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martes, 4 de julio de 2023

Pedro A. González Moreno: "Contra tiempo y olvido"

 


Pedro A. González Moreno: Contra tiempo y olvido







 Pedro A. González Moreno (Calzada de Calatrava, 1960, Ciudad Real) publicó Contra tiempo y olvido (Almud, Ediciones de Castilla la Mancha, 2022) en  Contra tiempo y olvido nos ofrece memorias de la infancia y adolescencia. Con una prosa ágil y clara tratando de recupera un espacio y un tiempo sucedido.

En ese intento nos dice Pedro Antonio en la introducción: “Para contar esa historia que puede ser la nuestra, no son necesarias las reglas de la ficción ni las técnicas de la narrativa; tan solo hace falta abrir la espita de los recuerdos y permitir que la primera persona se exprese en libertad.” (pero para eso hay que saber)

Y González Moreno  que ya es un clásico de las letras castellanomanchegas. Como suelen decir por su tierra. Autor de narrativa, ensayo y poesía con premios importantes en todos ellos. Citaré solo cuatro: en Narrativa, el Premio Café Gijón, en 2018, con La mujer de la escalera; en Ensayo, el Premio  Fray Luis de León, en 2016, con La Musa a la deriva; y en Poesía, los dos últimos Premios: el Alfons el  Magnànim, en 2010, por su poemario Anaqueles sin dueño y el Premio José Hierro por  El ruido de la savia (2013)

Pero más allá de los premios, Pedro Antonio es un escritor a tiempo completo, que nos ofrece una obra sólida y llena de hallazgos literarios y por tanto en su escritura, en la necesidad de contar, de ponerlo por escrito lo ha hecho en Contra tiempo y olvido”.

Así nos dice en relación con este libro el poeta manchego también, Francisco Caro: “Siempre creí que el enorme poeta que es Pedro A. González Moreno se vería abocado a contar con precisión pausada, más allá de lo ya apuntado en bastantes de sus poemas (léase “El ruido de la savia”), la patria proletaria de su infancia, el paisaje de cerros de su adolescencia, las ropas y lecturas con las que atravesara el dintel del mundo –siempre en obras– de los adultos.”  

Igualmente . el poeta, y escritor, Amador Palacios nos dice así: “Contra tiempo y olvido es, con todo rigor una autobiografía, pero asimismo un rico documental sobre los años vividos por esa “generación puente”, como el escritor proclama; años transcurridos en una anchura tan apartada y tan cerrada como fue La Mancha. Generación de los que vinieron a nacer en la mitad del siglo XX

Ya en su contraportada  nos ofrece con claridad que “El escenario de este libro, de estos recuerdos, es el pueblo natal del autor; y su tiempo, las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado, hasta que en 1977, una vez terminado el Bachillerato, se traslado a Ciudad Real para estudiar Filología Hispánica.

El paisaje rural que el narrador evoca no está formado sólo por calles, nombres, palabras o costumbres; son personas y sensaciones, momentos que marcaron su infancia y adolescencia y que, de algún modo, conformaron luego su vida como escritor.


Rocío Acevedo y Pedro

En un viaje espacial y temporal, que es una batalla a la vez contra el tiempo y contra el olvido, Pedro A. González Moreno nos abre aquí su corazón y su vida y encuentra en estas páginas hebras de luz que le permiten ¿salir del laberinto? de su memoria.”

 

El libro fue presentado el pasado septiembre en Calzada de Calatrava, la patria chica del autor, por el sacerdote y poeta Valentín Arteaga, y nuevamente el 8 de noviembre por la la profesora Rocío Acevedo, en la Biblioteca Pública del Estado de Ciudad Real.

Rocío acevedo y Pedro

RocíoAcevedo, profesora de Lengua y Literatura en el IES Juan de Távora de Puertollano, dice sobre este libro que: “ Se trata de una obra insólita en la trayectoria del autor por la ternura que emana de sus páginas al hablar de su familia, de sus recuerdos y de su infancia en un pueblo muy atrasado donde aún no había penetrado el progreso, (…) Una especie de viaje a la nostalgia realizado con el propósito de rescatar aquellos años que tan relevantes fueron no sólo para la historia reciente del país, sino también para la propia vida, incluso para la futura obra literaria del autor. (…) Siempre enamorado de su tierra, Pedro A. González Moreno rescata la vida, los hábitos, las tradiciones, las costumbres o las hablas locales, ahonda en su genealogía y, sin caer en el costumbrismo, detiene su mirada en tipos o personajes curiosos y en escenas que evoca con un estilo que a veces resulta más propio del género narrativo que del género autobiográfico.”

Los cambios sociales  durante los años 60 fueron importantes para la vida de Calzada de Calatrava y para todo el país. Así nos dice Pedro Antonio en una entrevista que leí hace poco: “Yo nací en 1960, y en aquella época no existía el agua corriente, no había un grifo, no existía el cuarto de baño, existía la jofaina, el barreño de cinc, donde nos lavábamos los niños. Hasta mis nueve años no hubo televisión en mi casa. Me acuerdo perfectamente porque vi un acontecimiento histórico, ni más ni menos que la llegada del Apolo 11 a la Luna con la voz de fondo de Jesús Hermida.”

Continuo con las palabras de Rocío Acevedo: “Como González Moreno afirma en uno de los capítulos finales, a veces es necesario hacer las maletas y abandonar la tierra donde crecimos. “Aquel adolescente con la carpeta llena de versos y la cabeza llena de sueños, sólo sabía que más allá de su casa o de su calle, más allá del Jabalón y más allá de la llanura manchega, el mundo era muy grande y había que salir a descubrirlo”

 “El libro, no cuenta Rocío Acevedo,  finaliza con la salida de su pueblo y su llegada a Ciudad Real en unos tiempos convulsos en los que, alejado de los vaivenes políticos del momento, conoció a los primeros poetas manchegos relacionados con el Grupo Guadiana, dirigido entonces por Vicente Cano, y allí comenzó a publicar sus primeros poemas.”

En este viaje contra el tiempo y el olvido tiene el narrador que es Pedro A. González Moreno: (Licenciado en Filología Hispánica y profesor de Lengua y Literatura)  la savia poética, la capacidad evocativa del gran poeta que es aun sin dejar el yo narrador, lo que hace que este viaje en el tiempo además de una prosa elegante, precisa, muy tierna en ocasiones y plena de claridad (“en la sencillez se encuentra la grandeza”) encontremos también hallazgos de lirismo. Los que nacimos en un pueblo sabemos que en algún lugar de nuestros recuerdos, de nuestra memoria, se fija perenne ya, envuelta en la idealización, la memoria de nuestra infancia.

Unos capítulos, en fin, que para los que hemos nacido en pueblos, y se haya vivido aunque solo sea parte de la infancia en él (como es mi caso y supongo que el de tantos), este sea en esas evocaciones de los primeros años, un libro en el que establecer paralelismo, identificaciones de esa patria Rilkeniana del hombre que es la infancia y que todos, de una u otra manera terminamos idealizando porque lo que yo llamo “la materia de los sueños” que es la memoria, tiende a la idealización de los recuerdos y esto no es variarlos, en todo caso es enaltecer un tiempo que para  el recuerdo es, fuera o no del todo así, el paraíso de la niñez.

                                      Manuel López Azorín


lunes, 24 de abril de 2017

Pedro A. González Moreno: "La musa a la deriva"






Pedro A. González Moreno: La musa a la deriva



Pedro Antonio González Moreno (Calzada de Calatrava. Ciudad Real, 1960.)  Este profesor licenciado en Filología Hispánica (UCM),  es  poeta, narrador y ensayista. Y ahora como ensayista nos presenta un libro La musa a la deriva (Premio de ensayo fray Luis de León. Junta de Castilla y León, 2016), premio que tiene carácter internacional y se convoca desde 1996 para distinguir obras de narrativa, poesía, ensayo y teatro.
En opinión del jurado, La musa a la deriva: “Arroja una mirada global y exhaustiva sobre la poesía actual española. Destaca por el conocimiento profundo, la reflexión crítico-dialéctica, que no impide mantener la tensión lectora en todo momento, y su capacidad para dibujar una perspectiva inteligente sobre un espacio cultural en continua ebullición.”
Este ensayo sobre la poesía española de los últimos años (poetas nacidos entre 1980 y 1990), aparece dividido en tres secciones: “La musa frente al abismo de la poesía última: entre continuidad y ruptura”, “Secuelas de la posmodernidad: la musa en la frontera de los géneros” y “Luces y sombras de la lírica”. Cada una de ellas, con diversos apartados que dan lugar, en su conjunto, a un libro imprescindible y enriquecedor. 
 El poeta y crítico José María González Ortega nos dice que el autor juega con fuego en La musa a la deriva y escribe que:  “Pedro Antonio describe un panorama tan distinto como inabarcable, por su constante variación. Revisa “géneros fronterizos” (no estrictamente poéticos): presentaciones, conferencias, prólogos, reseñas... Define factores externos que actúan sobre la poesía (a veces negativamente): función de la crítica literaria; vorágine de poemarios y antologías (nacionales y regionales) que saturan el mercado editorial; papel del lector en su reducido circuito; retos para la escritura con la presencia de las nuevas tecnologías y redes sociales, etc.”
 
Pedro A. González Moreno


Ambos poetas se conocen bien  y José María sabe que Pedro A. González Moreno, que lleva más de treinta años inmerso en esta complejo mundo de las letras, sabe  mucho de la tribu, de sus angostos y  escarpados vericuetos, sabe también de los muchos y extraños intereses y trampas que pululan en torno al panorama, y sabe igualmente  de los pocos instantes de felicidad que proporciona el llamado mundillo poético, ( y supongo que también el narrativo y ensayístico), en este país de navajas que abundan por todas las comunidades. Por eso supongo yo, lo de “jugar con fuego” tratando el tema que trata.
Por esta razón quizá,  Jorge de Arco en su reseña sobre este libro, estableciendo un símil futbolístico, nos dice con acierto que: “De ahí que, valiéndome del símil futbolístico, su  análisis sea el de un árbitro que ha sido -y es- jugador; es decir, que conoce al dedillo las  intrigas, los obstáculos, las zancadillas…. que operan dentro y fuera del terreno de juego literario”.



Los temas que trata González Moreno son vigentes y tienen repercusión. Se centra en algo muy frecuente como es la guerra de las antologías, las nuevas voces, el mundo de la crítica, las nuevas tecnologías, los premios literarios, el auge en esas décadas de la mujer en la poesía, defendiendo que solo la calidad literaria, sin definición de sexo, debe de ser la normalidad.

También se ocupa González Moreno de los editores que, con contratos “leoninos y depredadores”, tratan de alcanzar el mayor éxito económico sin apostar un euro, a costa del autor. Editores que solo venden papel pues ni siquiera cuidan que la edición del libro tenga la dignidad de impresión y corrección que debiera de tener. Igualmente dedica espacio a los “pícaros y fulleros del parnaso”, esos que tratan de engañar a los jurados y que “renuncian a ese protocolo de cortar y pegar, y se atreven a concursar incluso sin introducir siquiera variaciones (…) han hecho de la impostura un hábito y de la estafa un oficio, porque han visto en los certámenes un modo de hacer dinero rápido y fácil”.


Con una prosa ágil desde la primera sección, quizá la menos entretenida pero necesaria y aclaratoria, a la última que para mi resulta la más amena, y no exentas todas de tratamiento filológico pero incidiendo, creo yo, en lo divulgativo Pedro A. González Moreno en sus casi trescientas páginas nos ofrece su gran conocimiento sobre el tema, con un discurso pleno de honestidad, pero también con cierta ironía y mucho escepticismo al mostrarnos su valoración sobre los temas tratados.
En uno de los apartados o secciones, el mejor en mi opinión González Moreno se hace y nos hace las siguientes preguntas: por qué, para qué y para quién escribe el poeta. Y de entre las varias opciones posibles él se inclina por la poesía como “diálogo con los demás”, aunque las más de las veces sea un “diálogo íntimo” con el que el poeta trata de llegar a los demás para convertir el yo en nosotros.

Con Pedro A. González Moreno:los poetas  Antonio Hernández, Pedro, Benito de Lucas, López Azorín, Francisco Caro y Rafael Soler

Como poeta no se plantea respuestas sino que hace preguntas y trata de analizar, entre otras cuestiones, el papel que juegan los lectores
Y los lectores le agradecemos a Pedro A. González Moreno la gran cantidad de información que nos proporciona  La musa a la deriva, le agradecemos sus análisis y  sus juicios ya que,  aunque toda visión es siempre, por más que se intente la objetividad, subjetiva, el autor  como, buen conocedor de la literatura española en general  y de la de su lugar de origen en particular hace que este ensayo sea un volumen cargado de valor al contener  autores o temas que son de interés absolutamente general y sirven para cualquier lugar.
Diré, para finalizar,  que personalmente me parece  un excelente ensayo, tan  certero y pormenorizado como real en el que González Moreno  nos ofrece, también, un estupendo trabajo. Y como final un mensaje de esperanza:: “Mientras siga ardiendo la voz de los poetas, sabremos que habrá un poco más de luz y de calor en el invierno del mundo”.
Un libro, en fin recomendable para poetas, críticos, editores y por supuesto lectores amigos de la poesía. (y siempre con curiosidad  por saber de sus entresijos) 
  
Pedro A. González Moreno es autor del ensayo Aproximación a la poesía manchega (BAM. Ciudad Real, 1988), la novela Los puentes rotos, Calambur, 2007, IX premio "Río Manzanares" de novela, del libro de viajes, Más allá de la llanura (BAM. Ciudad Real, 2009 y 2013) y  La estatua de lava, Madrid, Nostrum/Vitruvio, 2014. Así como de los poemarios  Señales de ceniza, Talavera de la Reina, Colección Melibea, 1986, su primera publicación poética en solitario, que fue Premio Joaquín Benito de Lucas 1985, Pentagrama para escribir silencios, Madrid: Rialp, 1987, accésit del premio Adonais 1986. El desván sumergido, Madrid, Libertarias/Produfhi, 1999; premio Villa de Madrid-Francisco de Quevedo 1997. Calendario de sombras, Madrid, Visor, 2005, premio Tiflos 2005. Dodecaedro, Valdepeñas, 2010. Anaqueles sin dueño, Madrid, Hiperión, 2010, premio Alfonso el Magnánimo 2010 y El ruido de la savia, UP. de San Sebastián de los Reyes, 2013, premio José Hierro 2013, además de la antología La erosión y sus formas (Antología 1986-2006), Madrid, Vitruvio, 2007.
                                                  Manuel López Azorín   

jueves, 30 de abril de 2015

Eladio Cabañero: Palabra compartida (Antología poética).Introducción y selección de Pedro A. González Moreno







Eladio Cabañero: Palabra compartida (Antología poética)

Introducción y selección de Pedro A. González Moreno


El libro, de doscientas y pico páginas, ha sido publicado por la BAM (Biblioteca de Autores Manchegos y ya era hora pues, que yo sepa, este autor aún estaba inédito en la prestigiosa Biblioteca de su tierra, auque también es justo decir que el Ayuntamiento de Tomelloso le publicó en  un volumen toda su  Poesía reunida
con introducción de Francisco Gómez Porro, en, 2001).  El volumen que ahora publica la BAM, está ilustrado en su portada, por una pintura del  
pintor Antonio López 
que,como Eladio, es hijo de Tomelloso. 

El libro Palabra compartida(Antología Poética), de Eladio 
Cabañero, introducida y seleccionada por el escritor Pedro 
Antonio González Moreno, poeta y filólogo que ha realizado, a mi 
juicio, un meritorio trabajo no sólo de selección, noventa y dos 
hermosos y necesarios poemas para entender a la perfección la trayectoria de Eladio Cabañero, sino que la introducción que nos ofrece, perfectamente distribuida en los apartados La vozLa GeneraciónEl poetaEl paisaje y El Hombre, permite que conozcamos en toda su dimensión a un poeta que calló voluntaria y prematuramente, según el singular, humilde y sencillo poeta-albañil, que era Eladio Cabañero: “porque no tengo nada que decir”  – decía – .


¿Qué puedo decir yo de Eladio Cabañero? Sólo cuatro libros publicados y fue  Premio Nacional de Literatura-Poesía en 1963  por Marisa Sabia y otros poemasy posteriormente Premio de la Crítica  en 1971 por  una recopilación titulada  Poesía (19561970)que  prologó el crítico Florencio Martínez Ruiz .
Me parece a mí que es uno de los grandes poetas, representativos de la poesía de los años 50. 

Eladio pintaba sus poemas como, su paisano el hiperrealista Antonio López, pinta sus cuadros. Siempre  desde el mismo punto de vista ( el punto de vista del humilde, del sencillo hombre del pueblo que sabe y conoce a los perdedores, los desarraigados, los pobres, los vencidos, los humillados... y lo hacía con mimo, con ternura, con amor y sin perder de vista nunca al niño que fue), y escribe con la misma luz: la de la sencillez, la austeridad, la honradez y la ternura, la luz de su verdad en relación a su experiencia vital  y muchos de ellos, poemas que son testimonio de vida  con un emotivo y sincero toque social que hacía (y hace) que al leer el poema, el lector se conmoviera (se conmueva).



Y me parece a mí también (y lo cuenta Pedro en el libro)  que 
alguien que anduvo incluido en casi todas las antología de la época 
ya que fue antologado por Luis Jiménez Martos (director de 
Adonais tras  José Luis Cano), por el grandísimo Leopoldo de Luis
Por el poeta de Arcos Antonio Hernández en su La poética 
del 50: una promoción desheredada,  y por Francisco Ribes, por  citar solo algunos, no debería haberse quedado en el olvido tantos años.

Recordemos que  desde que dejara de escribir (su último libro fue 
publicado en 1963)  y tras publicarse la antología que le valió el 
Premio de la Crítica en 1971, no se publicó nada suyo hasta que en 
1992  el escritor y poeta Manuel Rico publicó en Ediciones 
Libertarias una antología titulada Señal de amor (aludiendo un 
poco a su segundo  libro Una señal de amor que fue accésit del 
premio Adonais en 1957), con un estudio previo sobre la obra de 
Eladio. Más tarde, en 1995, llegaría una reedición en 1995 de su 
libro Recordatorio, tercer libro suyo que  se publicó en1961.



Recuerdo con qué emoción me contaba Eladio  que le iban a 
publicar una selección antológica, ¡mi primera antología! –
exclamaba –. ¡Pero si ya nadie sabe de mí!,  me decía  con el brillo 
de la luz manchega tras los gruesos cristales de sus gafas de pasta, 
este poeta que amasaba versos entre los andamios de su Tomelloso 
natal o contemplaba los trenes y la tremenda pobreza desde la llanura, sentía yo que vivía, ahora en Madrid (hablo del principio de los años noventa), resignado (y perdidamente enamorado por entonces) en su condición de poeta olvidado (y también extrañamente correspondido en el amor).

Pedro A. González Moreno, buen conocedor del poeta  pues le trató personalmente  también y buen conocedor de su poesía muy acertadamente nos muestra  en uno de sus apartados a  El poeta y nos dice: La poesía de Eladio Cabañero está tocada por el don de la humildad, y pese a la inicial retórica de su primer libro, tiene un afán de sencillez y claridad, está concebida como un vehículo adecuado para transmitir la vibración más pura de las emociones.


Con relación a la voz poética 
de Eladio nos dice: 
La voz  humana,
conmovedoramente humana  de Eladio Cabañero, tal vez nos deja en el paladar unos posos dulciamargos    de desconsuelo, pero nos deja también  un temblor de pureza,  una vibración de autenticidad.
.
Nos habla de La Generación, una generación con poetas, incluido él, como su amigo Carlos Sahagún, Valente,  Claudio Rodríguez

Nos habla  también Pedro A. 
González Moreno del paisaje (un 
paisaje que el introductor de estos poemas conoce a la perfección 
ya que ha escrito sobre ese paisaje  manchego común a ambos en un hermoso libro titulado Más allá de la llanura, publicado también en la BAM en 2009 y Pedro lo escribió desde la contemplación, el lirismo y la realidad  experimentada).

Y nos dice sobre el paisaje de Eladio CabañeroDesde el sol a la 
anchura es la obra iniciática donde el poeta tomellosero buscaba 
no sólo la redención del paisaje manchego, sino también su propia redención personal y literaria. Recordemos que  Desde el sol a la anchura fue su primer libro publicado en 1956.



Y finalmente nos habla de: El hombrePedro conocía, ya lo he dicho, personalmente a Eladio Cabañero. Conoció primero  al poeta por la recopilación de Florencio Martínez Ruiz que publicó planeta y se convirtió para un Pedro jovencito en los primeros años setenta en un poeta de cabecera que siempre le acompañó (luego ya en los años 80 le conoció personalmente y compartió con el muchos días de charlas y amistad hasta su fallecimiento en julio de 2000),  y le acompaña porque – lo hemos comentado muchas veces los dos – siempre vuelve, volvemos,  a él a su recuerdo y, especialmente a su poesía. Y volvemos  porque como dice Pedro A. González MorenoEladio Cabañero fue un hombre, un poeta  que prefirió poner un adjetivo menos y una emoción más. Y los dos estamos de acuerdo.
Que este libro, del que acaba de salir una reseña en Lanza que es un resumen de ésta que cuelgo aquí,  sirva para que las nuevas generaciones conozcan la obra de un poeta auténtico.  Y que sirva para permanecer en el recuerdo de un hombre humilde que nos trajo la emoción y la verdad de un tiempo en su poesía.

                                                             Manuel López Azorín





viernes, 17 de enero de 2014

Pedro A. González Moreno: El ruido de la savia Premio Nacional de Poesía "José Hierro"





Pedro A.  González Moreno: El ruido de la savia

El Premio Nacional de Poesía José Hierro  que convocó el Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes en su XXIV edición fue para Pedro A. González Moreno (Calzada de Calatrava, Ciudad Real, 1960) por su obra El ruido de la Savia, libro que se alzó con el galardón sobre las 157 obras presentadas en total en esta edición de 2013. El poeta recogió el premio el 4 de diciembre de 2013 en un acto realizado en El Caserón con la participación de  los poetas Joaquín Benito de Lucas, Ángel García López y Antonio Hernández, miembros del jurado, y de Mar Escudero, concejala de Cultura del Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes.

El salón a rebosar de público para escuchar al jurado y al poeta que dijo de este libro: lo mejor es la sensación que me deja de haber saldado una deuda con mi pasado, con mis raíces y con algunos de mis fantasmas más íntimos.   Fantasmas, raíces, savia  que en las dos primeras partes de las cinco que consta este poemario, aparecen , dando sentido a los versos de Eladio Cabañero que como cita de introducción y aclaratoria nos dicen: Pues quien no se comió los huesos propios, / las heredadas venas de los padres / como quien por agosto bebe agua, / no fue digno de nadie.

El poeta Pedro A. Glez Moreno con su hijo

Un homenaje, un ejercicio de memoria, para recordar que esos fantasmas del pasado, esas raíces que dieron lugar, gracias a la savia que las nutrió de vida primero y de poesía después, a otras ramas De mis antepasados / no aprendí grandes cosas, pero  heredé de ellos/ una extraña escritura / donde podía leerse / el filo de las hoces y el ruido de la savia. No heredó grandes cosas, pero el sujeto poético aprendió de ellos a agavillar los desengaños, y en el dejaron cauces / de  savia turbia donde se mezclaban / sombras de barro y luces  de quimeras. Poema tras poema el autor va recordando sus raíces: Arrieros, capataces, albañiles… y se pregunta: …Quién sabe /  si alguna vez  soñaron a escondidas / con escudos de armas. Pero su vida, nos cuenta, fue  la aristocracia del cansancio. Nos habla de una estirpe que en barro y yeso dejó escrita su canción sin palabras.

Decía hace tiempo el poeta Francisco Caro, en relación a la poesía de Pedro A. González Moreno, que  es  poeta en el que la memoria de la vida precede siempre a lo vivido, donde vivir es solamente contar la luz que la memoria desprende. Una poesía de vida viva y de memoria viva, una poesía escrita con la materia de los sueños que no es otra cosa que la memoria, una memoria que es recuerdo absoluto, primigenio pues consciente o no vive en nosotros desde que nace y sin advertirlo, nos acompaña ya toda la vida.
Raices naufragadas, / larga alfombra a de huesos como polvo de espigas / que  todavía me alimentan. / Lenta y callada procesión de sombras / que vuelven a mis sueños cada noche / y a veces  me preguntan si su árbol / continúa creciendo.


Sus ramas todavía le acunan, le siguen dando sombra,  y recuerda que  la savia de aquel árbol puso un día en sus labios palabras para escribir el primer verso. Y gracias a la savia, a su ruido nutriente e invasor, a su sueño de música humilde, de herencia noble, de voluntad de construir, de crecer, fue surgiendo lenta, primero la canción no escrita, después la grafía y su leve murmullo  tarareando en los recuerdos, brotando entre las páginas , paginas que redimen fantasmas, raíces… y que hacen  que el poeta construya, con las palabras, lo más suyo, lo más íntimo, y lo construya para siempre, sin prisa y contra el miedoPorque el poeta siempre guarda en los armarios de la memoria, las palabras que un día, fueran ya hebras de claridad, sólida luz  en el poema escrito.



Lo que más me ha costado del libro, nos dijo Pedro A. González Moreno, ha sido estructurarlo, es decir organizar los temas para que las reflexiones metapoeticas se convirtiesen en el hilo conductor que le diese unidad general a la obra. Las tres partes finales del libro están dedicadas a esas reflexiones metapoéticas,  a esa Agua que sacia nuestra sed / e igual que un perro fiel nos lame / piadosamente las heridas.

Video sobre el jurado del Premio Nacional José Hierro

La palabra de Pedro A.González Moreno es precisa, elegante, rítmica, musical  y es que este poeta es de una gran perfección formal, cuida el lenguaje,  la palabra porque sabe bien que  la música del poema, de la poesía,   solo sonará bien  si se construye con  la única materia con la que elaborar la poesía. Con la sombra del árbol  donde creces, con la memoria  de sus raíces y  Con raíces y hojas, con hilo de adjetivos, con lenguaje, con palabras … y el temblor  de esas letras  que en el árbol fueron creciendo, conformándose, para hablarnos después en sus poemas.



Pedro A. González Moreno es licenciado en Literatura Hispánica y es profesor de Lengua y Literatura. En cuanto a poesía ha publicado: Señales de ceniza, con el que se alzó con el premio “Joaquín Benito de Lucas” (Col. Melibea, 1986); Pentagrama para escribir silencios, (accésit del premio Adonáis), Rialp, 1987; El desván sumergido (premio “Villa de Madrid- Francisco de Quevedo), Libertarias, 1999; Calendario de sombras (premio “Tiflos”), Visor, 2005, y Anaqueles sin dueño (Premio “Alfons el Magnánim-2010), Hiperión, 2010. Además de una antología en la que se recoge parte de su poesía La erosión y sus formas (Antología 1986-2006), Vitruvio, 2007.

En cuanto al ensayo, es autor del libro Aproximación a la poesía manchega. Y en la narrativa ha publicado Los puentes rotos (IX Premio “Rio Manzanares de novela”), Calambur, 2007, y el libro de viajes, que es mucho más que un libro de viajes, Más allá de la llanura, publicado por la Biblioteca de Autores Manchegos y reeditado en 2013.


Antonio Hernández, Pedro A. Glez Moreno, Joaquín Benito de Lucas, Manuel López Azorín , Francisco Caro y Rafael Soler.



El ruido de la savia  ha sido publicado en la Colección Literaria Universidad Popular del Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes.