viernes, 15 de marzo de 2019

Antonio Daganzo: "Los corazones recios"






Antonio Daganzo: Los corazones recios


El poeta Antonio Daganzo de su nuevo libro, Los corazones recios (Ediciones Vitruvio, Madrid, 2018), nos dice que se trata de “un libro que participa de la celebración de Llamarse por encima de la noche, su poemario publicado en Chile en 2012, y de los aprendizajes y balances de Juventud todavía" (2015), libro que recibió el Premio de la Crítica de Madrid y que nos mostró la edad, cuando ésta se acerca, con la memoria, al territorio de la nostalgia, en un presente todavía joven; pero ya, sin duda, a las puertas de un otoño, una madurez intuida que pretendía atrapar esa juventud que significa seguir, continuar, por mucho tiempo más, con el compromiso de la vida.
Juventud todavía me pareció a mí una  hermosa comunión con la vida, justo en el ahora mismo, que vuelve la vista atrás para tomar impulso: Que yo fui niño enfermo / y nunca más pisé / los campos florecidos / hasta que me nacieron cicatrices.

Los corazones recios es, nos dice Daganzo, “una celebración serena de los sentidos, de todos ellos, con presencia de la música, la pintura, el cine.” Es una muestra metafórica de una realidad vivida, experiencia de la condición humana, expresada desde la belleza de lo experimentado, el dolor de lo llorado y la celebración de lo que queda por vivir, con poesía.  

El poeta Francisco Caro escribe sobre este libro y nos dice: “Antonio Daganzo ha escrito un poemario de doble provocación. Ambas viven en su conciencia. Una es la de los afanes culturales, la belleza y sus modos, la música en especial. La otra provocación es la necesidad de responder a los retos del amor con las armas de un corazón templado, sabedor de los premios y castigos, abierto y recio en su estar, en su proceder, en sus respuestas."

El libro, con 32 poemas en un solo apartado, se abre con dos citas, una de Juan Ramón Jiménez y la otra de Jorge Guillén que nos indican del amor y de la celebración. “Los corazones recios” primer poema y que da título al libro nos dice:
La luz camina roja, en alto, / como un verso a la lumbre del destino. (…) De recios corazones la vida se enardece. / / Y por amor tan solo /– y por amor tan alto – / vibra este aliento aún.

 
Leo este libro y encuentro muchos poemas confesionales, autobiográficos que nos cuentan y  cantan, como Gillén, una poesía hímnica, celebrativa aun a sabiendas de lo efímero del vivir y otra de la experiencia de lo ya sucedido que, el poeta, a veces con dolor, a veces con alegría rememora.
Te convoco a la dicha de sabernos efímeros: / si en este solo instante cabe el mar,/ de tanto azul / las manos que se enlazan siempre vuelan.

Nos habla de su origen gallego, nos invita a pasear por Madrid, nos habla de lugares visitados: “Paris sainte Chapelle”, “Normandos en Palermo”, Peñon de Ifach”, no habla del cine "La verdad  fabulada" recordando a Truffautde la música: Con punzante nostalgia – el verso era verdad fabulada" melodía –, / para nunca morirte me emociono. Y nos habla de la pintura de Poussin en la “Danza del tiempo” (y de la danza): Equilibrio o corteza/ y no obstante la danza, / el vuelo de las telas distraídas.


Como bien dice Francisco Caro: “Los tules que el decir poético procura al lenguaje no logran velar la potencia y la presencia de una fortísima intimidad (con destino no explícito). Antonio expuesto a los soles y la lluvia del existir.”

Siendo en ti aire y oscuro fue su primer poemario publicado en solitario en 2004. Una poesía minuciosa y reflexiva. "sin ningún interés por los fuegos artificiales del lenguaje" según nos decía su prologuista. Daganzo, en su primera aventura poética en solitario demostró tener una voz no de joven inexperto o primerizo sino madura y honda, una voz personal y con un musical ritmo formal (a la manera, en ocasiones, de los clásicos) acompañado de belleza expresiva.


Mientras viva el doliente fue su tercer libro, y el que más me ha gustó, entonces, de Antonio Daganzo que si bien antes ya apuntaba maneras con su técnica, su ritmo, su son… con aquel libro  se convirtió en música de los sentidos con su íntima confesionalidad, en sinfonía de la realidad poética con sus negras y blancas notas, en melodía de memoria, en concierto de esperanza. Un emocionante y singular libro. 

En Los corazones recios hay un poema,  “Panorama del ardor” donde  nos dice el poeta: Los corazones recios han aprendido a amar. (…) Justo esfuerzo al creer, / delante al intuir, / de pronto / descubrirse en vanguardias tras tanto ya sufrido;/  no solo estar enteros: / serlo todo / y en todo resolverse. (…) Los corazones recios han aprendido a amar / después de odiar, tras el temer, con el dolor.

En Antonio Daganzo se da el poeta que quiere sentir la voz, la palabra revelada de la poesía, esa palabra que provoca la emoción al desvelarse y, al tiempo, libera o salva porque llega y alumbra con su luz y aleja odios,  temores y desasosiegos, palabra, en fin, necesaria y luminosa  para ser y estar, con el corazón recio, fuerte, en esta vida.
Y de este modo llegar hasta el poema “La sangre sabia” donde nos dice: Fue preciso perder. / Más aún: / vivirse derrotado / sin el menor consuelo de la prisa, / sin el menor atajo hacia el olvido. Para acabar celebrando la poesía y la vida con los versos finales: Como un verso a su lumbre / avanzo decidido: / mi recio corazón canta por todos.
Un libro de recomendable lectura.
 
Antonio Daganzo es autor de los poemarios Siendo en ti aire y oscuro (2004), Que en limpidez se encuentre (2007), Mientras viva el doliente (editado en España en 2010 y en Ecuador en 2014), Llamarse por encima de la noche (editado en Chile en 2012) y Juventud todavía, publicado en 2015 que además del Premio de la Crítica de Madrid, obtuvo el Premio Sarmiento' de Poesía 2017 de Valladolid.
Daganzo cultiva también la novela y el ensayo. Su novela Carrión obtuvo en 2018 el Premio de Narrativa Miguel Delibes de Valladolid y su ensayo Clásicos a contratiempo: (la música clásica en la era pop-rock), libro que  divulga la música clásica.
                                     Manuel López Azorín

















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