miércoles, 25 de febrero de 2015

Juan Ruiz de Torres: A golpes voy llegando del futuro (Poesía completa 1950-2014)




Juan Ruiz de Torres: A golpes voy llegando del futuro
                                       (Poesía completa. 1950-2014)



Juan Ruiz de Torres andaba, cuando falleció el 24 de abril de 2014, ultimando las revisiones de lo que tres meses más tarde, en el mes de julio,  saldría a la luz: su Poesía completa, un volumen de casi mil cien páginas titulado genéricamente  A golpes voy llegando del futuro  (Editorial Dulcinea, Cuenca, 2014) El título elegido para su obra poética completa es el  primer verso de un poemario del autor: Paseos  por Nygade) y recoge toda su producción poética desde 1950  hasta  2014. Unos1750 poemas ordenados por orden alfabético, amén de apéndices con material incidental y crítico. Todo ello bajo el cuidado del propio autor y la compañía  y el consejo de  su mujer la también escritora y poeta  Ángela Reyes a quien le dedica su obra con estas hermosas palabras: Para Ángela Reyes, que desde hace décadas me acompaña, me aconseja y me sufre.
Ängela Reyes

Juan Ruiz de Torres era madrileño, doctorado en Filosofía y letras y en Ingeniería Industrial, y Licenciado en Informática. Residió en nueve países. Fue fundador de grupos de teatro y de tres Ateneos. Al regresar a Madrid en 1980 fundó la Asociación (Taller)  Prometeo de Poesía y otras entidades culturales. Tiene un centenar de publicaciones  en diferentes áreas literarias (Poesía, narrativa y ensayo)

Juan Ruiz de Torres



A finales de noviembre, creo recordar, Ángela Reyes me envió  A golpes voy llegando del futuro con una nota: 
lamento que Juan no haya podido 
llegar a ver su obra poética publicada para habértela dedicado como hubiera querido
Al recibir el libro y tras una primera ojeada  vi que tras haber publicado Última puerta del silencio (Huerga y Fierro Editores, Madrid, 2010), poemario en el que Juan Ruiz de Torres aseguraba lo siguiente: Al fin de 2006, tras publicar El bosque del tiempo, decidí no escribir más poemas (…) Pensé que ya había entregado a la poesía todo lo que podía o sabía. 



Pero no fue así y nos llegó con esta Última puerta del silencio como culminación de su búsqueda de la esencialidad poética. Llegó, en su empeño simplificador, al dístico: Derrama sangre mi palabra, / ¡y no sé qué la hiere! y ya le parecía muy difícil mayor simplificación, mayor esencialidad.




De manera que  Juan Ruiz de Torres, que parecía despedirse en 2006 de la poesía,  no tuvo en cuenta (y así se lo comentaba yo en la reseña que hice en mi blog sobre aquel libro) que la poesía  llega, o se va, cuando quiere, nunca cuando decide el poeta. Ella, la Poesía, sabe bien a quien es necesaria y se entrega o no según lo considere. Por lo tanto no es cosa del poeta decidir si deja o no de escribir.
 
Pues bien observo ahora, en esta poesía completa que me ha llegado, que tras aquella Última puerta del silencio fueron apareciendo nuevas publicaciones: Palabra de poeta (Plegable, Casa del tiempo, Madrid, 2010), Las casadas infieles. Plegable; como autor, Erreté,  Acogida (doce docenas de sonetos) Huerga y Fierro, 2013, Antología de  la poesía oral-traumática y cósmica de Juan Ruiz de Torres. Frente de Afirmación Hispanista, México, 2013. Epigramas y casigramas. Huerga y Fierro, Madrid, 2014 y 40 disticos. Casa del tiempo, Madrid, 2014. Con lo cual, aunque algunas de ellas fueran recopilaciones, antologías etc. está claro que continuó escribiendo poesía tal como yo supuse porque no es el poeta quien decide sino la poesía la que nos abraza o nos abandona.


 
Juan Ruiz de Torres dijo de su poética: Cada vez tengo menos claro por qué, para qué seguir escribiéndolos. “En mis manos, mis libros / antiguos se deshacen”. Veo en ellos un derroche inmenso de palabras, de esfuerzo, de papel. No me sé de memoria más que uno de mis poemas, escrito hacia 1952. De los demás, me llega confusamente el ruido, como de piedras en el torrente. Reconozco versos sueltos. Esos son los que guardan mi afecto y algunos, aún  mi estima. 


  Bien, pues aquí nos queda con este voluminoso libro, elaborado cuidadosamente por el propio autor ese derroche, que decía Juan, de palabras, de esfuerzo, de papel…la historia de vida y los sueños de un poeta  que dedicó todo su tiempo con entusiasmo  y con pasión a la creación poética sin dejar algo, al menos para mí, tan importante como es el fomento y difusión de la poesía, además de la narrativa  y el ensayo, con su labor de presidente de Prometeo, de su revista, de la Casa del tiempo y de tantas y buenas iniciativas que llevó a cabo para ello.

En A golpes voy llegando del futuro queda su legado poético para todos aquellos que quieran conocer más y mejor la obra poética  de un hombre, un poeta, que amaba lo que hacía. Un camino al futuro fue uno de sus poemarios  publicado en  Santo Domingo (República dominicana) en 1975.y esa camino le proporcionó más de una treintena de Premios y Distinciones en diferentes países, por su obra de creación, sin haberse presentado nunca a premio alguno.

De pie: Ángela Reyes y Juan Ruiz de Torres
Sentados: Adelina y José Lopez Rueda, Luis Alberto Ambroggio

 Juan Ruiz de Torres  y Ángela Reyes, ambos narradores y poetas, además de matrimonio, mantuvieron siempre una fructífera colaboración, desde 1980, en actividades literarias comunes y en varias obras de creación conjunta. Con relación a las actividades literarias Juan Ruiz de Torres andaba, en estos últimos tiempos, inmerso en las llamadas  Lecturas poética de Prometeo. Unas lecturas que se llevan a cabo un miércoles al mes en la Sala Trovador de la calle de San José nº 5  del Barrio de las Letras de Madrid.
 
Y digo se llevan a cabo porque su viuda, Ángela Reyes, con el propósito de continuar con esta labor de fomento y difusión de la poesía que puso en marcha su marido Juan Ruiz de Torres y, al mismo tiempo, preservar su memoria, ha tomado el testigo de su esposo y continúa realizando cada mes estas lecturas poéticas.  De manera que con ellas y con esta suma poética (que preparó el poeta y que no pudo finalmente ver publicada) Ángela Reyes rinde homenaje al compañero, al esposo, al amigo y especialmente al poeta  que de manera humilde nos confesó un día que: En mis manos, mis libros / antiguos se deshacen”. Veo en ellos un derroche inmenso de palabras, de esfuerzo, de papel.

Lo que Juan Ruiz de Torres mostraba siempre era un derroche de entusiasmo por todo lo relacionado con la poesía. Recuerdo que en 1998 le invité a venir a Tertulias de Autor de Helicón para presentar a un poeta amigo de ambos: Jesús Riosalido

Por la izquierda: Juan Ruiz de Torres, Carmina Casala,
Jesús Riosalido y Manuel Lopez Azorín
Aceptó inmediatamente y este hombre enamorado de Grecia de la poesía y de su mujer Ángela Reyes, acudió, presentó al poeta invitado que era y es otro gran viajero del mundo, narrador, dramaturgo y poeta, además de un gran arabista y diplomático de carrera, dejó constancia de su buen hacer, de su bien saber de la poesía de Jesús Riosalido y yo le agradecí enormemente su colaboración en aquel programa de Tertulias de Autor de Helicón y le anoté en mi agenda como futuro invitado para una lectura. Finalmente no pudo ser, y bien que lo sentí, ya que poco más tarde, a principios del año 2000, tuve que abandonar por enfermedad aquel ya consolidado proyecto que emitíamos en directo a través de Canal Norte T.V.

A  golpes voy llegando del futuro es un libro para aprender a conocer la obra poética de Juan Ruiz de Torres, un libro para  ir hacia un poeta  que, viajero impenitente, siempre ha reflexionado sobre la palabra, sobre la creación poética. Finalizo con unas palabras de Joaquín Benito de Lucas, poeta y amigo de Juan, que nos deja escrito en este volumen lo siguiente:oeta y buen  Junto a este  “estar en el mundo”, no solo como viajero sino como poeta no faltan las meditaciones del solitario que reflexiona, además, sobre la palabra poética, donde nos dice, entre otras cosas, algo que todo poeta vive, y él, particularmente con intensidad: “La palabra te salva y te perdona”. A él le ha salvado y perdonado desde sus primeros libros.

                                                                                  Manuel López Azorín

miércoles, 18 de febrero de 2015







Oscar Martín Centeno: poeta, videopoeta y divulgador


Espejos enfrentados, Las cántigas del diablo, Sucio tango del alma, Circe y Las Cántigas (Je suis le diable), 





Cuando hace ya unos años (1997 creo recordar) el Centro Cultural Blas de Otero concedió premio de poesía, en su primera edición, al joven Óscar Martín Centeno, los componentes del jurado, entonces Apuleyo Soto, Enrique Gracia y quien esto escribe, pensamos que este muchacho, con el tiempo, demostraría  ser un buen poeta. Tenía ya, entonces, una musicalidad, un ritmo y una madurez poco común en alguien que apenas había dejado la adolescencia.

 Óscar Martín Centeno, primero con la obtención de algunos premios más con poemas que vieron la luz en publicaciones colectivas, y luego por sus diferentes libros publicados , acompañados ellos de premios ha ido creciendo como poeta.

Su primer libro publicado en solitario fue  Espejos enfrentados (Colección Adonais, Ediciones Rialp, Madrid, 2006)  y con él, obtuvo el premio Internacional Florentino Pérez Embid, de la Real Academia Sevillana de las Buenas Letras. El autor nos dice en su web: Los espejos enfrentados  encierran el infinito, dentro de ellos el espacio se diluye en múltiples reflejos, hasta que en cada repetición de lo cotidiano encontramos la intuición de lo eterno.

El poeta y director de la Colección Adonais, Carmelo Guillén Acosta, formaba parte del jurado y dijo de estos Espejos enfrentados: “El tono romántico, subjetivista y ardiente que manifiestan los textos, recibe un tratamiento moderno: la magia de las imágenes al modo de la poesía de Claudio Rodríguez, por ejemplo -del que se recogen dos citas en el libro-, se advierte fácilmente en este poemario emotivo, cargado de biografía anímica y cotidiana, donde las anécdotas personales sirven en muchos momentos de hilo conductor para la crónica de esta memoria de desamor.”
Yo, en su momento ya escribí una reseña de este libro en la prensa local.
        Amor y desamor, de Oscar Martín Centeno,
                      en Espejos enfrentados

Ha pasado el tiempo y Oscar Martín Centeno, como pensábamos nosotros, ha ido haciéndose poeta. No lo digo sólo por los premios obtenidos siempre por poemas que han visto la luz en publicaciones junto a otros autores (Este es su primer libro publicado) sino por la trayectoria de su escritura.
Este premio, el Florentino Pérez-embid, 2006, de la Real Academia Sevillana de las Buenas Letras, ganado por Oscar Martín Centeno, acaba de ser publicado por Ediciones Rialp en su conocidísima Colección ADONAIS.
Espejos enfrentados es un libro de desamor que canta al amor “Es tu voz la que riega el corazón del tiempo” entre una Oración y Todas las palabras,Te quería, te quiero; el viento pasa / y se lleva el amor / al llevarse la vida” (poemas que abren y cierran este libro.) mientras se lamenta de su pérdida “La  condena es saber que se ha perdido” sin terminar, del todo, de aceptarla.
Tras narrar en el canto la felicidad del amor en el Cuaderno de Cambados (Primero de los tres de los que se compone este libro) con endecasílabos blancos de buena ejecución, termina éste con el lamento de su ruptura. En el segundo: Cuaderno de Madrid, donde “La luz se rompe en un espejo abierto” al tiempo que se siente “la descarnada soledad del labio” porque todo acabó y ahora “Los recuerdos desgranan cicatrices / sobre la piel del alma;”  y aún, no se resiste a creer que todo está perdido.
Este largo lamento que se expresa con un neorromanticismo que bebe, me parece a mi,  tanto de Bécquer como de Heine, escritos desde una concepción clásica deja paso al Cuaderno del silencio (Tercero y último del libro) donde Oscar Martín Centeno ahora con versos polimétricos emotivos y cotidianos (“de biografía anímica” que diría mi amigo Carmelo Guillén Acosta) nos muestra la modernidad de su poesía, dentro de ese tono romántico lleno de subjetividad y ardorosamente apasionado, con versos plenos de imágenes que, en ocasiones, me recuerdan a mi queridísimo Claudio Rodríguez que, por cierto, abre con una cita, creo yo que clarificatoria, “Solo se pierde lo que no se ama”, este primer libro publicado de Oscar.
Un libro, este de Espejos enfrentados, en el que el sujeto poético aun sabiendo que el amor le “rompe el mar entre (las) manos” no se resigna a su pérdida y trata de “Retener ese instante /(que) es lo único que importa” porque “Tan sólo así es posible comprender” que “el silencio / es una melodía que se escapa de las manos del tiempo”.
Oscar Martín Centeno es ya un poeta, lo intuíamos hace años y se puede comprobar ahora leyendo este libro. Espejos enfrentados es un buen libro  y su autor, seguro estoy, no se quedará en esta primera publicación unitaria, vendrán otras y espero y deseo que cada vez mejores.


                                         Manuel López Azorín (2007)

Tras este primer libro Óscar Martín Centeno fue el ganador del Premio Nacional de poesía Nicolás del Hierro con el poemario Las cántigas del diablo (Ayuntamiento de Piedrabuena,  Ciudad Real, 2007) “En este libro la pasión, la magia y la energía, quieren cantar. Es como si después de un largo viaje deseáramos mayores retos, mayores peligros, y, sobre todo, una nueva forma de sentir la realidad. A cada instante quiere aullar el poema, pero sólo el canto hace que se vuelva profecía. Igual que la voluntad lo convierte en camino sobre el mar invisible. Camino real sobre la página en blanco del aire.”

Ese mismo año se presenta al premio Paul Becket de poesía con un nuevo libro titulado Sucio tango del alma  y obtiene con él el primer premio. El libro lo publica la Fundación Valparaiso en 2008. Sucio tango del alma es "un baile, de suaves cadencias, elegante y desolado. Con poemas  de dolorosa desesperación, y de belleza  amarga, desesperada entre los recuerdos y la locura."



Las Cántigas (Je suis le diable)
Este libro es una profunda revisión de Las Cántigas del Diablo de Óscar Martín Centeno, que fue galardonado con el Premio Nacional Nicolás del Hierro en 2007. 
Ha sido ilustrado por María Espejo, que, adentrándose en los textos, los ha ampliado mediante una visión reveladora y fascinante. Esta edición presenta una nueva creación, el largo poema "Je suis le diable", que completa esta obra hasta darle una entidad totalmente nueva. 
“Este es un libro sobre la rebelión. Sobre la búsqueda de una forma personal de enfrentarse al mundo, de perseguir el cambio, de hacerlo todo posible. La actitud se convierte en destino, y el entusiasmo, el fracaso y la ferocidad, se mezclan en una hermosa pelea sobre al latir de los versos.”

Tras estos poemarios, todos con premio, de Oscar Martín Centeno nos ofreció otro titulado Circe, libro con el que obtuvo el Premio Internacional Antonio Gala 2010, este nuevo poemario fue publicado por la Editorial Alhulia en 2011
Circe “es un libro donde se combinan el heroísmo y el erotismo, donde todos los impulsos vitales están impregnados por la voluntad del cambio. Como si hubiera una angustia latente que quiere más de cada instante, haciendo perdurar cada momento vivido. Señalesde un pasado donde era posible el incendio. Donde la voluntad de los hombres todavía era capaz de regir su destino.”
Oscar Martín Centeno piensa que :  No hay nada que facilite más a la expresión de las emociones que los diferentes lenguajes artísticos. Por esta razón mezcla lo formal, la norma, con las nuevas tendencias y crea nuevos caminos de expresión.


Él es poeta, musicólogo y  gestor cultural   nacido en Madrid en 1977.Está Licenciado en Historia y Ciencias de la Música por la Universidad Autónoma de Madrid.
Durante los últimos cuatro años ha desarrollado diversos documentales y presentaciones multimedia sobre temas culturales y artísticos, para entidades como el Museo de Arte Contemporáneo Reina Sofía, el Museo Thyssen-Bornemisza, el Instituto Municipal del Libro, el Ayuntamiento de Málaga, el Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes, etc. En ellos utiliza las últimas técnicas de animación 3D, tipografía cinética y video arte, donde la música en directo y el uso de las nuevas tecnologías audiovisuales acompañan la lectura de los versos.
Óscar Martín Centeno, además de ser poeta, 
videopoeta y divulgador de la relación de la literatura en el entorno de las nuevas tecnologías con los manuales para docentes :Manual de creación literaria en la era de Internet (2009) y Animación a la lectura mediante las nuevas tecnologías(2010),  realiza performances poéticas multimedia y empuja el colectivo Grupo Artístic 8 en el que se realizan podcast, eventos y acciones callejeras con el objeto de trastocar con la palabra.

Además de su trabajo como docente, coordina  en la actualidad el Centro de Estudios de la Poesía  (Centro que yo puse en marcha en 1996 y del que fui responsable hasta el año 2000) de la Universidad Popular  José Hierro de San Sebastián de los Reyes.

Oscar Martín Centeno participa en numerosas antologías y revistas literarias. Ha publicado artículos en revistas nacionales e internacionales y sus poemas han sido traducidos al inglés, al alemán, al francés y al griego.



martes, 10 de febrero de 2015

Los poetas de la senda : Selección natural (Muestra internacional de poesía contemporánea -1958-2013) Edición de Chema Rubio



Los poetas de la senda. Selección natural
Muestra Internacional de Poesía Contemporánea
                       (1958-2013)              

Edición de Chema Rubio




La senda del poeta no es otra cosa que la idea de rendir homenaje al poeta Miguel Hernández. Un homenaje que lo es, según nos dice la contraportada del libro, "por sus tres querencias:la naturaleza, la poesía y el ser más humano.Las tres forman la divinidad, si una falla, falla un mundo. (...) Porque cada quien es necesario por el camino que sueña y deja rastro."

Chema rubio, un apasionado de la poesía de Miguel Hernández,  sabe que el pintor, escultor   Julio Álvarez (poeta también con el heterónimo de Abel Beire) tenía el mismo deseo que él y proyecta esta La senda del poetasubtitulada por él Selección    natural como Muestra Internacional de poesía contemporánea en homenaje al poeta de Orihuela. Chema Rubio y Julio Álvarez  (1928-2011) fueron amigos . Tras el fallecimiento de Julio en 2011. Chema Rubio, que ya lleva tiempo queriendo poner en marcha este proyecto,  es el alma mater  de esta edición que ha sido publicada en Ópera Prima, Madrid, 2014. 


Julio Álvarez y Manuel López Azorín en una exposición del pintor al aire libre

Julio Álvarez, a quien incluí junto a poetas como José Hierro y Claudio Rodríguez entre otros, como asesor en la revista Poesía en la diana, revista que creé en 1996 dentro del Centro de Estudios de la Poesia (C.E.P.) de la Universidad Popular José Hierro en San Sebastián de los Reyes, además de escribir poesía era un gran lector de ella. Lorca y Miguel Hernández fueron sus poetas referencia junto con José Hierro, buen amigo suyo, Julio siempre hablaba de reunir en torno a la figura de Miguel Hernández cuantos más poetas mejor a modo de homenaje.
Miguel Hernández


Por otra parte, para que el recuerdo de Julio Álvarez no quedase en el olvido, tras fallecer éste, Chema Rubio, junto a Paco Carrillo, periodista, librero, amigo y albacea  del pintor, escultor y poeta, crearon el “Primer Premio de Poesía Julio Álvarez”.

Nos lo cuenta Chema Rubio en la introducción diciéndonos a continuación: “Se trataba de ofrecer un homenaje a la memoria de uno de los más arriesgados artistas de Madrid. Un humanista de un saber extraordinario y pródigo en generosidad por las causas más nobles con los más desfavorecidos. Y lo primero que necesitábamos era buscar un jurado a la medida del premio que queríamos entregar. Aprovecho para dar las gracias a Javier Lostalé, Manuel López Azorín, José María Carrascal, Jesús Riosalido, Pepe Bárcenas, Carmina Casala y Vicente Luis Mora. Los sorprendidos autores que resultaron ganadores del “Primer Premio de Poesía Julio Álvarez” fueron: Juan Carlos Mestre y Antonio Lucas.”

Ramón Irigoyen, Chema Rubio, Raquel Lanseros  y Miguel Losada
en la presentación en el Ateneo de Madrid de Los poetas de la senda.

Este libro, Los poetas de la senda, que reúne a un centenar de poetas en torno a Miguel Hernández, no es una antología al uso. En todo caso es un libro colectivo o como dice el autor de la edición: “una Muestra de poesía universal de poetas en vida y las citas, todas sin excepción, también son de personas que podemos encontrar hoy en los lugares públicos” (…) Es menos una antología que una muestra porque no nos detenemos en el estudio de los autores (autores de España, América latina, Europa, África y Asía...).” Tan solo se ha seleccionado uno o dos poemas de cada autor. Las ilustraciones del libro corresponden a la poeta visual y artista plástico Mar Lozano Reinoso.

Chema Rubio

Chema Rubio (Segovia, 1960) ha trabajado de camarero en la Universidad Complutense de Madrid. Es formador de formadores. Ha vivido en USA. Centroamérica y Argentina. Ha publicado, en poesía, Los atardeceres de la memoria (2000), La mano busca sin cesar el rayo (2001), Amor entre guerras-Devuelto (2002) y Atlántico caballo (Guatemala, 2004).También es narrador y dramaturgo. Ha sido traducido al ruso, alemán, lingala y swahili.


lunes, 26 de enero de 2015

Ángel García López: "Trasmundo" y "Emilia es la canción" (Memoria poética)

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Memoria poética:
Ángel García López: Trasmundo y Emilia es la canción
Retrato de Ángel García López por Antonio López Alarc

En la Navidad del 2014 recibí una carta de Ángel García López que al tiempo que me emocionó, hizo  que recordara tiempos pasados. Al abrir la carta me encontré con una fotografía  de Emilia en plena juventud y ni una sola letra escrita al dorso de la foto. Se me saltaron las lágrimas. Ángel acababa de perder a Emilia y pensé, no tiene palabras para expresar el inmenso dolor que le ha producido su muerte. 
Hablando con Mari Luz, la mujer de Antonio Hernández, supe de su fallecimiento el viernes 12 de diciembre. Antonio – me dijo – está hablando por el otro teléfono con Ángel. Era el lunes 15 de diciembre, apenas habían transcurrido tres días. Imaginé al hombre, al poeta que tituló Emilia es la canción su primer poemario, tremendamente abatido y nada más acabar aquella conversación telefónica con Mari Luz, decidí llamar a Ángel para expresarle mi pésame. Marqué su número y saltó el contestador. Le dejé un mensaje de condolencia y unas palabras de ánimo. A los pocos días  recibí la carta con la fotografía de Emilia. Y no pude por menos que recordar este primer libro suyo y este soneto que Ángel tituló “Las ciudades”


En Burgos, con mi amor, en Alicante. / En Santander estuve, y todavía /
conmigo Emilia va. La geografía / canta bajo los pies del caminante.///

Emilia es la canción, sopla el levante / las torres de mi Cádiz, la bahía./ Reseca el sol la piel de Andalucía./ Conmigo Emilia va, sueño adelante.///

Conmigo los recuerdos: cordilleras /  que el tren atravesaba hacia Sevilla,/
hacia Córdoba herida en soledades.///

Sobre Madrid, perdidas mis fronteras, / por mi memoria voy desde Castilla/
cruzando con Emilia las ciudades.


Desde que publicara este primer libro, Emilia es la canción, en 1963, Ángel García López no ha parado de publicar libros con diferentes temáticas y tonos, dando muestra de una gran versatilidad como poeta proteico que es, un poeta que domina las formas, un manierista en su proceso evolutivo de éstas y con gran preocupación por el lenguaje.  Ese primer libro suyo, dedicado a Emilia, le hizo  entrar de lleno en la poesía amorosa, poesía a la que luego  ha regresado en otras ocasiones.

Emilia, siempre Emilia, los dos como una piña. El uno para el otro siempre juntos. Escribiendo todo esto me viene a la memoria el nombre con que me bautizó Emilia hace, ya muchos años, un domingo de vino y homenaje, un vaso noble en las bodegas A-7 de Valdepeñas, una lectura poética en El Empotro de estas bodegas con el dibujo del poeta y un poema en una de las enormes tinajas, allí quedó para siempre Ángel García López, como vaso noble de la poesía, junto a poetas como José Hierro o Claudio Rodríguez, por ejemplo. Aquel domingo Emilia decidió llamarme “Salvador” en lugar de Manuel porque durante la comida, al intentar deglutir un trozo de carne se atragantó y de tal manera que por poco se ahoga. A mí no se me ocurrió nada más que darle un fuerte golpe en la espalda (no supe nunca como lo hice. Tanto me asusté que lo hice sin más) y al golpearle, por fortuna, salió disparado aquel pedazo de carne que le impedía respirar. Y mientras el color regresaba a su cara (y creo que a la mía también) respiramos aliviados. Desde entonces era yo  “Salvador”  y así me lo recordaba siempre que nos veíamos. 


Ángel que también sabe de incertidumbres, de miedos, de temores súbitos, supongo que sonreirá si alguna vez llegara a leer estas líneas y recordará que también él tuvo un tiempo de temor y de angustia, un terrible tiempo que le hizo escribir uno de sus libros más intensos y más emocionantes: Trasmundo.
Conocí este libro cuando un buen día, a primeros de diciembre de hace ya 24 años, apareció este poeta de Rota (Cádiz) afable y generoso como siempre y me trajo su obra completa, editada en dos tomos por Torre Manrique Publicaciones, Madrid 1988, me los trajo con una hermosa dedicatoria: "A Manuel López Azorín con un fuerte abrazo de su amigo". Después su firma y el lugar en el que nos encontrábamos: San Sebastián de los Reyes 6-XII-1991 (Día de la Constitución)

 

Aquello fue un hermoso regalo que agradecí enormemente. Yo ya conocía y había leído algunos libros de Ángel: Emilia es la canción, Volver a Uleila, Elegía en Astaroth,…(Unos días más tarde de recibir aquel regalo de Ángel García López  quise corresponderle y, agradecido, le escribí este poema dividido en dos partes que años más tarde se publicó en 2001, en mi libro Azul de los afectos:

UN BIEN PRECIOSO
                 I
“Tu generosidad para conmigo  /  me hace – de golpe – a versos entregarme. / Mis ojos en tus libros que , al donarme,  /me ofrecen la lectura del amigo.
Y rápido te ojeo y te persigo /  en este día seis para ganarme / primero, tu amistad y luego, darme / a saber de tus versos. Y al abrigo /
de este soneto a impulsos quiero darte/ las gracias por sencillo y generoso,
por acordarse el grande del pequeño.
Quiero por otra parte demostrarte / que yo sé agradecer un bien precioso/
aunque sólo te ofrezca lo que sueño.

               II
  
Y lo que sueño es verso, / que anda mi vida en ellos enredada / y apenas si respiro o siento nada / que no sea poesía.
Mi alma, como eterna penitente, / buscando va la fuente / para saciar y hallar la vía / –extraña romería– /  del río que es un canto, / siempre vivo de risas y de llanto."



Fue en esos dos volúmenes donde descubrí otros libros de este poeta y especialmente su libro Trasmundo que me impresionó tanto que más adelante (entre 1992-93) escribí mis impresiones sobre él y se las envié a Ángel. Lo titulé  Trasmundo y la voz del cisne. Años más tarde un buen día me telefonea Ángel y me pide este texto porque el poeta Domingo Nicolás, director de la revista  Buxiaarte y pensamiento, está preparándole un número monográfico dedicado a su poesía – me dice – y quiere incluir lo que escribí sobre Trasmundo. Habían pasado ya muchos años desde que lo escribí. Se lo envié de nuevo, y unos meses mas tarde, en mayo de 2007 apareció publicado en el nº 15 de Buxia

En Trasmundo (1980), el poeta nos ofrecía el diario devenir  de una muerte que parecía llegar al aparecer una enfermedad que le mantuvo hospitalizado y en vilo, en  este libro se funden la emoción, plena de luz  de la palabra, con la incertidumbre y el temor del hombre que siente  acercarse, de pronto, el final de su vida.
Os dejo aquí el texto completo:

                        TRASMUNDO Y LA VOZ DEL CISNE

El poeta es un hacerse que produce el decir para hacernos partícipes de los significados. Algo parecido apuntó el profesor Jaime Siles para la poesía de Ángel García López y nos habla de un juego de espejos que articula dos ejes: la memoria y el instante que es la historia del vivir.



Dice Siles : “El significado de la obra de Ángel García López se convierte   en  historia del vivir cuando ésta ilumina toda nuestra existencia.”
Cuando esta historia del vivir toca al poeta en su más  cercana  realidad,    cuando hiere al hombre y le presenta la vida de golpe, como algo ya gastado, la   moneda de cambio que es la vida se convierte en una lluvia interior que anega los sentidos y paraliza el alma, un clamor de incertidumbre, de temor y de impotencia.

Entonces es cuando “hay que dejar las cosas como están si  / (se quiere) que la muerte pueda seguir su curso” ... ”son la vuelta de una compra, / no las (vamos) a tocar, / están gastándose”.
Luis Rosales con estos versos que le sirven a García López de introito para su libro Trasmundo, propone la vida como moneda de cambio donde, ésta, va desprendiendo latidos, gastando sueños, deshaciendo tiempo...    Porque todo es un venir para marcharse.
 (Hay que aclarar que Ángel García López escribe Trasmundo mientras espera una operación de pulmón como consecuencia de haberle diagnosticado un tumor. Trasmundo es, por tanto, la experiencia hecha materia poética, de una realidad repleta de desasosiego y de temor.)
 Y así, de repente, cae tristemente, por noviembre, una lluvia que es un llanto-canto de incertidumbre y lágrimas.
 Llueve por fuera y por dentro. Las paredes, los pijamas y los archivadores  -los hospitales saben mucho de todo esto- llevan impreso el nombre. Un nombre que no sabe si mañana, detrás de los quirófanos, será memoria ya, ceniza ya, de aquel que un día quiso, por los años sesenta, renovar el lenguaje con palabras hermosas, bellas, y con las intenciones en la ropa interior de las ideas.



(Es el mismo concepto con otra arquitectura, otra decoración más luminosa que la palabra seca, desnuda, directa, necesaria en la década anterior; pero sin la vestimenta de la sutil palabra, de la fervorosa palabra que crecía en los jardines del lenguaje soñado, deseado por Ángel García López.)
Y este hombre, ahora asustado por noviembre, que esperaba la luz de la mañana como moneda de cambio para seguir comprando, para seguir gastando vida, veía la palabra, el lenguaje, de este modo: nada de lenguaje seco, desnudo, directo (aunque necesario en algunos poetas anteriores). Tampoco nada de lenguaje hermético, cerrado, críptico. Todo, sugerencia, misterio, en la magia de la palabra hermosa para cantar antes de este “Después del mundo”, para contar con la clave más bella, más precisa, diciendo mucho más de lo que dice el verso, vistiéndolo en la página con hábitos estéticos sutiles y perfectos, dándole embriagador aroma y una cromática gama de color. “No la toquéis ya más /  que así es la rosa” “que dijo su paisano, el maestro Juan Ramón Jiménez.
Pero aquí está, viendo caer la lluvia, sintiendo que golpea sus pulmones. “Tiene un mal de penumbra”. Sueña  “Con gesto invulnerable de salud o milagro”. Este noviembre de difuntos “Conciencia (Tiene) ahora de aquello fugitivo que es un cuerpo”.

Este hombre mira la lluvia que cae sobre sus sentidos y piensa:  “¿Quién te avisó, para que tú, sin anunciarte, sin llamar, hayas venido?”
La angustia, el miedo, se apoderan de la lluvia, del cristal interior de los sentidos, de las habitaciones asépticas y solitarias, del silencioso estruendo de pasillos con enfermeras y pacientes que van, vienen, con el sueño del milagro entre los uniformes, en los pijamas, en las esperanzas...  “¿Dónde mi cuerpo, el sano, aquel mío del aire respirando?” ...  “No sé si soy ahora aquel de esta mañana. / Alguien envejecido me ha robado mi imagen. / Tengo como noticias de una vida pasada./ Miro como si hubiera sollozado un paisaje.”


Este hombre escribe, escribe salvándose el instante del vivir, de la existencia...  “en lo que (escribe) este mes de difuntos”  ...   “Consume a la ventana”  (Frente a la lluvia del terror)  “Un aire vivo que / muere con (él).”
Tierra habitada, luz de Andalucía”, por su sangre de Rota, luz universal entre las páginas del tiempo y del lenguaje.
Este hombre piensa: “Nunca podré desconocerme. Mire / hacia el lugar que mire, hay un espejo / que da respuesta; hay algo que repite / agua sin sol, mi cuerpo.”
Ha visto con sus ojos el quirófano. Él, un hombre todavía joven, que aún cree tener vida entre las manos; pero...  “El poeta es una sima de color rojo intenso”  y piensa, ya de anochecida:  “No sé muy bien qué pasará conmigo”  ...   “Me duele lo que duele un alfiler, /  la picadura de un insecto”.  Y, frágil, frente al cristal de la lluvia que moja la ventana y los sentidos, contempla la vida como  “Un libro sin música”.   “Esto es la vida, me explicaron –Toma-  / y dejaron colgando en mi camisa / la muerte. Y me olvidaron. Y la brisa / puso a volar, temblando, una paloma.”

Roído por el mal”  todas sus sensaciones son un cráter que lanza incertidumbre, lava ardiente, bocanadas de temor inexplicable y se defiende como puede, soñando: “Vivir, ver el regalo / de los amaneceres”.
Contempla la ventana, contempla la lluvia  dentro y fuera y... sueña la luz: “Bello y feliz, Madrid tiene esta tarde / la piel de una naranja sobre el cielo”



Y se olvida de sí, se escapa de su mal, se prohíbe mirarse, desde ahora, con lluvia por el alma: “Tú que tienes el tiempo sobre la mano y lloras / y piensas de mi vida que un astro es apagado, / me ofreces una carne de sueños y de esporas / y una larga abundancia desde el lecho habitado”.
Pero el tiempo, con su inexorable madeja le dice que: “Hoy es domingo y nada” (Excepto que es noviembre, doce, tarde y temor)  “lo distingue enfermo del resto / de los días”.  Salvo   “Que te haces tiempo / sobre la cama. Y eres / los ojos del enfermo”.  (¡Emilia, canción mía!)
Hasta ayer era el tiempo, incluidos domingos, una hermosa poética que entonaba su vida y afianzaba su mano sobre el blanco papel donde decía: “Anteceder el Cómo al Qué. Ser diferente, / a pesar de que tú, poeta cualquiera, escribes / el mismo poema que los otros, mas / haz tu verso tuyo”
Así lo hizo él, hizo su verso suyo, su memoria, su historia del vivir, paso a paso de golpe, de caricia y de palabras, hasta el llanto clamoroso de esta lluvia de noviembre y miedo.
Hoy la lluvia desdibuja la memoria del poeta que dice: “No soy quien fui, no el mismo” Él buscaba “en la belleza; pero salvando a todo trance la ética del riesgo”. ¿Quién le salva a él ahora? La historia de su vida, su memoria, se diluye en la lluvia esta tarde de noviembre,
Las luces, que declinan, dejan paso a la noche misteriosa mientras la lluvia repite sus palabras como un eco: “No soy quien fui, no el mismo”.
Siempre quiso alejarse de todo lo excesivo: “del gratuito gorjeo esteticista, del cebo de la cáscara”.

Su memoria y su tiempo dieron forma “ a lo hermoso evidente” ... “(Su) verso es (su) ventana”. No esa que mira ahora mientras la lluvia golpea, sino aquella de luz, de sol, de vida, de creación y vida.

Ahora, se dice mientras todo y nada se sucede: “Sé que en cualquier momento, la suma de estas letras / en las que voy dejando mi residuo diario / cesarán de escribirse.” El sabe que se ha de escribir “con el deseo de ser leído por los demás;  pero no (esforzándose) jamás por conseguirlo.”
Sabe que hay que  mostrar los caminos y dejar que los otros elijan su propia libertad. Y sabe, ahora, que todo es ida y vuelta, todo es ciclo que se inicia, que termina y nuevamente se inicia. Lo sabe, y sueña, y se repite: “Estás aquí. Respiras. Ya eres vuelto / al aire, y a la vida. Estás contigo. / Vuelves de ti, de tu cuerpo amigo. / Vuelves purificado, absuelto.”
Y entonces, Emilia es más canción que nunca, más memoria escrita y sentida y vivida que nunca: “Hoy te recuerdo al sol del mediodía”  ...  “Porque besarte entonces, no es besarte./ Es dejar en los labios la proclama / donde la sangre asusta de tan loca”. Y la besa, y todo se vuelve A flor de piel: “la selva de otro tiempo”, “los peces en la niebla”... y todo es como un rumor, un viento del sur que le cegara; pero “el mar es ya (su) forma” y recuerda en el aire unas rosas rojas para un nacimiento.

Cuánto tiempo ha pasado. Qué hermosa la memoria que regresa la historia del vivir. Regresa y su recuerdo vuelve a Uleila de nuevo: “Llueve” ... “ la azul cristalería / del agua se estremece en el tejado”  ...  “Y después fue el olvido” ... “a decirme que el sueño estaba muerto” ... “Mano del bien, esposa, /  consuelo de afligidos,/ agua en el vaso, rostro / familiar de la noche”.
Y la memoria, el tiempo, le llevan a Astarah: “Lo que el recuerdo tiene de bien, de sobrio, fruta / feliz, sol transparente,/ en ti –mar de otro tiempo, vasija pura, faro / de juventud- está”  Y trae la memoria la historia del vivir, tiempo del tiempo.
Ahora, escribe así: “Mírate como el aire a la paloma / que toca el vuelo apenas con sus ojos / y goza en esas alas del caliente / cuerpo que ama” y nos hace un retrato hermoso, respirable, para ésos, sus pulmones sedientos de aire: “Somos” ... “una flauta que anunciara  / el verano”. Aunque ahora se encuentra en un otoño deshojado, un otoño de lluvia  por noviembre y el alma. 
Y en un Auto de fe se reconforta “Bajo el sol. Cuando el cuerpo reposaba / en el aire” a pesar del temor y de la lluvia.: “¿Quién más feliz? Perduro en estos versos./ Que me acogen, benévolos, tus ojos / con su mano entrañable”
Y tras este tiempo de temor y de lluvia: “Unos días que fueron fin del mundo”... apareció “La verde libertad”. Y la noche con su lluvia de muerte,  dejó paso a unos besos salvadores: “Besas mi piel como indultando flores”.
¡Ay Mester Andalusí! Que acrecentaste el curso de su río de páginas, de palabras, de sueños, de reconocimientos:  “Mientras cruzan, sin tregua, desde el monte a los / valles los trenes milenarios de amenaza y tristeza”.  ...  “Cómo apartar de mí mi propia historia / ¿Es esto, escrito, mi biografía?”.



Este poeta, hombre del sur, hombre del mundo, reclama para sí lo que le pertenece. Regresa de la muerte y siente suyo todo aquello que tuvo, que viene con la vida: Emilia, tierra, amigos, hijos, los nietos...  Su manera de ser y de sentir, su memoria. Memoria que va y viene del ayer al ahora, componiendo momentos transparentes, sin tiempo: “Me ha llegado la mosca visitante, / Angel Manuel, que hurga en su tarea / mira el zumbido gris. Y su azotea / renuncia del oficio de estudiante.” Y es el instante del hijo atrapado en el tiempo ya sin tiempo.


“Era una vez un oso... Arantxa empieza / a no  comer. Se acerca la cuchara / hasta la boca, y moja de su cara / tan sólo el labio. Y, al final, bosteza” . Y es el instante de la hija atrapado en Los ojos en las ramas del tiempo sucedido, el tiempo ya sin tiempo del instante, de la vida.
“Yo, aquel poeta, reclamo sólo el sitio / en la memoria / de Emilia. Me prohíbo los honores, / el ser palabra póstuma rehúso.”

Amorosa  intención de ser eternidad tan solo en el amor del pensamiento amado, pero sucedió que: “Sólo la piedra en su temblor (cobijó) la voz del cisne     y   su/ inocencia  (lloró).”
Lloró de alegría porque la vida, la memoria, la historia del vivir...  prosiguió su andadura. Noviembre se quedó con su lluvia y su temor, fue un dolor sucedido que anunciaba presagio  de muerte: pero el poeta es cisne, ave que canta y llora, ave que vive y muere y se renace en aquello que canta.
Renació como Fénix, no ya de la ceniza sino por obra y gracia de Jacinto Candelas, de Vicente Velasco y de Martín Rodríguez, médicos por quienes vio en oscuro la senda iluminada de un nuevo amanecer.
Y Angel García López, este poeta que buscó en la estética del lenguaje su modo de vivir en el tiempo, de sentir el instante de la historia del vivir, este hombre que se pensó fuera del mundo por noviembre de 1978, continúa iluminando la memoria, la existencia, la página... como un cisne que canta y vive renacido.


Estas páginas (inéditas hasta la fecha; pero escritas  en 1992- 1993, tras un hermoso regalo de Angel García López: su obra completa –entonces- compuesta por dos tomos que recogen catorce de sus libros) ahora después de tantos años o mejor dicho, después de aquel Trasmundo de noviembre y lluvia, habría que ampliarlas con  mas referencias a nuevos libros, más vida, más tiempo, más obra, más memoria y, ya lo dijo Jaime Siles: El significado de la obra de Angel García López se produce cuando la memoria del ver se convierte en historia; pero dejemos que, en este monográfico que le dedica la revista BUXÍA, sean otros los que hablen de este poeta (de raíz almeriense por parte materna que siempre vuelve Uleila que es como volver, poéticamente, a la raíz) y hablen de esta otra etapa del cisne y del tiempo sucedido desde  aquel noviembre de Trasmundo , porque (Trasmundo o después de la vida) dejó paso, felizmente, a un nuevo tiempo de creación  poética y el canto, de este cisne renacido, continúa.
                                                Manuel López Azorín (1992-93)


Todos estos recuerdos se agolparon en mi memoria al recibir la carta de Ángel García López con la fotografía de Emilia en plena juventud para quien  Ángel escribió estos versos que iniciaban su Emilia es la canción: Lazarillo del ciego aquí me tienes, / surtidor del amor a pleno caño. / Aquí me tienes, novio y oro en paño, / cavilador del sueño de mis sienes. El poeta le cantó al amor después muchas veces y de diferentes formas; pero seguramente nunca como lo hizo entonces porque la hermosa juventud de Emilia le hizo decir:

Los diecinueve años de tu historia / han venido a quedarse en mis balcones / atándome al amor codo con codo. Y es que 
Ángel se enamoró perdidamente de aquella jovencita  de la que no sabía su nombre: Por eso, por tu nombre; porque estaba / sin decir, sin hacer, como un anillo / que no encontraba el cauce de su dedo,  ///  yo te llamaba Espera; te llamaba / Hermosa, Emilia, Amor; lo más sencillo, / lo más desenredado del enredo.

Entre los autores del medio siglo (Gil de Biedma, Francisco Brines, Claudio Rodríguez), y la llegada de la llamada generación del 68 o los novísimos, surgieron unos poetas que, en mi opinión, fueron injustamente olvidados entonces ya que la atención se centraba por un lado en los poetas de los 50 y por otro en los del 68 o aquella de los novísimos. Situados entre estos grupos o corrientes, generaciones, o promociones poéticas, como quiera llamárseles, andaban publicando, entre otros, Manuel Ríos Ruiz, Jesús Hilario Tundidor, Antonio Hernández, Diego Jesús Jiménez (poeta que luego sería encuadrado entre los del 68), Joaquín Benito de Lucas y Ángel García López.

Estos poetas pertenecían a  la promoción poética del 60 y, como tal, apostaron por la relevancia de la palabra o dicho de otro modo por una estética del lenguaje en la composición del poema acompañado de dimensión ética. Forma y fondo, estética y ética.  En esta, también llamada generación puente, se confundían  rasgos de unos y de otros, y compartían zonas comunes, imaginación y esteticismo de preocupación lingüística. Todos ellos a lo largo del tiempo, unos antes otros después, fueron saliendo de ese olvido, de ese espacio en el que no se les tuvo en cuenta, y lograron situarse en el lugar que les correspondía, demostrando con su valía, su buen hacer, que andaban ahí por méritos propios y que aquel grupo-puente no era tal, aquella promoción del 60  era parte del camino de la historia de nuestra poesía
Uno de estos poetas es Ángel García López (Rota, Cádiz, 1935) Licenciado en Filosofía y Letras y profesor de lengua y literatura, que ejerció también como Técnico Superior de Servicios Bibliográficos en la ONCE. Poeta que, como dijo el profesor, crítico y poeta Ángel L. Prieto de Paula, también estaba conectado  por voluntad estética a diversas corrientes de preguerra y primera posguerra.


En su poesía, Ángel  García López  nos muestra el sentimiento amoroso, la experiencia vital, el paso del tiempo, el recuerdo de la infancia, nos habla la condición humana, de la deuda con la tradición literaria, de la memoria colectiva. Un poeta plural con una obra extensa e intensa, una  producción de variada temática y muy rica en la creación lingüística. De él dijo Pepe Hierro que poseía el don de la expresión poética. En la poesía de Ángel García López  se puede observar el domino de la métrica tradicional tanto como el de la renovación del lenguaje.

De Ángel García López se ha dicho que es un verdadero maestro del ritmo, de la cadencia.  Su poesía conecta con la del Renacimiento y el Barroco, al tiempo que  con la poesía modernista, y que es, la suya, una poesía tremendamente personal. El profesor y poeta Jaime Siles dijo de él que es uno de nuestros clásicos contemporáneos.

Muchos años ya que Ángel Garía López y yo nos conocemos. Durante unos cuantos años hemos fallado un premio de poesía juntos, en ocasiones hemos intervenido en actos poéticos... muchas conversaciones, muchos encuentros, siempre amables y siempre fructíferos porque junto a él y con él siempre surge, aun sin propósito, el aprendizaje.


Ángel L. Prieto de Paula, cuando la Diputación de Cádiz, la publicó su obra completa, con el título genérico de El río de mis ojos, en tres volúmenes (2009), valoró como de exuberancia retórica, sustancial.  


Un poeta que nos muestra en el compendio de toda su obra la riqueza y el atractivo de una lírica personalísima y de temática variada, desde la trascendencia, vida, tiempo, muerte, a la deformación, la caricatura o la ironía, aderezadas siempre por el amor y la ternura.  Una obra poética, en fin, admirable cuanto más se profundiza en ella.
El poeta Rafael Guillén ha escrito sobre la obra de Ángel García López lo siguiente: “Nadie puede ya hablar de maestría en la rima y la medida, sin conocer sus sonetos y alejandrinos. Ni de prosa poética, sin leer Memoria amarga de mí. Ni de largas y libres emociones en largos y libres versos, sin dejarse llevar por Medio siglo, cien años. Ni de desgarrada angustia, ni de muerte, sin adentrarse en Trasmundo. Ni de abrir nuevos cauces al lenguaje, sin estudiar Mester andalusí. Ni de regusto clásico, sin gozar del Cancionero de Alhabia

Ángel García López tiene en su haber, entre otros muchos,  El Premio Adonais (1969)  por el poemario A flor de piel (1970), un libro en el que jugó con la evocación y empleo una gran riqueza verbal en largos poemas.  El Premio Nacional de Literatura-poesía  por su libro Elegía en Astaroth (1973) libro del que nos dice. Prieto de Paula que tras replegarse en el cauce del soneto en el poemario Volver a Uleila (1971) regresó a las tiradas largas y domeñadoras en el libro que le valiera el Premio Nacional,  y con el poemario  Mester Andalusí  recibió el Premio de la Crítica en 1978. 


E Jurado del Premio de poesía José Hierro en 1991
de izquierda a derecha Joaquín, Claudio, Ángel, Eladio, Félix y Pablo.
En noviembre nos habíamos visto con motivo del fallo del Premio nacional de poesía  José Hierro  (instaurado por el Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes en la Universidad Popular),  en el que permanece como miembro del jurado desde que se falló el primero en 1990.
Entre otras cosas hablamos de Rota y de Emilia. Quién iba a suponer que un mes más tarde  nos dejaría para siempre. Ella era para Ángel sus manos y sus pies, su amor, su gran amor:   
                  
Amor, contigo sólo y con la ola / en risa nueva y prisa apresurada. / Que tu boca me aloca, desbocada, / con bocados de mar y caracola




Ángel tendrá que reponerse, será difícil; pero lo hará, Emilia fue, es y será siempre la canción y en ella, en su recuerdo y en los primeros versos que el poeta escribió por ella y para ella, encontrará el consuelo, el modo de llevarla junto a él a todas partes: Emilia es la canción. Sopla el levante / las torres de mi Cádiz, la bahía. / Reseca el sol la piel de Andalucía. / Conmigo Emilia va, sueño adelante.

                                                               Manuel López Azorín