miércoles, 8 de febrero de 2017

Francisco Caro "Locus poetarum"





Francisco Caro Locus poetarum

El poeta Francisco Caro (Piedrabuena, 1947. Ciudad Real), presentó ayer un nuevo libro Locus poetarum (Editorial Polibea, Madrid, 2017) y esto que escribo aquí no sé si es una crónica de lo que yo contemplé ayer en el escaso tiempo que estuve en la presentación (irremediablemente tuve que ausentarme), o es una reseña sobre este Locus poetarum (Lugar de los poetas para entendernos mejor) o qué cosa es. Lo cierto es que ha salido así:

El lugar de la poesía (y de los poetas) ayer  siete de enero de 2017, estaba en el sótano (como suele estar casi siempre, que es donde parece que algunos quieren que esté; pero la poesía, a veces, tiene la capacidad del aire y por mucho sótano que la pongan sale como brisa acariciadora, o como viento de furia y se expande por todas parte mal que les pese a los que quieren dejarla -y dejarnos- en el sótano), del Centro de Arte Moderno (Galileo, 52, Madrid). 

Un lugar recogido, de paredes impolutas repleto de poetas (además de los madrugadores que pudieron ocupar las sillas dispuestas para la ocasión, había poetas de pie apoyados en las paredes, los que llegaron a la hora en punto del acto, sentados el suelo ocupando los pocos huecos que quedaban libres para el paso y, los retrasados, sentados también, en el breve pasillo y en todo el tramo de escalera que conduce desde la librería al sótano), poetas  amigos, poetas jóvenes y no tan jóvenes que se acercaron a dar calor , a escuchar , a un poeta tardío que presentaba un nuevo libro de poemas  que, según este poeta, son “apuntes y ejercicios de clase”, una clase, o mejor dicho un curso por trimestres en el que un Maestro  (“Ya en la primera / clase el Maestro / nos hizo una advertencia”) Un Maestro, digo porque me lo dijo el poeta, que es el conjunto de muchos, es decir un Maestro colectivo.

Un Maestro, digo otra vez,  que aconseja ( o simplemente muestra) sobre la poesía tratando de hacer distinguir entre el poeta de voluntad y el poeta verdadero,  para dirigirlo con sus enseñanzas hasta el Locus poetarum  y una vez allí dejar que vuele libre.

Y este alumno de Locus poetarum vino a mostrar su voz, a enseñarnos su aprendizaje, a ofrecernos su palabra pura, verdadera , limpia de nexos para ofrecer el verso más denso, plena de sugerencias, diciendo sin decir para llevarnos a la luz de su palabra, para mostrarnos todos sus referentes (de un Maestro colectivo solo se puede esperar un alumno  con muchos referentes, un alumno que bebe muchas aguas y se sacia con ellas); pero, confiesa este poeta, y lo habrá dicho esta tarde cuando haya empezado a confesar que la mitad de los poemas de Locus poetarúm hace tiempo se amotinaron, tenían prisa por salir a la página y fueron a otros libros del poeta. Arrepentidos hoy y sabiendo que su lugar es este libro regresan, se incorporan, y el padre los recibe y los perdona  como si de hijos pródigos se tratara porque sabe también, que este Locus poetarum es su lugar, el suyo y el de la otra mitad de los poemas que fieles, han permanecido ocultos, junto al padre, hasta el día de hoy (sin contar otros tantos poemas que, por timidez o inseguridad, han declinado acudir a la llamada de publicación y continúan a la sombra del padre que, dadas así las cosas, procurará animarles a vencer la timidez y/o a darles mayor seguridad  en adelante.


Comenzó a las ocho p.m. Habló el editor como suelen hablar los editores, habló el ilustrador de la portada y el interior: Javier Delgado, poco, bien y agradecido. Hermosa acuarela en la portada y retrato del poeta en el interior. Habló el prologuista: José Cereijo que nos dijo haber pagado –con el prólogo– una deuda. Aclaró: "cuando conocí a Francisco Caro me cayó bien, era amable, simpático," dijo. "Más tarde supe que escribía. Lo leí y me dije: y además escribe bien." José Cereijo en el prólogo nos dice que “El poema es una lucha: con las palabras que lo componen en primer lugar, pero también con la realidad misma de la que parte y que aspira a desnudar, a revelar (y lo dice con dos versos de Caro): “Poesía es también y desde Homero / un acto de legítima defensa.”  (“Testigos del suceso,/  de la espera,/ vinieron a ofrecerse /los pronombres// entonces derramaron / sobre los folios sal, / labios, azul, contigos.)


Tomó la palabra Rafael Soler que ejercía de presentador de este poeta tardío que sin prisa pero sin pausa ha sabido ganarse amigos y espacio en un lugar (este de los poetas) poco amigo de cederlo; pero Francisco Caro es verdadero como persona y como poeta, un poeta que gusta de Blas de Otero como referencia y que, al tiempo, aprende de todos los poetas desde el nacimiento de la poesía hasta hoy mismo.
Cuando Soler hablaba del lugar de los poetas, cuando nos decía que Caro  era un poeta verdadero, cuando nos contaba que en Locus poetarum  estaba el homenaje  de Caro a los poetas que le han servido para escribir…tuve que ausentarme, lo hice casi saltando por encima de los que se hallaban sentados en el suelo y ocupando todo el tramo de escalera que conduce a la planta de calle.


No pude quedarme para escuchar al amigo, al poeta verdadero que es Francisco Caro, pero yo sé bien que este poeta, de un modo u otro nunca me decepciona porque, ya lo he dicho en otras ocasiones: cuando escribe y toca lo erótico, saber manejar con precisión y elegancia la sugerencia y la desnudez directa y enllamararla (Plural de sed), como sabe igualmente hacer hondas reflexiones sobre lo poético y lo vital (Cuerpo, casa partida ),o escribir la mirada del hombre sobre los instantes y sobre los espacios (Paisaje en tercera persona, 2010), o ejercitarse en un múltiple desdoblamiento para mostrarnos una poesía humana repleta de historia, de cultura y de vida fundidas entre sí,(Cuaderno de Bocaccio, 2010) o como en este caso de Locus poetarum , mostrarnos que un poeta verdadero, también es  juego y rigor, divertimento y reflexión, técnica y emoción, cerebro y corazón dándonos su visión de lo que debe ser la poesía  y dónde debe estar el lugar de los poetas… y ahora cuando lea este Locus poetarun detenidamente a lo mejor escribo algo.     
                                                          
                                                            Manuel López Azorín