lunes, 9 de enero de 2017

Charo Fuentes: "Fueron un tiempo"



Charo Fuentes: Fueron un tiempo





Charo Fuentes (Cascante, Navarra, 1943), es  Licenciada en Historia y Humanidades Modernas  por la Universidad de Navarra, posee estudios de Filología Románica por la Universidad Complutense de Madrid. Colaboradora en distintos medios y revistas, figura en antologías poéticas de Madrid y Navarra y en Emakume Olerkariak, Poetas vascas.

No conocía la poesía de Charo Fuentes aunque si me habían comentado que se había dedicado a organizar eventos culturales en Pamplona, Madrid, Barcelona y no recuerdo bien si también en Granada.

Hace unos meses Charo Fuentes me envió su libro Fueron un tiempo publicado por el Grupo Literario Traslapuente (Navarra, 2016), acompañado de una nota diciéndome que una amiga común le había dado mi dirección para poder enviármelo. El verano y un obligado cese de actividades este año, me impidió acudir a este blog con diferentes libros  que se fueron amontonando ya que desde junio, hasta primeros de diciembre no había podido hacer nada en él. Intentaré ir hablando de ellos poco a poco.

Fueron un tiempo es un libro que reflexiona sobre el amor el tiempo y la muerte. Son temas universales que siempre andan presentes en la historia de la poesía y del poeta ya sea hombre  o mujer, como es en este caso. En el prólogo, Charo Fuentes nos dice que “este poemario es intemporal pero está atravesado por el tiempo y por la visión vital del hombre” Son poemas que- nos dice también- están sujetos a un tiempo extenso que abarca desde 1994 hasta 2016 y que se ha detenido en el barroco porque piensa que tenemos muchas cosas en común con esa etapa: “el culto a la imagen y la apariencia; el ascenso y descenso social; la crisis económica y política; el exceso y la conciencia de la fugacidad,” no como tema de este libro sino como motivo frente a la fugacidad de la vida y también en la desilusión que acompaña a la inestabilidad del mundo contemporáneo. Su título, precisamente, lo toma del poeta barroco Rodrigo Caro, autor de del poema “Canción a las ruinas de Itálica” 


Fueron un tiempo está dividido en tres secciones o apartados: 
I.-Del tiempo. Este apartado formado por quince poemas lo inicia con un poema titulado “Escribir”:
“Escribir un poema como / un rastro de este vuelo, como / de humo o estela o chirrido / o frenazo a aterrizaje / a la silla pegados / desplegados / o tierra /// Escribir un mensaje / para dejarlo ir en flotación al aire   A este le siguen poemas con citas en relación con él, de Lope, de Góngora, de San Juan de la Cruz. Charo fuentes nos muestra, con su meditación sobre el tiempo y su fugacidad, su visión vital.

II.- Del amor. Escritos a la manera clásica con predominio del soneto ya endecasílabo ya alejandrinos, en este apartado del amor me detengo en un soneto titulado “Telefonía” al que Charo Fuentes acompaña con una cita de Pepe Hierro, la cita pertenece al libro Agenda (Ediciones Prensa de la ciudad. Madrid, 1991) y concretamente al poema titulado “Don Antonio Machado tacha de su agenda un número de teléfono” un poema que hace alusión al tiempo y al olvido y que a Charo fuentes le sirve para abordar ese tema y decirnos en el primer terceto:
“Tacha, tacha el teléfono de ese
pasado amor, rodó como las hojas
Que el juego cese ya, que el juego cese”

III.-De la muerte. Charo Fuentes, al tiempo que reflexiona sobre la temática de este apartado, rinde aquí homenaje a poetas ya desaparecidos como Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Carmen Conde, Miguel Hernández, Leopoldo de Luis, y también a personas conocidas por ella. De Carmen conde nos dice  con relación a su labor poética y editora:
“¿Qué tapiz, mujer brava, diste al tiempo, o que  
andariegas manos dejan mortales su inmortalidad en
puntadas de letras que edifican sueños inmortales o
libros hechos?”

Tres apartados, escritos el primero y el tercero en verso blanco o silvas y el segundo  a la manera clásica.
En todos los apartados encontramos citas, en muchos poemas,  de los poetas clásicos de ayer y de hoy.
Un libro, en fin, de pérdidas, en el que la reflexión sobre el tiempo sucedido y el que se sucede ahora, el amor o desamor vividos y  la muerte, inevitable final del ser, como homenaje a las personas seleccionadas por la autora, nos deja su poso de nostalgia, denuncia y amor por la vida y por la literatura. 
Y tras leerlo nos quedamos como Charo fuentes se queda en el poema dedicado a Leopoldo de Luis que es una silva dirigida al hijo de leopoldo Jorge Urrutia y que concluye diciendo: "Estoy un poco triste, déjame que te mande / mi pena, mi amistad, mi testimonio" (Una tristeza serena porque sabemos que la vida llega, pasa y cesa y por la confianza de lo bien hecho y de lo bien escrito)

 Libros anteriores de Charo Fuentes son Uvas torrenciales (Torremozas. Madrid, 1986), donde el que fue director de la colección Adonais, tras dejarlo Jose Luis Cano, el poeta Luis Jiménez Martos, destaca en el preámbulo de este libro el vitalismo de la autora con una poesía "fibrosa, directa, respirable, agitada". Y cuatro años más tarde publicó Con un papagayo verde (Orígenes. Madrid, 1990), prologado por mi querido amigo y poeta recordado siempre, Leopoldo de Luis
También ha escrito trabajos de investigación junto a Tomás Yerro: el estudio literario Río Arga, revista poética navarra: estudio y antología (Cizur Mayor, Navarra, edición del autor, 1988), y teatro: Miguel Hernández, poeta español,  obra que, por encargo del Ayuntamiento de Cascante, su localidad natal, escribió y actuó cuando se representó en la Casa de Cultura y en el Centro Cultural Avenida con motivo del centenario del poeta de Orihuela.


                                          Manuel López Azorín

miércoles, 4 de enero de 2017

Nicolás del Hierro: Nota quisiera ser de cuanto sueño"



Nicolás del Hierro: Nota quisiera ser de cuanto sueño



Nicolás del Hierro (Piedrabuena,Ciudad Real, 1934), poeta, escritor, guionista y crítico literario,  reside en Madrid desde los veinte años  y nos ofrece ahora su última entrega poética: Nota quisiera ser de cuanto sueño.  (Lastura ediciones, Ocaña, Toledo, 2016). A sus 82 años Nicolás  parece estar más creativo que nunca y no deja de sorprendernos  con nuevas entregas cada poco tiempo. Él suele decir que como ya va camino de “su todo”  tiene prisa, una prisa "poetico-existencial" en escribir y denunciarse: “Escribo y me denuncio, me condeno, / mi ordenador es el pecado / mi dolor el dominio de las formas / todo mi sentimiento queda escrito / en las querellas del enojo. (…) Y temo, dudo casi siempre” y escribe, escribe, escribe... porque sé  que después de haber escrito este poemario, ha escrito otro que también será de calidad, como todo lo que escribe. Nicolás  me habló de él como de ese niño guapo que todo padre ve en su hijo diciéndome: "es un defecto lírico-sanguíneo" y seguro, seguro, que es guapo.
Nota quisiera ser de cuanto sueño comienza con un poema en cursiva  a modo de preludio y aun con la tercera persona como narradora de esta reflexión, nos encontramos  con un encubierto sujeto poético que nos ofrece una declaración íntima, confesional, de intenciones, y el deseo de hallar por fin, de modo general, el amor de la libertad y, de manera personal lo anterior y la luz que busca desde siempre en su palabra, en su verso. Nicolás siente que el paisaje, tanto personal como colectivo, esta “manchado y gris” “se diría que el cielo anubarrado / presagia tormenta”.

Él es un hombre, un poeta, que  observa y que duda, un poeta que siempre, lo ha dicho muchas veces, es en su escritura algo trágico  porque está fundamentada en el pensamiento de lo perdido. “Observa, duda el hombre,/ pero aun así / su ánimo es camino, / es todo pensamiento.”

Nicolás del Hierro cobija su memoria  en las temáticas Tierra, raíz, origen, infancia, por un lado y por otro, en la crítica social donde da testimonio de un mundo y de unos comportamientos del hombre que no le gustan,  “Otea el horizonte de la vida / y la actualidad no ofrece / sonrisas por la calle. Decepción / y desengaño son las prendas / que los diseñadores más astutos /  confeccionaron para el pueblo.”  en definitiva nos escribe de un pasado a veces duro y también de un presente inhóspito y es que el poeta y el hombre Nicolas del Hierro es amigo de la palabra amor y aunque le llamen iluso o "Quijote en granazón, por todo el universo", va dejando su grito, por si acaso, en esta calle de la página escrita. 

Y aunque a veces el desánimo le haga mella y se pregunte "¿De qué nos sirve un verso, / de qué vale un poema / frente a la roja singladura / de la fragua que funde los laureles / del humano valor entre los hombres? (...) ¿De qué nos vale un verso...?
Hay desaliento en su voz y tristeza por el hombre, pero también hay esperanza porque a pesar de todo Nicolás cree en el hombre, por ello va siempre asido a la esperanza.

Francisco Caro (Dcha) con Nicolás del Hierro
El poeta Francisco Caro en un artículo publicado en Lanza digital  dijo de él que: “La mirada poética y humana de Nicolás nació y ha crecido a la altura de los hombres, del dolor de los hombres, y de su dignidad.(…) Tiene por ello la misma querencia que los metales. Ama lo rojo porque la voz busca forja, porque busca la forma, la mano hacedora que la perfile y la someta.”

En su manera de decir Nicolás del Hierro hace hermoso todo lo que toca, ya desde la nostalgia, ya desde la crítica social, ya desde la reflexión, nos ofrece siempre una poesía serena, suave, como de brisa (aunque a veces sea producto de tormentas) y es que Nicolás es un poeta comedido, sencillo... un hombre bueno que decía el maestro Machado.El hombre, pueblo llano, / se vistió esta mañana con la humilde / camisa de la espera y la esperanza; / pero ahora, camino de su todo,/  cuando observa el contraste de las formas, / piensa que los expertos le mintieron, / y su esperanza ya no es verde”
Un poeta con la humildad de los que dudan, temen... y la grandeza de los que temen y dudan. Su poesía le nace siempre de dentro, del corazón, de las entrañas, de la necesidad de contar y cantar a la raíz y al hombre.
La esperanza, y esa voz roja con todos los colores de un humanismo de concordia,  por más que   las sombras cerquen en ocasiones la vida, sigue habitando en Nicolás del  Hierro. “Por eso escribe su impresión, / vuelve a ser otra vez el que persigue / con la palabra su tesoro / y del amor la libertad: / sabe que en el poeta, y en su verso,/ está la luz que busca desde siempre.

De modo que Nicolás del Hierro un hombre, un poeta, que nos dice que envidia sanamente “a quien desde las Aulas / en la Universidad, tuvieron, / tienen y hacen escala, son peldaño,/ para sus ilusiones más honestas” y que su caso fue distinto. “Yo bebí de  los libros la vida,/ surgí del trampolín de la existencia. / Estoy acostumbrado a ser el todo / de la nada más pura, ser el hombre / que prende su cordura ante la historia” 
Un poeta que nos dice, con la nobleza  y la modestia que siempre ha llevado consigo, que  él ha tenido que hacerse a sí mismo, se merece un gran respeto y admiración por ello y también merece que le recordemos que Leopoldo de Luis o José Hierro (entre otros), grandísimos poetas, también se hicieron a sí mismos o dicho con palabras de Nicolás:“(Ellos también bebieron) de los libros de la vida”. Dos hombres dos poetas como tú Nicolás del Hierro, hombre solidario en tu verso que “A veces / quisiera(s) ser muralla de presidio/ y encadenar  el viento más inmundo”, sí el viento de los hipócritas, el viento de los que manejas las guerras a su interés, el viento de los que impiden el paso a los refugiados, el viento de los dueños del “poderoso caballero” quevediano, el viento, en fin, de ese darle la espalda a lo que no se quiere ver. 

No, Nicolás, con su ritmo afable, sereno, comedido, de endecasílabos que se alternan con heptasílabos ya en verso blanco ya en estrofa más clásica, plenos todos de armoniosa cadencia  nos dice “No, yo no quiero entrar en los destinos / que me oculten los sueños” y es que Nicolás lo que quisiera es: “Nota querría ser de cuanto sueñ(a)”  y también: “encontrar algún amigo / con quien participar de su palabra” y de este modo caminar , vivir,  sentir, amar, escribir que: “(Su) parcela mayor está en la vida,”
Debo decirte, Nicolás, que amigos tienes  y lectores también.                                                         
                                                               Manuel López Azorín



jueves, 29 de diciembre de 2016

Rafael Soler: "No eres nadie hasta que te disparan"




Rafael Soler: No eres nadie hasta que te disparan


 


No eres nadie hasta que te disparan, nuevo poemario de Rafael Soler (Valencia, 1947) publicado en Ediciones Vitruvio (Madrid,2016)
Rafael Soler es una especie de Proteus del mar mediterráneo, el que fuera llamado por Homero “anciano hombre del mar”, que cambia de formas (aunque Soler no cambia de fondo), en cada una de sus entregas poéticas: “Y qué buscas tú pelma insolente / hablándonos de aquel que conociste”
Proteico por poeta, novelista, ingeniero, sociólogo y profesor de universidad, este Proteus actual no es cuidador de rebaños pero sí cuidador de lenguajes y si no agita la tierra como su padre putativo Poseidon, agita la poesía “personificando el inconsciente” que decía el psicólogo Carl Jung o. tal vez, conscientemente, como dijo William Wordsworth, porque  “Estamos demasiado inmersos en el mundo”

Soler escribe sobre temas universales: el amor, la muerte... escribe de perdedores y lo hace  con  su estética y su ética,  además de con ironía, humor y emoción. Él mismo ha dicho: “el poeta es una mirada,  es capacidad de asombro, es necesidad.”
Las Pérdidas, los fracasos, Rafael Soler los oculta con sus transformaciones o cambios ofreciéndonos trampantojos, con películas, ahora de cine negro para sugerirnos sin mostrar, la verdadera cara del espejo y, para ello, nos ofrece en este libro varios sujetos poéticos a modo de guión cinematográfico. Un triángulo con acción de novela negra y la puesta en escena de la “chica” Elvira, el “Chico” Martín, el “malo de la película” Abel,  un personaje mudo ya que es el “narrador/Soler” quien nos habla de él en su “cuaderno” y en los dos siguientes apartados.. Un tres en uno para contarnos una película con asesinato (simbólico) incluido y la historia  de un fracaso, vital, que el “narrador” (por más que el triunfo le acompañe), se encarga, en mi opinión, de mostrarnos, en el Epílogo y no.(al menos es la sensación que me produce su lectura), confesión solapada frente a la imagen.
“Y qué buscas tú pelma insolente / hablándonos de aquel que conociste / y era alto de nómina / en sus aciertos transitorio / en su corta victoria diez derrotas./// dónde crees que vas / traducido tu pasmo a seis idiomas / hastiado el corazón” La poesía suele decir más de lo que dice el poeta: ”Asomado a un instante que no es tuyo”; pero el narrador trata de enmascarar la imagen del espejo.
“dónde ingenuo predador de los tinteros / encontrarás tasada voz metro fonema”
Esa imagen que muestra, al hombre objetivo, al poeta con la dosis de vanidad necesaria para observar la realidad en lugar de contemplarse con la subjetiva y falsa mirada de la autocontemplación narcisista. Nos dice: “cómo buscar el cauce que cuida tus harapos / y palpita insolente porque ama”
 Y se fustiga y se flagela con hartura e ironía (y con sinceridad frente al espejo objetivo, en íntima confesión con la imagen) “cómo perder / por una piel de antes / la misma piel de siempre”
Rafael Soler es de los que piensan que reponerse de un fracaso es más fácil que de un éxito, que cada cual lleva consigo su alforja con los aciertos y con los fallos, que tropezar y caer es igual a levantarse y seguir, que la vida es eso ganar y perder, perder y ganar y mientras tanto la aceptación, la búsqueda, la indagación, que el ensayo y el error forman parte del aprendizaje de vivir.
Ya lo dijo en Las cartas que debía: “Vivir es decidir / y todo error es tu grandeza // pues solo cuando llegas / das por cumplido lo vivido”
Dije en este blog, sobre su primer libro Los sitios interiores (1980), que era  la búsqueda de la propia identidad, a través de la reflexión íntima, a modo de viaje interior por un lado y de película con fotogramas con lenguaje que introducía personajes de tebeo. Este poeta, desde el principio, siente la necesidad de mostrarse sin intimas confesionalidades haciéndonos creer ficción una realidad trastocada en poesía con, como dije antes, trampantojo. “por un regocijo / este semblante roedor de prohibiciones / en el negocio abominable de los versos”
Rafael Soler, primero por la izquierda en la presentación de Sonetos y otros poemas de Antonio Gala (Eirene Editorial), con  Carmina Casala, J.Alvaro Gómez, Manuel Rico, Manuel López Azorín, Mª Consuelo Altable, Isabel Delgado  y
detrás (de izqda a dcha), Rafa Mora, Moncho Otero Jualu Mora y Sesi García.
Rafael Soler comenzó su labor creativa en los 80 y se hablo de ella “como una de las más interesantes de la nueva literatura española”. Luego con aquel largo silencio se dedicó – como él dijo– a  “bibir con b” es decir a “beber con los que viven”.
Volvió Rafael Soler, tras un prolongado silencio  con Maneras de volver:  “yo estaba en mi camino sentado con la tarde / y tú pasaste”. Y regresó con una realidad poética embellecida y disfrazada de "caústica  realidad imaginada":  “mintió quien te decía / que una laringe narradora / hace corto el luto y amable la memoria”
Maneras de volver (2009) me pareció (y así lo escribí entonces, también en este blog) que es como la película de un viaje, iniciado en Los sitios interiores(1980) (…) Y en tanto que viaja, con la memoria y con el sueño, nos muestra su yo, a veces desdoblado, con imaginación o con realidad, como en el espejo donde podemos ver el desencanto de quien, a través del viaje y de las experiencias vitales, ha madurado en el desencanto de este vivir provisional que trata de aferrarse a lo que permanece tras la provisionalidad del viaje interior que vive, fotograma a fotograma de la película, de nuevo con la certeza y la duda.
Todo en aparente ficción, en realidad imaginada, pero que era, pienso yo, una realidad trastocada en realidad poética: “mentirá el cielo en su estupor / mentirán los pechos resonantes / mentirán las dulces ligaduras”

Luego, en Las cartas que debía se nos dualizó o desdobló como remitente y destinatario, con unos poemas donde jugaba a ser uno y diverso, es decir él y nosotros al tiempo. Poemas dirigidos a personajes aparentemente ficticios para contar y cantar, desde su yo al nosotros, su realidad y sus sueños: “y esa  tristeza de la ropa”
Su siguiente poemario Ácido almíbar, era (y es en mi opinión) un libro intenso y brillante  que nos mostraba una personalísima voz sutil, desconcertante, irónica… Sus poemas nos ofrecen asombro y nos muestra en ellos su visión de la vida,  su gozo y su crudeza. Ácido almíbar  es una excelente y honda reflexión sobre la vida desde el nacer al morir porque "la vida siempre nos ofrece una cosa y lo contrario". Y todo ello contado desde la metafísica del alma que es la poesía: “pero es preciso indagar / es preciso indagar” seguir caminando hacia "donde habita  el olvido", indagando siempre.
Rafael Soler suele ofrecernos en sus poemarios la certeza y la duda, la ironía y el escepticismo, la caducidad y lo intemporal entremezclado, tal vez en cada libro con tono diferente o ciertos matices diferentes pero sin faltar la ironía ni la indagación constante en el tratamiento expresivo.
Este narrador abatido frente al espejo, el que se siente perdedor y se maltrata y se busca, en la vida y en el verso sintiendo que es necesario indagar, para no acabar  sin fruto, seguir para dejar la palabra en el tiempo solo así da su fruto / el vientre estéril de lo eterno.”

Soler y José Maria Merino que ejerció de presentador 

Rafael Soler, con cinco poemarios, además de su narrativa,  ha conseguido situarse en un destacado lugar del panorama poético hispanohablante. No hay más que acudir a sus presentaciones que, abarrotadas de poetas y amigos de la poesía, esperamos expectantes lo que nos vaya a contar el presentador José María Merino sobre el autor y el libro que viene a presentar y expectantes por lo que nos vaya a decir Rafael Soler y los poemas que nos vaya a leer. Así sucedió en Madrid durante la presentación de  No eres nadie hasta que te disparan en  el salón de la Asociación de la Prensa. Yo estuve allí y doy fe de ello.
A mí particularmente me han llamado la atención dos poemas (me han gustado muchos, pero especialmente estos):"Asomado a un instante que no es tuyo" y "Aviso a navegantes". Del primero ya he dado cuenta en esta reseña. Os dejo el segundo. Algunos poetas, en muchas ocasiones, hacen de la  ficción una realidad lírica y otros enmascaran la realidad en una ficción lírica. El caso de Rafel Soler pudiera ser: "había dos mitades / dos formas de pensar que fuimos uno"
AVISO A NAVEGANTES

El lugar de los hechos
no es todavía el lugar de los hechos
ta calma noche transparente
tan grillo atareado en su colina

el verdugo
es un árbol que disfruta su baño lunar
mostrando al oscuro las enaguas

el cómplice
apenas lluvia que cumple a martillazos
su papel de lavandera

el arma del crimen
no es quien lo díría el arma de este crimen
es un  teléfono con vocación de soga
que en la guantera suena

la víctima
un triste a dos manos que disfruta
con un grillo un volante
y con las curvas.


                                                 Manuel López Azorín


jueves, 15 de diciembre de 2016

Belén Reyes: "La muerte es ilegal"



Belén Reyes: La muerte es ilegal                                        


Belén Reyes me mandó su último libro publicado hasta la fecha, su título, (como todos los suyos, sorprende  por su precisión y certera definición de lo que nos encontraremos en él): La muerte es ilegal (Versos- en-difHerido) Celya, 2016 .El libro va acompañado de una carta-prólogo de Luis Eduardo Aute. En ella le dice a Belén (y a todos los lectores)”…Debo decirte que sigo bajo el impacto salvaje de tu “muerte ilegal”, es una bofetada en toda regla a la vida y a la muerte, un directo a la mandíbula del esqueleto, ya cadáver, de la poesía zombi de estos últimos tiempos. (…) Me sorprende grandemente esa valentía de no tener ninguna consideración respecto a “estéticas” que haya que guardar por coherencia de “ética poética”. (…) Toda mi admiración con un beso, este sí, en diferido sin hache intercalHada.”


Antes que nada quiero decir que la poesía de Belén Reyes absolutamente personal, irónica, cargada de dolor  y de tristeza, es mordaz, no sigue reglas tradicionales (o mejor dicho solo las sigue en cuanto a medidas en el verso llamado de arte menor y cuando emplea el otro el llamado de arte mayor, lo escribe blanco o con rimas de suaves asonancias  y ajustado a sus reglas como en estos endecasílabos en los que nos viene a decir  que un poeta que no escriba de aquello que conoce, que percibe y que siente, carece de sentido y de verdad: “De qué sirve un poeta sin su cámara, / reportero sin dios y sin cadena./ De qué sirve un soneto endecaciego /vendiendo once cupones sin esencia”)

Aunque parte de la poesía tradicional no emplea estrofas concretas pero se basa en algunas de ellas, hace las rimas como le parece aunque siempre de manera certera y, en su poesía, encontramos casi siempre frente a todo ese desbocado flujo de emociones que nos ofrece, olor a disconformidad y desamparo pleno de denuncia, de ternura y de sorpresas verbales y así va Belén: “a ganchillo / desenredando el alma / tejiendo con un bic/ en plena menopausia.”

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Belén presentó este libro en la sala Clamores, acompañada del cantautor y poeta Moncho Otero, amigo nuestro desde los años noventa que le conocimos a través de Gloria Fuertes y que ha puesto música a algunos poemas suyos, yo no pude acudir

Me alegré mucho al recibir este libro. Belén y yo no nos vemos desde hace mucho tiempo. Creo recordar que la última vez que coincidimos fue en casa de Amparo Gastón (la viuda de Gabriel Celaya), Yo había quedado con Amparitxu  para charlar un rato y allí estaba  Belén Reyes (por cierto que quedó en enviarme una foto que nos hizo a Amparitxu y a mi y no ha debido acordarse ya que no la recibí, claro que con todo lo sucedido ultimamente es casi natural que no se acordase), A Belén la conocí a través de Gloria Fuertes, que me hablaba de ella (y muy bien)  cada dos por tres Escribe como yo – me decía Gloria, pero es más valiente, más joven y más descarada – me gusta.
La dedicatoria que me manda Belén dice: “Para Manuel con todo mi cariño en homenaje a todas las personas que conocimos y que ya no están.” Y me he emocionado porque de esas personas que conocimos he recordado inmediatamente a dos mujeres: Luz María Jiménez Faro, poeta y alma de la editorial Torremozas (donde Belén publicó su primer libro) y Gloria Fuertes, poeta (de niños) y sobretodo de adultos. Una mujer que como persona y buena amiga recuerdo siempre y como poeta, como buena poeta de hondura y sorpresa releo a menudo para no olvidarme de ella nunca. Aunque yo sé bien  que los que quisimos y admiramos a Gloria Fuertes no hay día que no la recordemos, sobre todo por su tremenda humanidad, por ser buena gente (como ella solía decir de las personas que apreciaba) por su chispa socarrona y su sentido del humor tanto en su día a día como en sus poemas.
 

Belén Reyes admiraba mucho a Gloria fuertes, si mal no recuerdo comenzó a leer a Gloria a los 14 0 15 años y según ella se fascinó con sus poemas. Tanto es así que cuando Belén escribía trataba de hacerlo con la misma sencillez de lenguaje que empleaba Gloria cuando escribía poesía para adultos, una poesía que no parecía ser valorada por el mundo poético con excepción de José Hierro y algunos que otros poetas más que veíamos en la poesía de Gloria Fuertes lo que vio Belén Reyes desde que la leyó por vez primera: una poesía de amor y de humor con una profunda carga existencial,  una poesía comprometida con el ser humano que denunciaba con sonrisa, que aconsejaba con dulzura, que golpeaba con ironía y con humor, una poesía en fin que sorprendía por tener una voz personal, diferente, única.

Todo lo dicho anteriormente se lo podemos aplicar a la poeta Belén Reyes y ella seguramente se sentirá orgullosa  de  que yo la compare y la equipare con Gloria, juntas las dos, porque sé muy bien que ambas fueron amigas los últimos 12 0 15 años de la vida de Gloria. Fue una hermosa amistad. A Gloria le vino muy bien tener en Belén una gran admiradora y seguidora de su poesía y a Belén, igualmente, le vino muy bien la amistad de Gloria, los ánimos que le dio para que se dedicase a escribir, de Gloria aprendió mucho, de la vida y de la poesía. Tanto es así que el primer libro de Belén Reyes, Desnatada (Torremozas, 1992), se lo prologó Gloria, encantada y desnatada.(este libro tuvo una reedición en 2005 en Celya)  

En 2002, ya sin nosotros Gloria, publico Ponerle un bozal al corazón ,con prólogo de Cristina Pero Rossi (Celya) que se volvió a reeditar en 2006. 

En 2007 Olifante publicó  Atrévete a olvidarme. Libro que reeditó Torremozas en 2014.

En fin, recordar a Gloria Fuertes pudiera parecer una descortesía para con Belén Reyes, pero ella sabe que no es así, ambos la quisimos y la admiramos, tanto como para recordarla siempre, tanto como para que Belén y yo sepamos que si bien la Reyes comenzó escribiendo versos que se parecía a los de la Fuertes, ella, la Reyes, y como bien me decía Gloria, aunque se parecía , era más descarada ( es decir más atrevida, más desbocada y con un cierto humor más acidillo), y con el tiempo al igual que la Fuertes ha conseguido crear una poesía  tan personal, tan única que cada día se parece más a la Reyes  (aunque lleve siempre a la Fuertes con ella), porque escribe una poesía con una profunda carga existencial,  una poesía comprometida con el ser humano que denuncia con sonrisas heridas, que aconseja con amarga-tristeza, que golpea con  rabia y con ironía, una poesía en fin que sorprende por ser muy Belén Reyes.

Y es que en Belén Reyes “la luz esta en (su) interior./ La luz no está en las bombillas./ (ella se) enciende  de amor/  día tras día.” Porque resulta que a pesar de los golpes que nos da la vida Belén Reyes canta siempre por alegrías y por esta razón Belén se niega a tantas cosas que le parecen injustas, o ilegales, como –por ejemplo- la muerte. “La muerte es ilegal / y nadie dice nada/  Ni una denuncia, un grito / ni un poema pancarta / ni un juez que lo investigue, / la vida es una estafa.”

Belén lleva tiempo conviviendo con la enfermedad y durante esa enfermedad  ha sucedido la muerte de su padre. Así las cosas nos dice:  “Hablar de la muerte o estar enfermo en la sociedad de hoy es terrible, porque nadie quiere hablar de ello, está mal visto porque falta dignificar el tema,"  Belén sostiene en una entrevista (mayo de 2016), a través de la agencia Efe que ” estar enfermo es un estado en el que no estás ni vivo muerto. “Es una situación rara", (…)"Lo digo porque hay algunos que creen que la enfermedad te hace crecer y todo eso; pero no. Es una cosa tremenda, es una verdadera horterada, no se lleva estar enfermo, te esconden".
Belén Reyes  prefiere ir “desandando la vida / con un ramo de deseos”  aunque se rompa para ir naciendo, para seguir viva, aunque la vida sea una estafa y frente a ella grite  y se desespere  a veces como en este poema :“Como si me fumaran… /soy el humo que escapa / del pecho de la vida / me quedan dos caladas /Y un filtro que me roba / la luz y las palabras.  /// Como si me fumaran.
 Y te fumamos, sí, pero leyéndote y haciendo nuestras tus denuncias, tu ironía  tu tristeza, tu rabia y tu valentía para enfrentarle a la poesía y a la vida.                 
                                                                 Manuel López Azorín









miércoles, 14 de diciembre de 2016

Pedro Juan Gomila Martorell: La pasión según Dioniso



Pedro Juan Gomila Martorell: 
Eidolón III.  La pasión según Dioniso





Pedro Juan Gomila Martorell (Palma, 1967), acaba de publicar La pasiónsegún Dioniso (La Lucerna-poesía. Palma de Mallorca, 2016) Tercera entrega de su tetralogía Eidolón.

Al modo de la tragedia griega entona aquí Gomila Martorell un 

canto coral a Dioniso (dios de los placeres sensuales en la mitología 

griega), una composición poética escrita con diversidad de metros 

(el primer estudio crítico de la tragedia lo encontramos en la 

Poética de Aristóteles), con un personaje (a la manera de corifeo) 

protagonista que, separado ya del coro, dialoga con él y con otros 

personajes incorporados

Se dice que Esquilo fijó las reglas de la tragedia con diálogos, 

contrastes y efectos teatrales. Sófocles introdujo el monólogo. Esto 

permitió al personaje expresar su pensamiento y Eurípides 

incorporó el realismo para mostrar la dinámica del personaje.


Finalmente decir que la catarsis, para Aristóteles, es el símbolo de 

la toma de conciencia del espectador para comprender al personaje. Se distancia de sus propias pasiones y alcanza un alto nivel de conocimiento. Según el filósofo el defecto o debilidad del personaje le lleva al desenlace y a su caída o sacrificio.




Esta simplificada síntesis me sirve para establecer paralelismos 

entre ella y La pasión según Dioniso de Gomila Martorell que 

parece haber reunido es su poemario algo de cada uno de los 

grandes trágicos griegos (diálogos, monólogos, realismo) para 

continuar con la tetralogía Eidolón, ya que al margen de la 

temática, cada vez que el autor me envía una nueva entrega me dan ganas de llamar a mi querido y admirado amigo Luis Alberto de Cuenca, maestro en la cultura grecolatina que tanto me enseña, para  ahondar en las formas que Gomila Martorel emplea (los diferentes pies griegos, los coros, las innovaciones de los diferentes trágicos,la exposición, el nudo y el desenlace aristotélicos, etc. y etc.)


Lo cierto es que con cada uno de sus libros he tenido que bucear y documentarme (además de leer las notas finales de cada volumen que en este, por cierto, son menos extensas aunque igual de aclaratorias) y debo decir que me ha servido para que mi ignorancia  en tantas cosas fuera algo menor.


En cuanto a la temática, en la que Pedro Juan adopta el realismo de Eurípides, me retrotraigo a Eidolón I: Arcadia desolada donde ya dije que era un poemario a manera de diario que nace de experiencia personal de Pedro Juan Gomila  Martorell  y es confesional y valiente dada su temática homosexual. Así pues podrá decirse que su poesía  nace desde la más íntima necesidad y con ella, el autor toma conciencia de su condición, purga su sentimiento, educacional, de culpa, se restituye consigo mismo y se enfrenta a los prejuicios sociales imperantes antes de la legislación,  de la legalidad en España.

De la segunda entrega de Eidolón II: En la tierra de Nod dije 
también que Pedro Gomila Martorell, se siente como 
Caín por defender su opción de ser él, por negarse a sí 
mismo para ser lo que los otros le imponen. Lucha frente 
a ese destierro impuesto porque no quiere ser “fugitivo” en 
esta sociedad, y la Ley española  le ampara. En la tierra de Nod 
era, en definitiva, el poemario pleno de coherencia, de un poeta, 
un hombre, que lo que nos cuenta forma parte de su experiencia 
vital y en ella su gran conocimiento de la literatura de ayer y de 
hoy y con ella se sirve para mostrarnos referencias de pensamiento 
y de religión desde su lucha entre el yo que es y el que los 
condicionantes han pretendido que sea.

En esta tercera entrega Eidolón III: La pasión según Dioniso, quiero destacar, al igual que lo hice en las anteriores el magnífico prólogo (en esta ocasión de mi paisano el poeta y filólogo Alberto Chessa), del que cito: “No era yo sino un espectro / un extraño simulacro”, leemos en estas páginas como una ratificación del epígrafe global de la serie (pues eso –es- pectro, fantasma, aparición y no otra cosa es eidolón en griego). El héroe de toda esta – podríamos  llamar –  epopeya del desgarro que a nigún  lector puede (¡ni debe!) dejar indiferente, es un adolescente embarcado en una agónica búsqueda  de la propia identidad;(…) La raíz del dolor, la música del grito, el silogismo de la amargura, el álgebra de la soledad sancionada por la diferencia son los pilares, tan vulnerables, sobre los que el poeta se levanta para clamar, no en un desierto, sino en una selva de cemento y prejuicios  (…) El muchacho se mueve allí con una calculada impiedad, una inmisericordia hacia aquellos que (con la broza de mis odios) desconsidera como sus semejantes, algo que –acaso irremisiblemente – lo  termina abocando a celebrar el cuerpo desde algo parecido a una mística perversa, elevada a la vez que sojuzgada, herida, contrita: se intuye que no hay más valle para los despojos que el de un originalísimo – al punto que sadiano – valle de Josafat.”

El personaje de La pasión según Dioniso es el yo y el otro en 

continua lucha. El yo condicionado, reprimido, obligado por los 

condicionamientos religiosos y sociales nos muestra su dolor y su 

amargura su ser sin ser, su máscara que oculta y el otro, el ser que 

siente que es, el igualmente condicionado, se rebela, para conseguir 

ser no el otro sino el yo verdadero.

La última escena de este libro es el desenlace, la caída, el sacrificio para alcanzar la metafórica muerte del condicionamiento, de la represión, del dolor, la amargura. La batalla ganada a la impostura y la hipocresía de los que no toman conciencia, de los que masacran en vida, de los que no toleran.



En vano. Sin plegarias. En silencio.  
el viento quedó mudo cuando el hierro  
atravesó mi espalda ya desnuda. 
Vena de las púrpuras corrientes mana,  
espuma de la vida que se vierte… 
Caído en la celada como ciervo 
que fía de la voz de batidores.  
Sí. Vuestros son los miembros. Todos ellos. 
Cortadlos. Divididlos en pedazos. 

Las ramas de mi tronco se desgajan. 
Se arroja la cabeza, pies y manos.  
Preparan guarniciones para el resto.  
Crepitan en parrillas mis entrañas.  
La grasa se derrite gota a gota. 
La sangre, una delicia a fuego lento. 
¡Saciad vuestro apetito caballeros! 
¡Dejad mondos los húmeros y radios!  
¡Trinchad el pene hervido en los calderos!  
Mas mío el corazón. Y es suficiente.


Y el corazón que es aquí imagen de su sentimiento, de lo que le nace por dentro y nada ni nadie lo puede arrebatar, me recuerda unos versos de mi libro La ceniza y la espuma (Sial poesía, madrid, 2008) titulado
 "Lo intangible" 

Pusieron cerco con los alambres, las cuerdas...
y tejieron las redes de la trampa.

Como señuelos, las palabras dulces,
las excusas fingidas, las sonrisas de dientes afilados.

Escuché las aristas del espino
alimentándose en mis venas;
pero no di ni un paso, dejé que me creyeran atrapado.

(Pueden desposeernos de todo lo tangible,
pero nunca de aquello que nos crece por dentro.)


 Termino con lo que ya dije en Eidolón II: La tierra de NodLa 
poesía de Pedro Gomila Martorell, me parece a mí que es, y por 
ello me gusta,  testimonio  de sí mismo, da cuenta de lo que le toca 
vivir en un tiempo concreto, que es su tiempo, y es, a la 
vez,  búsqueda y conocimiento del ser, de la vida y del 
mundo, porque la Poesía, que es una y diversa, lo digo siempre, 
debe de ser una ventana receptiva, abierta, a todas las aguas, las de 
uno y las de otros ya que en sus aguas podemos encontrarnos 
en cualquier momento con un yo cercano al nuestro e incluso, como en el caso que nos ocupa, con nuestro propio yo y con  el otro. 

                                                     Manuel López Azorín