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domingo, 23 de julio de 2023

Rafael Soler, Dos novelas de la transición: "El grito" y "El corazón del lobo".

 


Rafael Soler: Dos novelas de la transición: El grito y El corazón del lobo. 



Las novelas El grito (1979) y El corazón del lobo (1981), publicadas por Rafael Soler (Valencia 1947) en los años de la Transición, se publican juntas ahora (Ediciones Contrabando, Valencia, 2023), con un intenso y extenso prólogo de la escritora profesora e investigadora  Elvire Gómez-Vidal Bernard en el que nos dice:

“Estas dos novelas de Rafael Soler, El grito (1979) y El corazón del lobo (1982), que nacen y se enmarcan en un tiempo particular, suscitan emociones y reflexiones muy semejantes en el lector. Cautivado por las dos tramas, a la vez sencillas (aparentemente sencillas) y profundas, experimenta un proceso de identificación con las situaciones que viven los personajes. En los dos casos, se trata de una ruptura amorosa que también es cuestionamiento de un orden establecido.”



Sobre el principio de la escritura de El grito nos ha dicho Rafael Soler en una entrevista que le hizo el escritor, profesor e investigador Alejandro López Pomares en la que Rafael  nos dice: “Recuerdo una insensata mezcla de euforia y plenitud, sensaciones muy propias en quien ha peleado mucho y considera que ya ha llegado a un sitio, “El grito” cerraba una etapa de casi cinco años de tanteos, si por tales se entienden cinco novelas que se quedaron en un cajón, cada una algo mejor que la anterior, pero todas con sus puntos de fuga, sus párrafos mal hilvanados y diálogos que apuntaban maneras y poco más. Hasta que cuajé en apenas un mes “El grito”, y supe, insensato osado, que era el momento, que aquellas cien páginas funcionaban y eran lo mejor que yo podía dar como contador de historias, bien leídos Cortázar, Juan Rulfo, madre mía Juan Rulfo, Manuel Puig y Delibes, entre otros maestros.”

Rafael Soler quería ser escritor con apenas 13 años: “yo quería ser escritor, desde crío.”  

Y cuando El grito ganó la Primera Bienal de Literatura de Ámbito Literario envió un ejemplar a Miguel Delibes y éste le respondió: Amigo Soler, enhorabuena por su novela “El grito”, que tan amablemente me envió y he leído con mucha atención. Siga escribiendo así, con total libertad. Fue en el año 1980 y con las palabras y el abrazo de don Miguel Delibes en el bolsillo, por primera vez se sintió escritor.



 Con relación a su novela El corazón del lobo nos dice:  “El corazón del lobo”, también una novela corta pero con mucho más tiempo de cochura, ganaría dos años después el premio Cáceres, con un jurado presidido por don Ricardo Senabre. El novel ya no era tan novel y estaba, como diría un castizo, lanzado.”

Ambas obras son novelas de la transición porque se escribieron en esa época, época en que se desarrollas  las aventuras de los personajes de ambas novelas.

En este sentido vuelvo al prólogo de Elvire Gómez-Vidal Bernard  que nos dice: “Sabemos que “la Transición” no sólo fue un momento histórico de delicados y decisivos cambios políticos, sino que también constituyó un tiempo de evoluciones en cuanto a las costumbres y a los comportamientos, en cuanto al sexo, a la familia, a la religión, evoluciones que tuvieron repercusiones tanto en la vida cotidiana de los españoles como en la literatura y el cine, en las artes de manera general.”



Aquellas dos novelas recibieron más de una palmada en sus espaldas, propinadas, nos dice Soler,  por compañeros como José María Merino y Eduardo Mendicutti  y:  “fueron años de ilusión y desafíos, mucha lectura y el mundo por montera. Porque así debe ser: escribes para respirar, para conocerte y reconocerte, casi nada, y todo ese proceso, intenso, lleno de vacilaciones, de pequeños y grandes fracasos, culmina, si alguna vez culmina, en un texto que ya sale en busca de su lector”

Y en estas salidas de un texto en busca de lector Rafael Soler se encontró con lectores que además eran autores  de los que nos cuenta las siguientes anécdotas: Primera: “Don Manuel Andújar, regresado ya de su exilio mexicano, aceptó acompañarme en la presentación de “El grito” en la Asociación de Prensa de Madrid. (…) Antes de comenzar el acto, me comentó discretamente “Rafael, no me equivoco si le digo que esta novela suya hay mucho alcohol”, refiriéndose claro está a ciertas páginas del libro, y dándome así pie para replicar, ya ocupando nuestros asientos, “ni se lo imagina, don Manuel, fue escrita en compañía de una frasca de ginebra, que rellenaba cada noche mi esposa”. Y era verdad.”

Segunda: “A don Ricardo Senabre le gustó mucho, mucho, “El corazón del lobo”, y por propia iniciativa y de forma muy generosa escribió a Gustavo Domínguez, director de la Colección Novela Cátedra, indicándole que bien podría entrar en su catálogo mi próxima novela, de la que nada sabía, como nada sabía yo de su mediación.”

 Cierto tiempo después y teniendo acabada su novela El sueño de Torba, Cátedra le pidió incorporarla su colección de Cátedra.


Y de nuevo regreso al prólogo de Elvire Gómez-Vidal Bernard en el que nos cuenta: “A la vez se queda uno admirado por las proezas técnicas de la narrativa del autor, proezas que no desazonan al lector, pues producen de hecho una adhesión mayor al relato. La habilidad de Soler es tan sutil que, gracias a ella, dominamos con fruición los cambios de perspectiva, los retrocesos en el tiempo, el avance de las peripecias de los personajes. El entrelazamiento de múltiples voces, que podría desembocar en algarabía, viene a descansar en una rigurosa estructuración gracias a la cual el lector no se extravía en ningún momento.” y yo suscribo estas certeras palabras.



En definitiva Rafael Soler escribió dos novelas de amor, con la amenaza de perderlo, que mueven a sus protagonistas masculinos  a tratar de reconquistar de nuevo ese amor perdido. Dos novelas escritas  en un periodo temporal de muchos cambios con un lenguaje audaz y atrevido, propio también de su poesía que por aquel tiempo era obra de un solo poemario Los sitios interiores  (libro finalista del Premio Adonais, publicado por Ediciones Rialp en 1980). Poesía a la que regresó de nuevo  en la primera década del siglo XXI  con un excelente título y una poesía  singularmente propia: Maneras de volver. (Ediciones Vitruvio, 2009). El resto hasta ahora, creo haberlo reseñado en este blog con sus siguientes novelas y poemarios y si no todo , el lector puede encontrar bastante información sobre este escritor y poeta  que siempre sorprende por su magnifico modo de escribir tanto narrativa como poesía. 

                        Manuel López Azorín


lunes, 13 de septiembre de 2021

RAFAEL SOLER: " VIVIR ES UN ASUNTO PERSONAL" (Poesía)

 

 

RAFAEL SOLER: VIVIR ES UN ASUNTO PERSONAL

 

Toni Alcolea de la editorial valenciana Olé libros  me envía la obra del poeta y novelista Rafael Soler: Vivir es un asunto personal  (Poesía). Publicado  en la colección Vuelta de Tuerca Poesía de la editorial Olé Libros, con selección realizada por el propio autor.

Un volumen en el que se recogen los

 poemarios, las plaquettes y otros

 poemas publicados en revistas pero no

 en libros  desde 1978 a 2021, además

 de una nueva entrega poética, Las razones del hombre delgado, publicada este año en Nueva York Poetry Press, Colección Pared Contigua nº 6.

Vivir es un asunto personal es un voluminoso libro magníficamente editado y con un precio asombrosamente popular para su volumen, pues según he visto cuesta, al menos en La Casa del Libro 17,10 euros (algo que deberían tener en cuenta otros editores con precios semejantes y mucha más delgadez de impresión).

Este volumen que ha sido presentado en Madrid este 9 de septiembre

 en la Asociación de la Prensa, al que yo, lamentablemente, no pude

 asistir, estuvo, como todos los actos que realiza este poeta tan

 querido por todos con una numerosa asistencia de público,  recoge,

 en  620 páginas, toda la poesía de Rafael Soler.



Como poeta, se dio a conocer en febrero de 1979 en el ciclo Poetas Nuevos, organizado por el Aula de Poesía del Ateneo de Madrid.

Nos trajo con Los sitios interiores (Sonata urgente), (Adonais. Ed. Rialp, 1980), un libro fundamentalmente intimista, pero sin el discurso habitual del confidencialismo que supone la confesionalidad. Libro innovador que, según dicen, provocó un cierto revuelo y, luego, también, un largo silencio por parte de este autor que narra y escribe poesía de una manera absolutamente personalísima.

En la poesía de Rafael Soler, lo hemos hablado los dos, en cualquiera de sus poemarios, se puede encontrar material para una novela. Los que leemos habitualmente al Soler poeta también encontramos material para poemas o mejor dicho, encontramos también, con un lenguaje original, y libre, poesía, en su narrativa que es siempre insinuante, metafórica, sorpresiva y arriesgada por su lenguaje innovador, original y singularmente "Soleriano"

 


Maneras de volver me pareció que es como la película de un viaje, iniciado en Los sitios interiores. Y en tanto que viaja, con la memoria y con el sueño, nos muestra su yo, a veces desdoblado, con imaginación o con realidad, como en el espejo donde podemos ver el desencanto de quien, a través del viaje y de las experiencias vitales, ha madurado en el desencanto de este vivir provisional que trata de aferrarse a lo que permanece tras la provisionalidad del viaje interior que vive, fotograma a fotograma de la película de la vida, de nuevo con la certeza y la duda.

 

Soler escribe sobre temas universales: el amor, la muerte... escribe de perdedores y lo hace  con  su estética y su ética,  además de con ironía, humor y emoción. Él mismo ha dicho: “el poeta es una mirada,  es capacidad de asombro, es necesidad.” El poeta debe de ser el espejo donde hombre y poeta se enfrentan a la vida-

El poeta frente al hombre, el hombre junto al poeta. El hombre y el poeta en uno, frente a sí, mirándose en el espejo con la niebla del tiempo sobre sus rostros, indagando en ese yo que solo conocen ellos, pidiendo a gritos ambos  a su amor y a los otros, esos otros que son la condición humana: queredme, sí queredme! 

 


Ácido almíbar, era un libro intenso y brillante  que nos mostraba una personalísima voz sutil, desconcertante, irónica… Sus poemas nos ofrecen asombro y nos muestra en ellos su visión de la vida,  su gozo y su crudeza. Una excelente y honda reflexión sobre la vida desde el nacer al morir porque "la vida siempre nos ofrece una cosa y lo contrario". Y todo ello contado desde la metafísica del alma que es la poesía: “pero es preciso indagar / es preciso indagar” seguir caminando hacia "donde habita  el olvido", indagando siempre

La  poesía  de Rafael Soler, dentro de su mordaz ironía y su deslenguada manera de expresarse, sus juegos de palabras, su surrealismo, no francés, no mecánico, sino de pensamiento controlado,  de lenguaje de ahora mismo tiene un fondo de existencialismo y también  acaso algo de tono moral.

En Las cartas que debía se nos dualizó o desdobló como remitente y destinatario, con unos poemas donde jugaba a ser uno y diverso, es decir él y nosotros al tiempo. Poemas dirigidos a personajes aparentemente ficticios para contar y cantar, desde su yo al nosotros, su realidad y sus sueños.  Ya lo dijo: “Vivir es decidir / y todo error es tu grandeza // pues solo cuando llegas / das por cumplido lo vivido”


En No eres nadie hasta que te disparan, nos habla de las Pérdidas, los fracasos, Rafael Soler los oculta con sus transformaciones o cambios ofreciéndonos trampantojos, con películas, ahora de cine negro para sugerirnos sin mostrar, la verdadera cara del espejo. Una historia con tres en uno para contarnos una película con asesinato (simbólico) incluido y el guión de un fracaso, vital,  que el “narrador” (por más que el triunfo le acompañe), se encarga, en mi opinión, de mostrarnos, en el poema “Epílogo y no”, confesión solapada frente a la imagen.

 Rafael Soler suele ofrecernos en sus poemarios la certeza y la duda, la ironía y el escepticismo, la caducidad y lo intemporal entremezclado, tal vez en cada libro con tono y lenguaje diferente o ciertos matices diferentes pero sin faltar la ironía ni la sorpresa verbal ni la indagación constante en el tratamiento expresivo.




En este Volumen, además de sus anteriores libros, podemos 

encontrar muchos poemas incluidos que han sido publicados a lo 

largo del tiempo en revista pero no en libro alguno y por último una 

nueva entrega Las razones del hombre delgado (2021) del que os 

dejo un poema que, con su original lenguaje Soler nos acerca  

la innovación se acercó tanto y eso es bueno), nos acerca digo, a la

 poesía clásica, de manera que este heterodoxo que  se “veve la bida”

 con insurgenciaexistencial, meditativa, crea, innova desde el conocimiento de los que nos han precedido y consigue con su maestría hacer lo que Claudio Rodríguez me decía siempre: “ Escribe y di. Con la temática que quieras, algo que parezca nuevo, por más que se haya dicho”.

Finalmente decir que Vivir es un asunto personal, que toca las temáticas de siempre, parece nuevo y es magnifico.

 

Labio del viento cuando cesa 

este caer a mano abierta

y corazón callado

 

la certeza de ser y no tenerme

un paso con otro hasta el umbral

que otros cruzaron

con más prisa que la mía

 

de cuanto hice poco sé

de cuanto harán todo ignoro

 

asomado estoy al filo

canción temblor y comisura.

Rafael Soler

(de Las razones del hombre delgado, incluido en Vivir esun asunto personal)



Rafael Soler (Valencia, 1947). Ha escrito los libros de poesía, que se recogen en este volumen junto a los poemas publicados desde 1978 en distintas revistas. Ácido almíbar (2014) fue reconocido con el Premio de la Crítica Literaria Valenciana y el poeta de Arcos Antonio Hernández le ha calificado de extraordinario. Su primer poemario, Los sitios interiores (1980), recibió el accésit del Premio Juan Ramón Jiménez, que otorgaba el Instituto Nacional del Libro (INLE) al mejor libro publicado por autores con menos de cuarenta años. Autor también de seis novelas y dos libros de relatos, ha sido invitado a leer sus poemas en más de quince países, y obras suyas han sido publicadas en Bolivia, Ecuador, Estados Unidos, Honduras, Hungría, Italia, Japón, Paraguay y Perú.

                          Manuel López Azorín

 

martes, 20 de abril de 2021

Rafael Soler: "El sueño de Torba"

                                     

Rafael Soler: El sueño de Torba

 


La editorial Olé Libros, me envió El sueño de Torba de Rafael Soler (Valencia, 1947), es una novela publicada en 1983 por Ediciones Cátedra. Se reedita ahora en tapa dura en la Colección Vuelta de tuerca de esta Editorial valenciana que dirige Antonio Alcolea.

Un poco de historia: Rafael es poeta y narrador, en 1979  publicó una novela; El grito, fue su primera incursión literaria y obtuvo el Premio Primera Bienal Ámbito Literario de novela. Entonces consideraron a este joven de 30 años valorándole  como un novedoso autor. Ese mismo año publicó un libro de poemas: Los sitios interiores, que resultó finalista del Premio Adonais. Desde 1980 a 1985 Rafael publicó tres novelas más: El corazón del lobo en 1981, novela de la que Ricardo Senabre dijo: “Un modelo constructivo absolutamente excepcional. Pocas novelas en los últimos quince o veinte años tienen la calidad de El corazón del lobo.”

En 1983 apareció El sueño de Torba  y en 1985 Barranco, ambas publicadas en Cátedra. El hecho de ser publicadas en esta editorial de referencia, hacía pensar en la importancia literaria que tenía ya  Rafael Soler.



Sin embargo ese 1985, fue el año en que el poeta y novelista guardó silencio durante 24 años. Rafael no es que no escribiera, es que no publicó nada. Hasta 2009, año en que además, como él se siente antes que nada poeta, regresa con un libro de poemas: Maneras de volver y ya se queda con nosotros publicando periódicamente poemarios como Las cartas que debía, (2011) Este libro fue reeditado en Ecuador en 2020, Ácido almíbar (2014), No eres nadie hasta que te disparan (2016) y las antologías  La vida en un puño en 2012 y Leer después de quemar en 2018.(publicada también en Olé Libros en 2019) Tras estos años de poesía, retoma la narrativa y en 2018 nos  ofrece una novela , El último Gin- tonic y al año siguiente, 2019, otra: Necesito una isla grande. (de ambas podéis leer reseña en este blog)

Y ahora Olé Libros ha preparado una reedición cuidadísima y en pasta dura que viene acompañada de un breve prólogo del autor en el que nos explica, casi cuarenta años después, que para escribirla necesitó un permiso vacacional familiar de un mes en un apartamento malagueño frente al mar.



El sueño de Torba, con un lenguaje de los años ochenta, cuando la narrativa latinoamericana y su realismo mágico parece desvanecer, surge como una novela de la transición al tiempo que es una novela de experimentación, hay en ella referencias clásicas. Los personajes parecen decirle al autor (como en el caso de Niebla de Unamuno) que son ellos los que mandan, los que tratan de llevar la narración hacia donde ellos quieren.

Por tanto como novela rompedora con lenguaje cuidado cierto clasicismo en ocasiones y muy contemporánea en general,  puede leerse ahora como si el tiempo no se hubiera sucedido, es como una metáfora de aquello que quiere realizarse y ese deseo es intemporal. Rafael es un escritor libre, sin ninguna traba que le impida expresarse como él quiere, es  rompedor y reflexivo, sorpresivo y existencial. Una literatura de compromiso que mezcla tradición e innovación literaria.



El sueño de Torba, podemos leer en la contraportada, “narra una serie de historias cruzadas que tratan de la incomunicación y la precariedad de las relaciones humanas, con personajes que se mueven en el cotidiano espacio cerrado de una ciudad marítima. Jaime Sarduy, profesor, taxidermista de un mundo de objetos y recuerdos. José Radek, librero judío que trata inútilmente de hacer la narración objetiva que tanto el autor como el protagonista no quieren hacer.Y las mujeres. Berta, madre e hija, que llevan en distintos tiempos un soplo de vida y desconcierto a la ordenada rutina de Jaime. Clara, indecisa en el tedio de su matrimonio. Concha, dulce prostituta apodada Ruth…Y el Rolls, un Rolls Silver Wright 1956, elemento de intriga y clave de la narración.”

No es un libro de lectura fácil, en el sentido de literatura de usar y tirar, es un libro “de digestión lenta” para leer detenidamente y disfrutarlo.

                                    Manuel López Azorín


miércoles, 28 de octubre de 2020

Rafael Soler: Reedición en Ecuador de "Las cartas que debía"

Mañana jueves 29 de octubre la Editorial El Ángel Custodio ha organizado esta presentación Virtual que será a las 4 de la tarde (hora de Chile y 11 de la noche hora de España) La presentación correrá a cargo de la académica española Remedios Sanchez y el poeta argentino Leopoldo Castilla. Naturalmente con la intervención de Rafael Soler y el editor, supongo, Xavier Oquendo Troncoso.
Rafael Soler: Reedición en Ecuador de Las cartas que debía Caupolicán soler y Las cartas que debía.
Rafael Soler (Valencia 1947) un poeta que es al tiempo ingeniero y sociólogo (profesor en la Universidad Politécnica de Madrid), acaba de reeditar con la editorial ecuatoriana El ángel editor, dirigida por Xavier Oquendo Troncoso,el libro que publicara en España en 2011 Las cartas que debía (El ángel Editor, Quito, Ecuador, 2020) Editorial que tiene como objetivos “expandir los horizontes de autores de diferentes generaciones y de países y quieren llevar la literatura nacional y universal a la mayor cantidad posible de público y visibilizar a la poesía como parte de su identidad y su historia”. Magníficos horizontes. La poesía de Rafael Soler, dentro de su mordaz ironía y su deslenguada manera de expresarse, sus juegos de palabras, su surrealismo expresionista, que es la visión interior, la expresión, frente a la realidad para mostrar de manera subjetiva, dando primacía a la expresión de los sentimientos, un lenguaje de ahora mismo y un fondo de existencialismo y también acaso algo de tono moral.
Esta misma editorial ya en 2018 publicó una antología de poemas de Rafael Soler seleccionados muy acertadamente por Lucía Comba: Leer después de quemar (El Ángel, Editor. Quito, Ecuador, 2018) No era, ni es, una antología que siga un orden cronológico ni es su título solo un juego de palabras sino que es un viaje interior que vivifica el fuego hecho ceniza para formar, no desde la nostalgia sino desde un presente vivo, una petición que clama amor a su amor y a la otredad. Porque, ya lo dijo Soler, y yo lo vengo diciendo hace tiempo, se escribe para que nos quieran. Esta foto en el Café Comercial, pertenece a la presentación de la antología de poemas Leer después de quemar En ella Lucía Comba y Rafael Soler. El autor de la foto, creo recordar que fue Pepe Machado.
En Las cartas que debía se nos dualiza o desdobla como remitente y destinatario, con unos poemas donde juega a ser uno y diverso, es decir él y nosotros al tiempo. Poemas dirigidos a personajes aparentemente ficticios para contar y cantar, desde su yo al nosotros, su realidad y sus sueños. Ya lo dijo Soler: Vivir es decidir / y todo error es tu grandeza // pues solo cuando llegas / das por cumplido lo vivido.
Un libro luminoso en su ética y su estética. En su edición y su contenido. Es un repaso de la vida, con lo bueno y lo malo de ella, donde este poeta nos muestra toda su capacidad creativa llena de sugerencias, guiños, realidades… camufladas de surrealismo (meditado, eso sí, nada de surrealismo mecánico) o expresionistas, unidos a otros versos cotidianos llenos de sorpresas especialmente a final del poema. Con versos carentes de signos de puntuación, polimétricos, algunos de corte formal (eneasílabos: un beso al corazón robado, decasílabos: sentado en el borde de los mapas, endecasílabos: a los años perdidos de tu vida, alejandrinos: Cruzarás el umbral apartarás las sombras, etc. y otros con más libertad, pero siempre rítmicos.
Esta foto y la siguiente de Rafael Soler en 2011, presentando en la Asociación de la Prensa la primera edicón de Las cartas que debía las hizo Rafael Cesar Montesinos En los años ochenta tuvo una profusa producción literaria. Publicó un libro de poesí: Los sitios interiores, quedando finalista del premio Adonais. Igualmente publicó varias novelas y libros de relatos que le convirtieron en un autor galardonado con los premios Ámbito Literario y Cáceres de novela, obtuvo también el accésit de los premios Emilio Hurtado y Ateneo de la Laguna para libros de relatos, y el accésit del Premio Nacional Juan Ramón Jiménez de poesía en 1981 Rafael Soler volvió, deshabitado o no, porque sabe que donde quiera que sea ya has llegado de aquel viaje que emprendió a través de Los sitios interiores en 1980. Continuó con Maneras de volver ,que supuso un regreso, tras el largo silencio de años, y su poética continuó con todo un despliegue de imaginación, de soltura, de buen ritmo y nos demostró ser un poeta que juega con la ironía desdramatizando la dureza de la vida en sus poemas y que es un poeta versátil. Luego llegaron más poemas en forma de libro como Ácido almíbar, un libro intenso y brillante que nos mostraba una personalísima voz sutil, desconcertante, irónica… Sus poemas nos ofrecen asombro y nos muestra en ellos su visión de la vida, su gozo y su crudeza. O libros como No eres nadie hasta que te disparan, (Madrid,2016) Libro donde nos habla de las Pérdidas, los fracasos, Rafael Soler los oculta con sus transformaciones o cambios ofreciéndonos trampantojos, como películas, ahora de cine negro, para sugerirnos sin mostrar, la verdadera cara del espejo. Otros libros más, otras antologías como La vida en un puño (2016) han ido cubriendo los anaqueles de su biblioteca todavía con huecos por llenar en sucesivas entregas.
Y, en esta carrera sin meta definida, con las cartas que nos dice que debía, o se debía a sí mismo, coloca otro libro, otra cinta de llegada, que viene acompañado de un prólogo de Ramón Hernández , novelista poeta y dramaturgo que fue fundador y Director de la revista “República de las Letras”, de la (A.C.E.: Asociación Colegial de Escritores de España) y Profesor visitante en diferentes universidades de Europa, que nos dice: “los textos de este poemario, concebidos y desarrollados desde su íntimo ensimismamiento, no explican su razón de ser ni responden a interrogantes, porque su esencia habita en un revivir priv ado, descrito en clave, utilizando un lenguaje sobrio, medido, exacto, pleno de reivindicaciones tan secretas que, muy probablemente, nacen y mueren en el alter ego del poeta, que vive en él, como exclusivo confidente de sí mismo.” Y hacia el final del prólogo Ramón Hernández establece una analogía con Soler y el héroe mapuche, Caupolicán, y nos dice: “Rafael Soler sigue recogiendo el continuo renacer de su rico, ancho y frondoso bosque poético, paradigma de aquel célebre héroe de La Araucana, de Ercilla, el mítico Caupolicán, al que también cantó el genio de Rubén Darío en su libro Azul con estrofas como ésta: Anduvo,anduvo, anduvo, le vio la luz del día, le vio la tarde pálida, le vio la noche fría, y siempre el tronco de árbol a hombros del titán. Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo: Basta, e irguiese la alta frente del gran Caupolicán.”
Caupolucán Soler, en su conciencia moral, tiene bien claro que hay, siempre, que hacer lo correcto, Hacer lo que debas. Y por eso hay que brindar, brindar por eso y porque la vida tenga múltiples direcciones y, sobretodo, brindar porque desde ella podemos elegir o cambiar de dirección por la vida y por la página. Esa es nuestra porción de libertad y el poeta lo sabe bien y lo canta bien. Rafael Soler manda poemas-cartas primero, a sí mismo (puesto que el libro es una autentica reflexión sobre la vida y la muerte, que anda por él), segundo a un destinatario más o menos ficticio (excepción de Lucía, que yo sepa) que es el tú a quien se dirige para cantarnos con soltura, buen ritmo, con ironía lo que ve , lo que siente, lo que vive y que puedes vivir tú, lector, en mayor o menor medida y tercero, nosotros, vosotros, como podéis ser perfectamente el destinatario de su reflexivos poemas, Eso sí, él aparenta disfrazarse aunque su intención sea esa otra de reinventarse o desdoblarse en sus poemas a través de los lectores. Esta foto y la siguiente son de la Editorial El Ángel Editor
Por eso estas cartas de Rafael Soler, cartas serenas, de oscuro y críptico sarcasmo, amorosas, tremendas por su silencioso grito mudo, cartas plenas de autenticidad, llenas de versos auténticos, intensos y emocionantes donde la particular cosmovisión del hombre se alía con el poeta que es y nos escribe de todo aquello que no le gusta y que le gusta, de la vida y de la muerte, del amor, de lo que se gana y de lo que se pierde, de la poesía y de lo absurdo, a veces, de un mundo humano e imperfecto. Con juegos de lenguaje imaginativo y sorpresas verbales nos acerca su manera de ver, sentir, vivir… y se escribe y nos escribe.(Porque ya lo ha dicho Soler, “se escribe para que nos quieran” y si se paga lo que se debe, lo que Rafael sentía que debía, más. 

                                     Manuel López Azorín

jueves, 20 de febrero de 2020

Rafael Soler "Necesito una isla grande"



Rafael Soler: Necesito una isla grande



 
Recibí ayer vía editorial la última novela de Rafael Soler (Valencia, 1947) Necesito una isla grande (Ediciones Contrabando, Valencia,  diciembre, 2019) y tengo que confesar  que, aunque no suelo reseñar prosa en este blog, con Rafael Soler hago siempre una excepción porque si bien en sus poemarios, al menos en mi opinión, podemos encontrar  muchos argumentos para de uno o varios poemas hacer un guión cinematográfico, con su prosa me sucede lo mismo  y de algunos de sus capítulos  que , al menos en sus dos últimas novelas El último gin tonic (2018) y Necesito una isla grande (2019), ambas publicadas por la misma editorial, siendo como son de prosa ágil, diálogos aparentemente disparatados pero plenos de originalidad e ironía y con un enorme trasfondo existencial con la virtud de no llevarnos hasta la tragedia de los protagonistas con su fracaso de vida o su ilusionante  valor para emprender una aventura  que camina por el alambre de los límites entre la vida y la muerte. 
Durante la trama discurren ambas fronteras con vitalismo, humor, diálogos que sorprenden y una prosa absolutamente persona y “soleriana” Pues bien, con todo ello, en muchos de sus párrafos podemos adivinar el germen de un poema o de varios poemas. Esto solo me pasa con este poeta y narrador y por esta razón anoche comencé a leer su Necesito una isla grande y me dieron las tantas hasta acabarla.



Rafael Soler , lo tomo de la solapa de esta novela,  es uno de los exponentes de la explosión cultural y literaria de los años 80, autor de libros de marcada personalidad y estilo inconfundible que abarcan poesía, novela y relatos. Su obra ha recibido muy notables premios y ha tenido una destacada recepción crítica.

A su novela El grito (1979, reeditada en Paraguay en 2014) le sucedieron libros de relatos, el poemario Los sitios interiores (1980) y las novelas El corazón del lobo (1980, reeditada en su treinta aniversario), El sueño de Torba (1983) y Barranco (1985). Tras un periodo de silencio de más de veinte años regresó con los poemarios Maneras de volver (2009, traducido y publicado en inglés, húngaro, rumano y japonés), Las cartas que debía (2011), Ácido almíbar (2014, Premio de la Crítica Valenciana), No eres nadie hasta que te disparan (2016) y la antología Leer después de quemar (2019). La publicación de El último gin-tonic (2018), supuso la vuelta de Rafael Soler a la novela tras más de 20 años de no publicar narrativa.
Soler vuelve de nuevo con una novela que tiene el mismo espíritu que el Último gin tonic , la misma ironía y el mismo humor  capaz de hacer hablar a los muertos, capaz de convertir lo trágico en sonrisa, ternura, disparatada ternura en unos personajes inolvidables y capaz de hacernos olvidar el sentido trágico de la vida.

Necesito una isla grande  es, me dice Rafael  "un canto a la resistencia, se trata de reivindicar el amor a la vida, la capacidad de resistir y las relaciones fraternales" 
Sucede que desde el segundo capítulo el poeta narrador Rafael Soler sabe atraparnos en una historia con guión cinematográfico (propio de un gran guionista como Rafael Azcona, por ejemplo) y conducirnos página tras página hasta el desenlace final.
Y tras leer “esta historia de (como dice Luis Landero en la contraportada) tipos de piel dura y corazón tierno, imprevisibles, sentimentales y maravillosos,  comprobamos que Landero tiene razón y que  “brilla como nunca  el vigoroso arte narrativo de Rafael Soler, uno de los escritores más libres y soberanos que hay en nuestra lengua.”
La acción de esta novela comienza en una Residencia de Ancianos, donde unos personajes protagonizan disparatada huida hacia la mar (huida que por un lado nos conduce a la manriqueña  huida final y por otro lado a  la no aceptación  de normas absolutistas  de la residencia oprimiendo la libertad, y ese sueño de libertad mantiene la dignidad de los que inevitablemente viajan ya por ese río que, inevitablemente, da a la mar que es el morir.


Necesito una isla grande es el relato de un escritor exquisito que nos cuenta una trágica historia  con cariño, con mimo, con la elegancia del amigo que quiere arrancarte una sonrisa, que no quiere ver lágrimas en tus ojos mientras lees la historia y porque él Rafael Soler, a quien conozco bien,  lo que ha querido es poner el acento en que “la vida es un asunto personal” y construir una historia colectiva en la que todos los personajes son secundarios y, aunque algunos tengan un papel más principal que otros, todos son protagonistas.  Coronel Tomás, su hijo Julián, Carmina, Rocky Pulga, o Panocha, personajes curiosos, algo extraños a veces pero absolutamente entrañables; personajes valientes siempre a la búsqueda de una ilusión que ponga luz en sus apagadas vidas.

De Izqda a dcha: Los poetas Antonio Hernández, Pedro A. Gonzálz Moreno, Joaquín Benito de lucas (solo la cabeza), Manuel López Azorin, Francisco Caro y Rafael Soler en  El Caserón de  San Sebastián de los Reyes.

La lectura de esta novela ha hecho que me sintiera dentro de ella, dentro de las aventuras de estos personajes que, tras un suceso inesperado, deciden vivir de nuevo sueños y esperanzas de vida.  Y he sonreído con misericordia y voy a escribir de ella con la ternura del perdedor que sabe del fracaso final, por mucho mar que le abrace, de la vida que sabemos.
Y,  aun siendo un asunto personal la vida, de la vida de esta novela han opinado escritores bien conocidos como Jose María Merino y este nos dice en la contaportada de la novela que  es una: “Magnifica novela cuyo nudo dramático es un viaje al “no tiempo” de un grupo de gente entrada en años” y también Eduardo Mendicutti que nos dice: “Una estructura exigente,  una prosa radiante de regusto clásico, unos diálogos espléndidos de vivacidad actualísima y unos personajes memorables” y para concluir nos dice Inma Chacón: “Con un lenguaje brillante y una estructura cercana al guión cinematográfico, Rafael Soler nos invita a realizar un viaje al centro del corazón humano”

De izqda a dcha: Rafael Soler, Valentín Martín, Manuel López Azorín, Francisco Caro y Miguel Ángel Yusta. en el Café Comercial.

Tiene esta novela una estructura narrativa tan  cinematográfica que esto me recuerda una noche en la que tomábamos unas cervezas o vinos en un bar de la calle Libertad de Madrid cuando apareció Julio Medem y tras saludarse Rafael y Julio hablaron durante un rato y digo yo, si julio Meden que es director, guionista y productor y que según se dice de él, “destaca por el punto de vista que adoptan los personajes  ante un suceso inesperado” ¿ qué haces, querido Rafa, que no le has pasado ya la novela? 
                                Manuel López Azorín