jueves, 22 de noviembre de 2012

Rafael Soler: La vida en un puño




Rafael Soler: La vida en un puño


El mes de septiembre recibí un nuevo libro del poeta Rafael Soler. (A traves del correo quedamos en vernos en octubre para tomar un café y charlar un rato, pero como ando "retirado"  y durante este año no bajo a Madrid, no ha podido ser y por tanto no hemos tomado el café ni mantenido la charla prevista. Tal vez el 2013 venga mejor y podamos hacerlo) 

El libro que me envió es una antología en la que recoge parte de su obra publicada al tiempo que incorpora en ella, en un apartado final, unos poemas inéditos. Su título La vida en un puño (Servilibro, Colección Vagabunda, Asunción, Paraguay)

En abril de este año Rafael Soler estuvo en Paraguay, invitado por las editoriales Serviilibro y Asociación Pistilli Miranda. El motivo fue el lanzamiento de esta nueva Colección Vagabunda, que se inicia con un primer volumen dedicado a Rafael Soler.



El lanzamiento de La vida en un puño en esta colección (concebida con el objetivo de acercar al público las principales voces poéticas contemporáneas de la literatura hispano americana, española, portuguesa e italiana), tuvo lugar el diecinueve de abril en la ciudad de Asunción, Paraguay.

Con relación a sus anteriores poemarios escribí en su momento que Rafael Soler se dio a conocer, como poeta, en febrero de 1979 en el ciclo Poetas Nuevos, organizado por el Aula de Poesía del Ateneo de Madrid, nos trajo con Los sitios interioresSonata urgente), (Adonais. Ed. Rialp, 1980), un libro fundamentalmente intimista, pero sin el discurso habitual del confidencialismo que supone la confesionalidad. Libro innovador que, según dicen, provocó un cierto revuelo y, luego, también, un largo silencio por parte del autor.


Maneras de volver (Vitruvio, Madrid, 2009) supuso un regreso, tras el largo silencio de años, y su poética continuó con todo un despliegue de imaginación, de soltura, de buen ritmo y nos demostró ser un poeta que juega con la ironía desdramatizando la dureza de la vida en sus poemas y que es un poeta versátil. Maneras de volver me pareció como la película de un viaje, iniciado en Los sitios interiores, por el río de la vida hacia ese mar de simbología poética e ignoto siempre.



Más tarde, en Las cartas que debía (Vitruvio, Madrid 2011 ) se nos dualiza o desdobla como remitente y destinatario, con unos poemas donde el autor juega a ser uno y diverso, es decir él y nosotros al tiempo. Poemas dirigidos a personajes aparentemente ficticios para contar y cantar, desde su yo al nosotros su realidad y sus sueños. Poemas que hablan de los asilos de la marginación en ellos –nos dice– de la enfermedad, de los que buscan la ética y no la encuentran. Taller de escritura para versos sin futuro. Un repaso vital que habla de los poetas


La poesía, lo decía Claudio Rodríguez, es una aventura y toda aventura contiene su riesgo. El riesgo tal vez sea  vivir como dice Rafael Soler “porque siempre vivir te costará la vida”. Pepe Hierro no definía la poesía y siempre solía decir su ya conocido:” Y yo qué coño sé lo que es la poesía” pero terminaba añadiendo siempre que ésta sin la emoción se quedaba coja.


Grandísimos poetas, como Claudio y Pepe (entre otros muchos) han defendido la emoción y el ritmo casi por encima del resto (la técnica, la métrica, la forma de conformar el poema, etc.), pero ellos sabian que la premisa más importante para escribir poesía era  partir de una concepción formal para dominar el ritmo.
Y ellos, igualmente, sabían bien que la poesía es la luz, un fulgor que a veces alumbra, que ilumina y otras veces solo trae relámpagos, destellos fugaces que llegan y pasan dejando un efímero resplandor. Ellos sabían que la poesía es lenguaje, bien de arquitecturas verbales y fuegos pirotécnicos profusos o bien de difícil sencillez cotidiana. Ellos sabían bien que la poesía es intención, sugerencia, máscara defensiva frente a la confesionalidad... escribo / porque cuerdo de atar estoy que vivo / y soy apenas lo que he sido /el otro que en silencio habla /y al que escucho cuando escucho sorprendido. Ellos sabían que la poesía es un milagro que sorprende al poeta y también, en ocasiones, al lector. Ellos sabían que la poesía es ética y estética, coherencia en lo que se hace y en lo que se dice.   Y sabían también que todo esto debía de ir acompañado, fuera como fuese el tratamiento de llevarla a cabo,  de emoción

La vida en un puño, la antología americana de Rafael Soler, en mi opinión tiene ritmo y emoción y este poeta la capacidad de ofrecernos en aquello que escribe lo más necesario que debe de tener la poesía.



Francisco Caro
Otro buen poeta (¡Dios cuantos poetas y algunos con cuanta capacidad para emocionar!) Francisco Caro nos ha dejado escrito sobre Rafael Soler: Rafael, es bien sabido entre la farándula poética madrileña, logró retener tal tatuaje escondido durante algunos, bastantes años, hasta que hace poco estalló de manera stramboliana. Volvió proyectando hacia los vientos su manera de ser, manteniéndose en el estar. La emoción en su poesía es tan auténtica que nunca se desboca, que aguarda retenida en la pausa o el silencio, agazapada, esperando el zarpazo que sorprenda la inteligencia del otro, la sensibilidad del lector, del oyente. Le basta para ello con la sabiduría de contar historias, instantes, de los hombres que viven los bordes, y de su hacer. Observación, provocación, sugerencia, proyecto: tales son las materiales para sus avisadas herramientas.  Nada extraño su éxito, su posición central en el respeto y las consideraciones de sus semejantes, de sus lectores, de su editor. (…) Con ella ha inaugurado una primera, y selectísima, colección poética.

El poeta Rafael Soler fotografiado por Rafa Montesinos Calvo

Rafael Soler escribe por necesidad por encontrarse, por su mirada poética, esa que escudriña la vida, su realidad y luego la trastoca, a través de su mirada en otra realidad ya poética.  Esa mirada que ahora sentía necesidad de decir, tenía algo que decir y este algo nos lo muestra en once nuevos poemas en esta antología, once poemas que sumarán, imagino, un nuevo libro en su momento. Escribe sobre temas universales: la muerte, el amor, la ética, la mirada del perdedor, la emoción…El poeta es una mirada –nos ha dicho– es capacidad de asombro, es necesidad. Y emoción y ritmo.

Ingeniero y sociólogo, Rafael Soler es profesor titular en la Universidad Politécnica de Madrid desde hace más de treinta años. En la actualidad desempeña el cargo de Subdirector de Relaciones Internacionales.

Este es uno de los once poemas inéditos y el que cierra esta antología que merece ser leída y releída.

Toma buena nota, y calla

Y tú

benéfico pardillo

¿vives como hubieras querido vivir si te dejaran?


¿qué quedará de tu cuaderno

dentro de seis años de diez o de cincuenta?

¿tanto tiempo te queda para tallarlo a tinta?


¿no hay suficiente texto impreso en las pescaderías

en las páginas salmón que Lucifer confunda?


¿no disfrutas con el ocio compartido

las aceras y sus piernas?


escribo porque cuerdo de atar estoy que vivo

y soy apenas lo que he sido

el otro que en silencio habla


y al que escucho cuando escucho sorprendido.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Julia Conejo Alonso: Muñecas recortables






Julia Conejo Alonso: Muñecas recortables



¡Volver a ver el mundo como nunca / había sido…! Con estos versos de Ángel González se inicia este  primer libro publicado  de Julia Conejo Alonso que obtuvo el Premio de poesía Joaquín Benito de Lucas 2010 y que fue publicado en la Colección Melibea (Ayuntamiento de Talavera de la Reina, Toledo, 2011), su título: Muñecas recortables.

Volver…conciencia de revivir otro tiempo, poesía sin artificio, pero poesía con emoción, hechos cotidianos construidos con palabras de claridad y ternura. Un tiempo que vive en el silencio de la memoria y los afectos, una realidad que se trastoca, con el lenguaje, en realidad poética: A jersey no han llegado todavía / las redes de internet, / ni los ipods, / ni las pantallas táctiles. / Porque en cualquier rincón de Jersey / siempre es verano del 91 / y siempre hay un teléfono que suena / para anunciar la muerte de mi padre.

El encuentro con una voz fresca, nueva, leída por primera vez me deja la puerta abierta de par en par para adentrarme en este poemario de Julia Conejo Alonso, para adentrarme en los sueños de su infancia, en sus momentos reflexivos de importancia, en sus temas sobre recuerdos cotidianos cargados de delicadeza, de ternura, de afecto, de dolor…
Julia Conejo Alonso

  Volver a ver… Volver a soñar. Recuerdos perdidos que regresan plenos de tristeza o de alegría. Recuerdos que reflejan realidades amargas, heridas de soledad, incomprensible dolor que se queda también para siempre en la memoria. La tristeza y la alegría entretejen la cuerda del tiempo que nos deja su huella, que nos ata a la vida, pero ya sabemos que Todos llegamos a la meta / en el último puesto.


Un poemario original, fresco, que nos habla  de  la infancia, de la vida cotidiana, la muerte... Julia Conejo tiene una manera muy personal de dar forma a los poemas, de elaborar sus poemas.


La memoria del padre omnipresente en este poemario abre y cierra éste como un círculo que pretendiera contener en él, un hermoso paquete del color de la amarga dulzura, como regalo que dedica a su madre.
Una niña bizcocho que, pasado el tiempo, reclama el ayer para contemplarlo con los ojos de ahora, para no vencerse, para trastocar lo que pudo haber sido y no fue: Tú si hubieras escuchado: / Mi llanto tiene acordes aprendidos / en los pliegues sinuosos de tu cara. / Me hubieses mirado / con ternura infinita. / Me hubieses hablado / del dolor de existir, / con el corazón a la intemperie, / desangrándose / en todos los rincones.



Un libro donde la emoción acompaña al poema. Una emoción como núcleo de esa matriz de la literatura que decía un poeta amigo mío que es la poesía. Hay en los poemas de Muñecas recortables, nos dice la autora: un exceso de ternura /una acumulación exagerada / de abrazos contenidos. Y precisamente por esa contención de los afectos, esa delicadeza de lenguaje y ese entramado amargo de mi  (su) alma, como nos dice en uno de los poemas, éstos van adquiriendo más y más hondura según avanzamos en su lectura y una belleza original llena, también, de desamparo la infancia y juventud del sujeto poético.

Infancia: la patria del hombre, la del poeta, como decía Rilke, abrazada a los sueños de la memoria y a la realidad de la vida.


MEDALLAS QUE PERDIMOS

Todos somos enanos malcrecidos

arrastrando a paladas decepciones

de hierro

que pesan en la espalda

como tres universos infinitos.


Nadie ha ganado el premio.

Ni recordamos ya con qué medallas

Soñábamos

cuando veníamos corriendo


Todos llegamos a la meta

en el último puesto.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Rafael Escobar Sánchez: Todo el mundo debería ser apedreado










Rafael Escobar Sánchez: Todo el mundo debería ser apedreado


Rafael Escobar Sánchez


A través de Joaquín Benito de Lucas recibo los libros que se vienen premiando, año tras año, en el premio que lleva su nombre, premio instaurado por el Ayuntamiento de Talavera de la Reina hace tiempo (Creo que esta convocatoria de 2012 será la número 28.) Recuerdo que, cuando yo me presenté a este premio estaba destinado a poetas noveles o que tuvieran publicado uno o dos libros a lo sumo.

En la última ocasión que coincidimos para fallar un premio (no este, otro) Joaquín me trajo los  últimos premiados que habían sido ya publicados en la Colección Melibea (los de 2009 y 2010). El primero de ellos cronológicamente pertenecía a un joven conquense llamado Rafael Escobar Sánchez y el libro merecedor del Premio de Poesía Joaquín Benito de Lucas, tenía un título que, cuando menos, invitaba a ser leído: Todo el mundo debería ser apedreado. Y eso hice.


 Comencé por saber que este joven y novel poeta es natural de Belmonte (Cuenca), que está Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Castilla la Mancha y que, desde 2003, anda trabajando como profesor de Enseñanza Secundaria. En la actualidad en el IES Jorge Manrique de Motilla del Palancar. Asimismo he sabido que en 2005 ganó el Primer Premio del Certamen de Jóvenes Artistas de Castilla-La Mancha en la modalidad de poesía. También que ha sido seleccionado para la antología de joven poesía manchega Inmaduros de Jesús Maroto, y que ha publicado poemas en varias revistas literarias como la prestigiosa revista Turia.




Leí los veintitantos poemas que componen el libro y sentí los ecos de algunos poetas y escritores americanos como Raymond Carver, cuando contaba lo esencial, despojando la poesía de elementos que no fueran necesarios… pero en este libro, sin embargo, veía esto envuelto en un lenguaje más ornamental, mas recargado.


He visto en este libro la utilización de elementos mínimos, básicos, para contar historias, como los minimalistas, cotidianas en cuanto a hablarnos de lo esencial, lo básico, no en el lenguaje, cotidianas  sí,pero que trasmiten emociones intensas en un tono coloquial y me ha recordado también al escritor británico afincado en España Roger Wolf aunque con un lenguaje más barroco.

Me ha recordado, en suma, al llamado realismo sucio (un realismo enmascarado que trata de ocultar, sin conseguirlo, naturalmente supongo que a propósito, una fragilidad que, a mi juicio, hace que el libro crezca y que el lector se identifique con esa honda manera de mostrar un fondo nada emparentado con el llamado realismo sucio sino con esa fragilidad a la que me refiero), todo ello con un lenguaje más elaborado y al mismo tiempo con ecos de la poesía de Jaime Gil de Biedma.

Pero, además de contarnos y cantarnos un mundo mal hecho, imperfecto, donde prima y se abraza al escepticismo, y el perdedor se alza en protagonista…he visto cómo la tradición le sirve a Rafael Escobar Sánchez para ofrecernos este poema contundente y con intimismo, descarnado, reflexivo y, seguramente autobiográfico, donde nos confiesa que : supe de mí que ya sería tirando a insociable, /sentimentalmente montaraz, / que perdería los epicentros de mi vida solo en recintos abrasados / mientras adentro me medía con el navajazo de los instintos.


El título de este libro Todo el mundo debería ser apedreado, me recuerda a una canción aunque no recuerdo cual. Pero no importa, lo que sí importa, me parece a mí, es comprobar que tras la dureza de este “aparente realismo sucio” existe un trasfondo de gran fragilidad. Fragilidad que destaca, y muy bien, el poeta Miguel Ángel Curiel, que en la solapa de este libro nos dice: Un título violento para un libro frágil, de honda fragilidad: puro cristal, a veces ahumado para ver el eclipse y otras transparente para ver la vida. El autor, como el cristal, se rompe en cientos de pedazos: (…) La realidad se rompe en cientos de pedazos delante de sus ojos, él se rompe a la vez, (…) El autor de este libro se define poeta barroco. El libro lo es pero de una manera que no asusta y entorpece su lectura. No esconde y sí muestra.

La poesía, casi siempre, dice más de lo que dice el poeta. Leed este poema (claro que también podríais leer el titulado Gran ganga o El hueco del moribundo, o ... mejor, comprad el libro y leedlo todo)

VERDURAS DE LAS ERAS



En su copla XVI, Jorge Manrique

carga contra la mentira de la cortesanía y los placeres de salón

con una de sus imágenes descendentes, brutalmente expresivas,

verduras de las eras,

y, caso paradójico, lo que para el poeta fue materia de filípica,

excusa para desenmascarar la fauna pomposa que nos rodea,

fue para mí, nada menos, que el sorbo de la infancia,

ese espacio de delirio y libertad que justifica el haber estado vivo.

  Cuando era niño, mi casa se levantaba solitaria entre descampados,

me rodeaban trochas, barbechos, calvones resecos que morían inservibles,

salvo una vez al año, en la bendición equinoccial de la siembra,

cuando rugían en bandadas los tractores y su insolación

se aliviaba con la cópula del trigo,

allí se me tiñeron las manos, los ojos, del carbón de los olivos, se me enquistó el corazón del tamo y la caña de los cardos, allí jugando las horas muertas a la “batalla de espigas”,

al balón y las bicicletas

me crié tan asilvestrado, tan bastardo convencido de la lluvia y el sol,

supe de mí que ya sería tirando a insociable,

sentimentalmente montaraz,

que perdería los epicentros de mi vida solo en recintos abrasados

mientras adentro me medía con el navajazo de los instintos.


Hoy, que han saqueado mi reino con corralones, con pardas edificaciones chatas

y la memoria de mis pasos se extravía en cagajones de cemento,

veo muros adentro esas eras y las sigo considerando peculiares, mías,

la habitación propia que se urden en el sótano todos lo chiflados,

puedo, por privilegio del ocio y el aburrimiento, darme el lujo de alguna evocación

de una retrospectiva que no consuela, ni menos aún enseña,

por más que sepa que ninguna de aquellas horas me será devuelta,

que estas desbocadas del recuerdo como menstruaciones tímidas

son también devaneos, cotizaciones a plazo fijo de los cementerios.

lunes, 29 de octubre de 2012

Eladio Cabañero: Va y viene la memoria



Memoria poética.


Eladio Cabañero: Va y viene la memoria


Esta última entrega sobre el poeta Eladio Cabañero se había quedado pendiente de acabar. No ha sido hasta hace unos dias que la terminé (aunque ya casi estaba terminada a primeros de septiembre no pude retomarla para concluir esta Memoria poética hasta ahora) Aqui la dejo para quienes quieran leerla, para quienes quieran acercarse (tras leer ésta y las anteriores entradas sobre Cabañero), a leer la poesía de este hombre bueno y buen poeta.


  Con un lenguaje muy suyo, Eladio Cabañero escribió sobre el hombre y del hombre, escribió de amor y por amor, escribió poesía social (o testimonial, como quieran). Lúcido y pasional siempre, solo y desamparado casi siempre y con él siempre el origen de la palabra clara. Eladio alcanzó las cotas más altas con las palabras más sencillas, cotidianas y abrazó la memoria para nunca olvidar. La voz de Eladio Cabañero nos trajo el latido del lenguaje manchego, su voz nos llegó, campesina e intensa, cargada de sentido.

Me contaba Pedro A. González Moreno sobre Eladio cuando supe que ambos se conocían y eran amigos y a propósito de una anécdota personal: La verdad es que tuve la suerte de estar próximo a sus afectos, y él nunca dejó y nunca dejará de estar dentro de los míos. Escribí algunas páginas sobre él (como sobre tantos otros), y algunas de ellas se publicaron en "Aproximación a la poesía manchega". Este ensayo lo publicó González Moreno en la Biblioteca de .Autores .Manchegos (Ciudad Real, 1988)

Pedro A. González Moreno

  Continúa diciéndome Pedro: Lo que no conocía era esa divertida anécdota que me cuentas (se refería a una pequeña broma sobre los dos en referencia al Premio Joaquín Benito de Lucas), él era así de socarrón, siempre tenía alguna pulla reservada... Y al final también es verdad que se fue quedando un poco solo, un poco más solo de lo que había estado siempre.

Paca y Félix

El Ayuntamiento de Tomelloso le concedió la medalla de oro de la ciudad, creo que fue cuando falleció en el año 2000, pero antes le había nombrado Hijo predilecto. Félix y Paca (me refiero a Félix Grande y Francisca Aguirre), se acercaron a Tomelloso para acompañar a Eladio Cabañero en ese día (No recuerdo la fecha exacta pero sé que fue por los  años noventa y dos o  noventa y tres más o menos.) De lo que me contaron surgió este poema que os dejo al final y que escribí por aquel tiempo para este hombre bueno, protestón y bueno que siempre, al igual que Pedro A. González Moreno, leeré y recordaré. Murió un 22 de julio de 2000 (este día siempre anda en mi memoria pues Claudio Rodríguez, un año antes, el 22 de julio de 1999, se nos fue para siempre también aquí, en Madrid.


Claudio Rodríguez


Eladio Cabañero, siempre, socarrón y risueño, era hombre con el que podías hablar de poesía y de poetas, y conversar de las cosas más sencillas y cotidianas pues al igual que Claudio Rodríguez se mostraba tal cual era, eso sí más gruñón

Tras mis tres entradas del 31 de mayo,  1 de julio y 20 de julio de este año sobre Eladio Cabañero he leido en el blog de Manuel Rico "Al margen" una entrada que Manolo titula "¿Quién lee hoy al poeta Eladio Cabañero? " que,  creo, viene a complementar las entradas que hice anteriores y esta que andaba pendiente de "colgar" y que hoy  os dejo aqui adjuntando   un interesante fragmento del artículo de Manuel Rico que dice así: Decía que Eladio Cabañero era coetáneo de la generación del 50. Fue antologado dentro de ella por algunos especialistas y críticos. Andrew P. Debicki, lo integró en su espléndido ensayo Poesía del conocimiento. La generación española de 1956 - 1971. Leopoldo de Luis en Poesía social española contemporánea (1965), Francisco Ribes en el ya citado Poesía última (, Antonio Hernández, en La poética del cincuenta. Una promoción desheredada (1978).... y poco más. No estuvo en la canónica de Juan García Hortelano y no estuvo en ninguna de las que consagraron los nombres de su generación, ni siquiera en las que, como Poetas españoles de los cincuenta, de Prieto de Paula (2002), o La promoción poética de los 50, de Luis García Jambrina (2000), se publicaron tardíamente, con una perspectiva histórica consolidada.



Dibujo de Eladio Cabañero realizado por Jesús Muñoz

Su mirada, no obstante (quizá eso explique el olvido en que vive su obra y su desaparición de la mayor parte de los recuentos), era muy diferente a la que dominaba entre sus compañeros de generación. Debicki lo señala en el estudio citado: "Los antecedentes sociales de Eladio Cabañero difieren considerablemente de los demás poetas de su generación. Nacido y criado en la pequeña ciudad de Tomelloso, Cabañero trabajó como peón en su juventud y tuvo una formación en gran medida autodidacta hasta su llegada a Madrid, cumplidos ya los treinta".


Creo que ahí está la clave. Fue un niño de la guerra que la vivió, no desde la cierta comodidad con que la evocan (un tiempo de felicidad, sin obligaciones, unas largas vacaciones...) poetas como Gil de Biedma, Caballero Bonald o José Agustín Goytisolo, entre otros. Su origen de clase hace que su mirada no sea la mirada crítica e irónica hacia la propia clase (Gil de Biedma), sino una mirada desolada, de sufrimiento, marcada por las desapariciones ("Muchos ya no volvieron. / Algunos no volvieron a echar hato los lunes / para irse de semana, a la vendimia") , por la muerte del tiempo feliz de antes de la guerra y por la sombra de la posguerra ("y a los niños dejaron de querernos. / Y nosotros, mis primos, mis amigos / no volvimos tampoco de la guerra").
Los que leemos a Eladio Cabañero como Pedro A. González Moreno, Manuel Rico, y muchos más incluido yo...  no nos olvidamos ni de él ni de su poesía y es que Eladio Cabañero, como me comentaba algunas veces Pepe Hierro, era el hombre del pueblo, desamparado, que escribía con hondura para los desamparados y no podemos olvidarnos de él porque como él mismo dijo: Como el olvido es malo, nunca olvido,




Eladio Cabañero y Pepe Hierro

Estudios sobre Eladio Cabañero se ha hecho algunos anque, en mi opinión, no demasiados. Al margen de la introducción para su antología Señal de amor que escribió Manuel Rico (y que ya he mencionado en otra entrada) están también los que hicieron Manuel Ríos Ruiz, La poesía de Eladio Cabañero, en Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 262 (1972), págs. 151-167. El homenaje a los poetas Eladio Cabañero y Félix Grande. Tomelloso, marzo de 1982. Alambor. Revista de la Asociación Cultural de Tomelloso, número 1. Andrew P., Debicki, Eladio Cabañero: imágenes, estilo, efecto, en Poesía del conocimiento. La generación española de 1956-1971, Madrid, Júcar, 1987, pags. 257-280. Un Homenaje a Eladio Cabañero en la revista La Estafeta Literaria, VII Época, núm.13. Madrid, 2000, y Esteban Rodríguez Ruiz, que en 2004 escribió: Eladio Cabañero: una mirada hecha verso. Aproximación a su poesía, Tomelloso, Soubriet, D.L.
  No fue Eladio poeta de muchos premios, obtuvo algunos como la Flor Natural en los I Juegos Florales del Trabajo de Barcelona (1959), el Premio Nacional de Poesía (1963), el Premio Juventud (1971), Premio Gran Hotel y el Premio de la Crítica (1971)

La única obra en prosa de la que yo tengo noticia fue La Mancha. Un ensayo preliminar de Eladio Cabañero con fotografías de Josip Ciganovic, Madrid, Clave, (1968)

Os dejo aquí el poema que escribí para Eladio con motivo del reconocimiento como "Hijo predilecto" que le otorgó su pueblo, Tomelloso, y que años después incluí en el libro Azul de los afectos.


VA Y VIENE LA MEMORIA


                              Para Eladio Cabañero

Eduarda Moro, Eladio Cabañero y Manuel López Azorín


Como un recordatorio

que ya será perenne en la memoria,

tu pueblo – laudatorio –

te introduce en su historia

ofreciéndote, al fin, honor y gloria.



Paca y Félix me cuentan

que te nombran el hijo predilecto.

Imagino las cuencas

de tus ojos, volviendo

a tu raíz de niño y de lamento.



Visión inexplicable

de un tiempo incomprensible en la mirada,

con la muerte, y el hambre,

con el asombro a espaldas

del niño que no entiende, que no calla,

del niño que, al ser hombre,

defiende con sus armas – las palabras –

lo que no pudo entonces:

un pueblo, y una casa,

una idea, y un nombre ¡Con sus armas!



Versos de verde trigo.

Pan de mañana para el jornalero.

Cuántos días sufridos,

cuánto sudor el precio.

Hay más llantos que risas de promedio.



Yeso blanco y palabras.

Semánticos ladrillos por cimientos.

Se levantó la casa

que el odio tiró al suelo

y en sus ventanas le florecen versos.


Del libro Azul de los afectos (2001)




martes, 16 de octubre de 2012

Fulgencio Caballero: La caja de membrillo

Fulgencio Caballero: La caja de membrillo




Al regreso de las vacaciones de verano me encuentro en casa un paquete que me envía una pareja de Moratalla, María y Nicolás, dos buenos amigos que forman parte de mi familia de afectos. En el paquete una carta de agradecimiento por mi poesía, que tienen y que leen, y el regalo de un libro con el título de La caja de membrillo cuyo autor es un amigo suyo de Calasparra llamado Fulgencio Caballero (Calasparra se encuentra a unos 11 o 12 Kms de Moratalla , el lugar de nacimiento de estos buenos amigos y también mío, un hermoso pueblo del noroeste de Murcia donde viví los primeros años de mi vida)

Moratalla (Murcia)


Abro el libro y leo la solapa de la portada donde me entero que Fulgencio Caballero es de origen calasparreño aunque nacido en Barcelona en 1966.Su paso –dice en ella– por el Instituto Monserrat y por la Facultad de Derecho de Barcelona marcará para siempre su pasión por la historia gracias a la influencia de profesores y compañeros. En el año 1986 se traslada definitivamente a Calasparra, la tierra de sus padres y abuelos, un pueblo donde la cercanía a las personas mayores consolida su idea de que la verdadera historia está en los personajes anónimos.

Su profesión es la de asesor fiscal aunque las letras son su verdadera pasión. Buscando calidez en la literatura nunca ha dejado de disfrutar con la lectura. La novela clásica y contemporánea, han llenado sus largas noches de insomnio.



En el año 2008, en Calasparra , Fulgencio Caballero toma la decisión de escribir su primera novela encontrando en su abuelo un indispensable colaborador para narrar una áspera historia de perdedores que le llevaría a colarse con La caja de Membrillo entre los diez finalistas del LIX Premio Planeta. Los diarios La Opinión, La Verdad y La Vanguardia dieron cuenta de la noticia.

El diario La verdad decía el 29 de octubre de 2010: El pasado quince de octubre aquella caja metálica, repleta de ásperos recuerdos de toda una vida digna de admiración y respeto, resonó con dignidad en la gala de entrega de los LIX premios Planeta. Ese inolvidable día una deuda de gratitud quedaba saldada.

Como sólo se publica el Premio y un finalista, La caja de membrillo se quedó con la alegría dulce de encontrarse entre las diez novelas seleccionadas al Planeta y la amarga tristeza de saber, al tiempo, que La caja de membrillo se quedaría con la aspereza de la cáscara y sin la dulzura, no ya del premio, que para ser su primera novela debió suponerle un premio el hecho de quedar finalista, sino del fruto de la publicación. Con muy buen criterio Fulgencio Caballero se decide finalmente por la autoedición y la novela sale publicada en 2011.


Calasparra (Murcia)

Así pues este calasparreño, que escribe su primera novela mezclando ficción y realidad para contar la represión franquista y la historia de su familia, unidas en una narración que anda dentro del género de novela histórica en cuanto que la documentación aportada por el autor ha tratado de ser fiel a ese tiempo aunque en ella se incluya un argumento ficticio y a la vez entretenido, porque tiene, me parece a mí, mucho de investigación policial o detectivesca y esto hace que su lectura resulte amena para el lector ( es, en definitiva, una novela, repito, de realidad y ficción, ajustada a una época concreta) ha tenido que autoeditarse para poder ver publicada una novela seleccionada entre las diez finales que optaban al Premio Planeta. Ni más ni menos (Cómo está el mundo editorial,¡ Señor, Señor!) Lo importante es, según creo, que ya va por la segunda edición.



En las 264páginas que componen La caja de membrillo sucede esta dura y hermosa historia de amor, de odio y de reconciliación, una historia de valores que el autor nos presenta a dos voces. La voz de Jaume, un amigo de la heredera, que nos cuenta lo que va sucediendo en el presente , y otra voz, que narra en tercera persona, y nos traslada, retrotrayéndonos en el tiempo, a un  pasado en el que nos va mostrando acontecimientos que descubren el hilo conductor y aclaratorio de las causas y las consecuencias de esta historia en la que los versos del poeta Miguel Hernández y una cita de la Biblia impregnan de humanidad esta narración sucedida en la España del siglo XX y que abarca el tiempo de la República, continúa con la Guerra Civil (1936-1939), sufre una terrible postguerra, soporta una larga dictadura que duró hasta el año 1975 y que (con un salto en el tiempo que va desde la guerra civil y postguerra al primer decenio del siglo XXI), concluye en la actualidad y todo ello con dos escenarios principales que son Calasparra y Barcelona.

Barcelona

En la contraportada del libro podemos leer: El cielo y el infierno de la casa que acaba de heredar María esconden su asombroso pasado familiar. Las entrañas de la casa de la abuela Águeda guardan celosamente una historia de amor y odio. Una historia de héroes anónimos que lo dieron todo por unos ideales sin esperar nada a cambio. Un relato escrito de modo coloquial, con lenguaje sencillo pero preciso. El hecho de escribirlo así, sin escritura críptica ni términos especialmente difíciles, sin barroquismos ni arquitecturas verbales de laboriosa complejidad, hace que su lectura sea accesible a todos los lectores. Yo he disfrutado con ella y, aunque aquí, generalmente sólo reseño poesía, os recomiendo su lectura.

lunes, 8 de octubre de 2012

Pepe Ramos: la ansiedad del escapista





Pepe Ramos: la ansiedad del escapista



Tras un silencio de una década, mañana martes nueve de octubre el poeta Pepe Ramos (Madrid, 1971), nos presenta a las 21,30 de la noche en la Sala Triángulo (Calle Zurita nº 20 de Madrid), un nuevo poemario La Ansiedad del escapista (Huacanamo. Barcelona, 2012).


Libro en una muy cuidada edición que he leído con muchísimo interés dado el largo silencio de este poeta joven que conocí hace ya casi veinte años cuando animado por otro poeta amigo suyo Juan Miguel López Merino (en la actualidad en la universidad de Berna), además de escribir narrativa se metió de lleno en el panorama poético con poemas de su autoría y con el hermoso proyecto de crear, junto a otros compañeros, una revista poética que se llamó El pájaro de papel y que se inició en la trastienda de una librería con nombre de poeta universal, Federico García Lorca, y con el beneplácito de su dueño, el muy singular Apuleyo Soto, poeta, narrador y dramaturgo. El pájaro de papel voló durante unos cuantos números auspiciado por la Casa de la Juventud de Alcobendas y con el tiempo, cuando su progenitor comenzó a volar en solitario, desapareció.

En narrativa, Pepe Ramos publicó los libros colectivos Sobras incompletas (Vosa, 1995), aún recuerdo la presentación de aquel libro y lo emocionados y alegres que estaban sus autores y Tres pájaros (Crepitus, 2001).

Su primer poemario fue Sámsara (Crepitus, 1998), le siguieron después La copa rota (Línea de fuego,1999), y Cinco formas de dar pena (Crepitus, 2002).

La ansiedad del escapista, el nuevo libro de Pepe Ramos, tras leerlo, tras detenerme en sus siete secciones o apartados continúo viendo al poeta que se defiende del mundo con ironía y que juega a mostrar en su juego que la palabra también nos enseña a reír con la poesía ( Aquel “je ne sais quoi” / de la penúltima poetisa revelación, / su irritación existencial, / las erupciones perpetuas / de su volcánica naturaleza / y aquella picazón a flor de piel / que tanto alabó la crítica //// resultaron no ser más / que una venérea / muy extendida en el mundillo.), al tiempo que a pensar metapoéticamente y con hondura: Deja cada noche /tras de sí / un rastro escrito / con sus propias huellas / que puntualmente lee / cada mañana / más que nada / por si revelan / quién es, / de dónde viene, / y en mi caso / sobre todo / de qué va. A esta primera sección la titula Pepe Ramos Las cosas por su nombre.



En la tercera sección (omito la segunda para hablar después de ella), nos presenta el autor una serie de poemas críticos con la sociedad del momento y al modo del ancestral sistema chino "feng shui", trata Pepe Ramos de dar testimonio del ahora para, si fuera posible, mejorar la vida que nos toca vivir, eso sí siempre con la ironía que caracteriza a este poeta escapista.

En los poemarios de Pepe Ramos no faltan nunca los poemas de amor- desamor y las ausencias numeradas tampoco. La cuarta sección va de eso. Uno de desamor con mucha rabia, mucha tristeza y mucha decepción para variar: Del mismo modo en que a veces nos confundimos / y saludamos a alguien que no conocemos/ y nos alargamos en una charla tensa, / tan difícil de seguir como de cortar, / algunos se casan y tienen hijos.



Hasta ahora este poeta había escrito poemas –dice él –sexuales y en este poemario, en su sección quinta cambia el registro y nos habla de lo que Luis Alberto de cuenca denomina "La pornografía de los ricos", es decir el erotismo como en este poema que titula Tanga:



"Ni tu reputación ni yo estuvimos nunca tan pendientes de un hilo

                                 nadie se dio cuenta

                                        del bulto

                                         pero

                                          no

                                          sé

                                          si

                                         tú

                                         sí"





Otra de las temáticas recurrentes de Pepe Ramos es la de la autolesión. En la sección sexta que el poeta titula Váyase a la mierda con Pepe Ramos, continua practicándola. A un buen amigo mío un equipo de oncólogos le dijeron un día: si te preguntan por tu salud, tú di siempre que estás bien. Si lo haces así tus amigos se alegrarán y aquellos que no te estimen se sentirán jodidos por ello: Revuélcate en tu mierda a diario. / Siéntate frente al espejo / y échate en cara tus defectos (…) Que nadie sea capaz de añadir/ más dolor al que tienes (…) Tómalo como algo personal. Construye tu propio Holocausto. Que se jodan tus enemigos.

En la sección número siete y última de este libro Pepe Ramos nos ofrece una serie de aforismos que el denomina Evasivas: No des explicaciones nunca: la gente lo confunde con excusas.

Y finalmente la sección número dos, la que da título al libro. La que omití a propósito al comenzar esta entrada porque me parece a mí que esta sección es el núcleo de todas, la raíz de la poesía de Pepe Ramos. En este libro (en su totalidad) todas estas secciones, bien diferenciadas entre sí, están al mismo tiempo, al menos así lo pienso yo, conectadas, cada una con las demás, por el hilo conductor de la palabra, palabra como motivo de huida, de afirmación o de pregunta, de sugerencia, de sorpresa verbal en ocasiones, de sentencia o de juego visual que no es, en el fondo, tan juego sino todo lo contrario. Exploración reflexiva cargada de metapoesía, metafísica adornada de florituras irónicas, Ironías aderezadas de erotismo, Autolesiones como ataque para una mejor defensa del yo con toda su carga de duda, miedo, inseguridad (como todo mortal que sea sincero), en suma un gran ejercicio poético con lenguaje de difícil sencillez para mostrarnos una poesía verdadera, muy suya, y plena de matices que pintan desde la pátina colorista de la superficie risueña hasta el hondo y desasosegante pigmento del interior que todo ser humano lleva dentro de sí.

La ansiedad suele ser un estado de inquietud del ánimo. Ésta, cuando es generalizada, hace que ese estado de inquietud produzca lo siguiente: Una mariposa bate sus alas en Pekín / y a mi me falta el aire. El escapismo, en psicología, es dicho con palabras sencillas, el modo de huir, de eludir la realidad y Pepe Ramos (o su sujeto poético en este caso) trata de escaparse de esa realidad pintándolas con colores atrayentes y alegres aunque debajo haya capas y capas de pinturas negras. La ansiedad del escapista me ha emocionado. Esto me ha hecho recordar una anécdota: A Pepe Hierro le preguntaron en cierta ocasión , ¿Qué es la poesía? Él contesto: ¡Y yo qué coño sé qué es la poesía! Algo que te emociona, terminó diciendo. Pues eso, repito que este libro de Pepe Ramos La ansiedad del escapista, me ha emocionado. Emocionaos vosotros también porque esto, amigos, es la poesía (entre otras muchas cosas)

Pepe Ramos ha sido antologado en New spanish poetry (Nueva poesía española), Poemas para cruzar el desierto, Siete samuráis, Agua, símbolo y memoria, Poesía para bacterias, El tejedor en…Madrid, Polwysep w wierszu (Península en verso), Poesía en sidecar, Poesía en Los Jacintos y Diez de diez.

Ha coordinado la antología de poesía madrileña Poesía Capital (Sial Ediciones, 2008). Parte de su obra se ha traducido al inglés, al italiano y al polaco. Ha trabajado entre otras muchas cosas como redactor, profesor de talleres literarios y guionista de videojuegos.

LA ANSIEDAD DEL ESCAPISTA

Muere la tarde como cada tarde

y anclado al fondo gris de la cordura

aguarda tenso a que la noche guarde

el telón de su bolsa de basura.

Vuelve la oscuridad como un fluido

inundando la casa de ceguera,

vuelve el clamor de un público escondido,

el ruido del motor de la nevera.

Y repica un redoble que derrumba

su pulso, el tacto a tientas que le arranque

los herrajes que le atan a su tumba

en vida que es el fondo de este estanque.

Pero ya no le resultan extrañas

la angustia, la ansiedad del escapista,

la blanca oscuridad de las migrañas,

pasar la noche al filo de una arista.

Se examina, se lo piensa, se mosquea,

se margina, suda hielo, se bloquea,

se arrepiente, se subleva, se domina,

se despista, nada cambia, desfallece

ante el triste panorama que le ofrece

la moviola de sus luchas intestinas.

Se medica, se adormece,

le hace efecto

y amanece.



lunes, 24 de septiembre de 2012

Félix Grande: Biografia, del dolor al consuelo en Libro de familia.




Memoria poética.

Félix Grande: Biografía, del dolor al consuelo en Libro de familia 



Este verano he leído, por fin, el último libro de Félix Grande. Me ha impresionado. Su título: Libro de familia, La editorial Visor en su cuidada colección Palabra de Honor que dirigen Luis García Montero y Jesús, (Chus Visor), lo publicó el año pasado; pero ha sido este verano de 2012 cuando, emocionado, he paseado por unas páginas que me han resultado familiares (tal vez porque ya conocía algunos poemas o fragmentos de ellos y alguno leído por Félix, como el titulado Don Antonio Machado escribe el último poema de su vida),  páginas, digo, familiares, cercanas, llenas de memoria, de ternura y de rabia, de amor y de odio, de esperanza y consuelo. 

Un poemario autobiográfico, confesional donde el yo, a cara descubierta, funambulea entre la cuerda floja de los sentimientos, de las emociones y, en un más difícil todavía, sirviéndose del equilibrio de la palabra, a veces tradicional, a veces innovadora, traspasa sin red, desde la altura, el tiempo del abismo, de la irracionalidad y del odio para brindar/ interminablemente con la tribu / por la vida, el amor y la conciencia.




Tras su lectura, he vuelto a determinados poemas varias veces y he recordado aquel año lejano de 1991 en el que Félix Grande me regaló Biografía. Poesía completa (1958- 1984), publicado por Antrhopos en 1986 y, en aquella segunda edición aumentada, en 1989, donde termina diciéndonos en el poema que cierra esta edición: …Tal como están las cosas / mi corazón se llena / de puertas que se cierran / con cansancio o temor/ Pero caeré diciendo / que la vida era buena; / La quiero para siempre / con muchísimo amor.

Y he recordado también que este poeta, flamencólogo, ensayista y crítico, considerado uno de los grandes renovadores de la poesía española de los años sesenta, fue hijo de un republicano. Félix Grande nació en Mérida (Badajoz) en plena guerra incivil (1937) y, desde los dos años hasta los veinte que se vino a Madrid (en 1957), pasó su infancia y su juventud en Tomelloso (Ciudad Real).

Allí, en Tomelloso, trabajó como pastor, vaquero, vinatero… Más tarde fue oficinista (ya en Madrid) y, en 1961, comenzó a trabajar como redactor en Cuadernos Hispanoamericanos, donde llegó a ser director (1983-1996). Pero antes allí, en Tomelloso, un día escuchó llorar de rabia y de alegría a la guitarra (hizo estudios de guitarra flamenca que más tarde abandonó) y aprendió a sacar el grito y el consuelo al aire de sus cuerdas.

Sí, allí en Tomelloso, donde el abuelo Palancas era cabrero, un cabrero que dio lugar con el tiempo a que Félix cantara no con guitarra sino con palabras impresas La balada del abuelo palancas, Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores (2003)


Félix Grande  con su mujer Francisca Aguirre y la hija de ambos Lupe Grande
Inició su carrera literaria con la poesía y obtuvo su primer premio, el Adonáis en 1963, por Las piedras, un libro existencial y machadiano, con tintes surrealistas, en el que la soledad es la temática recurrente en unos poemas donde el compromiso se hace poesía. (Por estos años, concretamente en 1963, se casó con la poeta Francisca Aguirre. Tuvieron una hija que, inevitablemente, les salió poeta: Guadalupe Grande.)

A Las piedras le siguió Música amenazada en el 66 (que fue premio Guipuzcoa) y luego Blanco Spirituals (Premio Casa de las Américas) con la primera edición publicada en Cuba y cinco más, que yo sepa, en España.

En 1978, obtuvo el Premio Nacional de Poesía por Las rubáiyatas de Horacio Martín, poemario de lenguaje renovado y amoroso, en el que inventó este heterónimo inspirado en Machado y en  Pessoa.

Manuel Rico publicó en la colección Letras Hispánicas (Ediciones Cátedra 1998), una edición crítica de dos de las obras más significativas de Félix Grande: Blanco Spirituals y Las rubáiyátas de Horacio Martín.

Los poetas que marcaron a Félix Grande, entre otros y esto lo ha dicho él en muchas ocasiones, ha sido Antonio Machado, Luis Rosales, de quien fue discípulo y amigo y César Vallejo (con otros muchos entre los que se encuentra Miguel Hernández )


Félix Grande (que cambió la guitarra flamenca, según ha contado él mismo, por la literatura), vino como invitado a la Tertulias de Autor de Helicón el 30 de octubre de 1992. Recuerdo que tras acabar la lectura, alguien del público me comentó: Has hecho una buena presentación, muy periodística y a Félix se lo has puesto en bandeja. Yo me limité a sonreírle y pensé que este alguien no se había dado cuenta (no tenía por qué saberlo), de que mi intención fue precisamente la de hacer lo que hice con la presentación.
Y fue así porque aquel 30 de octubre se cumplía un año del regalo que me hizo con su libro Biografía (luego me regalaría otros, estos ya de narrativa, como Decepción o Elogio de la libertad que recuerde ahora), se cumplía el aniversario del nacimiento de un poeta importante para muchos y también para Félix: Miguel Hernández y hacia seis días que en Madrid, (24 de octubre de 1992) había fallecido su maestro y amigo el poeta Luis Rosales. Yo no podía hacer otra presentación que la que hice aquella tarde, fue ésta:


Félix GrandeEl yo y la otredad

Félix Grande y Manuel López Azorín

Si Félix Grande me lo permite (y creo que no sólo me lo permite sino que me alienta a ello) empezaré por decir que hoy 30 de 0ctubre, fecha de nacimiento de un poeta tristemente muerto a destiempo (la muerte siempre llega a destiempo golpeando el corazón y los sentidos) no queremos dejar de recordar al poeta que regeneró una corriente humanizadora con su poesía. Vaya pues nuestro recuerdo para Miguel Hernández que, en este día, de seguir vivo, cumpliría 82 años.

Con 82 años nos acaba de dejar hace unos días el poeta Luis Rosales. Aún podemos escuchar el eco de su voz diciendo: “Así he vivido yo, con una vaga prudencia de caballo de cartón en el baño, / sabiendo que jamás me he equivocado en nada / sino en aquello sólo que quería.” Nuestro recuerdo también para este poeta que no muere del todo porque, tras los poetas, siempre queda viva su obra.


La intención esta noche aquí, con Félix Grande, no es otra que la de, tras esta presentación, escuchar y saber más de su obra poética. El autor invitado hoy, de alguna manera, anda emparentado con Miguel Hernández; pero con ese acento singular, particular y propio que todos conocemos.
La poesía de Félix Grande (que dentro de marcos generacionales podría estar junto con los poetas del 50) comienza a ver la luz en los 60 y es, al mismo tiempo precursora, al menos en parte, de técnicas que más tarde serán empleadas por los poetas de los 70.
La poesía de Félix Grande se podría estructurar en tres grandes bloques, aunque muchas veces anden entremezclados, uno de ellos, la angustia existencial, otro, el amor en sus diferentes vertientes: familiar, erótico, amistoso…y como tercer bloque la preocupación, el compromiso.

Toda la obra poética de Félix Grande desborda memoria biográfica y juega con el yo, aunque también lo haga con el tú, con los otros, en los diferentes bloques para mostrarnos, mediante una elaboración singular, un estilo personal y diferente.

En sus libros hay una enorme cantidad de imágenes humanizantes, imágenes líricas e, igualmente, algunas llenas de ironía como en Blanco Spiritual por ejemplo.



Félix Grande, lo ha dicho más de una vez, es un poeta solitario y solidario. Como poeta solidario y comprometido se adentra en la corriente rehumanizadora con un estilo claro, preciso, concreto… Como poeta solitario busca su propio lenguaje, rechaza modas e intenta, además de conocer a los otros, conocer su yo, ese yo íntimo y cargado siempre de enigmas y contradicciones.
Félix Grande, en definitiva es un poeta que escribe no ya solo por necesidad, sino por responsabilidad moral.

Nacido, crecido y vivido dentro de una problemática causal, Félix Grande puede escribir los versos más tristes esta noche o cualquier noche, retrotraerse, como en una espiral, a su infancia, a su juventud y regresar en un instante al ahora, y no entender razones que no tienen razón. Puede hablar de amor y desamor, de odio y de misericordia, puede hablar con ironía, pero siempre yendo a la búsqueda de razones que le permitan seguir siendo solidario aunque continúe, como poeta solitario, adentrándose en ese mundo casi desconocido, por enigmático e imprevisible, del primer pronombre personal, del yo.

Manuel López Azorín  S.S. Reyes 30 / 10 / 1992



Y con ese yo, tan suyo,  nos ha traído ahora este Libro de familia que es un libro intransferible y personal, un libro intenso, pleno de la voz inconfundible de un Félix Grande que ha guardado silencio durante casi treinta años y que lo ha roto ahora para ajustar cuentas consigo mismo y perdonarse y salvarse en el sosiego de los años, para liberarse y liberar un tiempo de odio, de amor, de humillación, de silencio… con once poemas en los que el poeta rinde homenaje a sus familia de sangre (se nos desnuda hasta lo más íntimo y nos habla del padre, la madre (El madrigal del odio muerto), la hija…

Para traernos, en el primero y el último poema (Grupo escolar e Hijopaterno de mí) toda la infancia y la vejez mezclada con el horror, el miedo, y la esperanza de Yeros que concluye así: ¡Salve! / Aquella casa blanca, hermanos. Aquel don, / don de la vida, donde la vida sigue…


Félix y Paca

Pero no solo a la familia de sangre escribe Félix, lo hace también a su esposa y al lenguaje (por algo son los dos poetas), con el poema Polifónica tarde a tempo en niebla, el hermoso y emotivo Esta vejez, y el amoroso Péndulo Santo, que festeja los 50 años de vida junto a Paca, paquita, Curra, Francisca Aguirre. Escribe a la familia política (con el impresionante poema: El desterrado del Espasa.) También a la familia poética (Machado, Rosales, Vallejo…)

  Y escribe a la familia flamenca con el más largo poema del libro Criatura del dolor. Hay en este libro un poema, Ante tu trono me presento, dedicado a Johann Sebastian Bach. (Uno de los grandes maestros de la música barroca que se distinguió por su profundidad intelectual, su perfección técnica y su belleza artística nacida, posiblemente, del dolor.) Dentro de las variaciones tanto de forma como de lenguaje que emplea Félix en este libro encontramos estos versos: Dolor humano, oscuro y absoluto…/ ¿quién frágil hombre lo soportaría / cada hora cada noche cada día / cada cavilación cada minuto. Félix tiene pasión por la música y no sólo por la flamenca pero rendir homenaje a Bach seguramente, como en Criatura del dolor, haya sido para reivindicar la dignidad de los humildes.

  Después de Las rubáiyatas de Horacio Martín no había vuelto a publicar un nuevo libro de poesía. (aunque se han publicado durante este largo silencio poético diferentes antologías, la última que yo sepa: Una grieta por donde entra la nieve, antología, Renacimiento ( Sevilla, 2006.) Ese silencio de más de 30 años terminó en 2010, cuando incorporó su nuevo poema La cabellera de la Shoá, en la antología Biografía (Barcelona, Círculo de Lectores, 2010) En esta edición con prólogo del crítico, poeta y filólogo Ángel Luis Prieto de Paula. Un poema, La cabellera de la Shoá, que confieso no haber leído ya que no tengo esta nueva edición pero que sé escribió Félix tras visitar Auschwitz y, según me ha contado, contiene versos estremecedores.

Pero por fin en 2011 salió publicado el esperado Libro de familia. Libro del que ya hice mención en este blog con motivo de una lectura que dio Félix Grande. Fue el11 de noviembre de 2008, Félix Grande inauguraba la apertura del quincuagésimo sexto curso, 2008-2009 (Sesión 1609)de la Tertulia Literaria Hispanoamericana "Rafael Montesinos" y en esa entrada doy cuenta del poema Don Antonio Machado escribe  el último poema de su vida que nos leyó aquella tarde, adelantándonos que pertenecería a un libro que andaba escribiendo y que se titularía Libro de familia.


  Pertenece Félix Grande a la generación de poetas españoles (algunos del 50 y otros de los años 60) que se preocuparon por los temas sociales, pero que se centraron en una poesía estética, con preocupación estilística y renovación de lenguaje. Pero además Félix Grande es un gran conocedor de la música flamenca y como flamencólogo ha escrito dentro del género ensayístico: García Lorca y el flamenco (1992), Agenda flamenca (1987), Memoria del flamenco (1995), Paco de Lucía y Camarón de la Isla (2000). También es, además de tener numerosos premios en poesía entre los que destaco el Premio Nacional de las Letras (2004) por toda su obra, es Premio Nacional de Flamencología 1980. Mejor Escritor de Temas Flamencos, revista El Olivo, 1998 y miembro de número de la Cátedra de Flamencología y estudios folclóricos.

Libro de familia parece una despedida; pero no. Es, creo yo, un soltar lastre para ajustar  cuentas con el pasado, para reconciliarse, para que ese “hoy es siempre todavía” del tiempo que quede por venir venga en calma y con efectos sosegados, curativos. Por esta razón Libro de familia se inicia y rememora un pasado doloroso y trágico y que, según avanza, se va asentando en el sosiego y la serenidad, como si del dolor o por el dolor (Ya lo decía Pepe Hierro, tan amigo nuestro: llegé por el dolor a la alegría)  vaya trocándose la vida en hilos de esperanza, de relativa felicidad, entre canas, toses y años.

  Félix Grande se ha dado con Libro de familia, a través de su yo más íntimo, un paseo por el infierno de la memoria en una tiempo de guerra cainita y luego interminable postguerra, para lograr, salvado ya de sí mismo, sonreir en el consuelo de la redención bajo el cielo sereno del suelo de la vida.


       Manuel López Azorín