miércoles, 16 de septiembre de 2020

 


Apuleyo Soto: El Cega ciego





Hace ya muchos años que Apuleyo Soto (Cozuelos de Fuentidueña, Segovia, 1942) y yo nos conocemos. Todo un personaje este buen amigo que fue librero, y que además es maestro, periodista, cronista oficial en varios pueblos de Segovia y de Madrid, dramaturgo, autor de literatura infantil, narrador y poeta. Casi nada.

Ahora he terminado de leer el libro que me envió este verano: El Cega ciego (Oportet ediciones, Madrid, 2020), De modo que parte de este verano la he dedicado  a viajar, con Apuleyo por el itinerario que sigue el río Cega, ha sido viaje de lo más satisfactorio ya que me ha permitido  conocer  y disfrutar con su lectura.  El río segoviano que hemos recorrido, yo con su lectura, él palmo a palmo, es un  viaje  literario,  poético y humano junto a la geografía del curso del Cega. Es este un libro  de historia, de leyendas, de costumbres, tradiciones  y de poesía.

 

Es Apuleyo como un caballero andante en esto de narrar y de poetizar. Apuleyo es único y todo lo que hace este hombre lleva su personal sello de pasión, y creatividad.  

En su ya dilatada trayectoria nos ha ofrecido todos los géneros literarios, versos de tradición popular, poemas de de estructura formal, y versos que con libertad nos muestras su particular  modo de emplear el lenguaje y de manejarlo con maestría y soltura a veces de manera ortodoxa y a veces heterodoxa.

 

Esto en cuanto a poesía;  pero también dominando la escena pues como dramaturgo hay que decir que Uno de los grandes de nuestro teatro D. Antonio Buero Vallejo dijo de Apuleyo que era “Como un niño duende y poeta con barba y pipa”

 

Pero  Apuleyo Soto no se detiene  y como cronista está acostumbrado a narrarnos los acontecimientos más relevantes de los lugares donde ejerce como tal y como narrador tanto en lo periodístico como en el género infantil y en la narrativa, Apuleyo brilla con su manera especial de contarnos porque  además de hacernos ver ,mientras leemos, los trayectos por los que pasa con sus paisajes, sus pueblos, sus habitantes, sus costumbres…este  autor busca narrarnos el modo de vida de los demás y también, en cada viaje, anda buscando dentro de sí mismo. Al final de este libro podemos leer una autoentrevista donde a la pregunta  ¿Qué busca viajando? nos dice:”Me busco a mi mismo en tanto que a los demás, Los prójimos” y frente a la pregunta; ¿Y goza doblemente el viaje?, y responde Apuleyo con lirismo personal y de manera orteguiana y unamuniana: “Cargado de cicatrices en el cuerpo y de experiencias  en la mente, me siento rebosante como un pozo y por el brocal de la pluma o la pantalla virgen del ordenador, vierto las aguas de los conocimientos adquiridos y los sentimientos y emociones compartidos.”

 

Sus reflexiones poéticas, sus andanzas, su particular modo de contar este viaje de casi 150 kms por el Cega que es,  como le describe Fermín de los Reyes en su epílogo. “Un río flanqueado en gran parte por esos pinos tan característicos de la zona, muchos kilómetros en Tierra de Pinares oculto entre estos y esa arena que le ciega, en una lucha que el Cega Ciego gana poco a poco horadando sus orillas y haciendo caer pinos y otros árboles en una voracidad pausada e insaciable”.   Y qué hace Apuleyo Soto Pajares, pues nos ofrezca, como en otros libros suyos, lo mejor de sí mismo a todos los lectores.

Este es un  viaje por los diferentes  paisajes de la Castilla segoviana y vallisoletana  en la que el viajero  disfruta de la naturaleza, la historia,  la gastronomía y de las gentes que la habitan. Y todo gracias la magnífica y coloquial y culta manera de contarnos y cantarnos de Apuleyo Soto Pajares.

 


Ignacio Sanz es el autor del prólogo y en él nos cuenta que  la primera vez que oyó hablar de un tal Apuleyo fue “en una originalísima poética firmada por Jose Luis Jover, aparecida en una antología titulada Poesía última” (…) en esta antología estaban poetas tan reconocidos  como José Hierro, Claudio Rodríguez o Ángel González, entre otros poetas, con los que nuestro autor  mantuvo amistad.

Fermín de los Reyes Gómez  es el autor del epílogo. Y entre Ignacio y Fermín, encontramos capítulos con una prosa lírica y cercana y poemas  de metro tradicional como por ejemplo el capítulo dedicado a Cuéllar en el que finaliza diciéndonos: “El Cega, bajo la luna de plata, se ha relajado y se tiende descalzo y desnudo con un ligero ronquido que yo asocio a las nanas y a las coplas de la infancia, en las que subyacen las rimas sentimentales de Lorca,Bergamín , Casona y tantos otros.

 Así es Apuleyo Soto Pajares, sentimental, soñador, amable, humano y cercano, que envuelve cuando nos cuenta, cuando nos canta, cundo nos habla. Un seductor  que se ha paseado por los pueblos de la ribera del río Cega, que nos ha mostrado su naturaleza y su modo de vida a través de Navafría, Torreval de San Pedro, Pedraza, Turégano, Castilnovo, Cantalejo, Aguilafuente, el pico del Nevero, Cuellar, Fuentepiñel y Frumales, Cogeces, Melleces, Vallelado…entre otros.

 

Apuleyo Soto Pajares mereció el Premio Nacional de Difusión Cultural en 1983 y el  Premio Tierra de Segovia 2006. Tiene escritas una veintena de publicaciones y a su edad sigue siendo, como dijo nuestro (y digo nuestro porque tanto Apuleyo como yo disfrutamos de su amistad) querido y admirado siempre Antonio Buero Vallejo “Como un niño duende y poeta con barba y pipa”

El Cega ciego es, en fin, un entretenido y ameno libro que nos enseña a mirar el paisaje geográfico y el humano. Y eso es mucho  y se lo debemos a este maestro, periodista, dramaturgo, cronista, narrador y poeta llamado Apuleyo Soto Pajares, segoviano de pro y amante de su tierra.

                                     Manuel López Azorín

 


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