Mostrando entradas con la etiqueta Federico Gallego Ripoll. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Federico Gallego Ripoll. Mostrar todas las entradas

martes, 14 de abril de 2026

Federico Gallego Ripoll: Los latidos contados

 Federico Gallego Ripoll: Los latidos contados



Mahalta ediciones ha publicado el libro Los latidos contados, la última, hasta el momento, obra del poeta Federico Gallego Ripoll.

Federico Gallego Ripoll (Manzanares, Ciudad Real, 1953) es una voz respetada dentro del panorama poético contemporáneo. Un poeta polifacético, que  ha compaginado su labor literaria con las artes plásticas y el diseño.



La presentación tuvo lugar el martes 7 de abril. en el Café Comercial, un espacio que recuperó en 2017 su tradición como encuentro de la vida literaria madrileña. Esa tarde la primera planta del Comercial se llenó por completo de público, poetas y amigos de la poesía esperaban pacientes el inicio.

Acompañando a Federico, intervinieron en el acto los escritores y poetas Raúl Nieto de la Torre y Francisco Caro, Ambos  profundizaron en las claves líricas y estéticas de este nuevo libro de Federico, compuesto de  siete apartados.



I.-AZUER.          Mañana clara

Para no ver la luz / cierro el postigo,/ y aun cubriendo mis ojos / amanece el poema.// Imparable, insistente, insobornable, /// a borbotones / la tierra mana / biografía.

Vivir, contar latidos como quien cuenta monedas, como el que cierra postigos, como el que escribe su vida, pero también como quien cuenta un cuento, un cuento que no termina hasta que acaba  la vida, mientas comparte lo que evoca, lo que teme, lo hermoso y lo feo, entregando la palabra, elevándola, con la claridad de un don que busca la luz y la memoria en la que el lector hace suyo lo que cuenta. En los poemas, los cuentos, suenan los latidos  con fuerza, con armonía y belleza.

II.-  ESCRIBIR NIEVE        Dieciocho de agosto

Cuando mataron quise cerrar mis ojos, / los apreté con fuerza./ Estaba en el futuro del dolor. / Pero oí los disparos./ Lo recuerdo./ y quieto, en el futuro del dolor, / taponé mis heridas para no desangrarme.

Federico es un poeta que nos toca los sentidos en el discurrir sereno y musical de su palabra, de su voz, cuando nos habla del tiempo, de la poética, de la sencillez y la complejidad del mundo, de los sonidos que no descansan nunca.

III.-EL AIRE ENTRE TUS DEDOS     Soy

Soy / el lugar donde estuvo la luz mientras dormías / lo que nunca se verá en tus ojos./// Ahora callo: / quizá pienses en ello / cuando te  duela el dorso de la lágrima / donde aguardan los pájaros que fuiste.

Y nos toca cuando se torna metafísico o metapoético,  cuando nos habla del miedo a la vigilia (y tantas cosas)  

IV.- TRENCADÍS (Troceado)    Bucle

Un paso es similar a otro paso, / y un día a


otro día, / Y un paisaje a otro, y una muerte a otra. / Solo yo no soy nunca yo.

Federico establece baluartes de palabras para defenderse, para salvarse, para salvarnos.

V.- AUTORRETRATOS     Autorretrato equívoco

  Intento convencerle / de que no es una alondra, / pero, insistente, sigue / agitando sus alas, dentro de mi pecho.

 Federico generalmente emplea la primera o la segunda persona para escribirnos, es decir para ser él y nosotros

VI .- LOS ALQUILADOS  



     Muchacho soplando una candela (El Greco)

Para volver en aire es preciso saber que el aire nos elige /

como esencia de su naturaleza,/ reconocernos en cada vela henchida,/ y en el niño que corre tras su sombrero / huido en la ventisca,///

Antes del agua y su perfecta geometría / vino el aire a lucir su heterodoxia / sobre bosques y lagos, / contra la nieve única en cada copo, vino / a pesar del incendio y su piedad reparadora.///

Sólo el aire colma el ánfora vacía, / el cóncavo universo de la campana,///

Quizás sea  preciso lavarnos de todas las virtudes / para que el aire tome nuestro barro en sus manos / y nos convierta en soplo capaz de abrazar en un pabilo / tembloroso la vida entera,  acaso,/ ese instante en que se apaga la llama, y cesa el mundo.

VII.-EL PLURAL DE LA NOCHE    Esa palabra ausente  

No habría que hablar tanto. El corazón / entiende más si hay palabras sencillas / y pocas, /   y no nos obstinamos en explicar el mundo / (que además de algo inútil es empeño imposible)./// Pocas palabras, las justas y una menos, / que esa palabra ausente, la no dicha,/ es siempre la que encierra más verdad.


Entre sus muchos libros creo recordar las reseñas de algunos de ellos que llegaron a mí y que andan por este blog. El primero fue
Quien dice sombra un libro que reflexiona sobre el tiempo, sobre la vida y sobre la metafísica del alma (que es la poesía). Es la obra de un poeta que indaga, un poeta que toca y provoca con fervor, a través de su claridad, de sus símbolos, de su miedo y de su ternura, porque es su poesía de luz y de vuelo.

Otro de sus libros  fue Las travesías  En este libro establece relación


entre la vida y la poesía, entre la poesía y el mar, entre la espuma de las palabras frente a la ceniza de los hombres. Y todo ello con libertad de forma y de fondo y siempre con ritmo porque sin ritmo, sin cadencia, no hay poesía. Libertad de forma; pero con el eco de quien conoce la forma y la maneja con precisión, libertad en el verso que no busca la hermosura en el poema fingiendo belleza, imponiéndola para que llegue con belleza, porque el poema llega y la poesía con él, cuando quiere, para besar o morder.

 Jardín Botánico va acompañado de una cita de María


Zambrano
 
que nos dice“El agua ensimismada / ¿Piensa o sueña?” y este Jardín botánico  ya, desde el principio, contempla, con el propósito de crear, de hacer que la palabra signifique, y nos ofrece una declaración de intenciones: rendirse a la contemplación de la naturaleza, con el árbol como deseo, como protagonista, en su paralelismo con el hombre

Los poetas invisibles (y otros poemas) era una honda  mirada de amor y de sarcasmo sobre sí mismo y hacia los otros


Los latidos del silencio
es un libro que nos muestra la fuerza y la delicadeza, la sombra y la luz, la rosa y sus espinas, el árbol y sus raíces, la vida y… SUTILEZA

Yo sé que todo cesa cuando cierro los ojos,/ y vienes con cuidado,/ y doblas con cuidado los recuerdos, / Y con cuidado los guardas en la cómoda,/ y con cuidado echas la llave,/ y con cuidado la pones debajo de mi almohada/ antes de irte///

Cuánta delicadeza, oh muerte,/ en tus ritos diarios ./ No sé porqué te tengo tanto miedo/ si nadie me ha cuidado como tú,

Federico es poeta y dibujante. Cursó estudios de turismo en Madrid y de teología en Barcelona. Reside en la isla de Mallorca desde 1995. Integrante del grupo de poetas que editaron entre 1993 y 1996 los cuadernos de poesía Bauma y miembro fundador, junto con Jordi Virallonga, Concha García y Eduard Sanahuja, del “Aula de Poesía de Barcelona”.

Su trayectoria está avalada por el reconocimiento de premios notables


como el Premio Castilla-La Mancha de Poesía, el Premio San Juan de la Cruz o el Premio Jaén de Poesía. Su escritura se caracteriza por una depuración formal exquisita y una indagación profunda en la memoria, el paso del tiempo y la trascendencia de lo cotidiano.

Federico Gallego Ripoll nos muestra tanto en su obra anterior como en Los latidos contados que la experiencia vital, su introspección, es un ejercicio que abraza la poesía con línea clara y precisa.

                        Manuel López Azorín

 

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Federico Gallego Ripoll: "Jardín botánico"


 


Federico Gallego Ripoll: Jardín botánico

Leo el nuevo poemario de Federico Gallego Ripoll (Manzanares, 1953 Ciudad Real): Jardín botánico (Cuadernos de la Errantía, Madrid, 2021), un libro de poesía ilustrado en su portada por Rubén Nieto de la Torre y Melissa Dillon, con poemas y viñetas interiores de Federico, en una delicada edición a cargo de Javier Gil Martín.

Jardín Botánico se presenta el 10 de diciembre en Manzanares, Ciudad Real.



 

El libro va acompañado de una cita de María Zambrano que nos dice: “El agua ensimismada / ¿Piensa o sueña?” y este Jardín botánico  ya, desde el principio, contempla, con el propósito de crear, de hacer que la palabra signifique, y nos ofrece una declaración de intenciones: rendirse a la contemplación de la naturaleza, con el árbol como deseo, como protagonista, en su paralelismo con el hombre,  y esto me recuerda al poeta inglés Dylan Thomas que vino a decir , más o menos que el origen del libro radica en la corteza de los árboles en la que los antiguos griegos  escribieron las primeras palabras de amor y los primeros pensamientos. (no es literal pero era algo así), en el deseo de  dejar grabado el amor que sentía y de que sirviera al hombre de reflexión y de guía con el deseo de armonía y perfección. De ahí su propósito:

Yo quiero ser feliz / como el árbol que tiene / tierra justa para crecer,/   agua bastante,/ aire sobre sus ramas /  y, en ellas, trinos / y quien busque a su sombra /la levedad del sueño ///.  

 

Y tenerte también a ti / para contártelo.

 


 

Disfrutar de este Jardín botánico es contemplar desde dentro, traer lo invisible a lo visible: la poesía. Contemplando se puede ver más allá de la mirada y desde esa contemplación interior mostrarnos la belleza, la armonía, la perfección de la naturaleza (¿es sensible la naturaleza? Aristóteles decía que no; pero sí es cierta su cíclica regeneración,  como es el “milagro de la primavera”· que nos dijo Don Antonio Machado.

 

La belleza de la perfección del árbol que crece hacia la luz, que respira el aire de la vida y alberga entre sus ramas un rumoroso trinar, en su corteza grabada con  un corazón. Amor pleno de luz y, bajo su sombra, una quietud serena y sosegada y si a esto le sumamos la compañía, el árbol es el sueño que el ser humano desea al contemplarlo, con el deseo, también, de ser árbol; pero sabe bien  que su ciclo vital, caduco inevitablemente, será fugaz y no habrá en él renacimiento como en el árbol.

 

Me graba en la corteza, el árbol, / una frase de amor,/ un corazón que envuelve dos aromas,/ dos sonidos del viento entre las ramas,/ la posibilidad de nidos compartidos,/ de vuelos compartidos y una misma / avaricia de sol cuando anochece.

 



Por esta razón en la contemplación interior también el hombre se acompaña con la decadencia de la fugacidad, con el otoño- invierno de la vida que, irremediablemente no tiene la luz de una nueva primavera.

 

Al final del viaje / nos aguarda su origen nuevamente: / el hombre y la palabra, el llanto y su sentido./ (Quizá sea verdad / que el precio de la luz siempre es la noche)

 

 

En un magnifico estudio de este Jardín botánico que ha escrito el poeta y pintor Teo Serna, nos dice que: “El jardín es el placer que siente la mente humana cuando cuenta sin ser consciente de contar.”

Porque al igual que  en el manantial el agua brota, desde la contemplación interior se crea un rumor de palabras hechas ritmo, música, pensamiento y emoción.

 


Y más adelante  nos dice Teo Serna: “Desde Pitágoras la sabiduría consiste, en buena medida, en aprehender la armonía intrínseca a cualquier creación humana.” (…) “el espectador  (el poeta o el lector) cobra conciencia de que su vida también está sometida al deterioro, la decrepitud y la extinción.” (…)”El jardinero, como el poeta, busca en la armonía, en la proporción, un ideal de belleza”.

 

Y Teo Serna termina diciéndonos: “La aparente, repito, aparente sencillez: como una miga de pan, el paso de una hormiga, el tacto de una roca, el azul Patinir y sus lagunas Estigias. Sencillo como una palabra exactamente colocada;”

 

Lo inmóvil de la luz:/ eso es la muerte

 

Palabras que  nos hablan con la difícil sencillez  de la perfección poética, de la luz y la sombra, del  deseo de ser árbol, de la naturaleza, del sueño hermoso de la belleza en este Jardín botánico, al tiempo que también de  la tristeza, de las pérdidas, de lo que pudo haber sido y no fue, de los sueños rotos… y de la persistencia de la esperanza.

 

Nieva sobre mi mundo:

El pequeño paisaje con árboles fingidos / donde / a pesar de todas las certezas,/ canta el pájaro más / hermoso /que nunca vio la vida:/ mi esperanza.

 

Su esperanza  y el deseo de construir un jardín  futuro para el paseo y la recreación de lo soñado. Porque frente al horror que nos produce a veces, la fealdad que nos rodea, en un mundo de grandes desaciertos, soñar con la hermosa armonía de un jardín en el que se recrean la mirada y el alma, soñar con las palabras precisas, justas, es conseguir crear ese Jardín botánico perfecto, pleno de equilibro y de armonía entre el decir y el hacer, entre la realidad y el deseo, entre el musical ritmo, su cadencia y la emoción, entre el sentir y el vivir.



Así ha creado Federico Gallego Ripoll su Jardín  botánico a lo largo o corto (el tiempo tampoco existe para la poesía) de podar, como me decía Claudio Rodríguez, podar en el jardín de las palabras hasta que éste adquiera la forma y la belleza precisas.

Claudio, que tardaba mucho en dar por terminado un poema (excepto uno que escribió en 15 minutos y nunca más volvió a tocarlo), podaba y podaba hasta darle forma definitiva, hasta que el jardín le mostraba, bien en uno o dos planos superpuestos, la difícil sencillez de la claridad de la palabra hecha árbol,  hecha pensamiento y corazón (por decirlo de manera unamuniana)

 

 ÁRBOL SOÑADO

 

No es verdad que la tierra me sostenga./ Si no me miras apenas soy un charco / verde como el deseo / de que tus ojos alcen mi vida en su retina.//

 

Mirar es dar al mundo consistencia /  y preguntar al caos./

Las réplicas son cosas del destino / (de vez en cuando):  el tiempo de la espera;/ el tiempo,/ que es sinónimo siempre de esperanza.//

 

No dejes de mirarme. Me sostengo / en ese gesto tuyo / de dar

altura al mundo / y a mis ramas y nidos.

 


Y no digo esto por decir. Ahora mismo acabo de encontrar en facebook un texto de Federico, con su manera de podar (Ay Claudio, siempre estableciendo magisterio)  que nos dice: “Mi jardín se fue constituyendo a lo largo de mucho tiempo; yo no escribo los libros de forma consecutiva: según fluyen, los textos se decantan en distintos estanques hasta que se les evapora cuanto entiendo que sobra, hasta que sólo queda la sal o la ceniza o ambas juntas y abrazadas.”

Luego en cada lector el poema se acomoda a su sentir, a su pensar, lo interpreta en uno u otro plano y si le toca los sentidos  lo hace suyo. Este es el milagro, el amor y la luz de la poesía.

La sal o la ceniza (aunque pudieran ser la sal y la espuma) o ambas juntas y abrazadas



 

El amor y la luz andan por este Jardín Botánico de Federico Gallego Ripoll, jardín que está rítmicamente musicalizado en su mayor parte por la combinación de endecasílabos y heptasílabos, es decir, poesía formal que denota lo mucho aprehendido de los poetas que nos precedieron (Claudio también usaba esta combinación métrica en muchos de sus poemas)

Leer este jardín botánico es una alegría (aunque en toda alegría haya cierta tristeza) ya que en este río, en este “riar” que nos dice Federico Gallego Ripoll todavía queda cuenca para llegar al mar y porque:

 

Cada vez que estrenamos / la alegría / viene el sol a beber/

en nuestras manos.

(…)

En las manos vacías /  reside intacta / la posibilidad de un mundo nuevo.

 

                      Manuel López Azorín 


sábado, 5 de septiembre de 2020

Federico Gallego Ripoll: Las travesías


Federico Gallego Ripoll: Las travesías


Federico Gallego Ripoll (Manzanares, 1953), nos trae un nuevo libro de poemas Las travesías (Renacimiento, Sevilla 2020), libro con el que obtuvo el VI Premio de Poesía “Juan Castro”. De este libro el jurado destacó entre otras cosas: “La intensidad y la coherencia basada en la fuerza de las imágenes,”

Que otra cosa es la vida sino un viaje, una travesía repleta a su vez de travesías, como la hermosa metáfora del objetivo, una metáfora que va llegando, travesía a travesía,” de lo desconocido a lo desconocido  y que solo se puede escribir, como dice Federico (y yo siempre he pensado así): ”sin servidumbre alguna más allá de la certeza de que la poesía existe donde y cuando ella quiera”.

Y en este viaje el autor nos sugiere que como ni proceden de nada y a nada anteceden”, sean leídos  como quien mira desde la cubierta de un barco y sitúa en el horizonte su ciudad anhelada, su paisaje imposible


Y todo ello con libertad de forma y de fondo. Libertad de forma; pero con el eco de quien conoce la forma y la maneja con precisión, libertad en el verso que no busca la hermosura en el poema fingiendo belleza, imponiéndola para que llegue con belleza, porque el poema llega y la poesía con él, cuando quiere, para besar o morder.

Tres son los apartados de Travesías: I- Isla del aire.

En estas travesías se “busca el silencio”, “todo el silencio (…) con su estallido (…) y el corazón en desbandada”. Tratando de aprender del viaje y de olvidar el fin. “Por las sábanas frías se escapan los caballos / de tu memoria.

Establecer relación entre la vida y la poesía, entre la poesía y el mar, entre la espuma de las palabras frente a la ceniza de los hombres.“Háblame, dame/ tanto mar como hablas/que no dejen tus brazos /de amararme” Contemplar todo con ojos de niño.alga sí, espuma mínima / el niño en la playa/ Como el mapa del mundo / me tiembla tu cuerpo por llegar

En el viaje, en algunas travesías,  ha de buscarse el rumbo: A veces / he de buscar su vuelo /para encontrar mi rumbo” y qué mejor que con la palabra que siempre trae la luz puede encontrarse: La luz y la palabra/ se rozaban los labios/presintiéndose,/y, a veces, se callaban /para sólo temblar” Pero todo viaje llega a su final, aunque comience otro de nuevo. Vamos de travesía en travesía, viviendo, contemplando, aprendiendo por diferentes razones aunque sabemos que:  La máxima razón es el olvido

II-Los desembarcaderos.

Las múltiples travesías del periplo vital nos hacen embarcar y/o desembarcar en muchas ocasiones; pero siempre navegamos con algo tan nuestro, tan misterioso y tan desconocido como nosotros mismos y, sin embargo, es algo tan inherente a nosotros que no sería como es sin esa luz que nos ofrece la palabra.

La palabra, para el hombre, es aquello que le diferencia,  y con ella nombra, cosifica, hace vivir lo que nombra, lo convierte en algo único, libre, y gracias a la palabra se comunica el hombre y crea la Poesía que , en mi opinión, salva y libera y trae la luz cuando se pronuncia, cuando se escribe:“Al aire la palabra (…) Al pozo, y que alce súbita / el agua más oculta (…) /Al corazón, /al mundo la palabra. // Y que quebrante ritos, /libere encadenados,/enmudezca rufianes// y amanezca”.

Sin duda, el mar para Federico es importantísimo, no solo porque vengamos del agua, sino por el hecho de vivir rodeado de ella. Del mar nos habla Gallego Ripoll en varios poemas: Un mar aflora dentro/ de las palabras del agua venimos y en las palabras somos y siempre están con nosotros, nos sacian la sed y nos dan la luz. Y gracias a esa sed que nos calma y a esa luz que nos alumbra y aleja las sombras, a veces podemos ver, con claridad, que el principio y el fin es un misterio y luego es nada. 

Llegar a la siguiente reflexión hecha versos es saber que lo único que somos es tiempo fugitivo, finitud y si acaso el recuerdo del que te nombra y te mantiene en su memoria:No soy por cuanto tengo, / sino por cuanto pones tu risa en mi jornada /Atender a tu risa es poseer un mundo/ que no será incautado por quienes ambicionan,/poder sobre poder, su eternidad volátil La  eternidad, ¿Qué es la eternidad?:  Arde el verso y no quema la mañana/la luz en flor crecida en la frontera. /Arde el verso en la mano del que escribe” Tal vez a la espera de que aquello sea ”palabra  en el tiempo” instante que: “ Arde quieto diciendo lo no dicho, /hacia adentro en sus límites, callado”.

III-La sal en el plato.

Los poetas  caminan hacia adentro, se vacían en sus travesías, , contemplan, interiorizan,  escriben…”Despiertan los poetas / con el primer quebranto de luz esclarecida (…) Amanecen, amanecen, / y sorprendidos y desnudos ponen,/ como quien nada hiciera,/ el pan sobre la mesa. Y las palabras.” Son palabras que nacen de la necesidad. La poesía llega cuando ella quiere, nos dice Gallego Ripoll, que razón tiene, yo escribí hace tiempo hablando de la poesía: Ella es luz e ilumina  cuando quiere a quien quiere / porque sabe muy bien  a quien es necesaria. Y¿Qué palabras son  ésas, que nos brotan / como una primavera e iluminan? /¿Quién es el que nos dicta / las palabras que son como relámpagos / y alejan el invierno de las sienes? La poesía. Ella sabe que hay poetas de luz y les presta la suya en las palabras. Palabras hechas poemas que tal vez un día sean memoria del poeta, del hombre que viene del agua y, mientras marcha hacia ella, hacia ese mar manriqueño de la vida piensa que lo verdaderamente importantes es que:”Así en tu corazón como en mi alcoba / no huya el amor al alba / y en el mundo que heredan nuestros hijos / no persevere la sequía, / ni se expanda ningún dolor inútil,/ y la paz recupere la memoria,/ y se callen los hombres si no dicen verdad.”

Leer estas Travesías es hacer del viaje, un camino de múltiples posibilidades  de crecer buscando fuera y dentro de nosotros Y eso lo que hace Federico.

Federico Gallego Ripoll, ha publicado una veintena de libros desde Poemas del Condottiero en 1981.En 1985 fue Accésit del Premio Adonáis por Crimen pasional en la plaza roja  y Premio Castilla-La Mancha por Escrito en No. En el año2000: le concedieron el Premio Feria del libro de Madrid por La sal. Ha obtenido también el Premio Jaen en 2002 por Quién, la realidad  el San Juan de la Cruz por La torre incierta , el ciudad de Irún por Cantos prófugos. Los poetas invisibles (y otros poemas)  de 2007.Premio Emilio Alarcos y Quien dice sombra, en 2017 que fue  Premio de Creación Literaria Villa del Libro en  2015 (también reseñado en este blog.) En 2019 fue Premio de Aforismos Rafael Pérez Estrada por La sombra de Miró Entre otros y hasta estas Las travesías en 2020, Premio Juana Castro. Además Un lugar donde esperarte (Antología Poética 1981-2007)  También aparece antologado en una docena de publicaciones

Cursó estudios de turismo en Madrid y de teología en Barcelona. Reside en la isla de Mallorca desde 1995. Integrante del grupo de poetas que editaron entre 1993 y 1996 los cuadernos de poesía Bauma y miembro fundador, junto a Jordi Virallonga y otros del “Aula de poesía de Barcelona ".

                                 Manuel López Azorin

 

 

viernes, 2 de junio de 2017

Federico Gallego Ripoll: "Quien dice sombra" (La voz de un poeta luminoso)






Federico Gallego Ripoll: Quien dice sombra (La voz de un poeta luminoso)



 “Dice verdad quien dice sombra”. Esta cita de Paul Celan inicia este libro, que toma su título de ella: Quien dice sombra. Nuevo libro del poeta manchego Federico Gallego Ripoll (Manzanares, Ciudad Real, 1953), que resultó ganador del Premio Villa del Libro 2015 (Fundación Jorge Guillén, Valladolid, 2017). Este premio, vinculado al municipio vallisoletano de Urueña, alterna desde 2010 las modalidades de novela y poseía.
Es este  Quien dice sombra un libro que reflexiona sobre el tiempo, sobre la vida y sobre la metafísica del alma (que es la poesía). Es la obra de un poeta que indaga, un poeta que toca y provoca con fervor, a través de su claridad, de sus símbolos, de su miedo y de su ternura, porque es su poesía de luz y de vuelo.
  
 Un poeta que nos toca los sentidos en el discurrir sereno y musical de su palabra, de su voz, cuando nos habla del tiempo, de la poética, de la sencillez y la complejidad del mundo, de los sonidos que no descansan nunca. Y nos toca cuando se torna metafísico o metapoético,  cuando nos habla del miedo a la vigilia (y a tantas cosas)  y establece baluartes de palabras para defenderse, para salvarse, para salvarnos, porque Federico generalmente emplea la primera o la segunda persona para escribirnos, es decir para ser él y nosotros. Incluso un poeta invisible (como tantos) cuando ha empleado el sarcasmo o la ironía  lo ha hecho con primorosa delicadeza de hombre educado (porque morirse –en la invisibilidad o en la muerte cierta –es cuestión  de hacerlo con buenas maneras). Y es que en la voz del poeta hay, casi siempre,  un decir pleno de serenidad, de calma, de sosiego. Federico es el árbol que abraza, desde su ramaje de palabras, la naturaleza y la vida.

Conocí personalmente a Gallego Ripoll hace relativamente poco tiempo. Fue en el magnífico ciclo de “No madrileños”, organizado por el blog "Mientras la luz" y por los poetas Francisco Caro y José Luis Morales en la Sala Trovador de Madrid,
 
Gallego Ripoll. Foto cedida por Francisco Caro

 Cuatro años de "No madrileños" que han dado lugar a un libro Cardinales y que incluye a los ocho poetas que han participado estos años, uno de ellos es Gallego Ripoll  junto con Vicente Gallego, Basilio Sanchez, María Ángeles Pérez López, Isabel Bono, Joaquín Pérez Azautre, Marta López Luaces y Tomás Sánchez Santiago.


 Cardinales (Huerga y Fierro, Madrid 2017) se presenta hoy 2 de junio en la Casa de Fieras de El Retiro

 Decía que conocí personalmente a Gallego Ripoll el año pasado, cuando vino a dar una lectura en "No madrileños"; pero al igual que sé que sigue  mi poesía, yo vengo leyendo la suya desde hace ya tiempo porque me parece a mí que es un poeta lleno de humildad, de ternura  y de inteligencia  y encuentro en sus poemas esa humildad de la palabra luminosa, que es sugerente, simbólica y de claridad.

 
Los poetas invisibles (y otros poemas) era una honda  mirada de amor y de sarcasmo sobre sí mismo y hacia los otros, Quien dice sombra es una profunda e íntima reflexión desde lo individual a lo colectivo. Una reflexión universal desde el yo que busca, analiza, indaga, a través de la palabra,  de las eternas preguntas del ser humano y de la duda y del miedo pero “La palabra es frágil. Escribimos, sobre papel quebrado, a veces hierba” Aquí el poeta mide el tiempo por su sonido y se deshabita, “feliz en la ignorancia” de la sabiduría  para abrirse sobre las nubes, para saber por fin su nombre porque – nos dice – “fui idea./ Conocí / la frágil maquinaria de los días felices, / el precio de la nada y de la prisa.” Y así: “El temor discontinuo se atempera en los labios” y busca dónde encontrar la luz, el olor, el sonido, que vivió -sintió durante su infancia –patria, donde pueda saber que siente, vive, cerca o en lejanía, junto a las palabras  que dan luz, junto a las cosas que ofrecen aroma, junto a las personas que habitan en su corazón.“A veces hablo y miro y toco con tu idioma./ Solo para saber que está tu voz, tu compañía,/ nutriendo desde dentro mis palabras”
 
Y como bien dijo el poeta Francisco Caro en su día“Haber nacido en una tierra tan hermosa, tan recia, pero con una identidad tan desvaída tiene tales consecuencias.”  Y Federico Gallego Ripoll es “Un poeta que es siempre hombre en mudanza”. Un poeta que nos ofrece  “Una poesía que partiendo de los sentidos acostumbra a busca la complicidad; tanto en nosotros,sus lectores, como en el otro que en él habita.”  En su libro Caín, con relación al exilio de su tierra manchega, nos dejó dicho: “Alguien parte al exilio. // Y no sé si soy yo/ el hombre que se va /  o el país que se queda.”
Este poeta nombra para existir y escribe desde lo que se ha perdido. 

Nombrar lo que se pierde, hace que no perdamos la raíz, que no olvidemos la referencia del ayer, de lo ya sucedido. Nombrar, en definitiva, es dar nueva vida a lo ya inexistente, traerlo al presente como punto de partida del ahora, que nombrado ya, se convierte en instante sucedido.
 


Este poeta va, con claridad y ternura siempre,  tratando de conocer y conocerse, de buscarse para encontrarnos  para encontrarse, de ofrecer y participar, de buscar su raíz y dar testimonio de todas las raíces, de recorrer el camino de la poesía desde el amor y con el amor, desde la memoria del ayer y del ahora: “Se abrió mi centro / para  acoger el gesto de la honda. /  Vibró mi superficie y así supe   / que era."



Y en ese saber que era  nos ha venido diciendo, desde su primer libro hasta el último, a modo de poética que descalza su mirada y su memoria, su palabra para leer, para pensar, para decir: “ Tú, que no tienes nombre. // Sin tu nombre te nombro. / Te nombro / para oírme existir mientras te nombro.”
Su poesía es, también, emociónal  y así trata de transmitirlo al lector para tocarle los sentidos porque –nos dice: “el poeta pone nombre a las cosas, y también a los sentimientos y a las sensaciones. Sólo nombrando se conoce vivo. Sólo es capaz de amar a lo que nombra.”
Gallego Ripoll  también sabe transformar la sombra en destello luminoso, claro. Y sabe hacerlo porque es un poeta en continuo cambio hacia la esperanza, hacia lo vital. Por eso incluso cuando  canta a lo perdido, o eso que Bécquer dio en llamar “donde habita el olvido”,  o nos habla de los exilios voluntarios o forzados, resulta vitalista. 

En su libro Dentro del día, acaso, hay impulso vitalista, y en otro de sus libros,  Ciudad con puerto, nos dice:  “¿Quién es esta ciudad? / ¿Quién soy esta ciudad? / Habito forastero. / Me habitas forastero, / siempre dispuesto el equipaje, / siempre un pie en el andén / y el inventario hecho,/ siempre franca / la posibilidad de pérdida, de huida.///  Soy rico. / Cada vez tengo menos cosas. “
 

El poeta y crítico Pedro A. González Moreno cuando escribió sobre el poemario Dentro del día acaso  ya nos dijo:” Poemas río, donde el «corazón de río» del lenguaje, nos arrastra en una crecida siempre melodiosa, en una deriva que es, en el fondo, un celebrativo y luminoso reflejo del tiempo y de la vida.” Y así el poeta aprende a olvidar, a marcharse, a regresar de nuevo, nunca es tarde para iniciar un camino  o para desandarlo, ya en la vida ya en la poesía (Federico Gallego Ripoll parece estar comprometido con ambas), porque la esperanza sobrevive al tiempo. Yo tengo, porque los anoté cuando los leí hace tiempo aunque no recuerdo ahora dónde, unos versos suyos que dicen: “Hay que escribir sobre los muros. / Hay que llenar los muros de palabras. // Aunque el mazo derruya sus cimientos, / aunque no más que el polvo permanezca, / ojos leerán el polvo, / dedos leerán el polvo. // Hay que escribir sobre los muros. Las palabras / duran más que la piedra. Aunque fusilen / los signos, su hueco permanece. / Y ningún hueco calla.”

En poesía las palabras permanecen y hablan. A veces con lectores, a veces solas olvidadas entre las páginas del libro, pero nunca callan, siempre andan dispuestas a saltar a los ojos de los otros, a las voces de los otros, aunque a veces el poeta se sienta invisible (y lo sea, como tantos), a veces la palabra pisa fuerte y  nos deja sorprendidos, asombrados, Gallego Ripoll lo dice así en este Quien dice sombra: “La palabra llegó / cimbreándose, / pisando fuerte, / mirándome a los ojos: / // tan  única,/ directa, / imprescindible. /// Me dejó mudo./// (no supe / ni desabotonarme la camisa.)”
 

En fin Federico es un poeta que, como dicen unos versos suyos  en su libro Mal de piedra: “Pudo ser agua. / Quiso ser vaso. / Sólo fue sed” Esa humildad tan suya le hace pensar que 
"sólo fue sed." Y es cierto que es sed, pero porque la sed de poesía es permanente ya que, amigo Federico, el poeta verdadero siempre será sed porque estará sediento y beberá:

"No del día o del agua, bebemos
la transpariencia de la piedra,
el temblor del mineral
                                              indefenso en la honda noche del subsuelo,
                                              la risa de los árboles,
                                              la duda del desierto,
                                    la urgencia del chotillo que mama por primera vez.

                                             No sabemos 
                                             que ocurrirá mañana, acaso
                                             luego;
                                                          mientras,
                                             entretenemos nuestra sed
                                             con las cosas del mundo."

Saciar la sed "con las cosas del mundo", Federico, es decir las cosas de la vida, del amor, del tiempo, de la muerte, es decir las cosas de la poesía, que es el agua de la vida: "Ella es luz e ilumina cuando quiere a quien quiere / porque sabe muy bien a quién es necesaria."

Federico Gallego Ripoll cursó estudios de turismo y teología. Integrante del grupo de poetas que editaron entre 1993 y 1996 los cuadernos de poesía “Bauma” y miembro fundador, junto a Jordi Villaronga, Concha García y Eduard Sanahuja del "Aula de Poesía de Barcelona."



Reside desde 1995 en Palma de Mallorca. Ha publicado cerca de una veintena de libros  y la mayoría de ellos acompañados de importantes premios: Poemas del Condottiero, Rialp, 1981; Libro de las metamorfosis, Biblioteca de Autores Manchegos (B.A.M.), 1985. Crimen pasional en la plaza roja (accésit del premio “Adonáis”), Rialp, 1986.  Escrito en No (premio “Castilla-La Mancha”), Junta de Comunidades, 1986. Caín, Ed. Libertarias, 1990. Tarot, Ed. Libertarias, 1991. Tratado de Arquitectura, B.A.M., 1991. Ciudad con puerto (premio “Barcarola”), Albacete, 2001. La Sal (premio “Feria del Libro de Madrid”), Endymion, 2001. Para entrar en la nieve, El Brocense, 2002; Quién, la realidad (premio “Jaén”), Hiperión, 2002. La torre incierta (premio “San Juan de la Cruz”), Rialp, 2004. Mal de piedra, El Toro de Barro, 2005. Cantos prófugos (premio “Ciudad de Irún”), Fundación Kutxa, 2006. Los poetas invisibles (y otros poemas) (premio “Emilio Alarcos”), Visor, 2007. Dentro del día, acaso (premio “Ciudad de Badajoz”), Algaida, 2011 y Cuaderno de Valdepeñas, Grupo A-7, 2011. Además  de  la recopilación Un lugar donde esperarte, Antología 1981-2007, B.A.M., 2008.
                                 
                                           Manuel López Azorín