viernes, 27 de diciembre de 2019

Seudopoetas y Poetas: Noel Alonso Ginoris, un Poeta


Noel Alonso Ginoris, un poeta.





Noel Alonso Ginoris: un buen poeta joven cubano.

Es el tiempo de los "influencers" y los "youtubers", de los que  escriben poesía (¿poesía?) en las redes. Los llamados Jóvenes poetas donde algunos cada vez tienen más seguidores en las redes sociales y anuncian edición en papel de libros que se compran masivamente pero... ¿son poetas, seudopoetas? Es más, algunos, empleemos la palabra sucedáneo como adjetivo ¿son sucedáneos de seudopoetas.?

Luis García Montero hablaba de este fenómeno desde su perspectiva de profesor de literatura durante más de 40 años calificándolo de "muy interesante", ya que"la poesía siempre ha estado pegada a la vida y a las transformaciones sociales.” Pero también señalaba que "el tiempo de la poesía es el del reconocimiento, y es un tiempo mucho más lento que el de la mercantilización del usar y tirar" 
Y esto , en mi opinión,” de usar y tirar” se está dando mucho en las redes ya que  comunicar con temas acordes a los sentimientos actuales ha ido creando un nuevo movimiento, yo diría que de desconocedores de la poesía.
Muchos (no digo todos, afortunadamente, porque en las redes también se pueden encontrar poetas, sí, poetas jóvenes que han bebido de las aguas que nos han precedido y han leído mucho, siguen leyendo al tiempo que escriben y conocen la poesía y sus formas ), pero muchos, repito, suelen ser poetas novatos, sin haber apenas leído poesía ni saber nada o muy poco de los poetas que nos han precedido desde  un ayer muy lejano en el tiempo hasta  los poetas de los últimos cincuenta o cien años. Estos nuevos poetas saben poco de métrica, ya clásica ya tradicional, poco de verso blanco o de verso con libertad  y se lanzan a escribir poemas de sentimientos que expresan de modo breve y no con la emoción y el ritmo que debe tener un poema sino de manera simple, algo que en lugar de poema resulta ser un sucedáneo, quizá con  las mejores intenciones, pero sucedáneo  de poema. Muchos jóvenes, ahora, parecen gustar de estos intentos de versos simples, tal vez por andar acostumbrados a leer solo el titular, no ya la reseña y mucho menos lo escrito completo.(supongo que esto es producto de esta vorágine de prisas que nos marca la vida y especialmente la rapidez de las redes;  pero con la poesía no se trata de rapidez ni solo de sentimientos y tampoco de simplicidad, no debe confundirse lo simple con lo sencillo, con la difícil sencillez de un poema claro al tiempo que con hondura, con emoción), algunos se atreven a escribir incluso con métrica , a emplear la rima etc, pero no tienen conocimiento suficiente (a veces mucha ignorancia) y pueden decir que han escrito un soneto o una décima  y si lo lees te das cuenta de que fallan  con la estrofa y por lo tanto ni es soneto ni décima. Otros, los más,   se dedican a escribir  en la forma del llamado verso libre, pero escriben un texto, que parece cortado a pedazos, breve generalmente,  con demasiadas cacofonías y careciendo de ritmo y, si acaso, con un mínimo de valor poético.

Para escribir poesía o para dedicarte a cualquier otra disciplina, es necesario aprender , un arquitecto no se dedica a hacer casas si no ha aprendido a que no se le caigan. Un albañil tampoco levantaría un muro, una pared, si no aprende primero.
Afortunadamente esta moda, que yo creo pasajera y que acabará cuando las grandes editoriales dejen de publicar, solo por motivos de rentabilidad, quedarán los poetas que sí lo son de verdad.

Aquí os muestro el ejemplo de uno de estos poetas jóvenes que podéis encontrar en las redes y que demuestra conocimiento , buen manejo del lenguaje, muchas lecturas y además, en sus poemas, buen ritmo y emoción.


Noel Alonso Ginoris: Como un monte que derrumba  

Conocí a través de las redes  a un poeta joven llamado Noel Alonso Ginoris. Leí algunos poemas de este muchacho,  creo que pertenecían al libro Diatribas y me pareció que aquellos poemas breves, pero intensos, eran como gritos silenciosos, como sueños para abrazar la utopía,  como estallidos que  quisieran  mostrar, con la presencia del agua y de la tierra, de la isla, el triste y hondo sentido de la vida: En mi isla hay tres equinoccios /// Dos / para que tu piel / acepte un cambio, / uno / para la utopía./// A todos les duele / el fallecido gesto de las hojas, / irremediable vendaval de la espera./// Tres equinoccios para forjar la paciencia.
En aquellos dos o tres poemas que leí, andaba, como una raíz  en la tierra,  en la isla. La isla como metáfora de alguien que la contempla y se contempla a sí mismo en ella y siente la sensación de ahogarse en las aguas que la rodean y al mismo tiempo de anclarse en ella para siempre, entablando una lucha interna, un desmembramiento desdoblado de sí porque anhela ser proa  y ser ancla: Desmiembra un brazo, / el otro si lo necesitas. /(Córtalos  desde la raíz, no dejes huesos.) / Toma mi cabeza, / piensa. /(Necesitas proa.) / Toma mis ojos / y las palmas de mis manos./// Desangra todo:/ haz  remos, / quillas / y caminos. ///Si fueras ancla…
Noel Alonso Ginoris, nació en Cárdenas, Matanza, en 1995 (Cuba). Estudió Filología Hispánica en la Universidad de La Habana. Actualmente estudia la licenciatura en Ciencias Sociales y Humanidades en el centro de estudios eclesiásticos Padre Félix Varela. Tiene varios estudios literarios publicados en diversas revistas dentro y fuera de la isla.

En poesía tiene publicados De las olas (2017) y Diatribas (2018), ambos por el sello editorial chileno Verbo(des)nudo 
De momento en su isla parece no haber publicado ninguno. Tiene inéditos varios libros: Antífona. Las causas de la humedad. Humareda. Ejercicios de respiración. Debe estar cerca la guerra y Las alimentadoras.
Hace un mes me envió un libro suyo titulado Como un monte que derrumba, lo envió en  Pdf.(como no leo muy bien el el ordenador, lo mandé imprimí)  y que, parece ser que  va a ser publicado   en La Habana a través de Kénosis  Ediciones en el primer trimestre de 2020. (En la teología cristiana la kénosis es el vaciamiento de la propia voluntad para llegar a ser completamente receptivo a la voluntad de Dios. En esa espiritualidad, casi mística, que nos habla de vaciamiento, desasimiento, anonadamiento  del alma, ¿cabe también el despojamiento, el desapego terrenal o el apego a la raiz?


Buscando noticias de este muchacho a través de las redes me encuentro con este poema de Noel Alonso Ginoris que nos habla de la familia y de la patria y con unos versos que nos dicen:”Abuelos desnudos / frente a la palabra patrias / y el olor de las cosas perdidas” poema que pertenece a su libro inédito Antífona.
Dejo aquí el poema completo: IV.-“Los abuelos desnudos frente a la palabra patria / cómo tallar la consigna preterida / la esencia digna de las cosas / el enigma del enemigo. / repito con exactos silencios / los himnos distanciados / regreso a la palma sin la palma / regreso a la descripción de la palma del patio/ en alguna foto de los años /// ahora pasa mi abuela y toca madera / y todos nos llevamos las manos a la cabeza / la palma no está / aquella palma negra /// repito / el líquido de los mangos de oro / el elixir de los agostos /// repito / claramente la primera frase de la odisea / y mi padre abre su pecho y bota un mar ///  ay divina la teodices del vencido aquel / el paraje ancestral que separa / finamente / la angustia y la arena /// abuelos desnudos frente a la palabra patria / y el olor de las cosas perdidas ///  abuelos reciclando descripciones / para llenar el espacio siniestro /// repito / milenarias instrucciones / y se llena / la palabra casa / de sílabas incomprensibles ///  cierro la puerta / y abro los ojos.”
Profundo poema donde el autor parece revelarnos  el hondo instante  que  nos muestra la vida. Y me recuerda algo a mí  la poesía de Noel Alonso Ginoris  a raíces románticas o neorrománticas  entremezcladas con un vanguardista irracionalismo cargado de simbologías, a veces surrealistas, y con una carga social realista implícita  en ese diálogo en el que los referentes, desde la poesía clásica hasta ayer y las voces del presente,  andan juntos  formando una especie de poesía de conciencia y de liberación personal que llega a colectiva, envuelta  en una resistencia de la costumbre del presente y de la herencia del pasado. Una voz joven y sin duda  de mucho interés.
Los dos libros que ha publicado han sido bajo seudónimo (por miedo, dice,  al demasiado amaranto (superalimento del yo?) cubriendo las paredes de la casa-isla).
Es también coeditor y traduc­tor de la gaceta mexicana “La Experiencia de la Libertad.”  En esta gaceta mexicana he visto publicados bajo el título de “Antífona” unos poemas de este joven cubano.














Nos cuenta Noel Alonso Ginoris (en una entrevista  de Elaine 
Vilar Madruga  hecha el 11 de junio de 2019  en “Arte joven 
cubano”), que he encontrado en Facebook ), que en su caso “la poesía es autorreferencial, aunque mi Yo es más expansivo que individual. Mi cuerpo es mi patria, donde soy libre, y la poesía es la lengua sacra que desmaterializa todo y arma el corpus idílico que yo deseo. Mi cuerpo es también una isla, una soledad, una amalgama de lenguas y hombres en toda mi soledad. Pero soledad al fin. Sin fronteras y con oleaje. Y mi cuerpo-isla tiene oquedades insondables.”

En la revista “La Libélula Vaga”, dirigida por  Aleisa Ribalta Guzmán  que de forma digital nos la ofrece desde Suecia, donde reside, he leído también algunos poemas de Noel Alonso Ginoris, poemas como este titulado:  Puertaque pertenece a otro libro inédito suyo titulado Las causas de la humedad.

Tengo el corazón lleno de puertas / cerradas / puertas./ Grandes ojos en el corazón/ de la puerta/ negra./ Mi corazón tiene puertas/ todas miopes torpes/ todas/ oscuras de grito/ oscuras/ puertas/ cerradas.///


Tengo un corazón/ que late / cerrado en cáncer/ corazón/ cerrado/ que late siempre/ botando al corazón/ por el cerrojo.//
Puertas /que ocultan / toda mi boca / deformada en un grito/ oscuro/ metálico / grito/ seco estoy/ seco.///   Corazón que cambia / dentro de otro corazón / con muchas puertas/ y rodeado de muros.//   Mis dos corazones /
mis dos muros /  confundidos siempre / con / cerradas/ puertas
.”
El libro que me ha enviado,  Como un monte que derrumba, se abre con una cita del poeta  cubano José Martí (considerado por los cubanos como “el maestro”), que fue  precursor del Modernismo en Cuba particularmente en sus Versos libres “donde defiende el valor de la originalidad de la poesía nacida de las entrañas” La cita, de la cual Ginoris saca el título de este libro, dice así: Mañana como un monte que derrumba./ De noche y en sigilo su eminencia – / Como un vaso de aroma roto y hueco / caeré sobre la tierra.

Noel Alonso Ginoris dice temerle a los silencios y los vacíos.  Espera la lluvia, llueve.  Y nos ofrece este poema que pertenece al libro inédito  Antífona:

XIII.-llueve sobre la ciudad    el último hombre le teme a la lluvia. dónde el sonido    cómo escuchar los nombres de las cosas mientras la lluvia moldea los límites   para qué el corazón del último hombre. los sátrapas encontraron la ecuación para digerir las tormentas   el último hombre        no mueras, te amo tanto      el terral rompe las costillas. rugido. ci(s)ma. el último hombre    sus autos de exilio    sus orantes retornos      sus muertes siniestras… mientras tanto   llueve sobre la ciudad
Cita a Cesar Vallejo, aquel del jueves y la lluvia en París, aquel del poema “Masa”… aquel que hizo al hombre, ya cadáver, levantarse y echar a andar.  Dice también que, “Contra todo pronóstico, mi (su) poesía insiste siempre en respirar” y es posible que recuerde estos versos de “El maestro”: Si ves un monte de espumas, / es mi verso lo que ves:/ mi verso es un monte, y es/ un abanico de plumas.  O tal vez recuerde estos otros versos, también de  José Martí: “Yo vengo de todas partes, / y hacia todas partes voy:/ arte soy entre las artes;/ en los montes, monte soy. Y, mientras tanto yo voy leyendo aleatoriamente este Como un monte que se derrumba y me encuentro con estos poemas:

LXVIII.- en mi cabeza está la puerta del monte. es mi cabeza puerta 
cerrada. en mi cabeza/ en mi monte está la puerta cerra­
da asfixiada muerta. la llave está en mi lengua man
­sa-torpe. mi lengua perdida. mi lengua obligada a ser la
llave de mi cabeza-puerta continuo ausente de fronteras y de símbolos.

LXVI.- me duele el cuerpo de ciudad pero me mastico entero
para evitar las diásporas y volver a los florecimientos.
A Noel Alonso Ginoris  ya isla, ya puerta, ya monte podría aplicársele, dentro de su poesía, un lenguaje novedoso que, partiendo de lo clásico y del presente, nos habla con imágenes y símbolos  que parecen llevarnos, como reflexión, a la búsqueda de la soledad, del aislamiento en soledad para encontrar, quizá, el sueño de la luz, la esperanza de un renacido florecimiento.

LXIV.- comprobar lo extraño del florecimiento será al final la
más bella y triste inocencia de lo envejecido.

LXIX.- hurgando los ejes del monte descubro la nada entre las malezas. se abrevian las arterias de lo eterno y potente sobre las cabezas un manto cubre la escena. afuera llueve en otro idioma y la sonrisa se restaura como la carne de perro. del monte entonces la cifra espesa de lo eterno.

LXX.- mañana será invierno de nuevo y las fatigas del país-ciu­dad las primeras cáscaras rotas de la ablación. de lo transferido en el anverso de la historia solo diré los kilómetros inmerecidos la faena sutil del cruel emigrante que olvida su caducidad. mañana será invierno de nuevo y nadie parece estar listo. de mis extremos brillan las permutaciones de las pústulas que deja el olvido. tanto azar en la estación o la gramática de las mil voces vacías. mañana como un monte que derrumba seré invierno en todas mis plantas y los nimbos del país-ciudad serán el manto tenebroso de la espera.


Como un monte que derrumba  me parece a mí  un acto doloroso para tratar de entender, averiguar, el mundo y un ejercicio de memoria  (esa materia de los sueños que es la memoria, para el lenguaje y para la vida, la disidencia máxima) Averiguar el mundo desde los conocimientos pragmáticos con un lenguaje misterioso que, al tiempo, busca un proceso que visibilice el desafío poético y revolucionario de todo acto creativo

Suele decir el poeta Juan Carlos Mestre ( al que yo nombré 

siempre, desde que le conocí a finales de los años ochenta, como 

“un valor en alza”. Ahora es ya Premio Nacional de Poesía), que: 

“Las estrellas para quien las trabaja”  y la labor del poeta  es 

constituirse en memoria del ayer, dar testimonio del ahora, ser la 

voz de la conciencia humana estando, siempre, ya en la claridad, 

ya en el misterio,  del lenguaje, bajo las estrellas y junto a la materia de los sueños para traer “a lo visible lo invisible”: 

la Poesía. Noel Alonso Ginoris sueña vivir en la patria del cuerpo, escribir desde las entrañas, situarse en el equinoccio del cambio y en el de la utopía, ser timón o ser ancla, respirar, respirar y   buscar el espacio, la puerta abierta, el monte que no derrumbe.    O como dice  Noel en uno de sus poemas titulado “Espacios” en el que el poeta se duele de no tenerlos  y termina pidiendo clemencia porque parece soñar con un nuevo florecimiento.

Yo me quedo con los versos del poema “Espacio”  (perteneciente al libro Las causas de la humedad), que contienen  sus deseos más florecidos:” Quiero espacio/ para que florezca la raíz” (…) Quiero espacio/ en mi cuerpo / para que nazca / lo innombrable./
Para que ese niño que lleva en su interior hecho de fuego encuentre y se abrace, no ya la amarga duda, sino la dulce luz de la poesía que al fin y al cabo es la luz de la vida.





Y mientras acabo esta entrada para 

incluir en mi blog y difundirla, me 

entero a través de Facebook  que ha 

tenido una Primera Mención en el 

Concurso Nacional Mangle Rojo de la 

Habana (Cuba)  con su libro Etica a 

Garrotevil, supongo que 

será su último libro escrito y que al 

tener esta Primera Mención habrá que 

pensar que , por fin, publique en Cuba.


En fin, como decía al principio, hay sucedáneos, seudopoetas y poetas y Noel Alonso Ginoris  es uno de esos poetas de verdad.

                            Manuel López Azorín 





sábado, 14 de diciembre de 2019

Javier Gilaber: "En los estantes"





Javier Gilabert: En los estantes



Javier Gilabert Sánchez (Granada, en 1973.)  Nos cuenta su ficha bibliográfica que “está casado y es padre de dos hijos. Maestro –desde hace cuatro lustros- y avemariano –desde siempre- en activo, ejerce esta labor en la que cree fervientemente en el Ave María de la Quinta, donde disfruta trasmitiendo su amor por las palabras a unos alumnos de los que afirma aprender cada día.”

Para Javier Gilabert la poesía es una pasión que alentaron sus primeros maestros. Su primer poemario, De PoeAmario (Ed. Círculo Rojo, 2017) Los beneficios del libro, los donó íntegramente al Fondo Solidario Avemariano, ONG que trabaja por los niños más desfavorecidos de la comunidad educativa de los colegios del Ave María.
 Es también copromotor junto a Alicia Choin de la antología de textos contra la violencia machista Granada no se calla (Esdrújula Ediciones, 2018), otra iniciativa con un marcado carácter social y solidario, en la que además participa con un poema
.
Forma parte de la antología Caballo del Alba (Diputación de Granada, 2018) dedicada a Federico García Lorca.

Colabora asiduamente con la revista granadina de cultura “Lumbre” y con la de cultura andaluza www.secretOlivo.com, en la que conduce la sección “Entre2vistas” junto con el también poeta Fernando Jaén.
En los Estantes (Esdrújula Ediciones. Granada, 2019) quedó finalista del II Premio de Poesía Esdrújula, cuyo jurado estuvo compuesto por Ángeles Mora, Antonio Praena, Raquel Lanseros y Joaquín Pérez Azaústre.

Suelen decir los psicólogos: “leer está repleto de beneficios para todo el mundo.” Y se ha descubierto que este hábito: “tiene un impacto tal que puede conseguir que la forma en la que tu cerebro opera cambie.”  Es decir que  según esto Borges no andaba muy descaminado al decir que: “Somos lo que leemos”

Todo lo que encierran los libros forma parte de la vida y  de su realidad, se podría decir que forma parte de una realidad trastocada en realidad literaria o poética, en una ensoñación imaginativa, en una memoria selectiva, en fin que la “materia de los sueños” que es nuestra memoria nos muestra en los libros  historias que los lectores, a través del tiempo, vamos acumulando, guardando  con nosotros por medio de los libros leídos. Es decir lo hacemos nuestro.

En los estantes de Javier Gilabert, creo que es el producto de todo lo dicho anterior y más. Me ha parecido un hermoso, sosegado,  sereno, nostálgico y, en ocasiones, melancólico libro de metafísica realidad que parece buscar ese "no se qué que queda balbuciendo"
del que nos habló nuestro más conocido fraile (que por cierto  hoy 14 de diciembre, los poetas, la poesía, debemos celebrar.)  
Sus poemas contemplativos escritos desde el Amor y con Amor, dentro de una realidad que la vida y la  “materia de los sueños”  han trastocado en realidad poética de pensamiento y de corazón donde el poeta asume que en la estantería-vida quedará, en su momento, toda la luz  y toda la sombra de lo escrito, de lo vivido.

“Y yo me iré…” que nos decía Juan Ramón Jiménez, partiendo de su realidad: “Y se quedarán los pájaros cantando”; pero no seguirá todo igual porque algunos lectores se acercarán a esa estantería leerán ese libro y, siendo de él, lo harán suyo, de los otros y ya  no  estará, como cantaba el poeta de Moguer: “solo, sin hogar, sin árbol / verde, sin pozo blanco, / sin cielo azul y plácido”

La realidad, como la verdad, no contienen un valor absoluto y Javier Gilabert, asumiendo que su realidad, al igual que la de Juan Ramón, es que un día nos despedimos del mundo, de la vida, de los libros y de sus estantes, nos dice: “Cuando llegue el momento me posaré a su lado” 

Y con una cita de Javier Egea: Hoy solo sé que existo y amanece

se abre al canto vital del día y comienza el primer apartado, “La 

mudanza”, de este libro.

La vida, la poesía, desde la contemplación interior, desde un sueño o una idea o una creencia que nace y parte del amor y con amor, en el más inocente y puro sentido de inocencia,  se transforma y desde esa realidad del poeta que es solidario, tolerante, fraternal, tierno generoso, humano…volcado su pensamiento en vivir, escribir desde el Amor y con Amor, se dice:  Me escribo en un intento de saberme /  Me nombro entre las líneas de unos versos

Y construye  vida, los pequeños detalles, las cosa cotidianas, las personas que ama...  las almacena en las páginas “El patio”, “el bonsái”,”los juguetes” “La puerta” “la mudanza”, “La compañera de piso”… “El poeta, cansado, / sobrevive a la luna / en un mundo de sombras / que lo acechan sin tregua” (…) “No descansa el poeta / sobrevive a la luna” 
Y se “sorprende de que quepa / la vida en los estantes

“La estantería”, el segundo apartado del libro se abre con una cita de Jose Ängel Valente que nos dice: De ti no quedan más que estos fragmentos rotos y por el pensamiento y el corazón del poeta se suceden poemas al hijo : “Fuiste mi primer verso / el más cierto de todos”, a la hija: “Ella juega en la arena / vestida solo con una sonrisa a la cuna donde duermen mientras la vigilia paternal ama y teme, ríe y llora al tiempo. 
Y todo es un canto de amor y vida, las cosas  pequeñas, cotidianas, a veces fáciles y a veces complejas  que la conforman, el canto a la madre,   al Amor. 
 Sí, un canto de vida abrazado a la melancolía y a la esperanza,  desde el mirador del tiempo sucedido.
  Antonio Praena nos dice en el prólogo: Desde esos ojos inocentes, con Gilabert vamos a asistir a la visión de los libros como pájaros dormidos sobre un árbol seco. Afirma el poeta que un día se posará con ellos. Esta visión anticipada de la muerte hace, sin embargo, que sea la vida quien salga triunfante.
El tercer y último apartado: “Los libros” se inicia con una cita de Claudio Rodríguez : Si tú la luz te la has llevado toda,  / cómo voy a esperar nada del alba.
En su poema final nos dice Gilabert: “La vida me regala en un latido / la paz que en una vida me ha quitado /
Claudio Rodríguez  dice en el primer poema del libro” Don de la ebriedad” : Siempre la claridad viene del cielo / es un don
Gilabert toma los versos de este poema  como cita para este apartado final, que es el don de vivir y de escribir, a la búsqueda de esa luz, de esa claridad que, llegue desde donde llegue, alumbra y, a veces, se queda  en los estantes.                           
Javier  contempla los estantes, los libros  y siente que hay vida en ellos y que esa vida se ha ido quedando dentro, en las páginas de los libros y escribe: La vida me regala en un latido /  la paz que en una vida me ha quitado.///
Comprendo en ese instante en qué consiste  / ser uno y no ser nada al mismo tiempo.”

La vida nos ofrece estas contradicciones, especialmente cuando nos enfrentamos introspectivamente, en la reflexión, la meditación,  al fin de una etapa o con la muerte y la luz, la claridad, se torna sombra, melancolía, duda, misterio: Si tú la luz te la has llevado toda /cómo voy a esperar nada del alba Y ante esa reflexión no queda otra que resistir, amurallar la inocencia con pensamiento solidario y seguir ofreciéndose y esperar la claridad y con ella elevar el vuelo, con la poesía, por si se consigue darle "a la caza alcance"



En el poema Claudio nos decía que la claridad siempre viene del cielo, que es un don, que no se  encuentra entre las cosas, que está muy por encima.

Y le llega al poeta, como un misterio, como un milagro inexplicable, la claridad, la luz, Siempre el misterio de la poesía, del yo interior, siempre a la búsqueda de la luz en la vida, en las acciones, en las palabras, en los libros.  

Termino con unas palabras, de Antonio Praena escritas en el 

prólogo: Si los estantes son árboles, los libros son pájaros, y, 

aunque el libro de nuestra vida esté llamado a posarse, como si de 

un nicho se tratara, en estos estantes, lo que en realidad 

permanecerá es el hecho de que somos libro y volamos como 

vuelan los pájaros.

La esencia de las cosas pequeñas en un libro, plenamente desnudo, con vocación de alas para, tal vez mañana, echar a volar, como dice el poeta Praenacomo vuelan los pájaros.




                                         Manuel López Azorín

lunes, 9 de diciembre de 2019

Marta Marco Alario: "Las flores y el yelmo"



Marta Marco Alario: Las flores y el yelmo




Marta Marco Alario  (Guadalajara, 1979) Es narradora y poeta. licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Durante 2002 y 2003 realizó trabajos de investigación en el campo de la Literatura Oral en el Instituto Universitario Seminario Menéndez Pidal mientras los simultaneaba con sus estudios de Doctorado en Literatura Hispanoamericana. Desde 2004 trabaja como profesora de Lengua Castellana y Literatura en el I.E.S. Complutense de Alcalá de Henares, Madrid
Hasta la fecha (además de publicar en libros colectivos, escribir un prólogo a libro de Valentin Martín: Paliques y palomas, y de obtener  sendos premios de relato, uno en Sevilla y el otro en Castellón de la Plana), ha publicado tres libros, uno de relatos  y dos de poesía.


Narrativa: Heredarás esparto y otros relatos (Lastura, 2018)
Poesía: El libro de los estorninos (Aache Ediciones, 2017) y  Las flores y el yelmo (Huerga y Fierro editores, 2019) que es el que acabo de releer.


La nota editorial de este libro nos dice: “Á.F.A. son las letras que salpican este tercer libro de Marta Marco Alario y que responden a las iniciales de Ángela Figuera Aymerich, poeta que ha inspirado estos versos que se reparten en dos desiguales capítulos para representar lo que la autora entiende como el gran dimorfismo  (lo que se presenta con dos formas diferente en los vegetales y animales) femenino. “

Así pues Marta Marco Alario comienza Las flores y el yelmo con una cita general para todo el libro: “Pero mis versos nacen redondos como frutos / envueltos en la pulpa caliente de mi carne”. Son versos de Ángela Figuera Aymerich, la  mujer de barro, su primer libro publicado en 1948 y que fue reconocida como una  poeta de la primera generación de postguerra dentro de la llamada poesía del desarraigo.
La poesía del desarraigo que surge en los años cuarenta  cuando algunos poetas, en lugar de escribir poemas evasivos para eludir la realidad de aquellos años, comenzaron a publicar , hablando de la realidad, dando testimonio de lo que acontecía , escribiendo una poesía rehumanizada, existencial, de desarraigo ( Rafael Morales, Dámaso Alonso, José Hierro, Blas de Otero) aparece Ángela Figuera, con influjos de Machado y Juan Ramón pero con una visión del mundo marcada por su condición de mujer feminista y rebelde, una mujer  que es esposa y madre y al mismo tiempo reivindica un cambio social y tras una etapa de poesía de desarraigo, existencialista,  pasó a escribir lo que luego se dio en llamar poesía social y se convirtió, junto a Blas de Otero y Gabriel Celaya, en la primera mujer que desarrollo este tipo de poesía.



Todo esto que os cuento viene a colación con este gran homenaje  que Marta Marco Alario  le hace a Ángela Figuera Aymerich, y se identifica,  reivindicándose al hacérselo, con los postulados de esta poeta en este libro:  Las flores y el yelmo.
A esa primera cita general, les siguen unas quince citas más dentro de los cuarenta y seis poemas que forman la primera parte del libro: “Las flores” y una cita más para iniciar la segunda parte que consta de un solo poema:”El Yelmo”
El lenguaje de Marta Marco Alario es claro, cotidiano, existencial y solidario; intenta que su mensaje llegue a la mayoría y además de claro, como conoce bien el lenguaje, también dentro de reivindicar su condición de mujer: “Soy una mujer de tiza. / Y me desgasto. / Y me rompo. Nos dice mientras que, escribe su nombre “con letras de sombra y agua”,  y  defiende su condición de madre, de persona… y ahí está: “llena de otoño / con las uñas / los ojos / y los labios pintados,/ con boina, / bufanda, / abrigo de paño / y flor en la solapa. / Y si me pilla el invierno / que me pille pertrechada.”
Y es lo que hace este sujeto poético, el confesional sujeto que es Marta Marco Alario, que se nos muestra externa e internamente con su ramo de abrazos y caricias, de flores plenas de aromas, de colores y de intenciones que despierten conciencias y defienda la igualdad para todas las personas, por todo el libro y protegida, al tiempo, por un quijotesco yelmo, frente a los posibles ataques que infringen la vida y la condición humana.
Una mujer que aparentemente parece frágil, delicada, porque es delgada y menuda y resulta que es  de una gran fortaleza, una mujer combativa. defensora de la cultura , de los valores humanos , defensora de la poesía  y una luchadora tenaz  en pro de la mujer.  Una mujer con la delicadeza de las flores, con su dulce fragancia y su hermosura cromática pero con la fuerza de su mente protegida, metafóricamente, con el yelmo para defender lo que siente, lo que quiere, lo que sueña y defenderse, porque ella también, como Blas de Otero, busca, pide, la paz, con la palabra.

Una  poesía la de Marta Marco Alario  que nos muestra con la fragancia de sus flores y del amor:” Tus ojos se vuelven brazos / y me cobijan / cuando temblando de frío, / los míos se empapan de lágrimas y nos conmueve y nos emociona  y antes de ofrecernos el último poema, ese del yelmo que comienza diciendo: “Soy una mujer de tiza. / Brizna de polvo / que flota y a veces relumbra” para concluir, como escribí al principio: “Soy una mujer de tiza./ Y me desgasto./ Y me rompo.” Nos ofrece, digo, como “una lluvia de oro”, como una “dama danzante”, como una orquídea  de múltiples y diferentes especies, el poema “Oncidum” : “Y aunque seas / marca de agua / que se diluye / en los márgenes / del poema, / brotarás / manantial,/ mujer,/ y serás / torrente / que desemboque / sin ruido / ni furia / en los versos / redondos / del dueño del mar."

 Tras este verso manriqueño y existencial y tras esta relectura de un libro que ofrece y reclama lo mismo para todos sin diferencias  de ningún tipo, más que llegar a ese mar  parece que nos lleva hacia el alba y… “Amanece. /// El calor golpea mis mejillas / y son mis ganas de vivir / las que florecen entre mis dientes / mientras los pájaros / sobrevuelan una mañana/ que se precipita a la alegría."
Y concluyo con esta nota que he encontré junto al libro donde Huerga y Fierro Editores anuncia este Las flores y el yelmo porque me parece que en ella nos muestra la autora todas sus sensaciones, todas sus intenciones: “Las flores se construyen sobre resortes sensoriales; ojos que nos miran, brazos que nos abrazan y manos que nos acarician, pero sin dejar de ser nunca flores cargadas de semillas que germinarán y no necesariamente en otra flor, porque esta femenina poesía pretende sembrar, por encima de todo, fuerza, pero no cualquier fuerza, sino la de la psique, de ahí la necesidad del yelmo, que será lo que proteja a la guerrera de perder la cabeza en cualquier batalla, aunque la poeta esté hecha de frágil tiza.”
Un libro, en fin, este de Marta Marco Alario   que , como Ángela Figuera Aymerich, defiende, reivindica, su condición de mujer, de madre y , añado, de docente, en un mundo en el que la igualdad ha ganado terreno desde aquellos años cuarenta de poesía desarraigada; pero que, esa igualdad, no termina de hacerse efectiva, de ahí lo del yelmo como metafórica forma de protección y de blindaje en esta polimetría de versos blancos que parten de lo clásico y lo tradicional en sus formas pero adornados con el lenguaje del momento.


El domingo 22 de diciembre de 2019 a las 18,00 horas
en el Café Libertad8 C/ Libertad, 8 de Madrid
y dentro del X Ciclo de Versos sobre el Pentagrama

de Rafa Mora y Moncho Otero,



Estos cantautores-poetas, mis preferidos de siempre y ya son muchos años queriéndoles y admirandoles por su magnifico trabajo de creación,tanto musical como poética y de difusión de la poesía hecha canción, con un proyecto (antes, hace años,  y ahora desde diez años para acá, con Versos sobre el pentagrama), pedagógico, riguroso, ameno, divertido, magnifico que fomenta la lectura y difusión de la poesía.

El 22 tendrán como poeta invitada...
Marta Marco Alario que nos presentará su nuevo libro: 

Las flores y el yelmo (Huerga y Fierro, 2019)





                   Manuel López Azorín