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domingo, 26 de diciembre de 2010

Rafael Montesinos: Amor y métrica




Memoria poética (V y final)

Rafael Montesinos: Amor y métrica

El lamentable inconveniente de no tener la revista Poesía en la diana dedicada a Rafael Montesinos (y de ahí mis disculpas a todos los colaboradores) fue porque al estar yo ingresado dos meses, nadie se ocupó de ella. Aquello me produjo mucha tristeza. Sé que Rafael Morales (que sí tuvo su revista el año anterior, al igual que la tuvieron Claudio Rodríguez en 1998 y José Hierro en el 97), se quejó por esta, y otras razones, de lo anómalo de la situación producida.

Hablé con el alcalde de San Sebastián de los Reyes y convinimos en que, ya que no se había publicad, se haría a lo largo del año 2000. Tampoco fue así. Por más que insistí en ello, no conseguí que saliera aquel monográfico sobre el poeta sevillano. A finales de ese año acudí a la persona que ocupó mi puesto y al preguntarle por la revista me comentó que los criterios a seguir eran otros y desde luego no para “Dinosaurios”(?) de la poesía. Tanto Las jornadas del C.E.P como Poesía en la diana nunca más volvieron a realizarse.

Volví a ver al alcalde, le hablé del compromiso de editar ese número dedicado a Rafael Montesinos y se comprometió conmigo a publicar ese número de Poesía en la diana; pero ¡ay el compromiso de los políticos!, se quedó en agua de borrajas, al menos de este político, que a mi juicio no supo o no quiso imponer su criterio sobre el de aquel o aquellos que se negaban a publicarlo.
Aquel suceso se convirtió en una deuda incumplida por mi parte, aunque no fuera culpa mía, y me dolió... por Rafael Montesinos y por todos los que colaboraron. Cada vez que hablábamos de aquello Rafael le restaba importancia. Salió todo muy bien, alégrate, –me decía– y tú estás aquí, eso es lo importante.


Foto: Marisa Calvo en una sesión de la Tertulia Literaria Hispanoamericana con los poetas Rafael Soler y Miguel Galanes

Las palabras de ánimo daban cuenta de su talla personal. Rafael Montesinos era así, él continuó realizando todos los martes su Tertulia Hispanoamericana, esa que ahora conduce Marisa con el apoyo de su hijo mayor Rafael Cesar, siempre pendiente del desarrollo de las tertulias y de su madre que continúa la labor extraordinaria del poeta , en el Colegio Virgen de Guadalupe de la Avda de Séneca en la Ciudad Universitaria de Madrid. Allí, siempre que puedo acercarme, los veo juntos.

Decía que Montesinos continuó su vida normal junto a Marisa, sus hijos, su ordenador… -Esta maravilla de computadora me permite –solía decirme– mediante un clic, tener frente a mi todo lo que previamente he guardado. Rafael se expresaba, casi a sus ochenta años, como el niño con el juguete más preciado al referirse al ordenador, aparato del que, le confesaba yo, no sabía casi nada, le brillaban los ojos hablándome de las grandes posibilidades de este artilugio mágico que le servía tanto para los poemas de su nuevo libro La vanidad de la ceniza, en el que andaba inmerso, como para la Tertulia Hispanoamericana.

Le veía y no conseguía olvidar lo de la revista.Tengo una deuda – le decía yo – contigo y con todos los colaboradores, que difícilmente podré pagar. Él dejaba su ordenador y, animándome a olvidarlo para siempre, me decía: la vida es lo importante, si no vives no escribes, lo demás es brisa y me decía de memoria estos versos del libro que preparaba: Todo esto pasará, como la brisa / va borrando las dunas por la playa.

Era difícil quitar importancia a algo que dejó de hacerse por… Pero, pasado el tiempo, dejó de tenerla. Recuerdo el año en que falleció, Marzo de 2005, Rafael Montesinos tenía razón. Todo esto pasará, y yo, que andaba iniciando un libro sobre la luz y el amor escribí: sólo el amor nos salva. Sin amor / anda perdido el eco de la vida. /// Sólo la luz alumbra. Sin la luz / oscuras, las palabras, desvanecen. Y me olvidé del asunto para siempre.



Foto:Rafael y yo en la tertulia

La última vez que nos vimos fue en enero de 2005. Fui a presentar un libro de Joaquín Benito de Lucas El reino de la niñez a su Tertulia. Él, como siempre, sentado en el centro Joaquín y yo junto a él. Recuerdo un detalle significativo para mí (habíamos tenido una breve conversación, previa al acto, en la que Rafael y yo comentamos algo muy personal) que todavía me emociona. Cuando acabé de leer mi presentación sentí su mano en mi brazo, le miré y mientras me lo apretaba, me dijo sonriente y muy bajito: Da gusto tenerte al lado Manuel.

Cuando Falleció, en el crematorio de la Almudena no cabía un alfiler. Minutos antes toda conversación era por y para el poeta, pero no olvidaré nunca el desconsolado llanto de Fernando Beltrán y el semblante ausente de Marisa Calvo.

(Marisa, junto a su hijo mayor Rafael Cesar Montesinos, continúa conservando la memoria del poeta y de su Tertulia Literaria Hispanoamericana de los martes y su hijo menor, Ramón Miguel Montesinos, sigue los pasos de su padre (el año pasado publicó un poemario titulado Ángeles sin sospecha) y escribe poesía.

Hace poco hablábamos Marisa y yo, recordábamos a Rafael y me decía: Han sido tantos años juntos, yo sé que tuvo una vida larga y plena; pero no puedo olvidarlo. Pero ¡Cómo vas a olvidar! Es imposible. Lo que forma parte de nosotros no se olvida nunca. Alégrate de no hacerlo y recuerda, Marisa, aquel poema que escribió para ti titulado:



AMOR Y MÉTRICA

Como si todo el monte fuera de alejandrinos
libres, blancos, oréganos, sin sinalefa alguna
entre los hemistiquios (pues frágiles se quiebran),
saltándome la edad, la seriedad, el orden,
he venido hasta ti, niña mía de siempre,
sólo para decirte. – buenos días, amor,
es nuestra la mañana.

Me falta un hemistiquio: (la mitad de mi vida).
Lo dejo en blanco para que lo llenes de besos
y saltes los colores que a tiempo no tuviste,
los años que te llevo y que me llevaré.

No te asuste el oscuro homenaje a mi olvido;
sáltate los colores más tristes de tu vida
y deja sólo el negro para que me lo lleve,
grabadora perfecta de la luz de mi alma.

Son tuyos los violetas, los celesteamarillos,
tu atardecer tan bello, tan de melancolías.

Buenas noches, amor. No sé si volveremos
a vernos. No lo sé. Pero sí que fue bello
vivir contigo, niña.

Rafael Montesinos.,
Del libro: Con la pena cabal de la alegría.

Bécqueriano y machadiano fue el poeta intimista Rafael Montesinos. Sus cenizas reposan en la tierra que le vio nacer, la de su infancia… y siempre, siempre vivo, en el recuerdo de Marisa Calvo y de aquellos que le quisimos y admiramos..

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Rafael Montesinos: Poesía en la diana



Memoria poética (IV)
Rafael Montesinos: Poesía en la diana

Que la infancia, la tierra y Marisa han estado presentes en la poesía de Rafael Montesinos es algo conocido de todos. Que era una persona con fino salero, generosa con los amigos y fiel a ellos, lo sabemos muchos.

Durante los años que dirigí el Centro de Estudios de la Poesía en la Universidad Popular José Hierro (1996-2000) de San Sebastián de los Reyes, programé: Las jornadas del C.E.P. Se desarrollaban en los institutos de la localidad para dar a conocer la obra del poeta a quien se dedicaban y, como final, en un acto público en el Teatro Auditorio Adolfo Marsillach con poetas, músicos, el poeta invitado y la presentación de la revista Poesía en la diana.

El tercer trimestre de 1999 se aprobó para el C.E.P. un programa Homenaje para el año 2000, al poeta Rafael Montesinos. Poetas como José Hierro, Claudio Rodríguez y Rafael Morales ya habían sido homenajeados en Jornadas anteriores y Rafael Montesinos se mostró ilusionado cuando le dije que se dedicarían a él. Rafael se encargó de elaborar una lista de posibles colaboradores en la revista. Yo, de solicitar las colaboraciones. Cuando le comenté que todos me habían contestado afirmativamente, me dijo: Realmente me siento querido. Y así fue.

En la Navidad de 1999 ya tenía preparado el programa: los institutos, los profesores que se dedicarían a mostrar la poesía de Montesinos a los alumnos, las invitaciones para el acto final, las colaboraciones para la revista… Poetas y pintores enviaron, desinteresadamente, lo que les pedí. Ya que no pude hacerlo en su momento, quiero desde aquí agradecerles (al tiempo que pedirles disculpas) su desinteresada colaboración para la revista Poesía en la diana dedicada a Rafael Montesinos.

Enviaron colaboración los poetas: Leopoldo de Luis, Luis Antonio de Villena, Antonio Hernández, Mariano Roldán, Antonio Rodríguez Jiménez, Antonio Garrido, Alberto Guallart, Carmen Díaz Margarit, Francisco Ruiz Noguera, Manuel Ríos Ruiz, Pedro Hilario Silva, Antonio Rubio, Encarnación Pisonero, Julián y Francisco Créis, Emilio Ruiz Parra, Jesús Hilario Tundidor, Pureza Canelo, Joaquín Márquez, Carmina Casala…

También, el hispanista francés Robert Pageard, y el norteamericano John Ross así como Rafael de Cózar, Carmelo Guillén Acosta y José María Delgado,(Luego antólogos de Rafael en Adonais el año 2003), Francisco Alejo Fernández y Rafael Roblas Caride.

Igualmente los artistas plásticos: Antonio Zarco, Ginés Liébana, Julián Silva, Carlos Baonza, Julio Álvarez , Jose Luis Galicia. Marisa, me dio un dibujo que ella había realizado el año 86de Rafael Montesinos.(Es el que inicia esta entrada, arriba a la derecha)


Dibujo de Montesinos realizado en Córdoba por Ginés Liébana

El montaje de la revista: listo para ir a la imprenta. Quedaba por hacer la filmación del cortometraje que realizaría con Canal Norte TV. Llegado enero de 2000, tendríamos que filmar en casa de Rafael Montesinos y viajar a Sevilla para localizar determinados lugares relacionados con el poeta. A la vuelta montar y dejar listo para proyectarlo, en abril, en el acto de clausura.

Durante estos previos nos vimos bastantes veces, en la tertulia, en su casa, Rafael estaba muy interesado en saber cómo iba todo y qué tendría que hacer él. –Leer tus poemas, le contestaba yo, otros poetas ya se encargarán de explicar tu poesía.

En enero fuimos a Sevilla. Grabamos. El montaje fue largo y laborioso. Lo realizó Rafa Cano. Finalmente quedó preparado.


Foto: Manuel López Azorín, Rafael Montesinos y Antonio Hernández

Llegó abril y, tras un maldito cáncer que me dejó apartado de todo, Rafael y Marisa, me visitaron en el hospital y me decían: Tú ponte bien, lo demás no importa. Pero la profesora, Pilar Temprano, encargada en su Instituto, el I.E.S. Julio Palacios, de la visita a él de Rafael Montesinos junto a Luis Antonio de Villena que le acompañaría para hablar del poeta sevillano, sabiendo a primeros de abril que acababa de salir del hospital, me telefoneó para decirme: –” No te preocupes, he hablado con el alcalde, yo me encargaré de que todo salga tal y como lo has previsto.”

Pensé: ¿Cómo es que nadie se ha encargado de ordenar o llevar a cabo estas jornadas, aprobadas y programadas hasta el más mínimo detalle?

(Me olvidaba citar a Rafael Morales, José Hierro, Claudio Rodríguez, Joaquín Benito de Lucas, Jesús Hilario Tundidor, Eugenio Cobo, Jesús Riosalido, José Luis Morales y Pedro A. González Moreno, que también colaboraron en estas jornadas sobre Rafael Montesinos.)

No pude asistir a los Institutos para ver a Rafael y al poeta que, en cada uno de ellos le acompañó, pero él me llamaba para comentarme como se sucedía todo. Recuerdo que me contó lo que le sucedió en el I.E.S Juan de Mairena y que dio lugar a que yo escribiera un poema: Rafael Montesinos se encontró que iba a ser presentado por el catedrático Fernando Villamía, profesor en este Instituto por entonces, que fue gran amigo de su hijo mayor Rafael Cesar.

Foto: Rafael Cesar Montesinos y su mujer.

La historia es que siendo chiquillos Montesinos les prohibía entrar en su cuarto de trabajo y cerraba con llave para que no revolvieran sus papeles. Rafael Cesar Montesinos y Fernando Villamía pensaban que allí dentro guardaba el poeta un gran secreto y querían, al tiempo que temían, conocerlo.

Con el correr del tiempo los dos muchachos, ambos luego profesores de lengua y Literatura, comprendieron que el único secreto que guardaba Rafael Montesinos en aquel cuarto bajo llave, era la pasión por el lenguaje, esa pasión que les movió a ellos dos, luego, a estudiarlo, a dedicarse a enseñarlo a otros. El poema que escribí a partir de esta anécdota que me contaba Rafael Montesinos fue este:

El secreto del cuarto bajo llave
Para Fernando Villamía


Me cuenta Montesinos
que su hijo mayor y Villamía
querían revolver en sus papeles
guardados bajo llave.

(Aquella habitación y la continua
pasión por la palabra le llevaba
a poner cerraduras al lenguaje)

–Hoy, por fin, he sabido
que Fernando intuía algún secreto
al tiempo que temía descubrirlo.

(Y no había más secreto en aquel cuarto
que aquel de descubrir con las palabras
la vida y su misterio en los poemas:
verso tradicional
o el clásico y perfecto endecasílabo)

–Pero, mira por dónde,
mi hijo y Villamía descubrieron
– no en mi cuarto, en la vida, la enseñanza –
la pasión, mi pasión, también la suya,
por el mágico mundo de las letras.

–Fernando me lo ha dicho esta mañana
de abril y poesía.

Del libro: Azul de los afectos



Foto: Rafael Montesinos, en los jardines que llevan su nombre, con unos amigos

El día de la clausura quise estar con Montesinos en el Teatro. Realicé un supremo esfuerzo y acudí. El acto se sucedió según lo previsto: abrió Carmelo Guillén Acosta, que venía, expresamente desde Sevilla, a comentar la revista y sus colaboraciones; pero al no estar impresa, nos habló del poeta y de su obra. Vimos el cortometraje. Un cantaor de flamenco interpretó varias soleares de Montesinos. Intervinieron poetas en honor del homenajeado, y, finalmente Rafael dio una lectura en la que estuvo breve y espléndido y con un público que llenaban el Auditorio.
Rafael Montesinos y yo, que casi tenía que apoyarme en él, clausuramos el acto. Todo según lo previsto… excepto la publicación de la revista Poesía en la diana.


Fue triste (y penoso) que no se llegara a publicar (todavía no entiendo el porqué), pero así fue. Rafael Montesinos se quedo sin Poesía en la diana, y todos los colaboradores, y yo me sentí culpable, sin serlo, porque una y mil veces volvería a organizar todo tal y como lo hice. Después... ya no dependió de mí (y mientras pienso todo ésto, me viene a la memoria una soleá de Rafael Montesinos que dice: Buscaría aquellas piedras,/ y en aquel mismo camino / tropezaría con ellas.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Rafael Montesinos: Sevilla, Madrid, Sevilla

Memoria poética (III)

Rafael Montesinos: Sevilla, Madrid, Sevilla



He vivido cuatro días: / tres no fueron sevillanos. / Llevadme a la tierra mía.

Desde que salió de Sevilla para vivir en Madrid Rafael Montesinos nunca dejó de pensar, de sentir su tierra y, con su tierra, el recuerdo de su infancia. Otra soleá suya nos dice: Haz caso a lo que te digo, / que nunca le he puesto letra / a copla que no he vivido. Y es cierto. Rafael vivió cuatro largos días que sumaron 85 años. Uno de esos días lo vivió en Sevilla (hasta los veinte años), los otros tres días, que no fueron sevillanos, lo vivió en Madrid, 65 años.
Marisa, Rafael y yo hablábamos de todo esto. De sus primeros años en Madrid, de sus primeros libros, de aquellos tiempos de poesía de valores tradicionales primero y más existencial, más realista después.


Este gran poeta que fue (que es) Rafael Montesinos no fue miembro de la “generación” del 36 (él publicó su primer libro en 1942: Resurrección, libro que más tarde repudió) ni sólo Garcilasista, como se ha dicho, por más que participara, como tantos, en aquella revista de los primeros años cuarenta ya que, como tantos otros, también escribió en las revistas Espadaña, Halcón, Proel, Ínsula....


Hay que recordar que Montesinos, como bien ha dicho Carmelo Guillén Acosta, en la Antología poética sobre este poeta, que preparó en Adonais en 2003, junto a Jose María Delgado, “manifiesta entonces una noción profunda de intensa espiritualidad, vinculada a los límites de las experiencias diarias como proyección del yo”. Y, también, decir que en su antología La verdad y otras dudas y en algunos fragmentos de su libro de prosa Los años irreparables, muestra, Rafael, una poesía de preocupación social y en una u otra poesía (la poesía es Una y diversa) vemos a un Rafael Montesinos con brillantez expresiva, reflexivo y preocupado por el hombre, en fin , un poeta de agudeza verbal que ya con melancolía, ya con reflexiva esencialidad, se nos muestra a gran altura como creador y, con un especial salero sevillano, como director de directores tertulias con sus martes de la poesía o dicho de otro modo, con la Tertulia Literaria Hispanoamericana, conocida por todos como la Tertulia de Rafael Montesinos. Martes a martes siempre repleta de poetas y amigos de la poesía.

(Foto Salón de la Tertulia, en Reyes Católicos nº 4. público. En primera fila: Franca Figueroa, Marisa Calvo, Rafael Morales, Antonio Porteta y Emilio Ruiz Parra)

Hablábamos de las tertulias literarias dirigidas por él y a las que, con frecuencia, había asistido el poeta Gerardo Diego. Conocerle, ya saben, es hablar de todo esto… Y de Marisa Calvo: Pero te tengo a ti, mujer, ahora, / paisana de mi pena y mi alegría, / alma que de mi alma se enamora.
Hasta ellas (las tertulias) – solía decirme Rafael – me trajo Gerardo la primavera cargada de esperanza y con nombre propio: Marisa.
Y es que el inventor de la llamada generación del 27 con aquella antología, de 1932, le presento a quien luego sería su esposa, una jovencísima, casi niña, Marisa Calvo de quien el poeta sevillano se quedó prendado para siempre y nos dejó versos como éstos: saltándome la edad, la seriedad, el orden, / he venido hasta ti, niña mía de siempre, / sólo para decirte: – buenos días amor, / es nuestra la mañana.


Foto cedida por Marisa Calvo: Rafael y Marisa en Dinamarca

Cuando llega a Madrid y conoce a Manuel Machado, éste le prologa su libro, Balada de amor primero en 1944. A este le siguen El libro de las cosas perdidas (1946) y el mismo año, Canciones perversas para una niña tonta. Dos años después, Rafael Montesinos, el poeta que sugirió el nombre de Adonais para esta Colección de poesía a quien fue el directorde esta colección, José Luis Cano, hasta mediados los años sesenta en que tomara el relevo el poeta Luis Jiménez Martos. En esta Colección Adonais de la Editorial Rialp, publicó Rafael, en 1948, su libro Las incredulidades.

Desde Canciones perversas para una niña tonta (1946) el amor formó parte de su poesía: De tanto como en ti pienso, / tú eres ya toda mi alma / y yo soy sólo mi cuerpo. / me estoy muriendo y no tengo / un sitio en tu corazón / adonde caerme muerto. El poeta le canta a su antiguo amor, un amor de adolescencia y descubrimiento, desde Madrid: Lejos de Sevilla/ me quedé a morir, / lejos de la torre / que ha crecido allí, / lejos de tu nombre, / (ay, quien lo diría), ángel de mi ausencia,/ dulce compañía.

Cuando conoció a Marisa Calvo. (Fue en 1953, Rafael contaba 32 años y Marisa, una adolescente, acompañada por Gerardo Diego asistió a la Tertulia Literaria Hispanoamericana. Tertulia que, desde 1954, comenzó a dirigir (antes, desde su inico en 1952 fue, de la Tertulia, asesor literario junto a José Manuel Caballero Bonald) y la dirigió luego hasta su fallecimiento el 4 de marzo de 2005 en Madrid.) Marisa fue, además de dibujar la cicuta como símbolo de la Tertulia, el motor de su poesía de amor a partir de País de la esperanza (1949-1955) Pero te tengo a ti, mujer, ahora, / paisana de mi pena y mi alegría / alma que de mi alma se enamora.

Foto cedida por Marisa Calvo: Boda de Rafael y Marisa


El año que publica este País de la esperanza se casan. Desde aquel 27 de junio de 1955 ya no se separaron. Se querían. Lo sé, se notaba. En su casa y en público he podido comprobarlo siempre. Gerardo le trajo la primavera, como solía decir Rafael de Marisa y la primavera se quedó junto a él, tan junto a él, que le rejuveneció de tal modo que su edad parecía indeterminada. Cuántas bromas suscitaba esa cara de niño bueno y pícaro, cuando nos reuníamos.

No fue Rafael Montesinos un poeta de muchos Premios pero si importantes ya que en 1954 le concedieron el Premio Ateneo, en 1957, el Premio Ciudad de Sevilla, en 1958 el Premio Nacional de Literatura (poesía) por el libro El tiempo en nuestros brazos, en 1979 el Premio Fastenrath de la Real Academia y en 1989 fue nombrado Hijo Predilecto de Andalucía. Llegar al Guadalquivir por el paseo de Colón y a la entrada del puente de Triana, es encontrarse, también, con unos recoletos jardines, junto al río, llamados Jardines de Rafael Montesinos.



A lo largo de su trayectoria poética y al margen de los libros ya mencionados y de varias antologías y reediciones, publicó los siguientes poemarios: La verdad y otras dudas (1967). Cancionerillo de tipo tradicional (1971). Último cuerpo de campanas (1980). De la niebla y sus nombres (1985). Con la pena cabal de la alegría (1996) y la edición póstuma del libro acabado que al principio tenía otro posible título (La libertad de la duda), pero que luego definitivamente, ya en el año 2000, tituló: La vanidad de la ceniza (Ediciones Vitruvio, 2005)

Os dejo aquí uno de los poemas pertenecientes a este libro último, poema que, junto a otros de este libro, me dio Rafael Montesinos a finales de 1999, entonces inéditos, porque preparaba yo, por entonces, un monográfico sobre el para publicar en la revista Poesía en la diana. Pero esta es otra historia que contaré en otra entrada.



APÓCRIFO SEVILLANO

A una sombra con mi nombre
Sangre paterna mía tu llevabas
sin que constara en acta de bautismo,
o en felicitaciones y regalos
por santos o por reyes.

Tan sólo eras mi hermano
en amargos reproches
que nuestro padre soportaba
sin decir ni hijo
tras las dolientes puertas entreabiertas
de la niñez lejana.

Hoy, con aquellas puertas
definitivamente ya cerradas,
te estrecho entre mis brazos, pura sombra,
entre las sombras que también se fueron
tras la entreabierta puerta de la muerte.

Rafael Montesinos.
Del libro: La vanidad de la ceniza.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Rafael Montesinos: de Bécquer a Machado


Fotografía de Rafael Montesinos y Marisa Calvo en el Retiro.
(Gracias por la foto Marisa)


 

Memoria poética (II)

Rafael Montesinos:
de Bécquer a Machado.

Tras la llegada a Madrid en 1940, con 20 años, la infancia y la tierra constituyen para Rafael Montesinos su universo, un universo personal lejano y presente del que se alimenta gran parte de su obra y, lo decía en la entrada anterior,
conocerle es saber que la sencillez de lo popular junto al gusto por los clásicos dan lugar, en su poesía, a una creación personal llena de hondura, precisión y belleza, cargada, eso sí, casi siempre, de una profunda melancolía



Su infancia, tanto en la prosa (léase Los años irreparables, de 1952 la primera edición. Luego, de1981, una segunda edición, con una significativa nota: versión completa, que nos lleva a recordar que la primera fue parcialmente censurada, o una tercera de 1999, publicada por la Universidad de Sevilla al igual que la anterior, ésta con introducción edición y notas de Francisco Alejo Fernández) como en la poesía va unida a la tierra que le vio nacer.

Conocer a Rafael, por tanto es hablar de Sevilla,
de poesía y de la nostalgia.
Sevilla fue la ciudad de los dioses para Rafael Montesinos, el lugar para cantarle a su tierra con su intimista y personal voz llena de hondura y donde la ciudad se nos muestra, porque Montesinos es un poeta de su tiempo y de sus orígenes, con lirismo al tiempo que con compleja realidad. Hablar se Sevilla y de Gustavo Adolfo Bécquer.



En la poesía de Rafael Montesinos una de las grandes influencias fue Gustavo Adolfo Bécquer. (Luego vendrían don Antonio Machado, Juan Ramón, Cernuda…) Se convirtió Montesinos en uno de los grandes conocedores de la obra de este post-romántico sevillano, tanto que llegó a descubrir que algunas rimas atribuidas a Bécquer no eran de su autoría y en 1970, al cumplirse el centenario de su muerte, publica varios artículos con datos inéditos sobre el poeta. Entre ellos: Adiós a Elisa Guillén (Revista Ínsula, nº de diciembre)

En estos artículos da a conocer, mediante una tabla de concordancias, al verdadero autor (Fernando Iglesias Figueroa) de dos rimas, dos leyendas y la carta Desde mi celda que, durante cuarenta y tantos años fueron atribuidos a Bécquer por los críticos. Las dos rimas apócrifas, según nos dijo Montesinos, son: ¿No has sentido en la noche?...y Para que lo leas con tus ojos grises…, las leyendas: La fe salva y La voz del silencio y la décima y última carta Desde mi celda que también inventó Iglesias Figueroa.




Por el ensayo titulado Bécquer Biografía e imagen (Editorial RM, Barcelona 1977) le concedieron el Premio Nacional de Literatura. Sobre este libro, nos dice el propio Montesinos: Fue a principios de 1960 cuando di en la idea de componer un libro o álbum sobre Bécquer, cuyas secuencias fotográficas habrían de dar como resultado una biografía del poeta sevillano. Yo no podía imaginar entonces la gran cantidad de dibujos, fotografías y documentos inéditos que iban a llegar a mis manos en aquellos cuatro años de intensa búsqueda (…) y aún hoy no puedo comprender cómo podía existir – y debe de existir en estos momentos – tanto material desconocido en torno a la figura más estudiada de nuestra poesía contemporánea. (No estoy llamando contemporáneo a Béquer sino a su poesía.)

Años dedicó Rafael Montesinos a su incansable labor de investigación. Todo ello dio lugar a nuevos autógrafos, nuevos documentos, dibujos inéditos, retratos… personajes femeninos que irrumpen (Julia Cabrera) o desaparecen (Elisa Guillén) de la biografía becqueriana, observaciones agudísimas acerca de la vida y de la obra de su paisano – tal y como me contaba Rafael y así se refleja en la solapa del libro – son las principales aportaciones de este otro poeta sevillano al que la crítica catalogó entonces como el poeta que estaba en la mejor línea interior, contenida, de la poesía andaluza, la línea que arranca de Bécquer y sigue con Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda. (…) Los ciento cincuenta y cuatro grabados de este libro sobre Gustavo Adolfo Bécquer, constituyen algo sin precedentes en la millonaria bibliografía dedicada durante más de un siglo a este universal poeta sevillano.


El poeta Jorge Guillén, al morir, legó a Montesinos una profusa documentación sobre Bécquer. Rafael, al publicar en 1992 un nuevo estudio sobre su paisano titulado La semana pasada murió Bécquer,(Ediciones El Museo Universal, Madrid) se le dedicó a Jorge Guillén. Yo tuve la gran suerte de que Rafael Montesinos me obsequiara con estos dos libros y de que me los dedicara, los conservo con enorme cariño y voy a ellos a menudo como a menudo muchos estudiosos de Bécquer se documentan en estos ensayos publicados por Rafael Montesinos sobre este poeta, sevillano como él, y bautizados ambos en la pila bautismal de la iglesia de San Lorenzo de la ciudad que los vio nacer: Sevilla.

Igualmente hay que recordar que la Editorial Cátedra en su colección Letras Hispánicas publicó, en 1995, una edición de Rafael Montesinos sobre la Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer. Edición que Rafael dedicó: A Marisa y a "nuestro huésped de las nieblas" y que ilustró con algunas fotografías de su autoría.

Decía al principio que tanto la prosa como la poesía le sirvieron para rememorar, para evocar, el tiempo sucedido, acercándose a la patria del hombre que es la niñez, Se canta lo que se pierde, que decía su otro gran paisano don Antonio Machado. En uno de sus primeros libros puso Montesinos una célebre cita, aunque entonces no lo era tanto: Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, verso alejandrino que bien le hubiera gustado escribir a nuestro poeta si no se le hubiera adelantado en el tiempo Antonio Machado uno de los grandes poetas admirados por Rafael Montesinos.

Y no sé por qué pero conocer a Rafael Montesinos es, siempre, recordar con qué gracia, con qué salero te demandaba un cigarrillo apostillando: pero
sin que se entere Marisa, y medio a escondidas, fumar el pitillo con verdadero deleite sin saber, o sabiendo, vaya usted a saber, que Marisa miraba casi siempre, en estas situaciones, para otro lado. Marisa andaba siempre pendiente del poeta que escribía, de verdad, sólo lo que vivía: Haz caso a lo que te digo,/ que nunca le he puesto letra / a copla que no he vivido.

Como yo tampoco he escrito nunca algo que no haya vivido, quiero acabar esta segunda entrada a Rafael Montesinos con un poema que escribí hacia 1996 y que luego formó parte de mi libro Azul de los afectos (2001)



TIEMPO
Para Rafael Montesinos y Marisa

Con ternura infinita Montesinos
le ha cantado a Sevilla desde crío,
a su puente, a su torre – y a su río –
recordando la tierra y sus destinos.

le cantó a ruiseñores y estorninos
con un verbo-pasión de fuego y frío
y le cantó al amor con tanto brío
que Gerardo lo puso en los caminos.

Y así, verso tras paso, fue a Marisa
y fue el tiempo esperanza y fue el abrazo
de los cantos soñados noche y día.

Y la niebla del tiempo – ya sin prisa –
canta amor, tierra, infancia – paso a trazo –
con la pena cabal de la alegría.

lunes, 25 de octubre de 2010

Rafael Montesinos: Noventa aniversario de su nacimiento



No recuerdo fecha concreta. La primera vez que conocí a Rafael Montesinos fue a finales de los años 80. (La última lectura a la que asistí entonces, me parece que fue de Rafael Soto Vergés porque lo que sí recuerdo es que lo presentaba un poeta chileno, Sergio Macías). Recuerdo haber asistido a la Tertulia Literaria Hispanoamericana, la más antigua de las que se realizan en Madrid, ahora ya con Marisa Calvo manteniendo la memoria de Rafael Montesinos en ellas y casi por cumplir 60 años de martes poéticos. Luego dejé de ir por imposibilidad personal. Tiempo más tarde (Curso 92-93) fui expresamente para invitarle a dar una lectura en Tertulias de Autor de Helicón que Rafael dio tiempo más tarde y, desde esas fechas, fui un asiduo a las Tertulias de los Martes de Rafael Montesinos hasta el año 2000. Luego, mis visitas, otra vez por imperativos de índole personal, se fueron espaciando y, aunque he asistido siempre que he podido, no han sido todas las que hubiera querido para estar junto a Rafael Montesinos y al poeta de turno y luego, tras su ausencia, para estar junto a Marisa Calvo y Rafa Montesinos hijo, junto al poeta de turno.


El texto que "cuelgo" a continuación me sirvió, primero en 1994, como presentación de Rafael Montesinos en la lectura que ofreció en el programa Tertulias de Autor de Helicón, emitida en directo a través de Canal Norte T.V. y, posteriormente, lo publiqué en 1995 en Homenaje a Rafael Montesinos, una edición patrocinada por el Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón que estaba coordinada por el poeta Pedro A. González Moreno.

Memoria poética ( I )

Rafael Montesinos: el poeta de la ciudad de los dioses

Conocer a Rafael Montesinos es saber que fue bautizado en la misma pila que su paisano Bécquer (hombre que, como él, supo cultivar la poesía mezclando sabiamente lo popular y lo culto) Conocerlo es saber que nació poeta, español, andaluz, sevillano: He vivido cuatro días: / tres no fueron sevillanos. / Llevadme a la tierra mía.

Conocer a Rafael es hablar de Sevilla, de poesía y de la nostalgia; de literatura, de fotografía y de Bécquer. ( precisamente este estudioso de Bécquer ha escrito uno de los mejores estudios / ensayos sobre el poeta del post-romanticismo, el del "movimiento intimista español" como gusta decir. Conocerle es hablar de todo esto… Y de Marisa Calvo: Pero te tengo a ti, mujer, ahora, / paisana de mi pena y mi alegría, / alma que de mi alma se enamora.

Conocerle es saber, también, que la sencillez de lo popular junto al gusto por los clásicos dan lugar, en su poesía, a una creación personal llena de hondura, precisión y belleza, cargada, eso sí, casi siempre, de una profunda melancolía, producto, creo yo, de quien ejerce la reflexión y al mismo tiempo escribe – por decirlo al modo del pueblo – con el corazón en la mano: …Escúchate / y disponte a sentir cómo te caes, / campo de soledad, sobre tus años.

Conocer a Rafael es sentir Andalucía y saber de sus gentes y de sus cantes y admirar la sencillez de lo difícil en sus versos y los juegos de palabras sin juegos, con hondura, con duende, con vocación: Píntame la alegría / que dentro suena / a pesar de la vida / y de las penas.

Conocerle es descubrir que evoca su infancia, ama a su tierra… y a Marisa Calvo: Más allá de mí mismo he de quererte, / más allá de mi nombre y de mi olvido.

Conocer a Rafael Montesinos, leerle, es averiguar que arte mayor y menor nunca le han sido ajenos y ver que ha sabido manejar con acierto la palabra clara y desnuda, con sinceridad y sin engaños. Por eso nos dice: No te abandono canción, / yo nunca jugué contigo. / Tú sí, con mi corazón. Y mientras canta la que yo considero su más profunda y honda soleá, calla como un niño que mira la vida, siente la vida, vive y escribe la vida, por eso nos dice: Beso escrito y no besado / jamás lo escribiré.

Viene y se va la vida y en su constante crecer decreciendo va dejando, en ocasiones, el engaño y la herida de los hombres porque no todo es claro ni transparente a veces: … vieja mano / oculta siempre, nunca manuscrita, / ordenando puntillas, lazos, rizos / de padrinazgo turbio. Pero, para Rafael, la vida es más el beso, con toda su melancolía, su nostalgia, su tristeza, que la espada con toda su fuerza, con todo su filo de incertidumbre fiera, y es que la vida para Rafael: viene / besa y se va, aunque conocerle es comprobar que a él le besa pero no parece marcharse porque siempre le vemos en esa indeterminada edad que le sostiene…junto a Marisa Calvo.

(Dibujo de Rafael Montesinos realizado por Julio Santiago)

Al leer sus libros se tiene la sensación de estar escuchándoles, no de leer sino de hablar con él y es porque Rafael no trata, al escribir, de distanciarse de su propio sentir. Atento observador, trata, siempre, de ofrecer en su obra, a través de los sentidos y de las emociones, todo lo mejor y con la mayor sencillez. Así, llega a decirnos: Mi poesía, de puro sencillo, cada vez se me hace más difícil.

Conocer a Rafael es ver la espontaneidad de lo primigenio y el buen hacer de la dedicación y del estudio formando, todo, una perfecta unión. Y me viene a la memoria un verso del maestro Lope que decía: Oscuro el borrador y el verso claro.

Saber de Rafael Montesinos es contemplar la historia de los últimos años desde la perspectiva de un Sevilla no que, desterrado a la fuerza, como suele decir él, viviendo más tiempo en la capital del reino que en su tierra, parece que acabara de dejarla y continúa escribiendo, sintiendo, viviendo, con sus tres temáticas importantes, reales y poéticas: la infancia, la tierra y el amor. Y por eso su alma sigue allí, en la calle de Santa Clara o en cualquier otro lugar de Sevilla, ya que en la memoria de este "Director de directores de Tertulias", la infancia y la tierra (esa tierra del poeta, la ciudad de los dioses que es para él Sevilla siempre están presentes junto a aquel otro país de la esperanza, del amor, que le llegara un día con Marisa Calvo.: Tú sí que eres ya huesos de mis huesos / y carne de mi carne y pena mía / y partidaria de mis altos besos.

Rafael con Antonio Hernández y conmigo


Estar junto a Rafael Montesinos es advertir que tras su apariencia frágil y melancólica, hay fuerza, constancia, pasión, creatividad y una especial hondura propia sólo del pueblo que le vio nacer. Y, también, por qué no decirlo estar junto a él es contemplar una pícara (aunque nunca maledicente) manera de ponerte a prueba para ver de ofrecerte o no su amistad, su confianza.

Junto a todo lo dicho, se nota en Rafael el brillo de una mirada siempre enamorada de su tierra que nos dice: Loco ha de ser quien esta tierra olvide. Y calla. Sabemos que piensa en Sevilla y calla, contempla a Marisa y calla; calla tal vez recordando al niño aquel de Los años irreparables o quizá entona su memoria alguna canción perversa o rememora las cosas perdidas (o ganadas) entre la soledad de los días que el tiempo abraza, no ya nuestro cuerpo sino más dentro, entre un sonar de campanas que tañen con tristeza por la niebla de los años, y de las cosas, y de los nombres. Y, con la pena cabal de la alegría, entre tanto paseo por la infancia y la tierra lleva Rafael, justo a su lado, ese "País de la esperanza" y del amor que le llegara un día, ya lejano, del brazo de Gerardo Diego: Marisa Calvo.

Manuel López Azorín

–1994 –





 

Ahora que ha cumplido 90 años de su nacimiento (el 30 de septiembre de 1920), sirva esta entrada y las dos que "colgaré" en cuanto pueda, para recordar, y si es posible leer o re-leer a este poeta sevillano que vivió en Madrid, pensando siempre en su Sevilla natal, una vida, lírica intimista, tradicional y culta, de infancia, tierra y amor, junto a Marisa Calvo.

Y termino esta primera entrada con estas soleares que nos dejó escritas:

SOLEÁ PARA UNA FECHA
Lo de Dios ni dios lo entiende,
que al par que nos da la vida
le pone fecha a la muerte.

EPITAFIO
He vivido cuatro días;
tres no fueron sevillanos.
Llevadme a la tierra mía.

SOLEÁ
Buscaría aquellas piedras
y en aquel mismo camino
tropezaría con ellas.

martes, 30 de septiembre de 2008

RAFAEL MONTESINOS: Elegía para un poeta intimista


Ayer me telefoneó Marisa Calvo y hablamos, entre otras cosas y como es natural de Rafael Montesinos. Han pasado cuatro años ya y noto que Marisa se rompe al recordar (Y sin embargo necesita recordar, yo también, y más en este día, 30 de septiembre, en el que Rafael Montesinos cumpliría 88 años) Recordamos aquel día de la despedida, recordamos a los amigos de Rafael, en silencio,Todavía recuerdo a Marisa, arropada por todos y principalmente por sus hijos, rota de dolor y de desamparo.Aún recuerdo a Fernando Beltrán con los ojos llenos de lágrimas por la marcha del maestro, del amigo, del poeta que escribía sintiendo, viviendo, con sus tres temáticas importantes, reales y poéticas: la infancia, la tierra y el amor. Un poeta intimista de quien se han dicho muchas cosas y muy buenas. Un director de directores de tertulias poéticas único y para el recuerdo. Un hombre afable y con un muy buen humor andaluz. Una persona a la que siempre tuve afecto y respeto y admiración, por él y por su obra. Recordamos muchas cosas ayer Marisa y yo de Rafael. La foto que veis me la envió Elena Diego(Elena se encuentra a la derecha de la foto, en el centro Rafael Montesinos y a la izquierda Ana y quien ésto escribe) Es de 1995 y fue en un homenaje (coordinado por Pedro A. González Moreno y creo recordar que también por José Luis Morales) que el Ayuntamiento de Pozuelo le rindió al tiempo que se editaba un libro-homenaje con múltiples colaboraciones hablando de Rafael, de su poesía y de su prosa. Ayer Marisa y yo acordamos que hoy cada uno en nuestra casa levantaríamos una copa en su memoria y yo, además, esta mañana, como tantas veces por otra parte, he leído algunos poemas suyos. Así me hago la idea de que continúa con nosotros. Leer a un poeta que ya se nos ha ido es, me parece, mantenerlo vivo en la memoria. ¡Hacedlo! Notareis que se encuentra a vuestro lado. Cuando despedimos a Rafael Montesinos vine escribiendo algo sobre él, algo que finalmente quedó en este poema que, hoy, en su memoria, cuelgo aquí. A Marisa le cuesta leerlo, lo sé; pero sé, también, que le gusta tenerlo guardado desde que se lo dí. Vamos a brindar por Rafael ahora y también, yo voy a fumarme un cigarrillo como aquellos que nos pedía , sin que se enterase Marisa, y voy a seguir recordándole (y leyendo su poesía) durante mucho tiempo.



No hay palabras Rafael,

no quiero ni abrir los labios.

Para palabras ayer,

cuando me andabas contando

de lo importante que es

vivir mientras vas amando

y malvivir, a la vez,

cuando muriéndonos vamos

por dejarnos de querer.


No hay palabras Rafael,

hay un silencio quebrado

porque te vas y, a la vez,

una sucesión de imágenes

que me viven por la piel

y por el alma, callada,

que te llora Rafael.


No hay palabras, sólo llanto

y silencio, Rafael.

Silencio que grita dentro

mientras te quiero volver.


Te regresaré mañana,

mañana te leeré.

Volverás en tus palabras,

en tus versos, Rafael.

En ellas estás, ¡tan vivo!

que al leerte pensaré

estás aún, no te has ido,

sigues vivo, Rafael.


(Inédito)