domingo, 12 de febrero de 2017

Miguel Ángel Yusta: "Ayer fue sombra"





Miguel Ángel Yusta: Ayer fue sombra




La editorial Lastura ha publicado una nueva edición ampliada  de Ayer fue sombra, de Miguel Ángel Yusta (Zaragoza 1944). Este poemario obtuvo  el VI Premio de Poesía Delegación del Gobierno, patrocinado por la entidad financiera Cajalón en 2009.Libro que publicó en su primera edición (Aqua, 2010) 


En su momento, el jurado dijo: “un poemario escrito en clave autobiográfica que aporta una visión histórica, emocionada y a la vez crítica, pero con una puerta abierta a la esperanza". 


La poeta y profesora María Luisa de la Peña, que ha prologado esta nueva edición  nos dice: “Ayer fue sombra huye de esa imagen de la niñez como paraíso, como patria feliz de la inocencia, la verdad y la belleza. Nos muestra, por el contrario, la dura infancia de los niños que habitaron la posguerra española, niños hambrientos y escuálidos, a los que les robaron la “dulzura de los años irreparables” que decía Jorge Guillén, y el derecho a la ociosidad, a ser perezosos, divertidos,  absurdamente felices y despreocupados. La dictadura destrozó para siempre la infancia de los hijos de los vencidos, e incluso la de sus propios hijos… Crecieron en un mundo de miedos y verdades a medias, de infamias y mentiras. Aquellos niños y niñas que vivieron el franquismo sufrieron la pésima educación nacionalcatólica, basada en la falta total de rigor científico o histórico, de espíritu crítico y de libertad.”

Miguel Ángel Yusta (“Nací por la mañana / un domingo de marzo / de un olvidado invierno de posguerra.”) nos ofrece, en este libro, una muestra de poesía generosa, sin olvido; pero con la delicadeza y la dulzura de los junco abatidos por el viento hostil de la posguerra hasta casi tocar la  tierra (“En las salas, las mantas arrugadas/ con olor a pobreza / guardaban el sudor de los vencidos.”) 

 Juncos que se yerguen, sin embargo, con la dignidad de la fortaleza, de la ternura, del amor y de la esperanza (“Heladoras mañanas de un invierno. / cualquier calle de barrio de cualquier ciudad. / España, años cuarenta del siglo de las guerras.”),  hacia un cielo soñado, esperado, menos azul oscuro (“En la terrible soledad del miedo y la escasez / una madre se afana en la cocina /(…) mientras contiene a solas el rumor de sus lágrimas”).

Un cielo deseado, un cielo más luminoso para todos y, al no tenerlo había que buscar algún modo de evasión. Uno de ellos era aquella luz que , entonces ofrecía el cine, un cine como huida de un tiempo desgarradamente duro donde con él se olvidaba , cuando lo había, hasta el bocadillo de mortadela (“No entendimos, niños de la posguerra, /  por qué éramos distintos/ a los niños de las películas americanas/ felices y contentos.”),o la huida hacia el sueño de un descapotable que solo se podía conducir con la imaginación por ser algo inalcanzable. 

Entretanto:“Estudios sin retorno con sopapos y rosario” dieron paso a la soñada libertad sin permiso: Paris (y la imaginación al poder, que se vio años más tarde.) y con la luz  de la libertad que ya, sin sombra, abraza un ahora que rememora un ayer triste, difícil, incomprensible, repleto de carencias y de una cruel dureza vital, existencial, para todos los que tuvimos que sufrirlo, especialmente para la infancia. “Eran los años duros de soledades grises” y “Corrían tiempos de silencio y miedo”. Y trenes de tercera con asientos de tablas y pobreza.

Un poemario de honda raíz humanista con la inocencia puesta en unos años de amargura, que el poeta con la materia de los sueños que es la memoria (una memoria de dolor y de frío, de asombro y de sombra, entre tanta incomprensión, tanto silencio impuesto, tanto miedo y tantas carencias como se soportaron en aquella interminable posguerra española), nos traslada a un tiempo de “Escaparates con camiones trenes eléctricos bicicleta”, un tiempo de "niños desconocidos"con posibilidad de alcanzar aquellos juguetes, un tiempo de niñez descolorida y de pobreza , un tiempo , en fin, oscuro y al tiempo, como milagro de la niñez, de mirada ilusionada e inocente (aunque andaba la tristeza por sus ropas, sus cuerpos, sus almas.)

Les quedaba la radio, ese medio consuelo de las ondas por el cual se podía soñar (“Por la noche, la radio encendía sus ojitos y sé que nos veía / cuando mi padre regresaba cansado de golpear el viento / y mi madre desenvolvía el papel de estraza de la cena,”) evadirse  por un rato del cansancio, de las necesidades, de la miseria de un tiempo de sufrimiento y silencio.

Y el autor, con mirada de niño a través del recuerdo (“¿Por qué hace tanto frío en los recuerdos / y se diluyen los colores en un gris tan difuso?”), se pregunta: "quién tuvo derecho a robarnos tantas primaveras, / quién prohibió, hasta asfixiarnos, cuanto nos ilusionaba."

Vuelvo de nuevo al prólogo de María Luisa de la Peña  que nos dice: "Desde los versos del poeta, los niños de la posguerra nos miran deseosos de ser escuchados, de ser tenidos en cuenta, de que nadie pase página sin haberla leído antes”. 
Porque tras haber leído estos versos y junto a la memoria, sin olvido, de un tiempo injustamente impuesto que desterró la esperanza, la ilusión y la infancia durante, al menos, 20 años de penurias, de impotencia, de miedo, de silencio porque “ Ayer fue sombra ” verán que  “en las horas de las largas noches / durmió el poema hasta llegar la aurora.” , Y en esa esperada amanecida, inmensamente larga ( “Vienen al fin los días de la luz.”) que es un magnifico colofón para este triste-hermoso libro en el que la memoria (historia personal y colectiva) guarda, preserva, da a conocer, todo aquello que no debe olvidarse.

En definitiva este es un libro de sufrimiento y de amor porque el amor es la luz y la vida. Ya lo ha dicho Miguel Ángel Yusta: “Sin amor no es posible la vida. La poesía lírica descubre los entresijos del alma, hace el mundo más habitable y bello. El poeta dice: “Mirad mi amor, que también es mi sufrimiento, mi grito ante la injusticia o mi deseo de paz”. El amor lo contiene todo." 




Miguel Ángel Yusta es Colaborador desde 1970 del diario Heraldo de Aragón, ha escrito centenares de colaboraciones en diversos medios. Actualmente es responsable de la sección “El rincón de la copla” en dicho diario donde, desde hace años, recopila coplas de autores diversos y suyas propias, habiendo publicado en varios medios, entre ellos el diario El País, y obtenido numerosos premios y reconocimientos con su autoría. 

De su autoría, entre otros muchos trabajos, son los poemarios: Luces y sombras, (Gobierno de Aragón, 1999);  Cancionero de coplas (Olifante 2011) El camino de tu nombre (Quadrivium 2011)  Pavesas del silencio y de la espera (La Fragua del Trovador, 2012, con prólogo de Carlos Alcorta y nota final de Laura Gómez Recas), Amar y callar (Sabara 2013. Prólogo y epílogo de las poetas Luisa Miñana y Laura G. Recas) y De silencio y luz (Prólogo de Joaquín Sánchez Vallés). 



En la editorial Lastura ha publicado también la antología bilingüe  20+1 poemas y el poemario De silencio y luz 
Ha participado en antologías y poemarios colectivos. Algunos de sus textos han sido recogidos en revistas literarias, así como diversos artículos relacionadocon el folckore aragonés y con la copla, con cuya autoría ha obtenido numerosos premios.


A través de su cargo en la Junta Directiva de la Asociación Aragonesa de Escritores, organiza numerosas actividades literarias, presentaciones, ciclos, conferencias etc. Es actualmente director adjunto de la revista literaria Imán, órgano de la Asociación Aragonesa de Escritores.




                                   Manuel López Azorín


miércoles, 8 de febrero de 2017

Francisco Caro "Locus poetarum"





Francisco Caro Locus poetarum

El poeta Francisco Caro (Piedrabuena, 1947. Ciudad Real), presentó ayer un nuevo libro Locus poetarum (Editorial Polibea, Madrid, 2017) y esto que escribo aquí no sé si es una crónica de lo que yo contemplé ayer en el escaso tiempo que estuve en la presentación (irremediablemente tuve que ausentarme), o es una reseña sobre este Locus poetarum (Lugar de los poetas para entendernos mejor) o qué cosa es. Lo cierto es que ha salido así:

El lugar de la poesía (y de los poetas) ayer  siete de enero de 2017, estaba en el sótano (como suele estar casi siempre, que es donde parece que algunos quieren que esté; pero la poesía, a veces, tiene la capacidad del aire y por mucho sótano que la pongan sale como brisa acariciadora, o como viento de furia y se expande por todas parte mal que les pese a los que quieren dejarla -y dejarnos- en el sótano), del Centro de Arte Moderno (Galileo, 52, Madrid). 

Un lugar recogido, de paredes impolutas repleto de poetas (además de los madrugadores que pudieron ocupar las sillas dispuestas para la ocasión, había poetas de pie apoyados en las paredes, los que llegaron a la hora en punto del acto, sentados el suelo ocupando los pocos huecos que quedaban libres para el paso y, los retrasados, sentados también, en el breve pasillo y en todo el tramo de escalera que conduce desde la librería al sótano), poetas  amigos, poetas jóvenes y no tan jóvenes que se acercaron a dar calor , a escuchar , a un poeta tardío que presentaba un nuevo libro de poemas  que, según este poeta, son “apuntes y ejercicios de clase”, una clase, o mejor dicho un curso por trimestres en el que un Maestro  (“Ya en la primera / clase el Maestro / nos hizo una advertencia”) Un Maestro, digo porque me lo dijo el poeta, que es el conjunto de muchos, es decir un Maestro colectivo.

Un Maestro, digo otra vez,  que aconseja ( o simplemente muestra) sobre la poesía tratando de hacer distinguir entre el poeta de voluntad y el poeta verdadero,  para dirigirlo con sus enseñanzas hasta el Locus poetarum  y una vez allí dejar que vuele libre.

Y este alumno de Locus poetarum vino a mostrar su voz, a enseñarnos su aprendizaje, a ofrecernos su palabra pura, verdadera , limpia de nexos para ofrecer el verso más denso, plena de sugerencias, diciendo sin decir para llevarnos a la luz de su palabra, para mostrarnos todos sus referentes (de un Maestro colectivo solo se puede esperar un alumno  con muchos referentes, un alumno que bebe muchas aguas y se sacia con ellas); pero, confiesa este poeta, y lo habrá dicho esta tarde cuando haya empezado a confesar que la mitad de los poemas de Locus poetarúm hace tiempo se amotinaron, tenían prisa por salir a la página y fueron a otros libros del poeta. Arrepentidos hoy y sabiendo que su lugar es este libro regresan, se incorporan, y el padre los recibe y los perdona  como si de hijos pródigos se tratara porque sabe también, que este Locus poetarum es su lugar, el suyo y el de la otra mitad de los poemas que fieles, han permanecido ocultos, junto al padre, hasta el día de hoy (sin contar otros tantos poemas que, por timidez o inseguridad, han declinado acudir a la llamada de publicación y continúan a la sombra del padre que, dadas así las cosas, procurará animarles a vencer la timidez y/o a darles mayor seguridad  en adelante.


Comenzó a las ocho p.m. Habló el editor como suelen hablar los editores, habló el ilustrador de la portada y el interior: Javier Delgado, poco, bien y agradecido. Hermosa acuarela en la portada y retrato del poeta en el interior. Habló el prologuista: José Cereijo que nos dijo haber pagado –con el prólogo– una deuda. Aclaró: "cuando conocí a Francisco Caro me cayó bien, era amable, simpático," dijo. "Más tarde supe que escribía. Lo leí y me dije: y además escribe bien." José Cereijo en el prólogo nos dice que “El poema es una lucha: con las palabras que lo componen en primer lugar, pero también con la realidad misma de la que parte y que aspira a desnudar, a revelar (y lo dice con dos versos de Caro): “Poesía es también y desde Homero / un acto de legítima defensa.”  (“Testigos del suceso,/  de la espera,/ vinieron a ofrecerse /los pronombres// entonces derramaron / sobre los folios sal, / labios, azul, contigos.)


Tomó la palabra Rafael Soler que ejercía de presentador de este poeta tardío que sin prisa pero sin pausa ha sabido ganarse amigos y espacio en un lugar (este de los poetas) poco amigo de cederlo; pero Francisco Caro es verdadero como persona y como poeta, un poeta que gusta de Blas de Otero como referencia y que, al tiempo, aprende de todos los poetas desde el nacimiento de la poesía hasta hoy mismo.
Cuando Soler hablaba del lugar de los poetas, cuando nos decía que Caro  era un poeta verdadero, cuando nos contaba que en Locus poetarum  estaba el homenaje  de Caro a los poetas que le han servido para escribir…tuve que ausentarme, lo hice casi saltando por encima de los que se hallaban sentados en el suelo y ocupando todo el tramo de escalera que conduce a la planta de calle.


No pude quedarme para escuchar al amigo, al poeta verdadero que es Francisco Caro, pero yo sé bien que este poeta, de un modo u otro nunca me decepciona porque, ya lo he dicho en otras ocasiones: cuando escribe y toca lo erótico, saber manejar con precisión y elegancia la sugerencia y la desnudez directa y enllamararla (Plural de sed), como sabe igualmente hacer hondas reflexiones sobre lo poético y lo vital (Cuerpo, casa partida ),o escribir la mirada del hombre sobre los instantes y sobre los espacios (Paisaje en tercera persona, 2010), o ejercitarse en un múltiple desdoblamiento para mostrarnos una poesía humana repleta de historia, de cultura y de vida fundidas entre sí,(Cuaderno de Bocaccio, 2010) o como en este caso de Locus poetarum , mostrarnos que un poeta verdadero, también es  juego y rigor, divertimento y reflexión, técnica y emoción, cerebro y corazón dándonos su visión de lo que debe ser la poesía  y dónde debe estar el lugar de los poetas… y ahora cuando lea este Locus poetarun detenidamente a lo mejor escribo algo.     
                                                          
                                                            Manuel López Azorín


miércoles, 1 de febrero de 2017

Salomé Ortega: "El silencio de la luz"




Salomé Ortega: El silencio de la luz





Salomé Ortega nació en Campo de Cámara, Granada aunque se trasladó a Madrid siendo muy niña.
Obtuvo el prestigioso Certamen internacional Encarna León de la ciudad de Melilla por su libro  La alfombra de la palmera y la media luna  (2008), que,según palabras de José Antonio Marina es  “una protesta bella y terrible”.

Ha publicado poesía y narrativa y tanto en una como en otra Salomé posee un lenguaje lírico y transparente, un lenguaje que se mueve entre lo onírico y lo real, es sugerente, de gran claridad y sencillez emocional y capta las sensaciones de tal modo que su escritura se convierte en un lenguaje rico en el concepto y en la forma.

Hace un tiempo Salomé me envió, El silencio de la luz, su último libro hasta la fecha, publicado por Pigmalión ,con Basilio Rodríguez Cañada al cuidado de la edición.

“Comienza el día / vestido de poesía, / muestra el amanecer / como principio de un verso.”
 
Cuando escribí la introducción que acompaña su libro El frío que me vela (2010), ya dije de ella, de su quehacer literario lo siguiente: Leer a Salomé es llenarse de una luz distinta porque su voz es singularmente plural.
Nombrar con amor el mundo, los pensamientos, los sentimientos, darles vida a través de las palabras, como atesorando saberes de filosofía oriental al tiempo que, también, con esa filosofía senequista que simboliza al pueblo.

“Un poema/ simplemente brota, / vibra en la cuerda / de colgar la ropa, / en un verso / de agua mojado, / en la memoria de un sonido / o el resplandor de un olvido, / en la presencia de un abandono / o en el vértigo de un pensamiento, / en la herida azul de un manantial / o en la sigilosa nieve ,/ pisada por el paso de una sombra.”

Y es que en la escritura de Salomé Ortega, ya sea prosa ya sea, lírica. se percibe, se siente el sonido de un agua poética que es como un rumor de suave manantial, y esta agua es la poesía que calma la sed, que no sé si salva pero alivia, en su rumor. En ella se escucha el latido de la vida (“Caminar seguro, / con la lámpara / de la conciencia”), el susurro del tiempo (“No me fío de la vida / cualquier día, / me entregará a la muerte”), el murmullo de la soledad y de la duda (“Incertidumbre divina, / certeza de la duda”),  el sonido del amor (“ Al vestido azul, /hecho de cielo,/ un rayo de luna / le cruza el escote. /Lo luzco de sol, solo para ti.”),la tristeza de la denuncia (“Ni tan siquiera la luz / alumbra un destello de cordura  / en los abismos humanos”), la confesión (“Desenredando el yo / libero el soy”), el testimonio y la búsqueda, siempre, de la luz (“La sombra se ruboriza / ante la presencia de la luz”), y el silencio porque “ el enigma de un verso / lo escribe el silencio”.

Salomé Ortega  con su enorme lirismo al tiempo que su sencillez y su claridad expresiva nos ofrece un camino en el que la incertidumbre , la duda, la derrota toman conciencia de la fugacidad de la vida y al tiempo que reflexiona nos dice:“Errante por los libros, / pulula el polvo, / dormido en la memoria olvidada / de quien los escribió”


Mientras tanto, por la página escrita, la vida ya, literatura impresa, alarga la memoria, alarga el tiempo y el "frío del olvido" (el frío que vela a Salomé, como decía yo en la introducción de aquel libro) se desvanece y se transforma en otra vida, en otro tiempo ya sin tiempo, con la palabra escrita.

El silencio de la luz, ahora, es la búsqueda del conocimiento y de las emociones. Y son una reflexión sobre el tiempo y el espacio que, como dice Luis Eduardo Aute en el prólogo, son “la sucesión de claroscuros y ruidosos silencios, que trazan el itinerario a ninguna parte de la aventura de la vida.”
 
Un libro El silencio de la luz con poemas breves pero esenciales y claros, y poemas en prosa de un hermosísimo lirismo. Todos de una pasmosa luminosidad. Algunos poemas son como aforismos, otros se asemejan al bordón de la seguidilla pero en verso blanco (que es, en su medida, como el haiku), y algunos otros son emocionales y precisos como sentencias senequistas.

Sus temática, tan reflexiva a veces, es amorosa, existencial, de testimonio, de denuncia, de conciencia para desenredar  e l otro que se es  y liberarse así: “Desenredando el yo libero el soy” -decía más arriba- de todas las derrotas que suponen la búsqueda de una luz, tanto vital como poética, que solo tal vez llegue a encontrar a través de los sueños y quizá la halle a través de espacio y el tiempo de la poeta en esta aventura de realidad y deseo que supone la vida.           

De ella, de su obra  se ha dicho:
Sobre La sabia insinuación de las cosas (1999) Luis Landero dijo que “es una verdadera fiesta para los sentidos” y Miguel Delibes declaró que “ es una obra llena de expresividad”



Sobre Perdí las estrellas (2008), según Antonio Colinas: “ es uno de los libros más bellos que se han escrito”

Sobre El frío que me vela  (2010) Luis García Montero, que presentó junto a mí y Pepe Viyuela este libro en Ámbito Cultural,Dijo: “es un hermosísimo libro”






De  El silencio de la luz les digo yo que Salomé Ortega nos ofrece la reflexión y la emoción  a través de un mundo de sensaciones pleno de belleza poética.


                           Manuel López Azorín






martes, 24 de enero de 2017

Julio Santiago: "Tales retales"




 
Julio Santiago: Tales retales





Tales retales. Cuadernos del Laberinto. Madrid, 2016 , de  Julio Santiago dijo el año 2015 que se tomaría un tiempo sabático para meditar y encauzar su escritura (no sabía si su pintura también, aunque hace unos día hablando con él, me comentó que lo que más hacía era pintar)
Pues bien aunque veamos un nuevo libro publicado de Julio Santiago a finales de 2016, él no ha dejado de cumplir su propósito de meditación .
Este libro es la consecuencia de muchos poemas que en libros anteriores no habían formado parte (publicada) de ellos. Poemas que Julio fue dejando a un lado y que en este tiempo sabático y supongo que ante la propuesta editorial de publicación, decidió reunirlos en Tales retales.

Un libro como los últimos de Julio Santiago de poesía (sonrisa) vertical, con versos fálicos y vaginales puestos en pie, finos por su ironías, su sarcasmo, su gran libertad de expresión, su doble sentido y, de fondo, su honda reflexión, confesional en Ulo-Ago, y en muchos de los  verticales versos de su “poesía depilada”, una  poesía de metáfora, de aforismo y de moraleja que muchos comparten y leen con agrado y que otros  no valoran. Unos y otros  no se quedan indiferentes cuando Julio publica un nuevo libro y como dice la autora del prólogo Mª Paz de Braganza: Con su eterna juventud, acrecentada por su absoluta libertad de expresión, unida a su ya extensa obra literaria, Julio Santiago se ha convertido en un referente primordial e inevitable de la poesía contemporánea española.”

Santiago, Julio Miajadas 1975(Cáceres), ha publicado ya casi una veintena de libros , entre otros destaco Beso en verso (1998), Risa bajo el ombligo (2000), Neruda desnuda (2003), De canela y verso (2006), Azul y azul (2009), Poesía depilada I y II (2009 y 2011),

Mis amantes por partes (2010), 

Ulo Ago(2011), 


Irotismos (Monosabio/Ayuntamiento de Málaga, 2011), Rojo y Eva (Colección Julio Santiago/Absurda Fábula, 2012), 


Wersículos. Poemas para el wc (2013). Tratados (2014). La mayoría de estos libros están reseñados en este blog, y quiero citar también el libro que publicó Julio  con inéditos de Gloria Fuertes  titulado Derecho de pasión. (2008)


Julio Santiago se ha convertido para muchos en un referente y para otros en un repelente de la joven poesía española, pero esto es lo hermoso de la diversidad de la poesía. Una y diversa y libre y después, cada lector que elija. Personas como Antonio Gala, Gloria Fuertes, Rafael Montesinos, José Hierro, José Saramago, Mills Fox Edgerton y Luis Eduardo Aute..., han elegido y han aplaudido y destacado la obra de este autor a lo largo de estos últimos veinte años, por su originalidad, capacidad crítica y gran sentido del humor.


Julio Santiago con Mill Fox  Edgerton

De Tales retales, su último libro, nos dice Antonio Gala: "La nueva obra de mi admirado y querido amigo Julio Santiago, puede ser lo último que lea o me lean. Me deja un buen sabor de boca antes de partir... Julio es indomable, nada ni nadie le coarta su personal y siempre original libertad de expresión. Es un corte de manga continuo a las formas y esencias manidas y predecibles de las artes que cultiva. Su gran capacidad de observación, análisis, reflexión y humor me llevan a un estado de paz, serenidad, bienestar conmigo y con el medio. Me ha hecho reír y pensar desde que le conocí hace más de veinte años de la mano de nuestra inolvidable y común amiga Gloria Fuertes. Gracias por tu forma de contarme y agradarme la vida."

Igualmente, Luis Eduardo Aute comenta:"El poeta, pintor, amigo, amante, humano, humanista, libre, liberador..., mi querido Julio Santiago, nos regala otra entrega de su peculiar e inigualable poesía depilada: Tales retales. Un libro poblado de jugosas reflexiones sobre el sinsentido de la vida y todos sus aledaños emocionales, no carente de un humor irónico y absurdo. Bálsamo recomendable para mejorar la actitud frente al breve tiempo que se nos ha concedido para ser felices. ¡Enhorabuena de nuevo!"


La catedrática Mª Paz de Braganza, en relación a  los poemas de este libro y a su título, que como dije al principio  son una recopilación de poemas escritos con anterioridad, pero no incluidos en libros anteriores,  nos dice: “Los ha ido compilando, cosiendo y dando forma, hasta conseguir este traje, recordando una expresión de su abuela materna: De retales se hace un traje de lujo. (…)  "Tales Retales" es un traje poético que no nos podemos dejar de poner si deseamos, como último objetivo, la felicidad.



Julio Santiago celebrará su 42º cumpleaños presentando Tales retales acompañado de su editora Alicia Arés y del poeta y cantautor Juanlu Mora.

El evento tendrá lugar el viernes día 27 de enero, a las 21:00 horas, en el Café La Fídula, C/ Huertas, 57, de Madrid.

Habrá grandes sorpresas y un cóctel para todos los asistentes.
Yo, finalmente, tengo que perdérmelo, pero vosotros no os lo perdáis. Julio Santiago además de todo lo dicho es una excelente persona y os recibirá con los brazos abiertos. Muchas felicidades amigo Julio!!

                                                    Manuel López Azorín

lunes, 9 de enero de 2017

Charo Fuentes: "Fueron un tiempo"



Charo Fuentes: Fueron un tiempo





Charo Fuentes (Cascante, Navarra, 1943), es  Licenciada en Historia y Humanidades Modernas  por la Universidad de Navarra, posee estudios de Filología Románica por la Universidad Complutense de Madrid. Colaboradora en distintos medios y revistas, figura en antologías poéticas de Madrid y Navarra y en Emakume Olerkariak, Poetas vascas.

No conocía la poesía de Charo Fuentes aunque si me habían comentado que se había dedicado a organizar eventos culturales en Pamplona, Madrid, Barcelona y no recuerdo bien si también en Granada.

Hace unos meses Charo Fuentes me envió su libro Fueron un tiempo publicado por el Grupo Literario Traslapuente (Navarra, 2016), acompañado de una nota diciéndome que una amiga común le había dado mi dirección para poder enviármelo. El verano y un obligado cese de actividades este año, me impidió acudir a este blog con diferentes libros  que se fueron amontonando ya que desde junio, hasta primeros de diciembre no había podido hacer nada en él. Intentaré ir hablando de ellos poco a poco.

Fueron un tiempo es un libro que reflexiona sobre el amor el tiempo y la muerte. Son temas universales que siempre andan presentes en la historia de la poesía y del poeta ya sea hombre  o mujer, como es en este caso. En el prólogo, Charo Fuentes nos dice que “este poemario es intemporal pero está atravesado por el tiempo y por la visión vital del hombre” Son poemas que- nos dice también- están sujetos a un tiempo extenso que abarca desde 1994 hasta 2016 y que se ha detenido en el barroco porque piensa que tenemos muchas cosas en común con esa etapa: “el culto a la imagen y la apariencia; el ascenso y descenso social; la crisis económica y política; el exceso y la conciencia de la fugacidad,” no como tema de este libro sino como motivo frente a la fugacidad de la vida y también en la desilusión que acompaña a la inestabilidad del mundo contemporáneo. Su título, precisamente, lo toma del poeta barroco Rodrigo Caro, autor de del poema “Canción a las ruinas de Itálica” 


Fueron un tiempo está dividido en tres secciones o apartados: 
I.-Del tiempo. Este apartado formado por quince poemas lo inicia con un poema titulado “Escribir”:
“Escribir un poema como / un rastro de este vuelo, como / de humo o estela o chirrido / o frenazo a aterrizaje / a la silla pegados / desplegados / o tierra /// Escribir un mensaje / para dejarlo ir en flotación al aire   A este le siguen poemas con citas en relación con él, de Lope, de Góngora, de San Juan de la Cruz. Charo fuentes nos muestra, con su meditación sobre el tiempo y su fugacidad, su visión vital.

II.- Del amor. Escritos a la manera clásica con predominio del soneto ya endecasílabo ya alejandrinos, en este apartado del amor me detengo en un soneto titulado “Telefonía” al que Charo Fuentes acompaña con una cita de Pepe Hierro, la cita pertenece al libro Agenda (Ediciones Prensa de la ciudad. Madrid, 1991) y concretamente al poema titulado “Don Antonio Machado tacha de su agenda un número de teléfono” un poema que hace alusión al tiempo y al olvido y que a Charo fuentes le sirve para abordar ese tema y decirnos en el primer terceto:
“Tacha, tacha el teléfono de ese
pasado amor, rodó como las hojas
Que el juego cese ya, que el juego cese”

III.-De la muerte. Charo Fuentes, al tiempo que reflexiona sobre la temática de este apartado, rinde aquí homenaje a poetas ya desaparecidos como Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Carmen Conde, Miguel Hernández, Leopoldo de Luis, y también a personas conocidas por ella. De Carmen conde nos dice  con relación a su labor poética y editora:
“¿Qué tapiz, mujer brava, diste al tiempo, o que  
andariegas manos dejan mortales su inmortalidad en
puntadas de letras que edifican sueños inmortales o
libros hechos?”

Tres apartados, escritos el primero y el tercero en verso blanco o silvas y el segundo  a la manera clásica.
En todos los apartados encontramos citas, en muchos poemas,  de los poetas clásicos de ayer y de hoy.
Un libro, en fin, de pérdidas, en el que la reflexión sobre el tiempo sucedido y el que se sucede ahora, el amor o desamor vividos y  la muerte, inevitable final del ser, como homenaje a las personas seleccionadas por la autora, nos deja su poso de nostalgia, denuncia y amor por la vida y por la literatura. 
Y tras leerlo nos quedamos como Charo fuentes se queda en el poema dedicado a Leopoldo de Luis que es una silva dirigida al hijo de leopoldo Jorge Urrutia y que concluye diciendo: "Estoy un poco triste, déjame que te mande / mi pena, mi amistad, mi testimonio" (Una tristeza serena porque sabemos que la vida llega, pasa y cesa y por la confianza de lo bien hecho y de lo bien escrito)

 Libros anteriores de Charo Fuentes son Uvas torrenciales (Torremozas. Madrid, 1986), donde el que fue director de la colección Adonais, tras dejarlo Jose Luis Cano, el poeta Luis Jiménez Martos, destaca en el preámbulo de este libro el vitalismo de la autora con una poesía "fibrosa, directa, respirable, agitada". Y cuatro años más tarde publicó Con un papagayo verde (Orígenes. Madrid, 1990), prologado por mi querido amigo y poeta recordado siempre, Leopoldo de Luis
También ha escrito trabajos de investigación junto a Tomás Yerro: el estudio literario Río Arga, revista poética navarra: estudio y antología (Cizur Mayor, Navarra, edición del autor, 1988), y teatro: Miguel Hernández, poeta español,  obra que, por encargo del Ayuntamiento de Cascante, su localidad natal, escribió y actuó cuando se representó en la Casa de Cultura y en el Centro Cultural Avenida con motivo del centenario del poeta de Orihuela.


                                          Manuel López Azorín

miércoles, 4 de enero de 2017

Nicolás del Hierro: Nota quisiera ser de cuanto sueño"



Nicolás del Hierro: Nota quisiera ser de cuanto sueño



Nicolás del Hierro (Piedrabuena,Ciudad Real, 1934), poeta, escritor, guionista y crítico literario,  reside en Madrid desde los veinte años  y nos ofrece ahora su última entrega poética: Nota quisiera ser de cuanto sueño.  (Lastura ediciones, Ocaña, Toledo, 2016). A sus 82 años Nicolás  parece estar más creativo que nunca y no deja de sorprendernos  con nuevas entregas cada poco tiempo. Él suele decir que como ya va camino de “su todo”  tiene prisa, una prisa "poetico-existencial" en escribir y denunciarse: “Escribo y me denuncio, me condeno, / mi ordenador es el pecado / mi dolor el dominio de las formas / todo mi sentimiento queda escrito / en las querellas del enojo. (…) Y temo, dudo casi siempre” y escribe, escribe, escribe... porque sé  que después de haber escrito este poemario, ha escrito otro que también será de calidad, como todo lo que escribe. Nicolás  me habló de él como de ese niño guapo que todo padre ve en su hijo diciéndome: "es un defecto lírico-sanguíneo" y seguro, seguro, que es guapo.
Nota quisiera ser de cuanto sueño comienza con un poema en cursiva  a modo de preludio y aun con la tercera persona como narradora de esta reflexión, nos encontramos  con un encubierto sujeto poético que nos ofrece una declaración íntima, confesional, de intenciones, y el deseo de hallar por fin, de modo general, el amor de la libertad y, de manera personal lo anterior y la luz que busca desde siempre en su palabra, en su verso. Nicolás siente que el paisaje, tanto personal como colectivo, esta “manchado y gris” “se diría que el cielo anubarrado / presagia tormenta”.

Él es un hombre, un poeta, que  observa y que duda, un poeta que siempre, lo ha dicho muchas veces, es en su escritura algo trágico  porque está fundamentada en el pensamiento de lo perdido. “Observa, duda el hombre,/ pero aun así / su ánimo es camino, / es todo pensamiento.”

Nicolás del Hierro cobija su memoria  en las temáticas Tierra, raíz, origen, infancia, por un lado y por otro, en la crítica social donde da testimonio de un mundo y de unos comportamientos del hombre que no le gustan,  “Otea el horizonte de la vida / y la actualidad no ofrece / sonrisas por la calle. Decepción / y desengaño son las prendas / que los diseñadores más astutos /  confeccionaron para el pueblo.”  en definitiva nos escribe de un pasado a veces duro y también de un presente inhóspito y es que el poeta y el hombre Nicolas del Hierro es amigo de la palabra amor y aunque le llamen iluso o "Quijote en granazón, por todo el universo", va dejando su grito, por si acaso, en esta calle de la página escrita. 

Y aunque a veces el desánimo le haga mella y se pregunte "¿De qué nos sirve un verso, / de qué vale un poema / frente a la roja singladura / de la fragua que funde los laureles / del humano valor entre los hombres? (...) ¿De qué nos vale un verso...?
Hay desaliento en su voz y tristeza por el hombre, pero también hay esperanza porque a pesar de todo Nicolás cree en el hombre, por ello va siempre asido a la esperanza.

Francisco Caro (Dcha) con Nicolás del Hierro
El poeta Francisco Caro en un artículo publicado en Lanza digital  dijo de él que: “La mirada poética y humana de Nicolás nació y ha crecido a la altura de los hombres, del dolor de los hombres, y de su dignidad.(…) Tiene por ello la misma querencia que los metales. Ama lo rojo porque la voz busca forja, porque busca la forma, la mano hacedora que la perfile y la someta.”

En su manera de decir Nicolás del Hierro hace hermoso todo lo que toca, ya desde la nostalgia, ya desde la crítica social, ya desde la reflexión, nos ofrece siempre una poesía serena, suave, como de brisa (aunque a veces sea producto de tormentas) y es que Nicolás es un poeta comedido, sencillo... un hombre bueno que decía el maestro Machado.El hombre, pueblo llano, / se vistió esta mañana con la humilde / camisa de la espera y la esperanza; / pero ahora, camino de su todo,/  cuando observa el contraste de las formas, / piensa que los expertos le mintieron, / y su esperanza ya no es verde”
Un poeta con la humildad de los que dudan, temen... y la grandeza de los que temen y dudan. Su poesía le nace siempre de dentro, del corazón, de las entrañas, de la necesidad de contar y cantar a la raíz y al hombre.
La esperanza, y esa voz roja con todos los colores de un humanismo de concordia,  por más que   las sombras cerquen en ocasiones la vida, sigue habitando en Nicolás del  Hierro. “Por eso escribe su impresión, / vuelve a ser otra vez el que persigue / con la palabra su tesoro / y del amor la libertad: / sabe que en el poeta, y en su verso,/ está la luz que busca desde siempre.

De modo que Nicolás del Hierro un hombre, un poeta, que nos dice que envidia sanamente “a quien desde las Aulas / en la Universidad, tuvieron, / tienen y hacen escala, son peldaño,/ para sus ilusiones más honestas” y que su caso fue distinto. “Yo bebí de  los libros la vida,/ surgí del trampolín de la existencia. / Estoy acostumbrado a ser el todo / de la nada más pura, ser el hombre / que prende su cordura ante la historia” 
Un poeta que nos dice, con la nobleza  y la modestia que siempre ha llevado consigo, que  él ha tenido que hacerse a sí mismo, se merece un gran respeto y admiración por ello y también merece que le recordemos que Leopoldo de Luis o José Hierro (entre otros), grandísimos poetas, también se hicieron a sí mismos o dicho con palabras de Nicolás:“(Ellos también bebieron) de los libros de la vida”. Dos hombres dos poetas como tú Nicolás del Hierro, hombre solidario en tu verso que “A veces / quisiera(s) ser muralla de presidio/ y encadenar  el viento más inmundo”, sí el viento de los hipócritas, el viento de los que manejas las guerras a su interés, el viento de los que impiden el paso a los refugiados, el viento de los dueños del “poderoso caballero” quevediano, el viento, en fin, de ese darle la espalda a lo que no se quiere ver. 

No, Nicolás, con su ritmo afable, sereno, comedido, de endecasílabos que se alternan con heptasílabos ya en verso blanco ya en estrofa más clásica, plenos todos de armoniosa cadencia  nos dice “No, yo no quiero entrar en los destinos / que me oculten los sueños” y es que Nicolás lo que quisiera es: “Nota querría ser de cuanto sueñ(a)”  y también: “encontrar algún amigo / con quien participar de su palabra” y de este modo caminar , vivir,  sentir, amar, escribir que: “(Su) parcela mayor está en la vida,”
Debo decirte, Nicolás, que amigos tienes  y lectores también.                                                         
                                                               Manuel López Azorín