jueves, 26 de mayo de 2011

Antonio Colinas: Obra poética completa





Antonio Colinas (La Bañeza, León, 1946) Ha publicado en Ediciones Siruela su Obra poética completa, un volumen de casi mil páginas que recoge, desde 1967 hasta 2010, toda su poesía. Este poeta, narrador, ensayista y traductor que acaba de cumplir 65 años parece pensar ya en la hora del retiro. Pero Antonio Colinas sabe bien que el poeta no se retira nunca. Cuando dice: casi 45 años de poesía vivida, de vida ensoñada, de fidelidad a una voz, a una vocación. Nos está diciendo que ser poeta es una manera de ser, de estar en la vida, en el mundo y esa manera de ser y de estar sólo concluye cuando nos habita el olvido.




Desde Sepulcro en Tarquinia (1976). Jardín de Orfeo (1988). Los silencios de fuego (1992). Libro de la mansedumbre (1997) Tiempo y abismo (2002) y Desiertos de luz (2008) Antonio Colinas nos ha ido dejando símbolos como: La noche, la piedra, la isla, el jardín... y, ultimamente, la luz. La noche, el más constante de sus símbolos, como fuente de lo misterioso, del vacío; la noche como antónimo de luz. También no ha dejado la música del verso, una música que no se oye si no leemos en voz alta, esa que tiene que tener el ritmo del verso. Un ritmo que, como nos dice Colinas, va unido a la respiración.

Así pues en su poesía nos ha dejado símbolos, música, ritmo, conocimiento, emoción… El ritmo, nos ha dicho Antonio Colinas, es lo prioritario. Luego, pienso que el poema ideal es aquel en el cual el poeta siente y piensa en igual medida. Sin pensamiento no habría gran poesía, de Fray Luis de León a Hölderlin, de Dante a Leopardi. Pero la emoción es también primordial en el poema.


La poesía de Colinas, coherente a lo largo de toda su creación es un compendio de gran calidad lírica, de intensas sensaciones cargadas de emoción y a la búsqueda de un conocimiento metafísico que, con variedad de registros, nos ha ido mostrando su camino interior, su manera de ser y estar en este mundo.

Antonio Colinas nació a la vida y a la poesía en las tierras de León. El paisaje, leones, de su tierra, forma parte de su vida y de su obra. Él mismo dice que: son las propias vivencias, las experiencias de cada cual, el material más preciado para componer una obra. ¿No es el material más preciado aquel de la infancia, el de los primeros descubrimientos de aquello que contemplamos? Siempre, ya de niño había esa comunicación con las cosas, con lo que uno miraba, con las vivencias. (…) Mi geografía parte del paisaje de León, del páramo, de las riberas y de la montaña..


José Enrique Martínez Fernández, en su edición de La luz respirada (Cátedra, 2004) sobre tres libros importantes Sepulcro en Tarquinia,su primera gran etapa lírica,neorromántica y culturalista vital, el místico y orientalista pensamiento de Noche más allá de la noche y el humanista y ecológico Libro de la mansedumbre, de Antonio Colinas nos dice: Poesía vital es la suya, en efecto, marcada por sucesivos espacios de formación y de maduración. Tales espacios vitales y poéticos son, cronológicamente, el noroeste o espacio originario, el sur, el centro – con la vivencia de la gran ciudad – Italia, la isla y la Meseta, ámbito este que supone, en cierto modo, el regreso del poeta, cargado ya de experiencia, al espacio originario.


Este poeta que realizó estudios de Historia en la Universidad de Madrid, que más tarde estuvo en Italia, en las universidades de Milán y en la de Bérgamo como lector de español, (de allí se trajo y nos regaló su libro, tal vez más alabado por la crítica, Sepulcro en Tarquinia), este hombre que nos tradujo y , al tiempo, nos hizo conocer mejor, al gran romántico Giacomo Leopardi y que, tras pasar veinte años luego en la isla de Ibiza, como el poeta romántico italiano, regresó, no a Recanati sino a Salamanca para vivir un poco más cerca de sus raíces leonesas y ahí está este hijo adoptivo de la ciudad en la que vive diciéndonos que algunos de sus maestros fueron Vicente Aleixandre que leía sus poemas y le aconsejaba y María Zambrano que influyó en él con su manera de sentir y de pensar.



Sus primeras publicaciones son de casi finales de los años sesenta: Poemas de la tierra y de la sangre y Preludios a una noche total. Colinas no figura en la antología de los Novísimos de Castellet, aunque se le suele incluir en este grupo. En una entrevista realizada por Yolanda Delgado Batista en la Revista Espéculo dice Colinas: Qué duda cabe que yo estoy en la órbita de eso que se ha venido a llamar poesía novísima. (Para decir más adelante) no me identifico con este grupo que ejerció la cultura por la cultura, en el que había poco sustrato vital en ella. Las referencias culturales en mi obra siempre remiten a experiencias vitales, no se da esa presencia de la cultura por la cultura. Así pues, aunque se le haya identificado con los Novísimos, Antonio Colinas se distingue por seguir, prácticamente desde el principio, un camino personal.



De Antonio Colinas, han destacado los críticos, su gusto, por temas de evocación clasicista. También por la decadencia material del pasado. Se dice que Antonio Colinas es el poeta de la meditación, un poeta que cuida mucho la estética, el poeta que crea un halo místico donde la memoria, el pasado, lo sucedido ya, es parte importante, casi fundamental, un poeta, en fin, en el que vida y poesía , es decir experiencia vital y experiencia poética se funden porque su poesía, creo, nace de la vida vivida, sentida, pensada (y tal vez soñada) de ahí sus constantes resonancias metafísicas y su particular simbología. Un poeta que hace que la poesía sea sinónimo de vida

Antonio Colinas alcanza un equilibrio clásico, nacido de su capacidad para asumir distintas tradiciones poéticas, literarias, filosóficas y espirituales, hacerlas propias y darles un aliento enteramente personal. Tiene gran apego a la tradición clásica y, alejado del Barroco, ha caminado más cercano a Renacimiento (José Enrique Martínez “La voz del Renacimiento en la obra de Antonio Colinas”), y también al Romanticismo.

Sobre él, ha escrito el profesor José Paulino Ayuso que: Conviene notar el curso pausado y reflexivo del ritmo, aunque con diferencias de composición. ya que puede escribir un poema breve, casi sentencioso, otro poema más extenso y descriptivo y llegar hasta el poema-libro. Del mismo modo, emplea versos regulares, medidos, como el alejandrino o elige una forma versal más libre,(…) Por otro lado, está en él la busca constante de lo esencial, del conocimiento que se desvela y. revela y que viene acompañado por la emoción, más aún, por el estremecimiento ante la poesía y ante el misterio que se descubre en ella.



Este poeta recibió, en 1975, el Premio de la Crítica por Sepulcro en Tarquinia, y su Poesía (1967-1981), fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura en 1982. Es el escritor donde la poesía y el poeta son la misma razón de ser y de vivir porque se considera, ante todo, un poeta y la poesía es- nos ha dicho- la base de todos sus libros, incluidos los ensayos, donde se ha preocupado de la poesía como fenómeno. (ensayos sobre Alberti , Leopardi…),también nos ha dicho que la poesía es un bálsamo aunque también puede ser bandera pues la poesía puede sanar y salvar un poco al que la escribe y al que la lee.


Antonio Machado (no cuenta Colinas en una entrevista realizada por Manuel de la Fuente y publicada en ABC el 24 de febrero de este año) nos lo dijo de otra manera: poesía debía ser ante todo «palabra en el tiempo»; es decir, palabra no sólo de hoy sino también del ayer y del mañana. La poesía verdadera está traspasada de intemporalidad. Como digo en uno de mis poemas, el verso debe ser “esa roca que vence a toda muerte” Por eso anda en contraposición de aquello tan terrible que dijo Adorno: Para qué poetas después de Auswichtz porque, precisamente, por todo lo sucedido, se hace más necesaria la poesía. La poesía, dice Colinas y yo lo comparto, es sinónimo de humanismo.

Foto: Antonio Colinas y Manuel López Azorín en una lectura de Tertulias de Autor de Helicón en 1997.

Muchos quizá no estén de acuerdo (hay gustos para todo) pero a mí me parece que Antonio Colinas con esta Obra poética completa nos deja un buen legado ( y además unos poemas inéditos El laberinto invisible que es lo último que ha escrito y un poemario que permanecía inédito,La viña salvaje, escrito en los años setenta, incluido en Obra poetica completa),un legado, digo, que pudiera conectar con el lector, el normal, el de la calle y si esto se produce,y yo pienso que sí, estas palabras que Colinas nos dejó escritas en su Tratado de armonía, serán más ciertas todavía: El creador arroja su palabra nueva al océano de la noche y, en la orilla apartada, el anónimo lector recoge el mensaje, sintoniza con la palabra revelada.

sábado, 14 de mayo de 2011

Rafael Fernández Campos: Mirando las pisadas



El pasado día 9 de mayo Rafael Fernández Campos presentó su primer libro de poemas Mirando las pisadas (Sial /Fugger poesía) en el salón de actos de la Casa Encendida, nombre que la Obra Social Caja Madrid tomó para este edificio, del poeta granadino, premio Cervantes en 1982, Luis Rosales. La casa encendida, título del que, según la crítica, fue su mejor libro.

El salón dispuesto para el acto, con una mesa y tres sillas a la izquierda, para el poeta, el padrino presentador y prologuista del libro Alfredo Gómez Gil y el editor Basilio Rodríguez Cañada, preparadas. En el centro una pantalla proyectaba la imagen de la cubierta de este primer libro: una obra impresionista de Paul Cézanne titulada El bañista pintado entre 1885-1890 y que curiosamente guarda un relativo parecido con Fernández Campos. Pura casualidad.



Se ha dicho de la poesía de Rosales que es la poesía de lo cotidiano. La poesía de Fernández Campos sin pretender establecer comparaciones entre Rosales y este joven de 40 años también se nutre de lo cotidiano, de la vida. En este primer libro de Rafael Fernández Campos el amor es esencialmente importante así como la memoria o el recuerdo. El amor, también, aparece en toda la obra del granadino, de forma sosegada y tranquila, así como la memoria y el recuerdo.

El profesor, periodista y poeta Alfredo Gómez Gil, Padrino del novel poeta nos cuenta en el prólogo: Es preceptivo señalaren cuanto a arte poética se refiere, la dualidad del autor en el ir y devenir de la versificación sobre determinadas estrofas, especialmente las que componen las dos primeras partes,( tituladas El ahora y El miedo y la ira) en que con maestría y sabio cuño corta, ata, sincopa, lucha, no rindiéndose nunca ante la dinámica realidad que cruza ante sus ojos y hiere su corazón.

Lleno a rebosar por los amigos, compañeros, conocidos de este poeta. Allí me encontré con el profesor y poeta Emilio Serrano, nos sentamos juntos. El público que llenaba el salón parecía no ser de los habituales a asistir a lecturas poéticas. Y así lo confirmó el propio Fernández Campos cuando comentó, agradeciendo a todos su presencia, que muchos de los de allí presentes seguro que habrían puesto una excusa en casa para poder acercarse a la presentación del compañero -dijo- poeta ”Friki”.

Claro que ese comentario tiene su explicación: Rafael Fernández Campos, que nació en Madrid en 1971, es Doctor Cum Laudem en Economía y Hacienda por la Universidad Autónoma de Madrid y Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la misma Universidad y Máster en Dirección y Gestión .de Entidades Financieras por la Universidad Francisco de Vitoria.

Visto así, se comprenden las palabras dirigidas a los compañeros y la extrañeza, se supone, de que un hombre de finanzas se dedique a la creación poética (la naturaleza humana se significa de múltiples formas y no todos los financieros piensan sólo en el beneficio material, del mismo modo que no todos los que escriben poesía anhelan sólo el éxtasis sin ambición mundana).

El acto de presentación resulto diferente y debo decir que fue especialmente emotivo. Durante la presentación, tras la intervención del presentador y la del editor Rafael Fernández Campos se nos mostró seguro y feliz. En su lectura hizo participar con poemas elegidos para la ocasión a Beatriz ( a quien dirigió unas hermosas palabras llenas de complicidad), que leyó el poema La certeza, a Marta (de quien dijo que había sido importante en la elección de poemas o algo parecido), a su madre (que mostraba la alegría por el hijo en los ojos, en la expresión) a su hermano mayor que dijo estar nervioso pero que leyó con aplomo y seguridad el poema elegido y finalmente, micrófono en mano, a sus dos hijos, Rafael de cinco y Diego de ocho años (más o menos), que pusieron la nota más risueña y más tierna de la noche, uno con una frase que le dio a leer su padre: “Compren el libro de mi papá” y el otro con un breve poema leído con ritmo, pausas versales adecuadas y con gran soltura para su edad.

Funcionó. El acto resultó vistoso, y ameno. Luego, frente al autor, pudimos observar una larga fila de personas con el libro esperando la firma dedicada. No me quedé a felicitarle. Estaba muy ocupado firmando ejemplares.

Todo esto que puede parecer, y lo es, una crónica, es también para decirles que, oídos los poemas de este joven poeta, en alguno parecía percibirse alguna falta de ritmo, tal vez el modo de leerlo; pero leídos algunos después, en la tranquilidad de mi casa, no fue así. Si es cierto que en algunos poemas de construcción más formal, hay versos con alguna ligera cojera; pero si no su arquitectura externa, su decoración interior no necesita muleta.

No parece un primer libro, más bien el libro de un poeta maduro que nos habla del amor y, en él, del tiempo, del miedo, de la ira, de la ausencia… siempre desde una mirada de pisadas sentidas, vividas, soñadas, con dolor a veces, sí, pero siempre con esperanza. El amor, con su cara y su cruz, es el eje central de este libro escrito por un humanista que hace que poesía y vida, realidad y sueño, formen una sola unidad. Tal vez porque Rafael Fernández Campos, aun dedicándose profesionalmente a una actividad tan pragmática, no ha dejado nunca de visitar planetas que ni aquel pequeño príncipe / siquiera vislumbró. Os dejo aquí el poema que inicia este prometedor libro primero: La certeza

Tú eres la certeza

Yo visito planetas que ni aquel pequeño príncipe
siquiera vislumbró.

Abandono cercados
y encabrito a la noche en desesperos de frutas amargas
Maduras vetas de la madera de otros vientres

Tenso varas hasta conseguir quebrarlas

Y en el regreso, todo es ahora
Hasta saber que, contra toda lógica
Sembrando el desconcierto en hileras de espigas sosegadas
Hoy, o sea, siempre

Tú eres la certeza.

viernes, 6 de mayo de 2011

Julio Santiago: Poesía depilada II (Y seguro que habrá una III)


Un segundo volumen de Poesía depilada II (ediciones Vitruvio, Madrid, 2011), nos trae al poeta Julio Santiago con su personal y diferente manera de hacer poesía. Pura Salceda lo dice muy bien en el prólogo: Si una característica puede definir al Julio Santiago poeta es la de autor diferente.

Este Poeta y pintor, cada vez que hace algo es capaz de convocar a tantos amigos que los lugares donde suele presentar sus libros o exponer sus dibujos, se quedan siempre pequeños. Y se quedan pequeños porque, además de llenarse físicamente, andan repletos de buenas vibraciones, de alegría, buen humor y, especialmente, de buen amor ya que Julio Santiago resulta persona querida por todos cuantos le conocemos y sabemos que él también nos quiere y por ello nos dedica poemas con inteligencia y afecto.

Y vuelvo a citar palabras de Pura Salceda como estas que dice en el prólogo y con las que me identifico: Y como gran fuerza creadora en la obra de Julio, por todas partes el sentimiento de la amistad, de las vivencias compartidas, en un juego de espejos en el que el poeta se reconoce y nosotros a él.


Esta Poesía depilada II de Julio Santiago, al igual que dije en Poesía depilada I, me ha parecido un estupendo ejercicio de síntesis, de esencialidad, de amor y de humor y, sobre todo una demostración de voz personal no al uso, no a la moda, no a la corriente de turno, no a nada y sólo dependiendo del sentir especial, y elemental de la idea de poesía ahorrativa, concisa, precisa, justa, sin tapujos, amorosa, erótica y humorística, pragmática y soñadora, sincera y con doble sentido, audaz y conservadora en su fondo, revolucionaria y con forma, una forma que forma (valga la redundancia) una poesía de hilo, vertical, que dice mucho con lo mínimo.

En anteriores ocasiones he dicho de Julio Santiago y de su poesía que: es un poeta que comenzó allá por los noventa del siglo pasado (qué barbaridad, con lo joven que es aún) a dar muestras ya de tener una voz que, con el tiempo, se muestra cada vez más propia, llena siempre de amistad, de ambivalencias pretendidas, una voz plena de amores y sin mala baba porque sólo atesora humor y afecto que nos ofrece a modo de poemas casi, casi, epigramáticos, empleando la palabra para pintar la idea, el concepto, como con un pincel que la embellece dándole ternura.

Ternura, mucha ternura tiene Julio Santiago y mucha bondad lleva dentro este extremeño de la villa de Miajadas (Cáceres) que la ofrece a todos, sin exclusiones, en una poesía que, no sé, pero parece querer instigar la revolución de la libertad interna y externa, de fondo y de forma y de paso hacer pensar a los lectores, que no viene mal de vez en cuando.

Quien pueda pensar que esta poesía es sólo esto, que ya es mucho, se equivoca porque Julio Santiago, en ella, nos ofreceen su poesía, también, una hondura reflexiva que hay que saber descubrir. Gloria Fuertes, de vivir, seguramente al hablar de Julito (así le llamábamos ella y yo), me guiñaría el ojo y diría: este enfermero no sólo quiere sanar los cuerpos sino las mentes y las mentalidades. Y se alegraría mucho por Julito.

Pero Gloria Fuertes, lamentablemente, ya no está. Su ausencia la notamos todos aquellos que la tratamos, la admiramos y la quisimos. También Julito nota su ausencia cada día desde hace ya doce años y unos meses. Por eso, en esta ocasión y en este libro le dice: Tu / ausencia / es / un / inmenso / mar / donde / se / me / olvida / nadar. Claro que de poder contestarle Gloria Fuertes, le diría, con mucho cariño y con un poco de socarronería: Julito: sigue nadando por este mar de la poesía y aunque Azorín (siempre me llamaba así) tenga razón en eso de que hay hondura en lo que dices, que está muy bien, tú no pierdas ese sentido del humor que tienes. Ese con el que nos adviertes al principio del libro.



Ad-Versencia Si
no
tiene
bien
desarrollado
el
sentido
del humor
no
lea
estos
poemas,
pueden
violar
su
sexibilidad.