jueves, 22 de abril de 2010

JOSÉ HIERRO: El esclavo más libre (III) y final

José Hierro, Julio Maruri y Manuel López Azorín durante una Tertulia del pintor y poeta afincado en Paris, en Sanse, 1992. Tercera y última entrada de este texto que escribi en 1992 y que he dividido en tres partes. Memoria poética: III Se suceden los años: Esta cabeza ha sido tallada por los días y por las estaciones, esta cabeza sueña, necesita la poesía porque es como la sal, necesaria para vivir, porque es como el viento o como el fuego / o como el mar, da apariencia de vida a lo inmóvil a lo paralizado. Esta cabeza marcha paralizada muchos años. Temerosa de todo, temerosa de nada, temerosa de sí, buscándote y buscando por las páginas vida, esa vida que es sueño de quien perdió la vida, vivo, por sí mismo , hace ya tanto tiempo. Se suceden los años y haces Agenda de la vida (y humo.) de gusanos de seda y de libélulas (mariposas del sueño que abandonan el miedo, la esclavitud del tiempo, en un vuelo de signos y milagros.) de números de Bell que vas tachando (para olvidar y recordar a tu manera te escudas en Machado.) y ,como cirujano de palabras y sueños, le trasplantas los ojos a la noche (a la noche del tiempo del poeta clérigo Lope de amor en Marta, donde el mar es verde, para alumbrar un tramo de tu sueño en la de ellos, la de él, que es ya luz sobre el tiempo. Sobrevuelas las tierras y los mares para fundir metal en las estrellas. Hay diminutas voces que te besan, hay diminutos nombres Bubu, Tacha, Marian, crecidos de tus manos y tus ojos Pepe Hierro. Hay más, pero no sabes darles lo que sientes, y te muestras esquivo, taciturno, como ausente, en tus cosas, en tus páginas, tus palabras, tus sueños… pero no es suficiente. Metal entre metales, palabra y poesía, y mientras tanto, vas como escapando siempre, de los otros, de ti mismo, cuidando no pisar las líneas blancas de los pasos de cebra de la vida (tú lo dices de mí, pero es más propio de tu constante huir hacia ninguna parte.) para evitar el riesgo de ser presa de los grandes equívocos humanos, esos que sabes que a todos nos acechan porque van con nosotros. Por el asfalto-tierra de Madrid o Nueva York (donde te quedas extasiado viendo los puentes de hormigón superpuestos, como en la Moraleja cada vez que pasamos por debajo, camino de tu casa o de la mía) sueñas ser arquitecto del lenguaje y renovar el aire, con mágicas y jóvenes palabras, con viejos personajes de realidad y ficción, que sitúas donde nunca estuvieron como excusa para sacar de ti los demonios de la inseguridad, del miedo, de la duda, de tus actos oscuros, de los otros, de la palabra, de la vida, del tiempo... y nos hablas de guerra y Gloria Fuertes, de músicas con notas de libertad segada, del alma de un hotel (Mahler de fondo.) de claustros y trastoques, de vejez y abandono, de ballenas y de todo que –dices – ya no es nada, pero que siempre es todo. (Como el padre y el hijo que se encrespan –benditos y malditos – para dejar de ser y seguir siendo, junto al arroyo, con las cabras, en Columbia University... Hoy duermes en Nayagua y te habita el azul del universo por el día y la noche. Mañana nos veremos. Beberemos el cielo de las yerbas humildes y la azumbre del verso, por tus labios, dejará olor a frutos con sabor a esperanza, esa que siempre buscas a sabiendas de no encontrarla, y el humo entre los dedos, de ceniza, dejará volar libre la libertad del hombre, la libertad del tiempo. Ahora es todo viento, sólo agua y viento con un ligero olor, rumor, color, calor en la mañana y unas copas que ríen, transparentes, no sé si de nosotros, con nosotros, de todos o de nadie; pero no importa, ahora todo es viento, sólo agua y viento. Quien lee (escucha) a un poeta descubre mucho de éste, al tiempo que descubre mucho de sí. Y mucho de su tiempo. Voy a escuchar el mar, a ver el mar y voy a escribirte con tu metro eneasílabo, ese que tanto te gusta, voy a escribirte Pepe, esta noche, estos versos, estas palabras de mañana,José Hierro. 

VERSOS ENEASILABOS PARA ESCUCHAR EL MAR                                                                   

                                                            

                                                     A José Hierro

“¡Qué bello, mar, morir en ti

cuando no pueda con mi vida!”


Aquí, en Madrid, no se oye el mar.

No hay mar y yo quiero mirarlo,

quiero escucharlo, oír el mar.

Aquí no hay mar, anda lejano.

Voy a escuchar, pensar tus versos.

Ahora sí oigo el mar, su canto,

Estoy oyendo el mar en ellos,

tu mar, mi mar, el mar de tantos…

lo estoy sintiendo Pepe Hierro.

¿No sientes tú que es libre (¡y cuánto!),

que es “todo y nada” al mismo tiempo

y nada y todo nuestro paso?

¡Deja ya de temer, de huir,

sabes que el hombre no es perfecto,

que muere y nace cada día

con su losa de voz, silencio,

con sus luces y sombras –digo –

con su carga de miedo y sueños!

Oye tú, el esclavo más libre,

el sonido del mar, del tiempo,

la palabra que es agua y espuma,

la palabra que es luz y viento.

Oye el mar, óyelo como canta…

Escucha el mar en estos versos

que escribo yo desde tu voz,

desde tu juventud del Dueso

donde mirarlo no podías

y tu refugio, tras ser preso,

de libertad, mar de Valencia.

¡Óye! Oye el mar con su beso

que te libera al respirarlo.


Junio de 1993
Manuel López Azorín

 

 





viernes, 16 de abril de 2010

JOSÉ HiERRO: El esclavo más libre ( II )


José Hierro (Primero por la derecha) en 1991 (Manuel López Azorín, primero por la izquierda)

NOTA: segunda parte de este texto, dividido en tres partes, que escribí en 1992 para y sobre José Hierro


Memoria poética: II

Se suceden los años, José Hierro, y tú sigues huyendo con tu inseguridad y tus certezas, con tus contradicciones, con tu miedo y tu desamparo, quedan atrás las alucinaciones, el viento arrastra piedras, alegrías, te persiguen inmóviles estatuas, cuanto sabes de ti te derrumba por dentro (y te remonta) mientras sigues el curso de los días de sombras y los días de sueños y de alucinaciones escapando del tedio de trabajos forzados. Se suceden los años, como nubes de lluvia sobre el licor de yerbas que aromatiza las palabras, todas, sin estorbar por ello a las ideas que ascienden y descienden de la luz a la sombra de las vacilaciones en el rincón oscuro del yo que te conoce. Se suceden los años y tú sigues huyendo, con una interminable prisa, y preservándote, con una tosquedad aparentada, muro que salva, que guarda, que detiene, frente al temor de darte, a todo aquel que pretende acercarse hasta tu reino de cetro sin corona donde te eriges rey del sueño y de la nada.

Se suceden los años. Tú y yo nos conocemos, que nos presenta Claudio; pero tú, tan curtido, tan duro, tan seco, tan esquivo, tan huidizo, de categórica palabra y gesto imprevisible, esa fue mi primera impresión al conocerte, me impediste acercarme, por temor a tu actitud, a tu gesto José Hierro. Cuando al cabo de un tiempo de habernos conocido, quizá tres o cuatro años, no recuerdo pero sabes que fue dos o tres años antes de jubilarte de RNE. Hablábamos de Nocturno, un poema de bruma, de misterio que emociona y extraña: El álamo bajo el águila / la pesadumbre… y de repente tus ojos se iluminaron y aquel muro establecido por ti, tal vez para preservarte de tanto desamparo y tanto miedo, se abrió y me dejaste entrar, sin saber cómo, en el recinto aquel donde te ocultas siempre, incluso de ti mismo.

Tiempo después me cuentas que este libro será reeditado, en edición de Dionisio Cañas, y que yo tendré uno cuando salga a la calle. Y salió a las librerías y yo lo compré porque tú te olvidaste de que yo lo tuviera, promesa no cumplida, y no quise que me dibujases en él unas palabras (luego, más tarde, años más tarde, plasmaste un árbol muy frondoso y dos dedicatorias en diferentes fechas. Tenía que haber puesto fecha del 86 – dijiste – No, si olvidaste entonces, mejor la fecha de ahora. Siempre me gustó ese libro, no sabía por qué, algunos poemas eran un autentico misterio de bruma, de niebla, de onírica, mágica irrealidad: Nocturno, Alucinación en Salamanca… y también estaban Los andaluces, Mis hijos me traen flores de plástico y, sobre todo, Historia para muchachos que comenzaba (y comienza) así: Dicen: “Ese señor / habla tan sólo de sí mismo. / Pasa – dicen – cegado, / sin ver lo que sucede alrededor”.

Pura alucinación, fingimiento de la verdad para contar lo cierto, porque tras acceder ese muro de sempiterna huida, esquivez, prisa, remordimiento, miedo… tras superar el muro alto e inhóspito de tu yo más personal, ese que, a veces, ni tú mismo (ni nadie) conoces bien, me encontré que aquella gran aspereza de membrillo, dejaba paso a un hombre tierno, sentimental, inseguro, dubitativo, desamparado, frágil, delicado, dulce y necesitado, como todos, de atención y de afecto, sí tú, Pepe Hierro. Esa era la otra cara de la moneda humana que muy pocos, muy pocos, llegaron a conocer a fondo.

Mis hijos me traen flores de plástico (Fragmentos)

Os enseñé muy pocas cosas. / (Se hacen proyectos…, se imagina…, se sueña… / La realidad es diferente.) Pocas cosas / os enseñé: a adorar el mar; / a sentir la alegría de ver vivir a un animal minúsculo; / a interpretar las palabras del viento; / a conocer los árboles, no por sus frutos: / por sus hojas y por su rumor; / a respetar a los que dejan / su soledad en unos versos, unos colores, unas notas / o tantas otras formas de locura admirable; / a los que se equivocan con el alma. (…)

Febrero llueve sobre el cementerio. / Es una tarde de domingo. Gris / es todo. Hemos venido a enterrar a una criatura / tierna y absurda. Un ser que tal vez soñaría / con la inmortalidad. Trazaba rayas / sobre una plancha de metal, la mordía con ácidos… / Así evocaba a sus demonios, daba fe de su vida, / escribía sus sueños… (Humildemente / dejó pasar sus días. Sin fuego transcurrieron.) / Un pobre ser que ya descansa. (…)

Tarde se aprende lo sencillo. / Lo sabréis cuando un río de espanto se desboque/ y arrastre vuestra luz, y la sepulte sin remedio. / (…)

Tarde se aprende lo sencillo. / Tarde se encuentra la hermosura. No aquella de los ojos / mortales, la del mundo. No puedo hacer que lo entendáis. / Necesario sería que ahora estuvieseis aquí abajo / y que vieseis a vuestros hijos llegar entre las tumbas, / bajo la lluvia, y dejar su perfume y su presencia / en las tibias, alegres, inmortales / – más hermosas en vuestras manos que las del bosque – / flores de plástico.


José Hierro
De: Libro de las alucinaciones

sábado, 10 de abril de 2010

JOSÉ HIERRO: El esclavo más libre ( I )



Nota: Esta entrada es la primera de tres que haré y pertenece a un trabajo que escribí en junio de 1992 (Y que ahora he dividido aquí para ir "colgándolas" en el blog) tras una visita, la primera, a casa de Pepe Hierro en 1991 que se prolongó durante toda una tarde. Tras algunos años de conocernos fue ésta la primera vez que me invitó a su casa,luego vendrían muchas más durante años. Aquella tarde, hablamos de su último libro, publicado. Era Agenda ese mismo año(1991) y hablamos, especialmente, de varios poemas Lope. La noche. Marta, Cinco cabezas y, de un poema que a mi me había gustado mucho, Don Antonio Machado tacha en su agenda un número de teléfono. (Un poema que me sirvió, ya en 2003, para escribir un texto en homenaje a Pepe Hierro que se celebró en Los miércoles de la poesía, que dirigía Fina de Calderón, donde intervinimos unos cuantos amigos de José Hierro)
También, por primera vez,me leyó unos poemas que luego formaron parte de su libro Cuaderno de nueva York. Los poemas eran Hablo con Gloria Fuertes en Washington Bridge, El laud y Vida.(Vida en una versión no definitiva que al año siguiente dio el poeta por acabado tras unos ligeros cambios) Poemas que junto al resto que componen este último libro de Pepe Hierro fui conociendo en aquellos años en los que Pepe trabajaba en este libro.Pero todo esto es otra historia que contaré en otra ocasíon. Ahora vaya la parte I de este trabajo que hice y que Pepe se guardó una copia resumida para- me dijo - publicarlo. Nunca lo hizo,lo guardó y se olvidó de ello, según me comentó años más tarde; pero entonces, ya en 2002 y en las condiciones en que se encontraba Pepe, no había lugar para pensar en publicar nada. Hoy, en su recuerdo, se publica aquí.


MEMORIA POÉTICA: I

Tú, José Hierro, el esclavo más libre, (aquel de la memoria atada al mar de cantábrica espuma y diminutos años.) has vivido al servicio de las cosas sintiéndolas precepto, cumpliendo compromiso, obligación, sí, y siempre esclavo de la vida, el tiempo, desamparado y libre-atado de ti mismo. Con esa libertad que sientes, vives, internamente tuya, eternamente tuya, externamente nuestra desde ti.
Probablemente viejo (montañés de recuerdos, no del río donde sabes naciste.) llevabas desamparo y libertad al primer llanto desde el rail que unía tu sangre por las vías y sus trenes de lazos. (Aún después de romperlos el desorden impuesto, y aun después de vivir como hijo de la ira... buscabas la alegría y tu voz, no era tu voz espada sino lirio. Lirio para olvidar, para tratar de hacerlo, que fuiste un muerto-vivo, tras los muros y después, durante siempre, te acompañó aquel miedo, ese sentimiento primero del hombre, ¿Que surge directamente del subconsciente o que nos llega por aprendizaje?. Aquel horror de muros y de rejas donde tú, Peter pan, sin poder ver el mar sin escucharlo, sin escuchar el viento de la vida, el fuego que destruye o purifica, memorizabas versos para soñar la libertad, que lo intangible no se arrebata nunca pues pertenece al aire, al agua, al fuego, al alma.)

Siempre hablabas con alguien (aunque probablemente ya eras viejo, apenas un muchacho.) frente al mar. Apenas un muchacho te adentraron forzado en la penuria (insólito desgarro de Caines y Abeles disputándole algo más que tres migajas al tiempo.) y esclavo fuiste sí, el esclavo más libre por dentro de ti mismo, con toda la inseguridad con que cargó tu vida, sólo para ti, y todo el miedo que llevas contigo desde aquel miserable tiempo cainita.

Llegó un viento, frente al mar, de paredes oscuras y metálicas redes; pero a ti no te gusta recordarlo porque te daba pánico la vida, el hombre, sus acciones, la soledad impuesta, los muros invisibles y visibles. El mar allí no se veía. Era un tiempo de canciones de cuna, de pinares gaviotas, de azules y alamedas bienvoladas, soñadas por aquel Piter Pan quebrado de alas, ciego como una niña sobre los ciervos verdes, huyendo de la sombra, no en su busca, huyendo del metal y del frío de la ausencia. Ausencia, también, de libros, de lecturas.

Después: tiempo de silencio, de huidas, de regresos, de búsqueda, de remordimiento, de incertidumbre, de testimonio y de alucinaciones, luz y niebla para ocultar el miedo adherido al cuerpo, a los sentidos, huir, huir de todo, de ti mismo, y no escapar jamás, no poder escapar.

Te abrazaste al mar, el mar que te traía entre las olas la alegría de un canto porque, aun con dolor, estabas vivo bajo el azul de La Malvarrosa, donde surgió tu voz, tras tanta prehistoria, tanta adolescencia junto al amigo Hidalgo ofreciendo, con el atrevimiento de la juventud y la ignorancia propia de los años, poemas al maestro Gerardo diego para que os diera su opinión y sus consejos. Todo aquel tiempo adolescente y aquel de la tortura de no escuchar, no ver el mar, ya pasó y se quedó adherida en una Tierra sin nosotros, una tierra tuya que buscó más tarde la Alegría para sentirse viva, para sentirte vivo, por la pensión de doña Amparo, en una Valencia derrotada, como tú, que se abrazaba al mar para escuchar un canto de esperanza, como tú, fundiéndote Con las piedras, con el viento, a la vida presente, huyendo del recuerdo más próximo, acercándote al pretérito anterior, para seguir caminando a pesar del temor, fingido de alegría, de un tiempo que marcó tu página del alma para siempre.

Y, entretanto, junto al río –ese que no recuerdas- y luego en aquel mar, otra vez aquel mar, aquel de Mar y Angeles con las enaguas blancas de las novias en la Peña Cabarga y la nube, después, de cuatro limpias bocas que dejaban en ti risa de lluvia. Y ese sueño de mar, agua de vida, espuma, luz de la palabra, te hizo ascender, con una antología, la consultada de Ribes, hasta el lugar donde el sueño de fingir para llorar con alegría, se abrazaba a la tabla del náufrago y nadaba, palabra tras palabra, por ese mar real y onírico del tiempo. Una quinta, la del 42, una ética y una estética en los años del auge del término social que en ti no era otra cosa que testimonio impreso del tiempo y de la historia en que vivías.

Y te abrazó de nuevo el paraíso, aun con el miedo, como el frío, calándote los huesos invisibles del alma. Porque aquel paraíso, lo devastó un viento glorioso –dices- y somos ruinas o cimientos; pero a ti no te gusta recordarlo porque tu aún estás vivo y lo sabes y contemplas tu mar, miras las nubes y pronuncias tus sueños con los suyos que son sueños y tiempo para abrazarse al tiempo. Lo sin tiempo es la muerte y tu sueñas la vida. La vida, el tiempo, el sueño, inseparables. "Todo lo que he vivido, lo que ha pasado – te dices – es Cuanto sé de mí (y Góngora, al inicio, como cita, igual que Lope tantas veces luego en citas, y un poema mucho tiempo después con Agenda) Cuanto sé de mí – te dices – sólo me pertenece y si algo muestro, lo muestro disfrazado, fingiendo una verdad que es verdadera para esconder mi yo". (¡Y cuál es ese yo?)

Un yo que te desdobla y hace tu otro yo siendo tú mismo? (los esclavos, si presos en los cuerpos, de pensamiento libre.) Calendario del fue, almanaque del siendo, años luces de estrellas sobre el alba con palabras de oníricas formas, verdad desfigurada y yuxtapuesta. Tu yo sobre los otros confundido, mezclado y siempre libre, acelerando huidas, búsquedas, sueños de luz para tu voz de sombra. Dónde la noche, dónde el mar azul... Vertiginoso tiempo que alucina el antes y el ahora y siempre libre, siempre estrellas y mar en la palabra, en la retina, el corazón y el alma, siempre libres, soñando con la vida por las páginas, en el irracionalista Libro de las alucinaciones, donde la realidad y el sueño, del esclavo más libre fundido en contradicciones, ofrecen un misterio de ensoñación y niebla, de realidad y sueño, lucidez y misterio, tú mismo trastocado en poesía esencial.

I TEORÍA

Un instante vacío / de acción puede poblarse solamente / de nostalgia o de vino. / Hay quien lo llena de palabras vivas, / de poesía (acción / de espectros, vino con remordimiento)./… Cuando la vida se detiene, / se escribe lo pasado o lo imposible / para que los demás vivan aquello / que ya vivió (o que no vivió) el poeta. / Él no puede dar vino, / nostalgia a los demás, sólo palabras. / Si les pudiese dar acción… /
La poesía es como el viento, / o como el fuego, o como el mar. / Hace vibrar árboles, ropas, / abrasa espigas, hojas secas, / acuna en su oleaje los objetos / que duermen en la playa. / La poesía es como el viento, / o como el fuego, o como el mar: / da apariencia de vida / a lo inmóvil, a lo paralizado. / Y el leño que arde, / las conchas que las olas traen o llevan, / el papel que arrebata el viento, / destellan una vida momentánea / entre dos inmovilidades. /
Pero los que están vivos, / los henchidos de acción, / los palpitantes de nostalgia o vino, / esos…felices, bienaventurados, / porque no necesitan las palabras, / como el caballo corre, aunque no sopla el viento, / y vuela la gaviota, aunque esté seco el mar, / y el hombre llora y canta, / proyecta y edifica, aun sin el fuego.


José Hierro

De: Libro de las alucinaciones

sábado, 3 de abril de 2010

JOSÉ HIERRO: Palabra e imagen (Antología videográfica)

Recibí, con una tarjeta de Mar Escudero, delegada de Cultura del Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes, el libro Palabra e imagen (Antología videográfica) de José Hierro, publicado para conmemorar los veinte años ya del premio de poesía que lleva el nombre del poeta y: como gratitud por los años que José Hierro se dedicó a acudir a esta localidad y a las lecturas poéticas que realizó aquí y que fueron grabadas por Canal Norte T.V. Más o menos es lo que viene a decirnos su anónimo prólogo.



Poema Vida de José Hierro, publicado por primera vez en la invitación de Tertulias de Autor de Helicón en junio de 1993

Palabra e imagen es, me parece a mi, una novedosa antología. Novedosa porque nos permite, además de leer los poemas que se han seleccionado, ver a José Hierro leyendo los poemas de esta antología. Antología que, como casi todas, anda sujetas a gustos pues sabido es que cada lector tendrá la suya propia y aquí podrá echar en falta algún poema (o algunos) o podrá pensarse que nos están los más representativos de José Hierro, etc. Suele suceder y esta antología no es una excepción. Es algo que sucede siempre y no hay que darle mayor importancia, aunque debo decir que, personalmente,puesto que la selección se ha realizado con toda la filmografía de las lecturas que hizo José Hierro en "Sanse", sí creo que debería haberse incluido el poema "Vida" perteneciente al libro Cuaderno de Nueva York, libro que fue publicado, años más tarde, en 1998.

Dibujo que José Hierro realizó para la invitación del programa Tertulias de Autor del Colectivo Helicón de Poesía y Relato en 1992.


Portada del libro Palabra e imagen (Antología videográfica) publicado en diciembre de 2009, en la Colección Literaria Universidad Popular del Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes. Madrid.

Lo digo porque este poema, que Pepe Hierro me regaló a finales de 1992 en su versión definitiva, lo incluí, manuscrito, en la invitación que el Colectivo Helicón de Poesía y Relato, realizó para cerrar un ciclo de Tertulias de Autor en el que José Hierro, invitado por Helicón, hizo una lectura de su obra y leyó el poema que meses antes me había regalado,fue el 11 de junio de 1993. De manera que, cinco años antes de publicarse Cuaderno de Nueva York, que es donde Pepe lo incluyó como colofón del libro,este poema se publicó y, además, lo leyó su autor aquí en "Sanse". San Sebastián de los Reyes tuvo pues la fortuna, gracias al Colectivo Helicón de Poesía y Relato, de poder oir este poema que ha dado lugar, años más tarde, a numerosos comentarios críticos, otros libros sobre él, etc. etc.


José Hierro, Juan Van-Halen y Manuel López Azorín en el Mesón La Rueda tras la lectura de Juan en Tertulias de Autor

Y todo ello, repito, gracias al Colectivo HELICÓN de Poesía y Relato que durante la década de los 90, con su programa Tertulias de Autor, hizo venir a José Hierro en numerosas ocasiones. Unas para intervenir como Autor invitado ( vino en 1993 y 1998, una semana después de concederle el Premio Cervantes)Otras veces vino porque yo le pedía que presentara al Autor invitado (como por ejemplo, entre otros, a Julio Maruri, Gloria Fuertes, Francisco Brines, Jaime Siles... y un largo etcétera) En muchas ocasiones vino simplemente porque le gustaba el programa Tertulias de Autor y le gustaba el poeta invitado para la ocasión (como Joaquín Benito de Lucas, Ana Rossetti, Carmina Casala,Fernando Quiñones, Juan Van-Halen, Pablo García Baena... y otro largo etcétera) Y también venía porque le apetecía estar, tras la lectura, en el Mesón La Rueda, de la calle Victoria,donde nos reuníamos luego para cenar su famoso conejo al ajillo (que le encantaba, al igual que el queso, jamón, ensalada y vino que lo acompañaban) para seguir charlando de y sobre la lectura y la poesía. Y venía muchisimo, además, porque eramos amigos, buenos amigos ya de tiempo.


Jose María Causín, José Hierro, Lines de Hierro, Manuel López Azorín y Manuela Temporeli en diciembre de 1991


Decía más arriba que Palabra e imagen es una antología novedosa porque cada uno de la casi veintena de poemas seleccionados podemos escucharlos en la voz de José Hierro, una inconfundible y firme voz con su peculiar modo de decir los poemas y, además, mientras los escuchamos podemos verlo, esta es la novedad pues, que yo sepa, no ha sido publicada ninguna antología de estas características, al menos que yo sepa. me parece, por esta razón, un documento valiosísimo, por lo que tiene de original poder acceder a la lectura, como en cualquier libro, o escuchar y ver al poeta José Hierro decirnos estos poemas. Pepe Hierro, el poeta amigo, colega del verso, como me decía que un buen día de 1980 me lo presentó Claudio Rodríguez y que más adelante hace ya casi veinte años quiso regalarme unos dibujos para que eligiera uno como distintivo de HELICÓN y de sus Tertulias de Autor. Y así fue,se eligió el que más gustó y fue nuestro sello de identidad en todos los actos que realizábamos. Era una especie de musa de Hesiodo (no podía ser otra cosa) con el nombre de HELICÓn a la izquierda de su melena.


Carmina Casala, José Hierro y Manuel López Azorín en el Meson la Rueda de "Sanse" tras la lectura de Jaime Siles en Tertulias de Autor.

Esta Palabra e imagen ni que decir tiene que me ha gustado, no sólo por la originalidad, antes citada, de ser antología videográfica, sino porque en su mayor parte (por no decir todo) Pepe Hierro y yo estuvimos y vivimos juntos estas lecturas.



José Hierro como oyente de una de las muchas Tertulias de Autor a las que acudía.

Sólo hay una cosa, en este Palabra e imagen, que me produce tristeza y es el haber omitido en el prólogo el reconocimiento a la labor que realizó el Colectivo HELICÓN de Poesía y Relato como organizador de la mayoría de estas lecturas en aquellos años en los que Canal Norte T.V. grababa, es cierto, toda la documentación que ahora, para elaborar esta antología, se ha utilizado. Tal vez puedan o quieran argumentar los responsables de esta "Omisión": "Es que ya sale en las filmaciones el nombre de HELICÓN" y es cierto también; pero nadie ha reconocido que este Colectivo hizo que la poesía en "Sanse" fuera de conocimiento general durante la década de los noventa y que fue HELICÓN quien fomentó y difundió la poesía ya desde 1986 en adelante.(HELICÓN, formado en principio por cinco: José María Causín, Manuel Rey, Maribel Orgaz, Francisco José Sevilla y Manuel López Azorín, trabajando en toda la zona por y para la poesía)


José Hierro con Antonio Hernández (que ejerció de presentador, Carlos Álvarez (Autor invitado)y Manuel López Azorín en el plató de Canal Norte T.V. cuando estaba situado en la Plaza de la Iglesia de "Sanse"

Más adelante, en 1990, a raiz del fallo del Premio Jose Hierro de Poesía instituido por el Ayuntamiento, se amplió a catorce y de grupo Helicón pasó a se Colectivo HELICÓN de Poseíay Relato, registrándose como asociación, tras llegar a un acuerdo de colaboración con la Universidad Popular (nos prestaba espacios), el Ayuntamiento (nos acogíamos a la subvenciones como asociación) y entidades privadas (que nos patrocinaron gracias al Gabinete de publicidad y promoción del Ayuntamiento donde Pilar Buonache, Manoli Rodríguez y Ana Asunción se encargaban de buscarnos además de los que buscábamos nosotros) para fomentar y difundir la Poesía en toda la zona.
(Tal vez algunos no lo sepan pero el Colectivo HELICÓN donó la copia de sus archivos videográficos, digo copia porque los originales siempre estuvieron en Canal Norte T.V, al Centro de Estudios de la Poesía de la Universidad Popular "José Hierro" en 1999 y así quedó constancia de ello en la Memoria que se realizó de aquel curso 1998-1999)



Varios componentes del Colectivo Helicón de Poesía y Relato en 1990.

Que en los títulos de crédito del DVD que acompaña a Palabra e imagen (Antología videográfica) se agradezca a Manuel López Azorín (?) su colaboración, sinceramente lo agradezco; pero el Colectivo HELICÓN de Poesía y Relato no era sólo Manuel López Azorín, por más que pareciera la cabeza visible por presentar y dirigir las Tertulias de Autor, éramos más poetas y existía un trabajo interno donde todos y cada uno de nosotros, luchábamos por y para conseguir los objetivos del Colectivo que eran: fomentar y difundir la poesía en general, y el relato, así como nuestra propia creación (concretamente de los cinco que en 1986 iniciamos la andadura de Helicón y los nueve que se incorporaron después, en 1990, siete poetas al menos, que yo sepa, continúan escribiendo y publicando, ya por separado. Poetas como Francisco José Sevilla, el benjamín pues se incorporó con diecisite años, que es Premio Ojo Crítico por su último libro titulado 123 páginas de lluvia (Ediciones Amargord). El cantautor y poeta Manuel Zapata que continúa componiendo, escribiendo y publicando, en diferentes revistas, ahora en Barcelona, donde reside. Serafín Picado, gran amigo del verso tradicional, como el romance,que luego se decantó por la novela y ha publicado La raya, una obra ambientada en su tierra, Extremadura. Manuela Temporelli que publicó poesía: Lluvia en junio y luego Un ala rota (Poeta de cabra) y que continúa fomentando y difundiendo ésta a través de la Tertulia Indio Juan todos los jueves en el Ateneo 1º de mayo de CCOO en Madrid.Ricardo Bornez que publicó un poemario: Vivir provisional y ahí sigue, ahora organizando un ciclo nuevo de lecturas poéticas que creo se llama La poesía se mueve. Raul López, finalista en algún que otro premio y que publicó en la Colección Nos queda la palabra, como seleccionado, del Centro Cultural Blas de Otero Y yo, que aquí sigo, escribiendo y publicando poesía.


Una comisión de Helicón en el lugar de reunión de la U.P. preparando, en 1990, los estatutos de la asociación y alguno de los actos programados.

De modo que se puede ver que el Colectivo HELICÓN de Poesía y Relato no soy sólo yo y, sin embargo, no lo he visto mencionado ni en el libro ni en el DVD que lo acompaña. Esa es la tristeza porque si esto ha sido por "desconocimiento" resulta ¡penoso!, no se puede decir de otro modo, qué le vamos a hacer; pero si ha sido por "omisión intencionada", entonces resulta ¡lamentable! Lamentable porque eso tiene un nombre y todos lo sabemos. Cuando ya por desconocimiento o ya intencionadamente, se oculta algo, ya sabemos todos que nombre tiene.
De uno u otro modo me produce mucha tristeza que un colectivo como HELICÓN que se dejó la piel (y más), en su labor de fomentar y difundir la poesía en la localidad, resulte obviado, olvidado, apartado de aquello que, por derecho propio, se ganó y por tanto le pertenece: años y años de Poesía y Poetas en San Sebastián de los Reyes.


Última fotografía que José Hierro y yo nos hicimos juntos. Fue en junio de 2002 en el Cigarral de El Angel (Toledo) que perteneció a Fina de Calderón. En la foto: José Hierro, Giovanna Calderón, Manuel López Azorín, Asunción Balaguer, Ana Martín, Carmina Casala y una amiga inglesa de Asunción.

Como decía antes, muchos recuerdos, alegres y no tanto porque de todo hubo, al ver a Pepe Hierro, al escucharle leer, decir, sus poemas, al leer esta Palabra e imagen, antología que recomiendo vivamente a todos los lectores, no porque sea la mejor; pero sí porque me parece que es un documento especial, para bibliófilos y algo especial para los lectores que no estén acostumbrados a leer poesía y sí a escucharla y, en este caso, viendo al autor.
Como dije al principio, el poema "Vida" no está incluido y los lectores no podrán ver a José Hierro mientras lo lee; pero yo quiero "Colgarlo" aquí por dos razones. Una: es un gran poema, soneto en este caso. Y dos: por razones sentimentales, porque viví la génesis de este poema (de casi todos los que luego conformaron Cuaderno de Nueva York) y sus modificaciones hasta quedar, como os lo cuelgo, en 1992. Lo viví junto a este gran poeta, que un día me presentó Claudio,que es José Hierro con quien tanto quise, que hoy cumpliría, de vivir, 88 años.

VIDA

Después de todo, todo a sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito ¡Todo!, y el eco dice ¡Nada!.
Grito ¡Nada!, y el eco dice ¡Todo!.
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

José Hierro