sábado, 27 de enero de 2018

Valentín Martín: "Vermut y leche de teta"




Valentín Martín: Vermut y leche de teta






Valentín Martín (Santa Inés, Galisancho, Salamanca) publicó este diciembre pasado el libro de crónicas y/o relatos Vermut y leche de teta. (Lastura, Ocaña. Toledo, 2017) con prólogo del que fuera profesor de Historia hasta su jubilación y poeta siempre, aunque  comenzara a publicar tarde, Francisco Caro.
Y de este magnífico prólogo (de alguien que, por otra parte no gusta especialmente de ellos y que, como yo, ha decidido no escribir ninguno más),  quiero traer aquí  este fragmento: 
 
"Aquel que fuera niño mimado de Manuel Alcántara, aquel viajero junto a Di Stéfano a Moscú cuando entrenaba al Madrid (Di Stéfano, no Valentín) o comía en bares vallecanos lentejas viudas con el obispo Alberto, el Iniesta obrero –Dios lo abrace–, aquel juornaliste que se bebió la vida sin perderse en las llagas de la sed, aún no se consiente el reposo.
Y porque sabe de lo corrupto del aire no renovado, aventa ahora estas crónicas de la trajinería madrileña trufadas de recuerdos, estas que tienes, lector, en las manos. Ni siquiera Noé en su arca florida reunió a tantos animales de telón y escena. Ni siquiera el bíblico galpón fue tan divertido y vario como estos repertorios de novicia y yogurt, tan aparentemente deslavazados, tan certeramente tramados. Tan sugerentes, tan imposibles de abandonar.
Los episodios que Valentín Martín trae en su bandeja de folios tienen la forma y los colores de un arco iris retorcido por el sobresalto. Y son, a más de una baraja de ilusionista en donde siempre aparece la carta diana, un fusil que dispara inteligencia y misericordia.
Hay en ellos tanta ternura a tientas como agudezas provocadoras. ¿Es posible reunir –me pregunto– a Usain Bolt, Heráclito, Jorge Semprúm en Buchenwald con las señoritas a domicilio visitadoras de Avon? ¿Todos en un mismo texto y lograr que la columna funcione como una cariátide adolescente? Sí, me contesto rotundo, sí, si su Fidias es Valentín Martín. Porque así es la vida, lo mestizo y caudal.” 
 

Fragmento que, en mi opinión, sirve para no escribir ya más sobre este libro de crónicas de Valentín Martin puesto que Francisco Caro ha hecho un trabajo impecable y difícil de superar sobre este periodista, ensayista, poeta que es Valentín Martín, pero me lo he pasado tan bien con su lectura   (he reído, me he emocionado, cabreado, asombrado, sorprendido...), que he decidido arriesgarme a escribir sobre este libro y  Valentín Martín  que es, según nos dice la portada de Vermut y leche de teta: “ un mirón de secano.”


Valentín Martín es periodista, escritor y poeta, ha publicado en la última década libros de  relatos  como La vida recobrada o Avispas y cromosomas; el ensayo Los motivos de Ultraversal y los poemarios Para olvidar los olvidos Poemario inútil, Los desvanes favoritos, Memoria del hermano amor, Estoy robando aire al viento, Suicidios para Andrea Mixtura de Andrea.
 
Yo confieso que conozco a Valentín desde no hace mucho tiempo y todavía no he leído ningún libro suyo de poemas, sí algún que otro poema suelto en las redes. Tampoco suelo reseñar narrativa en este blog, aunque lo hago en algunas ocasiones cuando me sorprende el autor como es este caso.
Antes de todo esto, allá por los años 60 y 70, escribió poesía  y ensayos: Veinte poetas palestinos y El periodismo de Azorín durante la Segunda República  y este fue el comienzo de un largo tiempo de dedicación a la literatura.  A la enseñanza le dedicó dos años de su estapa joven y el resto se los ha pasado ejerciendo la profesión periodística en diferentes medios de Madrid y , según ha dicho, escribiendo como búsqueda y como huida.

El caso es que  Valentín Martín suele escribir, para sí y para nosotros (o como yo digo: para saberme y sabernos),  y escribe unas crónicas  en las que mezcla el ahora con el ayer con un cierto surrealismo a veces, con irracionalismo otras, con humor, con aparente descaro o ironía y siempre con reflexión y emoción eso sí, aderezado todo con la agudeza de la sorna (o la “guasa” andaluza” aunque el autor sea de Salamanca), o la certeza del disparo con bala  de salva (sin rencor pero con sinceridad y como dice Caro con misericordia)  y, como el poeta que es,  usando la memoria para estos viajes de ida al pasado y regreso al presente para contarnos y cantarnos, en aparente y estudiado desorden y sentimientos de pérdidas  incluso de la actualidad más inmediata, con esa misericordia que don Quijote aconsejaba a Sancho cuando le decía: “Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino de la misericordia” Y por esta razón cuando las he leído (sin pensamiento de dádiva alguna) he disfrutado con estas crónicas a las que por otra parte ya me tenía acostumbrado y sorprendido gratamente en sus comentarios de la red. 
Sí, la red. Esa cosa sorprendente y extraña llamada red: facebook en concreto, que es donde suelo reírme, pensar, sorprenderme, leer con interés siempre , lo que escribe, sea lo que sea, este “mirón de secano” como se ha autodenominado este abuelo ya (y no creo que se moleste si se lo digo porque lo es y ejerce como tal y con gusto), que tiene , que yo sepa, un nieto de seis años que le da vida y le sorprende mientras otros dos, más pequeños, esperan su momento para sorprenderle igualmente. Lo nietos siempre lo hacen con los abuelos y nosotros, los abuelos, tan consentidores y tan escépticos ya de tantas cosas, aprovechamos cualquier  escrito que tengamos en mente para celebrar que ellos, los nietos, nos dan vida.   
 Hay ya tan pocas cosas que lo hagan… Algunas, como Lastura (Isabel y Lidia) que han reído y llorado al leer a Valentín y le han publicado y  Caro que le ha escrito su último prólogo con el afecto del asombro, la perplejidad y la admiración por el hombre que narra con humor y con amor y de tal modo que no hay nadie que lo haga como él y es que Valentín Martín es único (creo que ya lo  he dicho, pero lo repito): Vermut y leche de teta es un libro diferente porque Valentín Martín es único escribiendo. Y si no os lo creéis  id a comprarlo, leedlo y luego me decís.



                      
                                  Manuel López Azorín

3 comentarios:

fcaro dijo...

Cómo me alegro que coincidamos, Manuel, en el gozo divertido que supone la prosa de Valentín. uno no puede dejar de leerlo. Gracias por recomendarlo.

blog del poeta Manuel López Azorín dijo...

Francisco Caro: cómo no coincidir. Tú conoces bien a Valentín y yo pienso que su gran capacidad para confeccionar un hermosisimo plato de "Literatura fusión" (producto por otra parte de sus años de profesional ademas de don natural) hacen que degustemos y disfrutemos con este periodista-cocinero de muchas estrellas literarias. Que aproveche! Abrazo

mayusta perez dijo...

Es uno de los libros que más me han hecho reflexionar, reir, emocionarme y sentirme parte de esa "generación de hierro" que ya con los setenta a cuestas nos contamos los nietos, las canas y las singladuras. Suerte de tener estos "cabezas de lista" para testificar con su literatura tantas cosas de ayer, de hoy, de la vida. Abrazos.