viernes, 8 de diciembre de 2017

Joaquín Benito de Lucas: "La luz que me faltaba", con introducción de Pedro A. González Moreno


Nota:tras seis meses de inactividad en este blog vuelvo a retomarlo para continuar fomentando y difundiendo la Poesía a traves de las diferentes entradas que vaya haciendo. Gracias a todos los que os interesais por este blog.

Joaquín Benito de Lucas: La luz que me faltaba,

 con introducción de Pedro A. González Moreno.




                 La historia de sus años, de su vida

Decía José Hierro, en la primera antología que se publicó de Joaquín Benito de Lucas (en 1984) que: “este hombre quiere hacer de la poesía la historia de sus años” que es como decir la historia de su vida. Y así ha sido en la mayor parte de su obra poética.



 Esta selección antológica titulada La luz que me faltaba (con una excelente introducción de filólogo y poeta Pedro A. González Moreno),  recoge la poesía esencial, cargada de verdad, de belleza y de luz, de los diez últimos libros publicados por Benito de Lucas.


           Joaquín Benito de Lucas. Fue el sexto de los siete hijos que tuvieron sus padres Manuel y María. Con dos años salió junto a su familia de Talavera huyendo de las tropas nacionales porque su padre era un republicano y en su negocio, una taberna de nombre “La lancha”, que regentaba a orillas del río Tajo, se reunían los de izquierdas a comer y tomar algún que otro vino.

Presentación en Talavera de la Reina (octubre 2016)
    Su infancia fue triste y difícil y está ligada al río que atraviesa su ciudad y a los recuerdos de la guerra civil : (“Vinieron del oeste,/ contrarios a la marcha del sol y al discurrir / manso del agua, y en muy poco tiempo / tomaron la ciudad a sangre y fuego./ (Más a sangre que a fuego por los muertos / que alfombraban las calles) / Yo tenía / dos años, cinco hermanos y unos padres / que nos libraron de ese infierno.”)

          Y ligada a la posguerra: “…Aún recuerdo / un día de Reyes en que al despertarnos / encontramos debajo de la almohada / un puñado de nueces y unos higos / secos para que hiciéramos / turrón de pobre.”

Centro Cultural "Rafael Morales" en Talavera de la Reina presentación de "La luz que me faltaba"

          Debido a una enfermedad que le mantiene en cama largo tiempo inicia sus primeros pasos en la poesía: “Sentía un escozor / por todo el tronco de mi cuerpo niño / y en la garganta un ruido / de pájaros inquietos/ que van de rama en rama si hallar acomodo.”
          Uno de sus primeros poemas data de 1948 cuando el poeta contaba catorce años. Y aunque su primer libro publicado fue “Las tentaciones” (1964), antes, en 1957,  ya había escrito un libro que ha permanecido inédito hasta 2007 que se publicó. Su título: “Los senderos abiertos” :“Mirad cómo van pidiendo / la luz mis ojos, mis manos / todos los seres, mi boca /a voces todos los cánticos.”

Librería Lé Madrid. Presentación de "La luz que me faltaba. De izda a dcha: Pedro A. González Moreno, Joaquín Bento de Lucas, Manuel López Azorín y el violonchelista Francisco García

          Decía José Hierro, que: “este hombre quiere hacer de la poesía la historia de sus años” y en este La luz que me faltaba
parte de esos últimos años con una poesía clara, llena de vida y esperanza.
La antología comienza con un viaje que es una especie de peregrinación, casi mística, por un río. Es como “una aventura interior”  a la búsqueda de “una conciencia clara de la existencia del hombre en la tierra”
  

 Este viaje lleva al poeta, a través de la percepción y la memoria,  por el río de la misericordia, del amor, del dolor, de la alegría, de la solidaridad (como Irene Editorial que, dentro del compromiso social que lleva a cabo, ha acordado con el autor donar un euro de cada libro que se venda a la ONG Akshy, una asociación que trabaja en la India para alimentar y educar a la infancia más necesitada).



           Otro río, parte de su vida, es el Tajo, símbolo de esa poesía luminosa, de claridad, de difícil sencillez.
 en este libro de Benito de Lucas camina una selección de sus diez últimos libros publicados. Y camina sin tristeza y con la esperanza,  aun con sus años, que ya son 82, de  una primavera que avanza trayéndole la luz que le faltaba en el rumos de su infancia, su ciudad, su río…


         Y es que, este hombre, este poeta, que tuvo un padre que fue pescador en el Tajo, lleva siempre a su ciudad, y a las aguas de su río, junto a su infancia, su familia, sus amigos… Lo dijo Rafael Morales: ciudad, río e infancia del poeta “fundiéndose en un todo inseparable”. Y Pedro A. Glez Moreno  nos dice en la introducción: “No es el poeta quien canta al río; es el río el que suena dentro de sus versos.”
 
         Comenzó a estudiar Bachillerato a los 16 años (1950) y luego sacó el título de Practicante (ATS)  y trabajo para costearse la carrera.  En 1960 se licenció en Filología Románica en la U. C.M.    En 1964 obtuvo el título de doctor con una tesis sobre poesía medieval dirigida por Dámaso Alonso.      Desde 1960 a 1967 residió en Damasco (Siria) y más tarde vivió en Alemania como profesor de español en la Universidad Libre de Berlín.  En 1969 ganó una cátedra de Lengua y Literatura de I. E.S.  A partir de esta fecha ejerce la docencia, primero en ellos, más tarde en la UNED y, finalmente hasta su jubilación, en la Escuela de Formación del Profesorado de la Universidad Autónoma de Madrid (U.A.M.)
          
            Joaquín Benito de Lucas es también autor de numerosos estudios y ediciones críticas sobre poetas españoles tanto medievales como contemporáneos. 

En “Oda a mi ciudad”, libro que cuenta parte de la historia de Talavera, de sus diferentes nombres a lo largo de ella, de su río… y de Joaquín.  Nos dice el poeta: “¿Qué nombré elegiré para cantarte…?”(…) “Me quedo con el nombre que mis labios / pronunciaron de niño y aprendí de mis padres / cuando mi voz era un suspiro apenas” .



Y en este río y este verso de Joaquín Benito de Lucas camina la esperanza,  aun con sus años, de  una primavera que avanza (así titula Joaquín uno de los inéditos que se incluyen en este libro), trayéndole la luz que le faltaba en el rumos de su infancia, de su ciudad, de su río, de sus aguas.
Y es que, este hombre, este poeta, que tuvo por abuelo a un jefe de camineros en la casa que había en el puente viejo y que tuvo un padre que fue pescador en el Tajo, lleva siempre a La ciudad de las redes azules (otra de sus antologías, publicada aquí, en la Colección Melibea en 1998), junto a su infancia, su familia, sus amigos… Como bien dijo Rafael Morales: ciudad, río e infancia del poeta “fundiéndose en un todo inseparable”


Canto al río Tajo, un poema-río como definió en su día Abraham Madroñal, que fluye como fluye la vida a través del transcurrir del tiempo y que en esta Luz que me faltaba se incluye, completo.
Oda a mi ciudad, cuenta parte de la historia de Talavera, de sus diferentes nombres a lo largo de ella, de su río… y de Joaquín.
Se incluyen aquí cuatro importantes poemas. Nos dice el poeta: “¿Qué nombré elegiré para cantarte…?”(…) “Me quedo con el nombre que mis labios / pronunciaron de niño y aprendí de mis padres / cuando mi voz era un suspiro apenas”
El poeta, al tiempo que su más personal e intimo sentir,  canta  y cuenta, poéticamente, la esencia de Talavera y su raíz de amor en ella y con ella.
“Yo tampoco te he sido fiel ciudad que ahora canto” (…) “Después del tiempo niño / en que viví escuchando / el son del Tajo…”(…)  “…Adiós, te dije,/ y otros países fueron mi destino”


Finalmente y tras un largo periplo de viajes, a través de la materia de los sueños que es la memoria, con la que nos ha contado la historia de su vida… regresa a su ciudad y nos dice: “Ahora que estoy / al final de mis años / vuelvo a pedir perdón, y me arrepiento / de haberte abandonado. Ciudad, nunca me olvides.”

El poeta encuentra la luz que le faltaba, la luz que es la esperanza en la vida. Entonces “La primavera avanza” porque “Vuelve a salir bañando con su luz / la mirada y los árboles más niños.” De manera que Joaquín Benito de Lucas (como en su “Canción del ánfora”  el alfarero crea su obra), ha creado una vida de realidad hecha poesía, sin perder la esperanza. 
Moncho Otero

El poeta, ahora, encuentra la luz que le faltaba, la luz que es la esperanza en la vida, esa que está siempre pendiente del deseo,  pendiente de las formas que vivimos, que tenemos, y que pueden – como bien dice Joaquín –convertirse después en una nueva poesía.
De modo que a sus 82 años “La primavera avanza” porque “Vuelve a salir bañando con su luz / la mirada y los árboles más niños.”

 El poeta Francisco Caro nos decía en su blog  “Mientras la luz” sobre Benito de Lucas:
“La poesía elige donde residir. Y si el poeta es verdadero jamás se opone a su designio. La de Benito de Lucas ha ido ocupando las posadas de la infancia, los regatos en donde la corriente del río se demora y canta, las esperanzas y las misericordias, los afanes y los miedos de una posguerra larga. Sin ignorar, cada vez menos, que el sol busca el oeste, los oestes finales. El recuerdo como emoción y la claridad expresiva son las coordenadas de su hacer poético. 


Un poeta de la promoción semiescondida de los 60. De con Diego Jesús Jiménez, Antonio Hernández, Félix Grande..., que estrena antología.”

Y ahora digo yo: todos han recibido reconocimiento oficial (y todos merecido, quede claro, porque esta promoción poética de los sesenta, tuvo que luchar mucho para salir a la luz. Todos… menos Benito de Lucas. Y lo merece tanto como los demás.

De izda a dcha: Manuel López Azorín, Narciso Romero. (Alcalde de S.S. de los Reyes), Joaquín Benito de Lucas, Moncho Otero, Pedro A. González Moreno y Miriam Pérez Melia, (Concejala de Cultura)


Joaquín Benito de Lucas, igual que en Canción del ánfora  el alfarero crea su obra, ha creado una vida de realidad hecha poesía, una vida en la que lo local y lo personal se universaliza y, sin perder la esperanza y sin abandonar a ese niño que escribió sus primeros poemas entre los doce y catorce años sigue adelante con su vida y su obra.

Desde la tierra inicial de su propia historia, la de sus años, la de su vida, Joaquín ha creado una poesía cargada de emoción y luminosa que es como la jacilla que deja su huella en la tierra, indeleble ya, como luz incandescente en el papel escrito.    Don Antonio Machado dijo que la poesía era “palabra en el tiempo” y tenía razón, es palabra que se fija en el tiempo y ya intemporal permanece. Como la poesía de Joaquín Benito de Lucas.                                                             
                                  Manuel López Azorín




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