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viernes, 25 de enero de 2019

"DON Y AVENTURA": Claudio Rodríguez





DON Y AVENTURA: Claudio Rodríguez

Edición de Sergio García García y Manuel López Azorín

Eirene Editorial. Noviembre de 2018


Sergio García García el encargado de presentar en Zamora la nueva antología de Claudio Rodríguez:  Don y Aventura


El 30 de enero, de seguir vivo,  Claudio Rodríguez celebraría su 85 cumpleaños y ese mismo día, en el Seminario Permanente Claudio Rodríguez de Zamora, tendrá lugar  la presentación de la antología Don y aventura (Eirene Editorial), elaborada por Sergio García García y Manuel López Azorín.
Será a las 20:00 horas en Salón de actos de la Biblioteca Pública del Estado de Zamora. 







El Seminario Permanente Claudio Rodríguez ha escrito lo siguiente: “Saludamos con alegría y agradecimiento una nueva antología de Claudio Rodríguez, que llevará sus poemas a más lectores.
"Don y aventura (Antología poética)", editada por Eirene , a cargo de Sergio García García y Manuel López Azorín, se publica con tres anejos: el manuscrito inédito de un texto poético inacabado, el prólogo- poética "A manera de un comentario" y una selección de los "poemas laterales".
¡Bienvenida!



Don y Aventura se presenta con una filológica a la vez que divulgativa introducción de Sergio García García (Filólogo de formación, trabaja en el Departamento de Filología Española de la Universidad Autónoma de Madrid), con el título de “Tanto secreto que es renacimiento,  Vida y obra de Claudio Rodríguez


La presentación este día 30 de enero correrá a cargo de Sergio García García que tendrá el placer de presentar esta nueva  antología de Claudio, Don y aventura en Zamora, ciudad natal del poeta. El acto ha sido organizado por el Seminario Permanente Claudio Rodríguez, a quienes les agradecemos la oportunidad de la presentación y de hacerla coincidir con el mismo día del nacimiento de Claudio Rodríguez.

Además de Sergio García García intervendrán: Luis Ramos de la Torre (Seminario Permanente Claudio Rodríguez) y la Editora María Consuelo Altable.


Este libro ya lo presentamos Sergio y yo en Madrid el día 11 de diciembre , en la Facultad de Filosofía y Letras de la UAM de la Universidad Autónoma de Madrida las 12, 00 horas, nos acompañaron la editora María Consuelo Altable, Sergio Fernández Moreno (Presidente de la Asociación de jóvenes hispanistas “Philobiblion”), y el profesor José Teruel Benavente (Profesor Titular de Literatura Española de la U.A.M.)

Recitaron poemas de Claudio aquel día: Jimena Donoso, Luis Fuentes Peréz, María Gonzalez Díaz, Laura Mundo, Elena Muras Hernández, Carmen Ostio Liñán y Adrián Turluiano.


El autor de la introducción, en esta antología que hemos realizado eligiendo los poemas que más le gustaban a Claudio y siempre con la inestimable ayuda de su mujer Clara Miranda,  nos dice, hablándonos de la vida y la obra del poeta zamorano, lo siguiente: "Claudio Rodríguez falleció el 22 de julio de 1999, a las puertas del nuevo milenio, en la madrileña clínica Nuestra Señora del Rosario. Su cuerpo fue trasladado al día siguiente al cementerio de San Atilano de Zamora, regresando a un paisaje castellano de murallas, aceñas y bares, Allí nació y vivió su juventud el poeta, y, a pesar de que la mayor parte de su vida habitó lejos de Castilla, nunca dejó de regresar a su tierra, una tierra donde halló, como un milagro, el don y que, con el paso de los años  y en consonancia con su trayectoria vital (su historia, su leyenda), fue aventura. Don y aventura, principio y final, o, sencillamente, desarrollo armonioso de una de las voces poéticas más importantes, originales y bellas de la literatura hispánica del siglo pasado.”
                                        Sergio García García
                                Universidad Autónoma de Madrid

 

Claudio Rodríguez se dio a conocer como poeta cuando en 1953,  ganó el Premio Adonais con su libro Don de ebriedad, libro que impresionó a Vicente Aleixandre, y que con él nos llegó el que sería uno de los más grandes poetas de su generación. 

Carlos Bousoño , uno de los grandes especialistas en la literatura española contemporánea, escribió en 2000, con ocasión del primer aniversario de la muerte de  Claudio  Rodríguez
 “Los poetas más grandes no carecen de poemas sobrantes; (…)  En Claudio es oro todo lo que reluce. Todo es joya: acabada, completa.” (…) “Claudio Rodríguez canta, pero de otro modo, un modo según el cual el resultado, siendo canto, lleva dentro de sí el nuevo problema planteado, al cual supera sin negarlo. Y eso es lo difícil, lo genial, si se me permite la expresión. Rodríguez hace algo que nos da la impresión de que no se puede hacer. Y eso es lo que llamamos genialidad, a mi juicio.”

Y por todo esto hemos querido incluir en esta antología  una selección de sus cinco libros publicados: Don de la Ebriedad (1953), Conjuros (1958), Alianza y condena (1965), El vuelo de la celebración ( 1976), y Casi una leyenda (1991) y también una selección de Los poemas laterales.  

“Cuando la vejez”, que pertenece al libro que preparaba Claudio sobre la vejez y titulado Aventura, es un poema que aparece, incluido, reflejando todo su proceso de gestación, al final de la antología “ y es que Claudio desde que publicó Casi una leyenda, solo me hablaba de que andaba escribiendo un largo poema sobre la vejez “del mismo modo que el primer libro era un solo poema dividido, me decía, este sobre la vejez, será dividido también

Aquellos con quienes hablaba Claudio eran gentes del pueblo, gentes de la calle, que trabajaban su oficio y ganaban su jornal. Yo lo vi, lo sentí, Claudio el poeta, el Académico, nunca se mostró por encima de nadie (aunque a mí siempre me pareció que estaba por encima de todos) Siento tristeza porque con su marcha, no sólo perdí a un amigo, perdí también un magisterio tácito porque Claudio Rodríguez, enseñaba sin enseñar, sin querer enseñar, era una actitud en su vida.

Fue Premio de la Crítica en 1965, Premio Nacional de Poesía en 1983, Premio Príncipe de Asturias de las letras en 1993 y Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1993. En 1987 fue elegido miembro de la Real Academia Española.

Siento tristeza  y siento  alegría por su hermosa inocencia, como de niño que nunca quisiera dejar de serlo, alegría porque tuve la inmensa fortuna de contar con su afecto, de conocer por él y junto a él a poetas como Pepe, es decir José Hierro, y.. Rafael Morales y Ängel Gonzalez…y muchos más. Y siento alegría no sólo por la grandeza de su poesía, la siento también por su nobleza, su sinceridad,  por su rigor, por su bondad. Alegría por haber formado parte de su vida y, sobretodo, porque él fue parte muy importante de la mía.


Sergio García García y Manuel López Azorín
En agradecimiento a Clara y en homenaje a Claudio  en este 85 aniversario de su nacimiento ponemos aquí el poema de la contraportada. Un soneto que Claudio escribió a Clara cuando se conocieron en 1953 y que pertenece a lo que el llamaba sus poemas laterales.












Sabe que en cada flujo, en cada ola 
hay un impulso mío hacia ti. Sabe
que tú me resucitas, como el ave
resucita a la rama en que se inmola.

Si tú supieras cómo no estás sola,
cómo te abrazo, lejos, cuanto cabe.
Pon el oído, para que se lave,
mi corazón como una caracola.

Y oirás, no el mar, sino la tierra mía 
hecha con el espacio más abierto.
Y oirás su voz, mi voz que yo quisiera

Meterte por el alma cada día,
clara como tu nombre, al descubierto 
como este mar de amor mío que espera.


Cuando se van a cumplir ya veinte años desde que nos dejara hemos preparado esta antología, tan suya y, creemos, tan completa, para regresarle, para tratar de establecer más comunión con más lectores si cabe, para regresarle y para  recordarle siempre.

                                            Manuel López Azorín



miércoles, 19 de junio de 2013

Claudio Rodríguez: Antología poética. Edición de Ángel L. Prieto de Paula y Luis Bagué Quilez. Ediciones Rialp. Colección Adonais









  
   Claudio Rodríguez: Antología poética
Edición de Ángel L. Prieto de Paula y Luis Bagué Quilez



Memoria poética: el poeta del don, en Adonais

Ediciones Rialp, en su archiconocida colección Adonais, dirigida en la actualidad por el poeta Carmelo Guillén Acosta (el fue el primero que me mando noticia de este libro) ha publicado  un libro imprescindible: Claudio Rodriguez,  Antologia poética. Imprescindible porque reúne en él  una poesía significativa, deslumbrante e intensa. Se ha encargado de esta edición Angel L. Prieto de Paula (Ledesma, Salamanca, 1955), uno de los más grandes conocedores de la obra de Claudio Rodríguez y, junto a él, el poeta y crítico literario Luis Bagué Quilez (Palafruguell, Gerona, 1978) que ha colaborado con el profesor Prieto de Paula en esta obra antológica de la poesía de Claudio Rodríguez.

La obra de Claudio Rodríguez (Zamora 1934-Madrid 1999) , desde que  publicó El don de la ebriedad, con tan sólo 19 años y obtuvo el Premio Adonais (Con Adonais  tuvo una gran relación Claudio porque además de obtener este prestigioso premio fue, durante muchos años , miembro del jurado que lo otorgaba) es, me atrevo a decirlo, un poeta que sorprendió , deslumbró y terminó convirtiéndose, con el tiempo,  en un poeta de culto, un poeta  ya clásico en el panorama poético español con una obra de escasa producción. Sólo cinco son los libros que vieron la luz en vida de Claudio RodríguezEl don de la ebriedad (Adonais, Rialp,1953. Madrid ),  Conjuros(Cantalapiedra,1958.Torrelavega ), Alianza y condena (Revista de Occidente, 1965.Madrid ), El vuelo de la celebración (Visor, 1976. Madrid ) y Casi una leyenda ( Tusquets Editores, 1991. Barcelona)  Con estos cinco poemarios Claudio Rodríguez, lo diré con palabras de Prieto de Paula,  ha alcanzado el reconocimiento y la admiración de cuantos se asoman a su obra.


Ángel  L. Prieto de Paula

Como para mi Claudio Rodríguez es uno de los grandes poetas, y no sólo de lo que el profesor Prieto de Paula llama “La promoción poética de los años 50” sino de toda la poesía española, cada vez que recibo un ejemplar sobre la obra de Claudio, a quien tanto quise y tanto admiré (y quiero y admiro), además de interesarme por lo que, en esta ocasión, Ángel. L. Prieto de Paula y Luis Bagué Quilez, dicen de él y de su poesía (que son cincuenta y tantas páginas de análisis acertado, intenso, clarificador y emocionante) voy, tras leerlas una, dos y hasta tres veces, a pasearme por la selección poética que  contiene y leo con verdadero fervor, y siempre como si los leyese por primera vez, los poemas de mi querido Claudio a quien tanto debo por su amistad sincera y su afecto para conmigo. Porque si hay un poeta, dentro de la poesía española, que haya sido capaz de deslumbrarnos con ella, este ha sido Claudio Rodríguez.

Hace unos años ( 14/08/2010) el periodista y filólogo Javier Rodríguez Marcos publicó un artículo  titulado “Un milagro llamado Claudio Rodríguez”, en el suplemento Babelia de El País  donde nos decía: …la obra de Claudio Rodríguez es un milagro, milagrosa es también su presencia dentro de la literatura española. Lejos de pasar por el limbo al que la muerte condena por un tiempo a la mayoría de los escritores, su desaparición, hace más de diez años no hizo nono acrecentar su presencia. Esta vez  la poesía no pagó la factura de la falta del poeta.


Y así fue, Claudio Rodríguez no quedó en el olvido. Dos años después de  su fallecimiento en 1999, Tusquets Editores publicaban la poesía completa de Claudio (mejor dicho, los cinco libros  publicado en vida anteriormente citados) y más tarde, en 2004,  La otra palabra. Escritos en prosa. Una serie de textos en prosa, ensayos, trabajos inéditos  sobre literatura y poesía, en edición del profesor Fernando Yubero.  Claudio, tras publicar Casi una leyenda, estaba escribiendo algunos poemas (sobre la vejez, “cuando la vejez” era el título de uno de ellos, me comentó en alguna ocasión), lo hacía con la lentitud que  en  él era habitual. La editorial Tropismos publicó, en 2005, un faccsimil de lo inacabado (unos once poemas) con el título de Aventura (Claudio siempre dijo que la poesía era una aventura y ese fue el título que le daba a lo que estaba escribiendo), mas tarde el hispanista  Philip W. Silver, de la Universidad de Columbia, EEUU, publicó Rumoroso cauceNuevas lecturas  sobre Claudio Rodríguez.




Philip W. Silver hizo una edición sobre la poesía de Claudio Rodríguez con una Colección de ensayos escrita por críticos, lingüistas, poetas que eligieron, cada uno de ellos, un poema de Claudio y, a través del poema, nos ofrecían su punto de vista sobre la poesía de este poeta zamorano, universal sin duda alguna, del que Philip W. Silver nos dice que fue un ser humano sorprendente (y de eso doy fe pues lo experimenté personalmente junto a él), un gran poeta nacido para serlo más allá de su tiempo.( Así lo pensamos muchos).

En la actualidad sé, me lo contó Clara, su mujer, a principios de este año , que  se prepara una edición traducida al inglés y que publicará la Universidad de Chicago sobre un libro de Claudio Rodríguez. Este extraordinario poeta no solo ha  sido un maestro (sin querer ejercer magisterio nunca) de muchos poetas jóvenes sino que, en su poesía, continúa  atrayendo  a aquella especie de rapto a más y más lectores.

La selección  de Ángel L. Prieto de Paula, me parece encomiable, poemas como “Siempre la claridad viene del cielo”, “Cómo veo los árboles ahora” “Como si nunca hubiera sido mía” del primer libro. “Con media azumbre de vino”, “A mi ropa tendida”, “Alto jornal”, “La contrata de los mozos”, o “El baile de las Águedas” del segundo. “Eugenio de Luelmo” , “Epuma”, “Gorrión”, “Ajeno” del tercero. “Herida en cuatro tiempos”, “Ballet de papel”, “Hilando”,  “Hacia la luz” y “Mientras tu duermes” del cuarto y “El robo”, “Lamento a Mari”, “Con los cinco pinares”, “El cristalero azul”  del quinto y último libro, son poemas que siempre quiero leer una y otra vez. Selección que  viniendo de este catedrático de Literatura Española  que  ha editado en diferentes ocasiones ya a Claudio Rodríguez. En el año 2005 y publicada por  Mare Nostrum. Madrid , publicó una edición  de Don de la ebriedad y otros poemas; pero antes, mucho antes, en 1989, ya editó, que yo sepa,  La llama y la ceniza (Introducción a la poesía de Claudio Rodríguez) Ediciones Universidad de Salamanca y  Claudio Rodríguez: visión y contemplación, en1996.


No sólo ha escrito Prieto de Paula de y sobre  Claudio, lo ha hecho de muchos de los grandes poetas españoles desde Garcilaso hasta Claudio y entre los muchos que han merecido su interés  están  Pepe HierroAntonio Gamoneda… Y es que siendo poeta, como lo  es también, este profesor, además de un experto en Literatura ha vivido y sentido la poesía desde sí mismo pues como poeta ha publicado libros de poesía como Ortigia (José Batlló1985), Compás del vacío (Editorial Aguaclara 1989), De la naturaleza (1992), Poesía  (Editorial Aguaclara 2012) .  Recuerdo que en el año 2003 en Cambrils (no nos presentaron pero coincidimos allí) en las Jornadas de Poesía Contemporánea que organizaron el Departamento de Lengua y Literatura del IES Cambrils y el Departamento de Filologías Románicas de la Universidad Rovira y Virgili, donde se publico una extensa antología titulada Palabras frente al mar, coordinada  por el poeta Ramón García Mateos que fue publicada por Trujal (Pliegos de Poesía, 6) Cambrils, 2003.


Volviendo a Claudio Rodríguez –Antología poética –  diré hay un poema, concretamente “Herida en cuatro tiempos”  de El vuelo de la celebración, que me ha hecho recordar una anécdota que no hace mucho me contaba Clara Miranda. Dividido en cuatro partes, este poema que nos habla de la  muerte de la madre ( la parte I) y la hermana  asesinada, (la  IV y  última que se titula “Un rezo”) y que comienza así: ¿Cómo el dolor, tan limpio y tan templado, / el dolor inocente, que es el mayor misterio, / se me está yendo? Ha sido poco a poco, / con la sutura de la soledad / y el espacio sin trampa, sin rutina / de tu muerte y la mía.


La muerte de la hermana… Claudio estaba con Clara en Zarautz, donde tienen la casa familiar y pasaban los veranos. La plaza estaba en fiestas, sonaba la música, una canción pegadiza, alegre, de Palito Ortega “La cerveza”. De pronto, Claudio y Clara se marchan a la  casa y él, en su habitación, comienza a escribir, como si le dictaran,  mientras Clara  acompaña y observa  al poeta, en aquella especie de rapto que le ha sobrevenido. Al poco tiempo concluye y le dice a Clara: “ya he terminado el poema. Ahora volvamos a la plaza a bailar y etc.” Y regresaron a la fiesta. Claudio Rodríguez, tan parsimonioso al escribir su poesía, había escrito un poema de un tirón, un poema que quedó totalmente acabado en 15 minutos más o menos y que no volvió a tocar nunca. Aquel rezo con el que concluyó este poema fue el tiempo de la salvación y la liberación de otro tiempo de rabia y de dolor. Aquel fue el tiempo de cerrar la herida. De iniciar el vuelo, la aventura de la celebración de la vida.



Para concluir quiero dejar aquí un poema, también incluido en esta edición, que a  mi me gustó siempre, y a Clara también, aunque no sea un poema de los más celebrados, a mi me parece hermosísimo. Pertenece a El vuelo de la celebración. Es un poema de amor que yo le leí para Clara en un Homenaje a Claudio hace ya unos años en el Centro Cultural de la Villa, hoy Centro Fernando Fernán Gómez, de Madrid. El poema se titula: “Mientras tú duermes”  

Cuando tú duermes 
pones los pies muy juntos,
alta la cara y ladeada,  y cruzas
y alzas las rodillas, no astutas todavía;
la mano silenciosa en la mejilla izquierda
y la mano derecha en el hombro que es puerta
y oración no maldita.

Qué cuerpo tan querido,
junto al dolor lascivo de su sueño,
con su inocencia y su libertad,
como recién llovido.
Ahora que estás durmiendo
y la mañana de la almohada,
el oleaje de las sábanas,
me dan camino a la contemplación,
no al sueño, pon, pon tus dedos
en los labios,
y el pulgar en la sien,
como ahora.  Y déjame que ande
lo que estoy viendo y amo: tu manera
de dormir, casi niña,
y tu respiración tan limpia que es suspiro
y llega casi al beso.
Te estoy acompañando. Despiértate. Es de día.

Claudio Rodríguez

lunes, 30 de enero de 2012

Claudio Rodríguez, sus Poemas laterales y este 30 de enero



Memoria poética:

Claudio Rodríguez, sus Poemas laterales y este 30 de enero.


Siempre que ando cansado recurro a la poesía de Claudio Rodríguez. No se bien el porqué pero es así. Y siempre que recurro a ella mi memoria se empaña de tristeza al tiempo que se inunda de alegría. Tristeza y alegría que permanecen, en mi recuerdo, hoy 30 de enero fecha de su aniversario de nacimiento en 1934 en Zamora.

(Un buen día, hará unos dos o tres años, un joven poeta, Sesi García, sabiendo de mi devoción por Claudio Rodríguez, me trajo un libro publicado en 2006 por la Fundación Cesar Manrique, en la colección de poesía Péñola Blanca, dirigida por Fernando Gómez AguileraPéñola Blanca es una colección de poesía de carácter bibliófilo – que recoge obra inédita de poetas contemporáneos con una trayectoria consolidada.

La edición de este libro es del profesor titular de Literatura Española en la Universidad de Salamanca y crítico literario Luis García Jambrina, uno de los grandes conocedores de la obra de Claudio Rodríguez.)

Siempre que le recuerdo siento tristeza porque pienso que se nos fue pronto (1999) aunque él pensara ya en la vejez -me decía- y por eso andaba escribiendo sobre ella. Tristeza porque ya no es posible caminar juntos, como hacíamos, mientras, a cada momento, le saludaban, le miraban con respeto, con afecto, con admiración y, al tiempo, con la misma afabilidad, Claudio les ofrecía su saludo, su sonrisa…


Era gente del pueblo, gente de la calle, que trabajaba su oficio y ganaba su jornal. Yo lo vi, lo sentí, Claudio el poeta, el Académico, nunca se mostró por encima de nadie (aunque a mí siempre me pareció que estaba por encima de todo) Tristeza porque con su marcha, no sólo perdí a un amigo, perdí también un magisterio tácito porque Claudio Rodríguez, enseñaba sin enseñar, sin querer enseñar, era una actitud en la vida.



(Luis García Jambrina nos cuenta en sus Notas a la edición de Poemas laterales que Claudio Rodríguez tenía el proyecto de recoger y editar algún día bajo ese título, como algo lateral a su trayectoria poética, estos poemas que son homenajes a poetas, o poemas sobre pintura o escultura escritos en su mayor parte entre 1976 y 1988, años que coinciden con la gestación de Casi una leyenda. En la misma carpeta guardó el autor tres poemas que en un principio iban a ser incluidos en Don de la ebriedad, Conjuros y Alianza y condena, y que descartó por diversas razones.

Todo ese material de la carpeta azul lo ha organizado Luis García Jambrina en cuatro secciones.

-Una.- Homenajes, con poemas a Vicente Aleixandre,

a Blas de Otero,


a Machado,Antoñete,
Ángel González



- Dos.- Sobre pintura y escultura, con poemas como Cosecha de la materia, que contiene mucho de la cosmovisión del mundo poético de Claudio.

- Tres.- Poemas excluidos que el autor desechó al preparar la edición de sus tres primeros libros.

- Cuatro:- Los Primeros poemas, anteriores a Don de la ebriedad, que aportan muchas claves de lo que luego fue el mundo poético de Claudio Rodríguez.)

Y siento alegría, por todo el tiempo que compartimos juntos, alegría por su hermosa inocencia, como de niño que nunca quisiera dejar de serlo, alegría porque tuve la inmensa fortuna de contar con su afecto, de conocer por él y junto a él a poetas como Pepe, es decir José Hierro, y...



a Rafael Morales, y...


a Ángel González...





Siento alegríano sólo por la grandeza de su poesía, la siento también por su nobleza, por su rigor, por su bondad. Alegría por haber formado parte de su vida y, sobretodo, porque él fue parte importante de la mía.



Confieso que no conocía esta edición de Poemas laterales; pero al ver el libro y leer algunos de sus poemas, me vi, de repente, junto al poeta en la última casa donde vivió, Santa Hortensia. Claudio sostenía entre sus manos una carpeta azul, de gomas, y me decía: Estos poemas que guardo en esta carpeta, son Poemas laterales.


Eran poemas –como bien dice ahora Jambrina– no recogidos en libro, unos publicados en revistas o catálogos de exposiciones y otros inéditos. Y me contaba que los fue escribiendo para los amigos, etc. y que al no encajar en los libros, los guardaba como algo lateral a su obra poética ya publicada.


Yo no tenía estos poemas –me confesó Claudio– pero alguien me los hizo llegar (este alguien, ahora al leer la Nota de edición de esta publicación lo sé, fue Luis García Jambrina. Había tenido conocimiento de estos poemas a través del crítico de arte Miguel Gamazo y –según nos dice– fue en 1992.

Luis García Jambrina dio cuenta de estos poemas en un artículo publicado en la Revista Hispánica Moderna de Nueva York en 1993.



Cuando Claudio me hablaba, ya fuese de futbol, de mus, de sus veranos en Zarautz, de las canciones infantiles que tanto le gustaban, de la naturaleza, de sus paseos, de poesía… lo hacía siempre con entusiasmo, parecía que al contarte las cosas las estaba inventando, creando, haciendo nuevas, ponía énfasis en lo que me contaba y lo hacía con absoluta naturalidad, normalidad, ya fuese algo importante o la más sencilla de las cosas que le sucedían o contemplaba.



Aquel día que tuve el libro Poemas laterales por primera vez en mis manos, recordé cómo Claudio me hablaba de un poema publicado en una revista de toros dedicado a Antoñete
o de otro poema dedicado a Ángel González que publicaron en Asturias y me habló también de poemas que había escrito antes de escribir Don de la ebriedad (cuenta Jambrina que durante el año 50, Claudio no me precisó la fecha exacta o, al menos yo no la recuerdo) para un futuro libro que andaba preparando y que nunca se publicó.

Y me mostró este soneto sin título que escribió en 1953. En ese año conoció a Clara Miranda, Clara y él se casarían en 1959 y vivirían los primeros años de casados en Cambridge, Inglaterra. (Dionisio Cañas lo publicó en los 80 en Júcar.) ¿Puedo leerlo Claudio? –pregunté– Te lo leo yo –contestó– mi letra es muy desordenada, etc. y te costaría entenderla.



Sabe que en cada flujo, en cada ola
hay un impulso mío hacia ti. Sabe
que tú me resucitas, como el ave
resucita a la rama en que se inmola.

Si tú supieras cómo no estás sola
cómo te abrazo, lejos, cuanto cabe.
Pon el oído para que se lave,
mi corazón como una caracola.

Y oirás, no el mar, sino la tierra mía
hecha con el espacio más abierto.
Y oirás su voz, mi voz que yo quisiera

meterte por el alma cada día,
clara como tu nombre, al descubierto
como este mar de amor mío que espera.

Todavía me parece oír su voz, su peculiar manera de entonar el poema, su forma de dejar colgando algunas palabras, como bailando, al aire, como el agua de las olas de un mar en calma con su cadencia suave, alargada, desparramada, como de abrazo y de beso de la naturaleza y el hombre. Como la espuma, el alma de este poeta que siempre vivirá por mi memoria.



A finales de noviembre hablábamos Clara (Miranda) y yo y, como siempre, Claudio entre nosotros, en nuestra memoria y en nuestro corazón. Y hablábamos del poeta y de su correspondencia con Vicente Aleixandre mientras estuvieron en Inglaterra y hablábamos de hombre, del marido, del amigo, de la persona más verdadera y más noble que yo he conocido.




He buscado en la red y en la web de la Fundación Cesar Manrique podéis (www.fcmanrique.org/publiDetalle.php?idPublicacion=81) acceder a la lectura de este libro. Poemas laterales resulta, al menos para mí, un tesoro. En primer lugar por los poemas de Claudio Rodriguez, y, luego, por la excelente edición, en esta hermosa y cuidada colección, de Luis García Jambrina



Luis García Jambrina (Zamora, 1960) es profesor de Literatura Española en la Universidad de Salamanca y, entre otros, ha escrito sobre el poeta zamorano: Guía de lectura de Claudio Rodríguez (1988), De la ebriedad a la leyenda. La trayectoria poética de Claudio Rodríguez (1999), Claudio Rodríguez y la tradición literaria (1999). Claudio Rodríguez para niños (1988 y 2000), Hacia el canto (1993 y 1999), Don de la ebriedad. Conjuros (1998), Alianza y condena (2001), Aventura (2005) y este hermoso libro Poemas laterales (2006), que tantos recuerdos me trajo cuando supe de él y hoy 30 de enero, día en que cumpliría años, cuando leo a Claudio siento tristeza y alegría y lo recuerdo.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Rumoroso cauce, Nuevas lecturas sobre Claudio Rodríguez. Edición de Philip W. Silver.


Philip W. Silver, de la Universidad de Columbia nos dice en la introducción de este libro, cuya edición es suya, titulado Rumoroso cauce, Nuevas lecturas sobre Claudio Rodríguez y que ha sido publicado por la Editorial Páginas de espuma, que: Claudio Rodríguez nunca publicó, quizá ni siquiera escribió – o más bien nunca terminó – un solo poema que no fuese la perfección misma.

Y lo hace tras ofrecernos en su solapa esta personal nota bibliográfica: Claudio Rodríguez nacido en Zamora en 1934, deslumbró con su primer libro, Don de la ebriedad, publicado cuando tenía 19 años. Libro de exaltación mística de la naturaleza, se distanció de sus contemporáneos y optó por una tradición sui géneris de Rimbaud, mística española, Keats, Leopardi y Hölderlin.

Su tercer libro, Alianza y condena (1965) recibió el Premio de la Crítica, y la antología Desde mis poemas (1983) obtuvo el Premio Nacional de Poesía. En 1993 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y el II Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Hombre sencillo que no "ejercía de poeta", su status especial fue desde el principio irrefutable y, al final, legendario. A partir de Don de la ebriedad y durante cuarenta años, para el lector de poesía, el gran público y los medios, fue ese ser humano sorprendente, un gran poeta, nacido para serlo más allá de su tiempo.

Philip W. Silver ha preparado una edición sobre la poesía de Claudio Rodríguez con una Colección de ensayos escrita por críticos, lingüistas, poetas que han elegido, cada uno de ellos, un poema de Claudio y, a través del poema, nos ofrecen su punto de vista sobre la poesía de este poeta zamorano, universal sin duda alguna, del que Philip W. Silver nos dice que fue un ser humano sorprendente (y de eso doy fe pues lo experimenté personalmente junto a él), un gran poeta (mejor, en mi opinión, un extraordinario poeta que nunca ejercía de poeta), nacido para serlo más allá de su tiempo.( Así lo pensamos muchos).


Colección de ensayos –este Rumoroso caucehecha con la intención de guiar al lector novel, pero también para atraer e incitar al que ya es un lector experimentado en la poesía de Claudio.Rumoroso cauce es además un muestrario de las muchas maneras de ser un "lector en profundidad"

En él se incluyen poetas como Ángel González (que fue gran amigo de Claudio), Luis Muñoz, Antonio Carvajal (profesor titular de métrica en la Universidad de Granada) Carlos Marzal, Miguel Casado, Ernesto Estrella. Grandes conocedores de la obra poética claudiana como Luis García Jambrina, Angel Prieto de Paula, Ángel Rupérez, Juan José Lanz, Gonzalo Sobejano, Fernando Yubero, Covadonga López Alonso, Jonathan Mayhew, W. Michael Mudrovic, que le han dedicado estudios a la poesía de Claudio
y, también, Mikel Azurmendi , William Childers, Martha LaFollette Miller, Gustav Siebenmann, además del autor de esta edición, buen amigo de Claudio y de su poesía, Philip W. Silver.

De manera que críticos, filólogos, historiadores de la Literatura, doctores, catedráticos, profesores, poetas…todos expertos en Lengua y Literatura, todos ellos buenos conocedores, en mayor o menor medida, de la breve pero intensa y magnífica obra poética de Claudio Rodríguez, nos ofrecen, en este libro, sus particulares puntos de vista sobre el poema elegido y por extensión sobre su poesía.

En poemas como Ajeno, Alto jornal, A mi ropa tendida, con media azumbre de vino, Espuma, Sin epitafio, Sigue Marzo, Noviembre, Hacia la luz… que me resultan más cercanos y siempre excelentes, he podido disfrutar con esta nueva lectura de ellos a través de las interpretaciones que se ofrecen. De manera que, personalmente, agradezco a todos y cada uno de los colaboradores de esta edición (y en especial a Philip W. Silver por haberlos reunido en este volumen) su aportación a la poesía de este grandísimo poeta a quien siempre admiré (y admiro) quise y recuerdo siempre con grandísimo afecto. Claudio Rodríguez es y será uno de los grandes poetas en el tiempo, sin duda.


Quiero para concluir esta entrada (que no pretende ser una crítica, ni una reseña sino la opinión de un admirador, amigo de Claudio y de su poesía, que sólo pretende dar cuenta, para conocimiento de quienes lean este blog, de que este Rumoroso cauce Nuevas lecturas sobre Claudio Rodríguez, es un excelente libro para aquellos que quieran conocer mejor la poesía de este universal poeta llamado Claudio Rodríguez) Decía que quiero incluir la glosa V de Glosas en homenaje a Claudio Rodríguez que le escribió Ángel González y que publicó en su libro Otoño y otras luces (Tusquets 2001) como recuerdo del poeta amigo:



V
Levantaste la voz para decirlo,
alzaste tu palabra hasta dejarla
en vilo, incólume,
salvadora y salvada
en el espacio prodigioso
donde pueden pisarse las estrellas.

Y lo hiciste en un vuelo
alto y valiente
que nosotros miramos deslumbrados,
pendientes de sus giros
con la misma emoción y el mismo asombro
con que tu contemplabas
la infinita materia de tu canto.


Y, finalmente, os dejo este hermoso poema titulado Hacia la luz poema del que Luis García Jambrina nos dice: manifiesta, de manera evidente, el proceso de conocimiento poético según lo entendía Claudio Rodríguez.

Claudio decía que: el proceso del conocimiento poético es el proceso mismo del poema que lo integra y afirmaba que: el poeta no pisa tierra firme hasta que no termina su poema.


Hacia la luz.

Y para ver hay que elevar el cuerpo,
la vida entera entrando en la mirada
hacia esta luz, tan misteriosa y tan sencilla,
hacia esta palabra verdadera.

Ahora está amaneciendo y esta luz de Levante,
cenicienta,
que es entrega y arrimo
por las calles tan solas y tan resplandecientes,
nos mortifica y cuida,
cuando la sombra se desnuda en ella
y se alza la promesa / de la verdad del aire.

Es el olor del cielo,
es el aroma de la claridad,
cuando vamos entrando a oscuras en el día,
en la luz tan maltrecha por lo ciego
del ojo, por el párpado tierno aún para abrir
las puertas de la contemplación,
la columna del alma,
la floración temprana del recuerdo.

Tú, luz, nunca serena,
¿me vas a dar serenidad ahora?

Claudio Rodríguez
Del libro El vuelo de la celebración

jueves, 15 de julio de 2010

Claudio Rodríguez: Un poema para recordar





Manuel Lopez Azorín, desde la sierra madrileña, recuerda a Claudio Rodríguez.



MEMORIA POÉTICA: Claudio

El mes de julio de 1999, con su sol de justicia al tiempo que de claridad, de luz , se nos llevó la madrugada del día 21 a Claudio Rodríguez, se lo llevó donde está amaneciendo siempre, a la claridad de la luz que ya no mide el tiempo, al luminoso recuerdo de los que dejan, aunque se marchen, su huella entre nosotros.

En el año 1992, recuerdo que Claudio me regaló un poema manuscrito. Pertenecía a último libro suyo publicado en 1991: Casi una leyenda. Me dijo: toma,para cuando hagas esa invitación tan completa que haces para la Tertulias de Autor de Helicón, es para el día que vaya como invitado, para que lo coloques en ella. ¿Y por qué este poema Claudio? Le pregunté. Yo pensaba pedirte que me dieras el poema nº IX de Don de la ebriedad, ese que dice: Dad al aire mi voz y que en el aire / sea de todos y la sepan todos / igual que una mañana o una tarde. O pedirte el poema Ajeno o Espuma

Claudio, con esa sonrisa de bonachón y de pícaro al mismo tiempo, me dijo: tú quieres fomentar y difundir la poesía ¿No? Pues yo te doy este poema que habla de poesía, una poesía que, ahora que estoy escribiendo sobre la vejez, me parece que la siento como una "armonía de dolor y gracia" y con la misma inocencia que cuando escribí ese poema IX que a ti tanto te gusta. Guardé el poema unos meses (Levanta el vuelo entre los copos ciegos / de cada letra, comienza diciéndonos. Y nos muestra el misterio de la creación poética, tanto secreto que es renacimiento. Y nos muestra la vida en sus palabras, como de agua a mediodía, que es el momento de luz plena, de plena claridad, y ahora alumbra tu oficio. El oficio de no tener oficio sino necesidad de ser poeta).

Lo guardé hasta el día en que comencé a preparar las invitaciones para su lectura en Tertulias de Autor de Helicón. Y este fue el poema manuscrito que coloqué en la invitación a la Tertulia dedicada a Claudio Rodríguez y no otro, porque él lo quiso así. Y este es el poema con el que yo, ahora, en este mes de julio, once años después de su muerte y 18 años de aquella magnifica lectura que nos ofreció, quiero "colgar" aquí para recordar a uno de los más grandes poetas (por no decir el más grande) de los años cincuenta. Va por ti Claudio con mi abrazo siempre de amistad y con mi más devota admiración.

Sin epitafio

Levanta el vuelo entre los copos ciegos
de cada letra. Deja
a esta inocencia que se está grabando
en el centro del alma. Deja, deja
tanto misterio y tanta cercanía,
tanto secreto que es renacimiento.
La vida se adivina. Vete. Fue
esta armonía de dolor y gracia,
tanta felicidad que es la verdad
y ahora alumbra tu oficio
con su silencio fugitivo, en son
sereno como de agua a mediodía.
Levanta el vuelo. No entres
en este cuerpo entero:
donde está amaneciendo.

Claudio Rodríguez
Del libro: Casi una leyenda<

martes, 23 de febrero de 2010

CLAUDIO RORDÍGUEZ: La aventura




MEMORIA POÉTICA V (y final)

La poesía es leyenda y aventura, solía decir Claudio Rodríguez a menudo.

Aquel niño de Zamora que jugaba al futbol, que paseaba a la orilla del Duero, por las tierras de su abuela junto a los jornaleros, que contemplaba la naturaleza, los hombres, que jugaba a escuchar los sonidos de las cosas, que leyó a los clásicos españoles y a los poetas franceses en la biblioteca de su padre, un hombre de origen humilde que componía versos y con quien no se entendía. Aquel muchacho que, al morir su padre, tuvo que hacerse mayor de repente, asimilar la ruina y administrar lo poco que quedaba. Aquel que llegó a Madrid con una beca para estudiar Filología Románica es también leyenda y aventura.

El jovencísimo Claudio Rodríguez que escribió con 17 años un primer libro extraordinario, se presentó a Premio Adonais y lo ganó causando, a sus 19 años, con su libro, Don de la ebriedad, el asombro y la admiración de críticos y poetas. Aquel que conoció el amor en ese año de la claridad, del don, con nombre de Clara Miranda, es leyenda y aventura.

El joven que se afilió al partido comunista y le duro el carnet menos de media hora pues debido a una discusión con un hermano de Jorge Semprum lo rompió y se apartó para siempre de los partidos políticos.
Este poeta que no era hombre de acciones públicas porque su participación, su compromiso era sólo con el hombre y con la palabra: La mía no es una ideología de partido sino una actitud moral –decía- es aventura y es leyenda.

Este hombre que contrajo matrimonio con Clara, la mujer de su vida, la compañera, (…Y déjame que ande / lo que estoy viendo y amo; tu manera / de dormir, casi niña, / y tu respiración tan limpia que es suspiro / y llega

casi al beso) esta pareja,los cariñosamente llamados Cla-Cla por su amigo José Olivio Jiménez, juntos ya hasta el fin de sus días. Este poeta que, junto a Clara, se marchó a Cambridge como lector de español (antes había estado en Nottingham) durante cuatro años y allí escribió Alianza y condena (1965) que publicó al regresar y que le valió el Premio de la Crítica, es aventura y leyenda

Este hombre bueno y justo que, frente al asesinato de su hermana en 1976 estalla en ira, impulso razonable, y en deseo de venganza; y este hombre, este grandísimo poeta ensombrece su alegría, se carga de dolor y camina y contempla y escribe: La luz hoy cruda, amarga / de la ciudad, me sana / la herida que supura con su aliento. El instinto se aplaca y lo que queda, finalmente, es un vuelo que celebra, frente al dolor, lo que se cierra y lo que se abre, un vuelo de reflexiva meditación, El vuelo de la celebración en la leyenda y la aventura de Claudio Rodríguez.

Este poeta inocente, noble, generoso, sigue caminando, contemplando, aprendiendo a mirar, a saber, a conocer, a ser, sin saberlo o sabiéndolo, humanísimo, un poeta lleno de sabiduría consciente e intuitiva, lleno de imaginación, de música, de ritmo, de sonidos que sólo él sabe escuchar en las palabras porque lo excelente de este poeta es presentarnos las cosas más grandes como si fueran pequeñas, sencillas, cotidianas, los más hermosos poemas, en dos planos, el real con palabras cotidianas, sencillas y el metafórico donde , estas palabras se transforman y nos ofrecen otra visión del poema de plena hondura, y de trascendencia. Este poeta comienza a recibir reconocimientos, premios y reconocimientos como el ser nombrado miembro de la Real Academia Española (1986). ¡Cómo le gustaba asistir a las sesiones de los jueves en la Academia a Claudio! El poeta del don que es leyenda y aventura.

En diciembre de 1992 el Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes inauguró un Centro Sociocultural y le puso el nombre de Claudio Rodríguez. Al año siguiente le concedieron el Premio Príncipe de Asturia y el Premio Reina Sofía de Poesía Hispanoamericana (En 1993 ambos. Estos dos premios los viví muy de cerca pues, entonces, nos veíamos con más frecuencia) En abril de 1995, inauguramos juntos la biblioteca del Centro Sociocultural que lleva su nombre en "Sanse". Centros Culturales, Institutos, Premios con su nombre, que conservan su memoria, por la geografía española, de este poeta de leyenda y aventura.

En 1998 a través del Centro de Estudios de la Poesía de la Universidad Popular "José Hierro" de San Sebastián de los Reyes
que, por entonces dirigía yo tras haberlo puesto en marcha en 1996, le dedicó las Jornadas del CEP, en los I.E.S. de la localidad y en el Teatro Auditorio "Adolfo Marsillach" a Claudio Rodríguez. Toda una aventura de cinco días con la participación de poetas, profesores, alumnos y numeroso público para hablar y saber de su obra, además se publicó un monográfico suyo, con la participación de poetas, críticos, pintores, etc. en la revista Poesía en la diana. Toda una aventura que me costo mucho esfuerzo pero que mereció la pena.

Y Aventura se titula el libro (un breve libro que Claudio Rodríguez dejó inconcluso) que publicó Tropismos en 2005. Al fallecer Claudio, Clara Miranda, su mujer, consultó a Carlos Bousoño y luego Luis García Jambrina, el crítico zamorano que da clases de literatura en la Universidad de Salamanca, doctorado en Filología Hispánica con una tesis sobre Claudio Rodríguez y que tanto y tan bien ha escrito sobre "el poeta del don", fue el encargado de preparar una introducción a los poemas y del cuidado de una hermosa edición facsímil que es todo un lujo tener entre las manos mientras surgen tantos y tantos recuerdos de un Claudio maestro, un Claudio amigo, de un Claudio generoso siempre, de un Claudio Rodríguez, en fin, poeta, como yo no he conocido a otro poeta nunca, y que tanto me ayudó a intentar buscar la luz en el agua, en la aventura, de la poesía.

Tanto que mi Libro del desconcierto está enteramente dedicado a él porque, tras la presentación que hizo de mi anterior libro Versos para después de una película. (Este libro fue accésit del Premio Rafael Morales y tanto le gustó a Claudio, miembro del jurado entonces, que quiso presentarlo, y así me lo dijo y así lo hizo el 3 de febrero de 1998 en la Tertulia Literaria Hispanoamericana que dirigía el poeta Rafael Montesinos) luego, nos veíamos semanalmente y me pedía que le llevara los poemas que andaba escribiendo, así tuve la enorme fortuna de que Claudio supiera de casi todo el nuevo libro y me diera su visto bueno (una tercera parte no, pues él estaba ya mal y aunque me pedía que le llevara los poemas yo le hacía creer que no estaba escribiendo nada) y al año siguiente de su muerte, tras haberlo montado, lo presenté al Premio Rafael Morales. Cuando me llamaron para comunicarme la obtención del Premio, di las gracias y pensé inmediatamente en él, sentí el aire de su voz en el recuerdo, y repetí: gracias Claudio Rodríguez, siempre don y aventura y leyenda, y amistad.

En fin, este inigualable poeta( y mejor jugador de mus, como solía decir) estará siempre en mi recuerdo por todo lo que, personalmente, supuso para mí y, naturalmente, porque su poesía es de tan alto valor, tan clásica ya, que leerla se convierte en algo necesario para todos y a mí me hace rememorar un tiempo de amistad, ver a Claudio como era, mostrarse, en su generosidad, en mangas de camisa, es decir, de manera absolutamente natural, sin tapujos ni falsas hipocresías, o meras actitudes cordiales pero indiferentes, no Claudio, en mangas de camisa siempre, siempre cercano, como de andar por casa, ofreciéndote su afecto y su amistad sin pedir nada. Por todo esto él es, además de tener el don de la poesía, es la leyenda y la aventura, el es la Poesía (o al menos una parte importantísima de la Poesía que no debemos olvidad)

En mangas de camisa

Para Claudio Rodríguez

Como si nunca aprendiera a existir

anda, mira el poeta, vive, escribe…

La alegría y el dolor – siempre nuevos –

le alteran y contempla con asombro,

con andariego júbilo, toda la claridad.

Vuelo y meditación,

deseo de retorno y de avance,

tránsito de la vida

donde el alma se pierde – o se gana –

ante el deslumbramiento.

El poeta se muestra con disfraz de alegría…

en mangas de camisa.

(Te miras y eres tú; pero distinto

dentro estás, sí, distorsionado, mítico

con velos casi opacos

a miradas que no sean tu mirada

o la de aquellos otros a los que abres la puerta)

Es casi una leyenda,

casi un sueño de cobre que camina,

que no gusta mirarse desprendido de hojas

como ese o aquel árbol de la calle

donde se gana el pan

y brinda por un seis de enero, bendice lo maldito

y piensa en esa noche verdadera.

Alguien llega a la puerta del recuerdo.

Primero el don, la luz, luego es la ropa

– el alma entre conjuros –

a la orilla del río del vivir

con sus manchas y sus jabonaduras,

con una alianza irreversible

que celebra y condena el curso, el vuelo,

mientras llega y se marcha el almanaque

acumulando tiempo.

Es un treinta de enero,

mes de latido frío y luminoso.

Bebe el caldo de la infancia y sueña

pretéritos perdidos.

Aún sus ojos conservan cepas verdes

de amanecidas, nuevas primaveras,

que darán al poeta lo que el poeta busca.

La primavera – siempre –

trae recuerdos de sábanas calientes,

calor temprano y pan de trigo al horno.

La primavera – siempre adolescente –

reverdece de nuevo

y, aunque la muerte es bella, anda callada,

pendiente de la vida que se muestra

enredada en el aire

con lenguaje de versos luminosos

(Aunque diga el poeta:

Y ahora escribo sobre la vejez)

Unificando edades, distorsionando tiempos,

ayer, mañana, siempre…

Siempre la misteriosa hondura de lo grande:

es su camisa, aquella.

Siempre la claridad viene del cielo…

Con asombrosa sencillez,

y naturalidad, en mangas de camisa.

Manuel López Azorín

Del libro: Azul de los afectos