sábado, 12 de noviembre de 2011

Lola Vicente: Y yo también




Lola Vicente me regaló su nuevo poemario el pasado abril, un libro con el título de Y yo también (Cilea Ediciones, poesía). En principio iba a titularse Manuela (que es la protagonista o el sujeto poético de este libro) pero, finalmente, tras una sugerencia de Miguel Ángel García Gil, un arquitecto amigo de Lola e ilustrador de Y yo también, lo tituló de este modo porque: lo que le sucede a la protagonista cada vez que experimenta un deseo, una aspiración o un sentimiento, me digo: y yo también – le dijo – es algo que, a veces, nos sucede a todos.

Lola Vicente, natural de Yecla, Murcia, reside en Carbonero el Mayor (Segovia) desde hace ya muchos años. Desde su soledad, combate la tarea diaria de vivir, al margen de su trabajo de funcionaria, con el perenne recuerdo de su Yecla natal,, de su padre que reposa allí y fue poeta, de su marido, fallecido ya y de su hijo Manuel que se marchó para siempre, en plena juventud, en un accidente de coche. Desde Manuel fue un libro que dedico a su hijo para atraparlo, con poemas, en el tiempo. La combate con esos recuerdos y abandonándose, a modo de catarsis, a la poesía como bálsamo de salvación.


El profesor y poeta José López Rueda, autor del prólogo, y buen amigo de Lola Vicente, nos dice: Y yo también es un pequeño relato en verso con un mínimo argumento que permite a su autora disminuir su angustia plasmándola en palabras. La tensión espiritual que supone su lucha por vencer la soledad y el desamparo se resuelve en un texto intensamente lírico bordado sobre un discurso narrativo que lo sustenta.(…) ¡Cuanta Lola hay en Manuela! Y este hecho es el que genera la emoción, la hondura, la autenticidad de la obra.




De manera que Manuela-Lola transita por este poemario y va calle abajo/ relega las intrigas, / sólo el amor escucha y va como muda y sola porque Lleva encima silencio, tan callado. Tan pesada carga que La mirada impelida en el vacío, / galopa, sometida a la nostalgia, y a veces suspira Trata de figurarse que nadie lo sospecha y avanza comportándose como cualquier otra persona aunque por dentro aspire bocanadas / de realidad o de melancolía, frente al dolor de saber que se le ha marchado tanto… Los hijos se marcharon, / quebrantando las reglas.


Después de tantas pérdidas Recorre los pinares, ronda el campo / y pasea por las calles del pueblo. Va envuelta en un vacío que le acecha, una tormenta, un temporal de indefensiones; pero Manuela-Lola está viva, y piensa y siente Va llena de energía / cubierta de rubores / y por su sangre corre /la iniciativa para la aventura. La aventura de vivir y la de escribir.

La savia de la vida alimenta su carne y con ella, sobrepasa la niebla, va enfrentándose al día y a la página en blanco que cubre con palabras de amor y de nostalgia, de amor y de esperanza, de amor y de energía y Así, de esta manera, / pudiera la alborada compensar / páramos desabridos.

En fin, un libro intenso en el que Lola Vicente adopta, para recrearla vida, el pensamiento, las emociones, los deseos y ahuyentar el frío de las pérdidas y de la soledad, la aventura de transmutarse en Manuela y unas veces, soltando el dique de ese río de los ojos por donde aflora nuestra pena y otras cicatrizando heridas o sometiéndose a deseos y rebelándose de ellos, luchando, en definitiva, contra la soledad y el tiempo, nos regala un poemario, de ficción sólo en apariencia, íntimo, tan intimo, que ninguna máscara pessoiana impide reconocer a un sujeto poético transido de dolor y rodeado de soledad y ausencias y, al mismo tiempo, lleno de energía, de vitalidad y de ganas de seguir caminando por la vida y por la página.

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