domingo, 12 de mayo de 2013

María Luisa Mora: El don de la batalla




María Luisa Mora Alameda: El don de la batalla




Recibo, desde Manzanares (Ciudad Real) el libro que con motivo del Premio Nacional de Poesía Ciega de Manzanares patrocina el Ayuntamiento de esta ciudad manchega. Su concejal de Cultura Manuel Martín-Gaitero López de la Manzanara, tuvo la deferencia de enviarme el Premio correspondiente a 2011, titulado El don de la batalla cuya autora es María Luisa Mora Alameda (Yepes, Toledo, 1959) y que publicó Ediciones Vitruvio en 2012.


Al leer el nombre de la autora, recordé que por los años ochenta había sido accésit del Premio Adonais con su libro Un largo viaje hacia la lluvia (Rialp 1988) y recordé también que, posteriormente, en 1993 obtuvo ese galardón, tan prestigioso en las décadas anteriores, con el libro Busca y captura (Rialp 1994).  

Lo recordé porque, no sé bien si fue en 1987 o en 1993, en una entrevista que le hicieron, creo que fue en Radio Nacional, la presentaron, con cierta sorpresa, como “un ama de casa que escribía versos” (?) y entonces y ahora me pregunto: ¿El hecho de ser ama de casa es un obstáculo para realizar cualquier otra labor, ya literaria o de cualquier otra índole? ¿Es que un ama de casa tiene que vivir, por el mero hecho de serlo, a la sombra, al silencio y/o a la indiferencia de la Literatura? ¿Siendo para ella una necesidad vital, tiene que prescindir de la luz de la poesía?


Yo supe de esta poeta por un libro que publicó en 1986 Las hiedras difíciles en la editorial Torremozas y esto es lo que el poeta Antonio Porpetta decía al respecto de este, creo que primer, libro  de María Luisa Mora: Su destino frente al silencio o la indiferencia, es pura y simplemente ser poeta. Y luego con el accésit de Adonais y con el Premio Carmen Conde que le concedieron por el libro La tierra indiferente (Torremozas, 1990) y antes de obtener finalmente el Premio Adonais en 1993 como he dicho más arriba, fue accésit del Premio Nacional de Poesía Rafael Morales,1991 con el libro La mujer y la Bruma, publicado en la Colección Melibea (Ayuntamiento de Talavera de la Reina), en 1992.

Si en el primer libro nos ofrecía una dolorida reflexión, plena de melancolía, sobre sus propias vivencias, también  había en sus poemas un resquicio de luz y de esperanza. En La Tierra indiferente realizaba un recorrido por paisajes humanos, habitantes de este mundo dolorido nuestro, un mundo pleno de amores y de odios, un mundo que María Luisa Mora trataba de redimir con la belleza de la palabra. 


En La mujer y la bruma, esta poeta nos trajo, pienso yo, una voz personal para hablarnos de  y sobre la mujer desde su punto de vista de mujer y nos habló  con el intimismo de la experiencia propia al tiempo que con visión colectiva. Un amigo mío suele decir que los accésits son, en realidad, accesinatos de los premios y esta mujer ha quedado, hasta la fecha que yo sepa, en tablas (tres y tres).



Volvió a publicar en Torremozas en 2001, esta vez un libro titulado Meditación de la derrota y, de nuevo fue accésit del Premio Rafael Morales  con otro libro La isla que no es.(Colección Melibea, 2002) A partir de este libro le perdí la pista a esta mujer poeta que escribe una poesía cercana, intimista, una poesía de todos y para todos, una poesía de pasmosa sencillez, una sencillez tan difícil que casi ni se repara el ella y, sin embargo, la lees y te engancha, te atrapa, la reconoces como algo tuyo.



He buscado en la red a esta mujer de la cual había perdido la pista  y he visto que nuevamente publicó con Luzmaría Jiménez Faro en Torremozas en 2005: La respuesta está en el viento es el título de aquel libro. También ha publicado en Vitruvio (la editorial de Pablito Méndez) en 2009, el libro Navegaciones y en 2011 en Descrito EdicionesPoemas del crepúsculo. Así hasta llegar a este El don de la batalla que me envían desde Manzanares y que es Premio Ciega de Manzanares.


María Luisa Mora es una poeta a la que se lee desde lo cotidiano, desde la humildad, desde la sencillez de unas palabras hermosas sí, pero que caminan junto al común de los mortales, porque sus metáforas, sus imágenes, su voz, aun siendo muy  suya se erige en la voz de todos los que se acercan a su poesía, una poesía a veces dolorosa, a veces reconfortante aunque no exenta de dureza y, siempre, con un luminoso  intersticio de esperanza en la difícil sencillez de sus palabras. 

Porque María Luisa Mora cultiva la sencillez (esa que Rafael Montesinos, el poeta del movimiento intimista sevillano como a él le gustaba definirse, decía que era la más difícil de las virtudes literarias), una sencillez que no todos saben llevar al poema, una sencillez que permite, tanto al humilde, al no conocedor de la poesía, como al gran conocedor de ella, adentrarse con facilidad, con naturalidad en esta  "batalla" que es como un canto personal y familiar, un canto a la poesía a mundo de la poesía  y, en definitiva, un canto a la vida. Esto me parece a mí que es El don de la Batalla, un canto. 
Un hermoso y doloroso canto de vida nacido tras una muerte, una ausencia, un robo: la prematura muerte  de la hija. Esta mujer que maneja las palabras con la naturalidad de que todos las conocemos, las sabemos, las entendemos sin necesidad de tener que recurrir  a consultar sus significados, nos ofrece con valentía, un libro en el que la distancia, el tiempo, mitigan el dolor y reconcilian con el diario vivir y salvan. Como en este poema que abre El don de la batalla

Salvación.
Hubiéramos deseado / una infancia distinta, / una mano más blanca que la luna. /  Pero nos ha tocado la cabeza / la irremediable sombra / que azota, con su sed, nuestros anhelos.
Qué pecado hubimos / de cometer. Aún nos duele / el recuerdo de esa vida / en la que nunca / solíamos beber el dulce néctar / de los besos /  ni tocaban, los ojos, / los rayos tíbios del amor.
Tal vez, por eso, ahora padecemos / este dolor que asciende a nuestra alma / como serpiente cruel.
No todos os salvasteis  / de su huella indolente / pero yo si lo he hecho, /  a pesar de esta carga / que parece pesada y dolorosa.




La poeta nos habla, desde el tú, de su más íntima y personal experiencia. La muerte primero y luego el duelo  y después, en esa estructura narrativa del libro, deja paso a la vida nuevamente, con el  sueño y la esperanza de encontrar el bálsamo que sane tanto dolor  y tanta herida a través de esta, me parece a mi, necesidad poética de expresión.
Y nos habla también del mundo de la poesía y de la Poesía, de su mundo.Un mundo muchas veces extraño, raro. Hace poco estuve en Talavera de la Reina y allí supe que María Luisa Mora había obtenido el XXXVIII Premio de Poesía Rafael Morales con su nuevo libro El mundo raro. Pero de este libro ya hablaré cuando lo reciba. Ahora toca hablar de El don de la batalla

Las citas de los poetas Santiago Sastre, Ángel González, José Agustín  Goytisolo, Luis Cernuda y Gabriel Celaya  clarifican más, si cabe, este dolorido y sereno libro en el que “Un ama de casa”   con una poesía  necesaria, nos ofrece una realidad que afronta con entereza y la acepta, como me da la impresión de que acepta también, tristemente tal vez, pero con entereza, la cita de Celaya que nos dice: Quizás, cuando me muera/ dirán: era un poeta. Del mismo modo que fue mística Teresa de Ávila, entre pucheros y fundaciones, puede ser poeta “un ama de casa” entre sus “labores del hogar” porque la Poesía, amigos, alumbra a quien ella quiere y a María Luisa Mora, la Poesía  le ha dado luz en sus palabras. 

viernes, 3 de mayo de 2013

Francisco Muñoz Soler: La incierta superficie-Antología poética-





Francisco Muñoz Soler: La incierta superficie-Antología poética-




Francisco Muñoz Soler (Málaga, 1957), poeta con una amplia obra publicada no sólo en España, también en Cuba , Colombia, Chile, Costa Rica, Perú, Venezuela, Estados Unidos… me envió su última antología, por el momento, La incierta superficie, Colección sur,  La Habana, Cuba 2012.

La poesía de Francisco Muñoz Soler es, me parece a mí, poesía de pensamiento, una poesía de materia filosófica, íntima, inquieta, una poesía de emociones y de dudas, una poesía en la que el tiempo, su transcurrir, juega un papel importante, una poesía en fin, que invita a la reflexión y en la que se advierten huellas de grandes poetas, fuentes que son necesarias para beber en ellas y luego escribir poesía, matices de inspiración en una lírica que trata de ahondar en el misterio vida a través de una incesante búsqueda de respuestas, a través de cuestiones en las que interroga, a través del paso del tiempo, a través del amor, del hombre, y de la vida.

Un poeta que nos ha dicho: Desorientado con vaivenes de cometa / aturdido pero íntimamente consciente / de que no soy material sin lucidez / sino un ser humano que busca su realidad. Un poeta que nos ofrece una obra con ritmo y hondura para hacernos reflexionar sobre la existencia. Un poeta que , a través de sus poemas, parece pensar que la poesía puede cambiar el mundo y puede hacernos mejores personas, al menos soñarlo ya es importante.  

En  las palabras previas a La incierta superficie, tituladas Shangai & Kabul & Francisco Miladis Hernández Acosta nos dice: Mostrarse entusiasta por la poesía, la amistad, la palabra, la solidaridad entre los hombres, ha sido y es su destino.  Para Francisco Muñoz Soler parece que vida y poesía son una misma música, una misma cosa: …un ejercicio de actitud constante / un dejarse llevar y a la vez retener / las complejas esencias / de nuestras emociones y sentimientos.

 
Contiene esta antología nueve apartados. Poemas de Prehistoria poética ( Libro publicado en Venezuela) 1996Lluvia ácida  y  Áspero tránsito (Publicado en Lima, Perú) En tiempos de prodigios. La densa corporeidad de mi memoria: Caminar para sentirme vivo. El sabor de las palabras.  Músicos de Cuba. La claridad asombrosa (Publicado en Florida EEUU) Restauración y La voz del pensamiento (Publicado en México)  Pretendido Ícaro y, finalmente, Fantasioso Ícaro. (Supongo que correspondientes al libro Ícaro en tiempos de prodigios publicado en  también México en 2011)
Francisco Muñoz Soler es miembro de la Red Mundial de Escritores y del Movimiento Poetas del Mundo. Su obra, además de en varias antologías, aparece en Internet y es el organizador del Ciclo Poético Plenilunio en Málaga.
Con una poesía intimista, a veces impactante, reflexiva y metafísica, en sus poemas transita la esperanza a través del amor, un amor doloroso a veces, pero amor al fin: Duro es errar por amor / pero más duro es errar / por no haberlo intentado, / duro es errar por soñar / pero más duro es no haberlo soñado, / si se ha de perdonar/ es a un enamorado. Navega Francisco Muñoz Soler por este río de la poesía con una barca lírica y estética de noble ingenuidad utópica y de asombro, y una enorme  sed de buscarse a sí mismo, de caminar para sentirse vivo,  de soñar y, al mismo tiempo,  solidarizarse con el hombre y su existir. Un existir único, a pesar de que a veces se nos muestre como pesadilla y otras como un  hermoso sueño.
Me quedo con lo hermoso / (Nos dice) con la emoción / de ese acontecer de autónomas / fibras internas / que olvidadas tenía / y que sólo percibía en otros / sentirme vivo / aunque la intimidad / no pueda sustraerse / desabrida sensación / de desencanto.

Francisco Muñoz Soler trata de vivir, de soñar, de buscarse y de buscar en lo íntimo y colectivo. Trata de vivir, de navegar por el río de la vida, por el de la poesía restituyendo, restituyéndose, trata de buscar una respuesta  sobre La muerte, la vida, la sombra, la luz… Trata de poner los ojos en el infinito, de buscar mientras huye porque así es la vida. Trata, como bien dice  Miladis Hernández Acosta al final de su prólogo, de vencer la incierta superficie (plano subjetivo, zona de la conciencia), del pensamiento…  Trata de sentir, pensar, vivir… de ofrecernos en fin, en sus poemas, cargados de desaliento a veces, un poco de aire y esperanza.

domingo, 21 de abril de 2013

Elvira Daudet: Cuaderno del delirio





Elvira Daudet: Cuaderno del delirio


El pasado mes de febrero tuvo lugar en la librería Fuentetaja la presentación del último libro de Elvira Daudet : Cuaderno del delirio (Ediciones Evohé, Colección Intravagantes,  Madrid, 2012) Fue una hermosa tarde de poesía junto a una Daudet aparentemente nerviosa, insegura… pero sólo aparentemente porque esta mujer, aparentemente frágil,  lleva consigo la fuerza  de una voluntad  firme y decidida,  y lleva el mar y su rumor , y lleva la luz de la poesía porque no admite ni tiempos de silencio, ni grises, oscuros, tenebrosos... que la impidan seguir siendo rebelde, insurgente, poeta.

Elvira Daudet (Cuenca, 1938), novelista, poeta y periodista que ha publicado los libros de poemas El primer mensaje (Ágora, 1959)

Crónicas de una tristeza (Ayto de León, 1971), su segundo libro que llegó con premio de la mano de, entre otros,  Dámaso Alonso, Luis Rosales y Antonio Gamoneda, ni más ni menos, fue el premio Antonio González de Lama y la hizo sentirse poeta de verdad. 

Lo de sentirse poeta de verdad es siempre un grave riesgo porque aun a pesar de los premios, a veces por razones misteriosas, suele llegar el olvido y relega al poeta, aun siendo poeta de verdad, a la sombra de lo casi inexistente.

Incluso diciendo, como dijo de ella, José García Nieto lo siguiente: Hay tan pocas voces verdaderamente necesarias en la poesía, que el eco de una cierta nos avecina para siempre con el misterio. Tiene que saber esto Elvira Daudet, como única compensación o desesperación para su desvelo. O estas otras dichas por un buen amigo Ramón Irigoyen:Elvira Daudet no es una aficionada que está aprendiendo a versificar, sino una aficionada —sin afición no se logra nada— que con sus libros se sitúa en la primerísima fila de la poesía actual en España.


El don desapacible (Colección poesía, Libertarias, 1994), Elvira lo considera uno de sus mejores libros.Pero Elvira no sabe que todos sus libros  son el mejor.   Terrenal y marina (Dip. Provincial de Cuenca, 1999) Dice La Daudet que este libro es un poemario vacilante.. ¿Poner el alma frente al mar y arraigarse a la tierra es vacilación? 
  
Un día escribi yo sobre este libro: La fuerza expresiva de Elvira Daudet conmueve y remueve, como un baño de emociones vivas, la memoria, el tiempo… tiempo que, a través de su verso herido, doloroso, desgarrado, veraz, nos detiene de golpe o nos hace caminar, latido tras latido, fundiendo vivencias, las suyas y las nuestras, que en muchas ocasiones, esta es la grandeza del verso universal, son colectivas aunque partan de un recuerdo propio, de un dolor propio, de una memoria propia. No es un libro vacilante, naturalidad hay en  sus poemas y nos atrapa a todos cuando la leemos.

Tras un largo silencio, y de la mano de Jaime Alejandre, nos llegó en 2010, Hadversidades poéticas, un cuadernillo con una breve selección de poemas editados por  la editorial Cuadernos del Laberinto. Con esta misma editorial, y dentro de la colección Anaquel de poesía, apareció en 2011 su poemario Laberinto Carnal.  Y nos llegó una Daudet tremendamente humana, con rabia, dolorida, y con la bandera de la insurgencia, de la crítica que despierta conciencias.

Laberinto carnal es un libro comprometido, es un grito de angustia y de socorro, sobrecogedor, una llamada de atención. Por eso nos dice en el poema Todo es aire: El tiempo que vivimos no es fácil de entender ni se parece /al futuro soñado; es un caos que avanza a la hecatombe /con las velas al viento desplegadas. La poesía, la magia de la poesía y de los sueños, a veces, nos ofrecen el bálsamo que nos  recupera y nos devuelve las ganas  de despojarnos de la sombra, y nos sirve también de bandera para gritarle a la noche, a la conciencia colectiva, la rabia sorda del dolor humano.



Ahora nos ofrece esta poeta su nuevo libro Cuaderno del delirio, Este es el curriculum poético de una mujer que  nos trajo este verso: Me ha nacido entre tu boca el mar, y le naciera o no, ese mar se quedó para siempre junto a ella aunque la boca huyera, también para siempre de su lado. (Mejor dicho de su lado físico, nunca de su memoria) Esta mujer valiente, esta poeta rebelde, esta delicada y hermosa flor, convertida en tara si, pero de acero debido a la guerra en que vino a nacer. Esta mujer nos ofrece en su poesía la vida, y como en la vida todo tiene su cara y su cruz: la dulce y tierna miel de la dicha, del amor,  y el ácido y desgarrado vinagre del dolor, ese que trae el desamor, la pena, la venganza, pero ni uno ni otro traen jamás el olvido.

En su Antología poética-1959-2012- publicada por Alacena Roja, Madrid 2012 nos decía Elvira Daudet: Mi poesía tiene como principio y fin la criatura humana, todo lo demás está subordinado a este valor. Entre lo sublime y lo común, yo elijo como materia poética lo común: el pan antes que la rosa. Frente a la ambigüedad de ciertos poetas que ocultan su nadería con humo o sobredorados que confunden a los lectores, yo opto por la claridad de la palabra desnuda, aunque hiera, que todos puedan comprender.

La infancia de La Daudet , niñez en una postguerra  de miseria terrible y doloroso silencio, se envenenó con las palabras al tiempo que produjo el milagro de la escritura. Una escritura censurada, repudiada por la propia familia (creo que ya lo he dicho en otras ocasiones) que hizo que esta niña entonces se volviera  insurgente, tragase su dolor para sí misma y ya adolescente y en la ciudad del Doncel, unió su vida a su pasión y surgió la poesía que, ya siempre, le serviría de bálsamo y le serviría de bandera y todo porque desde niña Elvira Daudet, estaba envenenada por la magia de las palabras. Una magia que –según palabras suyas– un joven cabezón de ojos de miel, llamado Antonio Pérez le enseñó al principio. Luego Jesús Tomé, que fue como su hermano mayor. Era claretiano –nos ha dicho la Daudet– pequeño y trasparente como San Juan de la Cruz y, como él, un grandísimo poeta, que volcó toda su sensibilidad en la formación de esta poeta terrenal y marina, insurgente y soñadora. Elvira Daudet escribía poesía a todas horas.(Esto también lo he contado ya, pero es bueno recordarlo)  A los 17 años se vino a estudiar a Madrid. Después llegó Paris y la ciudad de la luz fue el amor y fue el delirio… hasta que éste concluyó.


Tendría que pasar tiempo, mucho tiempo, para plasmar en poemas, en su Cuaderno del delirio, libro de tiempo, de memoria, de  amor y desamor, de dolor y de pérdida, con la ville de la lumiere, encendida o apagada según el caso, de Paris al fondo.Sí, tendría que pasar el tiempo, ese que dicen que cura las heridas o al menos las vuelve menos dolorosas. Dice Elvira Daudet, yo lo he leído en alguna parte,  que  este será su último libro de poemas; pero eso... ni el propio poeta lo sabe porque es la Poesía, siempre, quien decide si te abraza o te abandona, si fija tu palabra en el tiempo o te deja en silencio porque sabe que lo que ya has escrito o dicho es suficiente. Sólo la Poesía lo sabe querida Elvira.

El periodista Manuel Valera se encargó de presentar a Elvira Daudet en Fuentetaja y, entre otras cosas de interés, dijo:  ... en primer lugar quiero decir que leyendo este Cuaderno del delirio me he sentido como Ulises leyendo la Odisea según Penélope. He descubierto mi propio delirio, pero desde el otro lado...
...la poesía de Elvira nos habla de la pérdida, ese robo, que es el tiempo para ella; el tiempo, ladrón que se lleva sus años, sus amores, sus pasiones, sus hombres, sus olores a hombre. A partir de ahí, ¿qué le queda?: el sentimiento de pérdida, un estado catatónico, un delirio...... la vida para Elvira sólo es, técnicamente, la vida digna de ser vivida, una vida feliz. La otra, el resto del tiempo, a eso no lo llama vida...
... el amor en Elvira deja a los amantes en un delirio, en una enfermedad. Pero se queda en los objetos por donde ha pasado, acrecentando la melancolía, la añoranza..."
Manuel Valera, Elvira Daudet y  la representante de la Editorial

Elvira Daudet no adorna sus poemas con florituras verbales, su lenguaje es sobrio,  preciso y natural. Su poesía, su voz lírica es auténtica , apasionada y desgarradora. Esta poeta tímida e insegura, como tantos, necesita sentirse querida, arropada, iluminada…por ello parió un mundo para que se le cayesen encima las estrellas. Y esas estrellas la llevaron,  con decisión, a París.
Allí, gracias al hispanista Claude Couffon, conoció a Nicolás Guillén, a Jean Paul Sastre,  Louis Aragón… En París vivió y convivió con el mundo de la  bohemia. Allí, en Paris, se casó y fue el delirio…y dejó de escribir poesía. Ella dice que se  decepcionó, pues pensaba comerse el mundo y (dice ella), no se comió una rosca. Vivió  entregada al oficio del periodismo, pero sin dejar de escribir poesía.
“En su larga experiencia periodística, trabajó en Informaciones, Pueblo, ABC y El Independiente. También colaboró en diversas revistas culturales y de información general y en algunos periódicos extranjeros como St. Galler Tagblatt. Fue directora del periódico La Tarde de Madrid y de la revista Derechos Humanos. En Televisión Española escribió, dirigió y presentó la serie Está llegando la mujer. Como corresponsal del diario Pueblo en Roma fue testigo excepcional de los acontecimientos históricos que marcaron los años 70 como los asesinatos de Pier Paolo Pasolini y Aldo Moro, las masacres fascistas y la violencia de las Brigadas Rojas.”

Elvira y yo en una lectura poética de Rafael Soler


Con el periodismo tuvo muchos disgustos y muchas, más alegrías  El periodismo, dice,  fue su premio gordo de la lotería, viajó, conoció a los personajes más importantes de la época, y le  pagaron por ello (como en la poesía, igualito. Elvira suele decir que lo habría  hecho gratis, como en la poesía, pero  le pagaron) Así,  salió adelante, ella y su familia.



La Daudet  siempre ha escrito versos. Ella dice que la poesía es una necesidad, un soplo que te derriba en el momento más inesperado, al que es imposible resistirse y que por eso escribe.
Cuaderno del delirio es el recordatorio de un tiempo de ausencias y presente en la memoria. Un poemario que nos trae el vacío de un tiempo inexistente ya, muerto ya,  y sin embargo vivo. Es, a veces, como un delirio de instantes felices y muchas, muchas veces  es el doloroso  delirio de vacío de pérdida, del peso insoportable del tiempo, de soledad…

El periodista Manuel Valera, Elvira Daudet saludando y la  representante de Intravagantes.

Elvira Daudet,  mientras se desangra  de amor y de dolor se pregunta, se dice: Al borde del abismo camino a ciegas, / sin comprender quien soy ni lo que espero.
Yo te lo digo: esperas  seguir escribiendo para que, al menos, la poesía venga a quererte, a arroparte, a iluminarte, para que la poesía, tan caprichosa ella, venga a tu lado y te sonría para escribir versos contundentes, auténticos, vividos, sentidos, sufridos, versos sinceros, dolorosos, como los de este Cuaderno del delirio.  Versos que atrapen los sentidos y se queden en el lector, se  hagan del lector. Para que la Poesía te alumbre. Para que siga alumbrando a La Daudet.


viernes, 12 de abril de 2013

Amando Carabias María: Quizá un martes de otoño


Amando Carabias María: Quizá un martes de otoño



Amando Carabias María (Segovia 1962) me envió su nuevo poemario. Un libro publicado por Urania Ediciones, editorial castellonense dirigida por la poeta y escritora Amelia Díaz Benlliure. El poemario se edita dentro de la colección Astrolabio y su título es Quizá un martes de otoño (Castellón,2013). Este es su tercer libro de poemas  tras haber publicado Humanidad perdida (1981) y Versos como carne (2011), libro del que di cuenta en este blog,


Este tercer poemario de Amando Carabias María nos cuenta cómo duele la enfermedad de uno  de los seres  más queridos para cualquier humano: su madre. Y nos habla de esa incertidumbre, ese desasosiego, ese miedo que nos embarga y que nos domina sin que nada pueda evitarlo.

“No existen palabras contra el desasosiego,
ni existen relojes que lo aplaquen,
no el filo de una espada lo extermina”

El poeta, nos dice  la solapa, concentra en una jornada toda la tormenta de sentimientos y de visiones a veces desgarradoras, a veces apocalípticas. Siempre pegado a lo cotidiano. Y en su poema sentimos el temor, la tensión, la emoción que lo envuelve y el lirismo de unos versos que  aplaca el fuego de la impotencia que crepita en ellos.

“En esta pesadilla también me he levantado
antes que los tejados carmín de la ciudad
Ni siquiera los pájaros habían regresado
de nuestra madrugada de volcanes.”
  
Pero Amando Carabias María, poeta de reflexiva humanidad y de testimonio de vida,  siempre camina  escrutando la estela de la esperanza:

“Busco una huella tuya entre mi carne
herida por tu ausencia
y añoro como un surco tu sonrisa.
Cuando mis ojos besan el claror,
descubro tu presencia junto a mi;
tus labios son presente.”



El poeta, ha tenido la necesidad, imperiosa necesidad de escribir este libro Un poemario enormemente íntimo, doloroso y desasosegante. Un libro en el que el poeta inicia la aventura de escribirlo para sacar de sí el miedo, el miedo que siempre se nos convierte en el más doloroso inquilino cuando se instala en nuestra casa, el miedo que le atenaza frente a la enfermedad, ante el dolor  del dolor en el ser querido, desde la angustiosa impotencia y a modo curativo, porque de haberlo dejado dentro, ese dolor, ese desasosiego que embarga al poema, fragmentado en diferentes horas, seguramente se habría enquistado no ya en el cuerpo, el corazón, sino mas allá, en el misterioso aliento que llamamos alma.

“En esta pesadilla ya no estabas,
como si adivinara el porvenir,
o tal que si el temor a tu partida
fuera espejismo de alabastro.”

En Quizá un martes de otoño nos encontramos con 37 poemas (fragmentos del poema) de concepción formal y verso blanco con predominio de endecasílabos y heptasílabos de perfecta ejecución y buen ritmo y, al tiempo, unos pocos fragmentos ( del poema) en prosa poética como este que inicia el camino de lo cotidiano, del camino de tener que continuar, aun sin fuerzas, con la rutina diaria:

“Una camisa blanca sin sonrisas, sin lágrimas, ahorcado en mi / 
corbata color viento de otoño, dentro de la armadura de/
un traje azul cansado…Como un viejo soldado, de nuevo /
estoy dispuesto a emprender esta lucha cotidiana en la/
niebla, una infinita guerra de trincheras y frio, la batalla/
sin sangre que siempre me derrota, y me devuelve a casa,/
cadáver cada noche.”

A veces hay que vomitar las palabras por si, de este modo, obran el milagro de las sanaciones. Quizá un martes de otoño, como dice el poeta Francisco caro: que el pulso poético de Amando es capaz de mantener la tensión del dolor, del llanto y el desaliento hasta las 3:28 de la madrugada siguiente, último poema, donde ya se atisba la calma, el sendero de la esperanza.
Y estos versos finales no sé si pensados o soñados pero de cualquier modo con la certeza de que son sentidos, implorados, deseados.


“¿No existen palabras contra el desasosiego?

Quizá no haya palabras, sin embargo 
sé que existe el sendero donde el alma
llegará al fuego de tus manos
donde arderá mi pánico, y después
alcanzaré el jardín para el reposo
donde cantan los árboles :”



Quizá un martes de otoño me parece a mí, en definitiva,  el canto desesperado de quien anda instalado en el miedo, en la angustia, en el dolor y para tratar de hallar un resquicio de luz, una palabra de consuelo, le ha puesto horario a su desasosiego tratando de  “cotidianeizar”  el dolor que, sin remedio,  nos acerca el miedo, el temor, el espanto para llevarnos a la más cruel de las derrotas. Pero el ser humano, finalmente, aun con dolor y miedo dentro de sí no abandona esa luz  que alumbra la esperanza. En definitiva un libro de perfecta ejecución, un libro emocionado, un libro con ritmo, un libro tremendo y vivo  en el que el poema, o los fragmentos del poema,  mantienen el latido, la tensión, el pulso, el vuelo de los buenos poetas.

martes, 2 de abril de 2013

Hay caminos -Antología homenaje a Jose Hierro-, coordinada por Sonia San Román, con prólogo de Julieta Valero y epílogo de Enrique Villagrasa





Hay Caminos –Antología Homenaje a José Hierro-

Un año más abril, un año más una fecha para el recuerdo, 3 de abril, el cumpleaños de un hombre, un poeta que fue para quien esto escribe como un  padre, un hermano, un amigo, un compañero,un colega de los versos como el decía refiriéndose a mi, José Hierro: 91 años cumpliría, pero Pepe Hierro ya no cumple años, ahora no porque  ya es intemporal en su poesía.



La editorial Ediciones del 4 de Agosto, en su colección Planeta Clandestino, rindió homenaje al poeta José Hierro al cumplirse el  90º aniversario de su nacimiento (3/4/1922)  y el 10 de su muerte (21/12/2002). Le rindió  homenaje con un lobro titulado  Hay caminos -antología-homenaje a José Hierro-  coordinada por la escritora riojana Sonia San Román.  La coordinadora de este libro, Sonia San Román, logroñesa  nacida en 1976 en Villamediana de Iregua, es Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de La Rioja. Ha publicado un cuadernillo titulado De tripas corazón (Ed. 4 de agosto, 2004) y el libro Planeta de poliuterano (Ed. Crecida, 2005)



Esta antología incluye una selección de diez poemas de José Hierro y, al mismo tiempo, por cada uno de sus poemas, sendas versiones  que han hecho de estos diez poemas,  cinco poetas riojanos y cinco poetas cántabros  Los logroñeses son Adrián Pérez, José Luis Pérez Pastor, Carmen Beltrán, Enrique Cabezón (el poeta, músico, dibujante, editor... de Ediciones 4 de Agosto de Logroño), y Sonia San Román. Y los cántabros Carlos Alcorta, Adela Sáinz, Rafael Fombellida, Alberto Santamaría y Yolanda Soler.

El periodista , poeta y crítico literario Enrique Villagrasa, que ha sido el encargado de  escribir el epílogo, nos dice al respecto: …estos poetas cántabros y riojanos, plasman el rechazo a la oscuridad. Aunque todos ellos  apuestan por el misterio poético sencillamente expresado y hacen un recorrido con su poesía,  a través del diálogo, con los señeros poemas escogidos de cada uno de los libros, en forma cronológica de edición, del poeta José Hierro.



José Hierro aunque nació en Madrid en 1922, fue santanderino, de adopción desde que sus padres se trasladaron a Santander cuando él tenía dos años. Allí vivió su infancia y, siendo adolescente, escribió su primer cuento por el que le concedieron Premio. Allí  junto con su amigo el poeta José Luis Hidalgo conoció al poeta Gerardo Diego , admirado por ambos, a quien le entregaron poemas para que, el  autor de la Antología de la llamada Generación del 27, les diera su valoración. Allí, tras la guerra civil, con dieciocho años, fue condenado “Por ayuda a la rebelión” , hecho que le mantuvo preso (por diferentes cárceles de España) hasta 1944. Allí se casó con una santanderina  María de los Ángeles Torres (Lines para los que la tratábamos) y allí, tras instalarse en Madrid en 1952,  regresaba todos los veranos  a su quinto piso sin ascensor primero,  y más tarde,  los últimos años,  a otro más cómodo para su salud, para disfrutar de la Menéndez Pelayo, de la ciudad, del mar y de los amigos cántabros.

Sonia San Román coordinadora de esta antología

El libro se inicia con una reflexión inédita de José Hierro sobre la poesía: “Mi rudimentaria definición de poesía sería esta: Poesía es algo (¿Qué?) que me permite intentar decir lo que no se puede decir”  continúa con un prólogo de la poeta Julieta Valero: “ No se me ocurre  mejor forma de abrir un libro de homenaje a José Hierro que la evocación de su propia voz a través de  una reflexión inédita. Se trata de un texto metapoético que el poeta dejó entre sus papeles y que su familia ha tenido la generosidad de cedernos para esta página de bienvenida al lector”

Y Termina con  un epílogo del poeta y crítico literario Enrique Villagrasa: “La idea de versionar, releer, reescribir, recrear diez poemas significativos para otros tantos poetas  de la poesía del siempre admirado José Hierro (…) me ha parecido del todo interesante, porque no deja de ser una buena forma de que la poesía y en concreto su poesía llegue a muchos más lectores, quienes al ver  el resultado de este palimpseto diríase,  querrán leer más poesía y más del poeta Hierro”

Hay caminos fue presentado en Logroño, el 21 de diciembre de 2012, con la proyección de una serie de fotografías relevantes en la vida del poeta  homenajeado. Igualmente  se presentó luego en Santander. Estuvieron presentes los poetas que han participado en esta antología y también se proyectaron imágenes con los dibujos del autor de  su último libro: Cuaderno de Nueva York (Hiperión, Madrid, 1998)

En diciembre de 2012, coincidiendo con el aniversario de su muerte, la Universidad Internacional Menéndez Pelayo dio a conocer dos nuevos libros sobre su figura: Memoria de un homenaje y Profesor José Hierro. Estoy seguro de que este último título le habría hecho sonreir y gastar alguna broma al respecto.


Así pues, esta no es la única publicación que se ha editado últimamente relacionada con Pepe Hierro, pero por su singularidad,  este librito ( y no lo digo porque no sea  importante, que sí que lo es, sino por su tamaño, 9X13 cms. más o menos),  es muy manejable, cabe en cualquier bolsillo y los lectores que se interesen por él además de llevarlo a todas partes por su comodidad,  conocerán  a uno de los grandes poetas del siglo XX ,es decir a Pepe Hierro y descubrirán también, seguro estoy, a  diez antología-homenaje poetas de interés que no les dejarán indiferentes.