sábado, 19 de abril de 2014

Rafael Soler: Ácido almibar




Rafael Soler: Ácido Almibar



Rafael Soler (Valencia 1947), es un poeta que con cuatro libros (si contamos el prim ero y es obligado contarlo aunque de éste Los sitios interiores (Sonata urgente), Adonais, 1980, al segundo Maneras de volver (2009  ), pasaran casi treinta años, después llegó Las cartas que debía (20011), y ahora Ácido almíbar (2014) Poemarios que, con excepción del primero que fue editado por  la Ediciones  Rialp,  los demás han sido publicados por Pablo Méndez en su Colección Baños del Carmen de Editorial Vitruvio.

 

Decía que Rafael Soler con cuatro poemarios, además de su narrativa,  ha conseguido situarse en un destacadísimo lugar del panorama  poético hispanohablante. Ácido almíbar, su último poemario, me parece un libro intenso y brillante  que nos muestra una personalísima voz  sutil, desconcertante, irónica… Sus poemas nos ofrecen asombro  y nos muestra en ellos su visión de la vida,  su gozo y su crudeza, en definitiva Ácido almíbar  es una excelente y honda reflexión sobre la vida desde el nacer al morir porque "la vida siempre nos ofrece una cosa y lo contrario". Y todo ello contado desde la metafísica del alma que es la poesía.

Rafael Soler no es un poeta sujeto a la norma, aunque la norma ande interiorizada en él y porque sabe bien que la Poesía sin ella no es poesía; pero también sabe que la (eso me lo decía siempre Claudio Rodríguez) innovación solo se consigue en la búsqueda, es como tratar los temas de siempre pero haciendo, especialmente con el lenguaje, que éstos parezcan nuevos y Soler es un poeta que innova. Tal vez por esa contradicción poética que es Ácido almíbar, poresta razón, el poeta de Arcos, Antonio Hernández le haya calificado de poeta "extraordinario".


Como persona, además, es afable y acogedora, un hombre que sabe escuchar y que se interesa por lo que le cuentas, extraordinario en los tiempos que corren no ya solo en el ámbito de la poesía sino en cualquiera. Rafael Soler es el hombre amable que trata de cuidar al cuidador y se agradece infinito; pero el cuidador, imbuido en su problemática, no se deja cuidar aunque nunca se olvide de su generosa intención.
Si su talante es elogiado por muchos su modo de escribir poesía también, antes hablaba de Antonio Hernández, pero también de Jaime Siles y Luis Alberto de Cuenca que han dado cuenta en público de este Ácido almíbar tan personal en el que Rafael Soler nos cuenta el qué y el  cómo de la existencia entre ese instante en que se  nace: ahora que alzándote de nalgas / a un vacío sin fin te precipitan.
 

Y tras esta reflexión que pertenece al apartado Quédate a los títulos de crédito,  cuatro secciones :Galería de afines y cercanos,  Retrato de dos para ninguno,  El público siempre tose en lo mejor, donde con humor, nos habla de bebedores en la  madrugada y una hora menos  como en Canarias para tener un poco más de tiempo, en el poema Hábitos estables para alcanzar el día y ¿Quién anda por ahí?,  
La sexta sección Caso cerrado nos lleva hasta el momento antes de la muerte, ese en el quisiéramos poner estos versos en práctica:Finge dormir / finge que finges dormir / finge si quieres que fingiendo dormir /pospones el tiempo que no queda (…) y la muerte dejará de molestarte


Según palabras de Rafael Soler los poemas de  este  libro pretenden ser brochazos  de lo vivido,  brochazos de sus recuerdos, que la vida no es cómo la vives – lo decía  Gabriel García Márquez que nos acaba de dejar – sino cómo la recuerdas. Por esa razón el inicio es el poema Parto a término, es decir, primero nos nacen y luego nos mueren, querámoslo  o no, por más que nos empeñemos en pedir una prórroga.

Rafael Soler nos regala una sección más, la séptima, con un único poema a modo de ruego, petición, deseo, tal vez sueño,  que titula  Que otra luz exista: Ahora toca santiguarse con un mapa / y renunciar al menú de los templados / al aire perfumado de los parques / al pan en su alacena // a  ese domingo redentor / que dicen te aleja de la muerte // y salir / por una vez salir / al encuentro de los que no volviero

Una poesía la de Rafael Soler en este poemario que sorprende por su canallesca elegancia, por su acidez honda y vital en la cuestión de fondo, por ese almíbar que en ocasiones nos ofrece la vida, ese que nos gratifica por un tiempo en las acciones, los gestos, las palabras… y lo hace a través de unos versos profundamente reflexivos sobre la vida y sobre la muerte, versos que nos ofrece de dos modos, con dos caras, unos  son como golpes en el estómago, que tocan los sentidos y nos dejan herida de navajas por el pecho henchido de dolorosa, ácida y  emocionante emoción, otros son versos de humor, de ironía, de desconcertante sorpresa, versos que ligan un lenguaje de pensamiento, algo surrealista, con cierto aire de misterio críptico… versos, los de uno y otro modo, que crean un cierto desorden para ordenarse en la fascinación que produce su lectura, versos , en fin, que muestran la declaración de intenciones de un muy buen poeta que sabe zarandearnos con su ácido metafísico y proporcionarnos el almíbar de la sonrisa al tiempo que nos conduce a la aceptación de la vida con su cara y su envés, recordando vivencias, con palabras cargadas de belleza y de luz.



viernes, 11 de abril de 2014

Pascual Izquierdo: Alba y ocaso de la luz y los pétalos









Pascual Izquierdo: Alba y ocaso de la luz y los pétalos








Pascual Izquierdo filólogo, poeta,enayista, escritor de narrativa, libros de viajes, guías etc. nos ofrece un nuevo poemario tras ocho años de silencio poético en cuanto a publicar poesía se refiere. Su último poemario publicado fue en 2005, y su título Del otoño tardío (Cátedra ). 



En su faceta más íntima, este poeta  nos trae ahora Alba y ocaso de la luz y los pétalos, un libro en el que nos habla de la belleza, del tiempo, del amor,  y del sentimiento de su ausencia. Este poemario ha sido el ganador del XVI Premio de Poesía Flor de Jara, convocado por la Diputación de Cáceres.
Este premio se une a otros como el Premio de Poesía Religiosa San Lesmes  (reconvertido en Premio de Poesía Ciudad de Burgos),  por su libro La exactitud de las catedrales  (1974)  que fue su primer poemario.  A este le siguieron otros como Retrospección y apocalipsis en la tierra castellana (1980), Cisne y telaraña (1985), En este fin de siglo (1990), Versos de luna y polen(1992), Pasillo para aguas, aves y vientos (1993) y  Del Otoño tardío (2005)  Pero además de estos poemarios publicados Pascual Izquierdo tiene otros tantos inéditos a la espera de poder ver la luz de la imprenta y convertirse ya en versos impresos. Páginas de lectura para los amigos de la poesía.

En Alba y ocaso de la luz y los pétalos, Pascual Izquierdo realiza un viaje por el amor, la belleza y el tiempo, un viaje que dura un día  y a lo largo de éste, desde el alba hasta el ocaso, va mostrándonos las diferentes fases del amor, su inicio o  nacimiento en la aurora del día, su pasión explosiva, su plenitud de mediodía, el apagamiento  de esa plenitud hacia el ocaso y la ausencia de él, como final del día.
La primera parte titulada “Presencia” a su vez está dividida en cuatro apartados: Inminencia (7 poemas), como presentimiento  y deseo de la llegada del amor: No  tengo, / ángulos,  /ni arpas, / ni desvanes antiguos. /// Sólo tu inminencia (…) Sólo el íntimo deseo / de que empiecen /  tus pasos  / a bajar  muy lentamente / los peldaños / limítrofes / del alba.

El segundo de los apartados de “Presencia” es el nacimiento, es Albor( 15 poemas) , y comienza con un lírico y hermoso poema titulado “ Crisálida”: Todavía no mar, pero sí lágrima /  que empieza su estallido. (…) Silueta no posees todavía / pero ya eres crisálida / que inaugura el asombro del hielo. Y el sujeto poético de este paseo por el amor  nos muestra que ya está con él, que existe: Existes. /  Todos los pétalos / acaban de pronunciar tu nombre (…) Has florecido / felizmente asomada a la mañana. Y tras el primer temblor, después de los primeros besos siente que ese amor se encuentra entre los intersticios del instante, pletórico y presente  en la luz y los espejos, pero también sabe que este amor es equidistancia y lejanía, porque el amor es un misterio impenetrable  que se aloja en la habitación del aire, el amor puede ser pájaro y sombra y también un lugar para encontrarlo
Plenitud (13 poemas),  es el apartado tercero de “Presencia” y en él, el amor es polen y estambres / Pétalo de aromas y sustancias./ Gota de lluvia y aguacero. Un amor lleno de enigmas, de secretos,  en el que se busca la sabiduría y la contemplación navegando con el por el tiempo y, entretanto,  el amor está lleno de luz y mediodía, y es esencia fluvial y transparente, eje de simetría y… mortal: Cuantas lunas emergen / al fondo de tus ciénagas
Y Acabamiento ( 6 poemas), cuarta y última parte de “Presencia” que comienza con un deseo: Tan sólo poseer /  los arrabales de la sombra / que refleja tu luz en los espejos. Pero ya no parece posible, el tiempo ha roto las vidrieras y el amor está ahora  entre rosa y naufragio, exhalando un  perfume de crepúsculo pues ya no es mediodía  sino principio de ausencia.


La segunda parte de este poemario se titula, precisamente, “Ausencia”  y está compuesta por trece poemas. En ella el sujeto poético reflexiona sobre la fugacidad del amor: Se ha posado en tus ojos el silencio. Y el amor parece ahora un pronombre apagado y ausente. Y todo es ya evocar otro tiempo, abrazar en la memoria la luz huida, su perenne presencia convertida ahora en lejanía, en ausencia  y se pregunta: Cómo apagar el eco de tu voz (…) Cómo quitar tu nombre / de los mapas lluviosos.

Y advierte   que quiere  apagar el presente como si fuera posible rescatar el pasado, la ausencia, lo sucedido, el tiempo.  El tiempo, como el amor, sólo dejan huellas, del recuerdo, del olvido…porque el tiempo hace que las huellas se diluyan con él.  Entonces se apagan las constelaciones, mueren las luciérnaga, y los pronombres. Pero la luz de una estrella, ya apagada en la lejanía, como milagro del tiempo llega  hasta el alba y todo se renace: Como el alba, te asomas / Como enagua floreces. (…) Como pájaro fugaz, / te posas / en los últimos signos del instante. / Como gota de rocío, / te evapora la tarde. ¿espejismo del tiempo? ¿Sueño que la vida sueña en su efímero vivir?  El amor, la belleza, el tiempo, la presencia y la ausencia, la vida…

Pascual Izquierdo es poeta, un poeta que os aseguro es necesario leer por su precisión de lenguaje rico en lirismo y este Alba y ocaso de la luz y los pétalos, anda pleno de lirismo en su belleza triste, como desamparado  por el amor y por el tiempo de esta romántica historia con una cierta tristeza pero con tono vital y riqueza léxica y metafórica que unida a la cadencia, al ritmo de sus versos, a su música interna, a sus imágenes, a su unidad temática y de estilo, a su apropiado campo semántico, atrapa y sorprende desde el primer poema desde que se intuye al amor, desde antes de que nazca, desde que se inicia y hasta su  acabamiento y ausencia. Un reloj de sol que nos refleja la luz desde la aurora hasta el ocaso, como si de un día, y el tiempo que este dura se tratase.
En fin una hermosa y lírica reflexión sobre el amor  en la que el gozo de su presencia y el dolor de su ausencia  muestran  su fortaleza y su debilidad a través de un día, metáfora del tiempo,  efímero en el hombre, la vida y el amor.






sábado, 22 de marzo de 2014

Memoria poética. José Luis Morales: Colonizado por la poesia





Memoria   poética

José Luis Morales: Colonizado por la poesía


No sé cuánto años hace que José Luis Morales y yo nos conocemos; pero como el tiempo es algo relativo, solo nos  sirve para medir lo inmedible y a la vez tratar de hacerlo con nuestro paso por aquí, tampoco tiene tanta importancia. El caso es que este poeta manchego, por nacimiento, afincado en Madrid desde jovencito, y yo, nos hemos leído, visto y hablado en muchas ocasiones y creo recordar que desde los años noventa (o quizá antes, no sé), sabemos el uno del otro. Fue en Pozuelo de Alarcón dode José Luis y Pedro A. González Moreno se encargaban del “Aula Literaria Gerardo Diego”, realizando actos culturales-poéticos  y organizando las ediciones que publicaba el Ayuntamiento de esta localidad  y que eran homenajes a poetas conocidos y reconocidos de nuestra  poesía española. Grandes poetas como José Hierro, Rafael Montesinos, Claudio Rodríguez  y un largo etcétera tuvieron su libro homenaje (en algunos se me pidió colaboración y la envié ya que eran poetas con los que tenía amistad y admiración por su obra). No sé cuantos, aunque sé que bastantes, fueron los libros editados.

Lo que sí sé, lo sabemos ambos,  es que somos ya desde, hace tiempo, dos poetas colonizados por la poesía y “colon-izados” hacia la contemplación de la vida como un regalo y aunque  nuestra poesía sea elegíaca, anda llena de esa conciencia vital que nos hace apreciarla, hasta o desde las cosas más sencillas y cotidianas, como algo tan valioso  para el ser humano que olvidarse de ello por otros intereses ya no es algo que nos resulte indispensable. Lo realmente indispensable es el sueño de soñar que soñamos al escribir, lo dice mejor José Luis  en estos dos tercetos: Estoy, estás , estamos aquí dentro, /  presos en un renglón enamorado. / Cada lector será un lugar de encuentro / diferente, fugaz, inesperado. / Y nosotros aquí, palabra adentro, / serenos, siempre hoy, nunca pasado.

José Luis Morales (Fernán Caballero 1955, Ciudad Real), pasó su infancia en La Puebla, un caserío hoy despoblado, en la ribera del Jabalón, lugar entre viejos volcanes erosionados y llanuras esteparias.
Son la casa y el paisaje que aparecen reflejados en algunos de sus libros, tanto en Por las deshabitadas arboledas (1991)  como en El viento entre las ruinas( 2009 )  Durante la adolescencia marchó a Madrid, donde reside en la actualidad, para realizar estudios universitarios.



La adoración de los animales (2013), una obra publicada por la Diputación de Ciudad Real en la Biblioteca de Autores Manchegos.  En diciembre José Luis me trajo este hermoso libro, una obrilla teatral en verso titulada La adoración de los animales. Este libro fue presentado por Soledad Puértolas y cuatro actrices trataron de dar vida a unos cuantos “de sus bichos” – nos decía el autor en la invitación –  Este libro es, nos contaba también, “una obra teatral infantil, más cómica que dramática, escrita para gentes que aún no hayan  perdido toda la inocencia” Y es que la inocencia, esa del hombre machadianamente bueno, es algo que no se debe perder nunca.

Este poeta se licenció en Filosofía y Letras y ha trabajado como periodista, investigador, como docente y ha gozado y sufrido como hacedor de versos, es decir con la poesía tanto siendo lector como creador, porque para él la poesía  “no es un juego de palabras con la música del lenguaje, ni con sus significaciones”, para él es “un combate entre la conciencia y el silencio” Para este poeta escribir poesía es “encontrarle el molde lingüístico adecuado y exclusivo a cada emoción.”
Para él, y en esto me recuerda a Claudio Rodríguez y a Rainer María  Rilke, hay que caminar por la vida, observar, interiorizar, sentir y desde nuestra propia experiencia, escribir y hacerlo con palabras claras y precisas. En definitiva tratar de lograr decir lo que se ha vivido, experimentado, observado, interiorizado de la forma más precisa más hermosa, más emocionante y más adecuada y mas verdadera.

José Luis Morales, con relación a los premiosha dicho: “Todos los premios tienen su importancia”. Para el son importantes porque sus vínculos con la figura y la poesía de Miguel Hernández no son sólo estéticos (los que unen a un maestro y a un discípulo), sino éticos (los que unen a personas de similares convicciones morales). Su cultura de origen, su infancia rural, su primera adolescencia como becario en un colegio religioso y el temprano traslado a Madrid pueden llegar a ser vínculos –como le ocurrió con su paisano Eladio Cabañero– más fuertes que los estrictamente líricos.

José Luis Morales expresa la devoción a su manera. Así pues, los nombres por los cuales ha merecido Premio, ya por libro ya por poema,  es fácil entender que quiere unir su nombre al de sus maestros: Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Luis Rosales, Blas de Otero, José Hierro, Rafael Morales,  Miguel Hernández… , una excelsa nómina de la poesía española contemporánea.


Como poeta ha publicado: 7 x7 Antología (Bilbao, 1975),  que fue un libro colectivo junto a seis poetas vascos. Por las deshabitadas arboledas (Premio Blas de Otero 1990. Madrid, 1991), El aroma del tacto (Premio José Hierro 1999. Madrid, 2000), Otoños del amor  y otros sonetos (Valdepeñas, 2002) El viento entre las ruinas (Premio Internacional Miguel  Hernández-Comunidad valenciana. Madrid, 2009) En este anterior  libro, el autor regresa al origen, a la casa del padre, con los recuerdos del pasado y los paisajes  en  la memoria. Es un viaje hacia el tiempo perdido y en él, los olores y recuerdos  le retrotraen a ese tiempo ya inexistente pero guardado para siempre en la memoria. 
 
El viento entre las ruinas es un poemario personal, íntimo, en el que el autor reflexiona sobre la destrucción y desaparición de las casas en las que, a lo largo de su infancia y juventud, ha vivido, sentido, experimentado…
Como símbolo de una determinada manera de vivir  en el campo,una vida rural, rescata la voz de las personas que habitaron en ellas, ellas, las casas, son también  el símbolo, raíz y referencia en su vida. Por ello rescata la voz de las personas que las habitaron, rescata la voz del origen, de la familia, rescata su memoria  y nos la ofrece como símbolo de una determinada manera de vivir.

José Luis Morales es un poeta con madurez que  escribe sin hojarasca desde sus primeros poemas, su poesía es la sustancia del poeta que ha pasado por  todas las etapas del aprendizaje aprehendiendo lo esencialmente importante. En su libro Por Las deshabitadas arboledas ya nos ofrece, con un lenguaje ajustado, fluido, con sencillez y acierto, una cosmovisión, una materia poética, en la que cabe el mundo, con versos donde nos muestra la infancia y la nostalgia de lo no conocido y lo hace con la claridad de quien lleva como patria la palabra, el lenguaje, esencial.
Y con ella evoca el territorio de los lugares de su vida, territorio en el que permanece con sucesivas etapas. Etapas donde la poesía formal, ya clásica, ya tradicional, se sustenta en la forma, la medida, el ritmo y la emoción.


Federico Gallego Ripoll, poeta nacido en Manzanares, manchego como José Luis Morales, y excelente poeta en mi opinión,  nos ha dicho sobre la poesía de su paisano:Cuando se escribe desde la verdad sólo brotan palabras verdaderas,(…). No son neutrales las palabras. José Luis Morales se va adensando desde esa certidumbre de honradez, de adecuación entre forma y modo, la sustancia poética y su cabal manera de entregarla. No hay impostura en el fluir: transmite un espacio de verdad en el que cada palabra adquiere o recupera el sentido que le vincula con su propia esencia, y así fortalece una identidad asumida desde la infancia, el paisaje y las emociones con que aprendió a vivir.(…) El poeta es cuanto le rodea, en cuanto se implica, lo que teme perder, lo que le sobrecoge, lo que duele.(…) En José Luis Morales también el hueco es arquitectura, en igual medida que el aire entre palabras, el ritmo del callar, es poesía.


Recuerdo en una ocasión que me trajo un librito, lo de librito lo digo por su pequeño formato, era una selección de poemas de José Hierro, titulado Antología recordada de José Hierro (1994) en la que José Luis, ejerciendo de antólogo, recuerda poemas  y los publica,  poemas de Pepe Hierro escritos en  pepehierro, como los grandes poetas . Él sabía de mi amistad y admiración por este madrileño-santanderino y yo recibí la antología como un grandísimo regalo por los poemas de Pepe Hierro y los recuerdos  de José Luis Morales. Nos vemos poco, la última vez ha sido en febrero cuando nos reunimos para festejar el ochenta cumpleaños de otro poeta manchego merecedor de nuestra admiración y nuestro afecto, Nicolás del Hierro. Nos vemos poco, digo, pero no dejamos de mirarnos cuando, de vez en vez, nos leemos porque ambos sabemos que su poesía y la mía ha ido naciendo, lo diré con unos versos suyos, al excavar el tiempo con las manos.


El poeta profesor y crítico Rafael Morales Barba ha escrito sobre este poeta: José Luis Morales supo volver al olvidado soneto para hacerlo notar no tan muerto, a pesar de ser tiempo de ecos. (…) Por las deshabitadas arboledas(1991), encerraba algún chispazo prometedor y los lenguajes de los istmos tapaban una vocación reflexiva, que poco a poco ha ido surgiendo desde la línea clara, inteligente y tierna y con cierta desazón nihilista hasta Par(ente)sis (1995) Ya en Otoño de amor y otros sonetos (2002), mostró contraste toda la relevancia que el sentimiento amoroso tiene para este poeta desde perspectiva antigua y clasicista. Poeta donde el sentido del buen hacer del primer Hierro, el de los reportajes, otea a lo lejos. En El aroma del tacto (2000) delinea mirada de la sencillez conmovida,  y un fuerte sentido de la desolación y la soledad, del paso del tiempo y del valor por lo mínimo.  La poesía de José Luis Morales trasmite emoción, va plena de sinceridad en todos sus poemas, unos poemas nacidos de la experiencia y del amor. Poesía de difícil sencillez y claridad.
José Luis Morales, primero por la izquierda, en  El  Empotro de la Tertuloa A-7 en Valdepeñas donde coincidimos en una lectura de Luis García Montero

No sé cuánto años hace que  conozco a José Luis Morales. Lo que sí sé es que desde, hace  ya mucho tiempo, este poeta está colonizados por la poesía y vive en silencio su labor  de poeta, sin alharacas ni fuegos de artificio, y escribe en silencio y nombra a la vida con palabras sencillas, humildes, verdaderas y emocionantes, porque la emoción siempre camina por su poesía ya sea de frente  con sincera claridad o al sesgo, con reflexivo pensamiento. Una poesía la de José Luis Morales sólida, armónica, musical, verdadera, como él.






sábado, 15 de marzo de 2014

Javier Hortal: Nunca, nunca te rindas


Javier Hortal: Nunca, nunca te rindas




Francisco Javier Hortal ha escrito un libro Nunca, nunca te rindas (Éride ediciones, Madrid, 2013) llevado por la imperiosa necesidad del amor, la de abrazar la esperanza para mantener la fuerza, el valor, de no darse por vencido, de no rendirse nunca. 

Este libro cuenta (tal y como nos dice su contraportada) en primera persona, la experiencia  que vive una familia cuando a uno de sus miembros (un adolescente) le diagnostican un tumor cerebral.

Francisco Javier Hortal nació en Jaén y a los siete años se trasladó con su familia a Madrid, ciudad donde reside desde entonces. Esta casado y tiene dos hijos adolescentes. Uno de ellos es el protagonista de este libro, un hermosísimo libro que podría parecer de autoayuda; pero que es, me parece a mí, mucho más que eso, es  una enorme lección de amor. De amor porque tras conocer tan terrible diagnóstico  "Los sentimientos que surgen, las nuevas rutinas que aparecen, las reflexiones que provoca una situación extrema, se reflejan aquí, mostrando como principal enseñanza que nunca, nunca hay que rendirse en la vida," 

Francisco Javier Hortal lee y escribe desde su adolescencia, y disfruta con ello. Estudió Magisterio y ha trabajado en distintos ámbitos educativos: escuelas, granjas-escuelas, centros de adultos en los que, entre otras cosas,  imparte la asignatura de lengua y literatura a los grupos de Acceso a la Universidad para Mayores de 25 años...
En este libro repleto de eso que en poesía llamamos "difícil sencillez"  que es lo más difícil en poesía, contar las cosas con la mayor claridad, ya sea poesía o narrativa,  nos dice que:  La fuerza con la que necesariamente tenemos que afrontar lo que se nos presenta es la que logrará que alcancemos cualquier meta. Nos cuenta también que No es este un libro lleno de dolor y amargura ( aunque muchas veces se camina por  la oscuridad más desoladora) Y es cierto que no lo es porque la esperanza, el valor y el sueño de conseguir  lo que parecía imposible andan por todas sus páginas hasta convertirse en una realidad posible.

Ha colaborado en un libro de María S de Miguel, titulado Acunando sueños, libro al que puso prólogo y aportó un poema. Porque Francisco Javier Hortal escribe poesía desde muy joven y piensa que lo poético es aquello que roza lo sencillo, lo bello, la verdad de cada uno y cada cosa.(y también, digo yo en muchas ocasiones, lo poético o mejor dicho la Poesía , sirve para hacer mejores personas, sin duda)

Este hombre que no quiso rendirse y luchó con amor y con  tesón para vencer la adversidad y normalizar la vida con sus rutinas diarias y  su esperanza, con los ojos y el alma puestos en su hijo adolescente, que venció los miedos y abrazó la luz  para salir del túnel, oscuro, casi negro, de un diagnóstico que cambió su vida, un túnel lleno de incertidumbre que el trató siempre de traspasar desde la más aparente normalidad para que toda la familia se abrazase, como él, a la esperanza y no se rindieran nunca. Por todo esto este libro No es un libro de desencanto y derrota sino de ilusión y constancia. En definitiva y como bien ha dicho el autor: Es un libro de amor suficiente como para transitar  juntos por cualquier camino que se abra ante nosotros: en este caso por el mundo del cáncer pediátrico.

Francisco Javier Hortal, aprobó la oposición a maestros en la comunidad de Madrid y  trabaja como funcionario público en el colegio "Enrique Tierno Galván" de San Sebastián de los Reyes. Es aquí en "Sanse" donde quedó finalista del XI Premio de Poesía del Centro Cultural Blas de Otero y es que este hombre, este maestro, este padre coraje, escriba narrativa o escriba poesía lo hace como decía don Antonio Machado: de frente y al sesgo,  es decir, con claridad para que todos lo entiendan y, al tiempo, con la hondura de quien ofrece más interpretaciones en esa claridad.

Como me ha parecido un trabajo literario hermoso y emocionante además de ofrecernos una enseñanza basada en el amor, la fortaleza y la esperanza...  he escrito un poema de mi visión de este libro que quiero dedicarle a su autor y que he titulado:

Creer en lo imposible 

                                                              Para Francisco Javier Hortal


Porque la vida abraza, besa, sigue...
nunca rendirse, nunca.
(Así, de esta manera, fue su lucha
pues creer lo imposible
es, a veces, hacerlo realidad)

Bombardeada parte de la casa,
por la lucha feroz de una guerra de sombras,
entra en ella y ya no la reconoce.
De golpe, de repente, le arrebatan el tiempo,
los sueños, la esperanza. 
                                        Se le ha roto
la rutina diaria,
esa que hace feliz con casi nada.

Ahora se refugia en el presente,
busca la tibia luz que le alumbre el instante.
(Para nunca rendirse
dicen su corazón y su cabeza)

Ha perdido el reflejo de su imagen.
Sólo le quedan
gestos breves, retazos que, difusos,
le recuerdan ahora a la familia.

Bueno es pensar las pérdidas,
caminar por su propia realidad, 
asumir el infierno y soñar su contrario,
valorar lo que queda,
los pequeños, luminosos instantes
(rodeados ahora de la sombra)
y no rendirse nunca.

Derruida la casa, la recorre.
Una casa que vive en el recuerdo,
en la imaginación,
siempre llena de luz, ahora en sombras.

De golpe la sorpresa,  lo inesperado,
maniató los sentidos.
Hoy tan sólo es capaz  de caminar sin prisas
por el único instante
que conduce a la luz: es la memoria,
pues recordar evita rendiciones.

Una parte de sí se le derrama,
ahora sabe que nada, nada le pertenece.
(Se valora  muy poco aquello que se tiene, 
acaso es la costumbre,
hasta que llega el día en que la sombra
se adueña de la luz.

Cerrada a cal y canto está la casa,
más negra que la noche y sin consuelo...
haciéndose al dolor, al sufrimiento.
(Tan costoso al principio 
que la casa se aferra al sueño de la calma)

Soñar con lo imposible 
es, a veces, ver el sueño cumplido.
Es curioso pensar cómo de pronto
nos llega el paraíso y abre una puerta y otra...
y la casa, tan repleta de sombras,
parece abrirse, vislumbrar la luz,
escapar de la sombra, de los miedos, la duda...
(Renace de las pérdidas.)

Recuperar el pulso toca ahora,
dejar paso a la luz, abrir ventanas,
acariciar el aire y la esperanza
que la mañana alumbran
("Creer en lo imposible
ocurra lo que ocurra") y no rendirse nunca
porque la vida hiere, abraza, besa, sigue...

Noviembre de 2013
Manuel López Azorín


En su momento no incluí esta reseña en el blog porque durante diciembre este adolescente ha tenido que ser intervenido de nuevo y está pendiente de integrarse en un experimental programa que realizan profesionales oncólogos en París y ahora en Madrid. 
El autor de este libro continúa luchando esperanzado y buscando para su hijo esa luz que abra ventanas, que la mañana alumbren, porque, ocurra lo que ocurra hay que creer en lo imposible y no rendirse nunca. Sirva como ejemplo, la lectura de este libro, para aquellos que viven situaciones semejantes y para todos los que sin vivirlas nos acercamos, imaginariamente , y nos solidarizamos con ellas en la esperanza de que lo imposible llegue a ser posible.


martes, 11 de marzo de 2014

Moncho Otero y su libro, ya publicado, Unifamiliar (con vistas)




Moncho Otero y su libro, ya publicado y presentado, Unifamiliar (con vistas)
                           La ética de la inocencia



 El 23 de junio de 2011 publiqué en ese blog una entrada sobre Moncho Otero y su libro Unifamiliar (con vistas) que era, entonces, uno más de los inéditos que ha escrito a lo largo de su andadura como poeta silencioso en la que se ha dedicado a componer música para cantar poemas de otros poetas, guardando su propia poesía para sí mismo y los pocos amigos que sabíamos de ella.

El año pasado Eirene Editorial decidió, tras pasarle el original de este Unifamiliar (con vistas), publicar lo que sería la primera obra poética publicada de Moncho Otero. 
Lo que entonces escribí en este blog me sirvió, casi por completo, para que sirviera de prólogo a la edición de Eirene Editorial de Unifamiliar (con vistas) que se presentó ya como libro editado en la presentación de las publicaciones de 2013 de esta editorial el 13 de diciembre de 2013 durante un acto colectivo y que ahora se ha presentado ayer en la Biblioteca Central de San Sebastián de los Reyes (10 de marzo de 2014). Habrá más presentaciones a lo largo del año, más lecturas de este primer libro de Moncho   Otero donde nos demostrará que, además de cantautor, es un poeta, un buen poeta que ha demorado durante mucho tiempo, quizá por timidez y humildad, dar a conocer esta otra faceta suya que proctica desde que era un niño: la de poeta.
Os dejo aquí el prólogo de este libro escrito, como he dicho más arriba, mucho tiempo antes en este blog  con pequeñas variantes, ya que por fin, el muchacho que puso música allá por los años 90 a los poemas de Gloria Fuertes, José Hierro,Ángel González, Luis García Montero... y se los cantó y tuvo el beneplácito de todos ellos, nos deja hoy un  manojo de poemas escritos que debieron publicarse hace ya unos años aunque, afortunadamente, se publican ahora.

Moncho Otero: Unifamiliar (con vistas) 



Moncho Otero ( Madrid,1971) ha escrito un poemario, Unifamiliar (con vistas), Eirene Editorial, Madrid 2013,  
en el que, con una poesía de pensamiento, de preocupación existencial y de compromiso con la vida y el hombre, nos muestra unos versos que se abrazan con desgarrada esperanza a la vida imperfecta, al hombre y su permanente incertidumbre, duda, al afán de vivir con el deseo de lo justo para el hombre, del equilibrio para el hombre, a la humana actitud de quien no contempla su ombligo porque sabe, siente, que “Hay gente sin ombligo, más de la que creemos” y a pesar de la “prisa de ser hombres”, de practicar “Espionaje industrial para ser alguien diferente”, de sentir que el dolor de amar, a veces, desubica, de oír que “Dicen que (es) hermano de millones de hombres/ que ignoran que / él) exist(e)”, sigue, como un niño, soñando despierto “que (es) un adulto más / y (le) basta crear un micromundo afable / donde no se vislumbra la gangrena que avanza”, como mecanismo de defensa, aunque sepa que no sueña “que (le) bastan los besos / para sentir(s)e vivo

 Desde la izquierda: Rafa Mora, Moncho Otero, Luis Martínez de Mingo, Manuel
López  Azorín y Consuelo Altable en la presentación de la colección editada por Eirene Editoria
Moncho Otero es arquitecto y este Unifamiliar (con vistas) que nos ha construido es la mirada de un hombre machadianamente bueno con la ética del inocente y, siempre, con la humildad del hombre que se analiza a sí mismo y reflexiona sobre las vista que, desde su terraza de adulto (con la inocente y verdadera mirada de quien aún conserva al niño en su interior) observa un mundo que no siempre acepta porque lo que ve le decepciona a veces y a veces le preocupa.


Moncho Otero es, además de arquitecto, cantautor. Un cantautor tan generoso que casi nunca canta sus letras o poemas sino los de otros poetas y así lleva años dedicado a poner música a los poetas que le gustan para difundirlos cantando. Algo tan complejo como poner música a la música del poema y fundir ambas músicas en una canción. Esta otra faceta suya de cantautor, que trabaja desde la adolescencia y que lleva ya, desde mediados los años noventa, solo o junto al también poeta y cantautor Rafa Mora, dedicado a fomentar y difundir la poesía a través de la música. Eso es lo que le gusta y, sin más planteamientos (léase mercadotecnia, hacer agosto, crear fama y echarse a dormir, buscar el negocio donde sea, etc.), se dedica a ello, es lo que hace, porque le gusta, sin más, crear música y crear versos..







Desde la izquierda: JuanLy Rafa Mora, Moncho Otero, M. López Azorí y J. Álvaro Gómez

Moncho Otero, el poeta, se sienta a escribir “unos versos sinceros, distraídos, valientes” (…) “antes de que un hielo joven, dinámico, indeciso, / invada todo el planeta” Nos dice y se pregunta ¿Otro día escribiendo para olvidar la vida? Y sabemos que piensa que “Despertar de un sueño es morir a la vida, / dilatar las pupilas sumido en un vacío oscuro y sin fisuras” y sueña con versos sin ataduras , sin corsés métricos formales (aunque le sale, fluye en muchos de sus poemas un rítmico y perfecto verso heptasílabo y otras, cuando une dos versos de esta medida con su claro hemistiquio, un perfecto alejandrino) 











Moncho Otero se apoya en el versículo  como exposición y lo alterna con el verso breve como reflexión  para ofrecernos una cadencia rítmica apropiada a la temática metafísica: desgarrada a veces, desasosegante, dulce, tierna, noble como el hombre que es en su interior, humana, propia del humanista que cree en el hombre aunque desde su particular unifamiliar mire y vea lo que no le gusta de él.

Pero
 este poeta no se decepciona frente a las vistas que observa desde éste: “Los hombres giran despacio y nunca esperan que un suceso imprevisto/ desbarate sus sueños”. “Como ser. – se pregunta –Cómo ubicarse en un espacio sin estigmas” (…) “Si somos una gota de semen celestial” (…) “para gozar del sexo y huir del onanismo”(…) “Cómo encuadrarse en zonas. / Cómo formar equipos. / Cómo ser competentes y no competitivos, / para avanzar hacia dónde, hacia tal vez”
Moncho Otero, Manuel López Azorín, J. Álvaro Gómez durante la presentación
,en la Biblioteca Central de Sanse, de "Unifamiliar (con vistas)" y "Pensamientos de un eucariótico"

Y piensa en la amargura, el dolor “que ha escapado por siglos y por siglos/ de miles de gargantas y millones de alaridos. / Por no estar ubicado / por ser un indeciso / por pretender sentidos en vez de direcciones”

Desde este panorama de reflexión sobre lo que se debe ser y lo que se quiere ser siente una “Súbita sed que el clamor callado de la noche arrastra” y también la “Dignidad del hombre que se siente vivo” avalado por una sociedad deshinchada de valores que no sean aquellos que propicien el poder y el dinero, por eso nos dice: confío “en un dios que está con nosotros” mientras que “un cuerpo de malaria se deshace en los pantanos” y parece decirnos que la vida no es mala ni buena, es el hombre el que, con su actitud, la modela a su interés.


Este poeta se plantea “Dejar de escribir” porque “es inútil abrir las carnes al misterio” y una absoluta hondura, una profundidad de verso limpio, justo, preciso, nos dice: “Mirar de repente / Mirar a lo lejos. / Pensar que se amaba un reflejo. / Buscarse desnudo. / Dudar en silencio. / Pulir y rozar un espejo / y no ser brillante” Y ahí está toda la sabiduría del hombre, toda su nobleza, ahí, roza la espuma, la altura, la luz, y pierde, abandona lo que el hombre tiene de ceniza. Y entonces ya se dice: “No quiero más maestros que sentir la llamada de los poros abiertos de mi cuerpo o de otros… con tal que tengan alma, / lo único que pido” (Y lo que quiere, mostrándonos estos versos con bandera, es la poesía que, entre otras muchas cosas, sana y salva, la que sirve para hacernos mejores personas)

Desde la terraza adulta de este unifamiliar que se mira por dentro y observa el exterior “Tira de la cuerda un niño que / recuerda el futuro porque / aun no siente que llega” Este poeta piensa: “Es losa y no piedra/ con esto digo todo: / obra del hombre” y aun así, sigue creyendo “en la generosidad del hombre / al dejar de ser animal”




Moncho Otero y J. Álvaro Gómez
Moncho Otero es este Unifamiliar (con vistas) que se contempla y reflexiona sobre sí mismo al tiempo que mira aquello que le rodea y nos lo cuenta con inquietud existencial, con palabras de tolerancia, sentido ecológico, neorromántico a veces, con cierta ironía en ocasiones y siempre con la humildad de quien hace lo que hace sin darle más importancia que la de hacerlo bien, con pasión y con generosidad, con entusiasmo. Este es el libro de un poeta que no se mira el ombligo, un libro tan sincero, tan verdadero, que merece ser leído  y releído, después, para disfrutar  plenamente de este Unifamiliar con vistas

UNIFAMILIAR


De niño sueño despierto 
que soy un adulto más
y me basta crear un micromundo afable
donde no se vislumbra la gangrena que avanza.


De niño sueño
y presiento que me bastan los besos
para sentirme vivo,
pero no, existen metas
que se sienten tan cerca como el galgo
olfateando el conejo mecánico
en tardes de canódromo
y sales a la pista y brotan opiniones.

De niño soy el 7, colocado, que gana.
De adulto soy el 15, colocado tan solo.
Siempre soy como todos.
Nunca estoy.
(Castellano preciso, la lengua viperina madre)

De niño aprendo
que algún día habré de perpetuarme
y pregunto al silencio si merece la pena
confirmar mi presencia en esta casa extraña,
(Unifamiliar con vistas)