martes, 30 de septiembre de 2014

Francisco José Sevilla: La velocidad de la Belleza




    Francisco José  Sevilla:  La velocidad de la belleza





Francisco José Sevilla. Paco Sevilla ahora  (lo de alterar el nombre en cada publicación no termino de entenderlo: primero fue Francisco José Sevilla, luego Francisco J. Sevilla, ahora Paco Sevilla (?) ), ha publicado un nuevo libro La velocidad de la belleza. Libros del aire, 2013. Creo que ya su tercer libro en solitario, antes de estos publicó con Huerga y Fierro en 1994 Eyaculación precoz (Poetas terminales) en compañía de David Gómez Frías, Pedro de Juan Guyatt,Jon Onraita Orube y Alberto Rios Martinez. Ha colaborado en diferentes revistas y desde hace años ha sido promotor cultural. Nos vemos poco; pero siempre le recuerdo como el joven de 16 años que traía la poesía consigo (él era la Poesía y era el poema) y que apareció de pronto, en 1986, para pertenecer al Colectivo Helicón de Poesía. Han pasado ya muchos años y yo sigo preguntándome: 


Francisco José Sevilla, Manuel López Azorín y Manuel Zapata


Qué hacer  con  un  Francisco José Sevilla  Que solamente/ sabe / escribir  versos (…)  / y/ redactar/ cartas/de /Amor /  

Qué hacer con alguien que desordena la ortografia y coloca tildes en acentos tónicos que  gramaticalmente no lo necesitan…  para decirnos:  Ío léo én lás flóres ý lás rósás dél médiodía ún amór désmédídó, /  -álélúýá pór lós trópicos á cruéntas humánídádes équivocádas-,/   leo / el silencio d´ las guerras en la Sí Útil Sinergýa dèl amór.

¿Qué hacer? Me pregunto.¿Impedirle escribir? Sería matarle. ¿Cortarle las alas? El es como un ave especial, le vuelven a crecer.

Este poeta es impredecible, e imprevisible, a pesar de haberle cortado las alas en muchas ocasiones. Él, de jovencito fue un gran  eyaculador precoz (no os quedéis con el binomio sólo de tabú costumbrista, por favor, “eyaculador… de Poesía”) para derramarse en las cosas y los seres con Ella porque  él  era los seres y las cosas mismas en su esencia. Y derramó  algunos pétalos de orquídeas blanquísimas  (…) y suspiró  pensativamente enamorado y cenital/ unos versos.  Él, desde siempre, pedía un deseo: ser poeta, vivir poeta, sentir poeta… porque sabía  que “Al borde del abismo muere el tiempo” y, por ello, quiso contenerse  en un lugar del universo sin explorar aún, junto  a la Poesía , junto al Amor. 

Francisco José Sevilla lleva la Poesía consigo desde que nació. Lleva la Poesía, al menos, desde que le conozco (era  un adolescente de,16  años), y lleva con él una perenne juventud de lenguaje  (una juventud  heterodoxa  y de ortografía ahorrativa, como de mensaje de  móvil, antiacadémica, como de rebeldía frente a la norma, como de provocación para quienes aniquilan la belleza dejándola en los basureros de los intereses, etc. etc) : ¡Poexía para afianzar ¡T´ kierox!,,, ý/ò Rea firmar:¡Basta!. (nos dice con su escritura de SMS).  Y Cierra los labios para ver.
¿Qué hacer  con quien, al igual que  Cesar Vallejo, altera la sintaxis y  trastoca la ortografía para intentar  que sintamos y pensemos desde otros parámetros no convencionales mientras leemos  su La velocidad de la belleza?


Antes de este libro, antes, fue un hombre barco, La travesía del hombre barco (Amargod, 2005) hizo una travesía  provocadora, de desconcierto, amando cánones clásicos, pero sin ellos, amando referencias, pero sin ellas (aquí recomiendo el poema  169 de este libro dedicado a Lope de Vega) y fue abriéndose paso entre los mares del lenguaje, bebiendo de sus aguas. Desde Homero hasta ahora, pasando por los poetas latinos, por  los místicos como San Juan de Cruz, por Shakespeare, por el siglo del oro de Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Gongora... y luego Bécquer, Juan Ramón, Machado, Valle Inclán, el 27 de Federico García Lorca, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Rafael Alberti… después Miguel Hernandez y luego los poetas más contenporáneos, los del 40 como Pablo García Baena y José Hierro, los del 50 como Claudio Rodríguez... Bebiendo, pero sin beber, navegó  por aguas originales  de  gran  profundidad, lo hizo  bajo la máscara  del torbellino, del caos aparente, con una extraordinaria y ordenada presencia de la forma- deformada, y el contenido del Todo.
Allí cabía un universo nuevo, lo impensable y lo desconocido, lo que acontece el mundo y la invención imaginativa de otra realidad menos agreste, más lírica, sorprendente, con enorme calidez y calidad poética. Este muchacho abrazaba ya, desde antes de escribir, una creación universal, original y difícilmente imitable. Pero a veces, muchas veces, no entendida.
¿Tendríamos que desterrarle por eso? 
  
Este poeta  que buscó esperanzado/ la ola que faltó al mar del mediodía, lleva la locura de la  lucidez de pensamiento y ha caminado por 120 páginas sin lluvia (Amargod, 2009), con la luz partida  de amor y ajedrez entre Luzbel y el alba. 120 páginas sin lluvia donde el lector queda asombrado, estupefacto, desconcertado, abducido porque, como nos dice Juan Carlos Mestre sobre la poesía de Francisco José  Sevilla: Difícil es no ser persuadido por su nostalgia de paraíso cuando va directo al diamante  y desordena la mecánica de los perjuicios o cuando nos dice este Trasgo , revoltoso, enredador  y defensor del Amor y por tanto de la  paz:  ¿Por qué la paloma d´ la paz / picotea ea picotea ea picotea, / excrementos entre la basura?. Con este libro 120 páginas sin lluvia le concedieron el Premio Ojo Crítico.
Este poeta ejecuta una delicada radicalidad de expresión para enfrentarse a la realidad, a la comunidad, a la sociedad.  Es un provocador que nos ofrece revulsivos, como manera de reflexión, frente a todas las ataduras que nos guían, nos marcan, nos aprisionan, nos conducen en la vida.  Con Gomez-Sernianos  aforismos y Edmundo-Oryanos aerolitos que vuelan, como vuela el lector que es el aire de la página, sentencia, mientras que En plena noche y a propósito, marchará  a buscar nuevos amores con zapatos nuevos. Eso sí, sus zapatos caminan como volando porque   este poeta vuela para elevarse sobre el mundo en su sempiterno incumplimiento de las citas, de las promesas, de las conductas, de las normas, por eso ha escrito: La impuntualidad es la velocidad de la belleza.
¿Hay que excluirle por eso?
Francisco José  Sevilla

Este poeta posee la belleza de escribir y le asiste el derecho de vivir esa belleza pura porque  arrastra el abandono de la tumba de la infancia y el renacimiento de la magia de los vocablos y sobrevive en  el mundillo poético con las cuerdas de seda de su imaginación verbal. Lleva con él un salvavidas de verdadera poesía tal vez incomprensible para los acomodados en la norma. Y la norma es necesaria pero también lo es la investigación, la búsqueda de nuevas vías aunque a algunos les pueda parecer algo extraño.
Este poeta de los ojos tristes (algo que podemos observar detrás de su máscara de ironía o de espantada, de provocaciones y de afectos) nos ofrece sorpresas verbales, lirismo, verdades adornadas de arrayanes,  provocaciones  como revulsivos y nunca con intención de zaherir porque en este poeta anda el Amor a flor de piel y dentro, muy dentro del alma y los sentidos, este poeta piensa, como yo, que: “sin amor / anda perdido el eco de la vida.”
Y ¿Qué podemos hacer con él?. ¿Le negamos  la luz de la poesía, esa que va con él desde la infancia rota? No podemos, la Poesía está en él.
Este poeta con encubierta nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue en una infancia muerta, enterrada,  sesgada por las imposiciónes, para sobrevivir,   se vistió de azafrán  tratando de escapar de las flores malvas, paseó por atalayas que no tenían  más visión  que la de la rutina o tal vez el afán de la pirámide reticular, lar, lar, lar de hogar, lar de casa,  lar de comunidad, lar de aniquilar el pensamiento libre o de domesticarlo  con el soma  de un mundo Husleyanamente feliz. Pero este poeta  es rebelde con causas que  abandonó, hace  ya tiempo,  en el rellano de su casa, en el instituto, entre los sorprendidos ojos de los que le miraban como a una especie rara de chico inteligente y algo grillado y fue creciendo y volando, siempre a merced de cazadores que disparaban  para quebrarle  las alas a este pájaro cantor porque no le comprendían, porque no entendían su canto.

Este poeta fue, primero, gorrión de salto agilalegre . Ya desde el nido, le marcaron las alas para no alzar el vuelo más allá de la vista de las férreas conductas imposibles; pero el pájaro alegre, a pesar de sus marcas, de lágrimas ocultas en disfraces  risueños, se hizo alondra del aire  y, como ir condenado a vivir sin aliento era no respirar y una muerte segura, voló  y voló, y ha  llegado hasta  La velocidad  de la belleza, y su cosmovisión se convirtió en un mundo tan real como ajeno a la propia realidad :sufriendo d´ veras en carnes ajenas, / cua/ -nto el odio pueda hacer con la /dulzura ...
Y sufriendo, y volando, ha reído y bebido los néctares espumosos de Baudelaire, de Rimbaud… en el Paris de  la pintura de vanguardia y la Gioconda en el Louvre y se ha fumado todas las nicotinas.  (Aquí podéis volver a leer el poema  de la página 169) En Florencia,  yo sé  que paseó con el Dante y sobrevolando el tiempo converso con Buonarotti.  En Verona, honró al de  Stratford-upon-Avon. Y luego en Recanati a Leopardi. Dio vuelta atrás y conversó con Góngora, y Lope, Quevedo, Garcilaso... Yo sé que hablaron de Amor y Poesía.
Pero ninguno, jamás, atentó contra él.

Este poeta  pasa por la vida sin ver esa  maldad  que nos habita,  ni a los manipuladores que siempre se aprovechan de toda su inocencia, de su enorme bondad, de su amor infinito porque siempre va  Con el verbo a la altura/ del nivel del mar. /Con el vértigo y el asombro/del aquí y del ahora. Es un poeta vivo de mañanas de luz y su verbo ejecuta acciones que algunos no comprenden, no alcanzan a entender: a q jauglaría vinacotequina ý bergamáscaras /migrañas marihuaneras, / a qué sutiles felinocracias posesivas, y a /quiénes picantes suplicios / d´musculadas inocencias con la musa en "Fa  /Mental" he d´explicar, / justificar  ý... expresar a frontenis las fronteras /del aplauso d´ 1 qué?.         

Este poeta eufónico es pintor de colores imposibles en su voz de adjetivos y  a veces, muchas veces, resulta  incomprendido su juego de palabras tan serio, riguroso, tan infantil-maduro que suena a despropósito  y a poco que se observe resulta que no es juego, si acaso un revulsivo de acciones diminutas que son como una  estrella alumbrando satélites donde existe la vida que en él lleva el fulgor, el relámpago, los sueños y  en otros, marcadas directrices, lo mismo que orejeras.
¿Qué hacer con él? ¿Le quitamos la pluma y el papel para que no escriba poesía? ¿Le quitamos los sueños para que no piense poesía?

Este gorrión-alondra desde el nido es poeta y ya desde pequeño renace  Poesía  lo mismo que renace de la ceniza el Fénix. El es humano a la par que poeta. El es el poeta porque es la Poesía misma, porque es él poema en sí mismo. La medida del tiempo le hará algún día cisne  (el ave consagrada al mismísimo Apolo, dios de la poesía, de las artes, de la música, el símbolo de  la armonía y la belleza), y entonces  cantará (aunque Plinio y  los sabios que vinieron y los que hayan de venir después clamaran y clamen: ¡es mentira, es mentira, todo es una leyenda!).  El propio Leonardo da Vinci ya lo dijo: “El cisne es blanco, sin ninguna mancha, y canta dulcemente antes de morir; ese canto pone fin a su vida.” 



 
Nos dice este poeta, el de los ojos tristes: No se trata de vencer mas que de cantar. Cantar al Amor, a pesar de las cárceles que ha sufrido su espíritu, a pesar de las lágrimas que han brotado en sus ojos, a pesar de las máscaras  que  ocultan a este ser indefenso, de mágicos ensueños, que renegó del mundo para sentirse a salvo, para sentirse noble, para ser bondadoso, para abrazar Amor cada momento del tiempo de su lucha constante  con la vida de realidad incomprensible y ciega, frente a la dulzura y la delicadeza  de la armónica y rítmica Poesía. (Que es otra realidad  de misterio y de magia.)
¿Qué podemos hacer con él? Yo, desde luego, quiero dejarle con su vuelo. Dejadle vosotros con su vuelo, con su canto de Amor y de sorpresa.
Llegará el día, como nos dijo Góngora (ya los poetas de la Antigüedad, Virgilio, Marcial… y luego los renacentistas y los modernistas lo dijeron también) que: «Como el blanco cisne / que envuelta en dulce armonía / la dulce vida despide». Y nos cantará  por última vez. Pero mientras tanto llega ese último y lejano, espero, día, Francisco José Sevilla,  muere en cada poema que termina de cantar para renacer como un Fénix en cada poema que comienza. 
Francisco José Sevilla
Este poeta  se pregunta en el poema 198 de esta La velocidad de la belleza: Cómete a tu familia?./ Cómete el tiempo?. /Cómete el hambre?. /  Cómete los dientes?. /Cómete a ti mismo?. 
¿Y qué hacemos con él?  Sencillamente, dejarle volar y ser él poeta, poema, Poesía. 

Y en todo caso recitarle estos versos con los que se inicia  este libro: Descúbrete y no te ensombrezcas del todo / Sé libre con la distinción de aguantar cualquier barrote/ Trabaja tu música /  cuídala como a tu corazón.  Y como en el poema  32: canta: la canción del amor. / ¡Única melodía posible!.  
Nota: este artículo esta escrito en 2012 cuando Francisco José Sevilla me envió una copia de su libro La velocidad de la belleza.
                                        Manuel López Azorín



1 comentario:

José Antonio Pamies dijo...

Buena semblanza-reseña, bella a la vez que certera.