sábado, 4 de junio de 2016

Leopoldo de Luis II: Rigor formal de sereno sentimiento.Memoria poética.





Memoria poética.
Leopoldo de Luis II: Rigor formal de sereno sentimiento.

Al año de nacer en Córdoba Leopoldo, su familia se trasladó a  Valladolid, ciudad en la que vivió hasta los diecisiete años. Cuando Leopoldo de Luis dejó Valladolid trasladándose a Madrid para estudiar Magisterio, durante un tiempo vivió en  la sección de menores de la Residencia de Estudiantes; pero  la ruina familiar le obligó a trabajar en un puesto burocrático de la empresa privada. Entretanto empezó unos estudios de Letras que nunca acabó.
Cuando yo conocí a Leopoldo de Luis acababa de publicar su libro Del temor y de la miseria, Orígenes, 1985. Sobre este libro se escribió en julio de 1985: “Cuando Leopoldo de Luis abre las dramáticas puertas que dan entrada a Del temor y la miseria no nos ofrece un patético deslumbramiento, sino algo que se cruza por un entramado de sombras,”

Y es que a Leopoldo de Luis, no se le puede dejar solo en “poeta social” como suelen conocerle o reducirle. Digamos que la diversidad poética  de Leopoldo que efectivamente trató y escribió la poesía comprometida, la malllamada “poesía social”, él va más allá  y cualquiera que lea su obra podrá observar  que  es una obra humanista, existencialista, con cierta estética simbolista, con un predominante yo lírico y reflexivo que nos hace pensar en el sentido de la  muerte, el tiempo, la vida,  que la memoria es temática importante en su poesía y también la metapoesía. Lo que sucede, en mi opinión, es que Leopoldo de Luis, como tantos, condicionado por las circunstancias vitales que le tocó vivir, forzosamente le generaron interés en esa “poesía social”.   Conviene recordar   su paso por los campos de concentración, su contacto con el pueblo vencido y preso, su amistad con Miguel Hernández… estas vivencias marcaron su vida y su poesía.

En los años sesenta publica, también, La luz a nuestro lado y Con los cinco sentidos y en los 70  De aquí no se va nadie y un poemario con el que le conceden el Premio Nacional de Poesía: Igual que guantes grises. Más libros y más premios se suceden a lo largo de estos años en los que este poeta de rigor formal, de sereno sentimiento, con rigurosa concepción del mundo, atenido siempre a la belleza de la forma y con un contenido humanista, ha ido dejándonos, fiel a su ética y a su estética, lo mejor del hombre que se busca en sí mismo y se reconoce al margen de modos y de modas y maneras
Su hermano, Francisco Umbral dijo de Leopoldo: “Es un importantísimo poeta, pero por su estética, a la que sigue siendo fiel desde siempre, además de ir a contracorriente de las modas desde hace tres décadas, no parece tener sitio en este final de siglo. Personalmente lo lamento porque pienso que hace gran poesía”



Cuando Leopoldo vino como poeta invitado a Tertulias de Autor, nos leyó poemas de Teatro real, un libro publicado en 1975 en la Colección Austral de Espasa Calpe (aunque al llegar lo primero que hizo fue saludarme y regalarme una antología suya publicada en Plaza y Jané  en 1989 titulada Los caminos cortados)


Poesía, en fin, a veces amarga pero siempre tonificante la de este poeta que nos habla “del temor y de la miseria”, que nos dice que no sabe “proclamar la esperanza en el mundo” (aunque lo intenta) y que nos ofrece con sus poemas esa luz... cualquier día “del mundo en que nos toca ser testigos”, del teatro del mundo en que nos toca actuar. Yo, como tú, quiero ser el que diga estos versos: “Éste es siempre el epílogo seguro. / Teatro hoy, ceniza en el futuro. / ¿Vale la pena de estrenar la obra? /  Vale la pena de estrenar la obra / aunque ya el argumento es muy sabido. / Representarla en paz y pena pido. / En paz y pena con mí mismo. Y sobra.”

Para Leopoldo de Luis, poesía social “es aquella que sublima sentimientos colectivos latentes en un marco histórico caracterizado por la opresión política y la explotación económica.” Todo lo demás, como lo fue para Pepe Hierro, es  poesía de vida que da testimonio de lo que acontece.

El hecho de que muchos autores no consiguieran hacer realidad su deseos de obtener calidad artística (otros muchos si lo consiguieron como Leopoldo, Hierro, Celaya, Otero, Sahagún, Cabañero, etc), sino que más bien trataron de imitar, de hacer epigonismo poético o lo que hicieron, en algunos casos, fue poesía de panfleto llevando a la decadencia esta corriente.



Cuando estalló la guerra incivil española, Leopoldo de Luis, alistado en el ejército republicano, hizo más intensa  su amistad con el poeta de Orihuela Miguel Hernández, a quien había conocido ya en 1935.A Leopoldo se debe, en muy buena medida, la recuperación editorial de Miguel Hernández, muerto en la cárcel en 1942. Igualmente mediados los años treinta Leopoldo trabó amistad con Germán Bleiberg, Rafael Múgica, más tarde conocido como Gabriel Celaya (tras sucederse un tiempo de adaptación a su nueva vida con Amparo Gastón en la que adopto otro de sus nombres: Juan de Leceta), y  también trató al poeta León Felipe.
Gloria Fuertes me contaba una anécdota en relación con Leopoldo y Celaya: Sucedió en 1936. Se celebraba el Premio del Centenario de Bécquer organizado por el Lyceum Club Femenino (una asociación de mujeres fundada en 1926 y que funcionó en Madrid hasta 1939) Gabriel Celaya (entonces Rafael Múgica fue el ganador de aquel premio con su libro La soledad cerrada. A este premio se habían presentado también Leopoldo de Luis (Como Leopoldo Urrutia) y Gloria Fuertes (allí se conocieron los tres) Como el premio lo ganó Rafael Múgica y no ellos y concretamente Gloria Fuertes, esta se enfadó al principio; pero, me contaba, cuando conoció a Celaya, que “era alto y rubio como la cerveza” se le pasó el enfado y ya siempre fueron grandes amigos. Un día, hablando con Leipoldo se lo contaba yo y vi que sonreía mientras asentía, confirmando así que la anécdota de Gloria había sucedido tal como ella me la contó.
En 1937 colaboró en Nuestra Bandera de Alicante y en La Hoja del Lunes  de Madrid, y publicó un pequeño libro que antologaba poemas suyos de guerra junto a algunos de Miguel Hernández y de otro poeta combatiente, Gabriel Baldrich.
En 1938 apareció el libro Romance  con el nombre de Leopoldo Urrutia. (para este libro empleó el apellido de su padre; pero más adelante ya en 1946 publicó el que Leopoldo consideraba realmente su primer libro Alba del hijo y lo firmó con el apellido materno, Leopoldo de Luis, apellido que adoptó para evitar represalias de los vencedores. por este nombre sería conocido como poeta a lo largo de su vida.

Como poeta, ensayista y crítico literario fue colaborador de las revistas más importantes de su tiempo (Ínsula, Cántico, Espadaña, Papeles de Son Armadans, Revista de Occidente...), 
Leopoldo de Luis comenzó escribiendo una poesía  que nos hablaba de la condición humana, poesía de gran  contenido existencial. Luego, a lo largo de su obra, se fue afirmando una aguda conciencia del tiempo y la muerte dentro de una posición esencialmente humanista como dije en Memoria poética I.

Recuerdo una Comida Homenaje a Leopoldo en el restaurante medieval La rioja C/ Las negras, 8 Esquna a Princesa Madrid el 21 de octubre de 2002. Aquel día Julián Creis, Emilio Ruiz Parra, entre los que recuerdo en la mesa, escribimos unos versos para el poeta homenajeado y, como siempre Leopoldo, con sencillez y humildad, correspondió con su agradecimiento   a todos los que allí nos encontrábamos. Y al mencionar a Julián Creis me vino a la memoria otro Homenaje (esta vez en Valdepeñas, en 1995) organizado por las Bodegas A-7 en la Tertulia llamada Desde el Empotro en la que además de la publicación de un cuadernillo con poemas de Leopoldo de Luis, se quedó impreso en una de las enormes tinajas de la bodega un poema de este poeta que nos dio una lectura y con quien pasamos, junto con Paco Creis , organizador del Homenaje, una grata jornada poética.



De su poesía han escrito muchos y con profusión. De ella nos dijo Concha Zardoya: “La poesía de Leopoldo de Luis, humana, verdadera, conmovida y conmovedora, nos deja una huella imborrable en el espíritu y en el corazón”.... “No ha tocado con su dolor, vertido en versos de clásica sobriedad y nos ha enseñado su lección de ética profunda”. Concha Zardoya, y lo digo con rotundidad porque ella, personalmente, me lo confesó, sentía una enorme admiración por la poesía de Leopoldo y por su digna y humana trayectoria.

Tan humana fue su trayectoria que nunca dejó de contestar una carta, o de responder a un poema como en una ocasión que le escribí un soneto, fue un año antes de fallecer y no recuerdo ahora, porque no encuentro el poema, aunque si la nota que Leopoldo me envió:


Mientras escribo esta II entrega de Memoria poética sobre Leopoldo de Luis, recibo un mensaje de Jorge Urrutia en el que me dice:

Blogger Jorge Urrutia dijo...


Querido Manuel López Azorín: te envío una abrazo y la expresión de mi agradecimiento por esta entrada tuya en el blog. A mí, esto años de ausencia me han parecido una fosa difícil de superar. El cariño que le demuestras, la admiración que expresas por su obra me emocionan. Cuenta con mi amistad.
Jorge Urrutia
Jorge quizá no lo recuerde; pero hace unos años, en un homenaje que le dio Fina de Calderón  en el Cigarral del Santo Ángel de Toledo, tras la comida y lectura poética que acostumbraba a darse
en honor del homenajeado (en esta ocasión Jorge Urrutia) ya le recordé que sentía una enorme admiración por su padre (a quien Fina rindió Homenaje también en ese Cigarral en los años 90 y yo estuve  igualmente acompañándole) al tiempo que un gran afecto. 
Y aquí dejo esta II parte de Memoria poética. Preparo una nueva y III parte que, en cuanto esté acabada “colgaré en este blog” Leopoldo de Luis que, de vivir, ahora tendría 99 años, merece no solo este recordatorio sino que le leamos y releamos a menudo.

                                                  Manuel López Azorín

miércoles, 11 de mayo de 2016

Memoria poética. Leopoldo de Luis I: Poeta de preocupación existencial



Memoria poética.
Leopoldo de Luis I: Poeta de preocupación existencial


Hoy 11 de mayo de 2016, al ver una nota del poeta Luis Llorente en las redes sociales sobre Leopoldo de Luis  me ha recordado que yo estaba preparando una memoria poética para publicar en este blog. Como la parte I ya estaba terminada, he  decidido "colgarla" , gracias a Llorente, el el día de hoy fecha de su nacimiento(nació un once de mayo) .

Diez años ya, va para once, que el poeta Leopoldo de Luis (Córdoba, 1917 – Madrid, 2005) nos dejó. En noviembre de 2005, falleció este gran poeta cordobés del que guardo un inestimable recuerdo y al que acudo de vez en vez a su Obra poética (1946-2003), o a alguno de los otros libros que tuve la fortuna de  que me regalase, para releer algunos de sus poemas.

Siempre que lo hago me llegan recuerdos de este hombre, tan humano, tan poeta, tan buena persona. Recuerdos como aquel en  que estuve en su casa de la Calle Rodón para grabarle unas palabras para un homenaje que yo preparaba a través de Helicón en torno al poeta Gabriel Celaya. Corría el año 1995, era febrero y hacía frío, me recibió Maruja, su esposa, una dulce y amable mujer que enseguida me pasó a la biblioteca donde Leopoldo y yo, charlamos mientras tomaba un café que me trajo Maruja. Hablamos de Gabriel Celaya y de Miguel Hernández que andaba junto a nosotros enmarcado (era el dibujo que Antonio Buero Vallejo le hizo en la cárcel), Leopoldo tenía presente siempre al poeta- cabrero de Orihuela no en vano fueron amigos en los años treinta.

Leopoldo con Vicente Aleixandre
Yo veía en Leopoldo, siempre que hablaba con él, a un hombre con sentido del humor, aunque serio al tiempo que amable, educado y gran conocedor de la poesía en general y en particular de la de los años cuarenta, la del desarraigo, y cincuenta, la llamada poesía social en la que Leopoldo era un experto y nos dejó un libro importante: Poesía social española contemporánea, antología (1939-1968)  Pero no sólo escribió sobre poesía social, (La suya es una obra de preocupación existencial importante.) Su obra crítica ha versado también sobre poesía española religiosa contemporánea y también sobre Antonio Machado, Vicente Aleixandre, Miguel Hernández, Carmen Conde, león Felipe y el modernista olvidado Gonzalo Morenas de Tejada.


En el obituario que Ángel L. Prieto de Paula,  profesor de literatura en la Universidad de Alicante y crítico literario, dedicó el 22 de noviembre de 2005 en el diario El Pais a Leopoldo de Luis tras su fallecimiento nos decía: “El tópico del erial, referido a la pobreza cultural española de los años cuarenta y cincuenta, es uno de los más consolidados de nuestra historiografía, a pesar de que no faltan trabajos que lo han revisado y cuestionado. Pero cualquier reivindicación de la literatura y el arte en esos años de hierro choca con los esplendores de los tiempos de la dictadura de Primo de Rivera y de la República. Comparada con ellos, la cultura de la postguerra había, por fuerza, de parecer cosa baladí a los que hicieron recaer las miserias del franquismo en quienes, con él o contra él, trataron inútilmente de suturar la brecha abierta por la guerra de 1936. Leopoldo de Luis, muerto el 20 de noviembre de 2005, fue uno de los que contribuyeron más intensamente a que esta sima no fuera aún más honda.”

Su nombre completo era Leopoldo Urrutia de Luis aunque usaba el apellido de la madre para firmar como escritor.  Hijo de un abogado e intelectual del grupo modernista cordobés, amigo entre otros de Julio Romero de Torres y hermano (por parte de  su padre cuyo nombre era Alejandro Urrutia) del escritor Francisco Umbral.
Jorge Urrutia, hijo de Leopoldo
Jorge Urrutia, hijo de Leopoldo de Luis, ha dicho: “Todo empieza cuando Umbral y el poeta Leopoldo de Luis se conocieron en Madrid, a mediados de siglo, en medio del bullicio de la época.” Los hermanos parece ser que, aunque no públicamente, mantuvieron una relación de amistad que también tuvo Umbral con el hijo de Leopoldo, Jorge Urrutia. Yo, personalmente  escuché  a Francisco Umbral en una ocasión mientras conversaba con José Hierro, hablar  con elogios, y muy cariñosamente me pareció a mí, de Jorge Urrutia que por aquel entonces, era a finales del año dos mil, estaba de director del Instituto Cervantes en Lisboa. Leopoldo de Luis  utilizó el apellido de su madre: de Luis para burlar la dictadura, su primer apellido era Urrutia. El hijo de Leopoldo es licenciado y doctorado en Filología Románica, catedrático de universidad, crítico literario, traductor  y, como su padre, poeta. Tiene su obra traducida a varios idiomas. 
En  su libro La noche que llegué al Café Gijón Francisco Umbral nos dejó escrito: “Leopoldo de Luis —el mínimo y dulce Leopoldo de Luis, se llegó a decir en la tertulia—, era de ojos pequeños y maliciosos, nariz grande, boca inexistente, rostro un poco rojizo, fácilmente alegrado y subido de color de la risa, y venía de sus oficinas de seguros lleno de versos, de cultura, de conversación, de chistes malos y poemas buenos. Escribía una poesía en la música de Miguel Hernández, hecha de humanidad y socialismo, con gran sentido del verso, gran ductilidad lírica y una melodía grata y honda, monótona y cierta, que daba gran calidad a todo lo suyo”.

Recuerdo que en una ocasión, con motivo de las fiestas de Navidad y fin de año, le envié un poemilla en el que hablaba de “abrir la ventana a la poesía”  y él me respondió con estos versos:
“La ventana todavía / abierta a la poesía / porque López Azorín / sabe que la vida sin /ella, poca luz tendría.”
Poco tiempo después escribí un soneto dedicado a Leopoldo y años más tarde lo incluí en mi libro Azul  de los afectos (2001)  Cuando el libro salió publicado le envié un ejemplar. Tardo muy poco en responderme y, como siempre, con mucho afecto. El poema de la página 76 era éste:

Humanísimo Traje
                                        A Leopoldo de Luis y Maruja

De humanísima tela viste el traje
que envuelve su figura cordobesa
y el telón de sus actos se sopesa
por los versos que lleva su equipaje.

Muchos versos, Maruja, y mucho viaje
alrededor del mundo y de la mesa
que protege al poeta que no cesa
de vestir humanísimo ropaje.
En Rodón, permanente, y aledaños,
recorriendo despacio cada día
las madrileñas calles de los años.

Muchos años de vida y poesía,
muchos años de amor ya, muchos años
y muchas ilusiones todavía.
Manuel López Azorin
Del libro: Azul de los afectos (2001)
 

Entre sus grandes valores como poeta, cabe destacar su existencialismo, su conciencia del tiempo, su honda forma expresiva, su preocupación social y, tras volver a releerle, decir que su poesía sigue viva, esta  y es actual.
Su primera obra poética Alba del Hijo fue publicada en 1946, 
a la que siguieron Huésped de un tiempo sombrío en 1948, Juego limpio en 1957, La luz a nuestro lado en 1964, Igual que guantes grises en 1979, Una muchacha mueve la cortina en 1983 y Del temor y la miseria en 1985, entre otros muchos.

En febrero de 1988 recibió un homenaje de sus amigos, por sus 40 años de labor literaria. Y en Octubre del 2002 fue nombrado socio de honor de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles.

En octubre de 1995 le pedí que viniera como poeta invitado a Tertulias de Autor de Helicón. 
´Así lo hizo, vino y nos ofreció una lectura digna de lo que era, un grandísimo poeta (Os dejo el video por si os apetece comprobarlo escuchándole)


Lo dejo aquí. En breve incluiré una segunda parte que estoy preparando.

                                                            Manuel López Azorín


viernes, 29 de abril de 2016

Juan Luis Mora: "Poesía elemental"




Juan Luis Mora: Poesía elemental




Antes que nada  decir que me he encontrado en el buzón un nuevo libro de Juan Luis Mora (Juanlu Mora),  titulado Poesía elemental (una muy buena edición de Editorial Arscesis, Zaragoza, 2016). Luego decir que este poema sobre la Poesía me parece ya un muy buen principio: Escribir poesía es /// morder el aire, / construir el agua, / deshacer la tierra, / modelar el fuego.
En la contraportada de “Poesía elemental” nos dice Rafael Lechowski, editor: “Poesía elemental no es solo un poema, es también un pequeño libro de Historia, igual que lo es un caracol incrustado en la roca, pero es, al mismo tiempo y ante todo, la reconciliación de un hombre con el origen.



Juan Luis Mora es autor de dos libros de poemas: La luz sin sombras, una recopilación de sus primeros poemas (1994 y 2004), y La muerte en vida, la mosca en el espejo y otros silencios, una colección de poemas breves, con influencias de la poesía (hayku) japonesa que además, contiene reflexiones sobre el amor, la muerte, la religión o el tiempo… como ya dije en la reseña que hice en su segundo libro en este blog en marzo de 2010.


Seis años después de aquel libro, publica este Poesía elemental y me parece  a mí que no es sólo poesía elemental, necesaria...es poesía de ayer y de mañana. Nos llega Juan Luis Mora "presocrático" y con preocupación humana con eso de los cuatro elementos. Y con la teoría de que todo parte de un principio "arché o arjé" como decían, pensaban, los griegos, como la fuente, el principio el origen, el primer elemento de todas las cosas.

Si partimos de que la Poesía es un misterio inexplicable (como un milagro), tratar, de llevar lo invisible a lo visible puede ser  Poesía, es decir tratar de hacer posible, con palabras, lo que parece imposible: dominar, con la palabra, los cuatro elementos para reflexión del hombre y belleza de la Poesía.
Suele decir Juan Luis Mora: “Escribo poesía desde que tengo uso de corazón.”   Nos cuenta también que  “De aquellos primeros años conservo alguna colección de poemas que harían sonrojar a cualquiera. No me deshago de ellos porque, de momento, no pretendo olvidarme de mí.”

Juanlu a la guitarra, con su hermano Rafa



 Este cantautor y poeta o poeta y cantautor que es Juan Luis Mora (o mejor dicho Juanlu Mora si hablamos de cantautor) pertenece a una familia en la que los instrumentos musicales eran-son,  algo cotidiano, algo habitual: guitarra, violín, piano, armónica (él ya lo ha contado y no sólo él, también su hermano Rafa Mora, cantautor y poeta igualmente) En esta familia la música y la poesía son, como decían los griegos, una misma cosa.

Este hecho –nos cuenta Juan Luis Mora –, junto con las enseñanzas de sus abuelos durante la infancia, provocan que comience a escribir sus primeras canciones a principios de los noventa.



En cuanto a canciones ya nos tiene acostumbrados a percibir en sus composiciones el rumor oculto de la poesía. En cuanto a poesía, con este su tercer libro publicado (al margen de haber formado parte, en 2010, de una antología especial –y digo especial por estar toda ella compuesta por palíndromos–, titulada Sorberé cerebrosUna antología palindrómica de la lengua española realizada por el autor mexicano Gilberto Prado Galán), se convierte en un poeta que ha  ido al origen y ha vuelto renovado, es decir: ha sabido beber de las fuentes que le han precedido y al tiempo innovar.



Juan Luis Mora se convierte, en mi opinión, con esta Poesía elemental es una de las voces originales de la poesía española del momento. Es un poeta que, con un gran conocimiento de la poesía formal y de su métrica, parte de ella para adentrarse en nuevas aventuras tanto de forma como de ritmo (Va de lo presocrático a eso que suele llamarse vanguardia con asombrosa naturalidad y siempre  dejándonos, en cada poema, por un lado su rítmica cadencia y la sorpresa de las imágenes. Y por otro, la poesía de pensamiento,  la reflexión, la hondura del contenido. Leer Poesía elemental es recordar la poesía de ayer como “palabra en el tiempo”, “como la sal necesaria” o “como el agua, que sólo es agua y es mucho más” (y solo cito a tres grandes Antonio MachadoPepe Hierro y Claudio Rodríguez, podría citar más, ir mucho más atrás ), y es, al tiempo, un suave aroma de de alba renacida.


El jueves 28 de abril de 2016, en el CAFÉ LIBERTAD8 de Madrid tuvo lugar la presentación de este poemario del cantautor y poeta (en esta ocasión llegó al templo de la canción de autor como poeta) Juan Luis Mora. Yo no pude acudir pero sé que en la presentación el autor recitó poemas del libro y cantó algunas canciones basadas en poemas de Poesía  elemental. Y seguramente estaría mucho y bien acompañado  ya que como el ha escrito: En compañía , / la vida es nieve / que el tiempo derrite. // En soledad, / la vida es agua / que el tiempo congela.




Juan Luis Mora  que vive y ama la música y la poesía sabe que ésta es (y por ello, repito, nos dice): Escribir poesía es ///morder el aire, / construir el agua, / deshacer la tierra, / modelar el fuego.  En definitiva, ir al origen y construir, con los cuatro elementos, una filosofía de la vida en la que la palabra, junto al silencio, nos traiga el aire de la música, del conocimiento, de la comunicación, de la participación, de la comunión, de la revelación, del compromiso y de la salvación. Porque todo ello y mucho más es la Poesía. El esqueleto / del poema / es el aire./// La carne / de su verso / es la palabra.
Lo dicho: libro absolutamente recomendable!


                                                                 Manuel López Azorín 



domingo, 17 de abril de 2016

ALEJANDRO RUIZ LARA: GÉNESIS Y LAS CINCO ARCAS





ALEJANDRO RUIZ LARA: GÉNESIS Y LAS CINCO ARCAS

 

Alejandro Ruiz Lara (Málaga, 1995),  alumno de segundo curso de Ingeniería del Software en la Universidad de Málaga, ha publicado su primera novela, Génesis y las cinco Arcas (Ediciones Atlantis, Madrid, 2015)  Este joven admirador de la novela fantástica como la saga de Harry Potter de. J. K. Rowling o de la literatura de ciencia ficción, con tan solo veinte años, ha hecho realidad su sueño de publicar su primera novela en una importante editorial. Publicar un libro cuando se tiene 20 años y en una editorial de difusión nacional como es Atlantis no es nada habitual.

A finales de octubre de 2015, Alejandro Ruiz Lara  presentó su novela en el Palacio de Congresos de Marbella, después, en noviembre en el Centro Cultural San Pedro de Alcántara  (Málaga), en enero lo hizo en la Casa del Libro de Madrid. Fue también entrevistado con relación a Génesis  y las cinco arcas por el periodista Javier García Rangel en el programa "El juernes lo hablamos" de Radio Utopía. En abril estará, el domingo 24, en la Feria del libro de San Sebastián de los Reyes, Pernatel es la librería que tendrá su novela a la venta y próximamente la presentará en la Biblioteca Central de San Sebastián de los Reyes coincidiendo con la Feria del Libro de Madrid  donde también estará firmando ejemplares de Génesis y las cinco Arcas.



Cuando se le pregunta que para qué tipo de público escribe, Ruiz Lara responde: “Este género atrae al público juvenil preferentemente pero gustará a cualquier persona que le guste la ciencia-ficción, la fantasía y que sientan curiosidad por los misterios existenciales como ¿Qué hay después de la muerte?, ¿Hay vida extraterrestre?... Cualquiera que haya leído El Juego de Ender, La Guerra de los Mundos o El Señor de los Anillos se interesará por esta historia. Además de J. K. Rowling con su saga de Harry Potter también ha influido en el proceso de esta novela la película Prometheus."

Y es que Alejandro Ruiz Lara con sus estudios de ingeniería del software ha sabido mezclar, dentro de su novela fantástica, aspectos científicos de la actualidad como la teoría del Big Bang o el agujero del gusano (En física, este  agujero, también conocido como puente de Einstein-Rosen, es una hipotética característica de un  espacio-tiempo, descrita en las ecuaciones de la relatividad general, que esencialmente consiste en un atajo” a través del espacio y el tiempo por el que podría desplazarse la materia. Hasta la fecha no se ha hallado ninguna evidencia de que el espacio-tiempo conocido contenga estructuras de este tipo, por lo que en la actualidad es solo una posibilidad teórica en la ciencia) y nos habla de la cuarta dimensión. (En el capítulo donde habla de la muerte del protagonista, plasma su teoría sobre la transmigración del alma, es decir, la reencarnación.)

Un cóctel de fantasía y de teorías entremezcladas, imaginación y realidad, en una novela de mucha acción, lectura sencilla, fácil, sin demasiadas pretensiones literarias, pero las suficientes  como para enganchar a lectores jóvenes y no tan jóvenes, en una trama con veintitantos capítulos en la que nos encontramos saltos temporales y diversos puntos de vista dentro de una historia que resulta   ágil,  con héroes, lugares fantásticos, algo de romanticismo y llena de constantes sorpresas, una historia para explicarles que todo lo que leen además de entretenerles, de disfrutar con sus aventuras, algún día podría ser que sucediera realmente.

El argumento de Génesis y las cinco Arcas  trata de un veterano de la Segunda Guerra Mundial que fallece y entra en el cuerpo, de otro ser en un planeta lejano sin que él sea consciente de ello. Así va aprendiendo que todo está dentro de un proceso universal en el que hay que recorrer diez vidas para convertirse en un ser superior, como son los que habitan en el planeta Génesis. Este personaje quiere rescatar a su nieto y para ello tiene que introducirse en las Arcas, que contienen cinco tipos de energía, pero una raza malvada intenta robar esas Arcas porque con ellas puede destruir el Universo y surge una gran lucha en su defensa.

En el libro las personas se reencarnan diez veces. Si en esas diez vidas mortales han sido justos  la recompensa es convertirte en Sinul, una raza superior a toda vida universal que habita en el planeta Génesis, El protagonista de esta historia, Fletcher, que asume su condición de Sinul, tiene, en el planeta tierra, un nieto de 15 años huérfano y pretende rescatarlo. 
El autor deja el final abierto porque se plantea que tenga continuación para seguir escribiendo sobre esta temática y es quea Alejandro Ruiz Lara le apasiona la ciencia-ficción y las sagas de mundos imaginarios.

Ruiz Lara trata el tiempo, en la novela, como una cuarta dimensión que puede variar según la fuerza gravitatoria. Dos semanas en Génesis equivaldrían a diez años en la Tierra -nos dice- 

Aun así, su nieto, Nigel, acabará siendo el menor de sus problemas. La raza que amenaza la superioridad de los sinuls quiere hacerse con las cinco Arcas. Cinco razas en todo el Universo custodian estas Arcas contenedoras de los cinco tipos de energía  de que se componen todas las almas vivas y si una sola raza estuviera en posesión  de todas las Arcas, tendría la potestad de destruir todo lo conocido.


Aunque esta es su primera novela, ya desde los doce años ha escrito poesía habiendo ganado un par de certámenes escolares.
El hecho de estudiar ingeniería del Software, le ha llevado a introducir explicaciones científicas a la imaginaria historia que nos presenta y en la que expone su teoría de cómo se podría viajar a lugares que están a años luz de distancia y de  los desfases temporales. Se sirve de la ciencia, al igual que ocurre en la película Interstellar, para explicar sus hipótesis.



Las  críticas que hasta el momento han aparecido de Génesis y las cinco arcas han sido bastante positivas y coincidentes en decir que la novela es muy entretenida y fácil de leer... y ese parece ser que era el objetivo de este joven autor que, con seguridad y sin tardar mucho tiempo, nos ofrecerá una segunda entrega de Génesis y las cinco arcas. Sus ganas, su entusiasmo, y su juventud, seguramente harán que en cada nueva entrega nos vaya mostrando que madura y mejora literariamente sin perder ni la imaginación ni la fantasía mezclada, eso sí, con hipótesis o teorías científicas.
                                        Manuel López Azorín


jueves, 7 de abril de 2016

Jerónimo Calero: Soledades





Jerónimo Calero: Soledades


De mis soledades voy, /a mis soledades vengo, porque para andar conmigo / me bastan mis pensamientos. Con esta cita del grandísimo Lope de Vega nos acerca el poeta manchego Jerónimo Calero (1946, Manzanares, Ciudad Real) su nuevo libro de poemas, Soledades publicado por Huerga y Fierro editores, Madrid, 2016. No podía haber elegido nada mejor que estos versos de corte tradicional, popular, aunque él, al menos en este libro, emplee el verso mayor para hablarnos, con una poesía de pensamiento, reflexiva, honda, verdadera, , del hombre, de la soledad que le acompaña, del tiempo...: El tiempo: / irresoluto misterio que nos deja / en ese arcén ignoto de vuelta a los orígenes,

Poesía metafísica con toques de testimonio vital, social, repaso del tiempo sucedido, de lo que pudo ser y no ha sido, de lo que es, en fin ajuste de cuentas con uno mismo y una sinceridad y sencillez de lenguaje (en apariencia, porque esa sencillez es lo que yo llamo la "difícil sencillez"),  pasmosa.


 Jerónimo Calero es poeta para el que no existen modas, tan solo sigue las que les dicta el ritmo de su propia experiencia. De raíz campesina, Jerónimo Calero debió sentir de cerca lo diario, lo  cotidiano, de los hombres del campo, su duro y laborioso trabajo y a ello aludió en sus anteriores poemarios: Desde el hondo lagar de la memoria (1999) y Huellas, (Ediciones Cantahueso, Madrid, 2000) Después, que yo sepa, nos llegó ¿Y quién es el que canta? (Cuadernos del laberinto, colección Absurda fábula, Madrid, 2012). Porque , y nos lo dice en estas Soledades; La poesía puede ser dos cosas: / un juego / o un compromiso. Y para Calero, que sabe de las limitaciones y flaquezas de la especie humana, la poesía es siempre un compromiso (entre otras muchas cosas).

De Jerónimo Calero, dije en mi blog cuando reseñé su anterior libro ¿Y quién es el que canta? : se asoma a la poesía de la mano de su primer maestro de escuela, él mismo  lo ha dicho así: La poesía me interesó desde aquellos años de colegio en los que un maestro de escuela nos recitaba, con buena voz y mejor estilo, poemas de Gabriel y Galán, tan olvidado en nuestro tiempo, pero tan eterno en sus valores: Mis palabras son fruto de la tierra que habito, / de una infancia arraigada en ese tiempo oscuro / en el que los recelos quemaron la inocencia, / de unas vidas en ciernes que al final florecieron / al amparos de manos que abrigaron inviernos / con el tibio aletazo de la supervivencia.

Así pues, en sus infantiles años le nació el  mágico deseo de decir poesía, de soñarla, de  crearla, de contar y cantar la vida en ella, de abrazarse a ese sueño de la poesía, sueño que aún persiste, que sigue vivo aunque en el fondo de sí, y de sus poemas, se denote la huella del que, de aquel sueño de soñarla, poco o casi nada espera ya. El poeta, el hombre, acepta con estoicismo lo que la llanura manchega proporciona al hombre: templanza al tiempo que sabiduría: No hay tiempo. / Ya no hay tiempo de describir la rosa / ni palabras que acierten a definir su aroma.


Jerónimo Calero nos desgrana con palabras sencillas, limpias, claras, cotidianas  todo su mundo de  vivencias y frustraciones, todo ese mundo de sensaciones  en su experiencia vital sucedida, con toda la ternura de lo que siente suyo y todo el escepticismo, pero sin encono, de esa misma experiencia: Aún así, no imagines encono en mis palabras, / solo van por derecho, como un agua en camino
De este poeta nos dice Francisco Caro: “De Jerónimo Calero hay que señalar su arraigada y frutal vocación por la poesía, lugar que habitualmente le convoca, tanto como hay que resaltar su escasa, por diversas circunstancias, presencia editorial.” Y es cierto, ha publicado poco; pero su necesidad poética, aun sin publicar, le ha llevado siempre, como decía Rilke, a escribir de aquello que conoce sin más preocupación que la búsqueda de palabras claras, precisas, que lleguen y toquen los sentidos: No le busques matices que no le correspondan, / son palomas torcaces en busca de un sembrado / donde nadie se apropie la potestad del viento.

La bibliografía de Jerónimo Calero, entre otras cosas nos dice que: se colocó de aprendiz en un establecimiento de telas de su localidad. Con el tiempo abrió su propio comercio de tejidos y en él se ha sucedido la vida, la poesía y finalmente se ha jubilado, pero solo del comercio de tejidos. Nunca de escribir poesía: No le busquéis más ciencia que la que da el esfuerzo / ni más bellos parajes que campos de silencio; / no le pidáis que en vano juegue con la sintaxis / ni que a su grupa lleve lisonjeras promesas. / Dejadla sí, que surjan del ritmo de una sangre / que sabe de infinitas mañanas de esperanza.

Y aunque durante toda esta etapa vital,  la poesía aparece y desaparece en su vida, como el Guadiana que riega su tierra, con desigual fortuna, el poeta continúa por el cauce que le marcan su ética y su estética: Podría dar un giro a los viejos recuerdos, / imaginar – no cuesta – que fui lo que no fui / o que inundó mis ojos un vuelo de oropéndolas.


Discreto, como decía yo al reseñar su anterior libro,, este poeta sigue caminando con la certeza de que la felicidad que le ha proporcionado, que le proporciona, la poesía no anda en los cenáculos ni entre los oropeles, no, porque su felicidad le ha besado la frente con los laureles del que necesita y disfruta  la creación poética junto al sueño de que la luz de la poesía le alumbre (antes en el sonoro silencio de su almacén de tejidos mientras confeccionaba, lírico, un traje de metáforas vividas, sentidas, experimentadas, a la medida de sus sueños, de sus dudas y de sus certezas) ahora donde quiera que vaya al viento de su tierra, al eco de su voz. . Por eso nos dice: Podría hacer poemas con alas de cristal / y lanzarlos un día a merced de los vientos. / Podría hacer un verso tallado en mármol rosa. / Pero llevo la tierra cincelada en la sangre / y recorren mi piel costurones de abrojos.


Los poemas de Soledades al igual que en su anterior libro ¿Y quién es el que canta? Pertenecen al mundo de la existencia y por tanto de su experiencia vital, de la memoria y, en este Soledades  además de reflexionar en torno a la ilusión, el deseo, el olvido, el amor y al invierno de la vida del hombre, también lo hace  sobre el desencanto que produce contemplar a éste en un mundo de egoísmos, insolidaridad  que, en ocasiones, labra un camino que parece llevar a la autodestrucción. Es por ello que Jerónimo Calero nos ofrece también su compromiso, su testimonio social, su reflexión sobre la vida el tiempo y el hombre: Escribo desde un tiempo que no admite metáforas /si no son las que caben en la entraña de un surco. / Desde allí mis palabras, desde aquellas raíces, / desde aquel vendaval de primeras urgencias.

Finalmente, el poeta, admirador de Antonio Machado y de algunos heterónimos de Pessoa, el poeta que busca, como ellos, la palabra sencilla, profunda y clara,  en sus dos últimas entregas poéticas parece, en su decir, hacer balance del camino recorrido, intentar ver hasta dónde ha llegado, porque, nos dice: La vida, / es un andar constante en pos de un sueño / o un sueño convertido en caminante
Y frente a estos versos me parece contemplar a un Eladio Cabañero desde su andamio: “El aire distribuye, igual que siempre, / sobre la tierra su piedad y su música:” o sus trenes de misterios, sueños y carencias: “era que el mundo estaba en otra parte” y  me parece ver también a un Claudio Rodríguez, siempre caminando y escribiendo en voz alta: “Dad al aire mi voz y que en el aire” y me parece ver la figura cansada de don Antonio Machado caminando, recordando, por la playa en Colliure, que "se hace camino al andar".



Jerónimo Calero ha recibido multitud de premios literarios entre otros: Francisco de Quevedo (Villanueva de los Infantes), Certamen Literario de Peñaranda de Bracamonte, el Premio Barcelona de Poesía J.A. Goytisolo, el Certamen Internacional de Poesía Mística Malagón, el 2º premio Sexto Continente de Poesía Amorosa.  Es Cofundador del Grupo Literario Azuer y Cofundador y colaborador de la Revista Literaria Calicanto.

                                                                    Manuel López Azorín