciones. Y ahora este hermoso primer libro: Aullada (o metamorfosis del canto)
                                  
                                     Manuel López Azorín




viernes, 24 de enero de 2020

Carmen Díaz Margarit: " El sueño de la salamandra"




Carmen Díaz Margarit: El sueño de la salamandra




Recibí un libro de Carmen Díaz Margarit, nos habíamos visto unos días antes tras muchos años de no coincidir y quedamos en que me enviaría El sueño de la salamandra. (Ars Poética, Oviedo, 2018.)  

He leído este libro con gran interés y me he encontrado con unos poemas, con libertad de metro, que andan, por una parte,  entre el lirismo, lo metafórico y la magia de una poesía plena de belleza y ritmo  y por otra parte con el dramatismo de su dureza y por la fuerza de su denuncia.  Este conjunto de poemas aparentemente tan dispares, en la lectura nos ofrecen, de fondo y de forma, una vía de salvación a través del amor.

Poema :   Bagdad, s. VII a. de X.

Los espíritus y las almas del amor son centenarios.
El primer hospital del mundo se fundó en Bagdad,
en la orilla del río Tigris de agua enamorada y joven
en el año 671 antes de Cristo.
Médicos y pacientes eran cristianos y judíos,
judíos y musulmanes.
La sanidad era universal y gratuita.
En la mezquita Kadhimiya
los niños se besaban con labios claros como nubes.

No había dolor ni odio entre los pueblos,
solo Marte brillaba con el color de la sangre.




El libro está dividido en tres apartados. En el primer apartado de  manera vehemente, incluso con rabia por la impotencia frente a las injusticias, violencias y abusos que se vienen produciendo desde que el mundo es mundo, Díaz Margarit crea, lo diré con palabras de la autora,  “una saga de poesía épica que transita el tema del maltrato y el abuso infantil desde el s. VII a.de C. hasta el s. XXI, en diferentes ciudades de Europa, Asia, África y Suramérica.” 

Denuncia, clama nuestra poeta y arremete contra todos aquellos que pretender anular voluntades, contra los que  que, sin importar los medios, se erigen en amos crueles, violentos, hipócritas, degenerados, fanáticos, según los casos, para obtener el fin que buscan.
En  el introito nos dice Diaz Margarit:” La explotación infantil, el fanatismo, la intolerancia, la violencia de género, el hambre o el mal son tan antiguos como la humanidad. La infancia es otra forma de marginación."


Poema: Mar Egeo, s. XI

En 1011,
los armenios del sur de Anatolia
se armaron de elegantes túnicas bélicas
para cazar esclavos cerca del mar Egeo.
En sabanas de ciervos y flores salvajes
asediaron mil niñas que ya no podrán florecer.
Los chiitas de Arabia aguardan la batalla.
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Y si en el primer apartado  nos muestra la dureza del tema, en el segundo  continúa tratando el tema del abuso infantil pero  desde la voz de una niña que ya, en la tercera parte , metamorfoseada, convertida en una salamandra que , nos dice Díaz Margarit;  es alter ego, espejo y símbolo, que atraviesa el fuego de la locura sin quemarse” Por este apartado camina la inocencia, lo lírico, la ensoñación, el deseo de un mundo de luz, mágico y de concordia  que, quiere “una palabra que construya arrecifes de esperanza.” ese es en definitiva, El sueño de la salamandra.

Buscando un poco de biobibliografia sobre Carmen Díz Margarit, de repente me he encontrado unas palabras de mi querido Juan Carlos Mestre para esta obra que, pienso, definen perfectamente este libro y la intención de este “ángel” que es su autora.  Dice Juan Carlos: “Siempre hay algún ángel civil, la desobediencia de sus ojos sobre la tierra de las profecías”. Y este “angel civil”  que nos dice Mestre, en desobediencia  y contra las injusticias de un mundo que profana la inocencia, la violenta y se lucra, además de despreciar lo diferente y no aceptar la igualdad.  Un libro de testimonio, de compromiso social que proclama y preconiza el sueño del amor  sobre todas las cosas.
Poema: Quiché, s. XX

El pueblo inca de Guatemala
prohíbe a sus mujeres mirar de frente a los hombres
en febrero de 2016.
El hombre blanco llama terrorista a Lolita Chávez
por elevar los ojos.
Una de cada tres niñas es violada cada día.
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Mostrar una realidad tan dura como salvaje, situarla en las diferentes épocas de la historia, nos quiere hacer ver que esa realidad  forma parte de este mundo, de existencia tan inhumana que no existe mejor medio para enfrentarse a él que con la desobediencia y la denuncia por una parte y por otra con el sueño del amor, de un mundo, en definitiva, mejor.  Y Diaz Margarit  con una cadencia a manera de letanía, de salmo o celebración del encantamiento de los sueños, como deseo o premonición o profecía nos advierte “de la destrucción  del planeta y de lo humano”  con esta tragedia  que se va suavizando según se avanza en su lectura sin perder su dramatismo pero ya revestida de lírica inocencia primero y de sueño  después, a través de los ojos de una niña, 

Poema:


Soy una niña muy bajita con un pelo recóndito y rizado.

Me desnudan y sólo una hoja de parra cubre mi abandono.

-Parece una Eva pequeñita- ríen los amigos de mi padre

 mientras enfocan el teleobjetivo

 junto al agua de un pantano gris y frío, metálico.


Cuando mi madre me encuentra levanta el aullido de un álamo


Y Carmen Díaz Margarit  nos avanza que: “El Libro II de El

 sueño de la salamandra, que se editará el próximo año, se ciñe

 con poemas de amor. (…) La esperanza de amar siempre, sienta lo 

que sienta el ser amado. El amor es la libertad pero transcurre en 

silencio.” y aquí os dejo un adelanto de ese Libro II:




Ardía en una hoguera de poesía y vanidades.
Mi siamesa telúrica me liberó del averno
y como Ovidio me transformó en salamandra.

En nada extraño vivo desde entonces.
Nada temo.
Sólo tiemblo ante el suave perfume de la rosa.

He vuelto de la muerte
con la furia de las Hespérides.

Me arrullo en la ternura de un amor sereno,
estrellas Sagitario me abanican.

Sueño que la injusticia de los hombres
no me arrastre de nuevo al suicidio.

Porque puedo contarte
aunque sea serpiente ante la rosa

que vivo de este amor y con su hechizo.
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De modo que lean éste, el primero,  de momento, hasta que se publique el segundo libro, y disfrutarán pese a su salvaje dureza y su plena denuncia. Porque  este libro va envuelto en sueños y deseos de construir un mundo mejor y eso solo el amor lo puede conseguir. Y esto me recuerda unos versos míos que dicen “Solo el amor nos salva, sin amor / anda perdido el eco de la vida. // Solo la luz alumbra, sin la luz, / oscuras, las palabras desvanecen.”

Poema:
La salamandra ciega camina con cuidado
a su salida del laberinto de Ariadna.
Se acuerda de cuando la yerba era musgo
y la felicidad trepaba entre las vértebras de la infancia.
con un florín corta la venda de sus ojos.
Se despide de Tánatos y el suicidio.

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Merece la pena leer este libro. Esperemos la luz del libro II y con ella el amor que reclama la autora para crear con él un mundo  más armónico, igualitario y justo.


Carmen Díaz Margarit (París, 1961) es poeta, crítica y doctora en Filología Hispánica por la UCM. Concibió su obra poética como un quadrivio de los elementos naturales: a la tierra, la gacela; al mar, la sirena; al cielo, la alondra, al fuego, la salamandra: Gacelas de la selva alucinada, finalista de Adonais en 1990, (1991); Perfil de sirenas, Premio Internacional de Poesía Barcarola en 1993, (1994). Tuvo una ayuda a la Creación Literaria del Mº de Cultura en 1995 y fue finalista del Premio Gil de Biedma en 1998, (1999).Orlando o el desconcierto de las alondras (1999),  y El sueño de la salamandra ( Ars Poética, Oviedo, 2018), fue finalista del Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández en 2019.  Por delicados motivos, sostuvo casi dos décadas de silencio poético. El sigilo editorial  apareció, como el Guadiana con Donde el amor inventa su infinito (2007). Es autora  de una obra de teatro: El loco y su pelícano (2019).  Su poesía ha sido traducida al inglés y al alemán.


                                  Manuel López Azorín