martes, 5 de febrero de 2019

Manuel Cortijo Rodríguez "Estancias"




Manuel Cortijo Rodríguez: Estancias




Manuel Cortijo Rodríguez (La Roda 1950, Albacete) que publicó su tercer libro de poemas  Estancias (Huerga &Fierro editores, Madrid,2018) , escribe poesía desde los años setenta. Cortijo reside en Getafe y en el periodo de 1976 a 1985 fue merecedor de un centenar de premios de poesía y prosa. Ofreció numerosos recitales de poesía por diferentes lugares de la geografía española y algunos de sus poemas fueron recogidos  en  antologías, libros de homenaje y revistas poéticas, También ocasionalmente ejerce la crítica literaria y es colaborador en prensa.

Su primer libro publicado fue el año 2012 Memoria de lo usado (Diputación de Albacete), de él dije en este blog: es un libro de tiempo y de memoria, de nostalgia y deseo de salvación. Meditación pues de lo vivido, de lo sentido, de lo soñado con una voz reflexiva, elegíaca, como desposeída, como desamparada pero con actitud final de la esperanza en la palabra escrita.

De su segundo libro Los dones de la luz (publicado por Lastura   en 2015) también reseñado en mi blog dije que: el nexo de unión, me parece a mí, que tienen en común aquel primer libro y este segundo Los dones de la luz: es la esperanza en la luz, la salvación en la palabra escrita.”Todo es posible si llegamos / a percibir la luz, / toda la luz que somos, / la luz germinativa que nos lleva / a salvar algo nuestro sin decir.” 

El poeta busca iluminarse: Quedarse en un mirar, quietos los ojos,/en un ojo mayor que inquiera todo.” Convirtiendo así el poeta la palabra metapoética, en una especie de mística de la Poesía en su afán de…”ver hacia la luz que nos revela.”El poeta quiere fundirse, en y con la palabra, para mirar la luz que es algo más / que un fulgor.” Este parece ser su afán: unirse al agua de la vida que es la poesía, ser poeta, como actitud, porque  seguramente pensará que “Ser poeta es un modo de sentir, / modo de estar, de ser en esta vida”


Ahora con Estancias, libro prologado por Juan Pedro Carrasco García  y que define a la perfección los espacios y los tiempos  de estas estancias, que no son sino las etapas de la vida del poeta nos dice: “nos traslada Manuel Cortijo a varias dimensiones espacio-tiempo en las que indagar y profundizar en el sentimiento del yo y en la naturaleza de la creación poética.”
El libro está dividido en cuatro apartados o estancias: “El daño de los días”  con el tiempo y sus pérdidas en la estancia primera:
” De esta noche que fue y que tendría / que ser para el olvido,/ recuerdo que he cruzado / el umbral de un mal sueño/ que ha apretado mi vida hasta dejarla /a un paso del ahogo

La segunda estancia“ El agua para la sed” nos deja sus huellas “sobre la llanura / infinita y visible que era el mar” como paisaje y al tiempo deseo, vocación de calmar la sed de luz con el poema.

“La casa perdida” como tercera estancia recuerda y recrea lo que se ha perdido: “Tarda siempre muy poco la memoria/ en encender aquello que devuelve, /aquello que no puede ya mirarse / si no es con la emoción de haberlo visto, / o siquiera pensado / porque sí alguna vez.”

“En otra plenitud”, la cuarta y última estancia finaliza con el amor que redime y justifica la vida y su destino: “Traje hasta aquí mi vida, o lo que puede / tener de lumbre aún, / esta que abrazo y me ilumina el alma.”

Hay en este libro el deseo de la luz, el de reencontrarse para abrazarse a la calma, al sosiego, el de reconocerse al tiempo que sentir  esa luz, que me acerca acaso el eco de la claridad del fervor claudiano, que aquí se muestra con el misticismo no ya del rapto sino de la fe: “Tan en lo alto soy, tan en lo eterno / que no temo al derrumbe,/ al vuelo vertical de la caída / que ocurre en el momento de soltar/ en el tiempo vacío de la nada / el último temblor de lo vivido, si una vez y otra vez/ la muerte acierta”

Y hay también, al menos a mí me lo parece, ecos de la memoria y de la bondad  de Cabañero con su dulce siempre y humanísima reflexión en la contemplación del paisaje del ser humano: “Por entonces había mucha gente / (no sé si más que ahora, si eran otros,/ o por más que yo ponga / claridad, en llamar la memoria, siguen siendo los mismos) que no podían tener casa.”

Y todo ello escrito con un musical ritmo que sostiene, abraza y acuna el poema pleno de versos, versos que son latidos de lo visible y lo invisible, que se desgranan a modo de elegía, de sentimiento de pérdida pero también a manera de celebración de la vida, de sus estancias, de la memoria que llora lo perdido y besa, como celebración del tiempo vivido, que  ha dado lugar a estas estancias de pasados ya pero también de presentes y siempre con el amor no ya como sueños rotos, nos dice el poeta, “sino como un solo sueño”

Un libro este Estancias, quizá el más abrazado por la emoción de los tres publicados o al menos, en mi opinión, el más intenso, en su construcción temática, en su ritmo y su asumir la fugacidad del tiempo, la caducidad de la vida y el deseo en la palabra, la plenitud del amor y la luz: “Lo que guardaba un pecho que durmió con la sed, / lo que ha salvado el fuego y ahora es triunfo,/ lo que ahora se levanta / y se hace luz, / relámpago que quema de otra vida, / de otra vida que es todo esto que arde, / arde sin acabar de consumirse.”

                              Manuel López Azorín



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