lunes, 1 de noviembre de 2021

Revista Calicanto: Monográfico dedicado a Jerónimo Calero

 

Revista Calicanto: Monográfico  dedicado a Jerónimo Calero

 


Calicanto, la revista de creación literaria que edita el grupo literario AZUER con sede en el Centro Cultural “Ciega de Manzanares” (Manzanares, Ciudad Real), en la actualidad dirigida por María José Maeso   y que  este número 33 lo dedica íntegramente  al poeta de Manzanares ya fallecido Jerónimo Calero.

(Jerónimo Calero fue cofundador de Azuer y cofundador  de Calicanto perteneció también al consejo de redacción de Calicanto y  aunque para  no olvidarle  tenemos su poesía, sus libros y también, algunos como yo, el recuerdo de la amistad y de algunos encuentros en actividades  poéticas como los encuentros en Valdepeñas en las bodegas A7, en el Empotro y sus tertulias  donde durante la década de los años noventa coincidíamos, así como en Manzanares. Calicanto, con este monográfico con 27 poemas de los diferentes libros de Jerónimo,  junto a unas introducciones de María José Maeso, y de poetas que pertenecen al consejo de redacción de Calicanto: Antonio Garcia Dionisio, Teo Serna, Cristobal López de la Manzanara   así como dos dibujos dedicados a Jerónimo del pintor  Teo Serna.  La portada es un dibujo-retrato de Calero de  Pedro Pérez VillegasAsí pues Calicanto le rinde homenaje al compañero, al amigo, al poeta.

Y aquí quiero recordar a este poeta  y lo hago con la última reseña que escribí sobre Jerónimo Calero sobre su poesía y, concretamente  de su libro Soledades, en 2016:

JERÓNIMO CALERO: SOLEDADES

 

De mis soledades voy, /a mis soledades vengo, porque para andar conmigo / me bastan mis pensamientos. Con esta cita del grandísimo Lope de Vega nos acerca el poeta manchego Jerónimo Calero (1946, Manzanares, Ciudad Real) su nuevo libro de poemas, Soledades publicado por Huerga y Fierro editores, Madrid, 2016. No podía haber elegido nada mejor que estos versos de corte tradicional, popular, aunque él, en este libro, emplee el verso mayor para hablarnos, con una poesía de pensamiento, reflexiva, honda, verdadera, , del hombre, de la soledad que le acompaña, del tiempo...: El tiempo: / irresoluto misterio que nos deja / en ese arcén ignoto de vuelta a los orígenes,

 Poesía metafísica con toques de testimonio vital, social, repaso del tiempo sucedido, de lo que pudo ser y no ha sido, de lo que es, en fin ajuste de cuentas con uno mismo y una sinceridad y sencillez de lenguaje (en apariencia, porque esa sencillez es lo que yo llamo la "difícil sencillez"),  pasmosa.

Jerónimo Calero es poeta para el que no existen modas, tan sol sigue las que les dicta el ritmo de su propia experiencia. De raíz campesina, Jerónimo debió sentir de cerca lo diario, lo cotidiano de los hombres del campo, su duro y laborioso trabajo y a ello aludió en sus anteriores poemarios: Del hondo lagar de la memoria (1999) y Huellas (ediciones Cantahueso, Madrid, 2000). Después, que yo sepa, nos llegó ¿Y quién es el que canta? (Cuadernos del Laberinto, Colección Fábula, Madrid, 2012). Porque, y nos lo dice en estas Soledades: "La poesía puede ser dos cosas: / un juego o un compromiso" Y para Calero, que sabe de las limitaciones de las especie humana, la poesía es siempre un compromiso (entre otras muchas cosas)



De Jerónimo Calero, dije en mi blog cuando reseñé su anterior libro ¿Y quién es el que canta? : se asoma a la poesía de la mano de su primer maestro de escuela, él mismo  lo ha dicho así: La poesía me interesó desde aquellos años de colegio en los que un maestro de escuela nos recitaba, con buena voz y mejor estilo, poemas de Gabriel y Galán, tan olvidado en nuestro tiempo, pero tan eterno en sus valores: "Mis palabras son fruto de la tierra que habito, / de una infancia arraigada en ese tiempo oscuro / en el que los recelos quemaron la inocencia, / de unas vidas en ciernes que al final florecieron / al amparos de manos que abrigaron inviernos / con el tibio aletazo de la supervivencia."

 


Así pues, en sus infantiles años le nació el  mágico deseo de decir poesía, de soñarla, de  crearla, de contar y cantar la vida en ella, de abrazarse a ese sueño de la poesía, sueño que aún persiste, que sigue vivo aunque en el fondo de sí, y de sus poemas, se denote la huella del que, de aquel sueño de soñarla, poco o casi nada espera ya. El poeta, el hombre, acepta con estoicismo lo que la llanura manchega proporciona al hombre: templanza al tiempo que sabiduría: No hay tiempo. / Ya no hay tiempo de describir la rosa / ni palabras que acierten a definir su aroma.

 

Jerónimo Calero nos desgrana con palabras sencillas, limpias, claras, cotidianas  todo su mundo de  vivencias y frustraciones, todo ese mundo de sensaciones  en su experiencia vital sucedida, con toda la ternura de lo que siente suyo y todo el escepticismo, pero sin encono, de esa misma experiencia: Aún así, no imagines encono en mis palabras, / solo van por derecho, como un agua en camino

De este poeta nos dice Francisco Caro: “De Jerónimo Calero hay que señalar su arraigada y frutal vocación por la poesía, lugar que habitualmente le convoca, tanto como hay que resaltar su escasa, por diversas circunstancias, presencia editorial.” Y es cierto, ha publicado poco; pero su necesidad poética, aun sin publicar, le ha llevado siempre, como decía Rilke, a escribir de aquello que conoce sin más preocupación que la búsqueda de palabras claras, precisas, que lleguen y toquen los sentidos: No le busques matices que no le correspondan, / son palomas torcaces en busca de un sembrado / donde nadie se apropie la potestad del viento.

La bibliografía de Jerónimo Calero, entre otras cosas nos dice que: se colocó de aprendiz en un establecimiento de telas de su localidad. Con el tiempo abrió su propio comercio de tejidos y en él se ha sucedido la vida, la poesía y finalmente se ha jubilado, pero solo del comercio de tejidos. Nunca de escribir poesía: No le busquéis más ciencia que la que da el esfuerzo / ni más bellos parajes que campos de silencio; / no le pidáis que en vano juegue con la sintaxis / ni que a su grupa lleve lisonjeras promesas. / Dejadla sí, que surjan del ritmo de una sangre / que sabe de infinitas mañanas de esperanza.

Y aunque durante toda esta etapa vital,  la poesía aparece y desaparece en su vida, como el Guadiana que riega su tierra, con desigual fortuna, el poeta continúa por el cauce que le marcan su ética y su estética: Podría dar un giro a los viejos recuerdos, / imaginar – no cuesta – que fui lo que no fui / o que inundó mis ojos un vuelo de oropéndolas.


 

Discreto, como decía yo al reseñar su anterior libro,, este poeta sigue caminando con la certeza de que la felicidad que le ha proporcionado, que le proporciona, la poesía no anda en los cenáculos ni entre los oropeles, no, porque su felicidad le ha besado la frente con los laureles del que necesita y disfruta  la creación poética junto al sueño de que la luz de la poesía le alumbre (antes en el sonoro silencio de su almacén de tejidos mientras confeccionaba, lírico, un traje de metáforas vividas, sentidas, experimentadas, a la medida de sus sueños, de sus dudas y de sus certezas) ahora donde quiera que vaya al viento de su tierra, al eco de su voz. . Por eso nos dice: Podría hacer poemas con alas de cristal / y lanzarlos un día a merced de los vientos. / Podría hacer un verso tallado en mármol rosa. / Pero llevo la tierra cincelada en la sangre / y recorren mi piel costurones de abrojos.


Los poemas de Soledades al igual que en su anterior libro ¿Y quién es el que canta? Pertenecen al mundo de la existencia y por tanto de su experiencia vital, de la memoria y, en este Soledades  además de reflexionar en torno a la ilusión, el deseo, el olvido, el amor y al invierno de la vida del hombre, también lo hace  sobre el desencanto que produce contemplar a éste en un mundo de egoísmos, insolidaridad  que, en ocasiones, labra un camino que parece llevar a la autodestrucción. Es por ello que Jerónimo Calero nos ofrece también su compromiso, su testimonio social, su reflexión sobre la vida el tiempo y el hombre: Escribo desde un tiempo que no admite metáforas /si no son las que caben en la entraña de un surco. / Desde allí mis palabras, desde aquellas raíces, / desde aquel vendaval de primeras urgencias.

 

Finalmente, el poeta, admirador de Antonio Machado y de algunos heterónimos de Pessoa, el poeta que busca, como ellos, la palabra sencilla, profunda y clara,  en sus dos últimas entregas poéticas parece, en su decir, hacer balance del camino recorrido, intentar ver hasta dónde ha llegado, porque, nos dice: La vida, / es un andar constante en pos de un sueño / o un sueño convertido en caminante

Y frente a estos versos me parece contemplar a un Eladio Cabañero desde su andamio: “El aire distribuye, igual que siempre, / sobre la tierra su piedad y su música:” o sus trenes de misterios, sueños y carencias: “era que el mundo estaba en otra parte” y  me parece ver también a un Claudio Rodríguez, siempre caminando y escribiendo en voz alta: “Dad al aire mi voz y que en el aire...” y me parece ver la figura cansada de don Antonio Machado caminando, recordando, por la playa en Colliure, "Estos días azules y este sol de la infancia" o tal vez que "se hace camino al andar".


Jerónimo Calero ha recibido multitud de premios literarios entre otros: Francisco de Quevedo (Villanueva de los Infantes), Certamen Literario de Peñaranda de Bracamonte, el Premio Barcelona de Poesía J.A. Goytisolo, el Certamen Internacional de Poesía Mística Malagón, el 2º premio Sexto Continente de Poesía Amorosa.  

                                    Manuel López Azorín


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