domingo, 31 de enero de 2016

Memoria poética.II Segunda época:.Tundidor y la constante renovación de la palabra




Memoria poética II.
Jesús Hilario Tundidor:segunda época
La constante renovación de la palabra 




Mientras acabo esta segunda parte sobre la poesía de Jesús Hilario Tundidor en esta Memoria poética, recibo una llamada suya y hablamos un rato, me pregunta si tengo ya su Elegía en el alto de Palomares, le contesto que sí, que tengo las dos. Es ese libro que habla de mi tierra Zamora, me dice. Y así es.Toda su inspiración y todo el trabajo en su poesía, así como “gran parte de mi vida más emocional –dice- , espiritualmente está condicionado por Zamora.” Me invita a su casa para tomar un café y charlar un rato, yo casi no salgo, se excusa, y quedamos en ello.

La Segunda Ëpoca en la poesía de Jesús Hilario Tundidor, da cuenta de los siguientes libros: Libro de amor para Salónica (1980 y nueva edición revisada en 2005), Fernando Primo Martínez nos habla de una "historia de amor", un divertimento lúdico, un recreamiento de poesía amorosa,” Libro de amor para Salónica no es otra cosa, dice, que otra vuelta de tuerca en la poesía de Tundidor.
Repaso de un tiempo inmóvil (1982), del que Alberto Torés García, no cuenta, desde sus sensaciones, con relación a este libro, que Tundidor es un humanista solidario.


Con relación a Mausoleo (1988), María Pilar Celma, de la Universidad de Valladolid, nos dice que  es la historia de la humanidad hecha poema. Tundidor suele decir que es el libro que mejor le define como poeta “por su mensaje, su redacción plena de subjetividad y por su intento de comprensión del suceso fundamental de la Historia”



Construcción de la Rosa (1990), Carlos Aganzo, el poeta y director de El Norte de Castilla, escribe sobre uno de los libros más complejos y grandes de Tundidor donde – nos dice que “ el desvelamiento a través del conocimiento del corazón da como resultado la revelación de la rosa y la inconsciencia del canto.”
Tejedora de azar (1995), Emilio Miró, de la Universidad Complutense, dijo en su día: “Tejedora de azar es fragmentación y unidad. Fragmentación porque son "poemas exentos" sin nexo de trama argumental, reunidos en un volumen que conjunta lo fragmentario” Y, según ha dicho el propio autor, los unificó con ese título.










Las llaves del reino (2000), Antonio Crespo Massieu nos habla de la exigencia de la realidad en este libro. Un espacio habitado, dice Crespo Massieu, el de los poemas, para que la esperanza creadora entre en nosotros y haga surgir la realidad.


Fue (2008). Libro del que, en 2009,  yo escribí lo siguiente: Fue, en su génesis primera llevó el título de "Cátedra de San Jorge" (que es, la segunda parte del libro) y Tundidor, pensó estos poemas iniciales a raíz de un tiempo en el cual estuvo sometido a un tratamiento de radioterapia debido a un carcinoma detectado en su laringe. 


Pero no comenzó a escribir estos poemas por "mirarse el ombligo" para lamentarse, no. Jesús Hilario Tundidor no es persona que pretenda semejante cosa. Por el contrario, Tundidor es hombre, poeta, que sólo se "mira el ombligo" para sobrevolar por encima de todo eso y, desde la altura, siempre desde la altura y la distancia, alejarse de temores o preocupaciones o miedos e imbuirse en lo que el llama su razón de escribir poesía: fundamentar la forma de vivir más intensa.

Esto sucedió (el inicio de Fue) en el año 2003 durante los meses de mayo y junio. Así fue surgiendo un poemario que era la representación intuitiva de todo lo que se acercaba a su consciencia por el recuerdo o la imaginación.
Un poemario que tras un tiempo y tras organizar y estructurar lo escrito, definitivamente, aquella "Cátedra de San Jorge" se convirtió en este libro: Fue.

Un libro en el que (lo diré con palabras del autor ya que hemos hablado en varias ocasiones de él) Vuelca el poeta toda su experiencia vital en un discurrir apasionado por la naturaleza, la historia y la cultura como un legado alucinado de su paso por el tiempo. Un lenguaje proteico, sincopado, delirante, transgresor y ubérrimo en el que las edades de la vida se hacen memoria de un sueño amargo, como una plegaria ante el vértigo de la sinrazón y el temor al vacío. (vamos, que mi amigo estaba en tanto que duró el proceso de creación, como el verso de aquel maravilloso fraile llamado Juan de Yepes y que decía: Vivo sin vivir en mi.)



Tundidor y Manuel L. Azorín

Pero no busquéis relación entre este libro y aquel proceso de radioterapia al que se sometió Jesús Hilario Tundidor. El único nexo que podríais encontrar es el intento de alejarse de ese "Temor al vacío", de ese "Vértigo" que en ocasiones produce y nos trae, con su carga de "sinrazón aparente" la vida.
La vida es someterse a la rueda del tiempo mediante la memoria y lo imaginado y esto es lo que hace Tundidor en Fue.

Os dejo el poema V de la primera parte de Fue titulada "El ojo de la lluvia", como muestra. 

Estás muerto y has cruzado la nieve. tu corazón se
pudre en la humedad de la memoria que has perdido.
Insólitas también tus reflexiones que planean lo blanco. Si
no hay eternidad y nada dignifica a los hombres ¿Cómo 
abarcar la obscena costura de la incertidumbre, el cerrojo
del descubrir? Adivinar. Estremecerse. Lo juro, no mere-
ció el dolor. Ni siquiera el país de la niebla que atraviesan
los muertos. ¡Qué zaguán esperaba!





Un día Jesús me telefoneó para decirme, por enésima vez, que Fue me lo había enviado. Le dije que no se preocupara y dada su gran susceptibilidad, en lugar de entender que ya me ocuparía yo de encontrarlo, surgió su "pronto defensivo" y tuve que decirle que se ocupase él de conseguírmelo. Así se quedó más tranquilo y yo también.

Más adelante Jesús y yo nos encontramos en el Ateneo y, al acabar el acto, nos fuimos dando un paseo y charlando hasta la Puerta del Sol. Tundi (que así es como le llamamos los amigos) seguía empeñado en comprarme el libro, me negué en redondo y le dije que lo compraría yo. Terminó explicándome el leiv-motiv de Fue, emocionado y hablando y hablando, entramos al metro y, cada cual a su línea, nos fuimos a casa. Tundidor es un hombre que, como todos, necesita que le quieran por eso suele decir: “Los más necesitados de cariño somos los seres humanos siempre Ah, y no es pudor, sino emoción, emoción honda, seria, verdadera.”
En toda la obra de Tundidor aparece la emoción y de ella se desprende un sentimiento humanista. De ahí que el poeta haya dicho:"Me interesa la realidad si me dice algo que pueda transmitir a través de la emoción,”  Por eso nos dice que: “lo que no emociona no tiene cabida en lo poético; la vida y sus implicaciones, como acontecimiento en el corazón del hombre, son el verdadero camino del poema y el lenguaje su principal medio de expresión”.


Tundidor con Rafa Mora (centro) y Moncho Otero, los cantautores poetas que editaron el C.D. "Viento de octubre" con poemas de Jesús a los que pusieron música. 
Jesús Hilario Tundidor cuando comienza una lectura de poemas, como siempre, con ese hilo de afonía tímida que le sale al principio, todos pensamos que no le vamos a poder escuchar, bueno, pensábamos, porque los que le conocemos bien sabemos que luego, tras estas intervenciones, Afónicas-tímidas-dubitativas... Tundidor se pone a leer su poesía y es de voz rotunda, dice el poema de un modo absolutamente personal y nos deja sorprendidos y emocionados a todos.
La publicación, Un único día. Poesía 1960-2008 (Calambur 20010), que consta de dos volúmenes, quiere ser, en palabras del autor, su obra definitiva. Las 920 páginas de estos los tomos que componen esta edición, recogen la selección y la reescritura de toda la obra de Jesús Hilario Tundidor, tal y como él quiere que sea leída.



En estos dos volúmenes encontramos su obra y en ella sus dos etapas; pero  no se trata de bloques estancos, sino que, aun con las diferencias y/o similitudes que  puedan existir entre las dos etapas, puede verse una continuidad, y comprobar que su reflexión es al principio existencialista y testimonial y luego evoluciona  hacia una mayor abstracción y tanto en una como en la otra anda por su poesía eso que para él resulta imprescindible en el poema: la emoción.
Jesús Hilario Tundidor siempre recurre a la propia vida en sus poemas, a lo cercano, y recurre a su tierra y, cómo no,  al amor... Cuando Tundidor escribe, suele decir, siente que el tiempo no existe, y entonces, es cuando su poesía ordena la realidad y se inunda de emoción y de pasión. 
Cesar Augusto Ayuso, nos dice que el poeta es "razón y pasión". y Natalia Carbajosa, de la Universidad de Cartagena, que es la palabra multiplicada.

Al margen de esta, podríamos llamar obra completa de Tundidor, aunque siempre es difícil hablar de obra completa cuando se continúa escribiendo,  ha publicado las , entre otras, las antologías: Lectura de la noche (1990).Mundo ahí (1999). Selección de poemas de la primera épocaElegía en El alto de palomares (2001). Antología. Un paso Atrás (2003).Con  estudio preliminar de Gabriele Morelli. Nada sabe la noche (2009).


 Con relación a Nada sabe la noche os diré que es una antología más, de las muchas que ya tiene publicadas, de este poeta que cambia y se transforma, que adopta modos y formas diferentes según vengan las cosas o las palabras, un ser proteico en fin que nos ofrece en esta selección: la pregunta existencial, el pálpito emocional, la cuestión metapoética, el paisaje castellano,la sombra alargada de la historia de España, la indagación intelectual y la ebriedad amorosa y todo, o casi todo, en un ramillete de poemas seleccionados y unidos por una estructura formal o clásica y algunos otros , variaciones para innovación o modernidad.
Son poemas que Jesús Hilario Tundidor fue escribiendo a lo largo de su ya dilatada, conocida y reconocida, trayectoria poética. Cuadernos del Boreal nº5. Con Liminar de Javier Pérez Walias, IES Universidad Laboral, Cáceres. Y después de publicar su obra en los dos volúmenes citados con el títuto de Un único día, ha publicado, que yo sepa, dos antologías: La fertilidad de los vocablos (2013), de la que el crítico y poeta Enrique  Villagrasa nos dice: “Estamos ante un poeta de raza, uno de los más representativos de la lengua española actual, un todo terreno, capaz del mayor simbolismo y de la ácida y certera finura popular".  Y finalmente, y hasta hoy, que yo sepa, la nueva revisión y edición de Elegía en el alto de Palomares (2014) de la que ya he hablado en Memoria poética I

Además, ha publicado en ediciones no venales y ha escrito ensayo, y destaco aquí el de Reflexiones sobre mi poesía (1994) que él mismo leyó en el colegio Universitario “Santa María” de la Universidad Autónoma de Madrid hacia mediados los años noventa.

En cuanto a premios recibidos  tanto a libros como a reconocimiento de su obra (aunque él suele decir que los premios no tienen importancia en el ámbito maravilloso de la amistad),
tiene en su haber el Adonais (1962), el Álamo (1969), el González de Lama (1972), y el premio Esquío (1981). Igualmente  los premios  que reconocen su obra poética son  el San Juan de Baños (1997).Valladolid. El Premio de la Academia Castellano-leonesa de Poesía (1999), por su trayectoria poética. El  Premio León Felipe (2000). El  Premio de la Asociación Madrileña de Críticos 2006, al mejor libro de Ediciones sobre Arte al poema Fiesta sobre lo azul  con aguafuertes de Francisco Arjona. Y finalmente en 2014 recibió el Premio Castilla y León de las Letras.


Esta es la poesía de Jesús Hilario Tundidor, un hombre, un poeta que escribe, según el nos cuenta en muchas ocasiones,  para explicarse a sí mismo el gran acontecimiento que supone la vida, la existencia. Escribe para sentirse vivo. Para intentar conocer el verdadero sentido de esta absurda y maravillosa transición que llamamos vida.

                                                    Manuel López Azorín














sábado, 23 de enero de 2016

Memoria Poética. Carlos Bousoño: La eterna primavera II




Memoria Poética.

Carlos Bousoño: La eterna primavera II


Cuando Carlos Bousoño contaba dos años sus padres se fueron a vivir a Oviedo, allí transcurrió su niñez y adolescencia. Los dos primeros años de la carrera de Filosofía y Letras lo hizo en Oviedo y, a los veinte años, se trasladó a Madrid licenciándose en la Universidad Central (Universidad complutense de Madrid después) en 1946 con Premio Extraordinario. En 1949 se doctoró en Filosofía y Letras en la UCM, con una tesis doctoral

 (la primera sobre un escritor vivo en España) sobre la poesía de  Vicente Aleixandre ( Premio Nobel de literatura en 1977.) La tesis de Carlos Bousoño fue publicada con enorme éxito (La poesía de Vicente Aleixandre, Ediciones Ínsula. Madrid, 1950) y aún continúa considerándose el mejor y más profundo estudio sobre la poesía del gran poeta sevillano del 27



La  obra poética de Carlos Bousoño es abundante.  Su primer poemario es de 1945, Subida al Amor  (Adonais),  libro existencialista y reflexivo o lo que por aquellos años se dio en llamar “poesía del desarraigo”.  



Corriente  de los jóvenes poetas que, tras la guerra civil, optaron por una poesía que  cantaba la realidad y que asumieron dramáticamente el conflicto entre una visión existencialista de la vida y una profunda fe religiosa en un tiempo donde la exaltación de la fe, la patria  y la naturaleza predominaba  entre los poetas que fundaron las revistas Escorial y Garcilaso. En la misma línea del primero y cerca de cierto misticismo siguió el libro que me recomendó Claudio: Primavera de la muerte, éste libro y Subida al amor fueron reeditados juntos con el título Hacia otra luz en 1950.

De su obra poética cabe  destacar Oda en la ceniza (1967), premio de la Crítica, 1968), Las monedas contra la losa (1973), premio de la Crítica, 1974), Metáfora del desafuero (1989), premio Nacional de Poesía, 1990. Este libro que en principio Carlos Bousoño había titulado “La fábula y el estertor” y que finalmente cambió por Metáfora del desafuero fue un poemario con el que nos ofreció una plena madurez creativa y expresiva. Un libro de síntesis en la que poemas de conceptos opuestos: inspiración y falta de creatividad, amor y soledad, placer y sufrimiento, se enfrentan. 


El poeta reflexiona sobre el lenguaje poético, sobre el tiempo con diversidad de tonos y con precisión en la versificación de los poemas, ya breves, ya extensos, de este poemario. Y siempre presente, como en el resto de su obra, la preocupación existencial.


El ojo de la aguja (1993), fue su último libro publicado. Recuerdo su presentación el 2 de marzo de aquel año, cuando aún era inédito, en la Tertulia Literaria Hispanoamericana que dirigía el poeta y ensayista Rafael Montesinos. El poeta, entonces, dijo de su libro: “El arte y la poesía son melancólicos sustitutivos de Dios. Así, concibo la poesía como una sustitución de un ser supremo que nos salve”. Tras estas palabras añadió: “Yo soy un estoico a quien no le da miedo la muerte. Vivo su cercanía intensamente, pero no con desesperación”. 

Cuando Tusquet publicó el libro, en septiembre de 1993, las dejó reflejadas en la solapa añadiendo: “Probablemente el que, paradójicamente, se desprenda de su lectura un extraño sentimiento de serenidad, como si, convertidos en videntes gracias al conocimiento que nos brinda, accediéramos, a través de ese bíblico ojo de la aguja, a un amplio dominio, hasta entonces desconocido, se debe a que los poemas de El ojo de la aguja han sido escritos desde esta lúcida cercanía, algo fúnebre, trágica.”
En este año de 1993 le conceden el Premio Nacional de las Letras por el conjunto de su obra. En ella, sin abandonar nunca su raíz existencial, su estilo fue evolucionando y se hizo  menos sobrio y con una mirada más solidaria.


Carlos Bousoño estaba casado, desde 1976,  con una exalumna suya natural de Puerto Rico, Ruth, con la que tuvo dos hijos.
Su larga enfermedad le impidió, en los últimos años, trabajar y relacionarse. Yo sabía de Carlos por Clara Miranda, mujer del poeta Claudio Rodríguez, buenos amigos siempre y si alguna vez me encontraba con Ruth, le preguntaba por este poeta, este hombre sabio, brillante, amable y solidario (especialmente con José Hierro aunque luego éste no pareció corresponder al que un día se prestó a venir a Tertulias de Autor, no sólo para leer sus poemas sino para apoyar el mantenimiento de su premio y a la poesía.)

Así era Carlos Bousoño, el poeta que me salvó un día de tener que responder a la embarazosa pregunta que a menudo me hacían: ¿Es usted familia de Azorín? Cuando esta pregunta te la hacen personas ajenas al mundo de la literatura, uno puede entender que, tal vez, no sepan que el gran escritor que fue José Martínez Ruiz, ese era su nombre, firmaba sus libros con el seudónimo Azorín y naturalmente como tal se le conoce. Lo que ya me parece mas “extraño” es que  alguna persona del mundillo literario, escritor, para más señas, me lo preguntase en una ocasión. Para mi resultaba tremendamente embarazoso explicarle que Azorín no se llamaba Azorín. Menos mal que en aquella ocasión Carlos Bousoño, que se encontraba a mi lado, me liberó para siempre de semejante situación diciendo: “No señor, Manuel López Azorín es el verdadero Azorín”. Desde entonces, cuando alguien me pregunta si soy familia del escritor Azorín suelo contestar lo siguiente: Carlos Bousoño dice (decía) que yo soy el verdadero Azorín y, de ese modo, resuelvo una situación que para mi siempre resulta embarazosa. Muchas gracias querido Carlos.

Carlos Bousoño en su casa (Foto Gema 1994)
 
El poeta y profesor Jaime Siles nos ha dicho sobre la obra de Carlos Bousoño: “La obra de Bousoño describe, pues, una trayectoria dirigida por el cuestionamiento del ser como existencia y de las cosas como idioma de su y mi emoción. Y eso explica la primacía, cada vez más visible, no de las causas, sino de los efectos, y el paso de la realidad, como inventario, al de la vida como receptáculo de lo que en ella pasa, que es —y es sólo— la emoción.”

En 1998 Tusquets Editores, publica la poesía completa de Carlos Bousoño con el título genérico de Primavera de la muerte. Poesías completas (1945-1998) 

La obra de un buen poeta que quizá por su gran reconocimiento como investigador de la teoría poética, muchos no alcanzaron a reconocerla como él hubiese querido que lo hicieran.
Ahora, me consta que Ruth está trabajando en la obra de Carlos y es de suponer que saldrá algo en breve.

Os dejo aquí el poema que dio título tanto a aquel libro publicado en 1946 como a su poesía completa.



Primavera de la muerte
Y es que todo es la muerte, pero la muerte es traspasada por  
        las cuatro estaciones,
y el cielo de azul inasible, de delicado más allá
es, sí, la primavera de la muerte, sus dones,
que en un tenue pasaje y terso viento va.

Oh este campo florido que hoy en mi ser se enreda; 
oh esta pureza que en la tarde miro.
Quietud inmensa. Plenitud. Retiro.
¡Humo que duerme en el confín de seda  
más allá del suspiro!
                                       


                                                        Manuel López Azorín

martes, 12 de enero de 2016

Memoria poética. Carlos Bousoño: La eterna primavera I





Memoria poética  
Carlos Bousoño: la eterna primavera  I


El poeta. crítico literario ensayista e investigados poético y académico Carlos Bousoño Prieto falleció en un hospital de Madrid el pasado 24 de octubre de 2015. Tenía 92 años (nació en Boal, Asturias, el 9 de mayo de 1923) y los últimos años había permanecido retirado debido a una enfermedad en su casa de El Plantío de Majadahonda, Madrid.

El adiós de este hombre me produjo mucha tristeza y el eco en los medios informativos más ( apenas unas notas biográficas sobre su trayectoria y poco más), ya que considero que ha sido, dentro del panorama poético español, no solo una buena persona que lo fue, no sólo un buen poeta que lo fue, no sólo una gran profesor que también lo fue, sino que como investigador sus ensayos sobre la teoría poética  Teoría de la expresión poética en 1952 y El irracionalismo poético(el símbolo), en 1977. Este libro obtuvo el Premio Nacional de Ensayo en 1978. Ambos libros han supuesto  mucho dentro del panorama poético español desde los años 50 en adelante.



La primera vez que supe de Carlos Bousoño fue en 1980, cuando entró en la Real Academia Española, porque Claudio Rodríguez y él eran grandes amigos y recuerdo que Claudio comentaba que Carlos Bousoño era el más indicado para entrar en la Academia porque era un maestro de la teoría poética, de la investigación poética y de la poesía. Como yo no le había leído, el poeta zamorano me recomendó dos libros suyos: 

Primavera de la muerte, un poemario editado en 1946 de  corte existencialista, reflexivo y cercano a la mística y un libro del que recuerdo que me dijo literalmente: "tienes que leer un libro que publicó más o menos cuando yo vine a Madrid (Claudio llegó a Madrid en 1951 y este libro se publicó en 1952, libro que a lo largo de los años Carlos Bousoño fue enriqueciendo continuamente),  y que  es lo mejor que se ha escrito nunca sobre la poesía, el libro era Teoría de la expresión poética." 


Libro en el que expone su teoría de la metáfora y por el que le concedieron el Premio Fastenrath de la Real Academia Española ese año. Este ensayo  se convirtió en un clásico nada más ser publicado y que ha estimulado la reflexión crítica y estética a decir de la crítica. En este ensayo el autor trata de desentrañar los secretos del fenómeno poético: Carlos Bousoño es autor de abundantes estudios crítico y teórico literarios que versan sobre poesía. Además de las dos obras mencionadas también escribió Seis calas en la expresión literaria española (en colaboración con Dámaso Alonso). Editorial Gredos. Madrid, 1951. Superrealismo poético y simbolización, 1978 y Épocas literarias y evolución. Edad Media, Romanticismo, época contemporánea, 1981.

Carlos Bousoño fue profesor de Literatura española en varias universidades norteamericanas así como en la Universidad complutense de Madrid y fue votado durante muchos años el mejor profesor de esta Universidad. Sus clases fueron siempre lecciones magistrales ya que las impartía sin mirar ni un solo apunte. Su fama como profesor llevó a sus aulas a los más destacados poetas que estudiaron en la Universidad Complutense, poetas como Claudio Rodríguez y Francisco Brines entre otros.
En esta Universidad termino como profesor emérito. También fue doctor honoris causa por la Universidad de Turín (Italia).



Igualmente dio clases en el Instituto Internacional Americano en la calle Miguel Ángel nº 8 de Madrid. Allí le visité en varias ocasiones. Recuerdo que la primera vez que fui, fue para llevarle unas fotografías que le había hecho mi hija cuando me acompañó a su casa porque yo le pedí que viniera como invitado a Tertulias de Autor de Helicón en 1994.  En aquella ocasión y premeditadamente quise también que  José Hierro ejerciera con Carlos de presentador ya que por aquel tiempo el Premio de Poesía que llevaba su nombre parecía correr peligro de desaparecer.


José Hierro, Carlos Bousoño, en el centro como poeta invitado en Tertulias de Autor, y Manuel L. Azorín en 1994

El Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes tenía la intención de eliminar este Premio tras cuatro años ya de permanencia y, con un cierto prestigio entre los poetas, iba consolidándose; pero al parecer no era suficiente. Enfadado como estaba por aquella causa convencí a Carlos Bousoño y a Pepe Hierro para ofrecer aquella Tertulia con dos grandes de la poesía española, ambos Premio Nacional de las Letras, y aproveché para leer, en defensa de la Poesía, unas cuartillas que, en realidad iban dirigidas hacia quienes pretendían eliminar el Premio José Hierro de Poesía. Antes de hacerlo había advertido de mi intención a quienes correspondía ya que me parecía inadmisible que se eliminase sin más argumento que aquel de que la poesía era para minorías y no interesaba.



Aquella Tertulia realizada en un pequeño plató de Canal Norte (el principal estaba en obras) en directo, como siempre, estaba repleta de “minorías” que sí que se interesaban por la poesía. Resultó un hermoso acto poético. Pepe estuvo, como siempre, preciso presentando a Carlos y observando cómo el público  escuchaba con atención todo lo aquellos dos grandes de la poesía nos dijeron. Carlos transmitió como nunca su conocimiento y su emoción que era lo que a él le gustaba. Acabada la Tertulia me dijo que le había gustado mucho mi defensa de la poesía y que había sido muy oportuna ya que Pepe le había puesto al corriente de lo que yo pretendía con ello. Luego me confesó haberse sentido muy bien en la lectura.




Un año después de venir a Tertulias de Autor, Carlos Bousoño, recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, fue en 1995.
Aquella lectura de Carlos Bousoño, la presencia aquella tarde de aquellos dos grandes poetas, junto con mi defensa de la poesía, sirvió como aviso de navegantes. Aviso que dio su fruto ya que aquella idea peregrina de eliminar el Premio de Poesía José Hierro, afortunadamente, no llego a producirse y hoy día es un Premio totalmente consolidado y con 26 años cumplidos ya.  


Carlos Bousoño y Pepe Hierro fueron muy buenos amigos, como lo fueron Claudio Rodríguez, Francisco Brines, el crítico  cubano José Olivio Jiménez y, especialmente, el nobel Vicente Aleixandre.


Congreso de Poesía (Segovia, 1952). De izquierda a derecha: Hierro, José Suárez Carreño, Ricardo Gullón, Vicente Aleixandre, José María Alonso Gamo, Marcial Suárez, Carlos Bousoño y Leopoldo de Luis
Luis Antonio de Villena, tras el fallecimiento de Carlos Bousoño, ha escrito de él: “Cosa rara: alguien muy sensible a los razonamientos lógicos de los demás, que de buen talante aceptaba si le convencían. Delgado y aguileño, conocí a Carlos Bousoño en 1974 y en la vida nocturna de Madrid, que él entonces frecuentaba a menudo con Francisco Brines – su más cercano amigo en lo cotidiano- y un grupo diverso de poetas y críticos como Paco Nieva, Claudio Rodríguez, y el profesor cubano José Olivio Jiménez… Cuando lo conocí (y surgió muy viva la amistad porque Bousoño era naturalmente abierto y simpático) no hacía mucho que se había publicado Las monedas contra la losa-1973- uno de sus mejores libros de poemas y que fue Premio de la Crítica. Conocí a Bousoño por Brines, pero de palabra ya lo conocía, no sólo por haberlo leído, sino porque Vicente Aleixandre, que fue su mentor y su amigo más íntimo, me había hablado muchas veces de Carlos, que se pasaba a diario por Velintonia 3 (la casa de Aleixandre) a visitar al poeta y a su hermana. Fue una amistad cercana e íntima y por ello Aleixandre quiso que sus escritos y objetos íntimos fueran para Bousoño...”,

Carlos Bousoño estuvo en la terna  del Premio Cervantes en varias ocasiones, la última, que yo sepa, fue el año 2000 (año en el que José Hierro formó parte del jurado como ganador del Cervantes, premio que recogió en 1999). El diario El País lo reflejaba así el 13 de diciembre de ese año 2000: “Tras una maratoniana reunión del jurado y después de 10 votaciones, Francisco Pérez Martínez, escritor y periodista (Madrid, 1935), mucho más conocido como Paco Umbral, logró ayer el Premio Cervantes, superando en la final al poeta y académico Carlos Bousoño por seis votos a cuatro.”


Es fácil imaginar a Carlos Bousoño decepcionado sabiendo del fallo cuando había estado tan cerca de conseguir el galardón.  Si hubo, como refleja El País, diez votaciones fue porque el premio estaría muy reñido y los finalistas quedarían empatados a votos en varias ocasiones. Imaginaos que así fue y que alguien del jurado,  hubiese cambiado su voto para dárselo a Bousoño. Entonces habría sido él el ganador en lugar de Umbral y por la misma diferencia de votos. Podía haber sucedido así; pero no sucedió. Carlos era un hombre desprendido para con los amigos y poco dado a solicitar de ellos nada que no fuese su amistad y su afecto. Tal vez por esa razón los amigos, a veces, se olvidaran de Carlos. En fin, eso es algo que sólo el jurado podría decir que es quien lo sabe. Lo que sí sabemos es que el profesor, poeta y gran teórico de la poesía se quedó a las puertas del mayor reconocimiento oficial en lengua española, el Premio Cervantes. 
El poeta de Primavera de la muerte, título de su primer libro y también de su obra completa, será motivo de otra entrada en este blog en breve para completar con una segunda parte esta Memoria poética.

                                                   Manuel López Azorín





miércoles, 30 de diciembre de 2015

MEMORIA POÉTICA:Jesús Hilario Tundidor: I.-“La constante renovación de la palabra. Primera etapa”



MEMORIA POÉTICA

Jesús Hilario Tundidor: I.- 

“La constante renovación de la palabra. Primera etapa



Hace unos meses me telefoneó Jesús Hilario Tundidor para decirme que me había guardado un ejemplar de su antología Elegía en el alto de Palomares (Biográfica) Le comenté que esa antología ya me la había enviado hace tiempo, concretamente en febrero de 2002, publicada por Caja Duero, se lo dije tomando el libro y viendo la fecha en la dedicatoria que, como siempre, con tanto cariño me dedicaba. Aquella antología venía acompañada de una introducción manuscrita del poeta Rafael Morales con el tituló “Los poemas de Zamora de Jesús Hilario Tundidor”. Y así es la tierra que más ama este poeta zamorano: Esta tierra inmortal, tierra del vino, / tierra del pan, tierra de Campos sola, / otero arriba el mar, la mar, la ola, / del cielo azul inmenso sobre el pino.
Elegía... (2001)
Elegía...(2014)
 ¡Que no!, casi me gritó, que es otra edición nueva de 2014 publicada por Difácil y no te la he enviado antes porque al dedicártela me confundí con tus apellidos. Comprobarás que hay cambios en ella con relación a la anterior.  

A los pocos días la recibí en casa, de nuevo con su correspondiente dedicatoria y, acompañada ésta de un posit en el que volvía a incidir en que no la había enviado antes por confundirse con mis apellidos y tener que “rehacerla”.

Ve pasar el agua de la poesía por el puente de la vida, siempre tan igual y tan distinta siempre: Y bajo el puente pasa y soy yo mismo.

 

Rehacer es la palabra clave en Jesús Hilario Tundidor, un poeta que crea la poesía desde su propia experiencia vital y que la hace y la rehace (ya que la vida no puede rehacerse), es decir: renovación constante de la palabra poética en el afán de este poeta zamorano. O como dice mi buen amigo el poeta y crítico Enrique Villagrasa, poesía:"renovada constantemente en una exigencia de responsabilidad en la palabra, que le ha llevado a la aportación al mundo de nuestra poesía de un pensamiento y una forma original y múltiple dentro de una concepción introspectiva de la realidad. Inteligencia, se-lección, intuición y lenguaje conforman sus poemas que quieren acercarnos a su mundo más permanente y valedero”


Así es, en su mundo poético, permanente y valedero, están la hondura, el simbolismo y la universalidad de su temática. Son rasgos suyos, tundidorianos,  que le llevan a querer ordenar el caos, a intentar ordenar la vida.

 

Así pues esta nueva edición de Elegía en el alto de Palomares (Biográfica), sigue teniendo como fondo vivencias y entorno zamoranos ya que allí, Jesús Hilario Tundidor, nació, pasó su infancia, su adolescencia y parte de su juventud. Pero esta que ahora me envía contiene – como él mismo dice en unas palabras preliminares – inclusiones y exclusiones con relación a la anterior. El poeta quiere integrar en una obra única y nueva “determinados poemas que a lo largo de su bibliografía se implican en su temática y conforman su unidad significativa.” De modo que este libro, que organiza en su estructura como una narración, contiene su aventura vital y literaria.

En la primera edición (que por cierto nunca se distribuyó a las librerías) se iniciaba el libro con el poema Fe más alta,de su libro Tetraedro, un poema de nostalgia y temor ante el reencuentro del poeta con su ciudad: Si regresara ahora / a la ciudad aquella donde un tiempo creciese / cómo encontrar lo mismo / la vida, cómo hallar la niñez, el río, el puente / aquel del miedo, el agua / de la esperanza?

Pero en esta nueva edición ha incluido como inicio un poema titulado A Alma, mi perra.  (Fragmento, 1ª estrofa)


¡Pájara! Agua viva que luce,

que brota, salta y estremece el día,

ruidosa, recibiéndonos 

                                      siempre

desde el cielo sin nubes

de su corazón.

También ha incorporado en esta nueva edición poemas de Las llaves del reino y Fue. Precisamente la antología se cierra con un poema ceremonial de Fue titulado Catedral de San Jorge: Silva del amanecer I y un apéndice: Despedida inicial de su libro Junto a mi silencio, pero de la edición que se hizo, revisada por el autor, en 2002: Recogido por los horizontes / que deslumbra la niebla, he mirado / ya para siempre / con una vieja posesión de nostalgia / las últimas llanuras de un pasado perdido.

 

Quién le iba decir a Jesús Hilario Tundidor que iba a ser poeta y de los grandes cuando, siendo niño, gustaba de jugar al futbol en una plazuela de su Zamora natal, una plazuela cercana a la calle de las Damas, donde estaba el domicilio familiar. Lo que yo no sabía es que también quiso ser torero: torero o portero de fútbol. Lo de escribir poesía no estaba entre los primeros sueños de uno de los poetas importantes del llamado Grupo o promoción del 60 (y también Generación puente, llamada así porque tuvo la mala suerte de estar situada entre los poetas del 50 y los llamados novísimos) Algunos de estos poetas anduvieron olvidados por no se sabe que misteriosas razones durante algún tiempo. Uno de ellos fue Jesús Hilario Tundidor que publicó Río Oscuro en 1960 (libro que luego retiró de su bibliografía, y en 1962 obtuvo el Premio Adonáis por Junto a mi silencio que fue publicado en 1963.) Después vendrían Las hoces y los días (1966), En voz baja (1969), Pasiono (1972) y Tetraedro (1978). Libros que conforman lo que él ha dado en llamar su primera etapa




En Junto a mi silencio  nos muestra el lamento de lo perdido,  la condición de desamparo del hombre.  En el poema En el silencio dice: Sin esperanza/ junto al silencio el hombre/ alza  su voz, aprieta/ la desesperación de su pregunta. En este libro el día, la luz, y la noche juegan un papel simbólico en torno a las posibilidades del conocimiento, y de manera más íntima al   arraigo o  desarraigo de la vida, al indagar en su sentido, como bien apunta Pedro Hilario Silva en su estudio crítico sobre  el poeta. Todo esto tendrá continuidad en otros libros, incorporando, además, otra temática: el tiempo.

En Las hoces y los días el hombre, indefenso frente al tiempo, sometido a él, aparece repetidas veces. En el soneto Cada día, la luz, a través de un día, simboliza las alternativas de la vida. 

Así con el símbolo de la ceniza proclama la fugacidad de todo en la vida. En el poema Canto oscuro de un cenicero de su libro, En voz baja expresa perfectamente ese aspecto fugaz, transitorio, de la vida: Solamente y como/ un rito: cae, golpeada, la ceniza.

En Pasiono, un libro más unitario,Jesús Hilario Tundidor nos ofrece más recursos expresivos. En este libro nos dice el poeta, con referentes de la historia de España,  que la vida es el fruto de un malentendido y este malentendido lo sufre toda una generación a través de dolor y desazón colectivos.Nos habla de un tiempo amargo en y tras la guerra civil y, a través del lenguaje, nos trasmite el silencio de la tierra donde pasó su niñez y juventud y la rabia de vivir con una poesía de testimonio y crítica que nace de la propia experiencia. 

EnTetraedro, el último libro de esta primera etapa de Jesús Hilario Tundidor andan presentes, como en toda su obra, la naturaleza, el lenguaje, el tiempo, el hombre y junto a todo ello, la emoción. El poeta ha dicho: "Me interesa la realidad si me dice algo que pueda transmitir a través de la emoción, porque  una poesía que no sea emoción, que no provoque emoción es nada"

Y con emoción os dejo unos versos que el poeta dedica a su paisano y amigo Claudio Rodríguez y a su mujer, Clara¿No oyes el vino, que ya es luz, abrirse ciego/ desde la herrería del silencio? / ¿No lo oyes?. Ya el alba es / y se nos fue la noche como en sueños /  pero con vida, como esta vida se nos va callada /desmadejada por el fuego.


Sobre el libro Inventario (Las voces y los libros), publicado por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua en 2006 comenté en su momento en mi blog: Inventario, las voces y los librosno es otra cosa (Y es mucho) que un paseo por toda la obra de Jesús Hilario Tundidor a través de la opinión de un puñado de ponentes (Este libro es el producto de unas jornadas dedicadas al poeta en Zamora, celebradas en 2005 para hablar de su obra poética. Prologado por Gonzalo Santonja, del Instituto Castellano Leonés de la Lengua, organizador de las jornadas y editor del libro, por José María Balcells, responsable de la edición y, finalmente,por Gabriele Morelli, que realiza un acertado estudio crítico del poeta.)
El libro esta dividido en seis apartados: En uno, reúne las ponencias de sus cinco primeros libros.(La llamada Primera época)
José Luis puerto nos dice que Junto a mi silencio "va hacia una poética del hombre sin tregua" 
Nuria Carrillo Martín escribe sobre "La emoción del conocimiento. Ser y existir en Las hoces y los días"
Antonio Sánchez Zamarreño, de la Universidad de Salamanca, comenta el libro En voz baja y lo titula “Ceremonial para deshacer un nudo” y nos habla de claves regeneradoras y de una poética de ruptura.
Tomás Sánchez Santiago, a quien conocí en Cambrils en unas jornadas poéticas hace años, nos habla de Pasiono o el amor absoluto a la vida. 
Y Joaquín Galán que nos dice que los textos de Tetraedro están concebidos desde la más alta exigencia estética, como los círculos del sueño.

Jesús Hilario Tundidor y Charo, su mujer, sentados en primera fila

De esta primera época de Jesús Hilario Tundidor nos dice  también el profesor y poeta Joaquín Benito de Lucas (compañero de grupo o promoción o como quiera llamarse a los poetas del 60): “muestra una tendencia hacia la interpretación simbólica de la realidad "real" en la que los elementos que la componen y aparecen en el poema quedan transformados en signos representativos de una realidad superior”,


Jesús Hilario Tundidor (Zamora, 1935). Realizó estudios de Magisterio y de Historia y se ha dedicado a la docencia. Reside en Madrid, aunque ha vivido en varias capitales españolas que de alguna manera han empapado su obra. Pero es, sin duda alguna Zamora, sus tierra, sus paisajes, su río, sus gentes lo que hace que esta antología se convierta en la propia vida de Jesús Hilario Tundidor (muy acertado el subtitulo: Autobiográfica) En ella el poeta nos ofrece sus raíces y lo más personal de sí mismo, lo más íntimo, con gran inteligencia y emoción.

Aquí lo dejo. La II etapa de este poeta de la llamada  por algunos  como la generacion los 60 o de "la estética del lenguaje" tendrá que esperar a que la escriba y la escribiré, pero más adelante. Mientras tanto os dejo este enlace con una Tertulia de Autor en directo a través de Canal Norte TV que hicimos en octubre de 1993 
con Jesús Hilario Tundidor

                                                                          Manuel López Azorín