Mostrando entradas con la etiqueta Enrique Villagrasa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Enrique Villagrasa. Mostrar todas las entradas

sábado, 9 de mayo de 2026

ENRIQUE VILLAGRASA: En la esquina del verso

 


ENRIQUE VILLAGRASA: En la esquina del verso



He recibido un nuevo libro del poeta y crítico, además de periodista y director de la colección de poesía Rayo Azul de Huerga y Fierro, Enrique Villagrasa.

El libro me lo envía la Universidad de Zaragoza que, dentro de su colección Prensas de la Universidad de Zaragoza me envía su director Mario Lafuente Gómez.

El libro, titulado En la esquina del verso, siguiendo la estela de su anterior libro Fosfenos sigue siendo ese rastro de luz que llevamos dentro, esa mancha de luz que nos alumbra cuando al escribir poesía ilumina la página en blanco, mostrándonos formas del pasado y del presente con palabras que dicen más de lo que dice el poeta. Son palabras invisibles que visibilizan nuestras emociones de ayer y de hoy. Son agua que fluye y corre  yendo desde la infancia  en adelante igual que corren las aguas de su río Jiloca por Burbáguena , en un afán de vida y de búsqueda, alegre a veces, a veces melancólica  del tiempo rilkeniano, del hoy admirativo, del lugar donde nacieron los sueños que persisten dentro de la mirada del poeta: Todo poeta ocupa un lugar./ Pero está demasiado solo: en su escritura/ Y todo se confunde   en el poema no sido. /  La vida también nos confunde y ella es. /// La poesía y su realidad son / un mismo y distinto poema:    el verso mide las distancias.

Este es un poemario íntimo porque el poeta bebe el agua del Jiloca, siente el aire de Burbáguena y esta lleno de reflexión  sobre la vida., el ayer  sucedido, el hecho de tratar de escribirlo, de dejarlo correr por las aguas cargado de emoción, de sentir el cierzo que quiere detener en su palabra escrita y siempre se termina escapando: La poesía es pasión y algo más,/ eso que siempre cambia de lugar.

El poeta agranda página a página  la visión  de su infancia y adolescencia en Burbáguena,(Teruel) y del río Jiloca con la presencia del cierzo, y  a la vez  su largo habitar  en Tarragona junto al Mediterráneo, de manera que río y mar, ciudad y pueblo terminan fundiéndose, pero la poesía no es solo compasiva  en las palabras que le surgen de lo invisible a lo visible. La poesía muestra su todo o su nada, porque el poeta debe conoce bien lo que le ha precedido, si no lo conoce, será un pobre poeta

LA POESIA NO ES COMPASIVA  (Fragmento)



Versos doctos pero claros, / cultos pero transparentes:/ leyéndose el poema sin tiranías: / pues sí, en acentos de tu endecasílabo / la poesía libra su suerte. Dado que / en muda soledad cae en la página.

 

Y esto me recuerda a mi querido Claudio Rodriguez cuando me decía: “ en poesía es preciso podar, como buen jardinero, para que el poema pueda ser sentido y hecho del lector”

Así piensa Enrique “Creo que es justa y necesaria: obligatoria la poda, de lo contrario salen híbridos de cacharrería. La poesía es una cosa sería y a la vez lúdica y lúcida”

Porque la poesía es musa, duende y ángel, como decía Federico García Lorca. Hay que conocer cuanto más, mejor y luego quedarse con lo que más te guste o lo que puedas.



Y Enrique se queda con todo lo que puede y tanto desde Burbáguena como desde el Mediterráneo agranda su conocimiento y  su memoria toma la página en blanco, toma la palabra  y todo lo que uno fue y lo que es así como lo aprendido se convierte en una luz que alumbra y hace entender al poeta y al lector. La `poesía se mira , se acerca al que busca, al que aprende, al que conoce. Y nos muestra su pensamiento unamuniano en este poema: P.S.:

Para que la poesía en su belleza no perezca, / tú, poeta, debes asumir la crítica en tus versos: / notando tu sangre hervir. Y así encuentre / mayo su primavera. Escribe pues poesía, / para que la belleza sea y el tiempo no olvide / su memoria, su mirada. Tal vez tus poemas/  y solo ellos te sobrevivan, un día, un mes, / un año, una eternidad o dos, no esperes más, / es la palabra quien te dicta.  Y el pensamiento/  Te dirige y no sabes hacia dónde. La palabra / futuro invade tu ahora. Aquellos rastrojos de / tu niñez regresan. La dependencia poética está / creada con libertad en el verso: ella y él. /Se buscaban por los ribazos.¡Asúmelo!



En una entrevista que le hizo en Librújula  el periodista y escritor Antonio Iturbe,  Enrique Villagrasa nos dice qué ve cuando echa la mirada hacia atrás y no dice:

“A un niño inquieto, gordito, que no le gustaba el deporte, solo quería leer: que a los 8 años ya se había leído El Quijote, que no le gustaba el fútbol y tenía pocos amigos, claro: cinco. Un niño que quería ser médico hasta que vio que estos también se morían… y empezó  a arderse en preguntas… y quiso salir del pueblo. Y para ello dijo que quería ser fraile y fraile franciscano, es que en Burbáguena, mi pueblo, había un colegio franciscano. Llegó el seminario, y después el noviciado, y Filosofía y Teología y … después periodismo y siempre con libros; y publicas uno y escribes otro y lees y escribes de lo bien que escriben los demás y te buscan para escribir críticas literarias. Y así hasta hoy, y de eso hace unos 50 años o más… “   

EL MUNDO ES: La voz dicta en el frío cierzo / el nombre de las cosas. / Su timbre, su gesto,/ su eco, la palabra: / presencia en la ausencia. / Balbuceo/// Tu mundo es / el dictado del río, / lo no dicho./ Tu palabra es / la mirada abierta / del agua alegre / en esta ribera.


Enrique Villagrasa busca siempre  encontrar el verso –dice- que me haga poeta. Y de verdad, es ser para y por el otro.

Y como poeta , en mi opinión, ha cumplido ese sueño de serlo y para ello se ha servido de sí mismo, de su mirada al pasado , de su Jiloca y Burbáguena y de su Tarragona y su  mar Mediterráneo.

 

                       Manuel López Azorín

 

 

 

 

Principio del formulario

Final del formulario

 

 




martes, 3 de diciembre de 2024

Enrique Villagrasa: "Fosfenos"

 

Enrique Villagrasa: Fosfenos

Huerga y Fierro Editores.Poesía. Colección Graffiti, 2024

                                                                               

Enrique Villagrasa, (Burbáguena, Teruel, 1957) reside en Tarragona,donde ha desarrollado su labor profesional en el Puerto hasta su jubilación, es periodista y un grandísimo lector de poesía. Enrique ejerce también de crítico literario de poesía y sobre poesía y sus criticas, que yo recuerde, aparecían en la publicación Qué leer. Es uno de los críticos independientes más respetados del país. Como crítico literario ahora colabora regularmente en Librújula, librujula.com, Turia y Alhucema.



En la actualidad es director de la colección de poesía Rayo azul (Huerga y Fierro). Pero además Enrique es poeta y ha escrito diversos libros de poemas.

Como poeta Enrique ha sido incluido en varias antologías y están traducidos algunos de sus poemas a otros idiomas, árabe, francés, italiano, húngaro, inglés, ruso, chino, rumano, croata y portugués…

 Figura igualmente en la Antología de poesía aragonesa del siglo XXI (2016) y en Mar sin fronteras. Antologia liquida di poesía spagnola contemporanea (2020).

Y sus poemas se han publicado últimamente en las revistas Ágora, papeles de arte gramático; en Poesía y Métrica; y en Cultura de VeracruZ.



Su publicación anterior a Fosfenos fue la antología Arpegios y mudanzas (2021). En esta antología Enrique Villagrasa regresaba  con la materia de los sueños, que es la memoria, a Burbáguena (Teruel) lugar donde nació, pasó su infancia  y allí regresa a las riberas del río Jiloca para atrapar el instante de una  realidad sucedida y convertirlo en realidad poética tratando de recuperar eso que dan en llamar el paraíso perdido, eso que Rilke denominó la verdadera patria del hombre: la infancia.

Arpegios y mudanzas, nos llegó acompañado de dos magníficos conocedores de la literatura y la poesía. Un prólogo o preámbulo del  destacado poeta, filólogo, crítico literario, traductor y catedrático de Filología Clásica española. Jaime Siles así como de un cierre o epílogo del profesor titular  de Literatura española de la Universidad de Zaragoza, Antonio Pérez Lasheras gran conocedor de la literatura española del siglo de Oro y de la Literatura aragonesa.

                                                                       


 

Su última publicación Fosfenos (2024) viene acompañada de un prólogo del poeta, traductor y ensayista cordobés José Luis Rey en el que nos dice: “Sí Fosfenos sigue su curso hacia el mar y la música de los versos es el sonido de las aguas primigenias. Quienes conocimos una infancia feliz, de algún modo tenemos confianza aún en los lares, en los dioses del lugar donde fuimos inmortales, en el paraíso terrestre. Seguirá habiendo infancia, pero ya solamente en el poema. Allí conoceremos. Allí recordaremos. Allí tendremos un hogar junto a los dioses lares, en Burbáguena de Aragón o en los campos de Córdoba. Y soñaremos que soñamos. Y adoraremos la infancia recobrada en y gracias al poema.”

Fosfenos anda abrazado al sentimiento del paisaje de la infancia, de la tierra donde  Enrique nació.

Al mismo tiempo Villagrasa nos ofrece reflexión existencial sobre la condición humana: la soledad, la enfermedad, la muerte y, junto a todo esto, algo que le acompaña en sus anteriores libros,  la metapoesía, que se hace presente también en Fosfenos.



Enrique, como poeta, es buen amigo del dominio del ritmo (ya saben esa definición de la RAE sobre el verso: Un verso “Palabra o conjunto de palabras sujetas a medida y cadencia, o solo a cadencia.” ritmo, musicalidad. Si a todo esto se le acompaña de nostalgia y mucha ternura, leyendo Fosfenos  nos encontraremos  que su lectura nos produce “emoción” y justamente lo que precisa la poesía, en mi opinión, y sobre todo la poesía formal medida o no, con ritmo (y emoción).La poesía de Enrique Villagrasa, que parece sencilla , es una poesía, en su aparente sencillez, muy trabajada.

Un buen ejemplo, me parece a mí, este poema titulado

                                                                                  


ALLÁ EN BURBÁGUENA

 

Hay otros dos ecos, el sutil cierzo y el fuego de leña.

La infancia no regresa, allá en mi pueblo. Sí en Tarraco.

La noche mediterránea solo trae alegría y más tristeza.

Y mi garganta no es cantera de gritos ni juramentos.

La voz he perdido. Necesito una forma de belleza

a la que cantar, otra vez. Tu voz esta fría, apagada.

 

Mis ojos y mi corazón estuvieron en mortal guerra:

ayer entre mis ojos y mi corazón se estableció un pacto.

Su nombre y mi canto se borró, de este modo voy llorando.

Por todos es conocido: el cuidado que tuve, cuando emprendí mi viaje

hacia un bosque de árboles de profundas y densas raíces. 

Contra ese tiempo, si tal tiempo llegara, y la muerte acompañara.

Qué dulzura viajar por el camino de la fuente a la vía, a la viña.

Así puedes disculpar la fastidiosa tardanza en regresar,

yo soy el trovador a quien bendita lectura abre la puerta del ayer.

 ¿Qué sustancia es la tuya, de la que estás formada Filosofía?

¡Cuánta más hermosa parece la hermosura! ¡Réquiem de Fauré!

Ni el mármol ni las silenciosas lápidas del cementerio de Burbáguena.

Dulce amor, renueva tu fuerza y grita: Altísimo, omnipotente, buen señor.                                 

Siendo yo tu siervo qué puedo hacer sino esperar a la hermana muerte.

Permita Dios, que en todo me hizo ser, que le dé gracias con humildad.



José Luis Rey nos dice en el prólogo de este libro de  Enrique Villagrasa: “que aúna de forma original metapoesía y recuerdos de infancia. Una  posible poesía lárica. (…) Villagrasa construye una obra de alabanza a los dioses primigenios del lugar, dioses de infancia y para infancia. Dioses para la palabra y para el silencio; para el poema y el Ser.(…) Pues la poesía de los lares, en nuestro siglo, adquiere una doble perspectiva: ya no se trata solo de cantar al pie de los Alpes; también el poema mismo es cantado como dios lar del lenguaje en sí. En este sentido, las referencias al hermoso pueblecito aragonés de Burbáguena se funden con reflexiones sobre la poesía misma, que para Villagrasa es azar y necesidad.”

Hay en este poemario, mucha reflexión, mucha intimidad hay mucha carga de verdad poética, de sueño, de luz con los ojos cerrados, hay la búsqueda de algo que se quiere atrapar en la página y siempre parece que se escapa. Así nos dice Villagrasa:

“La poesía es pasión y algo más,

eso que siempre cambia de lugar”.

                                                                                


La metapoesía, que se encuentra en este libro mezclada con los recuerdos de la infancia. Eso sí, recuerdos , fogonazos de luz, podados. Cuando escribe Enrique siempre termina podando y dice “Es justa y necesaria, obligatoria la poda,” y me hace recordar a Claudio Rodriguez que me decía a mí siempre: “escribe y poda no te de pena podar un buen jardinero termina haciendo maravillas podando en el jardín..” La poesía dice Enrique: “es una cosa sería y a la vez lúdica y lúcida.”

 

LA POESÍA HABITA 

La poesía habita aquel espacio

que nos importa. Hoy es el tiempo

del verso. Mañana el temblor y temor

no sé si salvarán mis cansados poemas

contemplados. ¿Cuándo habitarán

mis versos en tu pasión? ¡Urge ese

planteamiento poético de la realidad!

¡Urge ese planteamiento poético

del lenguaje! Y es en tus orillas

donde escucho la memoria de tus

ribazos, Jiloca. Es el silbido de los barbos

y los tubos de chimenea de tu juventud

y la mía, persona lectora. ¡No solo la noche

lejana, o sí, ilumina nuestro devenir!

 


Decía yo más arriba que Enrique viene mezclando el azar y la necesidad que es para él la poesía con la metapoesia  y con el llamado paraíso de la infancia que para Villagrasa no es otro que Burgábena y El Jiloca.

De  Enrique Villagrasa, puedes encontrar en este blog seis o siete entradas que he ido publicando de sus diferentes libros y en casi todos ellos aparecerá su infancia, su burgábena, su Jiloca.

En muchos de ellos marca bien los espacios con vida y poesía, destaca Burbáguena, el Jiloca, los transforma, a través del recuerdo, en esos míticos  lugares de la patria del hombre, del paraíso de la infancia y también de los muchos regresos a la tierra natal así como las reflexiones existenciales y desde hace años donde reside  que es Tarragona. Y esta ciudad y su mar  es el lugar que le ha transportado al recuerdo del río de la infancia, le ha hecho vivir el mar del presente y le hace soñar que la memoria y el lenguaje son el futuro de la página en blanco.


Su poesía ya lárica ya metapoetica es una búsqueda constante, un escribe y poda, una expresión de lo cotidiano en la sencillez de lo expuesto y profundidad de pensamiento y asombro.

Enrique Villagrasa recuerda, sueña y escribe, su cerebro produce entonces imágenes, sensaciones visuales, sonidos,  y su materia de los sueños, la memoria, mitifica, idealiza y convierte su pueblo y su río, su infancia en ese paraíso de luz y convierte su azar y su necesidad poética en luminosa sensación. Así es que Fosfenos es,  en mi opinión, un libro excelente, la verdad late en sus palabras, entrar en sus páginas, que recuerdan a tantos de sus libros, a tanto de su vida de ayer, recordada, mitificada, idealizada…es conocer y reconocer  a un poeta que nunca se deslumbra cuando hace crítica pero si tiene luminosidades cuando escribe poesía.



Enrique dice y sueña:”Mi búsqueda es encontrar el verso que me haga poeta.”

Hace ya más de cincuenta años  que vengo diciendo: “Yo me escribo a mí mismo para escribir a todos”

Ambos buscamos hacernos poetas porque pensamos que la poesía es la luz que alumbra porque, y termino, como dice Enrique Villagrasa:

“La poesía es pasión y algo más,

eso que siempre cambia de lugar”.

 

 

                           Manuel López Azorín

 

 

 

 

 

 

 

 

Vivir es c


domingo, 17 de abril de 2022

Enrique Villagrasa: "Arpegios y mudanzas"

 


Enrique Villagrasa: Arpegios y mudanzas

 


El periodista, crítico literario y poeta Enrique Villagrasa (Burbáguena, Teruel, 1957) se ha colocado con la selección antológica  Arpegios y mudanzas, libro editado por el Instituto de estudios turolenses y la editorial Los libros del gato negro, una colección que nos habla de la provincia de Teruel, se ha colocado, digo, como uno de los libros de no ficción más vendidos en Aragón en la lista realizada con los datos de la Asociación de Librerías de Zaragoza a través de la plataforma Libri Red (Cegal).

Son los libros “Teruel en la mirada y en el alma.”  Recoge  esta colección las voces de poetas que nacieron, vivieron o trabajaron en Teruel. En sus tres primeros números se han editado a José Antonio Labordeta, Ildefonso Manuel Gil y Enrique Villagrasa.




Arpegios y mudanzas, viene acompañado de dos magníficos conocedores de la literatura y la poesía. Un prólogo o preámbulo del  destacado poeta, filólogo, crítico literario, traductor y catedrático de Filología Clásica española. Jaime Siles así como de un cierre o epílogo del profesor titular  de Literatura española de la Universidad de Zaragoza, Antonio Pérez Lasheras gran conocedor de la literatura española del siglo de Oro y de la Literatura aragonesa.

Jaime siles comienza su prólogo, que titula “La cicatriz del aire” diciéndonos: “Todo poeta tiene, guardado en su memoria,  un espacio-tiempo al que siempre que lo necesita – y poeta es quien lo necesita – suele regresar” (…) “el yo del autor y el yo de su persona poemática conversan sobre lo que a ambos les parece fue – y  en cierto modo sigue siendo aún – su identidad.”

 


Enrique Villagrasa regresa con la materia de los sueños  que es la memoria a esos dos espacios – tiempo que son Burbáguena (Teruel) lugar donde nació, allí pasó su infancia  y allí regresa a las riberas del río Jiloca para atrapar el instante de una  realidad sucedida y convertirlo en realidad poética tratando de recuperar eso que dan en llamar el paraíso perdido, eso que Rilke denominó la verdadera patria del hombre: la infancia.

Calla Burbáguena, / la casa envejece. / Olor de membrillos / camino de la vía. // El pueblo sestea / y el Jiloca camina lento.// Nunca olvidaré / aquellos gestos infantiles / de las escolares rosas

Y  Tarragona, lugar donde vive.

Tarde de lluvia en el lento mar, / donde anida un susurro de crepúsculo.// Ahí florecen los silencios / y una lluvia acaricia distancias. // Pero en la lejanía y en la memoria / las manos desafían el tiempo, / Buscan la cicatriz del aire.



Nuestra memoria es selectiva y al recordar transforma, mitifica la realidad y la convierte en materia de los sueños, en realidad poética, algo que queda ya, atrapado como instante del tiempo, ya en nuestra memoria ya en la página para siempre.

Enrique Villagrasa, marca bien los espacios, destaca Burbáguena, el Jiloca, los transforma, a través del recuerdo, en esos míticos  lugares de la patria del hombre, del paraíso de la infancia y también de los muchos regresos a la tierra natal.

 

El río Jiloca las sombras se lleva de nuestra  in-

fancia. Mas el olor de cerezas perdura: es hoy

un alegre sonido de la tarde cerca del puente.

Y todo a través de la necesidad del poeta de atrapar el instante, ya del tiempo sucedido, ya del momento presente. Un poema dedicado a su hijo Arnau:

 

En dominical crepúsculo, / riendo te manifiestas./ Visitas y ecos: momentos; / un instante, nueve meses. // Balbuceamos con tu sonrisa. / De una vida prestada / artífices somos. / En el amor quedas / y tu mirada y gesto nos inunda.// El silencio se hace cómplice, / tus dedos nos acogen / y nuestras manos se engarzan // Consol te acaricia. / El segundo fija. // la palabra engendra primavera.

 

Decía al principio que Antonio Pérez Lasheras era el autor del epílogo de esta selección de poemas en el que ha incluido veinte inédtos al  final del libro. En él nos dice “La poesía de Enrique Villagrasa, tiene un componente metapoético esencial, hasta el punto de que no la comprenderemos si no somos consciente de ello.Vale decir que este autor tiene, en gran parte de su obra, la poesía como referente último de su mensaje.”

Enrique nos dice en su poema “De un roto espejo” (algunos fragmentos):

Un poeta para poder ser, ha de ser poema,

(…)

Como piedra al fondo del agua siempre atada.

(…)

¡Oh poesía , de un roto espejo en la bardera encontrado!
Déjame recorrer  con la palabra justa tus montes y vaguadas.

Déjame recorrer con mis ojos  tus almendros y viñedos

y todo sea soledad y silencio, mas voz y verso herido.

Y todo en el atardecer cálido del gesto lector,

donde anida la belleza del Jiloca, en Burbáguena:

donde la palabra es vida y sendero directo al pasado.

 

Hoy es domingo 17 de abril, En Barcelona ya se prepara, el 23, San Jordi, en el resto de España el día del libro. Compren y lean

libros de poesía, este por ejemplo o aquellos otros que queráis, lo importante es que leáis poesía porque la poesía, al menos para mí, es además de una necesidad, un baluarte que defiende y libera ( y hay quien dice y yo lo creo, que nos hace mejores personas.

 


Enrique Villagrasa González nació en Burbáguena (Teruel), en 1957. En la actualidad reside en Tarragona. Periodista, crítico literario y lector de poesía. Ha escrito varios libros de poemas. Ha sido incluido en varias antologías y están traducidos algunos de sus poemas a otros idiomas, como el árabe, el francés, el italiano, el húngaro, el inglés, el ruso, el chino, el rumano, el croata y el portugués. Colabora como crítico en Librújula, librujula.com, Turia y Alhucema. Sus últimas publicaciones son Queda tu sombra (Huerga & Fierro, 2019) y La poesía sabe esperar (Igitur, 2019). Está en la Antología de poesía aragonesa del siglo XXI (Parnaso 2.0, Gobierno de Aragón, 2016) y en Mar sin fronteras. Antologia liquida di poesía spagnola contemporanea (Stilo Editrice, 2020). Es codirector de la nueva colección de poesía Rayo azul (Huerga y Fierro).

                       Manuel López Azorín