jueves, 28 de junio de 2018

Jose Antonio Verdasco: "Siempre es ahora cuando te pienso"





José Antonio Verdasco: Siempre es ahora cuando te pienso

Comienza  este Siempre es ahora cuando te pienso (Ediciones Ondina. Madrid 2018), primer libro publicado por José Antonio Verdasco (Almendral, 1976, Badajoz), con una cita  del poeta Miguel Hernández:”Tristes guerras / si no es de amor la empresa/ tristes, tristes”. Un libro que dedica a la memoria de su padre y a su madre y hermano por ser –dice – ejemplo para él.


 Este extremeño que se reconoce lector voraz , y me consta que lo es, que nos llama a casi todos los poetas "maestro" por esa humildad de su condición de aprendiz que se dice, este admirador de Miguel Hernández, de Lorca, de Vallejo, de Machado, de tantos y tantos poetas. Este pacense de la tierra del cantautor Pablo Guerrero al que admira como cantautor y como poeta, ha escrito un libro en el que el pensamiento y el corazón, que decía Unamuno, andan parejos. La reflexión y la emoción transitan por cada poema en un canto elegiaco al desamor, un poemario trágico que llora lo perdido, que sufre y, en ocasiones, parece ver un pequeño intersticio de esperanza con la que el ser sueña, aunque el tiempo establezca una titánica lucha contra ese ser derrotado que trata de renacerse nuevamente.
"Ser y tiempo / dos titanes devorándose / eternamente / en una vorágine cainita."
Para Jose Antonio Verdasco  el título de este libro es tan verdad  como el momento que vive, no es pasado ni futuro, cada instante es ahora , mientras se aferra con fuerza  a lo que él llama “el inútil ejercicio / de domar el fantasma  de lo que vendrá”   y mientras esto sucede se siente “Desnudo de la vasta herida / que (le) rescata / de un pasar fantasmal”, el “ Tormento  donde germinan (sus ) ganas de seguir viviendo
El sujeto poético de este libro  tiene “vocación de exiliado del presente, de fantasma arrastrando las cadenas de lo vivido”. Por eso va al ayer  a pensar, porque "siempre es ahora cuando te pienso", nos dice.
“Llegó un ángel rubio/ apareció de repente / como todo un milagro.” Y despierta en el poeta el embrujo de soñar y se siente acunado en sus labios, mecido de esperanza. Ebrio está de besos por estrenar. Disfruta del instante y forja con su pasado un mañana, su mañana. Pero esa obstinada herida que marca su ayer le hace sentirse su peor enemigo, porque le nace de la derrota, del desamparo en que se encuentra. Y canta, y llora:
“Me dejaste apagando/ las velas del destierro./Habitando en un desierto / de besos calcinados.(…) Desolado lloré / al idilio crucificado / por tu olvido.”
Tejió, entonces, en las noches de su ausencia, el ejercicio elegiaco del recuerdo, para revivir un ahora sempiterno  de un tiempo  “Donde dejamos en el intento / la vida”
El poeta  se aferra a la ensoñación del ahora, sin ayer, sin mañana, con el amor en el ahora siempre, pero  “Los dioses impasibles / contemplan el naufragio…”Anda  “empecinado en vivir / en el espejismo / del ayer” empecinado en pensar en el amor para traerlo al ahora.” Siempre es ahora cuando te pienso” nos dice y así “Aplaca la iracunda mirada del desterrado, la flor sangrante de la esperanza” y clama: “Ángel desangelado / toma de mi / las alas de la esperanza (…) Redime estos huesos / de los escombros de una época / donde fui furtivo /de mi mismo”
Y mientras tanto el tiempo se sucede inexorablemente en tanto que “La piel de tu olvido / se viste de soledad, (y) corona (su) alma / con las cenizas del ayer” y es frente al espejo donde desnuda su miedo, donde viven sus dudas,donde contempla el tiempo que se sucede.
“Solo los ojos que / han observado/  abismos / conocen la esencia / de lo verdadero”
El poeta sabe que recordar el pasado es resucitar al “doliente , al animal, inconsolable /de la duda errante” pero este viaje al ayer, este recordar, este pensar para que siempre sea ahora es pensar que : “Solo tú bordas las lunas / de miel en cada abrazo. / Sostienes la pena del/ mundo  en tu sonrisa./ Domas la marejada / de mis días”
Y de este modo , de esta manera, sueña llegar al porvenir, que siempre para él es el ahora, esperando en sus ojos. Aunque “La rosa inacabada de la duda /nunca deja de cantar la cansada/ letanía del desasosiego.”
Se yergue sobre las dudas, sus latidos son como puñales  contra lo inevitable, pero aún así cada ahora que vive iza la bandera de la esperanza. Aunque sabe que “Esta adicta peregrinación a tus labios / me salva de la anodina senda de los días” porque aunque trate de olvidar, de revivir, de traer un pasado ya inexistente, el poeta sabe que “Aún quedan espinas / entre los escombros”


José Antonio Verdasco ha escrito un libro tremendo en emociones, sangrante y derrotado y, repito, con un pequeñísimo hilo de luz para la esperanza. Como si de un Dante que bajara a los infiernos en busca de su Beatriz y conviviera  con el mismísimo Luzbel, sumido en llanto, desesperación y angustia y soñando con ese ahora machadiano que es siempre todavía para él con la luz de un sueño derrotado por el tiempo. Él, que se dice a sí mismo “aprendiz de escritor de versos”  ha sido capaz de transmitir con pensamiento y sentimiento una carga emocional  sobre el abismo del amor-desamor. “Tristes guerras / si no es de amor la empresa / tristes, tristes.”

                                     Manuel López Azorín

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