martes, 27 de noviembre de 2018

Rafael Soler "El último gin-tonic"



Rafael Soler: El último Gin-Tonic
 

Rafael Soler (Valencia, 1947), tras mantener un largo silencio en publicar narrativa, nos trae este 2018 una nueva novela El último Gin-Tonic (Ediciones Contrabando) Nació para los lectores en Marzo y en mayo ya tuvo su segunda edición. Rafael Soler, ingeniero y sociólogo, vive en Madrid, ha sido profesor titular en la Universidad Politécnica.
Soler es poeta y novelista y, aunque yo apenas suelo reseñar en este blog narrativa, creo que merece la pena hablar de este El último Gin-Tonic de Soler porque si en su poesía se pueden encontrar temas para escribir novelas, sucede que en esta novela, aunque no es especialmente líric, se puede ver también tema para escribir poesía porque este autor cuando escribe, lo hace siempre primando el lenguaje, que es sin duda alguna el padre de la poesía y de la narrativa y porque, como ha dicho Luis Landero sobre él: “Rafael soler es un virtuoso del lenguaje, un escritor de una soberanía extraordinaria. Lo primero que uno halla cuando entra en su obra es un magnífico alarde de libertad”.

En la poesía de Rafael Soler, lo hablamos hace poco los dos, en cualquiera de sus poemarios, se puede encontrar material para una novela o más, en esta novela los que leemos habitualmente al Soler poeta también encontramos material para poemas o mejor dicho, encontramos también, con un lenguaje original, y libre, poesía, en su narrativa que es siempre insinuane,metafórica, sorpresiva y arriesgada por su lenguaje innovador, original y singularmente "Soleriano"

El último gin-tonic es la historia de la familia Casares, familia que vive sin apenas preguntas y por lo tanto con pocas respuestas, queriendo y sin querer, como si los afectos no fueran imprescindibles en la vida. Viven, digo, en una  novela coral en la que todos  piensan  mucho y hablan poco entre ellos: la rutina de  lo cotidiano, la incomunicación la muerte,  la soledad, el amor, la traición, los fracasos…y asumiendo (y de ahí su final noble y amargo) que “la vida es un continuo desbarate / de planes y propósitos” y en esta frase, tal vez sacada por mí de contexto, observamos un perfecto endecasílabo y un heptasílabo con ritmo y podemos encontrar más porque esta novela, que tiene un estupendo ritmo narrativo, también contiene ritmo poético.
Conforman los Casares una historia que transcurre durante cuatro intensos días. Cuatro días que dan para reflexionar sobre lo no hablado, lo no dicho, los abrazos no dados en este cruce de caminos, en esta encrucijada que es El último gin-tonic.
“A la hora de contar, lo que no suma resta”, suele decir Soler y es que él es partidario de la sugerencia, de los sobreentendidos de las alusiones, para que el lector saque sus propias conclusiones  y ponga fin a la narración desde lo intuido, desde lo interpretado, desde lo que, aparentemente, no se cuenta o se cuenta a través de la sugerencia.
 

En la portada de El último Gin-Tonic  se ven dos elefantes marinos, ambos  pelean, es una dura batalla que acabará cuando el más joven se erija, venciendo al anterior, en jefe de las hembras.
Una novela que nos habla de tres generaciones, es la historia del abuelo, Moisés Casares (que bebe y vive con su silla de ruedas y su catalejo en permanente observación de las mujeres que pasean su calle), sus dos hijos Alberto Judas Tadeo (vencedor de la lucha marina) y el padre Lucas Casares (Jefe anterior de la manada) y los tres hijos de Lucas: Marcos (viviendo una  mala racha),  Mateo (Con el permanente recuerdo de un coche derrapando) y Juan (Que vive, nos dice Soler,  “entre una insensata caprichosa y un capricho de mujer”.) Nombres bíblicos para una narración sin vírgenes.

Hay también mujeres en esta historia coral que es El último Gin.Tonic. Son mujeres con carácter y con ideas claras, en ese  tiempo en que el hombre está en permanente contradicción o duda. Los hombres creen que son ellos los que mandan pero  resulta que son ellas, las que manejan sus vidas. Aunque aquí, dice Soler, "ellas son, por lúcidas, poco consideradas."

La novela empieza con la receta de una torta de lentejas, y termina con otra para la preparación de un gin-tonic que (según nos dice Rafael Soler en una muy buena entrevista que le ha hecho Juana Vazquez (y que salió publicada en Cuadernos del Sur): “le dejará un sabor vivo y espontáneo en la boca, con un noble final de recuerdo amargo”.
Y sobre ellas nos cuenta el autor:  “María, la española residente en Puerto Madryn, es una mujer que sabe lo que quiere, muy capaz de escaparse de un convento antes de jurar los hábitos, y dejar con lo puesto al sultán de turno.  Begoña, jugadora de póker y amante en expectativa de destino, maneja a sus varones con la misma soltura que las cartas. Y luego están Lola, que vive en su capricho, Paola, Nina... qué sería de una historia sin mujeres,” 

La ironía y el humor aparecen en esta novela porque toda historia, por muy dura que resulte, se digiere mejor  y como nos dice Rafael Soler: “La traición, la pérdida, las malas rachas, el fracaso, la incomunicación, no son temas menores.(…) la ironía es con frecuencia un escalpelo eficaz para tomar distancia sin alejarte demasiado.  Y el humor permite respirar al lector antes de pasar página.” Soler es el tipo de escritor o poeta que escribe (vive)  para que le quieran. Los personajes de esta novela no saben que escriben (viven) para que les quieran.
Rafael soler nos lleva por los personajes con un lenguaje personal, diferente, entre poético y descarado,  y tan pronto nos parece una novela de acción, o negra, o de amor, a veces divertida, a veces con humor, a veces con sorpresa lírica y siempre  con precisión y la medida justa para no pasarse ni con la ironía o el sarcasmo ni con el asunto transcendente. 
De manera que todo eso y transcendente, pero con medida porque Rafael Soler es como el cronista del tiempo que le toca vivir, con sus grandezas y miserias. Como aquellos poetas del desarraigo que daban cuenta de la realidad que vivían. Y nuestro tiempo, como aquel de los poetas del desarraigo, es un tiempo si no sombrío, cuando menos, inquietante. El autor de esta novela  nos ofrece su percepción de este tiempo que, aunque nos lo presente con ironía, incluso con humor, es un tiempo amargo, de dureza, de contradicciones, de grandes miserias y de grandezas, porque la nobleza, que se muestra, es una nobleza producto de la mejor y más cara escuela  de esta vida y anda por esta historia  y especialmente hacia el final de la narración con dos periféricos que nos ofrecen una buena lección de educación exquisita, tolerancia, buenas maneras y un gin-tonic para degustar ese sabor vivo que tiene la vida aunque sepamos, y lo diré con palabras, mejor dicho con un verso de Rafael Soler, aunque sepamos que “Siempre Vivir cuesta la vida” y nunca he leído un nada más verdadero que esto.

Rafael Soler, con esta nueva novela, vuelve con pleno derecho al escaparate central de la narrativa española.
       
Soler, primero por la izquierda, delante Valentín Martín, López Azorín, detras Francisco Caro y Miguel Ängel Yusta, (autor de la foto) en el Café Comercial de Madrid
                    

Rafael Soler. Poeta y novelista, en los años ochenta tuvo una intensa producción literaria, que fue recibida como una de las más interesantes de la nueva literatura española, y que inició con la publicación en 1979 de su novela El grito, y el libro de poemas Los sitios interiores en 1980, a los que siguieron las novelas El corazón del lobo, El sueño de Torba o Barranco, última de sus publicaciones en Cátedra en 1985, así como dos libros de relatos. Vino luego un largo silencio editorial, que decidió romper en 2009 con la publicación del libro de poemas Maneras de volver, al que siguió en 2011 Las cartas que debía y en 2012 La vida en un puño, antología publicada en Paraguay, y Pie de página, publicada también en 2012 por la Institución Alfons El Magnànim. En enero de 2.014 publicó el libro de poemas Ácido almíbar y en octubre de 2.016 No eres nadie hasta que te disparan y la última antología hasta el momento, Leer después de quemar publicada en 2018 en Quito (Ecuador,)  Con la publicación en abril de 2018 de su novela El último gin-tonic, comparece de nuevo ante crítica y lectores como narrador.
El autor es en la actualidad vicepresidente de la Asociación Colegial de Escritores (ACE) 
Ha participado en Festivales poéticos y encuentros celebrados en Europa, Hispanoamérica y Asia. Obra suya ha sido traducida y publicada en francés, inglés, italiano, húngaro y japonés.


                              Manuel López Azorín




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