jueves, 30 de octubre de 2014

Alicia Victoria Pagella y sus "Paraísos de sal"



Alicia Victoria Pagella y sus Paraísos de sal


Alicia Victoria Pagella me llegó, desde Junín, provincia de Buenos Aires un mes de noviembre de 1997, venía con sus tres libros publicados hasta aquella fecha. José Carlos Gallardo, (Granada, España 1925- Buenos Aires, Argentina 2008, el poeta granadino afincado en Buenos aires, ejercía de prologuista en uno de ellos (él  nos decía sobre Alicia: Pero tu eres clara y esperanzadora: puedes cantar alabanzas / a los mitos de la niñez,/ a los instantes del sol… Claro que sí. Mi maestro padrino y amigo Luis Rosales me explicaba que “palabra poética es aquella que está dentro del poema, no fuera de él” Y esta frase, casi axiomática, la confirmas tú: en esa palabra, puedes saber quién eres, saberte cómo eres.) 

Y aquello resultaba suficiente para que yo la invitase a dar una lectura en “Tertulias de Autor de Helicón”. José Carlos Gallardo murió con 83 años, uno de sus últimos libros Memorias en voz baja, es un recuerdo de Gallardo a su Granada natal, lugar que abandonó en 1957 para instalarse en Buenos Aires. Este poeta, que fue jefe de Cursos del Instituto Argentino de Cultura Hispánica y secretario Cultural de la Embajada de España, tambien fue creador del Aula de Poesía Española Antonio Machado en Buenos Aires. José Carlos Gallardo ya había pasado por estas Tertulias de Autor de Helicón aprovechando también uno de sus viajes a España) Y  así lo hice con Alicia. Una tertulia grabada por Canal Norte TV (no la pudimos hacer, como era habitual, en directo, ya que la poeta regresaba a Argentina y no había tiempo.)

Alicia Victoria Pagella  ejerció la docencia durante veintiocho años en el Centro Educativo Complementario Nº 801 de Junín, perteneciente a la rama de Psicología y Asistencia Social Escolar, en las áreas de Educación Física y Música. Paralelamente, se desempeñó como docente en un establecimiento de enseñanza diferenciada “Aleteos” y  tuvo a su cargo el “Gimnasio Junín”.  También es responsable de la idea y conducción del prograna De Nortes y Sures, Un itinerario de cultura, emitido por Multicanal, desde Junín a toda la Región. Programa ya veterano que ha obtenido muchas distinciones y reconocimientos.


Como poeta Alicia Victoria Pagella es autora de cinco libros publicados. Su  primera publicación en forma de libro fue el poemario Los soles, mis soles, todos los soles (1994) y Claudio Félix Portiglia (poeta de Junín, docente y director de consultorio Literario que ha prologado dos libros de esta autora)  escribía lo siguiente: "En Los soles, mis soles, todos los soles (calidez y luminosidad anunciadas) el lector podrá comprobar emocionado algunas veces, escéptico otras, nostálgico de vez en cuando y fervoroso casi siempre, que la palabra es un vehículo único e irremplazable para dejar testimonio de este tránsito terreno, tan complejo y tan árido. Y tan maravilloso."
En el siguiente poemario Preludio a mi lado claro volvió a decirnos  el poeta y docente de Junín: "Es notorio que estamos en presencia de una poesía experimental de búsqueda  en la que poco importa el contenido en sí mismo porque en realidad, no procura ofrecer contenidos sino alternativas formales que, según fuere el ángulo de lectura, aportan comprensiones diversas."


Alicia Victoria Pagella vino, decía yo al principio, con sus tres libros publicados. El tercero Letanía del jazmín (1997)  y último de sus publicados por entonces, era el prologado por José Carlos Gallardo 


Pero llegó también con un libro inédito entre las manos , un libro aún sin publicar titulado La ebriedad cautiva. Escribí entonces, lo que luego sería publicado como prólogo en 1999  cuando la Editorial Nueva Generación lo lanzó al mercado en Argentina. Decía yo sobre este poemario: Un libro estéticamente hermoso y formalmente bien construido, de absoluto contenido formal donde la voz poética no se detiene en la Historia, sino en su historia, de intimismo nostálgico pero sereno, apasionado aunque realista,  soñador pero objetivo. Este libro recibió la “Faja de Honor” de la Sociedad de Escritores de la Provincia de Buenos Aires en el año 2000.




Alicia victoria Pagella (y Luis, su marido porque ella es además de docente, poeta, comunicadora, y así le gusta decirlo, es mujer amada y amante,  esposa, madre, abuela, bisabuela, amiga, hija, hermana, compañera…) Es una persona que trabajó toda la vida por y para la Cultura. Además de para los suyos (su familia) para los demás. Es también coautora de casi una decena de antologías y si no estoy equivocado, todavía uno de sus libros, de los que me hablaba en 1997, permanece inédito, se titulaba Desde el arcón.




Sus  Paraísos de sal  se han construidos con la materia de los sueños (que es la memoria) con el oro del Medievo que es la sal, esa sal que conserva, en esta ocasión, la vida , los sueños y sus recuerdos:
Los sueños vuelan conquistando el almanaque
y parecen postales        
                                caminando los puentes
                                de la memoria.      
Algunas veces,        asoman desde las ventanas del
                                silencio,
otras, nombran        las preguntas que quedan en el aire.
Entonces                 desde una página en blanco,
una voz espera
las respuestas         que descansan en los peldaños
                                de la nostalgia.



Una nostalgia dolorosa que se abraza a la poesía  de Alfonsina Stornin no para adentrarse en el mar y fundirse con sus aguas sino  para Volver con los mismos ojos y la mirada distinta. Para  comenzar de nuevo. Para volver a empezar, es el desafío.
La poesía de Alicia Victoria Pagella es una poesía que ella edifica con palabras y con ellas, esa materia de los sueños a la que antes aludía y que es la memoria. Una materia, en fin, de sencillas palabras, valiosas como lo fue la sal en otros tiempos, por las que camina la vida, una vida tan intensa como extensa por lo mucho vivido, por lo mucho soñado.








martes, 21 de octubre de 2014

Emilio Saavedra Alcalá: Un escritor apasionado de la Historia publica "Tumbas olvidadas"






Emilio Saavedra Alcalá: Tumbas olvidadas.


Emilio Saavedra Alcalá (Toledo, 1957) ha publicado una nueva novela Tumbas olvidadas. Entrelíneas  Editores, Madrid 2014. Ingeniero Técnico de Telecomunicaciones este escritor siente una profunda pasión por la Historia. Por esta razón  cada vez que siente la necesidad de fabular una novela además de elaborar y recrear a sus personajes  mostrándonos  sus sentimientos, sus anhelos, sus ambiciones, su condición humana en definitiva, trata de situarlos dentro de un contexto histórico real y, para ello, Emilio Saavedra Alcalá se documenta de tal forma que sus personajes ficticios, sus protagonistas de novela, al ensamblarse con el hecho histórico acontecido, se funden con la Historia tan acertadamente que viven dentro de ella como si de unos personajes reales se trataran.

En Tumbas olvidadas podemos leer: “El 25 de abril de 1915 una fuerza aliada formada por ingleses, franceses, coloniales, neozelandeses y australianos desembarcaban en las playas turcas de Gallípoli. Con ello, el Alto Mando aliado esperaba eliminar de un plumazo a un insignificante, pero molesto, enemigo (…) Sin embargo, el denostado ejército turco luchó con tal bravura y desprecio por la vida que supo mantener sus posiciones sin apenas ceder un palmo de la agreste y estéril tierra que sólo a ellos importaba; convirtiendo, tras los primeros combates, a los atacantes en atacados y a los sitiadores en sitiados;”
"El protagonista de esta historia es Andy Rowland, uno más de los trescientos mil soldados –la mayoría muy jóvenes- que se alistaron porque su país así se lo pedía y en defensa de unos valores y unas gentes que desconocían."

"Andy Rowland nunca existió, pero pudo haber sido cualquier joven del ANZAC (Australiam and New Zealand Army Corp) que luchara, sobreviviera o cayera en un asalto a la bayoneta entre las zarzas y roquedales de Gallípoli, o que, tras casi cuatro años de ininterrumpido servicio en multitud de frentes, volviera a su país marcado y transformado. Convertido en un hombre muerto por dentro.."
 
El interés de Emilio Saavedra Alcalá por el estudio de algunos acontecimientos que pudieron cambiar el curso de la Historia le ha llevado a escribir Tumbas Olvidadas, en la que no son las batallas ni las grandes epopeyas los verdaderos protagonistas de la historia, sino aquellos sentimientos encontrados que sufrieron tantos millones de jóvenes durante su experiencia bélica.

Todas sus novelas, esta es la cuarta que publica (aunque Emilio escribe desde ya hace muchos años, en 1973 obtuvo un premio de relatos), las ha recreado, y todas con fidelidad, dentro de un episodio o tiempo histórico, reflejando fielmente los acontecimientos históricos y recreando  dentro de ellos la historia de sus personajes de ficción como  el de Antonio Enríquez protagonista de su primera novela titulada 

Razones de estado (Madrid,2011) que nos relata la historia de un siervo de la gleba llamado Alonso del Bosque  que se hace llamar Antonio Enríquez, un hombre   que, tras mil peripecias, “entra al servicio de Antonio Pérez, Secretario Real (de Felipe II), como guarda personal. Bajo sus órdenes vivirá una vida holgada, convirtiéndose en el principal cómplice de las traiciones cometidas por la ambición de su señor y la princesa de Éboli. Al amparo de la voluntad del rey y el oscuro poder de don Antonio Pérez cometerá mil tropelías, incluyendo muchas de sangre, acabando con el asesinato de don Juan de Escobedo, Secretario de don Juan de Austria.”
“Razones de Estado es la historia de múltiples traiciones: traiciones de un rey justo, de un ministro corrupto, de una falsa amante, de un ambicioso militar y finalmente las de un simple lacayo movido por la venganza y la codicia.”

 

Las tres carpetas (Madrid, 2012) fue su segunda novela. Un desengañado capitán del Estado mayor, un joven aspirante a maestro y un humilde carpintero que en circunstancias normales tendrían poco o nada en común, viven envueltos en la tragedia que, para todos, supuso la Guerra Civil española son tres vidas unidas y zarandeadas por un mismo y caprichoso azar. Tres relatos independientes que describen, dentro del contexto histórico de nuestra guerra civil y su postguerra, a tres personajes, dos de ficción y uno real, cualquiera de ellas pudo serlo, arrastrados  por un mismo y aciago destino.

Las raíces de la encina (Madrid, 2013), su tercera novela es la “historia de la creación de un pequeño pueblo que, en desigual lucha contra su antiguo señor y aquellos a los que no interesaba su existencia, supo renacer una y otra vez de sus cenizas amparado por la fuerza que le imprimían la ley y la razón.”
El autor con el Alcalde de San Sebastián de los Reyes , Manuel Ángel Fernández, La concejal de Cultura Mar Escudero y el que fue archivero municipal Santiago Izquierdo, hoy Cronista del municipio.
Una época en la que se puso fin al poder nobiliario y dio leyes y futuro a los vasallos, fue durante el reinado de los Reyes Católicos, un tiempo cargado de luces y sombras, sombras como su apoyo a la Inquisición, la aniquilación de la cultura nazarí o la expulsión de los judíos, y luces como la unificación de España, el descubrimiento de América o la ley de libertad del vasallaje. 


Las raices de la encina está situada en este contexto de libertad de vasallaje Emilio Saavedra  Alcalá  sitúa sus personajes de ficción junto a personajes históricos, reales como los de un grupo de pastores, encabezados por Pedro Rodríguez  “el Viejo”,  que  apoyándose en el Derecho de Realengo avalaría su libertad y fomentaría sin reparos la fundación de una aldea a la que dieron por nombre el del santo de una ermita del lugar (San Sebastián) agregándole de los reyes por Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, llamándose por ello San Sebastián de los Reyes.

Así pues Emilio Saavedra Alcalá nos ha recreado partes de la Historia tales como la del SXV con los Reyes Católicos y la fundación de un pueblo, la del S XVI con Felipe II y su Secretario Antonio Pérez, la de nuestra guerra incivil y su terrible postguerra y parte de la Gran Gerra de 1914 con las tropas australianas y neozelandesas en la batalla de Gallipoli, Turquía y todo ellos introduciendo de una manera amena una serie de personajes ficticios, elaborando unas tramas, dentro de la historia real, entretenídas , ágiles y que bien pudieran haber sido veraces.

Pero regresemos, para finalizar, a Tumbas olvidadas, su cuarta novela. En su prólogo, escrito por Marín  Bello Crespo, General de Brigada de Infantería . Antiguo jefe de la Brigada Multinacional  “Salamandra” en Bosnia Herzegovina nos dice: “La primera guerra mundial no fue sólo un conflicto entre europeos; los habitantes de sus colonias fueron también protagonistas y víctimas. 

En  el caso de Australia y Nueva Zelanda centenares de miles de jóvenes originarios  de territorios del entonces Imperio Británico y de otras partes, descendientes de gentes de toda condición que habían emigrado a las lejanas tierras australes para buscar y construir su futuro, se enrolaron con entusiasmo en sus ejércitos para participar en un conflicto ajeno (…) embarcándose en la gran aventura de sus vidas.”


Finalmente  acabaré con una cita del periodista Manuel Leguineche, del que habla  Marín Bello Crespo que nos dice: “En la guerra todos pierden”, las tumbas olvidadas en Gallipolis y aquellos que pudieron regresar a sus hogares. Como Andy Rowland que siendo pura ficción del autor bien pudo haber sido uno de todos los supervivientes “perdedores” de aquella gran guerra de 1914.



Tumbas olvidadas es una buena novela de acción que se lee con entretenimiento e interés y es también una novela de reflexión sobre la condición humana.
Emilio Saavedra Alcalá  es también en la actualidad colaborador de la revista Madrid Histórico.

martes, 30 de septiembre de 2014

Francisco José Sevilla: La velocidad de la Belleza




    Francisco José  Sevilla:  La velocidad de la belleza





Francisco José Sevilla. Paco Sevilla ahora  (lo de alterar el nombre en cada publicación no termino de entenderlo: primero fue Francisco José Sevilla, luego Francisco J. Sevilla, ahora Paco Sevilla (?) ), ha publicado un nuevo libro La velocidad de la belleza. Libros del aire, 2013. Creo que ya su tercer libro en solitario, antes de estos publicó con Huerga y Fierro en 1994 Eyaculación precoz (Poetas terminales) en compañía de David Gómez Frías, Pedro de Juan Guyatt,Jon Onraita Orube y Alberto Rios Martinez. Ha colaborado en diferentes revistas y desde hace años ha sido promotor cultural. Nos vemos poco; pero siempre le recuerdo como el joven de 16 años que traía la poesía consigo (él era la Poesía y era el poema) y que apareció de pronto, en 1986, para pertenecer al Colectivo Helicón de Poesía. Han pasado ya muchos años y yo sigo preguntándome: 


Francisco José Sevilla, Manuel López Azorín y Manuel Zapata


Qué hacer  con  un  Francisco José Sevilla  Que solamente/ sabe / escribir  versos (…)  / y/ redactar/ cartas/de /Amor /  

Qué hacer con alguien que desordena la ortografia y coloca tildes en acentos tónicos que  gramaticalmente no lo necesitan…  para decirnos:  Ío léo én lás flóres ý lás rósás dél médiodía ún amór désmédídó, /  -álélúýá pór lós trópicos á cruéntas humánídádes équivocádas-,/   leo / el silencio d´ las guerras en la Sí Útil Sinergýa dèl amór.

¿Qué hacer? Me pregunto.¿Impedirle escribir? Sería matarle. ¿Cortarle las alas? El es como un ave especial, le vuelven a crecer.

Este poeta es impredecible, e imprevisible, a pesar de haberle cortado las alas en muchas ocasiones. Él, de jovencito fue un gran  eyaculador precoz (no os quedéis con el binomio sólo de tabú costumbrista, por favor, “eyaculador… de Poesía”) para derramarse en las cosas y los seres con Ella porque  él  era los seres y las cosas mismas en su esencia. Y derramó  algunos pétalos de orquídeas blanquísimas  (…) y suspiró  pensativamente enamorado y cenital/ unos versos.  Él, desde siempre, pedía un deseo: ser poeta, vivir poeta, sentir poeta… porque sabía  que “Al borde del abismo muere el tiempo” y, por ello, quiso contenerse  en un lugar del universo sin explorar aún, junto  a la Poesía , junto al Amor. 

Francisco José Sevilla lleva la Poesía consigo desde que nació. Lleva la Poesía, al menos, desde que le conozco (era  un adolescente de,16  años), y lleva con él una perenne juventud de lenguaje  (una juventud  heterodoxa  y de ortografía ahorrativa, como de mensaje de  móvil, antiacadémica, como de rebeldía frente a la norma, como de provocación para quienes aniquilan la belleza dejándola en los basureros de los intereses, etc. etc) : ¡Poexía para afianzar ¡T´ kierox!,,, ý/ò Rea firmar:¡Basta!. (nos dice con su escritura de SMS).  Y Cierra los labios para ver.
¿Qué hacer  con quien, al igual que  Cesar Vallejo, altera la sintaxis y  trastoca la ortografía para intentar  que sintamos y pensemos desde otros parámetros no convencionales mientras leemos  su La velocidad de la belleza?


Antes de este libro, antes, fue un hombre barco, La travesía del hombre barco (Amargod, 2005) hizo una travesía  provocadora, de desconcierto, amando cánones clásicos, pero sin ellos, amando referencias, pero sin ellas (aquí recomiendo el poema  169 de este libro dedicado a Lope de Vega) y fue abriéndose paso entre los mares del lenguaje, bebiendo de sus aguas. Desde Homero hasta ahora, pasando por los poetas latinos, por  los místicos como San Juan de Cruz, por Shakespeare, por el siglo del oro de Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Gongora... y luego Bécquer, Juan Ramón, Machado, Valle Inclán, el 27 de Federico García Lorca, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Rafael Alberti… después Miguel Hernandez y luego los poetas más contenporáneos, los del 40 como Pablo García Baena y José Hierro, los del 50 como Claudio Rodríguez... Bebiendo, pero sin beber, navegó  por aguas originales  de  gran  profundidad, lo hizo  bajo la máscara  del torbellino, del caos aparente, con una extraordinaria y ordenada presencia de la forma- deformada, y el contenido del Todo.
Allí cabía un universo nuevo, lo impensable y lo desconocido, lo que acontece el mundo y la invención imaginativa de otra realidad menos agreste, más lírica, sorprendente, con enorme calidez y calidad poética. Este muchacho abrazaba ya, desde antes de escribir, una creación universal, original y difícilmente imitable. Pero a veces, muchas veces, no entendida.
¿Tendríamos que desterrarle por eso? 
  
Este poeta  que buscó esperanzado/ la ola que faltó al mar del mediodía, lleva la locura de la  lucidez de pensamiento y ha caminado por 120 páginas sin lluvia (Amargod, 2009), con la luz partida  de amor y ajedrez entre Luzbel y el alba. 120 páginas sin lluvia donde el lector queda asombrado, estupefacto, desconcertado, abducido porque, como nos dice Juan Carlos Mestre sobre la poesía de Francisco José  Sevilla: Difícil es no ser persuadido por su nostalgia de paraíso cuando va directo al diamante  y desordena la mecánica de los perjuicios o cuando nos dice este Trasgo , revoltoso, enredador  y defensor del Amor y por tanto de la  paz:  ¿Por qué la paloma d´ la paz / picotea ea picotea ea picotea, / excrementos entre la basura?. Con este libro 120 páginas sin lluvia le concedieron el Premio Ojo Crítico.
Este poeta ejecuta una delicada radicalidad de expresión para enfrentarse a la realidad, a la comunidad, a la sociedad.  Es un provocador que nos ofrece revulsivos, como manera de reflexión, frente a todas las ataduras que nos guían, nos marcan, nos aprisionan, nos conducen en la vida.  Con Gomez-Sernianos  aforismos y Edmundo-Oryanos aerolitos que vuelan, como vuela el lector que es el aire de la página, sentencia, mientras que En plena noche y a propósito, marchará  a buscar nuevos amores con zapatos nuevos. Eso sí, sus zapatos caminan como volando porque   este poeta vuela para elevarse sobre el mundo en su sempiterno incumplimiento de las citas, de las promesas, de las conductas, de las normas, por eso ha escrito: La impuntualidad es la velocidad de la belleza.
¿Hay que excluirle por eso?
Francisco José  Sevilla

Este poeta posee la belleza de escribir y le asiste el derecho de vivir esa belleza pura porque  arrastra el abandono de la tumba de la infancia y el renacimiento de la magia de los vocablos y sobrevive en  el mundillo poético con las cuerdas de seda de su imaginación verbal. Lleva con él un salvavidas de verdadera poesía tal vez incomprensible para los acomodados en la norma. Y la norma es necesaria pero también lo es la investigación, la búsqueda de nuevas vías aunque a algunos les pueda parecer algo extraño.
Este poeta de los ojos tristes (algo que podemos observar detrás de su máscara de ironía o de espantada, de provocaciones y de afectos) nos ofrece sorpresas verbales, lirismo, verdades adornadas de arrayanes,  provocaciones  como revulsivos y nunca con intención de zaherir porque en este poeta anda el Amor a flor de piel y dentro, muy dentro del alma y los sentidos, este poeta piensa, como yo, que: “sin amor / anda perdido el eco de la vida.”
Y ¿Qué podemos hacer con él?. ¿Le negamos  la luz de la poesía, esa que va con él desde la infancia rota? No podemos, la Poesía está en él.
Este poeta con encubierta nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue en una infancia muerta, enterrada,  sesgada por las imposiciónes, para sobrevivir,   se vistió de azafrán  tratando de escapar de las flores malvas, paseó por atalayas que no tenían  más visión  que la de la rutina o tal vez el afán de la pirámide reticular, lar, lar, lar de hogar, lar de casa,  lar de comunidad, lar de aniquilar el pensamiento libre o de domesticarlo  con el soma  de un mundo Husleyanamente feliz. Pero este poeta  es rebelde con causas que  abandonó, hace  ya tiempo,  en el rellano de su casa, en el instituto, entre los sorprendidos ojos de los que le miraban como a una especie rara de chico inteligente y algo grillado y fue creciendo y volando, siempre a merced de cazadores que disparaban  para quebrarle  las alas a este pájaro cantor porque no le comprendían, porque no entendían su canto.

Este poeta fue, primero, gorrión de salto agilalegre . Ya desde el nido, le marcaron las alas para no alzar el vuelo más allá de la vista de las férreas conductas imposibles; pero el pájaro alegre, a pesar de sus marcas, de lágrimas ocultas en disfraces  risueños, se hizo alondra del aire  y, como ir condenado a vivir sin aliento era no respirar y una muerte segura, voló  y voló, y ha  llegado hasta  La velocidad  de la belleza, y su cosmovisión se convirtió en un mundo tan real como ajeno a la propia realidad :sufriendo d´ veras en carnes ajenas, / cua/ -nto el odio pueda hacer con la /dulzura ...
Y sufriendo, y volando, ha reído y bebido los néctares espumosos de Baudelaire, de Rimbaud… en el Paris de  la pintura de vanguardia y la Gioconda en el Louvre y se ha fumado todas las nicotinas.  (Aquí podéis volver a leer el poema  de la página 169) En Florencia,  yo sé  que paseó con el Dante y sobrevolando el tiempo converso con Buonarotti.  En Verona, honró al de  Stratford-upon-Avon. Y luego en Recanati a Leopardi. Dio vuelta atrás y conversó con Góngora, y Lope, Quevedo, Garcilaso... Yo sé que hablaron de Amor y Poesía.
Pero ninguno, jamás, atentó contra él.

Este poeta  pasa por la vida sin ver esa  maldad  que nos habita,  ni a los manipuladores que siempre se aprovechan de toda su inocencia, de su enorme bondad, de su amor infinito porque siempre va  Con el verbo a la altura/ del nivel del mar. /Con el vértigo y el asombro/del aquí y del ahora. Es un poeta vivo de mañanas de luz y su verbo ejecuta acciones que algunos no comprenden, no alcanzan a entender: a q jauglaría vinacotequina ý bergamáscaras /migrañas marihuaneras, / a qué sutiles felinocracias posesivas, y a /quiénes picantes suplicios / d´musculadas inocencias con la musa en "Fa  /Mental" he d´explicar, / justificar  ý... expresar a frontenis las fronteras /del aplauso d´ 1 qué?.         

Este poeta eufónico es pintor de colores imposibles en su voz de adjetivos y  a veces, muchas veces, resulta  incomprendido su juego de palabras tan serio, riguroso, tan infantil-maduro que suena a despropósito  y a poco que se observe resulta que no es juego, si acaso un revulsivo de acciones diminutas que son como una  estrella alumbrando satélites donde existe la vida que en él lleva el fulgor, el relámpago, los sueños y  en otros, marcadas directrices, lo mismo que orejeras.
¿Qué hacer con él? ¿Le quitamos la pluma y el papel para que no escriba poesía? ¿Le quitamos los sueños para que no piense poesía?

Este gorrión-alondra desde el nido es poeta y ya desde pequeño renace  Poesía  lo mismo que renace de la ceniza el Fénix. El es humano a la par que poeta. El es el poeta porque es la Poesía misma, porque es él poema en sí mismo. La medida del tiempo le hará algún día cisne  (el ave consagrada al mismísimo Apolo, dios de la poesía, de las artes, de la música, el símbolo de  la armonía y la belleza), y entonces  cantará (aunque Plinio y  los sabios que vinieron y los que hayan de venir después clamaran y clamen: ¡es mentira, es mentira, todo es una leyenda!).  El propio Leonardo da Vinci ya lo dijo: “El cisne es blanco, sin ninguna mancha, y canta dulcemente antes de morir; ese canto pone fin a su vida.” 



 
Nos dice este poeta, el de los ojos tristes: No se trata de vencer mas que de cantar. Cantar al Amor, a pesar de las cárceles que ha sufrido su espíritu, a pesar de las lágrimas que han brotado en sus ojos, a pesar de las máscaras  que  ocultan a este ser indefenso, de mágicos ensueños, que renegó del mundo para sentirse a salvo, para sentirse noble, para ser bondadoso, para abrazar Amor cada momento del tiempo de su lucha constante  con la vida de realidad incomprensible y ciega, frente a la dulzura y la delicadeza  de la armónica y rítmica Poesía. (Que es otra realidad  de misterio y de magia.)
¿Qué podemos hacer con él? Yo, desde luego, quiero dejarle con su vuelo. Dejadle vosotros con su vuelo, con su canto de Amor y de sorpresa.
Llegará el día, como nos dijo Góngora (ya los poetas de la Antigüedad, Virgilio, Marcial… y luego los renacentistas y los modernistas lo dijeron también) que: «Como el blanco cisne / que envuelta en dulce armonía / la dulce vida despide». Y nos cantará  por última vez. Pero mientras tanto llega ese último y lejano, espero, día, Francisco José Sevilla,  muere en cada poema que termina de cantar para renacer como un Fénix en cada poema que comienza. 
Francisco José Sevilla
Este poeta  se pregunta en el poema 198 de esta La velocidad de la belleza: Cómete a tu familia?./ Cómete el tiempo?. /Cómete el hambre?. /  Cómete los dientes?. /Cómete a ti mismo?. 
¿Y qué hacemos con él?  Sencillamente, dejarle volar y ser él poeta, poema, Poesía. 

Y en todo caso recitarle estos versos con los que se inicia  este libro: Descúbrete y no te ensombrezcas del todo / Sé libre con la distinción de aguantar cualquier barrote/ Trabaja tu música /  cuídala como a tu corazón.  Y como en el poema  32: canta: la canción del amor. / ¡Única melodía posible!.  
Nota: este artículo esta escrito en 2012 cuando Francisco José Sevilla me envió una copia de su libro La velocidad de la belleza.
                                        Manuel López Azorín



domingo, 31 de agosto de 2014

Jesús Aparicio González: La paciencia de Sísifo





Jesús Aparicio González: La paciencia de Sísifo



Jesús Aparicio (Brihuega, Guadalajara, 1961) que ya ha publicado unos diez libros de poesía, nos llega ahora, tras publicar en 2012 el díptico La papelera de Pessoa / La luz bajo el almendro, con un nuevo poemario titulado La paciencia de Sísifo, ambos en la Editorial Libros del aire.



De los dos primeros, publicados en un solo volumen, ya hablé en este blog en su momento cuando Jesús Aparicio me lo envió:

La papelera de Pessoa era, y es, un poemario introspectivo. Palabras de vigilia donde el dubitativo sujeto poético va en busca de la verdad o de su verdad y lo hace contemplándose en el espejo más íntimo y más sincero, el de la soledad. La luz sobre el almendro me recordó un paisaje sensorial y mediterráneo al tiempo que evocador, una voz reflexiva hablando de la fugacidad con palabras luminosas e imaginativas. 


A primeros de julio recibí La paciencia de Sísifo, poemario que he leído durante este verano recreándome en unos poemas de lenguaje, de poesía y sobre poesía además de sobre las cosas  más pequeñas, cotidianas en la que a poco que se advierta, suelen encontrarse las más grandes, las cosas más hondas, más profundas envueltas en la levedad de lo aparentemente sencillo. Jesús Aparicio González teclea de nuevo sobre las hojas blancas a la búsqueda de su secreta canción, esa canción que nos  traiga las cosas cotidianas de la vida con la naturalidad y la sencillez del verdadero canto, el canto que muestra la profundidad, la grandeza de eso que llamamos temáticas y que forma parte de nuestro diario vivir, y lo hace con el deseo y el sueño, de hallar una nueva partitura, una nueva cadencia en el ritmo de su lenguaje:

Un tiempo a estrenar, / otra palabra, es posible. / No llueve, balbucea el agua sin rüido/ desde esa raíz que espera / su nueva epifanía: / la de ser pájaro un instante.

La poesía de Jesús Aparicio González, donde la metafísica y la metapoesia continúan enlazándose,   es un continuo caminar y contemplar, una aventura por el calendario de la vida,  un camino que busca la creación en la recreación de la palabra, un sueño que, tras la contemplación, tras lo sentido o vivido, toma la materia de los sueños (que es la memoria), y con la paciencia de quien se sabe Sísifo en esta vida nuestra (todos lo somos y ciegos arrastramos nuestra roca hasta la cima sabiendo que ésta volverá de nuevo  y nosotros con ella, y que la retomaremos otra y otra y otra vez más, para subirla hasta la cima aun a pesar de conocer que su destino, no es esa cima de la inmortalidad, de lo infinito. Pero ya Camus, con palabras  de Píndaro, nos lo dijo en El Mito de Sisifo: No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible.
Así, nos dice Aparicio en el poema que da título al libro: La inmortalidad en el horizonte, / en la cima la esencia de esa flor / con que te engaña el ser mutado en roca.

Aparentemente parece haber pocos cambios en relación a su anterior volumen , que es el que conozco, sin embargo La paciencia de Sísifo  aun siendo su poesía la de antes (me refiero a su último volumen publicado en 2012 La papelera de Pessoa y La luz sobre el almendro, ya que es la que yo he leído) y aunque en su voz continúa, con su reflexiva meditación, dejándonos ver su madurez, su pensamiento y su sentimiento en una poesía que toca, ya lo he dicho, la metapoesía y la metafísica, el sueño de un lenguaje nuevo, un lenguaje de la realidad de las cosas sencillas, cotidianas, pequeñas y el sueño del creador que, como Sísifo, ha soñado alcanzar la cima y permanecer en ella indefinidamente… también es un libro diferente, un poemario que trata de alcanzar con sus palabras lo que da vida, lo que hace que la poesía  amanezca, se levante y ande, vuele como el más hermoso pájaro (recordemos los versos del inicio del libro: Un tiempo a estrenar, / otra palabra, es posible. / No llueve, balbucea el agua sin rüido/ desde esa raíz que espera / su nueva epifanía: / la de ser pájaro un instante.



Jesús Aparicio Gonzalez sueña siempre con ser el sol a medio abrir y es que de acuerdo con la teoría solar, Sísifo es también el disco del sol que cada mañana aparece en el horizonte y al llegar la tarde su hunde  tras él: Siempre al borde de despertar, / en el umbral de un sol a medio abrir / con el rocío a cuestas.

Siempre amanecer. Siempre pájaro, siempre mariposa. Decía el autor hace tiempo en una poética que no se dejan cazar las mariposas. Pero, añado yo, mientras se intenta alcanzar lo inalcanzable, quedarse en la cima indefinidamente, mientras soñamos con el lenguaje que  rediviva el poema y lo haga eterno, el poeta debe ir mostrando las cosas, las que revelan y las que desvelan y debe de hacerlo en tanto que los días se suceden para crecer como persona y como poeta y mientras tanto… con paciencia, vivir, caminar, contemplar, escribir porque El día acaba:
Nos alcanza el crepúsculo muy pronto / pero el instante es bello y su zumo / nos eterniza el labio y nos pide / silencio, abrir los ojos a esta luz / inédita por última, a su canto / que nos devuelve un sueño:

En la contraportada de La paciencia de Sísifo podemos leer: Con infinita paciencia el autor se recrea en lo pequeño para extraer lo más elevado y grande: ocupándose con intensidad en las cosas del día a día, dejando constancia del pensar y sentir en hojas arrancadas al calendario,  ascendiendo serenamente poema a poema, empujando la materia de los sueños, construyendo una esperanza.

Una poesía en fin que continúa intimista y que es la misma pero diferente. Una poesía escrita desde la sencillez, desde lo cotidiano de un mundo que forma y conforma su cosmovisión espiritual y reflexiva (de ahí que cuando leí sus poemas por primera vez me recordó a Unamuno y Machado) Continúa también  con poemas breves, formalmente medidos, llenos de ritmo y ausentes de rima, poemas que revelan lo interior, el sueño y la certeza como en el poema Ceniza: Sin pájaros cantando/ sin arrullo del agua / sin hilo en la cometa / sin brisa que la mueva / sin escudo el dolor/ sin sombra que te avise / sin olas en la playa / sin vino en la copa / sin vocal en tu nombre /
sin memoria / nos vamos.


Aparicio consigue ser original con la palabra y las cosas más cotidianas, sin alardes, sin pirotecnias ni retóricas ni verbales. Escribe sobre la límpida página en blanco y su canto, hondo, nos muestra lo que está ante nuestros ojos y muchas veces no alcanzamos a ver  y es así como su nueva epifanía: la manifestación o revelación, esa que le convierte en pájaro, nos aparece,  impresa ya, y ya sin calendario y sin tiempo, interpreta su visión poemática

Ciertamente nos vamos sin nada pero sucede que, en alguna ocasión, aquí dejamos el canto impreso como pájaros cantores.