viernes, 18 de mayo de 2018

Armando Silles Mclaney: "Aire verdadero"





-Armando Silles Mclaney: Aire verdadero






Armando Silles Mclaney (Madrid, mayo del 68), es profesor de literatura y ha realizado una edición de autor de este su primer libro publicado que titula Aire verdadero. Este es, como he dicho, su primer libro; pero Armando Silles lleva muchos años en el mundo de la poesía, ha participado en muchos recitales, en programas de radio y ha publicado poemas  en revistas…
Hasta la publicación de Aire verdadero, su obra estaba más o menos inédita, aunque ha formado parte de varias antologías de poesía actual como son “Aldea poética” en sus ediciones  IV, V y VI y la antología colectiva “Haikurrelatos”.
Silles Mclaney es también un agitador cultural, como organizador de conciertos, recitales de poesía, emisiones radiofónicas, lecturas… En la emisora Radio Utopia viene dirigiendo un programa “Olvida tu equipaje” desde hace ya mucho tiempo.

 
Aire verdadero es pues su primer libro publicado y al tiempo la recopilación de gran parte de su poesía  en este volumen, es el fruto de un poeta, como dice en su contraportada:“un hombre que, por su camino, por su vida, va encontrando miradas, manos que se tejen, compañeros de sendas y alguna que otra injusta ignominia.”
Los poemas que forman Aire verdadero, están divididos en cuatro apartados y un epílogo en los que el autor trata las temáticas amorosa e intima, existencial, social y una última parte titulada “Los poetas locos” en la que el autor se pregunta para qué sirve la poesía: “Si la poesía arreglara algo, / si fuera la solución a los asuntos,/ Si nos rescatara de la muerte / yo escribiría.”


Pero el poeta sabe muy bien que la poesía, que es algo indefinible, entendida como compromiso no arregla nada ni soluciona los asuntos, pero agita conciencias. La poesía existencial nos deja siempre en duda permanente y nuestras preguntas se quedan sin respuesta verdadera porque todo son supuestos. Y la poesía íntima o confesional quizá nos haga conocernos mejor pero no nos salva de ser como somos, en cualquier caso es la poesía amorosa la única que parece acercarnos a la claridad de la luz  y digo acercarnos, no estar en ella, porque su antónimo, el desamor juega a la contra alejándonos de esa luz que vivifica y salva. La poesía, entonces, cuando toca la luz del amor, que es lo que mueve el mundo, sirve; pero su acercamiento resulta tan difícil que el amor, ni en lo amoroso ni en lo confesional e íntimo ni en lo existencial ni con el compromiso nos sirve para cambiar el mundo.

Y sin embargo, Armando escribe, y… ¿por qué escribe Armando? Porque sabe también que la poesía aunque no sirva  para nada de lo anterior ni para rescatarnos de la muerte, sabe bien digo, que la poesía es conocimiento y como tal sirve porque el poeta enuncia, verbaliza, el poeta busca conocerse a sí mismo y conocer a los otros. Es también comunicación porque el deseo del hombre, del poeta, es comunicarse con los demás, establecer comunión con los otros. 


Y sabe el poeta que la poesía es participación y revelación y salvación. Porque lo que busca el poeta es que los lectores, al leer, participen, interpreten, sientan, hagan suyo el poema  y lo que encuentra el poeta al escribir el poema, en ocasiones, no en todas, es que la poesía, inexplicablemente, le revela cosas, esto es más o menos lo que José Hierro me decía a mí hace muchos años en relación a la ella: “La poesía dice mucho más de lo que dice el poeta” y finalmente es salvación porque el hecho de escribir se produce siempre o casi siempre como necesidad, necesidad de conocer, de comunicar, de participar, de comprometerse con el tiempo que le toca vivir, de buscar en la palabra la luz que nos traiga la magia de su misterio, de salvarnos de todo  aquello que en la vida nos produce miedo, duda, incertidumbre, desasosiego, impotencia, dolor, de encontrar la alegría….
 
Necesitamos la poesía (aunque no sirva para arreglar el mundo ni cambiarlo) para tratar de encontrar esa luz, como espuma  que nos alumbre  por encima de la ceniza del ser humano y encontrar junto a esa luz el amor. Un amor que traiga la luz al mundo y la paz y la igualdad y la justicia , un amor  que traiga la fraternidad, un amor en fin que se alíe con la vida y lo hace con una poesía de claridad.
Y esto, todo esto, pretende ser Aire verdadero, intimismo y poesía confesional : “Todas las mañanas despierto / y veo mi imagen / ceniza del no,/ naufragio del otro,/ silencio ocre de las mañanas / en el espejo.”
Y quiere ser ebriedad del amor mientras no habla de la pareja, de los padres, de la hija: “Que tu mundo sea mi mundo / y mi mundo patria de tus besos, /  y cuando el tiempo acabe /tú seas mi último suspiro / y tus brazo sean mi última morada.”
Y saber que es conocimiento y comunicación: “Hablemos antes de que sea tarde: /quizá la vida es volver / o quizá permanecer. Seguramente/ la vida es empezar.”
Y decirnos que es compromiso dar testimonio:”Tiene que haber / entre todos los días uno / en que no haya la horca ni el fusil, / que haya días de respeto,/ días de alegre rebeldía.”
Y el poeta se aferra a la vida porque sabe que lo existencial empieza con la duda y termina con ella:  “Y te agarras a la vida /contra el cauce malhadado / del camino; (…) te agarras a la vida, / te subes a la orilla, te agarras a la vida.”
Todo esto lo encontramos en la poesía de Armando Silles Mclaney porque como dice el prologuista de este libro, el poeta Enrique Gracia Trinidad:  Armando nos lleva, con mucha sinceridad, por este Aire verdadero “ De la confesión íntima al poema amoroso, de la experiencia viajera al conocimiento del entorno próximo, sea político, profesional o literario, del beso a la herida, de la caricia dulce al golpe seco…Todo esto tiene cabida en este libro de tantos rostros como sólo un hombre sincero puede tener”
Y Armado se abraza con fuerza  (porque a él “le enseñaron que decir la verdad es bueno”) a la búsqueda de la revelación y la salvación: “ En el humano vivir /no hay mayor placer / y sentido que no dudar,/ buena comida, besos / y abrazos, / una copa,/ la niña llorando, /  la siesta y un libro,/ el perro que ladra,/ el mar, / aire verdadero.//// Luego está la Arcadia, / lo ideal, lo imaginado. Elige.”

En fin, Aire verdadero es la sinceridad absoluta, la búsqueda de la luz, de la espuma que se eleva sobre la ceniza del hombre y del mundo que quiere crear a su alrededor y que pretende que sea un mundo de paz, de igualdad, de justica y de amor.
                                         
                      Manuel López Azorín
                                              

viernes, 4 de mayo de 2018

Memoria poética. Elvira Daudet IV La Dama de la poesía española."



Memoria poética.
Elvira Daudet IV (y última parte): La Dama de la poesía española.




Elvira Daudet ha sido llamada "La Dama de la poesía española" Ella, sin embargo, anda diciendo que la poesía le dio y le da la espalda muchas vecea y también que su poesía, que es muy necesaria para ella, no parece que lo sea para otros.

 Incluso diciendo, como dijo de ella José García Nieto lo siguiente: "Hay tan pocas voces verdaderamente necesarias en la poesía, que el eco de una cierta nos avecina para siempre con el misterio. Tiene que saber esto Elvira daudet, como única compensación o desesperación para su desvelo"
O bien estas otras dichas por su buen amigo Ramón Irigoyen: "Elvira Daudet no es una aficionada que está aprendiendo a versificar, sino una aficionada -sin afición no se logra nada-  que con sus libros se sitúa en la primerísima fila de la poesía actual en España"


En su antología poética-1959-2012- publicada por Alacena Roja, nos decía Elvira: "Mi poesía tiene como principio y fin la criatura humana, todo lo demás está subordinado a este valor. Entre lo sublime y lo común yo elijo como materia poética lo común: el pan antes que la rosa. Frente a la ambigüedad de ciertos poetas que ocultan su nadería con humo o sobre dorados que confunden a los lectores, yo opto por la claridad de la palabra desnuda, aunque hiera, que todos puedan comprender."  

Lidia López Miguel, Elvira y Ángel Guinda
Cuando presentó Cuaderno del delirio (Ediciones Evohé, colección Intravagantes, Madrid 2012), nos vimos  y hablamos un rato antes de comenzar el acto.
Fue una hermosa tarde de poesía junto a una Daudet aparentemente nerviosa e insegura...pero solo aparentemente porque esta mujer que parece tan fragil, tan delicada, lleva consigo la fuerza de una voluntad firme y decidida, producto de las muchas caidas de las que ha tenido que levantarse para poder seguir, y lleva la luz de la poesía porque no admite ni tiempos de silencio ni grises oscuros, tenebrosos...que le impidan seguir siendo, desde aquel día en que siendo niña le prohibieron y rompieron su primer libro, seguir siendo, digo, rebelde, insurgente y poeta.




 Claro que este Cuaderno del delirio, que no era otra cosa que un tremendo ejercicio de memoria de gozo y de dolor, posiblemente la tuviera aquella tarde un poco a la espectativa, tensa por el recuerdo al ofrecernos  su nuevo libro Cuaderno del delirio, Este es el curriculum poético de una mujer que  nos trajo este verso: "Me ha nacido entre tu boca el mar." y, le naciera o no, ese mar se quedó para siempre junto a ella aunque la boca huyera, también para siempre de su lado. (Mejor dicho de su lado físico, nunca de su memoria) Esta mujer valiente, esta poeta rebelde, esta delicada y hermosa flor, convertida en tara si, pero de acero debido a la guerra en que vino a nacer. Esta mujer nos ofrece en su poesía la vida, y como en la vida todo tiene su cara y su cruz: la dulce y tierna miel de la dicha, del amor,  y el ácido y desgarrado vinagre del dolor, ese que trae el desamor, la pena, la venganza, pero ni uno ni otro traen jamás el olvido.
Elvira con José Elgarresta y Rafael Soler
 La infancia de La Daudet , niñez en una postguerra  de miseria terrible y doloroso silencio, se envenenó con las palabras al tiempo que produjo el milagro de la escritura. Una escritura censurada, repudiada por la propia familia (creo que ya lo he dicho en otras ocasiones) que hizo que esta niña entonces se volviera  insurgente, tragase su dolor para sí misma y ya adolescente y en la ciudad del Doncel, unió su vida a su pasión y surgió la poesía que, ya siempre, le serviría de bálsamo y le serviría de bandera y todo porque desde niña Elvira Daudet, estaba envenenada por la magia de las palabras. Una magia que un joven cabezón de ojos de miel, llamado Antonio Pérez le enseñó al principio. Luego Jesús Tomé, que fue como su hermano mayor. Era claretiano - dice "La Daudet"- pequeño y transparente como San Juan de la Cruz  y, como él, un grandísimo poeta que volcó toda su sensibilidad en la formación de jovencita Elvira, que, soñadora e insurgente, escribía poesía, como ya he contado, a todas horas.
A los 17 años se vino a estudiar a Madrid. Después llegó París y la ciudad de la luz fue el amor y fue el delirio...hasta que concluyó.



Tendría que pasar tiempo, mucho tiempo, para plasmar en poemas, en su Cuaderno del delirio, libro de tiempo, de memoria, de  amor y desamor, de dolor y de pérdida, con la "ville de la lumiere", encendida o apagada según el caso, de Paris al fondo.Sí, tendría que pasar el tiempo, ese que dicen que cura las heridas o al menos las vuelve menos dolorosas.
Dice Elvira Daudet, yo lo he leído en alguna parte, que este será su último libro de poemas, pero eso... ni el poeta lo sabe porque es la Poesía, siempre, quien decide si te abraza o te abandona, si fija tu palabra en el tiempo ote deja en silencio porque sabe que lo que ya has escrito o dicho es suficiente. Solo la poesía lo sabe querida Elvira. Solo ella.   


El periodista Manuel Valera, Elvira y la editora de Cuaderno del delirio
El periodista Manuel Valera se encargó de presentar a Elvira Daudet y su Cuaderno del delirio en la librería Fuentetaja y, entre otras cosas de interés dijo: "En primer lugar quiero decir que leyendo este libro me he sentido como Ulises leyendo la Odisea según Penélope. He descubierto mi propio delirio, pero desde el otro lado..." (...) "La  poesía de Elvira nos habla de la pérdida, ese robo, que es el tiempo para ella; el tiempo, ladrón que se lleva sus años, sus amores, sus pasiones, sus hombres, sus olores a hombre. A partir de ahí, ¿qué queda?: el sentimiento de pérdida, un estado catatónico, un delirio...  "La vida para Elvira solo es, técnicamente, la vida digna de ser vivida, una vida feliz. La otra, el resto del tiempo, a eso no le llama vida.  "...el amor en Elvira deja a los amantes en un delirio, en una enfermedad. Pero se queda en los objetos por donde ha pasado, acrecentando la melancolía, la añoranza..."

 Elvira Daudet no adorna sus poemas con florituras verbales, su lenguaje es sobrio,  preciso y natural, es una poesía de claridad. Su  voz lírica es auténtica, apasionada y desgarradora. Esta mujer, esta poeta, tímida e insegura a veces, necesita, como tantos, sentirse querida, arropada, reconocida, iluminada...para ello, y sin saberlo, parió un mundo para que se le cayeran encima las estrellas. Y esas estrellas la llevaron, con decisión, a Paris.

La Daudet  siempre ha escrito versos. Ella dice que "la poesía es una necesidad, un soplo que te derriba en el momento más inesperado, al que es imposible resistirse" y que por eso escribe.
Cuaderno del delirio es el recordatorio de un tiempo de amor y de ausencias presente en la memoria. Un poemario que nos trae el vació de un tiempo ya inexistente, muerto ya y sin embargo vivo. Es, a veces,  como un delirio de instantes felices, plenos, y muchas, muchas veces es el doloroso delirio del vacío, la pérdida, de la desilusión,  del peso insoportable, del tiempo de la soledad.
Elvira Daudet, mientras se desangra de amor y de dolor se pregunta, se dice : "Al borde del abismo camino a ciegas/ sin comprender quien soy ni lo que espero"
 

Yo te lo digo: esperas  seguir escribiendo para que, al menos, la poesía venga a quererte, a arroparte, a iluminarte, para que la poesía, tan caprichosa ella, venga a tu lado y te sonría para escribir versos contundentes, auténticos, vividos, sentidos, sufridos, versos sinceros, dolorosos, como los de este Cuaderno del delirio.  Versos que atrapen los sentidos y se queden en el lector, se  hagan del lector. Para que la Poesía te alumbre. Para que siga alumbrando a "La Daudet."


 Y termino como empecé en la parte primera con Poesía completa 1959-2016. Es el poema inédito (uno de los 33 poemas inéditos que incluye en esta antología y que bien podía haber constituido un nuevo libro; pero no, Elvira ha querido incluirlos aquí) Es un poema  titulado "Ella" y la poesía se abraza a esta mujer porque va junto a ella desde que Elvira era niña y se dedicó a escribirla para soñar, para salvarse de lo que le prohibían, de lo que no le gustaba.
Aquí está esta "Dama de la poesía española" que ahora se repone de su caida, acompañada de "Ella" , la misteriosa, la enigmática, la inexplicable siempre, la Poesía.

"Ella"

Ella, mi fiel amiga, viene siempre conmigo
desde niña, y nunca me abandona
cuando todos se marchan.
Generosa, me ofrece
el consuelo total para mis penas
y curarme las llagas del fracaso.
(...)

Se ha instalado en mi casa, en mi cama;
no me deja dormir con sus ofertas:
me promete la paz irrevocable,
el fin de los dolores,
librarme de la grotesca y tristísima vejez
que derriba el mástil más airoso,
y corona la rosa de marfil de la espalda
con monstruosa giba;
de confundir los nombres y las fechas,
de olvidar la cabeza, las palabras precisas,
junto a la dignidad,
en un vagón del metro o en veladas de amigos.
(...)

Ella, que está tan cerca porque la llevo dentro,
como la esencia de mi propia sangre,
o como una bacteria trasmitida al nacer,
me tienta cada noche con pactos y dulzura.


 Naturalidad hay en  sus poemas y confesionalidad que nos atrapa a todos cuando la leemos.

                            Manuel López Azorín

martes, 1 de mayo de 2018

Memoria poética: Elvira Daudet III y la fuerza expresiva


 

Memoria poética.
  Elvira daudet III y la fuerza expresiva

 
 Elvira Daudet se recupera en su casa de la caida que le hizo ingresar en el hospital y,  mientras, continúo con esta memoria poética, ahora ya  sobre su poesía en su tercera parte de las cuatro que la conforman.

 





El don desapacible (Colección poesía, Libertarias, 1994), Elvira lo considera uno de sus mejores libros.Pero ella no sabe que todos sus libros  son el mejor. sobre  Terrenal y marina (Dip. Provincial de Cuenca, 1999) Dice La Daudet que este libro es un poemario vacilante.. ¿Poner el alma frente al mar y arraigarse a la tierra es vacilación?






Desde 1999, que publicó Terrenal y marina, no había vuelto a publicar poesía, aunque ha seguido escribiendo, porque, lo decimos muchos y la Daudet también, la poesía es una necesidad, un soplo que te derriba en el momento más inesperado, al que es imposible resistirse. 

Hasta que un día Jaime Alejandre y sus "Hazversidades poéticas" obraron el milagro de la publicación de un librito con unos doce poemas.Fue en 2010.

La fuerza expresiva de Elvira Daudet conmueve y remueve, como un baño de emociones vivas, la memoria, el tiempo... Tiempo que, a través de su verso herido, doloroso, desgarrado, veraz, nos detiene de golpe o nos hace caminar, latido tras latido, fundiendo vivencias, las suyas y las nuestras, que en muchas ocasiones, esta es la grandeza del verso universal, son colectivas aunque partan de un recuerdo propio, de un dolor propio, de una memoria propia, íntima, esa que nos muestra el tiempo y sus relojes de ausencia, igual que una elegía interminable frente a lo ya perdido, arrebatado, ausente...(y no nos resignamos) 
Jaime Alejandre y Elvira

Volverá de nuevo como la lluvia, mientras el tiempo duerme,: "Y los dioses antiguos regresan al Olimpo/ a coronar mi juventud perdida,/ mientras yo me desplomo de ceniza como un cigarro ardido en la mesilla (...) Y no nos resignamos."
Hay en su obra vida, y la naturalidad que hay en  sus poemas, nos atrapa a todos cuando la leemos.Esa es su fuerza expresiva.
 

"La fiesta ha terminado./¡Vuelve, luz cegadora del verano!, / noche de vino y besos, faroles amarillos,/ risas como relámpagos, confeti, / lechos de ardiente espuma donde vela Afrodita./ Santuario de fuego de la vida, / ¡espera!, quiero ser tu parásito./ Para seguir, latido tras latido,/ en esta tierra y junto al mar". Y es que Elvira Daudet era de tierra firme / hasta que (vio) la mar.

Elvira es terrenal, pisa firme, en sus convicciones, en sus actitudes y Daudet es marina, torres de agua en calma o de tormenta que alimentan el latido de la vida, agua de vida que se evapora hacia las nubes, hacia la luz, y se sueña interminable, frente a lo ya perdido, arrebatado, ausente y continúa. 

Ha pasado el tiempo y tras "Hazversidades", rescatada del olvido por Jaime Alejandre, nos llega con un nuevo poemario: Laberinto carnal (Colección Anaquel de poesía, Editorial Cuadernos del Laberinto. Madrid)


Elvira Daudet o también la llamada "gran dama de la poesía española"  vuelve tras años sin publicar, con su poesía íntima , dolorida, desgarradora en ocasiones para mostrarnos  el paso del tiempo, lo perdido, lo arrebatado injustamente, mostrándonos el dolor humano desde  su mirada, siempre junto a los desprotegidos, a los perdedores. Una mirada  amorosa de mujer sencilla pero valiente  frente a las injusticias, una mirada solidaria.

"...Y hay mujeres sencillas, con los ojos de agua
y la carne de harina,
que aman, trabajan, paren, se deshojan
aferradas a un sueño..."
(De poesía completa, pag 280) 

Mujeres (y más) en un laberinto que  es un espejo-río que refleja la vida y  mientras pasan sus aguas,  sueñan con la luz  y la esperanza a pesar del dolor.
Laberinto carnal es un libro comprometido, es un grito de angustia y de socorro, sobrecogedor, una llamada de atención.  La poesía, la magia de la poesía y de los sueños, a veces, nos ofrecen el bálsamo que nos  recupera y nos devuelve las ganas  de despojarnos de la sombra, y nos sirve también de bandera para gritarle a la noche, a la conciencia colectiva, la rabia sorda del dolor humano.

Carmina Casala, Elvira Daudet, Rafael Soler y la editora

La poeta Carmina Casala en relación a este último libro, Laberinto carnal,de Elvira Daudet, nos dijo en la presentación que hizo de él en el Ateneo de Madrid :"Hoy presentamos un libro que es sobrecogedor desde su mismo título: Laberinto carnal. Un grito continuado de socorro, una llamada de atención a las conciencias que alcanza su zenit en el desalentador poema “Todo es aire” con versos como estos: “El tiempo que vivimos no es fácil de entender ni se parece/al futuro soñado; es un caos que avanza a la hecatombe /con las velas al viento desplegadas." 

                                                                                                     

Y como Carmina Casala además de buena poeta es una gran  atenta e inteligente lectora de poesía, dice de la Daudet: " A veces se le escapan referencias a un Dios trascendente o incluso a un Diablo porque aunque usa la palabra abismo en algunos poemas, no me parece que está convencida del todo de su existencia, como demuestra su aspiración a la luz, que nos recuerda a Goethe, cuando dijo, ya a punto de morir: luz, más luz, hasta el punto de cegarle y de cegar a la propia Elvira. Claro que esta aspiración no es absoluta y que se mezcla con lo que llama "Oficio de cenizas", o sea, el recuerdo de los muertos que aquí cree que han dejado de existir del todo. Entre ellos hay simples sombras, o amigos diversos, o mariposoas, es decir, momias disecadas, padres, parientes, y una transferencia de lo infernal a este mundo, como si, contrariamente a lo afirmado antes, renunciara a toda esperanza transcendente."

Por el particular laberinto de Elvira han transitado personas, experiencias, lugares y respira el polo temporal del pasado por medio de sorprendentes versos que declaran sin rebozo el vínculo con el tiempo anterior. Para empezar la poeta emplaza al lector en un lugar concreto, llámese paraíso. El impresionante y derramado poema que inaugura el libro titulado: 

“PALABRAS MORTALES ” (Fragmento)

"Todo estaba ordenado, recién hecho:la luz  imprevisible cegadora,/
arrinconando sombras y tinieblas,  desvelando las formas vírgenes de la tierra, /  los astros cabalgando sobre la piel del cielo  en callada armonía / la cintura de espumas que separa los mares de la tierra, / el rocío cubriendo las praderas cual un velo de novia, /los 
peces arañando como dientes de plata el corazón del río,/ los pájaros fugaces, capricho de cristal palpitante, tembloroso. /
Todo es hermoso, pródigo e inutil, decorado vacío, y Dios se sintió  solo. / A su imagen, que el río dibujaba, creó al hombre: un amante sin dudas, / con quien gozar aquella belleza innumerable. Pero Adán pese al amor divino, / se aburría; tenía una tristeza clandestina. Y Dios vio a Eva en su melancolía." 
(De Poesía completa pag 261)

(…) nos sitúa en el momento de la creación del mundo, y es una denuncia feroz de cuantas desgarradoras consecuencias ha acarreado la ambición humana al mundo. Bastaría este poema para entender su compromiso con la vida.

Elvira y yo no vemos pero no mucho porque salimos poco. 
 A veces coincidimos en actos poéticos  como fue en la Tertulia Literaria Hispanoamericana Rafael Montesinos. (La foto de público es de Rafa Cesar Montesinos en esta Tertulia. En la segunda fila se encuentra Elvira Daudet) Fue un 22 de noviembre. Leía sus versos el poeta Rafael Soler y ambos estábamos, entre el público, escuchándole. La semana siguiente leía yo y prometió acudir Elvira. No lo hizo. Seguramente se marchó cerca del mar porque allí, me ha dicho, se desnuda de los sueños oscuros para, plena de luz, terrenal, marina e insurgente siempre, soñar, soñar… para olvidarse de su laberinto carnal, para que su fuerza expresiva se recupere
del dolor Humano.

Cuando vuelvas del mar nos veremos algún día y, entonces, en esta tierra de Madrid acogedora e inhóspita al tiempo, entraremos en tu laberinto y en mi luz, a ser posible, cogidos de la mano, soñando, como ángeles o demonios, un paraiso nuevo sin dolor y sin sombra, con mar, olivos y almendros. Todo muy mediterráneo, claro, luminoso como ese cielo de Cuenca en días claros y alegres... como la luz que buscamos, querida Daudet, en esta fugacidad eterna del poema, fugacidad en la que nunca, ni mirándote al espejo, volveras a decir:


                                       " Odio a esta vieja extraña
                                        que ha venido a afincarse
                                        en las ruinas de mis huesos."
                                                  Elvira Daudet

 Y no lo volverás a decir porque tras leer estepoema que yo te escribí no hace mucho, tendrás que convenir conmigo que eternamente joven "llevas lo intemporal contigo / porque nombras la vida / y el amor con palabras."



 Amo a esta eterna joven



Amo a esta eterna joven

por más que esté afincada

en eso que llamamos

viejas ruinas del tiempo.


Amo a esta eterna joven

que abomina de sí

porque anciana devora

la belleza de ayer

y apenas se da cuenta

que el alma sigue intacta,

tan bella como siempre,

por más que del espejo

escape la hermosura.

  
Amo a esta eterna joven

que siempre se renace

cuando vuelvo a leerla.



Te amo querida Elvira.

 aunque el tiempo nos deja

(que nos trajo y nos lleva)



Te amo joven eterna.

Porque yo sé que llevas

lo intemporal contigo

porque nombras la vida
y el amor con palabras.
              Manuel López Azorín


Nos hemos visto. Y hemos entrado en esa fugacidad del poema, rodeados de gentes, de bullicio, pero hemos entrado en ese dolorido sentir o en ese gozo personal e intransferible que nos llega  cuando la creación, la poesía, nos abraza porque sabe a quien es necesaria, porque sabe que andamos desasistidos, desamparados y nos llega con su luz a iluminarnos el silencio, la necesidad  de expresarlo con la palabra.
Y es que sabemos, sabe Elvira, que es como esa "Niña azul" de su poema de "Laberinto carnal", que la poesía nos es absolutamente necesaria:

"Niña azul" (fragmentos)

Frágil jazmín de nácar que se asoma
sobre el muro de piedra que lo guarda
sin saber que su vida está en la rama.
Alondra con el don de la alegría
que albergaba en la frente un mundo intacto
defendido con su risa sonora de campana.
Dulce y breve muchacha que se apiada
de la pena redonda de la luna
atrapada en la jaula de la noche
como ella tras las rejas de la lluvia.
(...)

A su tapia llegaba
la música lejana de una orquesta
y oía gemir la piel del violín
- ¿o era su corazón?- 
esparciendo en la tarde su nostalgia.


Como Elvira Daudet da para mucho, en breve pondré aqui otra entrada, la cuarta ya y última, sobre esta poeta llamada también "La Dama de la poesía española"
                               Manuel López Azorín