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martes, 27 de diciembre de 2022

David Morello Castell: "11:11 El amor en el tiempo"

 



David Morello Castell: 11:11 El amor en el tiempo

 


David Morello Castell (Madri,1976), poeta, escritor y periodista ha publicado con Mahalta Ediciones (CiudadReal, 2022), 11:11 El amor en el tiempo.

En su solapa de contraportada podemos leer que: “11:11 El amor en el tiempo  es  un libro luminoso que descubre nuevas líneas de horizonte en las que han sido trayectoria del autor.”


Y la trayectoria de Morello Castell al menos con los tres libros suyos que yo conozco y que son:


  Retorno de la voz, un libro que trata de la existencia vital de unas personas que sin ser representantes de acontecimientos sociales de importancia, sólo de las cosas sencillas, cotidianas, se convierten en algo grande porque nos enseñan, nos trasmiten, las cosas esenciales de la vida.  Este libro es una mirada que contempla el paso del tiempo y que reflexiona sobre su fugacidad y un homenaje a sus padres con poemas inmersos en un intenso aprendizaje que, partiendo de lo personal llegan a lo colectivo. 



En  Requien para un hombre cualquiera nos ofrece  una humanísima visión del hombre, en este mundo occidental, con sus miserias y sus hipocresías, sus sinrazones y su dolor, su aparente estética de altura y su barbarie de animal. Un libro emocionante y emocionado. Con lirismo, ternura, desolación y desgarro nos va ofreciendo el desahucio de un mundo y el desamparo de los perdedores, los inocentes, los que no pueden defenderse, los sin voz. Un grito atronador con la claridad  y la firmeza de quien ama la palabra y ama al hombre.


Y La mujer que abrazaba los árboles  que resulta  ser el estallido del amor, de la vuelta a la raíz, a la sangre, al canto que – en el aire del poemario – envuelve la pena, el sentimiento de pérdida, de culpa, la infancia y el presente con el más hermoso y amoroso gesto, con la luz del más puro amor, el más grande homenaje a los creadores de la vida del sujeto poético 

Es necesario establecer baluartes y llevar la mirada hacia la luz para recorrer el territorio de los recuerdos, para alcanzar lo que guarda la luz: la serenidad y el sosiego:

Amor, belleza, muerte, desamparo, dolor, recuerdo, pérdida, abrazo, árboles, amor y, por amor, liberación, luz,  serenidad para el desamparo, para aliviar la travesía del dolor, para seguir, en la fugacidad de la vida, abrazándose al amor:” la única superficie sobre la que caminar.”


Carmina Casala, Francisco Caro, Jesús Riosalido, David Morello Castell y Manuel López Azorín en el Café Comercial 


De modo que la trayectoria poética de David Morello Castell no es otra (hasta la fecha que yo sepa) que la trayectoria del tiempo y del amor y en este nuevo libro se centra más en ese amor (ahora con la pasión, cierto erotismo y el anhelo de la cercanía) de pareja  como motivo central de esta nueva entrega junto al tiempo y su fugacidad que ineludiblemente en un poeta como él anda presente.

“Una historia       hilo a hilo

tejido y cuerpo de amor       en el tiempo”

“Yo no soy mar    acaso viento      una ola     

el temporal   que es poca cosa

La permanencia tú       el agua eterna”


En la solapa de la contraportada podemos leer lo siguiente: “Estructurado en siete gajos, sus  poemas discurren limpios  de signos evidentes de puntuación. Tan sólo la luz blanca de los espacios señala el aliento de su respiración y conduce al lector de la mano hasta las playas de la sed. 59 poemas donde se guarda reconocible el frágil temblor escribidor y vivencial del poeta.”

“Contemplo cautivo tu misterio 

flores    sol    ternura    hambre”

 

 

“Miraste imaginarias las manecillas del reloj   

allí estaban  tus flechas aguardando

la señal en que te nada la inocencia.”

 

Se trata , como he dicho, de un libro de amor y de tiempo “Un libro en donde el amor aparece como territorio fértil para los cuerpos y la palabra, como viaje de plenitud para el deseo y sus paisajes , como tiempo en donde la ternura convive con la violencia de la pasión.”

“Las 11:11

Encadenados      tus labios y los míos

Chica Chamberí

permíteme ser testigo

la hora y este amor

tus labios y los míos”

 

 

“La tarde y tú entre mis brazos

Me acaricia la brisa

enredado en el juguete de tu espalda

abandonado a la cintura       la miel

los trigales vigorosos de tu cuerpo

besando tan mudas tus costuras.

 

 

“Aquella tarde de Otoño 

en la planta de arriba te esperaba

resultó un nuevo verano”

 

 

“Me brotan alas y un corcel  

cuando clava su sonrisa

en el mundo recién amanece

y soy    lo que suspiro ser      un pegaso.

 

 

“Cáliz eres

El universo que respiro”

 

 

David Morello Castell

David Morello Castel, poeta, escritor y periodista. Licenciado en Derecho y Periodismo, trabaja actualmente en el mundo de la publicidad y en el cine documental. Ha publicado en poesía El cielo no se toca (Premio de Poesía Justas Literarias de Reinosa, 2004), Retorno de la voz (Vitruvio, 2011), Réquiem por un hombre cualquiera (Vitruvio, 2013) y La mujer que abrazaba a los árboles (Tigres de papel, 2019).

También es autor de las obras de teatro El tiro por la culata y Me sacáis de quicio, ¡coño! Está en trámites de publicación su primera novela, Ya para siempre nunca, y es así mismo protagonista y coautor del guion de la película documental Negro Limbo, a punto de estrenarse.

                         Manuel López Azorín


lunes, 2 de diciembre de 2019

David Morello Castel ·La mujer que abrazaba los árboles"




David Morello Castell: La mujer que abrazaba los árboles



Se inicia este libro La mujer que abrazaba a los árboles (Editorial Tigres de papel, 2019), con una cita de Antonio Gamoneda: Sentí crecer mi corazón, moverse / la tierra, descender el río,  y con un breve poema del sujeto poético que es: “ el cuenco de una verdad inclinada al desahogo”  por: “el dolor que tatúa la ilustración del tiempo” y por: “La cintura universal   de la tierra y el cuerpo”, rinde homenaje al amor y a la  sangre: “en una carta de ajuste que deja la ausencia en la memoria/  notas de sangre en el fusilamiento del abrazo”

Es el hijo que evoca la ausencia del padre y el dolor de la madre 
que es al tiempo madre y árbol abrazada a los árboles, madre que: 

“abre un diente de misterio  en la luz” mujer  del padre que es “la sombra y el amparo en la eterna paciencia de la madre” 

y en la evocación del hijo. Un hermoso canto de amor-dolor en 
definitiva  hacia los progenitores.



Si en los  anteriores libros de David Morello Castell (Madrid,1976), que componen esta trilogía, Retorno de la voz (2011): un libro sincero y honesto, que trata de la existencia vital de unas personas que sin ser representantes de acontecimientos sociales de importancia, sólo de las cosas sencillas, cotidianas, se convierten aquí en algo grande porque nos enseñan, nos trasmiten, las cosas esenciales de la vida. Un homenaje, en definitiva, a sus padres con poemas inmersos en un intenso aprendizaje que, partiendo de lo personal, a veces con intentos, otras con logros, llegan a lo colectivo.  y Réquiem por un hombre cualquiera (2013): Un libro que dedicó a los que piensan, a los que sienten, a los que aman, a los que saben que la memoria no es rencor, a ninguna "sociedad desarrollada" y al hombre que fue su padre. 

Ahora La mujer que abrazaba los árboles  es el estallido del amor, de la vuelta a la raíz, a la sangre, al canto que – en el aire del poemario – envuelve la pena, el sentimiento de pérdida, de culpa, la infancia y el presente con el más hermoso y amoroso gesto, con la luz del más puro amor, el más grande homenaje a los creadores de la vida del sujeto poético.
El libro está dividido en dos apartados, con un poema introductorio y un epílogo: el primero, con 22 poemas, es un diálogo entre poeta y la mujer que abrazaba a los árboles; el segundo, con otros 22, un paseo por ese territorio de la reflexión sobre, vida, muerte, soledad y desamparo.


La primera parte comienza con el poema: “Soy la mujer”, una mujer “…que vive en la eternidad de los suspiros”  árbol ella que abraza a los árboles, la hermosa metáfora de una mujer  que cuida y protege la vida de los suyos, aun habiendo nacido “bajo las lágrimas rotas del arce” porque esta mujer: “…coronaba con el escalofrío alegre de los humildes y un suspiro / el azaroso asunto de estar viva”. Una mujer que ahora “…escucha las voces del dolor“ porque ha sucedido el tiempo y ya: “no crece en sus ojos más árbol que el pasado”  Y con el anhelo del abrazo constante  y la aceptación del destino, junto a la cita de Gamoneda, le canta al hijo, transmitiéndole su quebranto  en esta copla que es como el quejío universal del pueblo llano  en el destino de las gentes humildes: Ojitos míos, llorad;/ lágrimas, tened paciencia,/ que quien desgraciao nace,/ desde chiquito comienza."
La madre:"Nació bajo las lágrimas rotas del arce [yo era un niño].
Cuando la lluvia tenía la forma precisa de la lluvia
ella coronaba con el escalofrío alegre de los humildes y un suspiro
el azaroso asunto de estar viva".
El hijo rinde homenaje a la madre porque junto a ella él es niño y es hombre y lejos de ella siente que:” lleva una zancadilla en los zapatos” y camina la vida, vive: “Un extravío de planetas”. Recorre en la memoria ese tiempo de vida de dicha y llanto que acompaña al recuerdo, del ayer al ahora, y de vez en vez, se detiene a descansar con su río de miedo, en el regazo materno, y la abraza para llenar su corazón con la carne de sus ramas.

Libertad con ritmo y con emoción en los poemas y poemas en prosa  recorren este río de la vida, este pequeño bosque de abrazados árboles,  y se crece el corazón y se mueve la tierra entre el amor y el miedo, la ternura y el dolor, el sentido de culpa y el sabor de la dulzura que lo alumbra: “A ti vuelvo la cara / a que me encharques de luz con tu dulzura”.


El segundo apartado se abre con un poema al padre en el que la madre: “canta en el resto del paisaje” porque el sujeto poético, lleva con él “sus nombres por la oscuridad de lo bello”, un sujeto que ha entregado su aliento: “para tocar cuando no alcanzaba con las manos / lo que más he amado” ya que para él: “todo habita en un nido que tejió la sangre”.
El poeta reflexiona sobre la vida, la muerte, la soledad: “La gente está muy sola”. Medita sobre las pérdidas, ante el extravío de ellas porque: “Así en la pérdida / el abrazo ha de guiar /al alba de otros pasos.” Y es que conviene meditar, detenerse: “Esquinar la sombra,/ interesarse en la quietud,” y reflexionar hondamente porque: “Seguir vivo hasta cruzar la noche y no saber no haber sido , ser y no haber sido,/ no sentir o la demora del fuego en la melancolía de la llama”.  Porque  no es suficiente el ruido  “ni pararse a contemplar la memoria del barro”

Sucede que “detrás de las paredes que la tinta construye en el 

verano / hay alguien sufriendo la impotencia de los pájaros que 

no pueden volar.”  Detrás está el dolor y la nostalgia, el recuerdo 

de lo perdido y por otra parte: “No puede tenerse más que lo que 

fue perdido.”



Es necesario establecer baluartes y llevar la mirada hacia la luz para recorrer el territorio de los recuerdos, para alcanzar lo que guarda la luz: la serenidad, el sosiego: “que llena  de esquinas, pobladas de vacío /el vano lapso entre una nada y otra”, una forma de elevarse, estoico, sobre el desamparo para poder seguir, para convertir la casa que le habita : “en un modesto palacio del consuelo” y ese consuelo es saber que tiene: “el legado de una foto fija”, el amor, “las letras que le dieron con su pan”, el martirio del agua del tiempo, “tiene el caudal de luz de los días “ y “veneno en la ausencia” y “más huesos que conocen el frío” y sabe que esa suma , que es suya, “Cada día se resta”.

Y en ese saber que se resta, el sujeto suma por la página en blanco y nos habla de cuanto tiene que decir: Amor, belleza, muerte, desamparo, dolor, recuerdo, pérdida, abrazo, árboles, amor y, por amor, liberación, luz,  serenidad para el desamparo, para aliviar la travesía del dolor, para seguir, en la fugacidad de la vida, abrazándose al amor:” la única superficie sobre la que caminar.”



David Morello Castell ha escrito un libro redondo, un libro en el que nos ofrece lo más hermoso de la vida con un verso de libertad, sin ataduras, pleno de ritmo, de belleza y de emoción.

                           
El jueves 12 de diciembre de 2019, a las 19,30 horas
En la Biblioteca Pública Eugenio Trias 
(Antigua casa de fieras de El Retiro)

DAVID MORELLO CASTELL presentará su libro:

La mujer que abrazaba los árboles

Estará acompañado de los poetas:


RAFAEL SOLER Y FRANCISCO CARO


                       
                                  Manuel López Azorín

jueves, 7 de noviembre de 2013

David Morello Castell: Requiem por un hombre cualquiera




David Morello Castell:Requiem por un hombre cualquiera


David Morello fotografiado  por Francisco Caro


David Morello  Castell (Madrid,1976) ha escrito un libro  tan hermoso como tremendo, tan contra el hombre como para el hombre. Requiem por un hombre cualquiera (Ediciones Vitruvio, Madrid 2013) Un libro de reconciliación con el hombre, a pesar del hombre. Un libro que dedica a los que piensan, a los que sienten, a los que aman, a los que saben que la memoria no es rencor, a ninguna "sociedad desarrollada" y al hombre que fue su padre. Un hombre, el de este poemario, como paradigma de todos los hombres escondidos en uno solo, que busca salir de su incertidumbre en el encuentro, a veces difícil, con los demás.







Retorno de la voz, su segundo libro publicado también en la editorial de Pablo Méndez, me pareció  un libro sincero y honesto, que trataba de la existencia vital de unas personas que sin ser representantes de acontecimientos sociales de importancia, sólo de las cosas sencillas, cotidianas, se convierten aquí en algo grande porque nos enseñan, nos trasmiten, las cosas esenciales de la vida. Un homenaje, en definitiva, a sus padres con poemas inmersos en un intenso aprendizaje que, partiendo de lo personal, a veces con intentos, otras con logros, llegan a lo colectivo





Se inicia este Requiem por un hombre cualquiera, con un breve poema a modo  de introducción y que nos dice: 

La expectativa se comió al hombre.
La sobrevivió.
La sobremurió.

David Morello Castell, que es un poeta, nos ofrece con este Requien para un hombre cualquiera una humanísima visión del hombre, con honestidad y sin concesiones para el humano vivir en este mundo occidental con sus miserias y sus hipocresías, sus sinrazones y su dolor, su aparente estética de altura y su barbarie de animal. Un libro emocionante y emocionado que muestra el sufrimiento,la angustia vital de un hombre cualquiera, al tiempo que el deseo, el sueño,  de un hombre que no le gusta lo que ve y anhela un cambio  para todos pero especialmente para los que piensan, sienten, aman... Para salvar y salvarse y pide aliento para pensar en asonante, porque la poesía tambien, además de hacernos mejores personas, puede darnos aliento, salvarnos.

Aliento
Vivir
sabiendo que estas letras que dicen
soy
dejarán de ser cuando regresen revoltosas
a la residencia de invierno del abecedario.

Aliento
para escapar del miedo de la garganta
para escabullirse del monstruo
pensar de puntillas
en asonante.



Con lirismo, ternura, desolación y desgarro nos va ofreciendo el deshaucio de un mundo y el desamparo de los perdedores, los inocentes, los que no pueden defenderse, los sin voz. Un grito atronador con la claridad  y la firmeza de quien ama la palabra y ama al hombre. La poesía debe de servirnos, entre otras muchas cosas,ya lo he dicho, para hacernos mejores personas y a este muchacho, David Morello Castell, además de servirle para demostrarnos que es un poeta, con esta radiografía de un mundo de emociones que el autor ha dividido en cuatro apartados donde nos habla de la condición del ser humano, del triste y desolado camino que deja el hombre a su paso por la vida, de la muerte que vive el que ve la masacre en su entorno y el canto final rítmico, acompasado, cargado de emoción, como todo el libro de principio a fin para, significativamente, entonar
los dos últimos cantos: El martinete del tiempo, con su cadencioso golpe dolorido, su emblema, su bandera y su conciencia de soledad en el desamparo de los desamparados y la  elevada Aria de la esperanza, con el musical sueño del soñador que sueña, canta, en este gran teatro del mundo, con la difícil sencillez de los grandes caballeros andantes, de los buenos cantores, de los buenos poetas.  David Morello Castell tituló su primer libro El cielo no se toca y resulta que, me parece a mí, anda camino de tocar ese cielo de la joven poesía española.







martes, 10 de abril de 2012

David Morello Castell: Retorno de la voz




David Morello Castell: Retorno de la voz


David Morello Castell ha escrito un poemario Retorno de la voz que ha sido publicado por el poeta y editor Pablo Méndez (Ediciones Vitruvio, Madrid 2011).
Pablito (lo del diminutivo es porque cuando le conocí, era un jovencito y prometedor poeta, admirador de Gloria fuertes y más tarde, además de poeta, editor que, creo recordar, estrenó, la Colección Baños del Carmen de su editorial, con la reedición de un libro de nuestra querida Gloria: Aconsejo beber hilo. No pudo tener mejor inicio) Méndez siempre ha tenido buen olfato para elegir a los poetas que publica.


En alguna ocasión, había escuchado a David Morello decir algún poema suyo, pero no sabía que ya había publicado un anterior libro titulado El cielo no se toca que fue Premiado con La Flor Natural de la XL Justas Literarias de Reinosa.

Este es pues el segundo libro de este muchacho nacido en 1976 en Madrid que es Licenciado en Derecho y en Periodismo y trabaja en el mundo de la comunicación. Primero fue el cielo, / su alegoría de luces cambiantes, / su baraja de oscuros mojados.



Retorno de la voz me parece a mí un libro sincero y honesto, que trata de la existencia vital de unas personas que sin ser representantes de acontecimientos sociales de importancia, sólo de las cosas sencillas, cotidianas, se convierten aquí en algo grande porque nos enseñan, nos trasmiten, las cosas esenciales de la vida. Un homenaje, en definitiva, a sus padres con poemas inmersos en un intenso aprendizaje que, partiendo de lo personal, a veces con intentos, otras con logros, llegan a lo colectivo. Después, y a consecuencia del primero, fue la tierra; / una inmensidad de ocres despintados, / el mar encallado en carne.

David Morello no le teme, ni le parecen pobres, las cosas cotidianas. Y se nutre de ellas siguiendo el consejo de Rainer María Rilke.

Mientras leía este libro recordaba a Claudio Rodríguez cuando me hablaba de la ropa tendida, la media azumbre de vino, etc. poemas –me decía Claudio– que contaban cosas cotidianas. (Como las cuenta aquí David Morello.) Esa era la grandeza de Claudio, establecer planos reales y planos simbólicos, hacer de lo cotidiano, de lo pequeño, algo grande. Estaban, es verdad, pero llegaron. / Siempre habían estado, / quién sabe si antes de inventarse la palabras quietas, / quién sabe, es verdad, pero llegaron. / Llegó la madre y llegó el padre.

Y me acordaba de él cuando me decía: “camina, observa, interioriza y poda.” Y de Rilke a quien hice decir en verso: “camine, observe, interiorice, / escriba lo que vea, lo que sienta / que la necesidad le conduzca al poema.”

A David Morello la necesidad de rendir homenaje , no sólo a sus padres sino a ese tiempo que les tocó vivir, y a esa infancia suya, raíces de una tierra y una sangre de la que no reniega, le ha conducido a escribir este Retorno de la voz observando, interiorizando, sintiendo que este canto de vida deja memoria impresa, sangre y sudor de vida en unos poemas que tienen el sabor del amor y la restitución del amor. Yo no viví una guerra / ni un después / ni pasé hambre / –hasta de padres como tú– / y creo que me faltan motivos / para no ser qué más da. / Dame un bofetón, te pido, / con la misma mano / que me da lo de debajo de las piedras / siempre.

David Morillo dibujado por Mon Fernández Dans


Este libro es una mirada que contempla el paso del tiempo y que reflexiona sobre su fugacidad como lo hicieron los clásicos como Jorge Manrique, pero dándole otra forma: Es una ilusión. Una suerte de desventura y agua, / el tiempo. Decidido a buscar el final / de la tierra, / sus lúcidos día de poso. / Allí, donde todo parece terminar comienza el mar / Imprevisible y vivo. Con esta rotundidad reflexiona David Morello sobre el inevitable final humano y la imprevisible y viva atemporalidad del principio (y fin manriqueño) de la vida.


Lo primero que nos canta David Morello –bebiendo de la alegría de José Hierro por sentirse vivo (Pero estoy aquí. Me muevo, / vivo, Me llamo José /Hierro. Alegría) tras su vivencia de cuatro años en las cárceles de la posguerra– nos ofrece su fe de vida en la certeza de que es un hombre cualquiera. Y David Morello nos canta así: Yo, este hombre, también / un hombre cualquiera, aquí ante este mar/ vengo al otoño de unos padres que quiero, / vengo a ser niño otra vez, / a oler la tierra y el fuego, / y a oír al gallo y a los perros de siempre ladrar, /y a ver a los chaparros / y a lamer mi infancia y mis días de pueblo.

Un hombre cualquiera con el arraigo de la raíz y la humildad del decir cosas pequeñas aparentemente, solo aparentemente. Existe un telón. / En algún sitio siempre lo hay. / Una certeza que provoca dentera mental, / que alimenta a las víboras del miedo. / Yo venía pensando en mis padres / y en este tren comencé a escribir; / quién sabe por qué no a llorar.



Primero, al aire del cielo. Ahora a la raíz de la tierra. ¿Seguirán después el agua y el fuego, conformando estos cuatro elementos la voz de este joven y prometedor poeta? Termino con un verso suyo que dice: ¿Qué será lo siguiente que inventen tus manos? Lo que sea, seguro estoy, buscará la certeza de lo más verdadero porque le llegará a la mano por la necesidad de cantarlo en la página (y a veces, también, de soltarlo al aire, desde dentro del alma, por la garganta, en un cante que desgarra y atrapa como un "quejío" que surgiera de la entraña más profunda del ser humano). Como este poema:

Aquí no vive nadie de aquí.
A los que nacen los llevan,
los que se mueren se van.
En esta tierra seca sólo campa el viento.
Violento el viento
se lleva a oscuras el agua.
Y vienen aquí, vienen a morir
y todos muertos.